Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Marvel & Disney. No tengo fines de lucro.


Capítulo ll: Ni siquiera lo intentes


Una semana después…

Se sentía fatal, sus parpados pesaban demasiado, su vista estaba ligeramente nublada y hasta creía tener fiebre. Se encontraba demasiado débil para continuar caminando, sus piernas no resistieron más y terminó cayendo de rodillas al suelo.

Natasha reprimió un quejido en tanto apoyaba sus manos en el asfalto, quiso levantarse, pero sus extremidades no se lo permitieron, había perdido una cantidad de sangre considerable y aquello comenzaba a pasarle la cuenta. Bucky detuvo sus pasos y rápidamente se acercó a prestarle ayuda. Observó el improvisado torniquete que había puesto sobre la pierna de la pelirroja y con pesar comprobó que se encontraba repleto de sangre, la hemorragia parecía no tener intenciones de parar.

—Necesitas atención médica.

—Estoy bien... —mintió descaradamente.

—Debo llevarte a un hospital.

—¿Estás loco? No podemos ir a un hospital, podríamos arriesgarnos a que nos capturen —replicó de inmediato.

Bucky entornó los ojos al tiempo en que se llevaba una mano a la frente. Comenzaba a hartarse.

—¿Entonces qué hacemos? ¿Esperamos a que te desangres por completo? —preguntó, irónico.

Natasha iba a responder, pero una fuerte punzada se manifestó sobre su pierna. La pelirroja automáticamente guardó silencio y apretó los labios con fuerza. El soldado maldijo en voz baja, debía reforzar ese torniquete cuanto antes. Sin perder más tiempo, rasgó otro pedazo de su camiseta y comenzó a enrollárselo alrededor de la herida, tenía que ejercer presión y evitar que continuase perdiendo sangre. La espía dejó salir un gemido de dolor y en un desesperado intento por disminuir su sufrimiento, apretó con muchísima fuerza el brazo humano de Bucky, pero él ni siquiera se inmutó.

En cuanto el castaño terminó de colocar el vendaje, Natasha dejó salir un suspiro de alivio, le miró agradecida y aceptó su mano para reincorporarse.

A su orgullo le dolía tener que ser una carga para Bucky, pero en esos momentos no tenía más opciones que depender de él. Había recibido un impacto de bala sobre su muslo izquierdo y ya no podía continuar caminando por su propia cuenta. En un principio se había negado tajantemente a que él la cargase, pero ahora no podía mantenerse de pie sin que alguien la ayudase, así que no tenía demasiado sentido seguir rechazando el apoyo que James podía brindarle.

Odiaba con toda su alma haber recibido ese disparo, una agente de su categoría simplemente no podía cometer semejante error. Pero como consuelo, al menos podía decir que la primera fase del plan estaba completa. Acababan de desmantelar las cuatro bases de Hydra que habían estado siguiendo durante los últimos meses, y a excepción del balazo que recibió en su pierna, todo había salido relativamente bien.

Sin embargo, ahora venía la peor parte del plan y esa era precisamente enfrentarse a Steve.

Ella y Bucky estuvieron de acuerdo en finalizar esa primera parte del plan en la base de Alemania. Sus próximos objetivos requerían de la participación del resto del grupo, ya no tenía demasiado sentido continuar mintiéndoles, debían acudir a ellos y proseguir con los planes. Aunque Steve se enfadase, Natasha sabía que tarde o temprano terminaría uniéndose. A final de cuentas, si aquello resultaba, todos podrían beneficiarse.

Tragó saliva, no podía negar que se sentía un poco nerviosa, no sabía qué tipo de reacción tendría Steve al enterarse de que había despertado a Bucky sin su consentimiento.

—Estamos cerca del refugio en donde dijiste que están Steve y el resto —dijo James.

Se detuvo brevemente en sus pasos y apoyó a Natasha sobre una muralla cercana. Se alejó un par de pasos mientras echaba un vistazo. En el camino no se observaba nada más que casas antiguas y un tanto rurales, hizo una mueca de desagrado, eso no le gustaba en lo absoluto. Necesitaba un medio de transporte para trasladar a la pelirroja cuanto antes.

» Debo llevarte con ellos o vas a desangrarte —añadió.

—No, ya te dije que estoy bien… Además, no sé si estoy lista para enfrentar a Steve, me odiará en cuanto te vea y se percate de lo que hice.

—Steve entenderá.

—Va a enfadarse…

Bucky entrecerró los ojos y atisbó a lo lejos como un matrimonio de ancianos descendía de una camioneta.

—Sí, tienes razón —respondió, regresando la vista hacia Natasha—. Steve se enfadará, pero si te sirve de consuelo… yo creo que hiciste lo correcto.

