Me he dado cuenta de que cuando llego a casa por la tarde y veo que hay comentarios en la historia (tanto en español como en inglés) abro el siguiente capítulo para revisarlo y acabo añadiendo algo. Así que si queréis capítulos más largos ya sabéis lo que hay que hacer. De momento le debéis un montón de contenido a Cris Martin y a Caatmikmak.
Capítulo 14. No me des detalles.
Victoria estaba guardando ropa en la alacena y no pudo evitar oír la discusión cuando el conde y su hermana eligieron un rincón cercano para hablar.
El conde trataba de no levantar la voz, pero había mucha dureza en sus palabras. "Es imprescindible que te cases, si no con el señor de Soto con otro pretendiente que te lleve a España. Hay demasiadas personas aquí que saben que Diego nació bastardo, y eso sería un lastre para él en el futuro. Si llegas a España casada y con un hijo nadie hará preguntas."
"No llames eso a mi hijo." dijo Marina con un tono mucho más firme de lo habitual.
"Es lo que es, no quisiste renunciar a él y ahora tienes que pensar en su futuro. Si no quieres que la gente lo llame así tendrás que darle respetabilidad casándote con alguien y yendo donde nadie sepa lo que hiciste."
"Lo que hice" Dijo ella en tono mordaz. "Todos me recordáis en todo momento que lo-que-hice estuvo mal, es perfecto, todo el mundo sabía lo que yo no debía hacer excepto yo."
"No vengas con excusas. Estoy seguro de que tu tía Enriqueta te dijo que no debías yacer con un hombre antes de estar casada."
"Pues sí, eso es exactamente lo que me dijo."
"¿Y qué parte no te quedó clara?"
"Pues a ver cómo te lo explico, lo que no sabía era a qué se refería con yacer con un hombre. De hecho si implica estar tumbada yo nunca yací con él."
"¿Cómo dices?" dijo él con un tono más sorprendido que enfadado.
"Mi tía me dijo que cuando me casara, mi marido tendría derechos conyugales, que me tumbara en la cama e hiciera lo que me dijera, y que aunque me resultaría molesto e incluso desagradable, eso era lo que debía soportar para poder engendrar un hijo." Ella lo dijo de carrerilla, como si se lo hubiera aprendido de memoria después de oírlo muchas veces. "Así como que lo que hice con Diego… quiero decir Ignacio en un sillón de la biblioteca no se parecía en nada a lo que me habían contado, no sabía que era lo mismo."
"Preferiría que no me dieras tantos detalles." dijo el conde molesto.
"Pues yo habría preferido que alguien me diera algún detalle, y así habría sabido lo que estaba haciendo."
Durante un momento ambos quedaron en silencio.
"Entonces tú no sabías que tras lo que hiciste con de Soto podías estar embarazada."
"Te aseguro que si algún día tengo una hija le explicaré claramente cómo se hacen los bebés para que nadie pueda engañarla así. Pensé que estaba enferma, y cuando la tía llamó al doctor él me miró con esa cara con la que me miran todos cuando creen que digo tonterías, me dijo que soy una mujer joven y sana, que eran molestias femeninas y que no me preocupara. Luego mi vientre empezó a crecer, y yo creí que tenía algo malo dentro, pero el doctor me había tratado tan mal que no me atreví a volver a preguntarle. Cuando me empezó a doler estaba convencida de que me iba a morir. ¿No te lo han contado? Supongo que no, porque por lo visto no quieres detalles. Me encerré en mi habitación, cuando me oyeron gritar acabaron tirando la puerta abajo. Leandra fue la primera en darse cuenta de lo que pasaba y mandó llamar a una comadrona mientras mi tía me preguntaba a voz en grito que quién era el padre, y yo sin saber a qué se refería."
El conde dijo con una voz en la que se podía adivinar su frustración. "No lo sabía."
"¿Cómo ibas a saberlo?" Dijo ella casi gritando, al borde de las lágrimas por la frustración. "Estuviste casi cuatro meses sin hablarme. Y no es que habláramos mucho antes de que me escondieras en casa de los tíos diciéndome que no le contara a nadie quién soy realmente. Creo que has pasado más tiempo entrenando a tus perros que hablando de asuntos serios conmigo. Siempre me decías que no me preocupara por nada, que tú te ocuparías de encontrarme un marido que cuidara de mí."
"Quería protegerte de los que solo querían casarse contigo por tu dinero. Es culpa mía."
Ella negó con la cabeza, mientras su enfado se disipaba y solo quedaba tristeza e impotencia. "No lo es, bueno, al menos no del todo. No tienes la culpa de que yo sea tonta e ignorante."
"No digas eso."
"¿Por qué no, si es la verdad? Soy tonta y mi hijo un bastardo. Ahora te toca a ti encontrar la manera de ocultarlo. Supongo que a pesar de sus bonitas palabras ese hombre ahora quiere casarse conmigo porque sabe que tengo dinero. ¿No es cierto?"
"Es muy posible, al fin y al cabo empezó a mostrar interés cuando le hablé de tu dote. Le he dicho que depende de ti aceptarle, y que me aseguraré de que os trate bien. Yo tengo que irme mañana temprano, pero volveré en unos días."
"La alternativa es casarme con Emiliano."
"Sería la única opción. Necesito que salgáis para España en poco más de un mes, y no daría tiempo de encontrar otro candidato."
"¿Tengo que decidirlo en esta semana?"
"Me temo que sí. Elijas a quien elijas habrá que esperar un mes para que se cumplan todos los requisitos. La Iglesia se ha puesto muy seria con las amonestaciones, y no he encontrado a ningún sacerdote dispuesto a celebrar tu boda sin que se cumplan todos los requisitos. Si finalmente te decides por de Soto el sacerdote leerá las amonestaciones por primera vez este próximo domingo."
