Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Marvel & Disney ©. No tengo fines de lucro.
N/A: Mientras escribía este capítulo escuché todo el tiempo la canción "Do I Wanna Know" de Arctic Monkeys, lo pongo sólo por si alguien la quiere oír. Es que es genial y siento que pega con las parejas del fic.
Capítulo lll: No puedo dejar de pensar en ti
En cuanto Bucky se subió a la motocicleta, Wanda sintió serios deseos de regresar a la vivienda y no acompañarlo a ninguna parte. No es que fuese una cobarde o tuviese miedo de ir con él, por el contrario, sentía muchísimas ganas de aportar con la investigación y ayudarle a encontrar aquellos documentos; pero en esos momentos, su mente se encontraba plagada de dudas e inseguridades.
El castaño le dedicó una mirada cargada de impaciencia, se suponía que debían ir rápido, el plan era regresar antes de que Steve lo hiciera, y a ese paso, claramente no iban a conseguirlo. Al menos no mientras esa chica permaneciera inmóvil y sin intenciones de reaccionar.
Intentando no perder la paciencia, Bucky se bajó de la moto y caminó un par de pasos hacia ella.
—¿Qué pasa? —le preguntó, cauteloso. Wanda le miró con distracción—. ¿Te da miedo ir en moto?
Sus orbes verdes observaron la motocicleta y luego se posaron sobre él. «Miedo» no era precisamente lo que estaba experimentando.
—Claro que no... es que, tengo frío —se excusó, mientras trataba de oírse tranquila—, eso es todo.
—Te dije que te cambiaras de ropa. —Ese comentario hizo que la joven rodase los ojos. Simplemente detestaba que tuviese razón—. ¿Por qué no vas por un suéter?
—Porque no pienso arriesgarme a que tengas alguna oportunidad de huir —refutó, haciendo que ahora fuese Bucky quien entornase los ojos. Comenzaba a molestarle la excesiva desconfianza que demostraba hacia él—. No gracias, no soy tan ingenua.
—Deja de decir tantas tonterías. Si quisiera escaparme lo hubiese hecho hace bastante rato. — La Bruja Escarlata sabía que aquello era cierto, pero no pensaba reconocerlo en voz alta—. ¿Irás por el maldito suéter o no?
—Ya te dije que no pienso arriesgarme a dejarte solo. No entiendo por qué insistentes tanto.
No sabía si reír o mandarla al diablo. Esa niña estaba colmando su paciencia como muy pocas personas podían hacerlo, ¿qué parte de «necesitamos ir rápido» no había logrado entender?
—A mí me da igual, la que sentirá frío serás tú, no yo —respondió, sin darle demasiada importancia. La chica le lanzó una mirada penetrante que no disimulaba en lo absoluto su molestia. Decidió ignorarla en tanto se subía a la Harley-Davidson y tomaba asiento sobre esta. Wanda fingió indiferencia, pero en el fondo, comenzaba a cuestionarse si era normal que alguien se pudiera ver tan imponente y atractivo con el simple hecho de tener una motocicleta entre las piernas—. ¿Podrías subirte para que terminemos con esto pronto?
Aquella oración la sacó abruptamente de sus pensamientos. Sin contestarle nada, la muchacha se aproximó hacia la motocicleta y con cierto nerviosismo recibió el casco que James le estaba entregando. Jamás entendería por qué había decidido acompañarle, pero sinceramente, eso ya daba igual, era demasiado tarde para arrepentirse.
Colocó el casco encima de su cabeza y tomó asiento tras él.
Mientras se debatía mentalmente en dónde se suponía que debía apoyar sus manos, la motocicleta manifestó un estridente rugido de motor. Wanda dio un brinco pequeño y por inercia quiso afirmarse de su torso, pero inmediatamente desistió de hacerlo. Sentía que si osaba tocarlo, él terminaría alejándola de un solo manotazo.
Y, en realidad, no creía ser capaz de soportar algo como eso.
El soldado volteó ligeramente el rostro hacia ella.
» Sostente bien... —le indicó.
A pesar del potente ruido que emitía el motor, la joven pudo oírle con absoluta claridad. Llevó sus manos hacia la parte trasera de su asiento y con decisión se aferró a ese pequeño espacio. No pensaba agarrarse de su abdomen, eso era un hecho.
—Solo vámonos —respondió con agobio. Esa situación le estaba costando más trabajo del que pudo imaginar.
Sin poder evitarlo y mientras posaba su mirada al frente, Bucky esbozó una sonrisa disimulada. No necesitaba ser demasiado observador para percatarse de que su presencia inquietaba a esa chiquilla. No era novedad que las personas se desconcertasen al tenerle cerca, eso hasta cierto punto era normal y comprensible, pero el nerviosismo que Wanda manifestaba hacia él, se percibía muy distinto al que la gente solía demostrarle. Con ella no se sentía como un ser que inspirase terror y rechazo, con ella se sentía contradictoriamente cómodo.
Y no podía negar que aquello estaba comenzando a gustarle.
Enfocó la vista sobre el manubrio y una inusual, pero atractiva idea vino a su mente...
Puso la moto en marcha y aceleró con brusquedad. Eso provocó que la joven perdiera el equilibrio y no tuviese más opciones que sostenerse de él. Sonrió complacido, la fémina había reaccionado tal cual como lo esperó y ahora se aferraba a su torso como si la vida se le fuese en ello. Wanda estuvo a escasos segundos de quitar sus brazos de ahí y disculparse por tal torpeza, pero al notar que a Bucky parecía no molestarle en lo más mínimo, optó por quedarse en aquella posición.
Apretó los labios sin saber por qué de pronto se encontraba tan plena, era extraño, pero su cuerpo y el de James calzaran como dos piezas perfectas.
Sin que pudiese evitarlo, su temperatura corporal comenzó a elevarse. No entendía qué le ocurría a sus manos, sentía que sus palmas estaban ardiendo, no literalmente, pero el hecho de rozar el cuerpo de Bucky con ellas, hacía que sintiera que tuviese antorchas en lugar de dedos. Estaba segura que ni siquiera el suéter que tanto deseó colocarse le habría proporcionado semejante calidez.
