LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN, SON DE D. C. COMICS.


Asuka0231: La verdad es que es una canción preciosa. Sí, estuvo muy mal insinuar eso :(

Wajibruja: Lena le cantó la canción de amor a Kara pasada la medianoche…. Por lo que el hechizo de Zatanna ya estaba roto… Aunque tienes razón, el amor es ciego… así que todo puede ser. Lena entiende que pueda causar rechazo, aunque eso no quita que le duela. :(

Wallbanger: En eso tienes razón, no se puede ir acusando a la gente a la ligera. Pero quiere proteger tanto a su hermana que no tiene filtros, y en realidad lo que está haciendo aparte de herir a Lena, es herir a su hermana. Pero Alex no lo ve. A pesar de que Kara guarde un secreto enorme, duele ver como tu pareja te miente, aunque sea sólo en una tontería. Lo haré, lo prometo. Abrazos :)

ANDRE02: Alex quiere proteger a su hermana, porque verdaderamente cree que Lena es mala. Lo que no se da cuenta es de que, atacando así a Lena, hace daño también a su hermana. :)

: Sí, a mí también me dan ganas ¡y eso que lo he escrito yo! Jajajaja Entonces eres de mi bando también ;)

Dey Frank: ¿Qué no haría uno por amor? Si hay que pasar unas horas sentada en las alas de un avión para que tu novia no tenga miedo, pues se hace. Me alegro que te gustase el capítulo anterior. :)

Yiyi: Espera al próximo capítulo ;)

GRACIAS A TODOS POR LEER, POR COMENTAR. ESPERO QUE OS GUSTE ESTE CAPÍTULO, Y SÍ TENEIS ALGUNA SUGERENCIA, DEJADME UN COMENTARIO. :)


"No todos los ojos cerrados duermen…Ni todos los ojos abiertos ven."


Kara se despertó en medio de la noche. La sábana a su lado estaba fría cuando sus manos la tocaron. El sol aún no se había puesto, aunque la luna ya empezaba a desaparecer. Se concentró en los latidos de Lena, que se encontraba a unos cuantos metros del dormitorio. Se dejó guiar por ellos, hasta toparse con una puerta que jamás había visto. La abrió lentamente, asomando la cabeza por la rendija. Una piscina. Recordó vagamente que Lena le había dicho que tenía una, pero nunca se imaginó que la morena poseyera una en su gigantesco apartamento. Y entonces la vio. Lena llevaba un traje de baño color esmeralda, con remaches en dorado adornando la parte superior de los tirantes. El pelo se balanceaba libremente por el agua al compás de las brazadas de la morena. No fue hasta que Lena se dio la vuelta que no se percató de la presencia de su novia. La morena sonrío con malicia acercándose a los escalones de mármol despacio. Subió cuidadosamente, dejando que la mayoría del agua se escurriese por su piel antes de salir de la piscina completamente.

Kara la miraba con los ojos como platos, sin poder quitar la mirada de su mojado cuerpo. El traje de baño se le ajustaba a cada curva, sobre todo a sus pechos, como una segunda piel. Los pezones despuntaban en medio de la tela verde por el cambio de temperatura. El pelo, ahora lacio reposaba en uno de los hombros de Lena, haciendo que gotitas de agua cayesen por él, para perderse entre el camino de sus senos. La piel de la morena brillaba por el líquido incoloro que la adornaba, dando la impresión de que era una estatua perfecta de mármol blanco.

- ¿Te gusta lo que ves?.- le dijo Lena acercando su boca peligrosamente a la de su novia.

Kara fue a besarla, pero Lena apartó sus labios lo suficiente para que ni se llegasen a rozar. Con su lengua lamió los labios de Kara rápidamente, tentándola. Para después estrellar sus labios de una forma salvaje, quitándole la respiración a la rubia. Kara instantáneamente enredó sus brazos en su cintura, atrayéndola contra sí. Arrastró los laterales del traje de baño de Lena por el trasero de ésta, para poder tocar la suave piel antes escondida. La morena gimió en su boca, y le dejó un mordisco juguetón en el labio inferior. Sus manos raudas desabrocharon los botones del pijama de Kara, dejando al descubierto el torso desnudo de su novia.

