Judy despertó en el suelo, mirando las ramas verdes de los árboles altos y coloridos del sueño del cazador. Sintió las suaves caricias de las manos de los mensajeros que se alejaban de ella, mientras permanecía en el suelo. En su mano izquierda, su pistola; en su mano derecha, la sierra. Los pequeños mensajeros habían sido tan amables de recuperar su arma y entregársela de vuelta, pues de seguro los locos ciudadanos de Zharnam no le habían prestado interés.

Suspiró estirando sus orejas y con satisfacción notando que todo dolor se había disipado y era capaz de percibir todo su cuerpo entero. Soltó las armas y se agarró las orejas. Sonrió con satisfacción ante el cosquilleo y estiró sus patas, dejando caer de nuevo sus brazos.

Se mantuvo acostada, con la mirada perdida y absolutamente ningún pensamiento en la mente durante varios minutos hasta que se sentó en el suelo. Miró sus armas y las tomó rápidamente, saltando para ponerse de pie. Lenard la observaba desde lo alto de la escalera, con una media sonrisa. Ella se enderezó y miró alrededor.

-¿Entonces puedo hacer uso de todo lo que encuentre aquí?- preguntó con serenidad.

-De todo- asintió el anciano con diversión.

-Gracias- dijo ella con una suave reverencia.

Judy se dio media vuelta observando el lugar. Por primera vez prestó atención a toda la magnífica vista alrededor de la propiedad; en un primer instante, no se había sentido atraída a explorar por la mezcla de confusión e irrealidad. Pero ahora por fin entendía que la clave para salir adelante era abrazar esta maldición y hacerla suya, en toda su extensión.

Era imposible para ella definir donde se encontraba; hasta donde alcanzaba la vista, veía un mar de niebla, con pilares a lo lejos que parecían árboles y columnas a la vez... Su vista no era lo suficiente buena para estar segura. También resultaba una pérdida de tiempo intentar contar los pilares-arboles, pues no solo eran abundantes, sino que se hundían en la niebla y se alzaban hasta las nubes sin que parecieran tener un propósito real. Lo más curioso era que el cielo parecía un cielo normal; tal vez gris, como un cielo que anunciaba lluvia, pero con nubes comunes e incluso la vista de una hermosa luna llena. Pero todo eso, aun siendo hermoso, no le era útil a Judy; no podía definir donde se encontraba, aunque si alcanzaba a percibir que el sueño era más grande, con ciertas zonas verdes y despejadas fuera de su alcance por las rejas. Puso su pata sobre la reja con suavidad, pensando en saltar y observar los límites del sueño.

-No es buena idea- declaró una voz a su espalda.

Judy se dio la vuelta con suavidad, y se encontró con una nueva compañera. Un búho de mirada intensa y rojiza, tal como la de Nick, pero de ojos aún más expresivos, tal vez porque eran enormes; pero era una chica, era evidente ¿Apenas una adolescente? Pero si estaba ahí, solamente podía tratarse de una cazadora. El búho vestía falda y chaleco de color morado, con un plumaje oscuro que parecía negro, pero brillaba con un leve tono azul. Sus alas terminaban en unas garras largas y afiladas que sostenían una pistola enorme con diseño extraño. La otra hembra volteó a ver su arma y se la colgó de un lazo a la espalda.

-Un trabuco- comentó ella señalando su arma con un pulgar-. Un arma efectiva para tomar desprevenidas a las bestias y darles un ataque visceral.

-¿Ataque visceral?- exclamó Judy sonriendo.

-Ya sospechaba que eras nueva- dijo el búho sonriendo-. Mi nombre es Octavia.

-Judy- dijo ella con una sonrisa. La chica le expresaba mucha confianza; aun así, era consciente de que los búhos eran unos de los más feroces depredadores de la naturaleza. Tenía cierto sentido que fuera una cazadora.

-No intentes salir del sueño del cazador- declaró Octavia señalando del otro lado de la reja-. Es peligroso aun para los más experimentados; además, es un despropósito. Las tierras de los sueños son inciertas y confusas, podrías perderte vagando por siglos sin esperanzas de volver.

-¿Siglos?- se burló Judy.

-Siglos- asintió Octavia-. Puede que mas...

La coneja alzó una ceja, pero decidió no discutir y simplemente se alejó de la reja.

