Y mientras el padre Benítez interroga a Diego. ¿Qué estarán haciendo las chicas?
Capítulo 16. Tendrás que llamarme Victoria.
Alicia y Pilar no quisieron irse a la hora de la siesta, se acercaron a Victoria con aspecto de estar tramando algo.
Victoria las miró suspicaz. "¿Qué queréis ahora?"
"Queremos ver tu vestido." dijo Pilar con entusiasmo.
"Podréis verlo cuando me lo ponga mañana."
"Pero queremos verlo ahora." Insistió Alicia.
Victoria no parecía convencida. "No le diremos a nadie cómo es." dijo Pilar tratando de sonar convincente.
Marina las miraba y no pudo evitar sonreír ante su entusiasmo. Victoria la vio y decidió pedirle que se uniera a ellas.
"Está bien, pesadas, podéis subir un momento, pero lavaos las manos no vayáis a mancharlo."
Las dos chicas aplaudieron con entusiasmo. Victoria miró a Marina.
"¿Quiere subir también?"
Ella pareció un poco cohibida. "No quiero molestar."
Pilar parecía un poco extrañada, y susurró al oído de Victoria. "¿Por qué la invitas? Es la novia de de Soto."
"Es una buena chica, de Soto la engañó." respondió Victoria.
"Le hizo un hijo y la dejó plantada, eso fue engañarla a base de bien." dijo Alicia.
"Si ella no sube vosotras tampoco." afirmó Victoria tajante.
Marina las miraba recelosa, sabía que estaban hablando de ella, y suponía que para mal, no porque fuera desconfiada por naturaleza, sino porque esa había sido su experiencia los últimos meses.
Pilar se dirigió a ella. "Venga, suba con nosotras. Hablaremos de cosas de chicas."
Victoria quiso animarla. "Vamos, usted sabe más de moda elegante que nosotras."
"Eso seguro." dijo Alicia comparando la ropa de la dama con la suya con un solo vistazo.
Marina se levantó no muy convencida y las siguió a la planta superior.
Victoria abrió la puerta de su habitación y sus dos ayudantes entraron tras ella. Marina se quedó en la puerta, algo indecisa.
"Venga, pase y cierre la puerta. Sentaos en la cama, el vestido está aquí." dijo Victoria dirigiéndose a un armario. Sacó de dentro un vestido azul claro con el corpiño bordado.
"Es precioso." dijo Pilar. Marina se acercó y tocó la tela con delicadeza. "Es un buen tejido." dijo sonriendo.
"Gracias, eso me dijo la vendedora." respondió Victoria.
"¿Te lo vas a probar?" preguntó Alicia.
"¿Ahora?"
"Sí, si necesita algún ajuste sencillo a mí no se me da mal." dijo Alicia.
"Yo soy bastante negada." dijo Pilar.
"Yo he cosido muchos vestidos para el orfanato, sé hacer distintas costuras." intervino Marina.
"Venga Victoria, póntelo." dijo Pilar con entusiasmo
"Está bien." dijo ella, pero solo el vestido, no me voy a cambiar de corsé.
"¿Tienes un corsé nuevo?" preguntó Alicia.
Victoria se sonrojó.
"¿Es que tu prometido ya había visto los otros?" preguntó Pilar.
"Por supuesto que no." dijo Victoria. "Qué mala eres." dijo dándole un pequeño golpe en el hombro. Luego abrió la puerta del armario para cambiarse donde no pudieran verla.
"Tampoco habría sido para tanto, si os vais a casar." dijo Alicia. Marina la miró desconcertada y Alicia se dio cuenta.
"No me mire así, es bastante frecuente que unos novios se tengan que casar a toda prisa."
"¿Por qué?" preguntó al chica dejando ver su confusión.
"Porque ya hay un hijo en camino." respondió Alicia, extrañada de que precisamente ella hiciera esa pregunta.
"Pues claro, es uno de los pasatiempos favoritos de las comadres del pueblo, echar la cuenta desde la boda hasta el nacimiento del primer hijo." dijo Pilar.
"Sí, más de un bebé nace demasiado robusto como para ser prematuro." añadió Alicia.
"¿En serio pasa frecuentemente?" dijo Marina asombrada.
"Yo misma nací menos de ocho meses después de la boda. Y no veas cómo me vigilaba mi madre hasta que me casé con Venancio. Me dijo que no quería que cometiera los mismos errores que ella, y lo malo es que sabía todos los trucos que usan los hombres para quedarse a solas con su novia." dijo riendo.