- Mmmm.- se mordió los labios Lena cuando se separó de Kara para mirarla. Pasó sus uñas por el pezón derecho, mientras que con el otro jugaba a enrollarlo con su pulgar.

Kara gimió, dejando la boca entreabierta, a lo que Lena aprovechó para arremeter otra vez contra ella. Impuso el ritmo del beso, profundizándolo con su lengua, volviendo loca a Kara. De la misma forma en la que había iniciado el beso, lo rompió. Dejando a su novia con los ojos cerrados y la boca entreabierta. Cuando los ojos azules de Kara volvieron a enfocar, vio a Lena bajando las escaleras que hacía poco había subido, bajándose los tirantes del bañador por los brazos. Con un grácil movimiento arrastro la tela por sus pechos, por su estómago, por su cintura y al final por sus marmoleas piernas. Kara boqueó en el aire, viendo como del lacio pelo negro resbalaban gotitas de agua que se perdían en las perfectas y desnudas curvas del trasero de la morena.

Se quitó con prisa la chaqueta del pijama y los pantalones para seguir a su novia. Se sorprendió al notar que el agua no estaba fría como en un principio pensó. Se impulsó con los pies en el muro, tomando impulso para llegar hasta Lena, que la esperaba con una sonrisa juguetona. Ancló sus piernas en la cintura de la morena, mientras sus brazos se perdían en el cuello de Lena. Sus labios se volvieron a unir en un apasionado beso. Kara gimió cuando sus cuerpos se unieron completamente, sintiendo piel contra piel. Lena agarró el pelo de la rubia, tirando de él hacia atrás, haciendo que Kara expusiese su cuello para ella. La mordió con fuerza, haciendo que las caderas de Kara golpeasen contra su abdomen. Unió sus labios alrededor del lóbulo de una de las orejas de la reportera y tironeó de él con ansia.

- ¿Quieres que te folle Kara?.- le preguntó con la voz ronca.- ¿O debería decir…Supergirl?

Antes de que Kara pudiese responder, Lena se separó de ella, aún con la sonrisa burlona adornando sus labios. En una de sus manos había un pequeño control remoto, del que Kara no se había percatado. Cuando la morena pulsó el botón, el agua de la piscina se tornó de un color verdoso. La rubia notó en poco tiempo como su cuerpo empezaba a convulsionar, debilitándose. Lena se acercó hasta ella, y estrechó entre sus vigorosos dedos el cuello de su novia, arrastrándola al fondo.

Todo se había vuelto en blanco y negro, como las películas antiguas. Todo excepto los ojos verdes de Lena, que brillaban como Kriptonitas en la noche, y sus labios rojos como la sangre. Una imagen igual de bella como aterradora. Como la risa malvada que se escapaba de ellos, rompiendo la barrera del agua, llegando distorsionada a los oídos de Kara. Las uñas de Lena hacían mella en la piel de su cuello y su fuerte agarre impedía que Kara pudiese salir a flote para respirar. Se estaba ahogando. Notó el sabor del cloro cuando el agua traspasó sus labios, perdiéndose por su garganta, inundando sus pulmones. Sus parpados cada vez eran más pesados y sus ojos perdían la vista cada vez más rápido. Antes de caer en la eterna oscuridad, volvió a observar una vez más al amor de su vida y ahora su asesina, Lena.

Kara se despertó con la respiración agitada, dando bocanadas de aire y tosiendo un poco. Se incorporó más deprisa de lo que cualquier humano podría haberlo hecho, y se sentó al borde de la cama. Todo había sido una gran pesadilla. En seguida notó los brazos de Lena rodearla y la voz preocupada de su novia le llegó a los oídos.

- ¿Estás bien?

- Sí, sí, ha sido sólo una pesadilla.- le respondió Kara, cogiendo sus gafas de la mesilla, levantándose y separándose del abrazo de Lena.- Voy a ir un momento al baño.