Tragó saliva y agradeció que él no pudiese ver su rostro. Sus mejillas se encontraban más sonrojadas que cuando tuvo el atrevimiento de arrinconarla contra la puerta.
El castaño pudo notar como la joven destensaba sus brazos y con ello asumió que ya no se sentía tan nerviosa, después de todo, su plan sí había dado resultados exitosos.
Con el leve tacto de sus manos, Wanda pudo percibir la firmeza del abdomen de su acompañante, podía apreciar sin problema alguno sus músculos y la sensación comenzaba a desconcertarla. Estaba dejando ir ese deleite demasiado lejos. Sacudió su cabeza y solo procuró concentrarse en obtener esos documentos, aquello era lo único que debía importarle.
.
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—Hola, Nat...
Lo vio ingresar en la habitación y eso bastó para que su mundo se detuviese.
Steve no era un hombre vanidoso, pero parecía esforzarse por verse como un modelo de Hugo Boss, portaba una camiseta blanca y simple, pero la prenda se ajustaba de manera casi irreal a la perfección de su cuerpo. Su cabello rubio estaba un poco más largo que de costumbre, pero seguía conservando la esencia de aquel corte varonil que siempre solía caracterizarle.
En realidad, continuaba siendo tan guapo como lo recordaba y, en cierto modo, la perfección de Steve le era dolorosa.
Dolía saber que jamás sería suyo.
» Me alegra verte bien —añadió, aproximándose hacia la cama.
Natasha se vio obligada a tener que abandonar sus cavilaciones, debía regresar a la realidad, esa en donde sólo existían problemas y preocupaciones.
Respondió a su saludo esbozando una sonrisa, pero Steve no le regresó el gesto, tampoco manifestó intenciones de abrazarla o darle un pequeño beso sobre la mejilla, no hubo nada de eso.
Solo su rostro serio y demandante. Era evidente que estaba esperando una explicación.
—Steve, sé que estás enfadado y que te debo muchas explicaciones, pero...
—No estoy enfadado —la interrumpió, en tanto tomaba asiento sobre la única silla que estaba a un lado de su cama—, más bien, diría que me siento confundido y un poco decepcionado.
—Lo sé y me siento pésimo por haberte mentido.
—A veces pienso que no lo lamentas y que más de la mitad de las cosas que dices son falsas.
Era experta en disimular sus emociones, así que procuró no dejarlas salir a flote. Podía encontrarse emocionalmente hecha trizas, pero nunca permitiría que alguien la viese débil, mucho menos Steve. Se limitó a observarlo fijamente, simuló estar tranquila y absolutamente indiferente ante lo que él acababa de decir. Pero en su interior, sentía que mil cuchillas perforaban su pecho.
Ni siquiera el impacto de bala sobre su pierna había dolido tanto como esas palabras. Steve acababa de retorcerle las entrañas de manera cruel y desgarradora.
—Es cierto, sé que en esta ocasión no fui honesta, pero no me dejaste muchas opciones, fuiste bastante claro cuando dijiste que mi plan era poco efectivo y que no pretendías respaldarlo. Si yo no te hubiese mentido, nos habríamos quedado de brazos cruzados y no tendríamos nada de lo que ahora tenemos.
—¿Y qué se supone que tenemos? —preguntó, manteniendo cierto ápice de ironía en la voz—. Porque yo solo veo una herida de bala en tu pierna y nuestra confianza hecha añicos.
—Tenemos progresos, Steve. Tenemos pruebas y diversas evidencias para demostrar que...
—¿Y a qué precio, Natasha? —La pelirroja le miró con enfado. Con esa ya eran dos veces que le interrumpía—. ¿Estás diciendo que arriesgaste tu vida y la de Bucky por conseguir unos simples papeles?
—Son más que simples papeles, Rogers... son pruebas.
—Necesitamos más que simples pruebas para enfrentarnos al gobierno y tú sabes eso mejor que yo.
—Bueno, al menos en mi defensa puedo decir que he hecho algo.
Steve le miró levemente ofendido, la conocía perfectamente bien y entendía que ese comentario era una indirecta para él. Natasha se arrepintió de haber dicho eso, pero su orgullo era demasiado grande para ofrecerle una disculpa. Así que tan sólo se quedó en silencio y esperó que fuese Steve quien retomase el curso normal de la charla.
Por suerte así fue.
—Entonces... ¿debo asumir que fuiste hasta Wakanda con el único propósito de despertar a Bucky para que te ayudase a recolectar pruebas?
—Exactamente.
Con cada palabra la tensión aumentaba. Romanoff temía que esa charla terminase de manera abrupta y poco amistosa, pero todo parecía indicar que las cosas ocurrirían precisamente de ese modo.
El soldado sonrió de medio lado, como si acabase de recordar algo gracioso. Se pasó una mano por el rostro y luego enfocó sus ojos azules sobre las pupilas de Natasha. Tenía una expresión que a la espía no le agradaba en lo más mínimo.
—Tú definitivamente crees que sigo siendo el mismo idiota que conociste hace un par de años, ¿verdad?
Natasha frunció el ceño, ella en ningún momento pensó algo como eso.
—No, yo...
—¡Basta de mentiras, Romanoff! —Se puso de pie, haciendo que Natasha le mirase con impacto. La pelirroja claramente no esperaba que él reaccionase de ese modo—. Dime de una maldita vez, ¿por qué de todos los habitantes del planeta, tenías que recurrir precisamente a mi amigo?
Claro. Era eso.
Bucky...
Tragó en seco. No podía explicarle que lo conocía de antes —al menos no ahora—, eso sería poner en riesgo el transcurso de sus planes y, aunque ya no quería mentirle a Steve, no estaba dispuesta a lanzar por la borda todos sus progresos.
