Capítulo 15. Secreto de Confesión.

Un día antes de la boda Diego estaba nervioso, el padre Benítez le había insistido en que si no se confesaba con él no les casaría, y Diego no estaba seguro de poder confesar sus pecados sin revelar al sacerdote lo que realmente hacía a escondidas.

Se dirigió a la iglesia y se acercó al sacerdote.

"Padre, vengo a confesar mis pecados."

"Por supuesto, hijo." Le extrañó verlo tan tenso. "Diego, todos somos pecadores. No creo que vayas a contarme nada que yo no haya oído ya."

Igual le sorprendo. Pensó Diego. Luego tomó una decisión. "Me gustaría pedirle que en lugar de en el confesionario habláramos en el jardín de la misión. Me sentiría más cómodo al aire libre." Y en una zona abierta donde pueda vigilar que nadie nos oiga a escondidas. Añadió para sí mismo.

"Es poco ortodoxo, pero no veo inconveniente." dijo el sacerdote dirigiéndose hacia la puerta.

Caminaron unos metros y Diego pudo ver que no había nadie en los alrededores.

"Padre, perdóneme porque he pecado."

"¿Cuánto tiempo hace que no te confiesas?"

"Algo más de dos meses."

"Hijo mío. ¿De qué te acusas?"

"Sobre todo de mentir. He estado ocultando cosas a todos, pero especialmente a mi padre y a la señorita Escalante."

"¿Y los pecados de la carne?"

"Me he sentido tentado por varias mujeres, especialmente por la señorita Escalante, ella es la única con la que…" dijo él apartando la vista.

"¿Has cometido actos carnales con ella?"

"Sólo la besé y algunas caricias, nada más."

"Eso está bien hijo mío, recuerda que debes evitar los actos carnales con ella hasta que estéis casados."

Diego sonrió levemente. "Estoy seguro de que podré contenerme hasta mañana."

El sacerdote lo miró muy serio. "Debes renunciar a todas las demás mujeres. El matrimonio es un sacramento, y ella debe ser la única para ti."

Diego le sostuvo la mirada. "Lo será, padre. Le doy mi palabra."

El padre se relajó visiblemente. "Espero que puedas mantenerla. Sé que eres un hombre honorable a pesar de que hayas podido cometer errores."

"Gracias padre." Dijo Diego, intentando parecer arrepentido por algo que en realidad nunca había hecho.

"Respecto a las mentiras, espero que a partir de ahora no se repita la situación en que te parecían necesarias y no te veas en la tentación de volver a caer en ellas"

Diego esperaba que el padre no ahondara en ese asunto, no podía mentir a un sacerdote en confesión y el padre se estaba acercando peligrosamente al tipo de preguntas a las que él no podría dar una respuesta sincera "Haré lo posible por evitar las situaciones a las que se refiere. He confiado en mi padre y en mi prometida y estoy seguro de que no necesitaré engañarlos nunca más."

El sacerdote tenía mucha experiencia en confesiones y le extrañó la manera en que Diego se estaba expresando. Le parecía demasiado concreto, demasiado ansioso por convencerlo de que no cometería de nuevo el mismo error, pero le parecía raro que Diego insistiera tanto en nombrar a su padre y a Victoria, como si estuviera prometiendo únicamente no volver a mentirles "a ellos" y no incluyera en su confesión las mentiras al resto de la gente, incluido el propio sacerdote.

"Sé que eres sincero cuando hablas de ellos, pero aún así me parece que hay algo más que no me estás contando." Diego no respondió. "Lo que digas está bajo secreto de confesión. Jamás lo revelaré a nadie, pero debes decirme la verdad o no podré darte la absolución. Solo puedo perdonar tus pecados si realmente tienes la intención de no volver a pecar."

Aquello era justo lo que Diego había temido. El sacerdote pudo ver en su expresión que efectivamente había algo más, algo muy importante de lo que el joven no quería hablar.

"Dime qué es lo que ocultas y por qué es tan importante seguir ocultándolo."

"Padre, no quiero que tenga usted que cargar con algo así." dijo Diego preocupado.

"Diego, te conozco desde que llegué aquí, sé que eres un buen hombre. Si algo te atormenta quizá pueda aconsejarte. ¿Has confesado lo que me estás ocultando a algún otro sacerdote?"

"Lo que oculto es precisamente el motivo por el que me veo obligado a mentir." Diego estaba entre enfadado y ansioso, como un niño intentando justificar algo que le da vergüenza o miedo y de lo que no quiere hablar.

El sacerdote sentía crecer la preocupación por cuál podía ser ese secreto tan vergonzoso y le hablaba en un tono cada vez más paternal."Entonces nunca le has dicho a nadie cuál es ese motivo."

"No en confesión."

"Pero tu padre y tu prometida lo saben."

"Ahora ya sí."

