La alquimista, se dirigía a la habitación de Keilot, sabia que estaba bien, pero quería comprobarlo por si misma. Además, quería estar con su hermana, no deseaba estar con otra persona que no fuera ella. Se necesitaban y eso era en lo único en lo que podía pensar.
Llegó a la habitación del cazador e ingresó en ella. Se veía tan tranquilo, dormido en su cama. Jamás en su vida había conocido a un hombre tan atractivo como él. Era como si se conocieran de otro tiempo, de otra edad, como si estuviéramos destinados a estar juntos desde el día en que se conocieron. Era extraño el lazo que los unía.
Le acariciaba el cabello, mientras lo miraba embelesada y él, comenzó a abrir sus hermosos ojos claros.
-¿Eres un ángel?-
Susurro sonriendo y mirándola somnoliento, por el efecto del sedante en su sistema.
-No, Keilot. Soy Gaia ¿Te sientes mejor cazador alfa?- preguntó con ternura.
Él jamás le rebeló su verdadero origen, quería ser simplemente Keilot, frente a sus ojos. Pero ya no había secretos entre ellos.
-¿Gaia? Es un nombre muy hermoso para un ángel-
Era inevitable no reírse del cazador con ojos esmeraldas frente a ella. Se veía tan indefenso -¿Me darías un beso, angelito?-
Así lo hizo, estaba herido por protegerla, se lo debía y además, quería hacerlo.
-Descansa- Susurró.
Dspués de besarlo, se dirigío a la habitación de la hechicera que estaba un poco más alejada de esta. A los pocos minutos, llegó a la habitación 59 y golpeó la puerta frente a ella.
-Dea...hermanita. Por favor, abre la puerta. Quiero saber como estas-
No respondió, no quería abrir la puerta. Pero ella, no se lo permitiría, ya vería cuando entrará.
Estaba en su habitación sola, llorando y pensando en que la vida es como una casa de naipes. Todo puede derrumbarse en un instante.
¿Por que de todas las personas en el mundo tenía que luchar contra un maldito demonio justo cuando su vida se estaba armado de nuevo? ¿Por que? Ahora que había encontrado a Gaia y que le había dado una oportunidad a Lai. Era tan injusto su destino.
Un golpe en la puerta la aparto de sus pensamientos y lamentos, seguramente, era Cleo otra vez. Pero estaba equivocada, era su hermana preguntando por ella. Guardo silencio unos instantes, esperando que se marchará, pero volvió a hablar.
-Si piensas que me iré, no lo haré- Suspiró fuerte, como pensando cada palabra antes de continuar -Hemos estado diez años separadas, por favor, no hagas esto. Quiero estar contigo...Abre esa puerta- habló dulcemente del otro lado.
Tenia razón, se necesitaban y tenían que estar juntas. Así fue como con el alma hecha pedazos, la hechicera, se levantó a abrir la puerta.
-Pasa, Gaia- entró en silencio en plena obscuridad. Estaban de pié, una frente a la otra, esperando que alguna de las dos hablará primero y la castaña, lo hizo -Lo siento, tenia que hacer esto, lo que sucedió hoy fue demasiado para mi, necesit...-
No pudo terminar, la alquimista, la había abofeteado en el rostro con fuerza. Su cabeza, giro a un lado por el impacto.
-¡Escuchame bien!- exclamó, temblando de irá y derramando lágrimas, encendiendo la luz -¡Es la última vez que una puerta se interpone entre nosotras!- la hechicera, la observaba con su mano apoyada en la mejilla que recibió el golpe -¡Yo también estoy asustada, pero no permitiré que nos derrote antes de tiempo! ¡No, sin antes haber peleado! ¿Entiendes?- lo único que la castaña podía hacer, en ese momento, era escucharla y llorar -¡Nuestros padres dieron hasta su último aliento de vida para protegernos y mantenernos a salvo de ese maldito demonio! ¡Creeme! ¡Eso mismo pienso hacer! ¡No me rendiré, no ahora, no en esta vida, no aquí! ¡Y espero que tu tampoco! Ahora...¡Ven!-
Abrió sus brazos, mientras su hermana, corría a sumergirse en ellos para llorar aún mas. Sus palabras tenían tanto sentido, se estaba dejando vencer antes de tiempo. Eso era lo que él quería y no se lo podía permitir.
