Todo le daba vueltas, no estaba despierta, pero su conciencia, estaba a dos luces. Tampoco podía abrir sus ojos, aunque lo intentará, su cuerpo le pesaba y le dolía mucho.
La voz de una joven, se escuchaba cerca de ella, aunque era imposible reconocerla. Sabia muy bien, que no era la voz de su madre y mucho menos, la voz de Gaia, su hermana.
¿Donde y con quien estaba? ¿Que había pasado con ella? ¿Con Gaia? ¿Y con sus padres?
Imágenes, imágenes difusas y confusas invadieron su mente. Un barco, una tormenta, gritos, fuego, una explosión, el llanto de Gaia y su voz diciendo que no tuviera miedo, que todo estaría bien. Luego de eso, solo sintió oscuridad, mucho frío y nada más.
-¡Maestro! ¡Maestro Hartia!- Llamo la voz de la joven - ¡Se esta moviendo entre sueños, otra vez! ¡Pero parece que aun no quiere despertar!-
-¡Baja la voz, Eris!-La regaño su maestro -Solo los Dioses saben la clase de tormentos que ha sufrido esta criatura a merced del mar. Como para terminar siendo arrastrada hasta la isla de Valtandhers... Déjala descansar-
-Lo siento, maestro- Dijo ella en un tono de voz mas bajo -Pero tuvo suerte de que la hayamos encontrado inconsciente en la orilla. Posiblemente, hubiera muerto de frío o ahogada al subir la marea-
-Si, tienes razón ¿Cual crees que sea su nombre?- indagó, interesado en la pequeña -Aparenta unos 9 o 10 y por su aspecto, podemos decir, que no es de este continente o de Amestris-
Ambos la observaron, detenidamente. La niña tenía el cabello castaño e indomable, con pequeños rizos. Nariz redonda y estrecha, ojos almendrados y con pestañas muy espesas. Una pequeña y hermosa criatura, a pesar de los raspones y moretones en su rostro.
-¿Que haremos con ell, maestro? ¿La llevaremos a la torre?- cuestionó a muchacha, a su tutor de hechicería.
-¡Por supuesto que si, Eris! Al rescatarla y llevarla en mis brazos, pude detectar en ella un posible potencial mágico. Le propondré ser mi nueva discípula, una vez que despierte y recupere la salud-
Lentamente y a espalda de los hechiceros, mientras estos hablaban, ella fue despertando y volviendo a la conciencia poco a poco. Se sentó, a pesar de las nauseas y el dolor insoportable de su cuerpo, en la improvisada cama donde se encontraba. Intento hablar, esto le causo un gran daño a su garganta, pero aun así lo hizo.
-Ho...Ho...Hola- Dijo una voz aniñada, áspera y adolorida.
No sentía miedo de esos extraños, ya que la habían rescatado de una muerte segura y sabia, que si querían hacerle daño, ya lo hubieran hecho.
Alumna y maestro, dieron un brinco por el susto y la impresión, pero se recompusieron de inmediato. Voltearon lentamente para ver a la niña. La muchacha, se adelanto presentandose, efusivamente.
-¡Oh! ¡Al fin despiertas, pequeña! Creímos que nunca despertarías ¡Llevas tres días inconsciente desde que salimos de la isla!- Se acercó a ella con emoción -Dimé, ¿Como te llamas? ¿Que edad tienes? ¿De donde vienes? ¡Mire, maestro! ¡Tiene unos ojos muy bonitos!- señaló, con la misma actitud anterior.
Cansado del parloteo incesante de su alumna y observando la expresión abrumada de la niña, el hechicero, interrumpió con cara exasperada.
-¡Basta, Eris!- exclamó, perdiendo la paciencia -¡La estas asustando con tantas preguntas! Tu amistad por correspondencia con Cleo, esta haciendo estragos en tu mente y comportamiento. Ahora ¡Silencio!-
Su discípula, totalmente avergonzada, guardo silencio y permitió a su maestro interrogar a la pequeña extraña sin nombre.
-Disculpa su comportamiento, pequeña. A veces, no sabe como reaccionar ante ciertas situaciones que necesitan un poco menos de efusividad- Dirigió una mirada fulminante a su alumna -Ahora bien, dimé ¿Cual es tu nombre? ¿Como fue que terminaste siendo arrastrada a una isla tan lejana?-
-Bu-bueno...m- mi nombre es Dea Fleming...Tengo diez años. Viajaba con mis padres y mi hermana Gaia, hacia el continente donde se encuentra Amestris, la cuna de los alquimistas- retorcía sus ámbitos, nerviosa -Ya que mi padre, es descendiente de ellos- agregó, con su voz quebrada y sus labios temblorosos. Siguió narrando lo sucedido -Pe-pero en el medio del océano, algo nos atacó, no estoy segura que...Pero el barco exploto y ahora...ahora estoy sola y perdida-
Sin poder impedirlo, rompió en llanto y cubrió su rostro con sus pequeñas manos magulladas.
Eris corrió hacia ella y la abrazo tan fuerte, que la niña se consoló sin problemas.
-No, no, no Dea, no estas sola... El maestro Hartia y yo vamos a cuidar de ti en la torre y también, si tu quieres, puedes quedarte con nosotros para aprender magia- mencionó, acunando a la pequeña en sus brazos.
-¿Magia? Pero la magia no existe- Dijo, frunciendo en ceño -Solo existe la alquimia- mencionó, con lagrimitas aun en su carita -Aunque nunca la he visto, sé que existe-
-Claro que existe la magia, princesa. Al igual que la alquimia, pero ambas, son muy diferentes- se acercó a la niña, despeinado su cabello -La alquimia, se basa en la descompresión y reconstrucción de la materia. La magia o hechicería, sigue el mismo principio, pero utiliza la energía en vez de la materia. Usarlas juntas, seria terriblemente destructivo- explicó, sabiamente -Ahora, ¿Que dices pequeña? ¿vendrás con nosotros?-
Maravillada por la explicación del maestro, no le costó mucho tiempo tomar una decisión. Además, tampoco tenía donde ir.
-Claro que sí, maestro Hartia. Me quedaré con ustedes, para convertirme en una hechicera. Sé que mis padres ya no están en este mundo- lágrimas de tristeza salieron de sus ojos -Pero siento en el fondo de mi alma, que mi hermana Gaia, esta viva y se encuentra bien- limpio su pequeño rostro -¡Aunque me lleve toda la vida la encontraré! ¡Lo juró!-