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Minimizó la velocidad de la moto y se detuvo frente a las instalaciones de un edificio en ruinas. Por fuera, aquella infraestructura octogenaria simulaba ser una inofensiva fábrica abandonada, rondaban varios rumores e historias urbanas sobre el sitio, se decía que habían asesinado a los trabajadores ahí dentro y que sus espíritus deambulaban por los pasillos. En realidad, se decían muchas estupideces que conseguían mantener a las personas bastante alejadas. Hydra se había encargado personalmente de hacer que dicho lugar tuviese una reputación como esa, de aquel modo evitaban estar expuestos, pues disminuían considerablemente las posibilidades de que las personas descubriesen que ahí se encontraba oculta una de sus flamantes bases.
—Ya llegamos... —musitó, apoyando un pie sobre el suelo para mantener la motocicleta en equilibrio.
—¿En serio es aquí? —preguntó, incrédula.
—Sí... —contestó, viéndole de soslayo. Descendió la mirada en dirección a su abdomen y comprobó que las manos de la chica aún continuaban aferradas a dicha zona de su cuerpo. Tuvo el impulso de quitársela de encima, pero el contacto de sus manos se percibía demasiado agradable. Carraspeó incómodo, no por la cercanía de la castaña, se sentía incómodo con las sensaciones que esa niña estaba comenzando a provocarle—. Ya puedes bajarte.
—Lo sé... —siseó, con la vista perdida en el edificio que estaba en frente de ambos.
—Lo decía porque ya no es necesario que estés tan cerca.
Wanda abrió los ojos de par en par y se alejó de él tan pronto como pudo.
—Lo siento —se disculpó, en tanto descendía de la motocicleta.
¿Por qué rayos se había disculpado?
Sus movimientos eran torpes y descoordinados, no supo cómo pudo bajarse de la moto ni cómo demonios se quitó el casco sin que este resbalase de sus temblorosos dedos. Lo dejó encima del asiento y agradeció que Bucky no dijera nada al respecto.
En silencio, los dos comenzaron a caminar rumbo a la fábrica. Wanda se limitó a seguir los pasos del soldado sin poder apartar de su mente aquella molesta sensación de bochorno. No entendía qué diantres andaba mal con ella, quería pensar cualquier cosa, menos que sus nervios se debían a que James iba muy cerca de su cuerpo.
Bucky usó su brazo metálico para romper el pomo de una puerta, consiguió abrirla sin problema alguno y dejó un pequeño espacio para que ella entrase primero. La castaña no supo cómo interpretar dicho gesto, ¿era galantería o la estaba usando de carnada?
No, definitivamente no podía ser la segunda opción. Él y Natasha habían desmantelado el lugar, así que ahí dentro no había nadie más que ellos.
No tenía por qué preocuparse...
O de hecho sí, debía preocuparse... debía hacerlo porque él acababa de tener un pequeño gesto de cortesía hacia su persona y no sabía cómo se suponía que debía reaccionar frente a eso.
Wanda dejó de pensar en ello, mientras miraba horrorizada hacia el piso, estaba repleto de cadáveres y charcos de sangre. Miró al soldado y no pudo evitar desconcertarse al ver como este pasaba por encima de aquellos muertos sin inmutarse en lo más mínimo.
Se adentraron a un pasillo con varias estancias de mantención, algunas tenían muchísimas computadoras, otras contenían pilas de papeles y las del fondo simplemente estaban repletas de armas.
—¡Si se atreven a dar un maldito paso juro que haré explotar el lugar en mil pedazos!
Ambos giraron sobre sus talones y advirtieron a unos pocos metros de distancia, como la figura de un agente de Hydra comenzaba a caminar hacia ellos. El hombre sostenía en una de sus manos una especie de control —que de seguro servía para accionar un mecanismo de autodestrucción—. El sujeto se les arrimaba con pasos lentos y amenazaba con accionar aquel aparato en cualquier momento.
Wanda ni siquiera se molestó en comprobar si eso que estaba en su mano era un control o no lo era, simplemente dejó que sus ojos se tornasen rojos, lo miró con fijeza y en poco tiempo consiguió adentrarse a su mente. El tipo cayó de rodillas al suelo, acto seguido, dejó caer el control y se llevó ambas manos a la cabeza mientras gritaba de dolor.
Los ojos de la chica volvieron a su tonalidad verdosa, fijó la vista en su acompañante y en respuesta Bucky sencillamente la miró arqueando una de sus cejas.
—¿Qué le hiciste?
—Puse unas imágenes un poco perturbadoras en su mente.
—Creí que tenías que acercarte a las personas para entrar en sus mentes.
El individuo se quedó inerte y repentinamente dejó de gritar.
Ante eso, Wanda ni siquiera se inmutó y Bucky comenzó a comprender por qué razón la llamaban Bruja Escarlata.
—Hay muchas cosas que no sabes de mí —profirió, sin dejar de mirarle.
Eso era cierto. Habían muchísimas cosas que desconocía de ella, y se moría de ganas por preguntar cómo demonios había obtenido todas esas habilidades, pero ese, definitivamente no era momento para ponerse a platicar.
Se dirigió hacia la habitación que contenía varias estanterías con documentos, orientó su camino en una dirección específica y se detuvo frente al segundo estante. Rápidamente empezó a buscar el folder que necesitaban, era uno de color negro con el número cuatro impreso en la portada. O al menos esas eran las indicaciones y características que la pelirroja le había dado.
Revoloteó varias hojas, revisó muchas veces el mismo lugar, pero no encontró absolutamente nada.
Mierda...
Sin esos documentos estaban jodidos, ahí habían pruebas certeras de que Hydra manipuló múltiples situaciones para manchar el nombre de los Vengadores.
Suspiró con cansancio, probablemente ese tipo —que ahora yacía en el suelo—, sabía en dónde estaban esos documentos.
—Este imbécil escondió las pruebas —dijo, a medida en que se acercaba a Wanda—, porque no las encuentro en ninguna parte.
—Creí que tú y Natasha no habían dejado testigos.
