-No dejare que la corrupción se propague- declaró el cazador con su hacha colgando suavemente de su mano, con una gracilidad tal que pareciera que se trataba de un simple palo.
Volteó a verla, alzando la mirada debajo de su enorme sombrero gris; su mirada era feroz, con sus ojos brillando en color rojo de forma furiosa y salvaje, pero su gesto era sereno y su postura totalmente controlada. Vestía una bufanda y gabardina que le parecieron demasiado grandes para permitirle moverse con la agilidad que antes había demostrado. Su cola se meneaba suavemente a los lados, a su espalda. Solo entonces cayó en la cuenta de su color rojizo: era un zorro.
Ella comenzó a mover su nariz de forma involuntaria, mientras trataba de mantenerse serena. Apretó con fuerza su arma y alzó la otra mano para presentarse. En su lugar, el zorro arrojó un frasco que ella atrapó en el aire con facilidad.
-Respeto tu presa, cazadora- declaró el zorro con serenidad-. Pero no te había reconocido como un igual ¿Una presa cazadora? Jamás había visto nada igual...
Aunque sus palabras eran amables, no parecía estar hablando realmente con Judy sino consigo mismo. Ella observó el frasco vacío y después al zorro.
-Gracias...- susurró ella acercándose al recién llegado.
-Ten algo de orgullo, cazadora- replicó el zorro alzando su hacha y cargando el peso en su hombro.
-¿No gracias?- inquirió ella alzando los hombros y una ceja.
El zorro alzó una ceja a su vez, confundido por la respuesta. Pero entonces esbozo una pequeña sonrisa.
-¿Novata?
-Estoy muy aliviada de encontrarme con uno de ustedes...
-¿De nosotros?
-Con un cazador- respondió ella-. Tengo muchas preguntas...
Ella alzó el frasco encogiéndose de hombros. El zorro alzó su garra y señalo con tranquilidad el cadáver de la bestia; al voltear, la coneja pudo ver de nueva cuenta a los pequeños topos, girando alrededor del cadáver. Un miasma blanco comenzó a brotar del cadáver, pero fue atrapado por los topos, que pronto se hundieron nuevamente en el suelo. Ella volteó a ver al zorro, que tomó de la mano de ella con delicadeza el frasco.
Pateó al cadáver con despreció y debajo del mismo, un charco de sangre se acumuló. Un pequeño mensajero se mantenía chapoteando en el mismo, al cual le entregó el frasco; el charco desapareció casi en su totalidad y el mensajero entregó de vuelta el frasco, lleno. El zorro sonrió con satisfacción y se giró hacia Judy, estirando la mano. Ella tomó el frasco, confundida.
-Sangre de bestia- declaró con serenidad-. No mucha, no de buena calidad, pero suficiente.
-¿Suficiente?
-Para empezar la cacería.
El macho sacó un frasco propio de sus ropas y destapándolo, y lo bebió de un tragó. Ella se cubrió el rostro, horrorizada. El zorro se relamió los labios y guardo el frasco.
-Estas en la clínica, así que debes estar familiarizada con la técnica de sanación de sangre- declaró el otro sonriendo divertido ante la mirada perpleja de la coneja-. Aquí, y en otros lados, usan la transfusión de sangre; el método más lento y aceptado de la sanación de sangre, pero descubrirás que en Zharnam, no es la única manera de sanar. Los cazadores hemos renunciado a parte de nuestra "normalidad", para consumir sangre de formas que otros no podrían. Algunos, incluso, nos consideran bestias...
El zorro acomodó su sombrero y bajó su hacha, dejándola colgada de un lazo a su cintura.
-Mi nombre es Nick Wildescoigne- declaró el zorro con serenidad-. Y aunque no estoy de acuerdo con la inclusión de más cazadores, precisamente en una noche de cacería, no me atrevería a cuestionar la decisión de los mensajeros. De todos modos, estoy ocupado buscando a alguien...
Nick acomodó el cuello de su traje y solo entonces ella reconoció que en realidad todo el conjunto era el habito de un sacerdote. Un sacerdote cazador.
-No perteneces a ningún gremio- declaró Nick, aunque era una declaración severa dejaba entrever curiosidad por una respuesta.
