Capítulo 10. El final de un romance.
Apenas empezaba a clarear con las primeras luces del amanecer cuando el Zorro entró en el pueblo llevando de la rienda un caballo al que iban atados otros dos. Sobre ellos había tres cuatreros atados. Dos de ellos iban sentados, pero el tercero había resultado menos colaborador y el Zorro lo había subido al caballo como si fuera un saco de patatas. Los dos primeros llevaban zetas en las chaquetas, y el tercero en los pantalones.
"Buenos días." dijo el Zorro alegremente al soldado de guardia, que parpadeó tratando de despejarse.
El soldado dijo "Al...ahhh...toooo…" a la vez que bostezaba abriendo mucho la boca. El Zorro esperó pacientemente a que el hombre terminara la frase."…en nombre de la ley." consiguió terminar el soldado sin mucho entusiasmo.
El Zorro suspiró. "¿En serio? ¿Vamos a empezar con eso tan temprano?"
El alcalde se asomó a la puerta del cuartel, aún con ropa de dormir. "Por supuesto actúas por la noche, escondiéndote en la oscuridad como el criminal que eres."
"Es por la ropa. ¿Sabe señor alcalde? Así vestido es más fácil pasar desapercibido de noche, y además ahora en verano en cuanto sale el sol, con la máscara, la capa y todo lo demás hace demasiado calor. En pleno verano incluso los cuatreros tienen suficiente sentido común como para respetar la hora de la siesta."
"¡Soldados!" llamó el alcalde.
"Yo ya me iba." dijo el Zorro tocando su sombrero a modo de despedida.
"¿No va a saludar a la señorita?" dijo de Soto al ver que Victoria, que se había levantado temprano como era habitual, los miraba desde la terraza de la taberna.
El Zorro se volvió hacia ella haciendo una leve inclinación con la cabeza. "Señorita Escalante. Enhorabuena por su compromiso." dijo con voz gélida.
"Gracias, señor Zorro, espero que comprenda y respete usted mi decisión, me disgusté al saber que había amenazado a mi prometido." respondió ella también fingiendo frialdad.
"No se preocupe por mí. Me mantendré apartado de ustedes a menos que soliciten mi ayuda."
"Espero que usted también encuentre la felicidad, señor."
"¿Y eso es todo?" se sorprendió el alcalde. "¿Así acaba una historia de amor tan... inspiradora?" dijo con sorna. "¿Y qué hay de eso que dicen de que el amor puede vencer cualquier obstáculo?"
El Zorro le dirigió una mirada dura. "La señorita ha elegido un pretendiente. Espero que él se porte bien con ella y la cuide como yo no he podido hacer por culpa de personas como usted." Hizo girar a Tornado y salió del pueblo al galope antes de que los soldados se organizaran y a alguno se le ocurriera dispararle. En realidad no corría mucho peligro, porque sólo dos de ellos se habían despertado y asomado a la ventana del barracón, y no parecían muy amenazadores.
Victoria lo vio marchar y trató de no seguirlo con la mirada, recordándose que luego vendría sin su máscara a seguir adelante con su noviazgo. Algo más animada acabó de sacudir la colcha que tenía en las manos y volvió a entrar en su taberna.
Pilar llegó poco más tarde. "He visto a el Zorro desde mi ventana."
Victoria respondió sin dejar de moler café. "Sí, ha traído unos cuatreros. Ya sabes, atados sobre sus caballos con Zs en la ropa. Lo de siempre." dijo con poco entusiasmo.
"¿Te ha dicho algo?" dijo la otra chica con cara de curiosidad.
"Pues sí, me ha felicitado por mi compromiso." respondió Victoria sin perder la calma.
Pilar parecía decepcionada. "Ah, ya lo sabe, claro."
"Pues sí, y espero que Diego y él no vuelvan a tener ningún encuentro desagradable."
"Pero es una pena que él se quede solo." reflexionó Pilar. "Con todo lo que hace por los demás."
"Es el camino que ha elegido. Supongo que tendrá sus compensaciones." Respondió Victoria. Luego estuvo un buen rato en silencio, pensando en lo que el Zorro había dicho, que no había podido cuidar de ella por culpa de personas como el alcalde. Se preguntó cómo había sido para él estar ocultando su auténtico carácter a todos, incluidos su padre y ella misma. Quizá si ella hubiera mostrado más interés por Diego todo habría sido muy diferente.
"Perdona que te pregunte, pero ¿No te pasará como con Juan cuando vayas a casarte con Diego?"
Victoria negó con la cabeza. "Esta vez estoy segura de lo que hago. Quiero una vida normal al lado de un hombre que pueda pasar tiempo conmigo sin temor a que ocurra algo malo si nos descubren. Además con Diego no me encontraré en la situación en que habría estado si me hubiera ido con Juan, no necesito renunciar a mi taberna ni a mis amigos. Sé que saldrá bien."
Diego se había cambiado en la cueva y comprobó si había alguien en la biblioteca. Entró en la habitación a través de la chimenea y se acercó al comedor, donde don Alejandro desayunaba.
"¿Un café?" preguntó su padre.
Diego asintió y don Alejandro le ofreció la taza con la bebida. "¿No has dormido bien?" dijo cuando alzó la vista hacia él y se fijó en su aspecto cansado.
"Me he levantado hace tres horas. Las reses que estaban perdidas en realidad habían sido robadas por unos cuatreros, tal y como sospechabas. Los atrapé mientras pasaban la noche en el valle que desemboca en el barranco del Diablo. Trataban de llevarse al ganado campo a través, pero para cruzar no tenían más remedio que usar el puente, y creo que no lo encontraron en la oscuridad. He dejado a las vacas cerca del abrevadero, habrá que decir a los hombres que echen un vistazo."
Don Alejandro asintió. "Siempre es el primer sitio donde las buscamos. Las otras veces que hemos perdido ganado y ha aparecido allí supongo que también fuiste tú."
"Sí, si algo funciona para qué cambiarlo." respondió Diego sonriendo.
Don Alejandro se rió y asintió con la cabeza. "Bien pensado, y yo que decía que no te ocupabas de los asuntos de la hacienda." rió don Alejandro. "Pero pareces cansado. ¿Vas a echarte un rato?"
"Voy a ir al pueblo a ver a Victoria, luego dormiré la siesta en el periódico."
"No te quedes a solas con ella." dijo don Alejandro con seriedad. Diego lo miró extrañado.
"¿No confías en nosotros? Ya sabes que lo de anoche fue un montaje para distraer a de Soto."
Don Alejandro asintió. "No es que piense que realmente seas un rufián, pero ahora gracias a él todo el mundo lo cree, y prefiero que ella conserve su reputación. Ya era importante para ella como dueña de la taberna, pero ahora que va a ser de la familia aún con mayor motivo."
"Está bien, no solo seremos buenos, también nos esforzaremos por parecerlo."
"Sí, será mejor que no te aparezcan más marcas en el cuello. Estoy un poco preocupado por eso que dijiste acerca de quién quería seducir a quién. Habrá que celebrar esa boda cuanto antes." dijo don Alejandro ocultando una sonrisa con la taza del café.
Diego decidió no contestar y seguir desayunando como si no hubiera oído nada.