—Yo también lo creí, pero me distraje cuando ella recibió esa bala, de seguro el tipo sacó provecho de eso para ocultar los documentos. Necesito hablar con él, quítale lo que sea que hayas puesto en su cabeza.
—¿Y si intenta atacarte?
Se maldijo internamente luego de haber dicho eso. No tenía por qué preocuparse por él, o al menos no debía ser tan obvia.
—Eso no es problema tuyo... sólo hazlo.
Wanda lo miró con reproche. Negó con la cabeza y dejó que una vez más sus ojos se tiñeron de color rojo. Ingresó en la mente del sujeto y se apresuró en quitar la tensión psicológica que le estaba atormentando.
En cuanto el hombre fue liberado del poder escarlata, quiso echarse a correr lejos, pero Bucky rápidamente le detuvo.
—¡Déjame! —gritó, intentando escaparse.
—¿En dónde dejaste los archivos de la sección cuatro?
—Jódete...
Le dio un puñetazo en el rostro y luego lo apoyó con tosquedad sobre un muro cercano.
—Te lo preguntaré una vez más... —advirtió, adusto—, ¿en dónde están los archivos de la sección cuatro?
—Vete a la mierda, soldado.
Comenzó a reírse en forma maníaca, su labio inferior sangraba a causa del golpe recibido y eso automáticamente lo hacía parecer un demente. Al ver como ese estúpido se burlaba, Bucky sintió muchísimas ganas de asesinarlo a puñetazos. Lo soltó con violencia y dejó que su cuerpo cayera estrepitosamente al suelo.
Matarlo tampoco era una opción, necesitaba que ese estúpido hablara.
—Mira... —Esta vez fue Wanda quien tomó la palabra—. No tenemos todo el día, podrías decirnos en dónde dejaste esos archivos.
—Aquí están, perra... —Con un vulgar gesto obsceno, el tipo se tomó descaradamente la entrepierna—, búscalos con tu boca.
Bucky no se contuvo más, lo levantó con brusquedad y volvió a dejarlo apoyado sobre aquel muro. Estaba a escasos segundos de darle la paliza que se merecía, pero Wanda le detuvo en tanto cogía su brazo.
—No, espera —él la miró con gesto interrogante—, deja que yo me encargue. Puedo defenderme sola.
Ni siquiera había accedido a dicha petición cuando notó como la muchacha juntaba un poco de energía en sus manos. No es que sintiera miedo de ella, pero su mecanismo de autodefensa le decía que debía alejarse, así que eso hizo. Se distanció un par de pasos y sin estar muy seguro, dejó que la joven se encargase de la situación.
Wanda aventó dicha energía directamente en la entrepierna de aquel hombre, quien inmediatamente comenzó a retorcerse en el piso, gritaba desesperado e intentaba aferrarse de cualquier parte para escapar de aquella tortura, pero nada parecía ayudarle.
El castaño enfocó sus ojos azules sobre Wanda y no pudo evitar sentir miedo. La expresión de su rostro era indescriptible, se veía enfadada y al mismo tiempo vulnerable, sus facciones eran una guerra constante entre inocencia y letalidad que no se dejaban lastimar por nada ni nadie. La niña poseía un poder inigualable y ni siquiera lo sabía. Podía hacer que cualquiera fuese un insecto indefenso y parecía no tomarle el peso.
Dejó que sus ojos se posaran sobre el miembro de Hydra y sintió lastima por él. El tipo era una basura y probablemente merecía un castigo así o mucho peor, pero en esos momentos, incluso se estaba compadeciendo de su dolor.
Tomó como nota mental no hacerla enfadar más de la cuenta.
Después de todo, no quería terminar igual que ese sujeto. Que por cierto, ya no se estaba moviendo.
» Vaya... creo que los archivos no están ahí —complementó, sin dejar de atacarle.
—Maximoff, basta...
Ante la orden de Bucky, Wanda detuvo su ataque. No se había percatado que el tipo había dejado de moverse hasta que James le dijo que se detuviera. Frunció el ceño, estaba segura de haber medido su fuerza, era técnicamente improbable que ese individuo estuviese muerto. Iba a comprobar el estado en que se encontraba, pero Bucky tiró de su brazo y la obligó a apartarse.
—Hazte a un lado... —masculló, enfadado.
El integrante de Hydra se encontraba tumbado boca abajo y todo parecía indicar que tenía las manos alrededor de su garganta. Notó que había una mancha de sangre bajo su cuerpo e inmediatamente decidió tomarle de un hombro para ver qué rayos le ocurría. En cuanto lo volteó y asumió lo que acababa de pasar, Bucky se apartó rápidamente de él.
Se había suicidado. Había cortado su propio cuello.
A medida en que agonizaba y daba unos pequeños espasmos, una cuchilla bañada en líquido vital resbaló desde la manga de su chaqueta. El tipo balbuceó el clásico «Hail Hydra» mientras brotaban grandes cantidades de sangre desde su yugular y boca.
Su cuerpo inerte y sin vida, quedó tendido ante los pies de ambos. Wanda reprimió una arcada llevándose una mano hacia los labios. Bucky simplemente comenzó a alejarse mientras espetaba varias groserías en el proceso. Acababan de cometer un error grave. Permitir que el muy miserable atentase contra su vida sólo iba a traerles problemas.
A final de cuentas y para desgracia de todos, ese hombre era la última oportunidad que tenían para saber en dónde diablos estaban esos condenados documentos.
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—Recurrí a Bucky, porque él conoce las bases de Hydra mejor que nadie, eso era una ventaja por sobre el enemigo que yo no podía desperdiciar. —Por la mirada que Steve le entregó, Natasha supo que no le había creído absolutamente nada. Puso los ojos en blanco, comenzaba a estresarse—. No sé qué más quieres que te diga, Steve.
—Tal vez podrías partir diciendo la verdad.
Ahora fue ella quien sonrió con sarcasmo.