La fémina le miró fijamente y alzó ambas cejas. Ese comentario le había sorprendido.

—¿En serio crees eso?

—Sí… lo creo —afirmó, acercándose a ella—. Esta situación no podía seguir así, como si no hubiese ocurrido nada. No es justo que los Vengadores estén viviendo como fugitivos y tú eres la única que parece estar dispuesta a hacer algo.

Natasha esbozó una pequeña y característica sonrisa ladeada, gesto con el que de pronto, Bucky se sintió particularmente familiarizado.

—No sabes cuánto necesitaba escuchar algo como eso.

—Bueno… —carraspeó, incómodo. No sabía por qué, pero verla sonreír de esa forma había despertado en él una sensación extrañamente conocida—, no perdamos más tiempo y dirijámonos al refugio.

—¿Y en qué nos iremos? —indagó con debilidad. Su rostro estaba cada vez más pálido.

—Tomaremos prestada esa camioneta —contestó, mientras apuntaba con su dedo índice hacia los ancianos.

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Steve ingresó a la habitación que actualmente compartía con Sharon. La rubia había optado por irse a la cama antes que él, así que deducía que a esas alturas de la noche ya debía encontrarse dormida. Parecía estar muy cansada e incluso se veía débil, no podía negar que aquello estaba comenzando a preocuparle.

Iba a presionar el interruptor de la luz, pero se arrepintió de hacerlo, Sharon era muy sensible al dormir y solía despertarse ante cualquier estímulo. Sin tener más opciones y estando totalmente a ciegas, Steve cerró la puerta con cuidado. Se adentró a la estancia por completo y con pasos cautelosos comenzó a aproximarse a la cama. Palpó con cuidado el sitio en donde la chica debía encontrarse durmiendo, pero sus dedos simplemente chocaron contra el colchón de la cama, frunció el ceño con extrañeza, rápidamente regresó en sus pasos y encendió la luz. Observó la estancia y, sin entender nada, comprobó que la habitación se encontraba totalmente vacía.

—¿Sharon? —inquirió.

—Estoy en el baño…

El capitán suspiró aliviado, por un instante llegó a pensar que alguien se la había llevado.

—¿Y por qué la luz no está encendida? —averiguó, curioso.

—No lo sé, no me fijé —respondió, saliendo del cuarto de baño.

Sin darle demasiada importancia, Sharon regresó a la cama y rápidamente cubrió su cuerpo con las colchas. Steve arqueó una ceja, ella actuaba muy raro, hasta se atrevería a decir que lo estaba evitando.

—¿Estás bien? —le preguntó.

—Sí, todo bien…

—¿Segura?

—Segurísima, sólo necesito descansar un poco.

Algo en su interior le decía que Sharon estaba mintiendo. Enfocó sus orbes azules sobre el rostro de la chica y le miró preocupado.

—Si te sientes enferma solo tienes que decirlo —profirió, mientras tomaba asiento a un costado de ella—. Sé que estábamos evitando ir a lugares públicos, como los hospitales, pero si es necesario ir a ese sitio para conseguir un médico, prometo que haré hasta lo imposible. No quiero que…

—Cariño, no es necesario —le interrumpió. Steve iba a replicar, pero Carter lo silenció en tanto colocaba un par de dedos sobre su boca—. No me siento mal, ni nada por el estilo, tranquilo.

—Sólo soy precavido, no quiero arriesgarme a que te pase algo.

La rubia sonrió con ternura, llevó su mano hacia la mejilla de Steve y la acarició lentamente.

—Te preocupas demasiado —susurró, antes de depositarle un pequeño beso sobre los labios.

En cuanto escuchó esa frase, Steve pensó inmediatamente en Natasha, la pelirroja siempre solía decirle que se preocupaba demasiado y que exageraba todas las situaciones. Se reprendió mentalmente por estar reflexionando sobre ella mientras estaba con Sharon, eso no estaba bien.

Procuró concentrarse en tanto correspondía aquel beso. Llevó sus manos hacia la cintura de la chica y la acercó un poco más a su cuerpo.

No sabía por qué, pero cuando estaba con Sharon era muy difícil no pensar en la espía, el nombre de la rusa llegaba continuamente a su cabeza, trataba de disiparla de sus pensamientos, trataba de no extrañarla, de no recordarla y por sobre todo, trataba de no desear estar compartiendo ese beso con ella, pero simplemente no podía.

—¡Steve!

Sam abrió la puerta con violencia, ingresó al cuarto de manera abrupta y se detuvo frente a ellos cargando una expresión de completo nerviosismo. La pareja trató de disimular el beso que estaban compartiendo y procedieron a mirarlo con atención. Sam no les estaría interrumpiendo de esa forma si no se tratase de algo importante.

