Richard castle era un poco mayor que yo cuando le conocí, tenía un par de meses en la universidad, me sentía toda una mujer adulta, me creía autosuficiente y estaba convencida de que el mundo era mío y giraba alrededor de mi dedo pero aquel mundo se haría inmensamente grande después de conocerlo, Richard o Rick sería el hombre que tomaría mi mano y yo jamás la soltaría incluso el día que tuvimos que separarnos.

Rick caminaba por el campus, usaba unos lentes oscuros, una chaqueta negra y una camisa azul, caminaba con seguridad y su sonrisa llamaba la atención de todos, recuerdo haberlo visto caminar por el pasillo, bajar la escalera y cruzar el patio central para luego salir del edificio, pero no fui la única que lo notó, todas las chicas que se encontraban allí lo habían visto caminar por el lugar.

De inmediato me pregunté quién podría ser y qué hacía allí, no parecía un estudiante, parecía ser un tipo de esos que van por la vida buscando problemas, una creciente pero aun incipiente barba se notaba en su mejilla, el olor a loción masculina había dejado un camino hasta la salida y su sonrisa sería mi perdición pero no solo la mía.

Coincidimos de manera extraña unos días después de haberle visto caminar por los pasillos, de cerca lucia más joven aún, entonces reconsidere que fuese un estudiante.

Yo corría en la pista al amanecer cuando el salió de uno de los túneles que daban al edificio principal, recuerdo haber rodado al menos un metro cuando sin quererlo tropecé con él y caí estrepitosamente.

-por que te cruzaste así?.- grité en medio del dolor en mi rodilla derecha.

-lo siento.

-no viste que estaba corriendo, eres un idiota.

-estas bien?

-te parece que estoy bien?

-muy bien.

-mi rodilla, mira esto.- señalé el corte que comenzaba a sangrar.

-Te llevaré a la clínica de la universidad.- se inclinó e intentó tomarme en sus brazos.

-puedo caminar.

-estas segura?.- apoye ambas manos en el piso e hice el intento de levantarme sin embargo mi rodilla dolía aún más, entonces sentí sus manos en mi espalda y trasero.

-qué haces?

-no puedes caminar, deja de hacer estupideces.

Miré su cara de cerca, el aroma de su loción golpeó mi nariz y sentí su respiración, podría jurar que los latidos de su corazón, él sonreía por una razón desconocida para mi, recuerdo haber apoyado la cabeza en su pecho por solo un par de segundos, sentí su calor a través de la tela de su camisa, no, no era que me hubiese impresionado simplemente era la primera vez que me encontraba con él.

Lo siguiente que recuerdo es aferrarme a su brazo mientras la enfermera suturaba el corte en mi pierna, Rick hacia gestos de dolor muy graciosos.

-la anestesia local no funcionó?.- preguntó masajeando su brazo.

-si.

-entonces que fue eso, mira mi brazo, quedarán marcados tus dedos.

-solo quería que sufrieras igual que yo.

-Que graciosa eres.

-creí que eras muy fuerte.

Rick me miró con seriedad y luego de ayudarme a bajar de la camilla se despidió, pasarían algunos días antes de volverlo a ver, fue una mañana fría, Rick estaba sentado bebiendo café.

-caminas chistoso.- dijo sonriente.

-gracias a ti.

-tu no te fijaste.

-claro.

-quieres café?.- preguntó distraído.

-si.- le arrebate el vaso desechable.

-ese es mio.

- me lo debes, mira esta cicatriz.

-uy que horrenda.

Ambos reímos, aunque yo no me atrevía a preguntar que hacía en la universidad y él nunca lo mencionó, dos o tres días de la semana nos sentábamos a beber café sin preocuparnos por nada mas, el tiempo transcurrió de manera rápida y pronto la primavera tocó a nuestra puerta, para ese entonces nos habíamos confesado un par de secretos personales pero él aún no mencionaba que hacía en la universidad y según mis investigaciones no era estudiante, fue entonces que me decidí a preguntar.

-Y… no tienes clase?

-No

-oh, pero más tarde?

-Beckett tu y yo sabemos que no estudio aquí, también sabemos que no te atreves a preguntar pero te mueres por saber.

-Te mentiría si digo que no.

-Bueno, soy una especie de asesor.

-asesor?

-si.

-y?

-y que?

-y que más, que clase de asesor eres, no pareces un profesor, más bien pareces el chico problemático de la cuadra.

-bueno eso lo descubrirás con el tiempo.

-creí que éramos amigos.

-Lo somos pero no te lo diré, me gustaría ver que tan lista eres.

-Soy una chica lista.

-bueno eso ya lo veremos.

Algunas semanas pasaron desde entonces, Rick era muy reservado en ese aspecto, el verano llegó dando paso al receso vacacional y aún cuando no creí que fuésemos cercanos, Rick me invitó a salir una vez, me sentí completamente contrariada cuando se estacionó fuera de un bar y salió del auto esperando que yo hiciera lo mismo.

-No tengo edad para beber.

-pero aun así lo haces.

-Como sabes eso?.- él solo sonrió.

-nadie te va a pedir una identificación aquí, el bar es de un amigo mio y no hemos venido aquí a beber.

-es un bar, que más haríamos aquí?

-pasar el rato.

Caminé a su lado, él olor a tabaco se percibió desde que la puerta se abrió, entonces tuve miedo, Rick no me decía cual era su trabajo o de que vivía y yo aun no lo había averiguado, que tal que me había mentido y yo estaba yendo directo a una trampa.

-No voy a poner drogas en tu bebida y violarte, deja de pensar.

Caminé a su lado, detrás de la barra un hombre sonrió al vernos y después de saludar nos indico el camino hasta una puerta lateral, antes de pasar por esa puerta les vi murmurar algo, de nuevo me sentí nerviosa al respecto, había oído toda clase de historias de chicas engañadas para luego ser víctimas de trata, a mi me parecía que me había equivocado con él y me preparaba mentalmente para lo que viniera.

-Sigue, ya te alcanzo.- dijo quedándose atrás.

Caminé lentamente por el pasillo, poco a poco la música se escuchó con más intensidad, me detuve unos segundos y dudé, me disponía a dar la vuelta cuando la puerta se abrió y una pelirroja muy bonita y sonriente salió.

-eres Kate?.- preguntó.

-si.- dije con duda.

-pasa, Rick nos habló de ti.

-si?.- pregunté extrañada.

-es un amor no lo crees?.- sonreí intrigada.

Dentro había unas mesas, algunas personas sonrieron cuando me vieron y alguien bajo el volumen de la música, supuse entonces que mi cara tendría un enorme signo de interrogación, más preguntas surgían, todos parecían felices y lo peor era que todos parecían saber de mi pero yo no sabía de ellos, en los respaldos de las sillas pude ver números y las pertenencias de las personas, esperé que todo fuese solo un malentendido.