El sacerdote estaba perplejo. "¿No lo entiendes Diego? Mientras guardes en tu corazón un secreto que te obliga a mentir esas absoluciones no valen, debes tener propósito de enmendar tu conducta. Los secretos siempre son peligrosos para el alma, pero en este caso en el que parece que mientes de forma indiscriminada a todo el mundo el peso de la culpa puede llegar a condenarte, y yo no puedo permitir que eso ocurra, es mi obligación como tu párroco cuidar de tu alma inmortal"

Diego suspiró y absorto en sus pensamientos negó con la cabeza, su gesto no le pasó desapercibido al sacerdote. Con voz más firme le insistió.

"Dime de una vez lo que pasa para que pueda ayudarte Diego. Es mi obligación."

Diego alzó la vista hacia él. "Está bien padre. Hay un motivo por el que engaño a los demás, y admito que a veces disfruto ocultándoles cosas."

"Eso está muy mal hijo mío. ¿Cuál es ese motivo?" Mentalmente se preparaba para algo muy grave o vergonzoso, aunque no conseguía imaginarse exactamente qué, y le asustaba que don Alejandro y la señorita Escalante lo supieran y estuvieran apoyándole. No tenía sentido.

"Soy el Zorro." Dijo Diego con voz resignada

"Que tú… ¿Qué?" Finalmente parecía que se había preparado mentalmente para cualquier cosa menos esto. El sacerdote parecía confundido y enfadado a partes iguales, como si en parte creyera que era una broma de mal gusto. Diego se vio en la obligación de explicarse.

"Ya sabe, me pongo la ropa negra, la máscara y salgo por ahí a capturar bandidos, sabotear los planes del alcalde y patrullar por los alrededores. No puedo dejar de mentir a los demás porque si se entera el alcalde me ahorcará, y a veces, bueno, en realidad casi siempre, me divierte frustrar sus planes."

El sacerdote miró a su alrededor, súbitamente consciente de que la conversación debía permanecer en privado. La cabeza le estaba dando vueltas. "Entiendo." dijo por fin. Aunque en realidad tenía la sensación de que cada vez entendía menos.

"¿Y qué hago?" dijo Diego.

"Entonces, cuando confesabas en otra iglesia tú no le decías al otro sacerdote lo que realmente hacías." El padre seguía dándole vueltas en su cabeza, se le veía muy pensativo.

"No, le decía que había un hombre que por avaricia intentaba perjudicarme a mí y a los demás, que para evitarlo tenía que decir algunas mentiras y que intentaría mentir lo menos posible y le pareció suficiente."

"Tiene sentido, pero yo insistí porque creí que lo que ocultabas tenía que ver con otras mujeres"

"No hay más mujeres, solo Victoria."

"¿Y por qué todo el mundo lo piensa?"

"El alcalde pensó que había descubierto un secreto y le dejamos que siguiera pensando que tenía razón, así no sospecha lo que he estado haciendo realmente todo este tiempo. También queríamos justificar que Victoria cambiara de repente de opinión y consintiera en casarse conmigo, bueno, con Diego, cuando todo el mundo sabía que estaba enamorada de el Zorro, así que le hicimos creer que Diego la había seducido y mancillado y que no quedaba otra opción que el matrimonio para mantener su honor intacto"

El sacerdote asintió. Se expresión se hacía más pensativa por momentos.

"No puedo permitir que todo el mundo sepa lo que hago, y la verdad es que no me arrepiento en absoluto de haberle mentido al alcalde". Continuó Diego al ver que el sacerdote no decía nada más. "Entenderé que no me pueda absolver de ese pecado, pero no me impida casarme con Victoria. Llevamos mucho tiempo esperando."

"Entonces eso es lo que ellos ya saben."

"Sí, mi padre y ella lo saben desde hace unas semanas, cuando le dijimos que habíamos decidido casarnos."

"Entonces esa marca en el cuello…"

Diego asintió algo avergonzado. "Me la hizo ella, sí."

El padre Benítez reflexionó. "Es algo complicado, tendría que consultarlo con el obispo…" vio la cara de preocupación de Diego "… pero no sería prudente hacerlo, así que me guiaré por mi propia conciencia."

Diego asintió, y lo miró tenso mientras esperaba su decisión.

"Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti." dijo el padre absolviendo a Diego mientras hacía la señal de la cruz sobre él.

Diego sonrió, mucho menos tenso que antes.

"Vete y no peques… quiero decir, peca lo menos posible."

"Gracias padre."

Diego se dio cuenta de que el padre Benítez estaba concentrado pensando algo. "¿Quiere decirme algo más?" le preguntó.

"Es sólo que Victoria se confesó conmigo ayer y yo le dije algo que ahora, después de haberte escuchado, no sé si fue acertado." el sacerdote se quedó mirando a Diego fijamente, como estudiándolo, y finalmente asintió. "No te preocupes, ahora que lo pienso creo que el consejo fue algo errado, pero que aún así sigue teniendo validez." dijo sonriendo.

"Bien, entonces me voy ya." Diego no pudo ocultar del todo su curiosidad, pero no dijo nada más.

"Claro, seguro que tienes muchas cosas que hacer."

Diego sonrió mientras asentía y el sacerdote le dio una palmada en el hombro. "Que Dios te bendiga, hijo."

"Gracias, padre."