—¿La verdad? ¿Quieres saber la verdad? —inquirió, irónica—. Bueno, la verdad es que mientras tú estabas jugando a la casita feliz junto a tu novia, yo estaba intentando hallar mil maneras de solucionar el lío en el que estamos involucrados. ¡Esa es la verdad!
—¿Quieres que te lo agradezca, que te felicite por eso, Natasha? —replicó, empleando exactamente el mismo tono de voz mordaz que ella le había dedicado—. ¡Felicidades! Te felicito por hacer que nuestro lío sea mil veces más complicado, gracias por desmantelar bases de Hydra y advertirle a todo el mundo que seguimos activos, gracias por despertar a mi amigo y hacer que se involucre en más problemas. ¡Ah! Y gracias por hacerme creer que estabas muerta cuando te vi en sus brazos repleta de sangre.
Natasha le miró sin saber qué responder, todas esas palabras acababan de noquearla.
—Lo hice por el bien de todo el grupo, sólo quiero que esta pesadilla se acabe... quiero que dejemos de ser fugitivos. Quiero que todo vuelva ser como antes.
Steve relajó sus facciones y volvió a sentarse en aquella silla. La miró durante algunos segundos y Natasha trató de no desconcentrarse con la intensidad de aquellos ojos azules, pero no pudo... las miradas de Steve a veces eran imposibles de evadir y también de interpretar, nunca podía saber qué estaba pensando, ni qué palabras diría a continuación. Solo sabía que en esos momentos, ella era su único centro de atención.
—Yo también quiero lo mismo, Nat... quiero que las cosas vuelvan a ser como antes, pero estoy harto —la pelirroja ladeó su cabeza, no comprendía a qué se refería. Steve lanzó un suspiro antes de continuar—, debería mandar todo al diablo, no involucrarme en más problemas y seguir una vida normal junto a Sharon.
Sintió como si alguien le estrujase el corazón... sentía que ya no bombeaba sangre, sentía que estaba absolutamente seco.
No podía creer que Steve Rogers estuviese diciendo algo así... no podía creer que deseara mandar todo al diablo con tal de estar junto a Sharon.
Apretó los puños con fuerza. Tenía deseos de levantarse de esa maldita cama, precipitarse hacia él para besarlo y luego abofetearlo. Todo a la vez...
Steve mezclaba sus sentimientos como nadie podía hacerlo y comenzaba a detestarlo por eso.
Deslizó una mano por su melena pelirroja, tenía que calmarse. Sus celos no iban a conducirla a nada favorable.
«Al demonio... » Pensó, decidida.
Así como él estaba harto, ella también lo estaba. Y no pensaba callarse.
—Entonces, ¿por qué no coges a Sharon y te largas con ella?
—Sabes muy bien por qué no lo hago.
—¡No, no lo sé!
—¡Por ti! —espetó, haciendo que un silencio sepulcral se posase en medio de la estancia. Ambos se miraron a los ojos durante un largo rato—. Si no hago eso, es precisamente por ti.
Natasha jamás espero recibir esa respuesta y Steve jamás pensó que sería capaz de decírsela.
Por primera vez en mucho tiempo, tanto él como ella, creían que podían hablar sin la necesidad de fingir que no se sentían atraídos por el otro. Podían dejar fluir libremente esa química especial que compartían y la sensación se percibía delirante.
Para sorpresa de Natasha, Steve se animó a retomar el dialogo antes de que ella lo hiciera.
» Nat... —El capitán le tomó una mano y ella sintió que automáticamente sus huesos se transformaban en mantequilla derretida—, no importa cuántas veces me mientas o me utilices a tu antojo, de todas formas siempre estaré dispuesto a quedarme a tu lado... Incluso si estoy harto o ya no tengo fuerzas para levantarme. Estar contigo es suficiente para mí.
Antes de que la espía pudiese responder algo, la puerta del cuarto se abrió abruptamente. Steve rompió el contacto de sus manos tan rápido como pudo y temiendo que la recién llegada fuese Sharon, los dos dirigieron su mirada hacia la entrada de la estancia.
Pero para suerte de ambos, sólo se trataba de una enfermera.
—El horario de visitas acaba de terminarse —avisó.
—Saldré de inmediato —respondió Steve.
La mujer asintió con la cabeza y volvió a desaparecer tras la puerta.
—Steve...
—Pronto hablaremos, Nat... —La rusa iba a decirle que estaba cansada de que la interrumpiese todo el tiempo, pero se olvidó de aquello en cuanto Steve depositó un beso encima de su frente—. Descansa.
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En cuanto regresaron, dejaron la motocicleta en la cochera y se apresuraron en ingresar al interior de la vivienda.
Bastó con que Bucky abriera la puerta para que sus rostros empalidecieran por completo.
Tanto Sam como Steve les esperaban dentro, y ambos se veían enfadados.
James fue el primero en entrar, ella dudó un poco, pero finalmente se animó a seguirlo. Cerró la puerta tras de sí y tardó bastante tiempo en hacer eso, como si ese pequeño lapsus de segundos le ayudase a crear una buena excusa para justificar aquello que acababan de hacer. Sin embargo, antes de que pudiese si quiera abrir la boca, Sam se abalanzó como perro rabioso sobre Bucky.
Las intenciones del moreno eran claramente violentas, así que Wanda no dudó en posicionarse en medio de ambos.
—Voy a darte la paliza que hace mucho tiempo estoy deseando darte... —farfulló, mientras intentaba alcanzarlo con sus manos—. Wanda no está sola, ¿entiendes?
—¿De qué demonios hablas? Bucky no me hizo nada...
Tras el hombro de la castaña, James alzó una ceja y le miró con indiferencia, casi con burla. Cosa que obviamente sólo consiguió incrementar el coraje de Sam.
—¡Hey, hey... detente! —Wanda y Steve trataban de alejarlo de Bucky, detenían sus puños y patadas como podían, pero Falcon parecía empecinado en querer golpearlo—. ¡Basta, Sam!