—¿Qué pasa, Sam? —preguntó Steve.

—Es Bucky… —musitó.

En cuanto escuchó el nombre de su amigo, el rubio rápidamente se levantó de la cama.

—¿Le pasó algo?

—No exactamente…

—¿Entonces? —quiso saber con impaciencia. Sam abrió su boca para responder, pero volvió a cerrarla sin decir absolutamente nada. ¿Cómo se suponía que debía entregar semejante información?—. Demonios, Sam, deja los rodeos y dime qué rayos está ocurriendo…

—Bucky está aquí… —soltó de golpe. Tanto Steve como Sharon se desconcertaron al escucharlo decir eso—. Y eso no es todo. Él… él llegó aquí con Natasha, pero ella está inconsciente, no sé qué sucedió.

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En cuanto escuchó que Natasha se encontraba inconsciente, Steve no titubeó un segundo en dirigirse a las escaleras, bajó los peldaños con velocidad extrema y en poco tiempo llegó a la primera planta.

El cuerpo se le paralizó apenas la vio.

Su corazón comenzó agitarse en el interior de su pecho y el nerviosismo tomó posesión de toda su anatomía. Jamás había visto a Natasha en esas condiciones, ella era tan fuerte y segura de sí misma que verla en ese estado simplemente parecía una broma de mal gusto. James la sostenía entre sus brazos y Steve no sabía qué sentir al respecto.

—Tranquilo… —articuló el castaño—, solo está débil, ha perdido mucha sangre.

Steve no respondió nada y sólo se limitó a dedicarle una mirada inescrutable. La confusión le estaba matando, su lado racional quería entender qué rayos ocurría, pero sus celos estaban comenzando a nublar sus pensamientos, pues en un estúpido impulso se aproximó a su amigo y literalmente le arrebató a la espía de los brazos.

Con cuidado la cargó hasta el sofá más cercano y lentamente la apoyó en aquel espacio.

—¡¿Qué diablos está pasando?! —preguntó Clint.

El arquero corrió hacia el sitio en donde Steve había dejado a la pelirroja y su rostro empalideció al notar la cantidad de sangre que estaba perdiendo. Se arrodilló frente al sofá y comenzó a examinar las múltiples heridas que afectaban el cuerpo de su amiga. Contaba con varios hematomas y cortes pequeños, pero la lesión que tenía en su pierna reflejaba muy mal aspecto.

Sam y Sharon observaban la escena sin decir absolutamente nada. Tenían la ligera sensación de que todo eso iba a terminar muy mal.

Por otro lado, Wanda y Scott acababan de llegar a la sala de estar, miraban el rostro de sus amigos y trataban de buscar respuestas, pero la expresión de sus confundidos semblantes, demostraba con claridad que ellos tampoco lograban comprender lo que ocurría.

Steve se acercó a Bucky, pero se detuvo a una distancia prudente.

—Necesito que me digas ahora mismo qué demonios se supone que está pasando.

—Te explicaré todo, pero primero debemos estabilizarla, necesita una transfusión.

Nadie advirtió el momento exacto en que Clint se puso de pie y acortó la distancia que lo separaba con el soldado. Lo tomó bruscamente por su chaqueta y con un empujón violento lo apoyó sobre la pared más cercana.

—Si eres el culpable de que Natasha esté así, juro que te mataré con mis propias manos.

El capitán iba a intervenir, pero el poder escarlata de Wanda fue mucho más rápido. Con un sutil movimiento de sus dedos, la castaña emitió una pequeña descarga de energía sobre el cuerpo de Clint y en menos de un parpadeo lo envió directamente al suelo.

Barton se incorporó con rapidez, enfocó sus orbes grisáceos sobre los verdes de Wanda y no se molestó en disimular su molestia. La muchacha no se intimidó ante eso, se cruzó de brazos y se le arrimó con actitud desafiante.

—En lugar de increparlo y amenazarlo deberías estar haciendo algo por ayudar a Natasha. —Bucky le lanzó un vistazo rápido, esa chica parecía tener un don especial para salvarlo. Wanda dejó de mirar a Clint, giró sobre sus talones y se dirigió a todo el grupo—. ¿A dónde la llevaremos?

—No lo sé, no podemos ir a un hospital —acotó Sam.

—Tenemos identidades falsas —agregó Scott.

—Pero nos estaríamos arriesgando demasiado.

—Este pueblo es bastante arcaico, muy pocas personas tienen acceso a internet o a distintos medios de comunicación, la posibilidad de que nos reconozcan es muy remota —aseveró Sharon—. Si quieren que la agente Romanoff esté fuera de peligro, la única opción es arriesgarse y utilizar las identidades falsas. Deben trasladarla lo antes posible.

—Sharon tiene razón. Llévenla ahora mismo —decreto Steve.

