Librería de Ciudad del Este.

Mientras los hermanos recorrían la feria mercantil y Winry, estaba en una tienda de venta de partes usadas de automail. El cazador y la alquimista, se dirigían de camino a la librería donde ella deseaba ir.

-Keilot, te dije que no era necesario que me acompañaras hasta aquí-

Reclamó, pacientemente a su amigo cazador.

-Gaia, ¿No sabes decir otras cosa que no sean negativas?- preguntó, exasperado -Te dejaré aquí por treinta minutos y luego, pasaré a recogerte cuando vuelva de la tienda para cazadores ¿Entendido?-

Ordenó sin tregua, señalando la entrada de la librería.

-¡Pero treinta minutos es poco tiempo para estar aquí!- rogó con su mejor cara de niña buena -¡Por favor...Unos minutos más!-

Hizo un mohín con sus labios, pero él, no caería en su juego... Está vez.

-¡Olvidalo! Estoy a esto...- hizo una seña con su pulgar y su índice, para marcar una mínima distancia entre ellos -De decirte que no y llevarte conmigo a la tienda para cazadores, para no perderte de vista vestida así- la señaló de arriba a abajo, otra vez. No le gustaba para nada ese atuendo -Es treinta minutos o nada-

-¡BIEN!- Exclamó levantando sus brazos al universo -Y para que lo sepas, amigo- acusó, señalándolo con su dedo apoyado en el pecho de él -¡Eres un dictador!-

-Puedo vivir con eso- bajo el dedo de ella -En treinta minutos vengo por ti- besó la mano de la chica con ternura -Por favor, te lo suplicó, no hables con hombres extraños ¿Bien?-

La besó en la mejilla y se fue. Para ella, había llegado el momento de buscar un libro acerca de Calep.

Por otro lado, una errante hechicera, llevaba en esa librería más de diez minutos y todavía, no encontraba lo que estaba buscando. Por suerte, Orphen, Majic y Lai, se encontraban en la tienda de magia, mientras que Cleo estaba, en una aburrida tienda de zapatos. Como si el destino la ayudará, un empleado, apareció en su campo de visión y se acercó a él.

-¡Eehh! Disculpe, joven ¿Dónde puedo encontrar información sobre aves arcoiris de la luna? Necesito realizar un ensayo y no cuento con la información necesaria para terminarlo-

Comentó al joven delante de ella.

-Bien, esos libros se encuentran en la sección de flora y fauna de la tienda. Los puede encontrar en esos estantes de allá-

Mencionó, señalando unos estantes a la derecha.

-¡Oh! Bien, gracias- sin mediar más palabras, camino hasta donde le indicó el joven -¡Esto va a ser difícil!-

Penso en voz alta, mientras observaba los estantes repletos de libros.

La alquimista, acababa de ingresar a la librería recorriendo diversas estanterías y buscando el libro que necesitaba. Escuchó la indicación de uno de los empleados del lugar a una joven, a la cual le señalaba la sección que ella necesitaba.

Eso sería pan comido, se sentía como pez en el agua cuando se trataba de encontrar libros. Caminó hacia la sección indicada y se posicionó a un lado de la joven que habló con el empleado.

Esta última, tan concentrada estaba en su búsqueda, que no se percató que una persona estaba a su lado. Leí los lomos de los libros, uno por uno, hasta que al fin encontro el título que buscaba "Aves arcoiris de la luna".

-¡Ahí esta!-

Exclamó estirandose, pero otra mano, lo tomó al mismo tiempo.

-¡Lo siento! ¡Tomalo! Yo buscaré otro-

Dijo la voz de una joven a su lado. La hechicera volteo para observarla y quedó petrificada. Era físicamente idéntica a ella, pero su cabello y ojos, eran diferentes ¿Será? Pensó, apretando el libro entre sus manos con fuerza.

-No, no, esta bien. Tómalo tu, yo veré si hay otro ejemplar como este-

Comentó a la chica frente a ella, extendiendo el libro. Se veía casi o más sorprendida que la hechicera. Tenía que hablar con ella, cueste lo que cueste.

-No, quédatelo. Tu lo tomaste primero y seguro que lo necesitas más que yo-

Respondió, estupefacta. La muchacha castaña frente a ella, era como la antigua Gaia que habían dejado en el barco de Amestris ¡Era increíble! El viaje a ese país, le habia traído grandes sorpresas.

-Espera...Tengo una idea, acompañame- dijo la otra muchacha, iluminada, mientras la acompañaba al mostrador del lugar -Disculpe, señor ¿Tendrán otro ejemplar de este libro en la tienda?-

Indagó, mostrando el libro al señor.

-Disculpe, señorita. Pero es el último ejemplar que queda, lo lamento ¿Desea llevárselo?-

-Si, claro. Me lo llevaré ¿Cuál es el precio?-

¡Que pena! La alquimista, tendría que seguir buscando.

-Cinco carniles de plata-

Respondió.

-¡Perfecto! Aquí tiene el dinero, gracias- volteó sonriendo con el libro en sus manos -¡Toma!-

Mencionó extendiendolo hacía la muchacha de cabellos grisáceos.

-¿Qué?- inquirió petrificada -¡Oh! No, no puedo aceptarlo, es tuyo, acabas de comprarlo-

Excusó, levantando las manos.

-No me importa ¡Tómalo! Lo compre para tí. Yo lo necesitaba por unos días. Tómalo, anda-

La alquimista, miraba el libro como si pudiera quemarla y luego, a la castaña con incertidumbre. Después de pensarlo unos momentos, tomó el libro con las manos temblorosas.