Ante la orden del capitán, Sam se detuvo y decidió alejarse de Barnes, aunque no sin antes dedicarle un vistazo fulminante. Gesto que el castaño obviamente no se molestó en responder.
» ¿En dónde estaban? —Preguntó el rubio.
No esperó a que los ánimos se calmasen ni mucho menos a que Wanda y Bucky pudiesen relajarse... Steve simplemente fue al grano. Estaba tan fastidiado como Sam y no deseaba esperar más tiempo, necesitaba escuchar una explicación lógica ahora mismo.
—Estábamos en una base de Hydra —explicó Bucky—. Romanoff y yo olvidamos unos documentos importantes.
—Y... yo lo acompañé —intervino Wanda—, no quise arriesgarme a que no regresara. Eso fue todo.
—¿Y los documentos? —inquirió, confundido—. ¿En dónde están?
—No tengo idea —respondió James. Eso provocó que Sam y Steve le mirasen perplejos—. Encontramos a un soldado de Hydra con vida, pero antes de respondernos cualquier cosa, el muy maldito se suicidó.
Todos sabían que eso sólo podía significar una cosa:
Problemas.
A medida en que enfocaba sus ojos sobre Steve, Sam suspiró.
—Lamento decir esto, cap, pero... creo que Nat tiene razón. Tenemos que empezar a movernos o estos malditos van a empezar a expandirse de nuevo.
—Lo sé...
.
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Una semanas después...
Steve se alejó de la sala principal y orientó sus pasos hacia la pequeña terraza de la vivienda.
Sus amigos festejaban el regreso de Natasha, la pelirroja finalmente había conseguido salir del hospital, solo debía mantener reposo por unos cuantos días más y sostener especial cuidado con la herida de su pierna. Por suerte, la lesión no resultó ser tan grave y ella prontamente podría volver a moverse con absoluta normalidad.
Eso le tranquilizaba, pero al mismo tiempo le preocupaba.
Desde que sostuvieron esa charla en la que, literalmente se dijeron de todo, Steve no la había vuelto a ver. No porque no tuviese ganas ni tiempo de hacerlo, simplemente optó por mantenerse lejos durante algunos días. Después de todo, prácticamente le había confesado sus sentimientos y, a su criterio, eso no era algo que pudiese tomarse a la ligera. Sin mencionar que se sentía como un desgraciado cada vez que miraba a Sharon. Ella no merecía que le estuviese haciendo eso.
El hecho de que Natasha ahora viviese en la misma casa lo ponía inmensamente feliz, pero también lo llenaba de inseguridad y conflictos.
Lo que menos deseaba era confundirse respecto a sus emociones, tenía suficientes problemas con Bucky, el gobierno y Hydra como para encima no saber qué hacer respecto a su vida amorosa.
Pero eso debió pensarlo antes... mucho antes de involucrarse con Sharon.
A final de cuentas, Natasha nunca había salido de su cabeza.
Soltó el aire con pesadez y se dejó caer sobre una silla. Escuchó como el grupo se divertía en el interior de la vivienda y eso sólo lo hizo sentir mucho peor.
No soportaba estar dentro, con Sharon y Natasha en el mismo sitio. Simplemente no podía.
Quería que la noche acabase pronto.
—¿Todavía estás enfadado conmigo?
Alzó el rostro y sus ojos rápidamente se encontraron con los verdes de Natasha. Tragó saliva. Ella era demasiado observadora como para no haber notado su ausencia.
—No... ya no estoy enfadado —intentó no parecer nervioso o algo por el estilo, pero en el fondo, Steve sabía que Natasha podía captar su desasosiego. La pelirroja sólo se limitó a tomar asiento en la silla adyacente a él—. ¿Y tú? ¿Estás enfadada conmigo?
Esa interrogante la hizo fruncir el ceño.
—¿Yo? ¿Enfadada? —cuestionó, confundida. El rubio asintió con la cabeza—, claro que no, Steve... Además, ¿cómo podría estarlo después de lo que me dijiste en el hospital?
—Uhm... sobre eso. —Nervioso, se llevó una mano hacia el cuello—. Nat, yo...
—¿Estás arrepentido de haberlo dicho, verdad? Por eso me estás evitando.
—No, no se trata de eso. Tampoco estoy arrepentido, de hecho... fui bastante honesto contigo.
Cuando él hablaba de esa forma, comenzaba a ilusionarse más de la cuenta. Odiaba que Steve dijera cosas como esas. Ya había pasado por eso con James, y no quería tener que decepcionarse otra vez.
Ser feliz y enamorarse, eran cosas que jamás podría concretar en su vida, ya lo tenía asumido.
Si Steve le había dicho que no se iba con Sharon por quedarse junto a ella, de seguro lo hacía por respeto a la amistad y compañerismo que ambos compartían. No tenía por qué mezclar las cosas.
Él simplemente la veía como una amiga y debía aceptarlo.
—Steve, lo estuve pensando bien y no es justo que sacrifiques tu felicidad con Sharon por apoyarme en esto, entiendo si no quieres seguir.
—Aunque no quisiera seguir, es mi obligación, somos un equipo, una familia y debemos trabajar en conjunto. —Se acomodó en el asiento para poder observarla mejor—. Además, ya te dije que sería incapaz de dejarte sola.
«Cállate, Steve, voy a besarte si sigues diciendo frases como esas» pensó, angustiada.
Se sintió intimidada por la persistente mirada de su compañero y trató de no llevarla hacia un plano romántico. Lo mejor que podía hacer era cambiar de tema.
—¿Sabes? Creo que deberíamos buscar otro refugio, este es lindo y acogedor, pero tenemos que viajar a...
Olvidó todo lo que estaba diciendo cuando Steve se inclinó hacia adelante y redujo peligrosamente la distancia que separaba sus rostros.
—Sharon es una mujer maravillosa, la quiero y mucho, pero... —Sus pupilas se posaron sobre los labios de la pelirroja. Natasha rápidamente captó sus intenciones y sin poder evitarlo, ella también terminó posando sus ojos sobre la boca de Steve—, no es correcto que esté con ella si no puedo dejar de pensar en ti.