—¿Llévenla? —inquirió Sam—. ¿Acaso no vendrás con nosotros?

—No, Sam, no iré. Me quedaré aquí con Bucky. —El castaño le miró y Steve inmediatamente le regresó la mirada—. Tú y yo tenemos que hablar.

Barnes dejó salir una bocanada de aire, pasó una mano por su cabello y trató de prepararse mentalmente para lo que vendría a continuación.

Clint no perdió más tiempo, se dirigió al sofá y cargó a la pelirroja entre sus brazos.

—Si Natasha necesita de mi sangre sólo avísenme.

—No te preocupes, cap. —Le tranquilizó el arquero—. Ya le he donado sangre en otras ocasiones. Tengo el mismo grupo sanguíneo que ella, tú solo ocúpate de aclarar todo esto.

—Iré con ellos —mencionó Sharon, mientras cogía las llaves de su coche.

—Yo también…—dijo Wanda.

Ambas iban a seguir el mismo camino que habían tomado Clint y el resto de los muchachos, pero Steve interrumpió los pasos de la más joven en tanto la tomaba por el antebrazo.

—No, tú no. —La chica juntó el entrecejo—. Necesito que te quedes y que me ayudes con algo, Wanda.

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Un pitido molesto e intermitente provocó que Natasha comenzara a despertarse. La pelirroja dirigió una mano en forma de puño hacia sus parpados aún cerrados y con pereza comenzó a frotarlos. Dio un bostezo largo y en cuanto consiguió abrir los ojos por completo, pudo advertir que se encontraba en una estancia que jamás había visto en su vida. Arrugó el entrecejo mientras sus pupilas vagaban por la longitud de aquella habitación, se incorporó con cuidado y en poco tiempo pudo percatarse que el fastidioso sonido provenía de una máquina que monitoreaba sus latidos cardiacos. Maldijo en voz baja. No podía creer que la hubiesen llevado a un jodido hospital. ¿Acaso no había sido lo suficientemente clara cuando le pidió a Bucky que no lo hiciera?

«Demonios», pensó afligida. No podía quedarse ahí por más tiempo.

De un solo movimiento Natasha se deshizo de las sabanas que le cubrían y rápidamente comenzó a quitarse de encima, todos esos desagradables aparatos que habían conectado a su cuerpo. Quiso ponerse de pie, pero apenas su pierna lesionada se apoyó en el piso, la denominada Viuda Negra sintió un dolor indescriptible. Lanzó múltiples groserías en el proceso y deseó con toda su alma que el autor del disparo estuviese ardiendo en las llamas del infierno.

—Hijo de puta —farfulló.

La puerta del cuarto comenzó a abrirse con cuidado, Natasha inmediatamente guió su mirada hacia la entrada de la estancia y en poco tiempo pudo advertir la delgada figura de Sharon Carter.

—Tranquila, agente Romanoff, no hay necesidad de huir —mencionó, en tanto le echaba un vistazo inquisitivo—. Los doctores creen que te llamas Karen Rowling y que eres mi prima.

Eso le tranquilizó.

—Las identidades falsas jamás fallan —comentó.

—No sé si nunca fallen, pero por suerte ahora funcionaron —respondió, formando una pequeña sonrisa en el rostro—. Iré a informarle a Clint que ya estás despierta.

—No… espera. —La rubia detuvo sus pasos y volteó a verla—. ¿Steve está aquí?

Carter negó con la cabeza y pudo notar de inmediato como las facciones de la espía formaban un gesto decepcionado.

—No, él se quedó con Bucky en el refugio. Wanda también está con ellos.

—¿Está enfadado, verdad?

Sharon se encogió de hombros.

—Más bien yo diría que está muy preocupado.

Bastó con que Sharon dijera eso para que Natasha sintiera el desesperante impulso de correr hacia los brazos de Steve. Ya no temía recibir un regaño de su parte, solo quería verlo, necesitaba explicarle que todo eso lo había hecho por el bien del grupo, que sus intenciones eran buenas y que nunca quiso ocasionarle problemas…

—No era mi intención preocuparlo, ni a él ni a nadie —dijo con sinceridad—, tampoco quería que se enteraran del plan de esta forma.

—Lo sé… —murmuró Sharon, mientras se llevaba una mano a la frente y cerraba los ojos con expresión de cansancio.

Iba a continuar con su camino, pero sus pasos titubearon. Natasha la observó con preocupación, la mirada de la rubia se encontraba un poco desorientada y el color de su rostro acababa de tornarse tan blanco como una hoja de papel.

—¿Sharon, estás bien?

—Sí… solo un poco cansada —explicó, restándole importancia—. Iré por un poco de agua.