-Es mi primer día como cazadora- respondió ella, insegura si podía considerarlo un trabajo, una escuela o una maldición.
Nick soltó una carcajada.
-¿Un día? Difícilmente podría asegurarlo- declaró Nick desviando la mirada-. Sobre todo, en noche de cacería.
Un rugido puso en alerta a ambos. Nick recogió su hacha de nuevo en su mano y desenfundo un trabuco, una enorme arma que Judy jamás se dio cuenta de donde guardaba.
-Las bestias... las bestias no se detienen- exclamó Nick mirando a Judy-. Si quieres un consejo, ve a la iglesia de sanación. Deja la cacería a los verdaderos cazadores. Puede que la noche sea larga, pero no estas preparada para la cacería. Solo la iglesia debe enfrentar a las bestias de sangre.
-¡Espera! Aun hay muchas cosas que no entiendo, necesito...
En un rápido movimiento, Nick alzó su hacha y apuntó con el filo el rostro de la coneja. Ella retrocedió y guardó silencio.
-No necesitas nada, y no te necesitamos a ti- declaró Nick y sus ojos volvieron a brillar con ese tono rojo intenso tan lleno de furia y bestialidad-. Lárgate, cazadora. Sueña si quieres, o ve al cobijo de la iglesia. Pero mejor sería que no salgas de cacería, o podrías terminar siendo una presa... de nuevo.
No espero por más respuestas y se dio la vuelta, saliendo de la habitación corriendo. Judy apretó con furia la empuñadura de su arma. No quería ser una cazadora, no lo había escogido; pero tampoco estaba dispuesta a ser menospreciada por ser una "presa"... Esos métodos "brutales y salvajes" de consumir sangre, le horrorizaron ¿Era realmente lo mismo consumir sangre que una transfusión? Pero los mensajeros eran reales, las bestias eran reales; aun cuando no pudiera entender o imaginar lo que sucedía, no se trataba de una pesadilla. Detrás de la "ciencia" de Zharnam, había algo evidentemente ritualista ¿Magia, ocultismo, superstición o.… algo más? No. Fuera lo que fuera, era real; no solo real, era poderoso. Toda la ciudad estaba infectada, de una maldición o una plaga que los Zharnamitas se habían encargado de no divulgar. Esos topos, esos pequeños mensajeros deformes que parecían un intermedio entre enfermos terminales y criaturas espirituales ¿Realmente que eran? Había demasiadas preguntas, pero, sobre todo, demasiado peligro. Tal vez debería tragarse su orgullo y hacer caso del consejo del único cazador que había conocido. La iglesia de sanación, donde quiera que estuviera, debería ser su objetivo. La cacería, no importaba lo que realmente fuera, no era su asunto. Judy jugueteó con el frasco de sangre en su pata y lo observó, casi le pareció verlo brillar con un tono parecido a los ojos de Nick.
Jugueteando con el arma en su mano, por primera vez notó una palanca justo en el mango de su cuchilla; al apretarla, el arma se dividió, dejando de ser la especie de sierra que siempre había sido para convertirse en una especie de machete alargado. Aunque la forma de abrirse y el sonido fue contundente al punto de asustarla a ella misma, en realidad el movimiento fue ligero y controlable, y no perdió el arma de sus manos. Volvió a presionar la misma palanca y en esta ocasión el machete se dobló sobre sí mismo y volvió a ser una sierra. Esta vez, casi pierde un dedo en la acción: debía tener más cuidado al volver el arma un machete.
Jugueteó también con la pistola en sus manos. Indudablemente, tanto la pistola como la sierra eran armas, armas reales; no solo eso, piezas de gran tecnología y probablemente incalculable valor. Así que todo eso no podría tratarse de una broma o un malentendido. Había sido reclutada... ¿Por una iglesia? ¿Un culto? ¿El gobierno? No, el propio Nick había hablado de "los gremios" ... Judy soltó un suspiro y subió por las escaleras. En su camino, encontró dos cadáveres que no se atrevió a estudiar, victimas probablemente de la bestia lobo que la había atacado poco antes. Abrió las puertas firmemente cerradas del hospital y salió a la calle, donde reconoció rápidamente el jardín de la clínica que también se encontraba cerrado. Al ver el lugar, nuevamente sintió un nudo en su garganta al constatar que no se estaba volviendo loca...