Nunca había contemplado a Steve bajo la luz de la luna, ni tampoco lo había escuchado hablar desde tan cerca. Era casi un sueño lo atractivo que podía lucir con aquellos complementos. Natasha no sabía si había consumido muchas cervezas o si simplemente eso no era real, pero no le importaba. Steve acababa de decirle que no podía dejar de pensar en su persona y eso era más que suficiente para ella.
Llevó la mano hacia su mejilla y con los dedos rozó aquella zona de su rostro. No podía creer que lo tuviese así, tan cerca, tan íntimo y tan suyo. Steve la miró fijamente y respondió a eso dejando que una de sus manos se apoderase del mentón femenino. La besó en la mandíbula y con su otra mano la tomó por la cintura.
Sus respiraciones entrecortadas comenzaron a mezclarse y el deseo por fundirse en el otro aumentó con brutalidad.
No dejaron pasar un segundo más y unieron sus labios con fiereza. El beso era una mezcla de lujuria y pasión contenida que sólo ellos dos podían entender. Natasha simplemente no podía creer que Steve fuese el mismo hombre que había besado en aquel centro comercial hace un par de años. Ahora la besaba con experiencia, como si supiera los lugares exactos en los cuales debía acentuar los movimientos de su lengua, como si conociera de memoria cada rincón de su boca.
Y eso la hizo enfadar, porque esa experiencia, claramente no la había adquirido gracias a ella.
Sharon tenía mucho que ver en eso.
Aquel pensamiento fue como si alguien le arrojase un balde de agua fría encima de la espalda, porque tomó conciencia de lo que estaba haciendo y a quién estaba besando.
Steve tenía novia y ella estaba a pocos metros de distancia. Aquello sencillamente no estaba bien.
Se alejó bruscamente de Steve, él la miró confundido y a la vez impactado por lo que acababan de hacer. Antes de que el rubio dijera algo, Natasha huyó de ahí tan pronto como pudo.
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Ingresó a la casa y atravesó la sala de estar con rapidez.
No sabía a dónde quería llegar, solo sabía que debía alejarse de Steve cuanto antes.
Evitó mirar a los ocupantes de la estancia y continuó caminando con insistencia. Necesitaba estar sola.
—Nat, ¿estás bien? —Clint interrumpió su camino en tanto se le posicionaba en frente—, ¿a dónde vas?
A veces Clint podía ser muy inoportuno.
Lo apartó con sutiliza y quiso continuar con su camino, pero el arquero la obligó a detenerse a medida en que tiraba de su muñeca y la obligaba a encararle.
—¿Qué sucede, Nat?
—Nada —mintió, fingiendo una sonrisa—. No pasa nada, Clint, solo necesito ir al baño.
—Está ocupado, pero en la habitación de Steve y Sharon hay otro. —«No le hables a Sharon, Clint, por favor», pensó con suplica. No creía ser capaz de verla a los ojos después de haber besado a su novio de semejante forma. La culpa era demasiado grande. Justo cuando estaba a escasos segundos de echarse a correr lejos, Barton llamó la atención de la rubia en tanto realizaba un gesto con sus manos—. Natasha puede utilizar el baño de tu cuarto, ¿verdad?
Sharon asintió con gesto amable.
—Sí, claro que sí. Nuestro cuarto está en la segunda planta, es la última puerta a la derecha.
—Gracias —contestó la pelirroja.
Se alejó lo más rápido que pudo. Siguió las indicaciones de Sharon y con suma facilidad pudo encontrar el cuarto que ella y Steve compartían.
Ingresó en la estancia sintiendo una desagradable sensación encima del pecho. ¿Por qué Steve tenía que besarla justo ahora que no estaba solo? ¿Por qué demonios no lo había hecho cuando ninguno de los dos tenía pareja? ¿Por qué todo tenía que ser tan jodidamente complicado?
«Maldita sea»
Encima de todo estaba en medio de ese cuarto, ese maldito cuarto en que Sharon y Steve convivían como una pareja plena y feliz. Lanzó un bufido, eso no la ayudaba a sentirse mejor en lo absoluto.
Negó con la cabeza. No podía seguir actuando así, huir de Steve y de lo que sentía por él tampoco era una solución.
Ingresó en el cuarto de baño y se precipitó hacia el lavabo. Dejó que el agua del grifo mojase sus manos para posteriormente llevárselas hacia el rostro. Observó el reflejo que le devolvía el espejo, pero la expresión de su cara continuaba estando abochornada, ni siquiera la frescura del agua podía quitarle de encima ese maldito color rosa que habían adquirido sus mejillas después de compartir aquel beso con Steve.
Hizo una mueca de desagrado, tanta tensión estaba haciendo que le comenzara a doler la cabeza.
Notó que bajo el lavabo había un estante, tal vez Sharon guardaba algunas aspirinas en ese lugar. Sin titubear y esperando hallar algún analgésico que disminuyera su jaqueca, la espía comenzó a buscar ahí dentro, pero solamente se encontró con toallas, utilices de aseo y una pequeña caja plateada.
Con curiosidad, la pelirroja tomó aquella caja entre sus manos. Estaba demasiado oculta en el interior del estante como para no contener algo importante. Arqueó una ceja, sabía que no debía abrirla, pero tampoco pensaba arriesgarse a no averiguar qué había en su interior.
Procurando no estropear la caja, Natasha comenzó a abrirla con cuidado, sin embargo, en cuanto sus ojos vieron el contenido de aquel objeto, la caja resbaló de sus manos y terminó cayendo directamente al piso.
No podía creer lo que estaba viendo.
Sus ojos rápidamente comenzaron a inundarse de lágrimas y se vio en obligación de llevarse una mano a los labios para acallar un sollozo.
Estando totalmente impactada, miró varias veces la prueba de embarazo que sostenía entre los dedos. El resultado era más que claro, pero aún así se negaba a creerlo.