-¡Lo siento! ¡Lo siento tanto! ¡Él ya arruinó mi vida tantas veces, que no quiero que vuelva a suceder otra vez! ¡No quiero volver a perder a todas las personas que amo de nuevo!- confesó, en los brazos de su hermana, hecha un mar de lágrimas -¡Tu perdiste la memoria! ¡No sufriste tanto como yo en estos diez años! ¡No sabes todo lo que sufrí...soñando cada noche con el naufragio! ¡Festejando nuestro cumpleaños sola, en una maldita torre, todos los años! ¡Empezar a buscarte desde los 16 años...Viajando por el continente con la esperanza de encontrarte en cualquier chica castaña de nuestra edad!- se ahogaba por el llanto y las llagrimas -¡Y cuando mi vida esta empezando a ser feliz de nuevo...Él vuelve a destruirlo todo, otra vez!-
Explicó, desgarrándose de dolor.
-Lo sé...Perdoname, no debí haberte golpeado. Pero no me pareció correcto que te encerraras aquí a llorar, cuando afuera, hay una crisis que tenemos que enfrentar- se sentía tan culpable, que también lloraba por eso -¡Eres fuerte! ¡Más que yo! ¡No dejes que te destruya antes de tiempo! ¿Esta Bien?- Hablo suavemente, acariciando la espalda de la hechicera. La aparto para verla a la cara -Además...te ves horrible cuando lloras-
Ambas rieron, de verdad se veía terrible.
-Si, debo verme horrible- enfatizó, limpiando su nariz muy ruidosamente -¡Oye! ¡Tu tienes la misma cara! ¿¡No sé de que te quejas!?-
Exclamó, sobre la broma insultante que le hizo la alquimista.
-No es cierto- se excusó, haciéndose la tonta -¡Bueno, si! Pero no me veo así cuando lloro-
-Si, lo haces ¡Admitelo! Luces igual o aún peor que yo cuando lloras- la picó, acostándose en la cama y mirando el techo. La crisis había pasado, ahora reían como antes, una junto a la otra -Por cierto ¿Cómo esta Keilot?-
-Él esta bien, casi recuperado. Me confundió con un ángel cuando fui a verlo- contaba entre risas -Es tan gracioso, siempre me hace reír-
-Si, me di cuenta. Lo noté, cuando fue el maestro presentador de nuestro circo de fenómenos- ella reía ante las locuras del cazador. Pero de repente, dejo de hacerlo -¿Sabes? Hace un tiempo él estuvo enamorado de Cleo. Ella estuvo a punto de dejar a Orphen, para irse con él-
-Si, lo sé. Me contó su historia de camino aquí, me resultó tan triste. Es un gran hombre, merece ser feliz-
Mencionó, anhelando,que eso sucediera con todo su corazón.
-¡Lo será! La encargada de hacerlo feliz, seras tú- la miró de reojo -Se nota a kilómetros que esta enamorado de ti- indicó la hechicera.
-Bien lo dijiste, está enamorado, pero no me ama- hizo una mueca con su rostro -No tanto como a Cleo-
Dijo resignada ante la verdad.
-Gaia, hermanita... Como tengo más experiencia en hombres que tú, permiteme iluminarte- explicó exasperada, tocándose los ojos de manera frustrada -Verás...Keilot, no solamente esta enamorado de ti, te ama con todo su corazón, que no lo haya dicho, no significa que no lo haga- indicó, haciendo ademanes con sus manos -A veces, las acciones de una persona, expresan mas que las palabras. Piensa que, amenazo con matar a Orphen, si se atrevía a tocarte el día que lo enfrentaste. Casi muere de tristeza cuando te alejaste de él, pero aún así, atravesó media ciudad con tal de salvarte al caer de una cornisa y hoy, resulto gravemente herido al recibir un ataque por ti- contaba con los dedos todo lo que había hecho ese apuesto cazador por su hermana -Ahora, dime ¿Si eso no es amor? Entonces, ¿Qué es?-
Ella tenía razón, Keilot la amaba más que a su propia vida. Sonrío ante tal revelación.
-Si, tienes razón. Él me ama mas que a sí mismo y creo, que yo también a él- entrecerro sus ojos -Estoy casi segura, que estamos destinados a estar juntos. Como si nos conociéramos de otra vida, de otro tiempo. No lo sé, es extraño- se sincero con ella y la hechicera, sonrió -Él siempre dice que nació para salvarme-
-Posiblemente tenga que ver con tu vida anterior. De todas formas, nunca lo sabremos-
Explicó pensativa.