La pelirroja arqueó una ceja, no se había tragado ni por un segundo la excusa del cansancio. Simplemente algo no andaba bien con Sharon.

—Nat…

Sus pensamientos se vieron abruptamente interrumpidos por el propietario de aquella voz. El rostro de la fémina se iluminó con una enorme sonrisa, Clint le regresó el gesto y no titubeó en aproximarse hacia ella. Natasha lo recibió con los brazos abiertos, el castaño depositó un beso sobre su mejilla y ella cerró los ojos mientras disfrutaba ese pequeño instante de paz que solo su amigo podía entregarle… después de todo, lo había extrañado bastante.

Su compañero se alejó un poco, pero no dejó de verla a los ojos en ningún instante.

—Natasha, ¿qué está pasando? —inquirió con seriedad.

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Antes de levantarse de su asiento, Steve negó con la cabeza repetidas veces; necesitaba convencerse a sí mismo de que nada de lo que había dicho su amigo era cierto. Es que simplemente no quería creer en la veracidad de sus palabras. Si T'Challa había estado de acuerdo con el plan de Natasha y les había permitido salir de Wakanda sin decirle nada, podía afirmar con absoluta libertad, que ya no quedaban personas honestas y confiables. No le sorprendía que la espía lo hubiese estado engañando durante todos esos meses, algo en su interior le decía que ella no estaba siendo sincera, pero una actitud poco transparente viniendo de un hombre tan noble como T' Challa, le había sorprendido bastante.

Lanzó un suspiro y con cansancio comenzó a masajear sus sienes. En cierta parte no podía culpar a Natasha, él no la respaldó con aquel plan, y de cierto modo, era lógico y comprensible que la rusa buscase apoyo en otro sitio, pero ¿por qué recurrir precisamente a Bucky? ¿Por qué él y no otro? ¿Por qué involucrar a su mejor amigo?

Caminó sin tener un rumbo fijo, de un lado a otro, una y otra vez.

Todo se percibía demasiado confuso y estaba empezando a perder la paciencia.

Realmente no sabía cómo demonios reaccionar.

—No puedo creer que T'Challa haya permitido esto —articuló, honesto.

—Yo tampoco podía creerlo —reconoció Bucky—, pero ella logró convencerlo.

—Wanda…

La aludida sabía muy bien lo que significaba esa mención y no le agradaba en lo más mínimo. Steve literalmente le había pedido que se quedase a escuchar lo que Barnes diría solo para que actuase como una especie de detector de mentiras. El rubio quería que incursionase en la mente de su amigo para comprobar que no los estuviese engañando. No se trataba de un asunto de desconfianza, Steve creía que Bucky estaba siendo honesto, pero simplemente no quería arriesgarse a cometer ningún error. Wanda no podía negar que era una estrategia inteligente, pero al mismo tiempo resultaba ser bastante autoritaria y poco ética. Ella no tenía derecho a infiltrarse en la mente de las personas, eso no estaba bien, no era correcto abusar de su poder.

» Wanda, solo hazlo —insistió Steve.

La castaña suspiró con fastidio, Rogers no iba a dejarla en paz hasta que hiciera lo que le estaba pidiendo.

Con evidente falta de entusiasmo, Wanda se aproximó a Bucky, iba a posar las manos alrededor de su cabeza, pero desistió de hacerlo en cuanto percibió la mirada de pocos amigos que él le otorgó.

—Ni siquiera lo intentes… —le advirtió.

Wanda padeció un tenue escalofrío al mirar de cerca la coloración azulina de los ojos de James, la rudeza que exhibían y la intimidación que lograban generar en cualquier persona no la dejaron indiferente.

No supo los motivos, pero de pronto se sintió avergonzada.

—Lo siento, Steve, si él no quiere no haré nada.

Steve la observó con fijeza y seriedad, estaba tan adusto y cabreado que ni siquiera podía disimularlo.

—Necesito comprobar que no esté mintiendo —refutó.

La joven iba a responder, pero Bucky se le adelantó.

—¿Acaso mis palabras no son suficiente? ¿O es que ya no confías en mí?

—Wanda, hazlo —repitió, mientras ignoraba los alegatos del castaño.

—¿Exponer mi mente a los poderes de esa niña te parece una jugada muy acertada?

Sin saber exactamente por qué, algo se activó en su cerebro cuando se refirió a ella con aquel despectivo «niña». No era precisamente una ofensa, pero por la forma en que lo dijo, la chica simplemente sentía que no debía tolerarlo.

—Vuelve a llamarme niña y juro que dejaré de ser tan considerada…

Bucky soltó una pequeña carcajada sarcástica en tanto la miraba.

—Una niña que tiene miedo de sus propios poderes nunca va a intimidar a nadie.