«Mierda»
Sharon estaba embarazada.
«Mierda, mierda y más mierda»
Steve iba a ser padre.
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No podía apartar su mirada de las escaleras, era como si estuviese esperando que Bucky descendiera mágicamente a través de ellas.
Pero eso no iba a pasar.
Él no bajaría, no saldría de su habitación y simplemente no compartiría con nadie. Tal cual como lo había hecho durante toda la semana, salía de su cuarto cuando era estrictamente necesario y solo intercambiaba palabras con Steve. Wanda había intentado iniciar un diálogo con él, quiso charlar sobre lo ocurrido con el tipo de Hydra que se quitó la vida, pero Bucky solo le respondió con un monosílabo y luego desapareció por las escaleras tomando rumbo fijo hacia su cuarto, la castaña no sabía exactamente por qué, pero la indiferencia que Barnes le entregaba, estaba provocándole un efecto que empezaba a molestarle bastante.
No era correcto que fuese incapaz de apartarlo de su mente. Eso sencillamente no estaba bien. Tenía que dejar de pensar tantas estupideces, la atracción que sentía hacia él debía tratarse de algo netamente hormonal. Después de todo, Bucky cumplía con la mayoría de los requisitos que debía tener un hombre irresistible y seductor, como la actitud de chico malo, con esa cabellera larga y oscura, su estatura imponente y esa forma física que ninguna mujer podía ignorar, sin mencionar su voz ronca y grave o el atractivo color de sus ojos azules. Si era objetiva, no podía negar que era potencialmente uno de los hombres más guapos que había visto en su vida.
Wanda estuvo a punto de escupir el sorbo de cerveza que tragaba en esos momentos, ¿en verdad estaba pensando en eso? ¿En verdad quería involucrarse con Bucky?
Bebió con mayor intensidad el contenido de su botella, no quería seguir pensando en alguien que ni siquiera notaba su existencia, pero no hacerlo era jodidamente difícil.
Tal vez solo necesitaba verlo y comprobar que no le provocaba nada.
Sí, eso debía hacer. Debía demostrarse a sí misma, que esos recientes pensamientos sólo eran producto del alcohol que estaba consumiendo.
Como excusa, le dijo a Clint que iría a buscar a Natasha, la espía llevaba varios minutos en el baño y parecía no dar señales de vida, el arquero se encontraba demasiado distraído con Sam, Sharon y Scott así que apenas le prestó atención, cosa que Wanda agradeció, pues no dejó pasar más tiempo y rápidamente orientó sus pasos hacia la segunda planta, específicamente hacia el cuarto que ahora utilizaba Bucky.
Se detuvo frente a la puerta y estuvo tentada de regresar en sus pasos. Pero de inmediato desechó esa idea, no podía ser tan cobarde. Ya estaba ahí, lo único que debía hacer era golpear esa maldita puerta, no era tan complicado.
«Sí, si era complicado»
Maldijo por lo bajo y antes de que su nervios terminasen por vencerla, Wanda se aventuró en golpear aquella puerta.
Y lo único que obtuvo fue silencio.
Frunció el ceño.
—¿Qué haces aquí?
La joven dio un respingo en tanto volvía a maldecir en voz baja. Giró encima de sus talones para poder verlo de frente, pero en cuanto hizo eso, su cuerpo se quedó totalmente petrificado.
Bucky la miró como si no ocurriese nada fuera de lo común, pero en el fondo, sabía que —aunque no fuese su intención—, la estaba incomodando.
Pero maldita sea, acababa de salir de la ducha y no era un jodido adivino ¿cómo demonios iba a saber que esa chiquilla estaría frente a la puerta de su cuarto?
Wanda miró su torso desnudo y las pequeñas gotas de agua que aún continuaban presentes sobre su cuerpo. Carraspeó, incómoda y trató de concentrarse en otra cosa, pero su atención ya estaba sobre la longitud de sus músculos abdominales, no podía dejar de admirar esa perfecta forma en V desapareciendo por debajo de la toalla que le cubría desde la cintura hacia abajo.
«Wanda, basta, mira su rostro. Concéntrate en su rostro»
Fue alzando la mirada y la situación empeoró, porque incluso ese brazo metálico se le hacía malditamente sexy.
«Su rostro, Wanda, su rostro»
Y entonces llegó a su rostro y todo fue aún más complejo. Su cabello estaba mojado y eso le daba un aspecto más oscuro, lo que al mismo tiempo, provocaba que sus ojos azules lucieran aún más claros.
—Yo, vine a, no... quiero decir, es que... quería decirte algo, quería... —sonrió nerviosa, no tenía idea de qué estaba haciendo ahí. Bucky y esa simple toalla acababan de convertirla en un ser irracional. De pronto formular una simple frase era la tarea más compleja del mundo—, no importa. Vuelvo cuando estés vestido.
James la observó con desconcierto.
Pasó por su lado, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no echarle un último vistazo, pero Bucky interrumpió sus pasos tomándola delicadamente por su muñeca.
Wanda sintió que su muñeca ahora ardía en llamas.
—Probablemente me quede dormido y no abra la puerta, así que mejor habla ahora.
—No voy a ponerme a platicar contigo en esas condiciones —masculló, apuntando hacia la toalla que cubría su desnudez.
—¿Por qué no? —«Porque tal vez no puedo dejar de devorarte con la mirada», pensó de inmediato—. ¿Acaso te pongo nerviosa, Wanda?
«Wanda»
Qué bien se oía su nombre al ser pronunciado por él. Nunca la había mencionado de aquella manera y eso era un progreso. Al menos ya no le decía «niña» o «Maximoff»
Y por supuesto que sí, obviamente se ponía nerviosa con el simple hecho de verlo. Eso ni siquiera era una pregunta.
—Ya quisieras ponerme nerviosa —replicó, sin saber de dónde demonios había reunido valor para decirle algo así.
Antes de que Bucky pudiese responderle, Wanda se alejó de ahí sin poder ocultar que estaba huyendo.
