Esta situación me da qué pensar. Diego acaba de casarse y ya está dispuesto a salir corriendo detrás de una señorita. A ver si resulta que el alcalde tenía razón y es un mujeriego.

Capítulo 20. No me gustan las prisas.

Victoria se sorprendió de lo deprisa que podía conducir Felipe. Don Alejandro se agarraba con fuerza al carruaje mientras Diego sencillamente parecía pensativo.

Llegaron a la hacienda dejando atrás una nube de polvo. Felipe esperó el tiempo justo a que se bajaran y salió disparado hacia el establo para dejar allí el carruaje. Se bajó de un salto cuando uno de los hombres se acercó a ayudarlo.

Mientras don Alejandro se había separado de Diego y Victoria. Al ver a su capataz le gritó. "Ernesto, prepara una partida de hombres. Han secuestrado a una señorita y debemos ir al pueblo a participar en la búsqueda."

El hombre sólo dijo "Sí, señor." y salió inmediatamente a buscar a los hombres.

Diego y Victoria entraron en la hacienda y atravesaron la sala hasta la biblioteca. Él apenas se detuvo un instante para pulsar el mecanismo de la chimenea y entró en el pasadizo, mientras que Victoria lo siguió por inercia aunque no sabía bien lo que estaba haciendo allí.

Diego empezó a comprobar las armas que quería llevarse, el látigo, el sable, dos dagas, y también un rollo de cuerda para ponerlo en la silla de Tornado. Mientras Victoria oyó ruido que procedía del pasadizo y vio a Felipe entrar corriendo y dirigirse directamente hacia el establo para empezar a ensillar al caballo.

Diego se quitó la camisa y los pantalones para cambiarse de ropa, ajeno a que Victoria se acababa de quedar con la boca abierta al verlo.

Victoria no pudo disfrutar de las vistas más que unos instantes, porque él se puso los pantalones con agilidad. Fue al darse la vuelta para coger la camisa del perchero cuando vio la mirada apreciativa de su flamante esposa, que tenía la camisa en la mano y estaba debatiéndose entre dársela o esconderla por ahí. Diego se quedó parado un instante sin saber qué hacer, pero luego se encogió de hombros, al fin y al cabo ya estaban casados, y esperaba que después ella acabara viéndolo con aún menos ropa.

"No sabes cuánto siento tener que irme ahora." dijo él mientras se ponía la camisa que ella finalmente le dio. (1)

"Lo entiendo, yo también estoy muy preocupada por Marina, pero ven cuanto antes." dijo ella ayudándole a abrocharse los botones de la camisa.

Diego la besó brevemente. "Te aseguro que volveré en cuanto pueda."

"Te estaré esperando, luego quiero que vuelvas a hacer eso mismo más despacio. No me gustan las prisas." le susurró ella sonrojándose.

Él sonrió lamentando de nuevo tener que irse. Se puso la máscara y salió al galope sin mirar atrás, porque estaba seguro de que si se lo pensaba dos veces no se iría.

Victoria lo vio salir por el pasadizo de la colina y luego se volvió hacia Felipe. "¿Y ahora qué hacemos?"

Felipe se encogió de hombros y señaló el arco que llevaba hacia la biblioteca. Utilizó la mirilla para comprobar si había alguien en la habitación, y al ver que estaba vacía abrió el panel utilizando el candelabro. Hizo señas a Victoria para que pasara ella primero.

Victoria había visitado la hacienda varias veces desde que se prometió con Diego, así que sabía qué habitaciones iba a ocupar. En el pasillo se cruzó con don Alejandro, que también se había cambiado de ropa pero lógicamente había necesitado más tiempo. Victoria pensó que debía ser difícil desvestirse y volverse a vestir más rápido que Diego.

"Salgo con los hombres." informó él, luego añadió en voz más baja. "Ayudaremos a el Zorro todo lo que podamos."

"Me quedaré en nuestro dormitorio. Todos creerán que está allí conmigo."

"Buena idea, en cualquier caso no creo que venga nadie a interrumpir a unos recién casados." dijo don Alejandro sin pararse a pensar en que Felipe estaba delante. El muchacho no pudo evitar una risa. Victoria se ruborizó. "Mejor me voy." añadió don Alejandro como despedida.

El Zorro cabalgó directamente hacia el pueblo, donde esperaba que los demás aún no hubieran cubierto las huellas. Al llegar a la plaza vio que a lo lejos, desde el lado de la hacienda, se aproximaba un grupo de hombres a caballo, encabezados por su padre. También salieron soldados a caballo desde el patio de la armería, y le sorprendió ver al alcalde en la plaza a pesar de que estaba herido.

"Alto Zorro." dijo el alcalde al verlo.

Él decidió jugar al despiste.

