Capítulo 18. Preparativos.

Victoria se despertó al amanecer y se vistió con su ropa habitual. Al bajar a la cocina se encontró con que Pilar ya estaba allí y la miraba algo asombrada. "¿Qué haces levantada tan temprano? Deberías dormir un poco más, hoy va a ser un día muy largo."

"Hay muchas cosas que hacer."

"Pero las haremos nosotras. Tú hoy solo tienes que preocuparte de ponerte guapa, del resto ya nos encargamos."

La chica nueva, Manuela, entraba en ese momento por la puerta de la cocina. Al verlas se asustó.

"No me digas que llego tarde." dijo a Pilar.

"No, yo también acabo de llegar. Victoria debería estar durmiendo, pero es un culo inquieto y no va a haber manera de conseguir que no trabaje hoy."

Manuela sonrió, y Victoria no pudo evitar sonreír también.

A las 10 de la mañana Pilar convenció a Victoria para que subiera a su habitación a arreglarse.

"No necesito dos horas para vestirme." protestó ella.

"Alicia ha llenado la bañera, Marina me dio ayer un jabón que huele muy bien, y va a venir dentro de un rato con una de sus criadas que es la que siempre la peina a ella para que te arregle el pelo."

"Voy a recogérmelo como hago siempre en las fiestas."

Pilar negó con la cabeza. "Es un día especial, y vas a estar espectacular."

"Está bien, subo a darme un baño."

"Te doy quince minutos."

"¿Desde cuándo eres tan mandona?" dijo Victoria riéndose.

"Desde que me has nombrado encargada de la taberna, venga, sube de una vez."

Victoria entró en su habitación. Había una bañera ocupando casi todo el espacio disponible. Ella se desvistió con cierta inquietud.

Exactamente quince minutos después llamaron a la puerta.

"Victoria. ¿Puedo entrar?" preguntó Pilar.

"Adelante, ya me estoy secando."

Pilar entró y cerró la puerta inmediatamente. Vio la ropa de Victoria sobre la cama. Se acercó con curiosidad.

"Así que éste es el famoso corsé." dijo cogiendo la prenda para examinarla. Estaba hecho en tela de dos colores, rosa y blanco, y tenía bordados y lazos, cosa que los corsés que habitualmente usaba Victoria no tenían.

"Deja eso, cotilla." dijo Victoria.

"Lleva dos lazadas. ¿Crees que sabrá cómo quitártelo?"

"No voy a hacer ningún comentario." dijo Victoria muy seria, aunque conteniendo una sonrisa.

"Aguafiestas." dijo Pilar con un mohín.

Victoria se puso su ropa interior, una camisola y unas enaguas, pero no se puso aún su vestido. Pilar y Alicia vaciaron la bañera y se la llevaron. Poco después volvieron a llamar a la puerta.

"Soy Marina, vengo con mi criada Paloma. ¿Podemos pasar?"

"Adelante." dijo Victoria.

Detrás de Marina entró una mujer mayor con aspecto de tener muy buen humor. A Victoria se sorprendió al verla. "Creo que no la conozco." dijo un poco desorientada.

"Llegué ayer tarde, el señor conde envió un mensaje diciendo que doña Marina estaría más días de los inicialmente previstos aquí y nos ordenó a dos lacayos, la lavandera y a mí que viniéramos a atender a la señorita y sus tíos."

A Victoria le sorprendió que Marina necesitara tanta gente a su servicio, pero no hizo ningún comentario.

"¿Lleva usted mucho tiempo trabajando para la familia?" le preguntó mientras se sentaba frente a su tocador.

"Sí señorita, me contrató la difunta abuela de doña Marina. Luego fui la doncella personal de su madre, y cuando la doncella de doña Marina se casó y se fue a vivir a Jalisco ella me pidió que pasara a su servicio, porque tras la muerte de su madre me ocupaba de las invitadas."

"Mi madre siempre decía que era la mejor doncella que había visto jamás. Le he dicho varias veces que se puede retirar cuando quiera, pero ella insiste en seguir trabajando."

"Iré con usted a donde vaya." dijo la señora con convicción.

A Victoria le sorprendió tanto cariño entre la joven y la criada.

Finalmente Victoria estaba lista, así que la criada se retiró, satisfecha con su trabajo. "La señorita tiene un pelo precioso." comentó. Victoria trató de sonreír, pero estaba poniéndose nerviosa y aún quedaban 20 minutos para que comenzara la ceremonia.

"Don Alejandro llegará en 10 minutos." dijo Victoria.