-Si, tienes razón- contestó igual -¡Bien! Ya hablamos de mi. Ahora, ¿Qué pasa entre Lai y tu?-
-Mi relación con Lai es complicada-
Respondió a su hermana de manera neutral.
-¿Por qué? Se nota que esta loco por ti. Nunca había visto a un hombre que tratara con tanta dulzura a una mujer como él lo hace contigo, excepto, mis padres- explicó con ojos brillosos de ilusión, pero luego, cambió -Lo siento, ellos no son mis padres, digo, nuestros padres- excusó nerviosa -No quería incomodarte con eso-
-Gaia, los señores Curtís son tus padres. Ellos te amaron y cuidaron como su propia hija, por diez años- tomó una mano de la alquimista y la apretó con fuerza -Como lo hubieran hecho mamá y papá si aún estuvieran vivos. Estoy feliz de que te hayan encontrado buenas personas-
No le incomodaba que los llamara padres. Estaba muy agradecida con ellos por todo lo que hicieron por su hermana.
-Si, tienes razón. Ellos son mis padres- asintió convencida -Ahora dimé, ¿Por qué lo de Lai y tu es complicado? Yo no veo que sea así-
Pregunto, mirándola fijamente para que le dijera la verdad y eso iba a hacer.
-Lai esta enamorado de mi, desde hace años. Él me lo confesó hace unos días y sumándole a eso, me dijo que me amaba ¿Puedes creerlo?- preguntó sorprendida ante tal confesión -Además, nunca quiere estar lejos de mí. Siempre esta ahí, cuidándome y velando por mí desde el día que me conoció, siendo apenas una niña- atesoraba cada instante que había vivido con ese hechicero -Él es parte de mi vida como yo soy de la suya, me necesita tanto como yo a él-
-No me sorprende, realmente, se ve a leguas que es así. Pero eso todavía no responde mi pregunta-
Esa chica amestrisana, era casi o mas impaciente que la hechicera.
-Espera, ya voy a eso- indicó paciente -Como mi objetivo era encontrarte, no podía darme el lujo de tener una relación estable, sino mas bien, cortas aventuras por mis viajes...Tu entiendes, ¿No?- le guiño un ojo para que entendiera el doble sentido de la explicación. Lo hizo perfectamente, ya que ella, asintió con una sonrisa -Ahora bien, al encontrarte, todo eso cambió. Esta noche, antes del ataque, decidí darle una oportunidad y así lo hice- respiró profundo para poder continuar, lo que seguía, era muy duro -Pero, cuando todo esto termine y si sobrevivimos... Volveré a la torre para despedirme de él e irme de allí, para nunca mas volver- Exhaló todo el aire que tenia dentro -Me iré a Amestris contigo-
Su hermana, se sentó en la cama, mirándola consternada. No podía creer lo que estaba diciendo.
-Dea, ¡No! No puedes hacer eso ¡Te odiará! Piensa en tu felicidad y en la de él. Los dos tienen que estar juntos, es su destino-
Exclamó horrorizada ante la idea.
-No lo hará, Gaia. Nunca me odiaria, aunque me duela decirlo, para él, es un privilegio que yo le rompa el corazón- frotó sus ojos para no llorar -Me encantaría que venga conmigo a Amestris, vivir los dos juntos y ser felices. Pero la realidad, es otra, él es el único vidente que posee la torre y realmente, lo necesitan allí. Si yo tengo que renunciar a él para estar cerca de ti, que eres la única familia que me queda en el mundo, lo haré-
Finalizó su relató sin derramar una sola lágrima, aunque le doliera.
-¡Oohh! ¡Hermanita! Estoy convencida de que no cambiaras de opinión- frotó su frente, nerviosa. Todo era un caos -Pero una cosa si te prometo, sobreviviéremos y seremos felices. Era lo que nuestros padres querían y eso haremos-
Juró abrazándola, como cerrando un pacto entre ambas.
-¡Lo haremos! Esta vez no estamos solas, nuestros amigos están con nosotras y nos ayudarán ¡Ellos no nos dejaran caer! ¡Mataremos a ese demonio! Y seremos libres- abrazó a su hermana más fuerte que antes -Ahora, vamos a dormir. Mañana será un horrible día. Buenas noches, Gaia-
Apago la luz, luego la besó en la frente y cerro sus ojos, aun vestida acostada en la cama.
-No digas eso, mañana sera un gran, planteatelo así. Buenas noches, hermanita. Te quiero-
Le acariciaba el cabello, mientras tarareaba la canción que compartían.