-Puedo entender que un cazador novato este desconcertado, pero aun en los parámetros de esto, luces más perdida que cualquier otro que haya visto- declaró Octavia con suavidad.

-Todo esto es demasiado confuso para mi- dijo ella rascando sus orejas-. Veras, ni siquiera soy de Zharnam.

-Entiendo- la chica volteó a sus espaldas-. Y el viejo Lenard podría no ser de ayuda. Pero Bellwether es adorable.

-¿Bellwether?

-La muñeca- dijo Octavia como si fuera evidente.

Con un suspiro, Judy volvió a decidir que no iba a discutir, pero comenzaba a cuestionarse de la utilidad de su encuentro con la chica.

-Veras, vine buscando algo muy importante- dijo Judy con suavidad-. Estoy enferma, y vine buscando el tratamiento con Sangre Pálida.

-¿Sangre pálida?- exclamó Octavia ladeando su cabeza.

La chica se giró pensativa, con los ojos brillando.

-Mi padre alguna vez me hablo de eso...- dijo ella cerrando los ojos, tratando de hacer memoria.

-¡¿En serio?!- preguntó Judy emocionada.

La chica volteó a verla y se mostró avergonzada.

-El termino me parece conocido, estoy segura de haberlo escuchado- dijo ella con seguridad-. Pero fue hace mucho tiempo. Cuando era solo una niña. Cuando mi madre aun me cantaba canciones para dormir.

-Pero, tú eres de Zharnam- inquirió Judy- ¿Podrías preguntarle a tu padre?

La mirada de Octavia se ensombreció.

-Claro, le preguntare- dijo ella desviando la mirada-. Pero es noche de cacería, novata. Creo que todos tenemos cosas peligrosas de las que preocuparnos; cuando la mañana nos encuentre, volveremos a hablar.

Octavia se dio la vuelta y comenzó a alejarse, pero casi de inmediato se detuvo en seco. Volteó a ver a Judy, solo girando la cabeza de esa forma que los búhos podían hacer y que a ella siempre le pareció repulsivo, pero que en la chica por algún motivo le pareció adorable. Judy le sonrió nerviosa.

-Creo que, si esperamos volver a vernos, te hace falta una ayuda.

Octavia giro el resto de su cuerpo y rebuscó en sus bolsillos.

-Veo que llevas una pistola y una sierra dentada- declaró Octavia con amabilidad, entregando un frasco de aceite-. Esta es una bomba molotov.

-Oh, ya he visto de estas.

-Encontraras aceite en toda la ciudad, depósitos cerca de lámparas y pozos, aunque tendrás que hacerte de botellas donde puedas- explicó Octavia-. Es bastante fácil: llena la botella, usa un pañuelo...

Mientras Octavia hablaba, le explicó el proceso vaciando el contenido de una botella en otra para mostrarlo. Judy la observaba con interés a ella, que parecía entusiasmada, aunque su rostro fuera inexpresivo.

-Puedes usar cualquier tela y triturar una bala de mercurio- alzó una de las pequeñas balas.

-¿Mercurio?- exclamó Judy sorprendida alzando las orejas. Había pensado que eran de acero.

-En Zharnam, la sangre es muy valiosa, pero también es muy básica- explicó la chica apretando la bala que se trituro en su garra formando un polvo fino-. Estas balas de mercurio, no las puedes conseguir en las tiendas de armas; los pequeños mensajeros son quienes refinan la sangre de las bestias vencidas para darnos estas balas de mercurio. Incluso, si lo necesitas, podrías hacer balas de sangre...

Octavia espolvoreó el trapo con el polvo de mercurio y lo puso en la botella. Raspó la tela en el suelo con rapidez y esta se encendió; tras lo cual, arrojó la botella contra la reja, explotando en una llamarada que hizo a ambas hembras cubrirse el rostro.

-Los pequeños mensajeros serán tus mejores aliados- explicó Octavia sacudiendo su garra-. Ellos te darán balas de mercurio, bombas molotov e incluso la sangre de tus enemigos, para que cures tus heridas.

Judy asintió en silencio. Octavia era muy amable, y la única de los cazadores que no la había juzgado por ser una coneja. Nick la había menospreciado, Fox y Krystal la subestimaban, Lenard parecía burlarse de ella. Pero Octavia la instruía como una novata, no insultaba sus capacidades ni la despreciaba.