Aún era de tarde, pero la noche era inminente. Se sintió sorprendida y emocionada al observar por primera vez la ciudad; con su anterior urgencia por llegar a la clínica, y su mala salud, apenas si en su momento había observado el lugar. Y era hermoso y perturbador por partes iguales. Los enormes edificios y puentes que conectaban toda la ciudad... tal vez demasiado alta. Era curiosa la disposición, hipnótica, que la hacían mirar alrededor casi en todas direcciones estudiando la estructura, casi como si se hubieran negado a expandir demasiado la ciudad y en su lugar la hubieran elevado... y en efecto así era. Aunque no dejaba de ser hermoso.
No obstante, notaba algo raro en el ambiente. Salió a la entrada de la clínica y abrió las rejas que encerraban la clínica; volteó hacia atrás, preguntándose si debía cerrar la reja de vuelta... Pero probablemente era innecesario.
Vio la calle bloqueada, con una carreta y varias cajas dispuestas del lado izquierdo; recordaba que su hotel quedaba de aquel lado, lo que automáticamente la dejaba incomunicada. No era que tuviera cosas que en esas circunstancias le fueran a ser útiles. Algunos de los mensajeros se amontonaron frente a ella, con un pergamino entre las manos; Judy se agachó y lo cogió con delicadeza, dedicando una suave sonrisa a las criaturas que desaparecieron. Empezaba a acostumbrarse a ellos.
"Empieza la cacería. Alabada la sed de sangre"
Judy arqueó una ceja, observando a los pequeños. Sea lo que fuera ese mensaje, definitivamente no lo entendía. A lo lejos, siguió escuchando gritos, alaridos, gemidos y golpes. Pero lo que más la inquieto fue escuchar pasos enormes cercanos y constantes, como un guardia en algún lugar. Afianzo su arma, las dos. Avanzó por el único camino libre de la calle, sobre la piedra húmeda, esquivando los objetos abandonados apresuradamente y algunos tirados... Hasta llegar a una enorme reja.
Dio un empujón fuerte, pero esta no cedió; escuchaba animales andando, pero lo que escuchaba no le parecía el sonido normal de una ciudad ¿Acaso ella podía asegurarlo? En realidad, era una coneja de campo, así que Zharnam le resultaba un misterio.
Con la calle bloqueada, no tuvo más opción que volver a girar hacia el lugar que estuviera abierto... Así que giró a la izquierda y encontró el primer cadáver. Una hiena sucia tirada, aparentemente con el cuello roto. Con un sombrero, cubría su rostro... y Judy lo agradeció. Siguió andando y vio más cuerpos al fondo... pero estos se pusieron de pie. Titubeando, retrocedió, pero escuchó el rumor de ropas desdoblándose; alzó las orejas y escuchó un paso detrás de ella. Se dio la vuelta justo a tiempo para esquivar por poco un tajo de un cuchillo enorme. La hiena soltó una carcajada y volteó a verla. Sus ojos brillaban de ese tono rojo insano.
Los otros dos animales tampoco parecían muy amigables. Ambos cargaban cuchillos caseros: otra hiena y un zorro, como Nick... pero con aspecto enfermizo y sucio. Judy retrocedió unos pasos más.
-Alto- ordenó con una autoridad que le sorprendió a ella misma.
-Muere...- susurró la hiena.
El miedo no le permitió titubear y apretó el gatillo de su pistola. El sombrero de la hiena salió volando y esta retrocedió, cubriendo su hocico sangrante; los otros dos llegaron corriendo hasta el lugar.
-Si así lo quieren...- declaró Judy con mirada severa.
Alzó su sierra a la altura de la cadera y salto dando el primer tajo en el rostro del zorro; sintió como el arma atravesaba la piel con extrema facilidad. La segunda hiena se abalanzo sobre ella, pero Judy dio un segundo golpe, ahora hacia la hiena y dio un firme corte en el pecho. Lo que más la perturbo fue que tras estos ataques, ambos enemigos se recuperaron, volteando a verla con enormes heridas, pero prácticamente nada de sangre. Era como si ambos tuvieran tiempo muertos, como si fueran cadáveres.
