Lo que a veces pasa con las historias es que creas un personaje para una situación concreta y toma vida propia. Es lo que ha pasado con Marina, que iba a tener una aparición breve y al final se queda el resto de la historia. Me gustaría saber qué opináis de ella.

Capítulo 13. Cortejo.

El alcalde estaba en su dormitorio frente al espejo, eligiendo un pañuelo. Varios de ellos se encontraban sobre la cama, descartados.

"Sargento Mendoza." gritó.

El sargento se apresuró a entrar en la habitación.

"¿Los soldados han traído las flores que pedí?" preguntó sin apartar la vista del espejo.

"No, mi alcalde. Estamos en pleno verano y no hay flores, están todas secas."

"Inútiles." murmuró.

Por fin se decidió por un pañuelo y lo anudó con cuidado. Luego se observó en el espejo con atención, comprobando que su barba estaba bien cortada.

"Voy a la taberna. Ocúpese de la guarnición." dijo mientras avanzaba hacia la puerta.

Algo nervioso volvió a ajustarse el pañuelo y caminó hacia la taberna. El conde y su familia acababan de terminar su desayuno y se encontraban reunidos en torno a una mesa, mientras que sus criados estaban en la contigua. De Soto vio que la señorita Escalante tenía al bebé en brazos, aunque no se le ocurrió el motivo, porque el niño tenía un ama de cría. El alcalde frunció el ceño preguntándose si la tabernera sería una buena influencia para su hijo.

El conde se dio cuenta de que había llegado y lo saludó con una pequeña inclinación de cabeza. De Soto se acercó.

"Buenas tardes señores, señor conde, Marina."

El conde le habló con expresión seria. "Señor de Soto, debe dirigirse a mi hermana con el debido respeto."

"Disculpe, señorita Ortiz de Casqueta. Me alegra verla de nuevo."

Ella lo miró con desconfianza. "¿Ahora ya te acuerdas de mí?"

"Por supuesto que sí, cómo olvidar tanta belleza." dijo él con su mejor sonrisa. Ella apartó la vista con expresión enfurruñada.

"Si pudiéramos hablar a solas te puedo explicar mi comportamiento. Sé que es imperdonable, pero un alma tan generosa como tú quizá pueda darme una oportunidad de enmendarme."

Victoria lo miraba con una expresión extraña. No sabía si lo que veía era divertido, indignante o sencillamente patético.

La señorita se volvió hacia su hermano. "¿Puedo hablar con él?"

La expresión del conde se suavizó. "Si es lo que tú quieres puedes ir a aquella mesa que está más apartada y escuchar lo que te diga."

Ella asintió. "De acuerdo." Se levantó de la mesa y dudó si coger el brazo que de Soto le ofrecía. Finalmente lo hizo, aunque mantuvo la distancia.

De Soto se acercó a la mesa, apartó la silla para que ella se sentara y la ayudó a acomodarse. Luego se sentó frente a ella.

De Soto la miró a los ojos tratando de parecer sincero. "Sé que cometí un grave error no volviendo para cumplir mi palabra, pero creí que por fin iba a recibir un ascenso y volver a Madrid como te prometí, cuando un malvado criminal me dejó en evidencia y me impidió conseguir lo que necesitaba. No me sentí con fuerzas de volver a tu lado después de ese fracaso. No tenía un futuro que ofrecerte."

"Eso no explica por qué me diste un nombre falso, y por qué ayer fingiste que no me conocías."

"Es cierto que no me atreví a darte mi verdadero nombre. Pensé que el alcalde de un humilde pueblo no era digno de cortejar a una dama tan bella y encumbrada." ella pareció ablandarse un poco al oír las palabras que estaba utilizando él. "Y ayer en la iglesia, al volver a verte me sentí tan arrepentido de lo que había hecho, tan abrumado por la tremenda responsabilidad de haberte dado un hijo, que pensé que el bebé y tú estaríais mejor sin mí, que podrías encontrar un buen hombre para ser el padre de tu hijo."

Su expresión cambió rápidamente de un enfado infantil a una honda tristeza, al creer lo que él decía, "No, eso nunca" Contestó enfáticamente. "¿Quién podría ser mejor padre para mi hijo que… bueno, el padre de mi hijo?" Parpadeó, un poco confusa.

El alcalde empezó a sentirse más confiado. "Al saber que tienes suficiente dinero como para llevar la vida que merecéis me alegré, no por mí, sino porque mi fracaso ya no tendría tanta importancia. Si me concedes tu mano me haré cargo de vosotros. No volveré a decepcionarte."

"¿Seguro que no? ¿No serás un seductor y buscarás otras mujeres cuando te canses de mí?" Preguntó ella haciendo pucheros como una niña caprichosa.

De Soto supo lo que tenía que decir. La miró intentando ser convincente. "No te mentiré, ha habido otras mujeres, pero mis sentimientos por ellas solo eran un espejismo, un pálido reflejo de lo que sentí a tu lado. Si te tengo a ti no miraré a otras. Déjame demostrártelo."

Ella lo miró de reojo y trató de disimular, pero estaba claro que sus palabras la habían conmovido.

Victoria los miraba con expresión recelosa, pero no podía oír lo que decían y no dio su opinión porque nadie se la había pedido. El mal humor le duró hasta que Diego entró por la puerta.

"Buenos días."

"Buenos días Diego." respondió ella con una sonrisa.

Al ver a la pareja en la mesa del fondo se despertó su curiosidad. "¿Qué trama el alcalde?" preguntó Diego lo suficientemente bajo como para que nadie más lo oyera.

"Se ha enterado de que Marina es de buena familia y tiene dote y ahora la está cortejando."

"Un poco tarde para eso. ¿No?" dijo Diego mirando al bebé que sostenía Victoria. Ella se encogió un poco de hombros.

"Por lo que parece ella tiene más pretendientes, a pesar de su desliz. Yo diría que el dinero atrae a muchos candidatos." le informó ella. "¿Quieres tomar algo?"

"No, gracias, acabo de desayunar, sólo pasaba para desearte un buen día. Luego vendré a almorzar."

"De acuerdo, te veo luego."

El alcalde también se levantó de la silla y acompañó a la señorita de vuelta con su familia. Besó su mano y se despidió de ellos para volver a su oficina.

Victoria se acercó a la nodriza del bebé y se lo devolvió, no sin antes darle un beso en la frente. "Es un bebé precioso." dijo sin poder evitar sonreír y poner esa cara un poco boba que se le pone a la mayoría de la gente delante de los bebés.

"Gracias." respondió la madre en voz baja, aún pensativa debido a la conversación que acababa de tener. Cuando él la miraba ella creía cualquier cosa que él le dijera, pero después, cuando pensaba en ello ya no estaba tan convencida. Tenía que tomar la decisión más importante de su vida y no sabía qué hacer.