-¡Muchas gracias! De verdad, no era algo necesario, pero en serio, quería este libro. Gracias- agradeció sincera -¡Pero no lo quiero gratis! ¡Voy a pagartelo!-

Mencionó, buscando algo en los bolsillos de pequeña mochila.

-¡No es necesario! Acéptalo. Soy Dea, por cierto ¿Cómo te llamas?-

Cuestionó a su doble frente a ella. Le resultaba tan extraño, era como mirarse en un espejo invertido.

-Gaia- La hechicera palideció, esa muchacha, tenía el mismo nombre que su hermana -¡Oye! ¿Estas bien?-

Cuestionó a la joven que había perdido el color de repente y parecía a punto de desmayar.

-Si, si- contestó trémula y rápidamente -Estoy bien...disculpame- dijó recuperando de a poco el color -¡Tengo otra gran idea!- exclamó -¿Qué te parece si me invitas un café en la cafetería de aquí en frente como recompensa por tu libro?- propuso recompuesta -¿Quieres? Además, así nos conocemos mejor-

Preguntó suplicante con una mirada tan idéntica a la suya, que no podía negarse, se lo debía.

-¡Me parece una gran idea! ¡Vamos!-

Ambas salieron de la libreria hacia la cafetería, para poder conversar un poco mas.

-Bien, Gaia...Cuentame de ti-

Mencionó una vez que el mozo se fue con sus órdenes e intentando disimular su nerviosismo hacía su compañera.

-Bueno, mi nombre es Gaia Rosseline Curtis. Soy de Amestris, de una ciudad muy pequeña, llamada Dublith, vivo allí desde los 10 años ¿Qué más?- pensó por unos instantes -¡Ah! ¡Si! mis padres son los dueños de la carnicería del pueblo y soy una humilde alquimista- Definitivamente, no era su hermana. Si lo fuera, la recordaría a ella o a sus padres. Además, tenía una familia en Amestris, tan sólo, era otra de las tantas personas que se parecían a ella -¿Y qué hay de ti?-

Cuestionó, sacándola del mar de sus pensamientos.

-¡Oh! Bueno, pues verás...Soy una hechicera negra. Vivo en la Torre de los Colmillos desde los 10 años. Ese lugar, se encuentra en Taflem a unos kilómetros de aquí- comentó levantando el pendiente de su cuello -¡Eeemmm! Mi nombre completo es Dea Alexandra Fleming- esperó una reacción ante su nombre...Nada -Y vine aquí con un grupo de amigos al Festival de la Luna de Sangre-

Finalizó sonriendo. Esa alquimista era muy agradable, creía, que podrían llevarse bien.

-¿De verdad eres una hechicera? ¡Eso es genial!- exclamó con ilusión en sus ojos. Era tan graciosa -¿Podrías mostrarme algún hechizo?-

-¡Claro!- mientras ella pensaba en algún hechizo sencillo, observó que en la mesa donde estaban, había una pequeña maseta de flores marchitas. Ya sabía que hacer -Mira, Gaia...Pobrecitas estas flores, se ven muy tristes, ¿Verdad?- indicó, redeando con sus manos la maseta -Observa-

Invocando una pequeña cantidad de energía en sus manos, logrando que las flores revivieran, otra vez.

-¡ESO FUE...! ¡ESO FUE! ¡GENIAL! ¡TU ERES GENIAL!- exclamó al mundo, hiperventilando, mientras su compañera reía -Me encantaría poder hacer algo así- confesó, cohibida.

-Hablando de eso, muestrame algo de lo tuyo ¿Quieres?- propuso -¡Espera! Necesitas algo para dibujar el círculo, ¿No es así?-

Mencionó, buscando un bolígrafo dentro de su bolso.

-No es necesario ¡Mira!- juntó sus manos y transmutó sobre la mesa una pequeña figura de su ave -Es tuyo-

Le entregó la figura en sus manos a la hechicera frente a ella.

-Gaia, ¡Esto es hermoso! Pero, ¿Cómo puedes hacerlo sin círculo?-

Cuestióno un poco sorprendida acerca de la habilidad de esa alquimista que transmutaba sólo con sus manos.

-No lo sé, siempre pude hacerlo. Al igual que mi madre, es algo de familia, creo...-

-¡Entiendo! Por cierto, ¿Para qué necesitas el libro de las aves arcoiris de la luna? Ellas no son amestrisanas-

Preguntó su nueva amiga hechicera. Era tan bella y agradable, que estaba segura que serían grandes amigas.

-Por Calep- tocó su hombro como buscando algo -¿Calep? ¡Oh! ¡No! ¡Me olvide de él!-

Llevó dos dedos a su boca y silbo. Iba a pedirle más adelante que le enseñará a hacer eso. Sin poder creer lo que sus ojos veían, unos minutos después, un ave como las del libro se paró en el hombro de la alquimista.

-¡Vaya! ¡Estas llena de sorpresas! Nunca me imagine que Calep sería un ave como estas- aseguró, señalando el libro que ella tenía sobre la mesa -Tu...tu eres increible-

Halagó sinceramente, esa alquimista era única.

-Bueno, al menos no soy aburrida-

Dijo entre risas, al igual que ella. Cuando estaban sumergidas en una nueva conversación, una gran explosión las interrumpió. Un joven vestido de cazador, atravesó la vitrina de la librería frente a ellas, producto de la misma.

-¡KEILOT!-

Grito y salió disparada hacia la dirección del joven. Por otro lado, la hechicera, observaba a un inconfundible moreno de fría mirada, levantando su brazo derecho hacia el cazador con furia.