-Ellos me dieron esto- declaró Judy mostrando una pequeña piedra de sangre.

-Un fragmento de piedra de sangre- dijo Octavia tomando la piedra con su garra-. Estas piedras se usan para refinar las armas de los cazadores, pero un pequeño fragmento no será suficiente.

Octavia apretó la piedra y se la devolvió a Judy, sonriendo.

-Guárdala.

La tomó de la pata y subió corriendo las escaleras, casi arrastrando a Judy con sus largos pasos irregulares; la coneja trastabillo, pero pronto tomó el ritmo. Llegaron a la casa y entraron por las enormes puertas; el anciano reposaba en su silla de ruedas, totalmente dormido. Judy se sintió confundida, pues no creyó que en los sueños se pudiera dormir.

-No duerme- declaró Octavia adivinando los pensamientos de la coneja-. Los cazadores no podemos dormir. No dentro del sueño.

-¿Entonces?- inquirió ella confundida.

-Comulga- respondió ella viendo al anciano-. Todo este lugar se mantiene en pie gracias a él; también fue un cazador, alguna vez. Hay dos tipos de cazadores en este mundo: los que dejan de soñar y los que no pueden dejar de hacerlo...

Judy se sintió tentada a preguntar más al respecto, pero Octavia misma se interrumpió.

-Mira, aquí puedes guardar cualquier cosa que encuentres- dijo ella mostrando un gran baúl con forma de ataúd-. No te preocupes por la privacidad...

Abrió la caja y arrojó su trabuco dentro. Después invitó a Judy a abrir la caja; la coneja titubeó y la búho insistió. Judy abrió la caja pero la encontró vacía. Retrocedió encogiéndose de hombros; Octavia volvió a abrir la caja y sacó su trabuco, volviendo a colgarlo en su espalda.

-Misma caja, diferente dueño- declaró ella con simpleza. Judy iba a preguntar cómo era posible, pero Octavia se encogió de hombros-. Creo que es cosa de los mensajeros. Esos pequeños son... bastante hábiles.

Octavia camino frente a la caja y mostro todos los estantes llenos de libros, tomando uno en sus garras. Lo entregó a Judy.

-Aquí podrás encontrar todo el conocimiento que algunos cazadores se han tomado el tiempo de recopilar. No tendremos el tiempo de leerlo, pero si decides quedarte en Zharnam, puedes volver.

Judy hojeó el libro y vio figuras grotescas dibujadas, con vaga forma animal. Su compañera la jaló y ella soló dejó el libro sobre un taburete; Judy era joven, apenas de 24 años. Y aunque Octavia era mucho más alta que ella, con un porte imponente y una vestimenta sobria, pudo notar su entusiasmo infantil en instruirla. De cierta manera, era incomodo ¿Octavia también había muerto ahí afuera tantas veces como ella? ¿Mas veces que ella? ¿Alguien la había protegido? Había escuchado de los gremios, tal vez Octavia pertenecía a alguno... Y es que mientras Octavia lo tomaba con naturalidad, para Judy era algo de vida o muerte... incómodamente literal.

-Aquí puedes mejorar tu arma. O armas- declaró Octavia mostrando una mesa de trabajó ensangrentada; Judy hizo una mueca, pero la más joven negó con la cabeza-. Parece una mesa de tortura, pero es natural que esas marcas queden por lo afilado de las armas y el uso de las piedras de sangre.

Había pocas herramientas encima, y la mayoría no las entendía. Miró a Octavia confundida.

-Es poco probable que utilices esto- dijo la chica encogiéndose de hombros-. Las noches de cacerías son cada luna llena; es cuando se les pide a los ciudadanos de Zharnam permanecer en sus casas, pues la luna tiene un efecto... hipnótico, en las bestias.

-¿Las llamas bestias, pero fueron ciudadanos?

-Lo fueron- admitió Octavia con tristeza-. La sanación con sangre tiene una maldición oculta. Depender de ella es lo que termina infectando a los ciudadanos, lo que los convierte en bestias... o cosas peores.

-¿Cosas peores?

-Ojalá no tengas que verlas- dijo la menor con un tono lúgubre-. No podemos olvidar que todos ellos fueron ciudadanos, pero ahora están corrompidos y no volverán. Algunos por decisión propia, otros por causa de alguien más. Pero no es posible salvarlos. Los cazadores debemos acabar con cualquier salvaje o corrupto que amenace la vida de los ciudadanos... o la nuestra.