-Noche de cacería...- susurró una voz detrás de ella. Judy recordó a la primera Hiena. Se giró rápidamente y apretó la palanca. El propio impulso la hizo dar una tajada de cuerpo completo que hizo caer al recién llegado.
Lo escucho dar un suspiro ¿De muerte, de alivio? Con la ropa desgarrada y la piel destrozada, la hiena cayo de rodillas y luego al suelo. No hubo sangre, no hubo nada. Pero vio a los pequeños topos amontonarse alrededor del cadáver. No tenía tiempo de asquearse. Se giro y dio otra tallada que corto la garganta de la segunda hiena, la cual apenas si era capaz de caminar. El zorro, el ultimo enemigo, cargo contra ella; pero volvió a presionar la palanca y la hoja de la sierra se cerró sobre la pata del zorro. Después ella alzó el arma, y el pie y la mano izquierda de su enemigo cayeron al suelo. Los ojos del zorro se apagaron. Al caer este último al suelo, un pequeño charco de sangre se formó; los topos blancos también se arremolinaron alrededor de este otro cadáver. Uno de ellos sobresalió sobre los demás en cada uno de los cadáveres.
Judy se acercó con curiosidad, y el pequeño animal blanco le entregó una piedra roja. Judy la tomó y todos los mensajeros desaparecieron de ese cuerpo. Alzó la piedra y la miró con curiosidad... y desde esa distancia, le llego el inconfundible olor de la sangre. Perpleja, manipuló la piedra en su pata. No se trataba de sangre coagulada... o al menos no de la forma que la conocía. Su color permanecía rojo, un poco opaco, pero no oxidado, y su tacto era duro como el de cualquier piedra. Se guardó la pequeña piedra y avanzó al otro cuerpo. El segundo topo le entregó un frasco con aceite... una bomba molotov. Al llegar al tercer cuerpo, el pequeño mensajero estiró la mano, haciéndole a ella recordar el gesto de Nick... quería entregarle la sangre de la hiena. Judy se encogió de hombros.
-No para mí, pequeño- dijo ella con un suspiro.
Vio alrededor y se encontró en un callejón sin salida. La enorme reja cerrada, las calles bloqueadas. Estaba a punto de volver a la clínica e intentar buscar una salida alterna cuando vio junto al cuerpo de la hiena una palanca. Alzó la mirada para encontrar a pocos metros una escalera levantada.
-Si no abre las rejas, bajara la escalera- concluyo Judy acercándose. Activo la palanca con una facilidad que la sorprendió a ella misma.
Las escaleras bajaron, y con resignación, Judy comenzó a subirlas. No entendía porque alguien pondría esa clase de escaleras ahí, en un acceso público, pero no le importaba cuestionarlo. Tardo un minuto en llegar al final de la escalera; al llegar al final, contrariada, observó otra de esas extrañas lámparas, tallada con un símbolo conocido. Vio una enorme ventana, con protecciones ostentosas y demasiado gruesas como si más que proteger un cristal buscara proteger una caja fuerte; una luz tenue se percibía a través de las gruesas cortinas, las cuales vio moverse suavemente.
-¿Disculpe?- Judy se acercó a la ventana, intrigada por la perspectiva de encontrarse con... alguien normal. Los cazadores y sus sueños, los ciudadanos rabiosos, difícilmente los podría considerar como referentes de cordura. La perspectiva de encontrarse con un civil normal, con un ciudadano que le explicara todo con palabras claras y "normales" la ilusionaba... o al menos la intrigaba. Aún tenía demasiadas dudas en su cabeza.
Encontró rápidamente una puerta a la vuelta de la ventana y dio un suave toque.
-Buenas tardes, cazadora...- tosió una voz suave al otro lado de la gruesa y resistente puerta, que casi parecía más hecha de piedra que de madera.
-¡Buenas tardes!- exclamó ella emocionada, alzando las orejas.
Sin sorprenderse, Judy se topó con una puerta cerrada justo al lado de la puerta de su amigo. A lo lejos, podía ver sombras caminando; creyó escuchar sonidos de peleas.
-No solo los cazadores tienen derecho a cazar- declaró su nuevo amigo desde el otro lado de la puerta, casi como si pudiera verlo y adivinara sus pensamientos.