Wanda abrió sus ojos desmesuradamente, aquellas palabras le habían provocado un impacto emocional difícil de explicar. De pronto a James le pareció estar viendo a la persona más vulnerable del mundo, incluso por un segundo llegó a sentirse culpable, pero aquel sentimiento se fue tan rápido como llegó, pues en cuanto ella arqueó una ceja y le miró desafiante, supo que recibiría una réplica agresiva de su parte.

—Sí, tal vez tienes cierta cuota de razón. Tengo miedo de mis propias capacidades y no sé manejar todas mis habilidades a la perfección, pero de todas maneras, podría hacerte trizas sin siquiera tocarte.

—¡Suficiente, basta! —exclamó Steve. Lo que menos necesitaba en esos momentos era que esos dos comenzaran a pelearse—. Está bien, Bucky. Wanda no entrará en tu mente, pero no te moverás de aquí hasta que haya escuchado la versión de Natasha.

—Haz lo que quieras —espetó Barnes.

Wanda se aproximó a Steve, lo miró con preocupación y demandó su atención mientas lo tomaba de un brazo.

—Supongo que no pensarás dejarme a solas con él…

—Lo siento, pero tengo que ir al hospital, necesito ver a Natasha y conversar con ella. Sé que puedes con esto. —La chica negó con la cabeza, no podía creer que Steve estuviese hablando en serio—. Solo asegúrate de que no se mueva de aquí.

—¿Podrías dejar de hablar como si yo no estuviese presente? —se quejó Bucky.

En respuesta y con gesto inquebrantable, Steve le lanzó una mirada amenazante.

—Si a mi regreso Wanda tiene un rasguño, ten por seguro que olvidaré que eres mi mejor amigo. —Tomó un llavero que permanecía colgado en la pared y rápidamente lo guardó en un bolsillo de su chaqueta—. Si Sam regresa, díganle que tomé prestado su auto.

Se encontraba dispuesto a salir de la vivienda, pero volteó una vez más hacia el lugar en donde estaba su amigo.

»No hagas nada estúpido hasta que regrese.

Ante esa última advertencia, Bucky no pudo evitar sonreír con ironía.

Hace setenta años, cuando Steve no dejaba de meterse en problemas, él mismo era quien solía dedicarle esa frase.

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Natasha estaba harta. Clint no había parado de atosigarla con múltiples preguntas, no terminaba de contestar a una de sus interrogantes cuando el arquero ya estaba iniciando una nueva pregunta, parecía un insoportable infante de seis años. La insistente curiosidad de su compañero llegó a un punto insostenible, tanto así que la pelirroja se sintió incapaz de evadirlo por más tiempo, pues en medio de una jaqueca y un arrebato, terminó confesando el pasado que compartía con Bucky, hecho que por supuesto, tenía a su amigo más que consternado.

—¿Por qué nunca me dijiste que tú y Bucky…? Bueno, que él y tú… —Trató de hacerse entender con un gesto de manos, pero la espía en respuesta simplemente se limitó a alzar ambas cejas. Clint rodó los ojos con fastidio—. Aghhh… no te hagas la desentendida, sabes perfectamente bien a lo que me estoy refiriendo.

—¿Quieres saber por qué no te conté que me acosté con él? ¿También quieres que te confiese con quién fue mi primera vez y que te haga un listado con todos los hombres con quienes me he involucrado? —refutó con sorna—. Yo ni siquiera te pregunté en qué motel te revolcaste con Bobbi Morse cuando me enteré que habían sido más que amigos.

Clint la fulminó con la mirada.

—No se trata de eso, Nat. No quiero saber cómo es Bucky en la cama, ni que nos pongamos a charlar de nuestras experiencias sexuales, solo deseo saber por qué jamás le dijiste a nadie que le conocías de antes y que encima de todo habían tenido una relación.

—Porque no creí que fuese necesario. Ocurrió hace años y él ni siquiera lo recuerda.

—¿Y el plan? No contarnos sobre eso es una de las cosas más estúpidas que has hecho en el último tiempo. —Natasha se sintió ligeramente culpable, tal vez sí debió decirle a Clint sobre sus planes. Después de todo, no tenía motivos para desconfiar de él, ese hombre era la persona más incondicional que conocía y haberle ocultado la verdad no la había beneficiado en lo más mínimo. Barton notó el semblante aquejumbrado de su amiga, estaba seguro de que en esos momentos debía estarse sintiendo verdaderamente culpable. Relajó su expresión en tanto tomaba una de las manos de la chica y le regalaba un efímero apretón, no podía enfadarse con ella, quería a su amiga con todas sus virtudes y también con todos sus defectos, además, no tenía derecho a juzgarle—. Por cierto… tienes mucha suerte de tener un amigo con tu mismo grupo sanguíneo.

