Aunque esta historia no es muy navideña porque la empecé a escribir en verano, aprovecho para desearos feliz Navidad. Si os apetece hacerme un regalo, podéis dejar un comentario, que son bien recibidos en cualquier época del año.

Capítulo 17. Alguna Opción Más.

A media tarde Diego entró por la puerta, buscando a Victoria con la mirada, pero el señor Guzmán se acercó a saludarlo y se detuvo unos momentos para hablar con él. Al verlo Victoria tuvo una idea.

Se acercó a Marina para contarle lo que se le había ocurrido. "Estoy pensando que si hay alguien que puede aconsejarte ese es Diego."

"No irás a contárselo."

"A estas alturas todo el pueblo sabe al menos parte de tu historia, y Diego no repetirá nada de lo que le digas si le pides que sea discreto."

"¿Estás segura?"

"Sí, lo estoy. Si alguien puede guardar un secreto es él."

"Creí que él también era un embaucador." dijo ella sin pensar. Inmediatamente se puso pálida. "No quise ofenderte, lo siento."

Victoria hizo un gesto quitándole importancia. "He hablado con él y aunque me ha ocultado cosas me ha prometido que a partir de ahora me dirá la verdad. Conozco a Diego desde que éramos niños y siempre ha cumplido su palabra."

"Está bien." dijo Marina con cara de preocupación.

Victoria sonrió a Diego y él no necesitó más invitación para acercarse.

"Buenas tardes, Victoria, voy a volver ya a la hacienda, pero quería verte antes de irme." Besó su mano. "A partir de mañana espero no tener que despedirme de ti nunca más." dijo con una voz grave que hizo que por un momento Victoria se olvidara de todo al fijar su vista en sus ojos azules, pero después de mirarlo embobada unos segundos se acordó de que su amiga estaba junto a ella.

"¿Tienes un rato para que te contemos algo? Me gustaría que nos dieras tu opinión."

A Diego le extrañó la petición, pero no podía negar nada a la mujer que tenía delante. "Por supuesto os escucharé." dijo tomando asiento ante la indicación de Victoria.

"Ya sabes cuál es la situación de Marina. Su hermano cree que su mejor opción es que se case con de Soto."

"En estos casos es lo más corriente, que el padre del niño se haga cargo." dijo Diego con cautela.

"Pero ella no está convencida de que él vaya a ser un buen marido."

"En realidad yo…" dijo Marina con timidez, pero no se atrevió a terminar la frase. Victoria la miró y la cogió de la mano. Diego no pudo evitar sentir compasión por ella.

Él reflexionó un momento antes de hablar. "Conocí a de Soto en Madrid cuando estuve en la universidad. Aunque no tuve una relación muy cercana con él, puedo decir que era un estudiante muy prometedor. Tras tenerlo de alcalde varios años he visto que es ambicioso, pero no es tan malvado como el anterior alcalde que tuvimos. A veces ha tenido algún gesto que me he hecho pensar que si tuviera más suerte en la vida quizá podría mostrarse menos ansioso."

"No me tranquiliza demasiado lo que me dice, señor de la Vega."

"No me gusta mentir, estoy dando mi opinión sincera."

"¿Cree que hay alguna posibilidad de que nos quiera a mi hijo a y mí?"

"He observado que al mirar al niño parece estar orgulloso de él. Me parece buena señal."

Victoria intervino. "Lo que quería preguntarte es si habría otra alternativa."

"Tengo entendido que tiene usted otros pretendientes." dijo Diego a Marina.

Ella negó con la cabeza. "El hombre que se interesó por mí en casa de mis tíos se enfadó mucho cuando supo lo del bebé. Me contaron que no quería volver a verme porque yo era una… prefiero no repetir esa palabra. Me enteré de que había pedido en matrimonio a mi amiga Eloísa pocos días después. Mi hermano conoce a un hombre que se casaría conmigo, pero él no está dispuesto a darle sus apellidos a mi hijo. Exige que mi bebé se críe con unos parientes y luego estudie en un internado, y yo no puedo renunciar a él."

"Tiene que haber alguna opción más." dijo Victoria con tristeza.

"Solo se me ocurre que se haga pasar por viuda. Sé que algunas mujeres lo han hecho, pero necesitaría documentación falsa para conseguirlo." dijo Diego.

"Pero mi hermano quiere que vaya a España y sin un marido allí estaría sola. Además mi hijo necesita un padre, yo no sé cómo criar un niño."

"Quizá debería hablarlo con su hermano." dijo Diego con suavidad. La verdad es que no sabía qué aconsejar a aquella chica tan joven y tan indefensa. "Pero creo que hay algo que puede hacer y sería útil para protegerla a usted y a su hijo. Voy a consultar un libro de leyes que tengo en casa y vendré luego a contárselo."

"Se lo agradecería muchísimo." dijo ella.

De Soto entró en la taberna y vio a la muchacha hablando con Diego y Victoria. Se detuvo un momento para sopesar la situación, mirándolos con desconfianza.

"¿Quieres que me quede contigo?" preguntó Victoria al ver que el alcalde se acercaba.

"No, tú tienes otras cosas que hacer, y yo debo aprender a arreglármelas por mí misma. Se lo debo a mi hijo."

Victoria apretó un poco su mano intentando darle ánimos y se levantó, mientras Diego también lo hacía. "Si puedo ayudarla en algo no dude en pedírmelo."

"Gracias, don Diego, es usted muy amable." respondió ella, y aunque la frase era muy formal su tono sonaba sincero.

En su camino hacia la cocina Victoria se fijó en la señora de compañía de la chica. Ella solía comer con los criados cuando la señorita estaba acompañada por su hermano y sus tíos, pero al ver que se quedaba sola y se acercaba su pretendiente la mujer de aspecto severo se levantó y se acercó a la dama manteniéndose a una respetuosa distancia.

Diego alzó la mano de Victoria para besarla, y se resistía a soltarla aunque sabía que tenía que irse.

"Vendré luego a hablar con la señorita."

"De acuerdo. Gracias por ayudarla."

Victoria volvió a entrar en la cocina, donde Pilar estaba ocupándose de los fogones.

"Por tercera vez, Victoria, puedo ocuparme yo. Manuela está en la sala y Alicia me ha dicho hace un rato que se las apaña bien."

"Sé que es una buena chica, pero la veo tan joven…"

"Tiene dieciséis, y tú tenías quince cuando te hiciste cargo de todo."

"Supongo que tienes razón. No es que no confíe en vosotras, pero llevo tanto tiempo llevando la taberna que tengo la sensación de que se me olvida algo."

"Bueno, no es como si te fueras a ir a la Patagonia. Estarás en la hacienda de la Vega, aunque te aseguro que no tengo ninguna intención de ir allí a molestarte con cualquier tontería." la miró con una sonrisa pícara. "Cuando estés con tu marido a solas no creo que te vayas a acordar de que hay que fregar el suelo de la cocina antes de empezar con la cena."