"Bueno, pero no es mi caso." dijo Victoria saliendo de detrás de la puerta.
"Nunca nos has contado cómo te convenció don Diego para que dejaras a el Zorro y aceptaras su proposición."
"El Zorro y yo nos fuimos distanciando porque no podía quitarse la máscara y ser mi esposo. Diego se dio cuenta y me pidió que me casara con él y fundáramos una familia."
"Supongo que fue muy convincente. ¿No nos vas a dar los detalles? ¿Por ejemplo cómo llegó esa misteriosa marca a su cuello?"
"Venga, abróchame el vestido." dijo ella evitando contestar.
Pilar le abrochó los botones que el vestido tenía en la espalda. Luego la miraron de arriba abajo.
"El color te sienta muy bien, pero te queda un poco grande de cintura."
"Creo que he perdido algo de peso, con este calor que ha estado haciendo se me ha quitado el apetito."
Marina se acercó. "Le sobra solo un poco; si le hago una pinza aquí quedará perfecto." dijo pellizcando la tela.
"Tiene razón, queda mucho mejor." dijo Pilar.
"¿Lo puedes tener para mañana?"
"Si tiene hilo y aguja lo puedo tener para esta misma tarde, señorita Escalante. ¿Tiene unos alfileres para marcar la costura que necesita?"
Victoria se acercó a su cómoda y sacó un costurero. Se lo ofreció a Marina, que cogió unos alfileres y los colocó con cuidado.
"Muchas gracias, pero si me vas a hacer este favor tendrás que llamarme Victoria."
"Estaré encantada si me llamas Marina."
"Bueno, ya habéis visto el vestido. Ahora desabróchame y todas fuera, que tengo muchas cosas que hacer."
Pilar desabrochó la espalda del vestido y las chicas salieron de la habitación. Minutos después Victoria bajó el vestido y el costurero para ofrecérselos a Marina.
"Quedará muy bien. Vas a estar preciosa para tu novio."
Victoria la miró y sonrió. "Muchas gracias. Seguro que tú también lo estarás cuando te cases."
Marina asintió algo ausente. "En mi caso no tiene mucha importancia. El señor de Soto se casaría conmigo aunque me pusiera la manta de un caballo por encima."
"¿No quieres casarte con él?"
"Es demasiado tarde como para no hacerlo."
"¿Y no hay ninguna otra opción?"
"Me temo que es el señor de Soto o casarme con otro hombre más feo y que sólo quiere mi dinero. Al menos Ignacio…" Marina se sonrojó. "Se interesó por mí en otro aspecto antes de saber a cuánto asciende mi fortuna."
"Quizá haya algo que se pueda hacer." dijo Victoria con cara de preocupación.
"Te lo agradezco Victoria. No sé por qué eres tan amable conmigo."
"Tengo una taberna, si no soy amable me quedaré sin clientes." dijo ella quitándole importancia.
Marina habló con un tono más reflexivo al habitual en ella. "Es más que eso. Toda mi vida la gente ha sido amable por obligación, pero tú eres buena conmigo." se quedó pensando un momento antes de preguntar. "¿De verdad no os parece tan malo lo que me ha pasado?"
"Ya las has oído, es más frecuente de lo que crees. Solo que en tu caso como no te dijo quién era habéis tardado mucho en encontrarle."
"Bueno, no solo eso. Yo no sabía que había un bebé en camino."
Victoria recordó la conversación que había escuchado, pero no quería reconocer que había estado espiando.
"¿Nunca te dijeron cómo vienen los niños al mundo?"
Marina negó con la cabeza. "La verdad es que no tenía ni idea. ¿Tú si lo sabes a pesar de estar soltera?"
"Bueno, aquí en un pueblo, con los animales alrededor…" dijo Victoria riendo.
Marina puso cara de asombro. "Claro, los animales también tienen bebés. Pero ¿Cómo?"
Victoria se dio cuenta de que se había metido en un lío. Luego recordó algo y se echó a reír. Ante la mirada de la otra chica decidió contarle algo.
"Me acabo de acordar de que la primera vez que alguien me explicó lo que hacen los animales para tener crías yo era una niña. Vi a un caballo y pensé que le pasaba algo malo." se echó a reír otra vez.
"¿Y qué le pasaba?"
"Que estaba en celo, y esa parte que tienen los hombres y nosotras no…" Victoria miró a la chica con seriedad. "...supongo que sabes a qué me refiero."
Marina asintió. "Sí, ahora ya sí." dijo ella algo avergonzada pero con una sonrisa.
