-¡Tú!- exclamó, señalando a la cazadora que retrocedía a su paso -¿Tú lo hiciste? ¿Verdad?- juntó sus manos lista para transmutar -Quiero que me la devuelvas, ahora. A menos que quieras sentir la furia de una alquimista- habló, lentamente -No soy cualquier alquimista, soy la alquimista heredera del poder sol y creeme, no voy a parar hasta destruirte-

Levantó sus manos y las paredes del bar, desaparecieron en escombros. Las personas, huyeron horrorizadas por el poder de ella.

-No sé de que hablas-

Habló titubeante y sacando una de las dagas de su cinturón.

-Si, sabes de lo que estoy hablando. No te hagas la estúpida- aseguró en el mismo tono anterior -Quedate con Keilot, si quieres, él ya no me interesa- mencionó con veneno en su voz -Pero quiero a mi hija. Ella es mía y la quiero de vuelta-

Junto sus manos otra vez, justo cuando le lanzó una daga. Un muro apareció entre ellas y desapareció, al instante.

-Yo no tengo a tu hija, alquimista ¿De qué estás hablando?-

Temblaba ante su fría mirada, que se acercaba a ella, amenazante. Era, realmente, poderosa.

-¡CÁLLATE!- le lanzó un golpe tan duro, que la arrojo al suelo -¡DEVUÉLVEMELA!- la tomó del cuello, estrangulándola -¡DEVUÉLVEME A IVI Y TAMBIÉN A EYRA! ¡YO SÉ QUE TU LAS TIENES!- gritó histérica, zamarreandola entre sus manos y golpeando su cabeza contra el suelo -¡SON DOS NIÑAS PEQUEÑAS! ¡DOS BEBÉS! ¡NO TIENEN NADA QUE VER EN ESTO! ¡DEVUÉLVEMELAS! ¡MALDITA!-

La mujer entre sus manos, se estaba poniéndose azul, no podía respirar aunque lo intentará.

Una fuerza descomunal, la alejó de ella, antes de que la matará.

Gritaba y pateaba al aire, en su dirección, mientras intentaba respirar por su cuenta.

-¡SUÉLTAME, KEILOT! ¡JURO QUE VOY A MATARLA!- gritó al hombre, que la sostenía con todas sus fuerzas, entre sus brazos -¡QUIERO A MI HIJA, MALDITA! ¡QUIERO A MI HIJA!- gritaba una y otra vez, rompiendo en llanto -Por favor, quiero a mi hija- Se aferró a los brazos de él y dejó de luchar. Estaba agotada, el dolor que sentía, era más grande que cualquier cosa -Por favor- susurró con lágrimas en sus mejillas y se desmayó.

En otra parte de la ciudad, una iracunda hechicera, lanzaba hechizos destructivos a un asustado mecánico de automail, que corría por su vida, luego de salir expulsado por una de las ventanas de su taller, consecuencia de un hechizo que lo atrapó desprevenido y lo lanzó, atravesando paredes.

-¡DEJA DE CORRER, MALDITO! ¡TE METISTE CON LA PERSONA EQUIVOCADA!- gritó hacia el sujeto, que intentaba salvarse de la destrucción de ella -¡ENTIENDO QUE TE SIENTAS HUMILLADO POR TODAS LAS VECES QUE TE RECHACÉ Y POR HABERTE DEJADO SOLO, ESA NOCHE EN EL RESTAURANTE, DORMIDO! ¡PERO QUIERO A MI HIJA Y LA QUIERO AHORA!-

Pronunció un hechizo y un haz de luz roja, salió de sus manos.

-¡Déjame en paz, bruja maldita! ¡Yo no tengo a tu hija!- gritó, esquivando el ataque. Pero llego a un callejón sin salida, una pared bloqueaba su camino -¡Seguro que está con su padre y tú me culpas a mi!-

Temblaba como una hoja, mientras ella se acercaba, lentamente.

-Lai no la tiene, estúpido- dijo fríamente, mirándolo con desprecio -Él esta buscándola e intentando rastrear a Ivi- explicó, juntando energía con sus manos -Te voy a dar tres segundos para que me digas donde están mi hija y mi sobrina. Te aseguró, que voy a matarte en este mismo momento, si no lo haces-

Él la miraba aterrado. Nunca había visto tanta maldad junta en una mirada.

-¡Está bien! ¡Está bien! ¡Te lo diré!- exclamó, exasperado, levantando sus brazos -Deje que la estúpida cazadora, que está obsesionada con tu cuñado, me convenciera de deshacernos de las niñas, para que ella esté con él y yo contigo- explicó titubeante -Si hubiera sabido que me matarías, nunca lo hubiera hecho-

Lo miró colérica, con los ojos llenos de lágrimas y temblando.

-Ambos son una escoria humana, no tienen escrúpulos. Alejar a dos niñas pequeñas de sus madres, es lo peor que podrían haber hecho- lágrimas de rabia caían por sus ojos -¿Qué hicieron con ellas?- preguntó fría.

-Megan se las iba a entregar a su amo. Las mandaría con un grupo de gitanos por barco a Keisalhima. No sé quién es ese sujeto- mencionó en el mismo estado anterior -Por favor, no me mates. No es personal, yo estoy enamorado de ti- suplicó a la nada.

-Para mi si lo fue. Te metiste con mi hija, mi hermana y mi sobrina. Fue personal y espero que esto, te haga olvidarme...Que caiga el rayo- un rayo muy poderoso y de color rojo, cayó sobre él, electrocutándolo y dejándolo inconsciente -Estúpido-

Volteó secándo sus lágrimas y regresando a la calle, para dirigirse a su casa o a donde la llevaran sus pies.