"Ahora no tengo tiempo para tonterías, he oído que han secuestrado a Victoria delante de sus narices y de las de toda la guarnición."

El alcalde lo miró sorprendido.

"No, la señora de la Vega" dijo el alcalde marcando claramente el estado civil de Victoria. "Está ya en su nuevo hogar con su nuevo marido. Han secuestrado a mi prometida, la señorita Ortiz de Casqueta."

"¿Pero no han interrumpido la boda de don Diego y Victoria?" dijo él fingiendo que estaba confuso.

"Sí, pero en realidad no venían buscando a la dueña de la taberna, sino a la hermana del conde." dijo el alcalde con sorna, satisfecho al ver que el Zorro estaba equivocado.

"¿Y pensaron que don Diego se estaba casando con esa otra mujer? Eso no tiene sentido. ¿El hijo de ella no es suyo, alcalde?"

"Sí, está claro que fue un malentendido."

"Entonces la señorita Escalante sí se ha casado con el sinsustancia." dijo el Zorro con tono de desdén. Don Alejandro, que acababa de llegar, tuvo que hacer un esfuerzo para no reírse.

"Eso es." dijo el alcalde, contento de darle una mala noticia a el Zorro. "Y ahora no tengo tiempo para arrestarle a usted. Debo ir a buscar a la señorita."

"Su prometida."

"En efecto."

"Ya. Pues sí que hay bodas por aquí últimamente. Quizá debería darle la enhorabuena, por lo menos a usted, a ella no estoy tan seguro."

El alcalde lo miró con cara de pocos amigos, y el Zorro siguió hablando como si nada. "Pues ya es raro que secuestren a otra mujer, normalmente si secuestran alguien se la llevan a Victoria, quiero decir la señora de la Vega." añadió también marcando la última parte de la frase. "Por mí está bien, ahora si necesita que la rescaten que lo haga su marido, que para eso está." Se quedó mirando al alcalde un momento. "Parece que los rumores hoy no aciertan, también oí decir que le habían disparado en el corazón."

"Lo hicieron, pero ha sido solo una herida superficial." dijo el alcalde llevándose la mano a la herida.

"Vaya, qué suerte ha tenido." dijo el Zorro tratando de parecer decepcionado.

"¿Quería verme muerto?"

El Zorro fingió que se lo tenía que pensar. "En realidad no, en ese caso le habría matado yo mismo. Pero pensé que tenían prisa. Si la señorita está en peligro le ofrezco mi colaboración a cambio de una tregua."

"No necesito su ayuda."

"Claro, porque cuenta usted con expertos rastreadores para seguir la pista a los que se la han llevado." dijo el Zorro mirando hacia los soldados que con su eficiencia habitual aún no habían acabado de subirse a sus caballos.

El alcalde parecía furioso, pero no podía rebatir esa lógica. "Está bien, tiene mi palabra. No intentaré arrestarlo hasta que la señorita esté a salvo siempre y cuando usted esté colaborando con nosotros."

"Conforme, pero si no le importa preferiría tener cerca a los hombres de don Alejandro en lugar de los soldados."

"Como quiera." dijo el alcalde.

El Zorro se acercó a don Alejandro, que muy serio le dijo. "Es usted bienvenido para colaborar en la búsqueda de la señorita, pero le advierto que no haga comentarios acerca de mi hijo y mi nuera."

El Zorro le sostuvo la mirada. Le estaba resultando extraño, pero también divertido que por una vez el Zorro estuviera celoso de Diego y no al revés. "Por supuesto don Alejandro. Disculpe mis palabras de antes. No pretendía faltarle el respeto a su familia."

Don Alejandro asintió con una expresión que él esperaba que pareciera muy seria y digna. Mientras los últimos soldados subieron a sus caballos, por fin.

"¿Alguien vio por dónde se fueron?" preguntó el Zorro en general.

Uno de los soldados señaló la salida entre la iglesia y la herrería.

"Pues vamos allá." dijo el Zorro dirigiendo a Tornado hacia allí.

Nota

(1) Me he imaginado la típica escena con Victoria debatiendo consigo misma si darle su camisa a Diego o quitarle los pantalones que se acababa de poner. Había un ángel pequeñito sobre su hombro derecho, una versión de Victoria con el pelo suelto y una túnica blanca, y pequeño demonio en el izquierdo, también ella pero vestida de cuero negro, con el pelo recogido, mucho maquillaje y botas de tacón alto. En realidad las tres estaban de acuerdo en que había que quitarle la ropa, lo que discutían era si hacerlo inmediatamente o esperar a que rescatara a la otra chica. Voy a hacer una versión con mis Playmobil a ver cómo queda. Si estáis en el foro de Facebook New World Zorro Fanfiction la podréis ver allí.