"Podemos esperar abajo." dijo Marina.

"No, abajo hay mucha gente, prefiero quedarme aquí."

"¿Prefieres que salgamos nosotras?"

"No, quedaos conmigo, a ver si me distraigo."

Pilar le sirvió un vaso de agua de una jarra que había sobre una mesita.

"No sé por qué estás tan nerviosa, estoy segura de que el novio se presentará."

"¿A veces los novios no se presentan?" preguntó Marina sorprendida. Al fin y al cabo su problema era el exceso de entusiasmo de sus pretendientes por casarse con ella cuanto antes.

"Oh, sí, y a veces cuando ya están en la iglesia cambian de idea y salen corriendo. Mi abuela nació en el Toboso, un pueblo de Castilla. Allí cuando los novios entran en la iglesia unos vecinos la cierran desde fuera, así nadie puede escapar sin al menos dar explicaciones."

Victoria y Marina se echaron a reír.

"Estoy segura de que Diego no saldrá corriendo." dijo Victoria. "Pero no puedo evitar tener la sensación de que va a pasar algo malo."

"Será una boda tranquila, Diego es un hombre muy sensato. No es como si fueras a casarte con el Zorro." dijo Pilar.

Victoria miró hacia otro lado para que Pilar no sospechara nada, pero ella se quedó pensando en lo que acababa de decir. "Un momento. ¿Victoria?"

Victoria siguió disimulando, pero Pilar la conocía demasiado bien. Asustada, miró de reojo a Marina, que notaba la tensión en las otras dos mujeres pero no sabía qué estaba pasando.

"¿Ocurre algo?" preguntó la dama.

"No, cosas mías, que estoy un poco loca. Si ya lo decía mi abuela, que tengo la cabeza llena de pájaros. No se me ocurren más que tonterías. Don Diego y el Zorro no podrían ser más diferentes." dijo Pilar con mucha convicción, quizá un poco excesiva.

Victoria solo pudo asentir, y Marina se encogió de hombros. "No he visto a ese famoso Zorro más que de refilón."

"Marina. ¿Nos harías un favor? ¿Puedes bajar y enviar a un criado a avisarnos en cuanto llegue don Alejandro?" preguntó Pilar.

"Claro. Ahora os veo."

Marina salió por la puerta y Pilar se volvió hacia Victoria.

"Ya te lo he dicho antes. No voy a hacer ningún comentario." dijo Victoria.

"Pero es él. ¿Desde cuándo lo sabes?"

"Por favor, deja de inventarte cosas."

"Tiene que ser reciente, o si no os habríais casado hace tiempo."

"Venga, déjalo estar."

"Está bien, sólo una pregunta, y te juro por mi madre que no hablaré de esto con nadie jamás." Victoria se quedó mirando a su amiga, temiendo lo que ella iba a decir. "Cuando le hiciste esa marca en el cuello a don Diego. ¿De qué color vestía?"

"Eres imposible." dijo Victoria.

"Vamos, dímelo." dijo Pilar mirándola suplicante.

Victoria la miraba con preocupación y Pilar se puso muy seria, lo que era muy poco propio de ella. "Admito que me encantan los cotilleos y que te he estado tomando el pelo con todo este asunto, pero eres mi amiga, y nunca te perjudicaría o pondría en peligro a tu marido a propósito solo para divertirme. Es sólo que… lo siento por el Zorro, después de lo que ha hecho por todos que tenga que renunciar a ti me parece muy triste, y que tú tengas que resignarte a casarte con otro hombre porque no puedes tener al que tú quieres, y que don Diego, que te mira como si fueras la única mujer sobre la tierra, que tenga que conformarse con una mujer que a quien ha amado con todo su corazón es a otro hombre."

"Creo que lees demasiadas novelas románticas."

Pilar puso cara de decepción. "Puede ser, pero me gustaría pensar que un amor como el que el Zorro y tú teníais no acaba así."

Victoria suspiró, y finalmente susurró sólo una frase. "Vestía de negro."

"¡Sí!" dijo Pilar entusiasmada.

"Lo has prometido."

"Y mantendré mi promesa, te lo juro."

"Más te vale. ¿No habrás hablado de esto con alguien más?"

"Le dije a Alicia que me parecía que tu ruptura con el Zorro era extraña, pero me dijo que eran sandeces, que esto es la vida real y que es lógico que seas sensata."

"Bueno, pues que siga pensando eso."

"De verdad, Victoria, no te delataré."

Victoria suspiró, aún más nerviosa que antes.