Se mojó la cara con agua fría, aliviando un poco la tensión que sentía. "Maldita Alex" pensó vagamente, mientras se dirigía otra vez hacia la cama. Lena la esperaba despierta, sentada, con la espalda apoyada en el cabecero.

- ¿Seguro que estás bien?.- volvió a preguntarle mientras la seguía con la mirada.

- Si.- contestó Kara, aunque su voz sonó con poco convencimiento.

La morena la miró confusa, viendo como su novia trepaba por la cama con los ojos llorosos. Kara se sentó a horcajadas sobre la directora de L-Corp, abrazándola contra sí, con la cabeza escondida en el perfumado cuello.

- Ey cariño.- le dijo Lena agarrándola de las mejillas y separándola lo suficiente para poder mirarla a los ojos.- Kara, mírame. Estoy aquí, ¿vale?

- Perdóname Lena. Perdóname por favor.- le dijo Kara con las frentes pegadas.- Perdóname.

- Cielo, sea lo que sea, está todo bien.- le contestó Lena, dejándole un suave beso en los labios.- ¿Es por lo de esta noche?

- Sí. No. No del todo.- le dijo la rubia.

- Cualquiera diría que eres la mejor reportera de National City.- bromeó Lena, haciendo sonreír un poco a Kara.- Si es por lo de la cena cariño, no te preocu…

- Te quiero.- la cortó la rubia perdiéndose en los ojos esmeraldas de Lena, tocándole con suavidad, como si fuese de cristal, toda la cara. Repasó con las yemas de sus dedos las perfectas cejas, los frágiles párpados, la perfilada nariz, las suaves mejillas y sus apetitosos labios.- Oh, RaDios, si te quiero.

Kara besó los labios, ahora partidos por la sorpresa, con todo el amor que albergaba por y para su novia. Lena no se esperaba una confesión así, no en ese momento, no con Kara llorando a lágrima viva, no en mitad de la noche, no esa noche. Pero aun así sintió su pecho llenarse de felicidad y se perdió en el beso salado que Kara le estaba regalando. La atrajo más así, como si eso fuera físicamente posible, no queriendo separarse de la rubia nunca. Quería hacerle el amor, quería cuidar de ella, quería quererla toda una eternidad. Pero de repente Kara se apartó para seguir hablando.

- Tengo que decirte algo.- le dijo susurrando, Lena estaba segura de que si no llegan a estar tan cerca no la habría oído. Una de las manos de Kara agarró sus gafas tentadoramente.- Tengo que confesarte algo…Te lo tendría que haber dicho mucho antes, pero he sido una cobarde….

Y el teléfono de Kara empezó a sonar insistentemente encima de la mesilla. La rubia suspiró encima de la boca de la morena y murmuró un "tengo que cogerlo" y un "lo siento" más.

- Tengo que marcharme.- le dijo la rubia volviendo a entrar en la habitación.- Hay…hay un incendio y tengo que…que ir…a a cubrir la noticia de Supergirl. Lo siento Lena.

- Está bien, no te preocupes.- le dijo la morena mientras la observaba cambiarse. Sabía que Kara le estaba mintiendo. La acompañó a la puerta de entrada, dándole un furtivo beso.- Ten cuidado.

La vio marcharse a paso ligero, y cuando estaba a punto de llegar al ascensor, Kara soltó la bolsa de deporte que llevaba (donde tenía el traje de Supergirl), giró y deshizo el camino corriendo. Besó a Lena pasionalmente, dejándola por un momento sin respiración, pero en última instancia una sonrisa apareció en los labios de la joven Luthor.

Sonrisa que desapareció nada más cerrar la puerta. Miles de preguntas sin respuesta se retorcían en su mente, pero había una que dolía especialmente. La ira, la angustia, la rabia, la desolación la acompañaban y aunque Lena lo intentase negar, estaba haciendo mella en ella. Se sirvió una copa de whiskey y sus ojos encontraron de reojo su propio reflejo en el cristal. Suspiró tres veces, intentando calmarse, intentando no pensar en ello. Y casi lo consigue. Casi. Porque su traicionera mente, la hizo recordar una de las peores cosas que le había dicho su madre, Lillian, hacía ya unos años, pero que aún dolía.