La pelirroja le sonrió con cariño.

—Gracias por eso… te debo una más.

—Uhm… disculpen —musitó Sam, interrumpiendo en la estancia—. No quiero arruinar su conversación, pero Steve acaba de llegar y quiere verte, Nat.

El estómago de Natasha se contrajo automáticamente. A pesar de haber estado dispuesta a enfrentarse a Steve, ahora ya no se sentía preparada para verlo y mucho menos para sostener una charla con él.

Cerró los ojos con fuerza.

Cuando se trataba de Steve Rogers, era totalmente ridícula.

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Era una estancia lo suficientemente grande como para que ellos la hicieran sentir aún más extensa con la incómoda indiferencia que se estaban dedicando. Wanda ni siquiera se molestaba en mirarlo, aunque más bien, estaba procurando no hacerlo. Aún se sentía enfadada por la forma apática en que la había tratado, ella en ningún momento fue descortés con él, sin mencionar que le había salvado de una golpiza en más de una ocasión. Simplemente no podía entender el motivo de su antipática actitud, incluso estaba comenzando a arrepentirse de haber interrumpido el ataque de T'Challa en aquel aeropuerto. Detuvo sus pensamientos tan rápido cómo los fue asimilando, no podía ser tan inmadura y poco empática. No sabía en grandes detalles la historia de Bucky, pero no necesitaba que le explicasen con lujo de detalles que le habían lastimado durante muchísimos años, su mirada fría y su permanente actitud desconfiada, eran señales bastante claras. A final de cuentas, que ese hombre estuviese a la defensiva, no debía sorprenderle.

Se sintió observada y por inercia enfocó su propia vista sobre aquellos ojos azules que parecían empecinados en mirarla. Le sostuvo el contacto visual durante algunos segundos, pero no fue capaz de extender eso por más tiempo y con pesar terminó desviando sus pupilas en otra dirección.

Tenía sentimientos encontrados. A una parte de su cerebro le encantaba que la estuviese viendo de esa forma, pero la otra parte pensaba totalmente diferente, pues solo tenía deseos de dedicarle un comentario agresivo para que detuviese esa especie de acoso visual.

—No es necesario que estés aquí —afirmó, rompiendo finalmente el incómodo silencio que les rodeaba. La castaña le miró de reojo—, no voy a fugarme…

Wanda se cruzó de brazos, comenzaba a sentir frío, tuvo el ligero impulso de orientar sus pasos hacia su habitación y coger un suéter, pero se arrepintió de inmediato. No pensaba arriesgarse a dejarle solo, no era tan estúpida como para creer en sus falsas palabras de niño bueno. Estaba segura de que en cuanto Bucky tuviese una mínima oportunidad de escape, la aprovecharía sin chistar.

—Oye… —La muchacha le miró cabreada. No entendía por qué diablos le seguía hablando—, en serio, no voy a escaparme.

—Bueno, considerando la forma en que me trataste hace un rato, prefiero no arriesgarme.

Había algo que Bucky no había perdido de su antiguo yo, y eso era saber interpretar las actitudes de una mujer. Sus múltiples citas de una noche y más de siete noviazgos fallidos le habían otorgado la experiencia necesaria. Si una mujer estaba enfadada, la mejor opción era dejarla en paz, pues cualquier silaba que saliera de sus labios sería como echarle más leña al fuego, y honestamente, estaba demasiado cansado como para ponerse a discutir con esa chiquilla.

Sin poder ocultar su fastidio y bajo un gesto repleto de estrés, James deslizó una mano por medio de su melena castaña. Durante algunos segundos cerró los ojos y trató de entender cómo demonios había llegado a eso. Hace unos cuantos días estaba en paz y ahora se encontraba metido en un lío de proporciones considerables. No es como si no le correspondiese intervenir en asuntos que implicasen acabar con Hydra, pero realmente, no esperaba que su llegada tuviese un recibimiento tan hostil por parte de Steve, jamás lo había visto así de desconfiado y posesivo. La forma en que le arrebató a Natasha de los brazos definitivamente escondía algo.

Se levantó del sofá en el que había estado sentado y caminó hacia el ventanal más cercano. Wanda enfocó sus orbes verdes sobre la espalda del soldado y le miró curiosa. Bucky comenzó a pensar en las diversas evidencias que él y la espía habían logrado recolectar, la mayoría eran documentos importantes, habían cogido los que más necesitaban, pero en el preciso momento en que la pelirroja recibió aquel ataque, algo había salido mal.

—Mierda… —masculló, tomándose la cabeza con preocupación. No habían cogido la carpeta más importante, estaba seguro.

Al verle tan afligido, la joven también se levantó de su asiento y dirigió sus pasos hacia donde él estaba.