Ella asintió, resignada. "Supongo que él es mejor opción que Emiliano."
"Es más joven y tiene un aspecto más agradable. Parece inteligente y ambicioso, creo que se desenvolverá bien en Madrid, aunque habrá que supervisarlo." reflexionó el conde.
"Está bien, lo haré por mi Diego." La chica suspiró. "¿Por qué nadie me quiere?" Se preguntó ella, casi para sí misma, con voz triste.
"¿Por qué dices eso?"
"Me he fijado en la dueña de la taberna, y he visto como la mira su prometido, aunque ella no sea una dama con una buena dote. Los hombres sólo se acercan a mí para sacar provecho." Nadie, excepto madre y tú, hasta que conocí a Ignacio, me había mirado con amor, y en su caso también era para sacar provecho, aunque de otro modo."
"No entiendo qué ha podido ver don Diego en esa mujer, me extraña que un caballero se case con alguien así, y que su padre no se oponga. Supongo que este pueblo está muy apartado y aquí las cosas son distintas."
"Puede ser."
Los dos nobles se alejaron y Victoria esperó unos momentos antes de atisbar para comprobar que ya no estuvieran cerca. Salió de la alacena pensando en la conversación que acababa de oír. Ella le daba pena, pero sus sentimientos hacia el conde no eran muy cordiales, le parecía un engreído y se alegró de que no fuera a quedarse todo el tiempo.
Victoria siempre trataba a todos sus clientes con respeto, y por supuesto había sido amable con la joven madre desde que llegó, pero aquella conversación le había hecho ver a la muchacha como lo que realmente era, una joven ingenua de la que se habían aprovechado y a la que nadie se había molestado en aconsejar.
Tras acabar su almuerzo el conde se levantó de la mesa para dirigirse a hablar con unos hacendados. Don Manuel, el tío de la chica había decidido acompañarlo, y la señora Enriqueta estaba en un rincón de la taberna conversando animadamente con doña María, la casamentera local y cotilla impenitente. Eso dejó a la joven Marina sentada sola terminándose su limonada, porque los criados ocupaban otra mesa. Victoria vio que sus ayudantes se podían ocupar de recoger lo poco que quedaba y se acercó a hablar con ella.
"¿Todo bien señorita?"
Ella sonrió algo tímida. "Gracias señorita Escalante, la comida estaba muy buena."
"Gracias a usted. ¿Necesita algo más?"
"No." suspiró ella. "Estoy bien." ladeó un poco la cabeza para mirar con melancolía a su bebé, que estaba en brazos de la nodriza.
"¿Por qué no juega un rato con él?" preguntó Victoria.
"Cuando los niños son pequeños deben estar con la nodriza, y luego con su institutriz para adquirir buenas costumbres." dijo la chica con ese tono de voz que revelaba que se había aprendido la frase de memoria.
"¿No puede adquirir buenas costumbres con su propia madre?" preguntó Victoria extrañada, el concepto le resultaba completamente ajeno.
"Dicen que se malcrían y luego son respondones." dijo ella tratando de convencerse a sí misma más que a Victoria.
"Eso explicaría mi carácter." dijo Victoria sonriente haciendo que la chica se riera sin poder contenerse, aunque inmediatamente se tapó la boca y trató de no hacer ruido. A Victoria le extrañó esa conducta. Se preguntó si tampoco le estaba permitido reír.
"Usted se crió con sus padres." dijo Marina.
"Por supuesto, y con mis hermanos, y mi abuela, que criaba gallinas, y los demás niños del pueblo."
"Mi hermano ya tenía 14 años cuando yo nací, y yo solo me relacionaba con dos niños más, mis primos. Venían de visita los domingos después de misa y todos llevábamos nuestras mejores ropas y no debíamos arrugarlas ni mancharlas. Luego ingresé en un internado para señoritas."
"¿Es allí donde le dijeron que no podía hacer ruido al reírse?"
"Sí, no es propio de una dama."
"Pues entonces me alegro de no ser una dama, así me puedo reír cuando quiera."
La pobre chica tuvo que contener la risa otra vez.
"Pero se va a casar usted con un caballero."
"Sí." dijo Victoria con cara de no saber a dónde quería llegar con ese comentario.
"Tendrá que aprender a comportarse como una dama."
"Que me haya criado en un pueblo no significa que no tenga modales." dijo Victoria algo seca.
"Por supuesto que no quería decir eso" respondió la otra chica con los ojos muy abiertos, temiendo haberla ofendido. "Solo quería decir que quizá él está acostumbrado a que las mujeres se porten de otra manera."
Victoria reflexionó un momento. "No, los de la Vega no son así. Diego huye de las señoritas bien educadas. Le he visto evitarlas durante años. Creo que le resultan aburridas."
"Seguro que no se aburrirá con usted."
"Claro que no, no soy como ellas, yo soy respondona." Al oír esa respuesta Marina se rió dos veces antes de recordar que no debía hacerlo. Victoria se acercó al ama de cría y le pidió que le diera al bebé. Ella miró a la madre del niño, que asintió con la cabeza para indicar que estaba de acuerdo, así que Victoria con el bebé en brazos volvió a la mesa donde estaba Marina, lo puso en el regazo de su madre y se sentó frente a ellos.
"Y ahora vamos a jugar con esta preciosidad de bebé." dijo Victoria con convicción mientras empezaba a poner caras tontas al pequeño que empezó a reír casi de inmediato.