FLASHBACK

- Cómo sigas así, desde luego, que pasarás el resto de tu vida sola. Nadie te querrá, nadie se preocupará por ti, nadie como para quedarse junto a ti. Esa es la vida que te espera, una vida de grandes riquezas, pero a la vez de una gran soledad. Vivirás y posiblemente morirás sola. Deberías de saberlo ya.

- Entonces ya seremos dos, madre.

FIN DEL FLASHBACK

Y todo por no querer pretender al hijo de un aristócrata Europeo. Para su madre siempre había sido muy simple la ecuación. Los ricos con los ricos. Porque todo aquel que se acercase con menos poder adquisitivo, era siempre por interés. Siempre. Su madre era una estúpida clasista.

Pero ahora las palabras de su madre la rondaban y la hacían dudar. Lena sabía a ciencia cierta qué Kara ni mucho menos estaba con ella por interés. No era eso lo que le preocupaba. Repasando esos últimos momentos con su novia, todas las alarmas se le dispararon.

¿Y si Kara la engañaba?

Volvió a respirar lentamente, ahora en el aire de la noche. Removió los hielos de su copa mientras se sentaba en una de las sillas de su terraza. Sonrío a la Luna con tristeza y bebió el licor de un trago. Y las palabras de su madre se repitieron una vez más en su cabeza: Nadie te querrá, nadie se preocupará por ti, nadie como para quedarse junto a ti.


Y Lena hizo lo que lo mejor sabía hacer: trabajar. Centrarse en el proyecto día y noche, buscando la fórmula exacta del éxito. Siempre le había gustado estar enfrascada en los laboratorios, alejada de todo el papeleo del despacho. Ese era su verdadero terreno, en donde todo el potencial que poseía salía a la luz. Le gustaba la sensación de los guantes de látex envolviendo sus manos, el peso de las gafas de protección en su nariz y el agradable calor de la bata blanca. Desde pequeña se le habían dado bien las manualidades, aparte de la maña que tenía, la paciencia también ayudaba. Siempre le maravilló el poder construir todas esas cosas en la escuela y se sentía orgullosa de los premios que había obtenido por ello. Desde el volcán explosivo hasta la casa de muñecas con circuito eléctrico y de agua. Pero le estaba costando concentrarse más de lo que le gustaría, porque Kara rondaba su mente a todas horas. La paciencia que en sus anteriores años había hecho gala, se estaba esfumando a pasos agigantados. Resopló, tirando una de las Tablet de L-Corp encima de la mesa. Necesitaba un descanso. Cuando quiso mirar otra vez su móvil, se dio cuenta de que era más de la una de la mañana. Tenía tres mensajes de la rubia y una llamada perdida.

K: ¿Cenamos esta noche? 19:23

K: Imagino que estarás ocupada, si no puedes quedar para cenar, ¿te apetece ir al cine? Te echo de menos :( 21:03

K: Me voy a dormir, no trabajes hasta muy tarde. Hasta mañana cariño, que descanses. Soñaré contigo. Bss. 23:46

Lena dudó por un instante en responder o no, pero al final desechó la idea. Era tarde y posiblemente Kara ya estaría profundamente dormida. Estaba demasiado cansada como para ir a casa, así que esa noche la pasaría en su oficina. Cuando se tumbó en su cómoda cama, se agradeció mentalmente por haber construido ese bunker. Pero si Lena pensaba que el domingo había sido un día agotador, el lunes aún fue peor. Todo el día haciendo videoconferencias, reuniones largas y aburridas, y más fracasos en el laboratorio. Tampoco había visto a Kara ese día, y eso en cierto modo la calmaba y la intranquilizaba a la vez. Porque tenía la angustia de querer saber lo que la rubia tenía que confesarle, pero a la vez, la tranquilidad de no tener que enfrentarse todavía a ello. Y no es que Lena sintiese miedo del secreto de Kara, era más bien la inseguridad de que sus sospechas fueran reales. Porque todas las personas a las que Lena había querido, al final siempre le habían traicionado. Y era una sensación extraña, porque sentía que Kara lo iba a hacer también. Y tan sólo ese pensamiento hacía que su pecho se encogiera de dolor.