"Normalmente no se ve, pero cuando sí se ve es muy grande, y yo no sabía lo que era. Le pregunté a mis hermanos, que por supuesto no quisieron decirme nada, y como Diego era el chico más listo del pueblo y siempre sabía más que los demás se lo pregunté a él. No pudo evitar explicármelo, porque a él ya entonces le encantaba compartir lo que sabía con los demás, pero se puso muy rojo."
"Bueno, al menos te lo contó alguien, y ahora que estamos hablando de estas cosas. ¿Te importaría decirme por qué lo llaman yacer con un hombre?"
Victoria se ruborizó. "¿No lo sabes? Pero tienes un bebé."
"Bueno, sí, pero cuando usan esa palabra pienso que tiene que ser tumbada en una cama, y él y yo nunca estuvimos a solas en ningún dormitorio. Estábamos sentados."
"Vayamos por partes." dijo Victoria algo asombrada. "Por lo que sé por mis amigas casadas, la forma más habitual es en una cama, con la mujer tumbada sobre sus espaldas."
Marina entrecerró los ojos concentrándose mucho. A Victoria le daba la sensación de que a la chica le estaba dando dolor de cabeza. "Ella se tumba y entonces él…" inclinó la cabeza hacia un lado mientras se imaginaba lo que podía pasar, unos momentos después asintió y Victoria pudo ver cómo ponía una expresión de triunfo. "Creo que ya lo entiendo."
"Genial." dijo Victoria, aliviada por no tener que dar más detalles, y aunque ahora era ella la que tenía curiosidad no se atrevió a preguntar a su amiga. Sin embargo Marina quería continuar la conversación. Otra vez su rostro reflejaba preocupación.
"¿Tú crees que mi amiga sabía lo que podía pasar si me dejaba a solas con el señor de Soto?"
Victoria se entristeció al oírlo. No creía que pudiera haber dos mujeres tan inocentes en la misma ciudad, pero tampoco podía descartarlo. "No puedo saberlo, quizá ella pensó que tú pondrías límites y no pasaría nada malo."
"Ella me dijo que su amigo Diego estaba muy interesado en conocerme, que le había parecido una mujer fascinante y que quería hablar conmigo en la biblioteca. Le pedí que se quedara con nosotros para guardar las apariencias, pero dijo que tenía algo que hacer y que volvería enseguida. Después de la visita confié en ella, le conté lo que había pasado, pero me dijo que eso no era malo y que era la forma que tenía él de mostrar su interés por mí, así que consiguió que nos quedáramos a solas varias veces. También me dijo que una mujer puede conceder ciertas libertades al hombre con el que se va a casar."
"¿Eso pasó en la casa de tus tíos?" dijo Victoria asombrada.
"No, ella es hija de unos amigos de mis tíos y a través de ellos nos hicimos amigas. Yo estuve de visita en su casa durante dos semanas. Ella me dijo que Leandra, mi dama de compañía, era antipática con ella y que no hacía falta que viniera con nosotras, que nos haríamos compañía mutuamente."
Victoria estaba muy seria. Veía claramente que su supuesta amiga había conspirado contra ella, pero no sabía cómo decírselo. "No puedo estar segura, pero creo que ella tenía algún interés en que tú cayeras en desgracia."
Marina frunció el ceño, pero parecía más triste que enfadada.
"Un caballero se interesó por mí antes que yo conociera a Ignacio. Era muy tímido y casi no me hablaba, pero me miraba mucho y me pidió un baile en varias ocasiones que coincidimos. Lo último que supe es que había pedido la mano de mi amiga." Marina parecía desolada. "¿Va a ser siempre así? ¿Voy a tener que desconfiar de todo el mundo?"
"Espero que no. Dices que tu dama de compañía le resultaba antipática a tu amiga, seguramente ella vio que tu amiga no era de fiar y trató de protegerte."
"Leandra estaba muy decepcionada conmigo cuando se enteró."
"¿Le has contado toda la historia?"
"No, ella me dijo que ya sabía lo que había pasado." dijo ella con tristeza.
"Quizá podrías intentarlo otra vez, decirle lo que me has contado a mí, que realmente no sabías que lo que hacías era malo."
Ella suspiró. "No sé si me escuchará, pero al menos puedo intentarlo." miró a Victoria y sonrió con timidez. "Muchas gracias, casi no nos conocemos y ya te estás portando mucho mejor que las personas que creí que eran mis amigos."
"No es nada, podemos hablar siempre que lo necesites." Respondió Victoria sintiéndose un poco triste por la otra chica.