Pensativa, Judy asintió. Fue arrastrada de vuelta a la caja, donde Octavia sacó un puñado de ropa, que suavemente fue depositando en las patas de Judy.

-Mi regalo- dijo ella sonriendo. Con suavidad, saco al anciano dormido al balcón y cerró las puertas, invitando a Judy a cambiarse.

-¿Es necesario?- inquirió ella sin mucho entusiasmo.

-Pueden parecer simples ropas, pero te protegerán un poco más de los peligros de afuera- declaró Octavia sacando una bomba molotov y arrojándola al suelo; las llamas no se extendieron demasiado, pero ardieron con intensidad. Suavemente, la chica atravesó las llamas con paso elegante como si bailara sobre el fuego. Después de atravesar las llamas, volteó a ver a Judy-. Claro, no todas las ropas de cacería son iguales y algunas te servirán mejor. Lo más común es tener ropas que resistan el fuego, porque el fuego es el arma principal de todo buen cazador. Seria irónico morir quemado.

-Tampoco es algo que nos vaya a matar- replicó Judy.

-Podría- dijo Octavia encogiéndose de hombros-. Aunque volvamos.

En ese comentario casual, Judy tuvo respuesta a una de sus dudas y confirmó que Octavia sabía que los cazadores morían ahí afuera; escucharlo de ella, la chica más amable y normal que se había topado desde que había iniciado esa locura (si lo pensaba, incluso antes de que la cacería empezara, el doctor Nutriales ya había sido un tipo bastante raro), le ayudaba a aceptarlo. Debía enfrentar esa nueva realidad a la que se enfrentaba.

Judy se desnudó, quedando en ropa interior y se vistió con las ropas que Octavia le ofreció; la chica desvió la mirada levemente avergonzada, pero espió de reojo a Judy. Cuando termino, Judy se observó contra el cristal de una estantería cercana, lo más cercano a un espejo. Era un conjunto de un pantalón elegante y una blusa blanca con chaleco negro, así como un sombrero de forma triangular. Si lo pensaba, el conjunto era bastante varonil, pero no le dio importancia. Era cómodo y si la protegía un poco más, era bienvenido.

Al terminar, Octavia la observó pensativa, tras lo cual cortó su garra con una de sus afiladas uñas y saco un cuaderno; escribió su nombre con sangre y un símbolo extraño. Judy observó todo en silencio. La menor arrancó la hoja y se la entregó a la mayor.

-Si algún día ocupas ayuda, puedes pedirla de esta forma- dijo la chica sonriendo.

Sacó una pequeña campana de mano y se la mostró.

-Ocupas una de estas, pero no puedo darte la mía: solo tengo una- dijo Octavia con un ligero tono de pesar, como si se sintiera culpable. Judy comenzó a sentirse avergonzada por lo amable y atenta que había resultado ser esa chica con una total desconocida ¿Era porque no creía en ella por ser una presa? ¿O era porque genuinamente CREIA en ella?

-Entiendo- exclamó Judy sonriendo.

-Suena la campana con el papel en mano- dijo haciéndola sonar.

El papel en la mano de Judy brillo.

-Después, deja caer tu sangre sobre ella- dijo señalando la hoja-. Eso nos permitira encontrarnos.

Octavia hizo callar su campana, y la hoja dejó de brillar. Cuando paso esto, la sangre estaba totalmente seca como si fuera una pintura antigua.

-Buena suerte, cazadora- dijo Octavia.

-Buena cacería, Octavia.

Octavia sonrió antes las palabras de Judy y salió de la casa. Judy tambien la siguió. Octavia se detuvo en una lápida distinta a la que Judy, y ambas voltearon a verse. Un resplandor y Octavia le volvió a sonreír a la coneja antes de que cada una tomara su camino...


Core Notes:

Espero que hayas disfrutado de este escrito tanto como yo. Por favor, dejame un comentario con tu opinion, teorias, apoyo u observaciones. Eso me animaria mucho para continuar adelante con el proyecto. Incluso, de ser necesario, podria añadir una seccion de FAQS al inicio de los capitulos si algo no ha quedado claro durante los mismos. Esta es mi primera publicacion en esta pagina y estoy algo nervioso por la aceptacion. Gracias.