MARTES

Fue por casualidad, una coincidencia. Lena usualmente no solía ir a los almacenes de L-Corp, pero ese día necesitaba tomar un poco el aire. Y así poder coger algunos materiales que necesitaba. Podría haber mandado a alguien a por ellos, pero el viaje sabía que le sentaría bien. Eso, y ver la cara de Jess cada vez que aceleraba con su descapotable. Lena no podía evitar mirar de reojo a su secretaria y la cara de pánico que ponía cada vez que el coche sobrepasaba los cien kilómetros por hora. Ya volviendo, sobre la una de la tarde, uno de los semáforos en rojo de la calle principal de National City le impidió el paso. Giró la cabeza, al darse cuenta de que en aquella esquina se encontraba uno de los restaurantes preferidos de Kara. Y la vio, sentada en una de las mesas al lado de la cristalera, con una joven. La rubia comía una de esas empanadillas que le gustaban tanto, mientras que la otra chica morena decía algo, y ambas reían a la vez. La joven estiraba uno de sus brazos por encima de la mesa, hasta posar su mano encima de la de Kara. No fue hasta que Jess la llamó y le dejó una suave caricia en el brazo para llamarle la atención que Lena no se dio cuenta de que el semáforo estaba en verde. Arrancó el coche con furia, con los ojos esmeraldas otra vez puestos en la carretera.

¿Quién era esa chica? ¿Por qué Kara estaba comiendo con ella cuando habían quedado las dos para comer? ¿Sería ese el gran secreto de Kara? ¿Era ella con quién la engañaba?

- Señorita Luthor.- le dijo Jess entrando en el despacho, distrayéndola de sus cavilaciones.- Entonces, ¿pido comida para las dos?

- Claro.- le contestó Lena. Por supuesto que Jess también había visto lo mismo que la morena.- Gracias Jess.

La morena miró su reloj de pulsera, aún quedaban cuarenta minutos hasta su cita con Kara. Cuarenta minutos que le parecieron eternos. La mezcla de emociones que luchaban en su pecho, le habían hecho pasar por todo tipo de estados de ánimo en tan sólo segundos. Por supuesto, uno de ellos predominaba por encima de todos ellos. Los celos. Los insanos celos. Y no es que Lena nunca los hubiera sentido, pero nunca de una manera tan fuerte que le quemaba la sangre. Salió al balcón, dejando que la suave brisa le acariciase la cara. Poco después entraba Jess, con las bolsas para llevar. Kara hacía acto de presencia diez minutos tarde de la hora acordada.

- ¡Lena!.- le dijo Kara sonriéndola, mientras sus manos se posaban en la cintura de la morena.- Te he echado tanto de menos.

Lena la miró a los ojos. Los ojos azules de Kara brillaban con genuina alegría, esa que estaba tan distante en los suyos propios. Todos esos pensamientos negativos volvieron a ella, como un escalofrío recorriéndole la piel, como miles de cuchillos invisibles atravesándole su maltrecho corazón. Y Lena sólo quería dejar de sentir ese malestar, sólo quería volver a sentirse querida, cálida y segura entre los brazos de su novia. Así que la besó con rabia, como si el roce de labios fuese su mejor cura. Agarró con sus manos las mejillas de Kara, apretando sus bocas. Giró, haciendo que la rubia girara con ella.

Sin separar sus labios la guio hasta el borde de su escritorio. Dejó que Kara enrollase sus brazos alrededor de su espalda. Por suerte para Lena, su novia le devolvía el beso con la misma pasión con la que ella lo había iniciado, sin cuestionar sus acciones. Coló sus manos por debajo del vestido floral que Kara llevaba ese día, hasta llegar a la ropa interior de la rubia. La bajó de un tirón hasta las rodillas de su novia, para después darle un fuerte apretón en el trasero, haciendo que Kara gimiese contra su boca. La ayudó a subirse a la esquina del escritorio, y las bragas de la rubia se resbalaron por sus piernas hasta parar al suelo.