—¿Qué te pasa?

—Tengo que irme...

Desesperado por conseguir esos malditos documentos que faltaban, Bucky comenzó a dirigirse hacia la puerta, pero antes de que pudiese llegar a esta, la chica le bloqueó el paso exitosamente. Con evidente enfado, juntó el entrecejo, no estaba de humor para perder su tiempo con semejante estupidez.

—No voy a dejar que salgas, lo siento.

—Apártate o te quitaré yo mismo de ahí —le advirtió, acercándose de manera amenazante.

Wanda no se movió un centímetro y permaneció inexorable ante la puerta.

—Atrévete a intentar moverme de aquí y verás las consecuencias.

—Niña… escucha —sorpresivamente la cogió por ambos brazos y ella no pudo evitar estremecerse ante el contacto—; si Hydra conserva esa información, todos estaremos jodidos. Iré por esos documentos y regresaré lo más pronto posible, te lo prometo.

Tomando consciencia de su actitud y de lo troglodita que estaba siendo, poco a poco la fue liberando del agarre. Ni siquiera se había percatado de que la estaba sosteniendo de esa forma.

—Olvídalo, Barnes.

—Steve ni siquiera notará que salí. Por favor… —Wanda no pudo evitar sorprenderse, incluso llegó a conmoverse. Bucky debía encontrarse muy desesperado para llegar a ese extremo y rogarle con tanta insistencia—, no quiero tener que escaparme.

—Está bien —accedió, sin estar muy segura de sus palabras. James esbozó una sonrisa pequeña, pero en su rostro, aquel gesto duró muy poco—. Sin embargo, no voy a permitir por ningún motivo que vayas solo. Te acompañaré.

Aquello claramente no le agradó. Negó con la cabeza y con un gesto rotundo le dejó en claro que eso no iba a ocurrir. Si a esa niña llegaba a pasarle algo, Steve era capaz de asesinarlo.

—No… definitivamente no.

—Es la única opción que puedo darte.

—Escucha, Maximoff, no estoy aquí para actuar de niñero, además, prefiero trabajar solo…

Dicha respuesta hizo que Wanda soltará una pequeña y corta risa burlesca.

—Es extraño que digas eso —comenzó, mientras le sonreía con sátira—, trabajaste junto a Natasha durante varios días y no pareció molestarte.

Borró la sonrisa sarcástica de su rostro en cuanto se percató de que Bucky comenzó a reducir la distancia que los separaba. Wanda sintió su corazón agitarse en medio de su pecho. Lo miró con timidez y él respondió a eso con una mirada altanera. Se aproximó tanto hacia ella, que Wanda no tuvo más opciones que pegar su espalda a la puerta. Estaba nerviosa, muy nerviosa y detestaba con toda su alma que él pudiera notarlo.

Porque claramente lo estaba disfrutando.

—¿Qué es esto? —le preguntó, inquisitivo—. ¿Una escena de celos?

Sentía la calidez que emanaba de su cuerpo y aquello no la ayudaba a concentrarse.

—No voy a repetírtelo —alzó una mano, la posó delante de su rostro y dejó que un poco de su poder escarlata le rodease algunos dedos. Sabía que esa era la única forma de intimidarlo, y por suerte funcionó. Bucky, por modo reflejo, se alejó. La chica podía ser inexperta y nerviosa en muchos aspectos, pero era poderosa, y él no podía ignorar eso—, o voy contigo o simplemente no vas a ninguna parte.

Maldijo por lo bajo.

—¿Hay alguna posibilidad de que cambies de opinión?

—No, no la hay.

—Entonces muévete, Maximoff. No pretenderás ir vestida así, ¿no?

Confundida, frunció el ceño. Bajó la mirada hacia el resto de su cuerpo y trató de entender qué andaba mal con su ropa. No entendía a qué se refería.

—¿Cuál es el problema? —indagó.

Bucky enfocó sus ojos sobre la falda negra que Wanda estaba utilizando, la prenda alcanzaba a cubrirle un poco más de la mitad de sus blanquecinos muslos, para él, la vista era bastante agradable, pero para ella sería muy incómodo viajar en una motocicleta utilizando esa clase de vestimenta. La mirada que el castaño le otorgó no fue para nada disimulada, eso la hizo enfadar y al mismo tiempo, le fue inevitable no ruborizarse.

—Iremos en la moto de Steve, necesitamos ir rápido —le explicó.

—No importa, nadie estará mirándome ¿o sí?

Ahora fue él quien se sintió ligeramente contrariado.

—No, supongo que no… —«Solo yo» pensó de inmediato.

—Entonces vámonos ya —decretó, abriendo la puerta.


N/A: El fic también se publica en mi perfil de Wattpad. Me encuentran como Ary_Lee.