-¿De qué se trata?
-Ciudadanos- declaró soltando una carcajada-. Algunos enfermos, por la carencia de sangre; otros oportunistas, por la carencia de sangre ¿Que mejor noche para conseguir sangre gratis que cuando las bestias invaden la noche? Al riesgo de su propia seguridad, de su vida, la gente de Zharnam sale a las calles a buscar abastecerse de sangre para su propio beneficio. Es indistinto si matan muchas bestias débiles, o una fuerte, la sangre obtenida será valiosa cuando el amanecer vuelva de nuevo.
-¿Es una especie de competencia?- inquirió Judy horrorizada.
-Es una oportunidad riesgosa- respondió el otro con simpleza-. Con las bestias tomando la ciudad, la sangre abunda para todo aquel que se atreva a tomarla. No todos ellos son cazadores, no deberían estar en la cacería; pero Zharnam no tiene un gobierno o un orden definido: todos pueden ser lo que deseen. Por eso las construcciones son tan... curiosas. Uno puede construir lo que quiera, donde quiera, como quiera, siempre que la construcción no termine arruinando la circulación de la ciudad ¿Esa escalera por la que subiste? Yo la construí, me vi obligado, porque mi casa es enorme- soltó una carcajada-. No me molesta que la gente pase por la azotea de mi casa. En un principio me sentí más seguro, y siempre me ha encantado asomarme y ver la hermosa vista de la ciudad. Pero eventualmente más gente construyo a mi alrededor y en lugar de ser una hermosa mansión que se alza sobre la ciudad, termine enterrado entre los demás... irónico en verdad.
Judy observó la lampara y la escalera, pensativa. Los pequeños topos pululaban sosteniendo la lampara.
-¿Y los mensajeros?
-¿Los que?
-Los topos que sostienen la lampara...
Su interlocutor camino hacia la ventaja y la misma se agitó; no alcanzo a ver ni el pelaje del mismo.
-¿Lampara?
Judy avanzó hasta la lampara y la señalo con su sierra de mano, golpeándola suavemente. Se escucho un sonido metálico que hizo soltar un grito de sorpresa al animal en el interior de la casa.
-¿Que carajos fue eso?
Judy decidió que no tenía sentido insistir. Ni los mensajeros ni la lampara eran visibles para su interlocutor, pero eran palpables y reales, cuando incluso había escuchado el sonido al golpearlo.
-¿Sabes algo de la sangre pálida?
-Nunca he oído de eso- declaró el otro agitando su cortina, como si pasara su garra por la misma mientras caminaba de un lado a otro en la habitación-. Pero la iglesia de la sanación lo controla todo. Ellos son los primeros que han investigado la sangre y sus aplicaciones; algunos hablan incluso de aplicaciones más allá de la "sanación"...
El animal tosió desde el interior. Judy escucho unos gritos horribles, cercanos, pero no pudo localizar el origen.
-Sea de cualquier forma, ellos son los primeros en investigar la sangre y en prevenir las plagas. Son los que instauraron a los cazadores, y nadie sabe más de sangre que los cazadores; probablemente tu mejor tiro seria llegar a la iglesia, en lo alto de la ciudad. La gran Catedral.
Judy asintió pensativa.
-La mejor forma seria bajar a la calle central, la lateral de la clínica. Desde ahí, llegaras a la vieja plaza, que sube a la derecha al cruce central. El cruce tiene una puerta que sube a Cathedral Ward: desde ahí, no hay pierde sobre la dirección.
-Gracias...- dijo ella asintiendo. Se dio la vuelta para ir al único camino posible, unas escaleras alrededor de la estructura, pero entonces se detuvo y titubeo- ¿Estará bien aquí?
-Probablemente no. Las noches de cacería se han vuelto más salvajes - susurró el otro desde su interior-. Se dice incluso que, en noche de eclipses, la realidad se vuelve... extraña. Las horas duran más. Si encuentras algún lugar seguro... avísame. Pero yo te aconsejo que escapes de esta ciudad maldita, antes que su maldición te atrape también.
-No sé si pueda hacerlo ya-exclamó ella apretando su sierra.
Sin más palabras, Judy se precipitó hacía, por primera vez, un objetivo claro: la iglesia de sanación.