Abrió las piernas de su novia, pero no se situó entre ellas. Se subió su propia falda, enrollándola en su cintura, haciendo que su ropa interior estuviera a la vista. Puso sus piernas alrededor de la pierna derecha de Kara, haciendo que su centro golpease contra el muslo de la rubia. Sus dedos presurosos encontraron el clítoris de la reportera, acariciándolo con ansia, deleitándose en la humedad que había encontrado. Notaba la respiración pesada y no por la pasión. La ansiedad la estaba consumiendo a cada segundo. Dejó los labios de Kara y se refugió en su cuello. Le metió dos dedos, al mismo tiempo que le mordía el lóbulo de la oreja. Su cadera se movía al compás de cada embestida que le daba a Kara.

Le costaba respirar. Cerró los ojos, repitiéndose mentalmente que "Los Luthor no lloran". Así que dio una gran bocanada de aire, dejándose perderse en el olor del pelo de Kara, de su cuerpo contra el suyo, de los placenteros gemidos que se escapaban de la boca de la rubia, de la agradable presión en su propio centro contra el muslo de la reportera. Acarició con su dedo pulgar el clítoris de la chica, haciendo que colapsase entre sus brazos, que su nombre se repitiese como una plegaria en los labios de la rubia.

Por supuesto que sabía que ese no era un consuelo a buscar, pero aun así, volvió a besar a Kara, sin darle tregua alguna. La bajó de la mesa, aun cuando sus piernas temblaban. La sujetó contra su cuerpo, mientras andaba a tientas. Movió la ficha de ajedrez, tirando unas cuantas a su paso. Sabía que aquello no estaba bien, sabía que sus inseguridades arrollaban con todo, al igual que ella. Pero no podía parar, porque teniendo los labios de Kara sobre los suyos, encontraba un poco del calor perdido en su pecho. Empujó a Kara contra una de las paredes del ascensor, haciendo que la rubia abriera la boca por la sorpresa.

Lena le levantó el vestido, aun dentro del montículo, a pesar de haber llegado ya a su destino. Sin desabrocharlo, Kara se lo quitó por la cabeza. Lena mitad gimió mitad gruñó, al darse cuenta de que Kara no llevaba sujetador. Que no había llevado sujetador durante la comida con aquella chica. Agarró su mano y la arrastró hasta la habitación. Cuando Lena empujó a Kara encima de la cama, sus pechos reverberaron. La morena se quitó su falda, para poder trepar encima de la rubia. La volvió a besar, sujetándola de la nuca, para que levantara la cabeza. Beso, mordió y lamió el cuello de su chica, dejando un rastro de saliva hasta sus pechos.

Pellizcó los pezones con fuerza, haciendo que Kara gimiese audiblemente. Los rodeó con su lengua, los rozó tentadoramente con sus dientes y los succionó con su boca. Sin rodeos, sin preámbulos, bajó hasta el mojado sexo de Kara, hundiéndose en él. Bebió como si fuese su fuente de alimento, comió como si fuese manjar de Dioses. Y la rubia la obsequió, inundándole la boca en oleadas. Cuando separó su boca del sexo de su novia, un hilo de saliva los unió por un momento más. Se limpió con el dorso de la mano, a la par que Kara la sonreía y agarraba sus mejillas para que volviesen estar a la misma altura. Kara la besó pasionalmente, fundiendo sus labios, saboreándose contra la lengua de Lena.

Lena se volvió a incorporar, quedando de rodillas, con las piernas a cada lado del cuerpo de su novia. Desabrochó el primer botón de su camisa, aunque la impaciencia hizo que rompiera todos los demás, en un movimiento fluido. Algunos de ellos, cayeron encima del torso de Kara, otros rodaron por la cama, hasta caer al suelo con un repiqueteo. La camisa rota voló por la habitación, dando en uno de los muros, para escurrirse por la pared. Kara la miraba con ojos hambrientos, con la lengua humedeciéndose los labios. Ella misma se tocó los pechos por encima del sujetador, levantando la cabeza hacia el techo cuando un escalofrío de placer la recorrió entera. Antes de que pudiera bajar la mirada, Kara se incorporó, quitándole las manos, para poner las suyas. Bajó con un poco de rudeza las copas del sujetador de Lena, liberando sus pechos, altaneros encima de la tela arrugada.

Los juntó con ambas manos, metiendo la cara entre ellos. A Kara le encantaban, la suave piel, el olor, el sabor, el tacto de los endurecidos pezones contra la punta de su lengua. Lena puso una de sus manos en el esternón de Kara, incitándola a que se volviese a tumbar. Con los cabellos dorados otra vez esparciéndose por la almohada, la morena se inclinó sobre su novia, sujetándose con una mano al cabecero de la cama. Con la mano libre, dirigió su pecho derecho a la boca de Kara. Pero antes de que ésta pudiera lamerlo, lo volvió a separar. La rubia entendió, Lena tenía el control. La morena acarició con su pezón los labios de Kara varias veces, antes de que dejara a la rubia atraparlo con su boca.

Mientras, las manos de Kara masajeaban el trasero de la morena, jugando con la tela del tanga, incitando a que la morena se restregase contra su abdomen. La rubia se estaba volviendo loca, quería hacerle el amor a Lena desesperadamente. Intentó aguantar el ritmo que había impuesto su novia, pero notar como sus abdominales se mojaban por la excitación de Lena era demasiado. Se incorporó otra vez, llevando a su novia consigo. Lena se sujetó a su cuello, para no perder el equilibrio. Las uñas de la morena arañaban su nuca, haciendo que su cuerpo se estremeciera. Kara bajó la ropa interior de Lena hasta sus rodillas, acariciando la suave piel de los muslos de la morena. Antes de llegar a su sexo, pudo notar el inmenso calor que irradiaba la húmeda zona. Pero antes de que pudiera tocar, Lena la sujetó de la muñeca, deteniendo su mano.

- Túmbate.- la voz de Lena sonó autoritaria y más grave de lo normal.

Kara obedeció al momento, volviendo a recostarse. Vio a Lena levantarse de la cama y quitarse enteramente el tanga. Por supuesto la rubia, hubiese preferido romperlo y hundir sus dedos en el sexo de su novia lo antes posible, notando como los músculos de Lena envolvían sus dedos, notando como sus dedos se mojaban en un instante. Observo a su novia, desnuda al lado de la cama. Y oh, Rao, si Lena Luthor no era una diosa que bajase Rao y la viese. Notó un escalofrío recorrerle la piel ante la imagen de la morena. Se pellizco los pezones mientras esperaba impaciente a Lena. La directora de L-Corp no tardó en subirse a la cama, ni en ponerse de rodillas, con el cuerpo de Kara entre ellas. Sonrío de lado ante la impaciencia de la rubia.

Le pellizcó los pezones a Kara fuertemente, tal y como lo había hecho la rubia poco antes, haciendo que un gemido mezcla de placer y de dolor se escapase de los rosados labios. Se agarró con ambas manos al cabecero de la cama para equilibrarse mientras seguían trepando por el cuerpo de su novia cuidadosamente, hasta dejar su sexo a un par de centímetros de la cara de su novia. Notaba el aliento de Kara golpeando su clítoris.

La rubia no pudo evitar contemplar por un momento el sexo de su novia. En lo brillante y húmedo que estaba esperando su toque. Se hundió en él, sacando la lengua, dando una fuerte lamida entre los labios de Lena. La morena la compensó con un sonoro gemido. Kara arañó la piel del trasero de Lena, cuando sus manos lo sujetaron con fuerza, acercando su sexo a su boca. La morena también la ayudó a mantenerse firme en sus estocadas, pasando una de sus manos por debajo de la cabeza de la rubia, sujetando su nuca, levantándola un poco de la almohada.

Kara se sentía abrumada por el olor de Lena, por el sabor de Lena, por el tacto de Lena, por el sonido de los gemidos de Lena. Todo en esa habitación era Lena, Lena, Lena. Su propio clítoris empezó a pedir atención de nuevo. Los nudillos de la mano de la morena que estaba aferrada al cabecero estaban blancos. Sus caderas se movían erráticas encima de la cara de su novia, sintiendo como la ágil lengua de Kara golpeaba una y otra vez su clítoris. Se mordió el brazo cuando llegó al orgasmo, escondiendo su grito, escondiendo su cara, escondiendo la solitaria lágrima que caía por su mejilla. Porque los Luthor no lloran. Rodó a uno de los costados de Kara, respirando agitadamente. Cerró los ojos un momento, cegada por la lámpara, y en seguida sintió las suaves caricias que su novia le dejaba en el estómago. Poco después los labios de Kara buscaban los suyos para volver a besarse pasionalmente.

- ¿Aún tienes hambre?.- no pudo evitar preguntar Lena pícaramente.

- Estoy hambrienta.- le contestó Kara atrapándole el labio inferior entre sus dientes.

Antes de que la rubia pudiera hacer nada más, la melodía de su móvil inundó la habitación. A regañadientes se levantó de la cama, buscando su vestido. La morena pudo apenas pudo oír "Sí, ahora mismo voy" "Sí, estoy con ella" "No, ella no sabe nada" "No me gusta mentirle". Lena se sentó al borde de la cama y se revolvió el pelo con una de sus manos. Arañando suavemente su cuero cabelludo, calmándola.

- Lo siento cielo.- dijo Kara nada más entrar en el dormitorio.- Mmm tengo que ir a…que volver a…CatCo.

Lena se levantó hasta quedarse enfrente de Kara. La miró unos segundos a los ojos azules, pensando en las dos posibilidades que tenía. Enfrentarse a la rubia y acusarla de que la estaba engañando, aun no teniendo ninguna prueba, o simplemente dejarlo pasar.

- Claro.- le contestó simplemente la morena, pasando por su lado para coger una toalla limpia del armario.

- De verdad lo siento Lena, tenía muchas ganas de verte y de comer contigo.- le dijo Kara abrazándola por detrás, notando como la morena se tensaba.- Te lo compensaré.

- Está bien Kara.- le respondió escuetamente, dirigiéndose hacia el cuarto de baño, pero sin girarse a ver a su novia.

- ¿No me vas a dar un beso?.- le preguntó la rubia con voz triste.

Lena se volvió, y dejó un beso en la comisura de la boca de Kara. Evitó mirarla a los ojos.

- Adiós Kara.- le dijo antes de cerrar la puerta del servicio.

La rubia resopló, mirando la puerta de madera. Tenía que decírselo ya. Pero tenía tanto miedo. Temor a que Lena la rechazara, a perder todo lo que habían construido. Porque Kara sabía, que, si perdía a la morena, también perdería su felicidad. Pero no podía seguir mintiéndola. No podía. Sabía que Lena estaba enfadada y lo entendía. Cuando estuvo en el despacho de Lena, sacó su bloc de notas.

"Lo siento. No hay nada más que me apetezca que estar a tu lado día y noche. Antes, a las noches, sólo quería irme a dormir, para soñar con algo feliz. Ahora sueño contigo, pero, aun así, sólo quiero despertarme. Porque sé que tú eres mi realidad. Eres mejor de lo que nunca soñé, eres mejor que cualquier sueño. Te quiero Lena. Con Amor, Kara. "

Mientras, la morena dejaba correr el agua caliente de la ducha. Su nívea piel enrojecida por ella, casi ardía. Apoyó su frente en uno de los azulejos, dejando que el agua se escurriese por su espalda, como una cascada interminable. Cerró los ojos con fuerza, antes de volver a abrirlos, antes de dejar caer todas esas lágrimas que había retenido en ellos. Pero debajo del refugio de la ducha, sus lágrimas se confundían con las gotitas de agua que resbalaban de su pelo. Golpeó con el puño cerrado la pared, con toda la fuerza que poseía. Notó sus piernas flaquear un instante, como si ya no pudiesen aguantar su peso. O el de su corazón roto. Dejó que el agua golpease ahora su cara, borrando sus lágrimas, y sonrío con tristeza. Porque a pesar de todo, los Luthor sí lloran.

NOTA: ¿QUIÉN SERÁ LA CHICA QUÉ ESTÁ COMIENDO CON KARA? ¿APUESTAS?