Disclaimer: Los personajes pertenecen a Marvel & Disney ©. No tengo fines de lucro.
Capítulo lV: Tienes que decirle la verdad
Luego de alejarse del cuarto de James y fingir que verle a torso descubierto no le había afectado en lo más mínimo, el corazón de Wanda estuvo latiendo frenéticamente durante largos minutos.
La joven se sintió incapaz de regresar con el resto de sus compañeros, así que simplemente orientó sus pasos hacia el interior de su cuarto. Rápidamente se tumbó en la cama, clavó ambas pupilas sobre el techo de la alcoba y en silencio trató de entender qué rayos acababa de pasar, o más bien, qué rayos acababa de pasarle a ella. ¿Por qué se había puesto tan nerviosa? ¿Por qué su mente parecía no funcionar cuando lo tenía en frente? Negó con la cabeza, pensar en él no tenía sentido, solo era una perdida de tiempo. Debía dejar de hacerlo.
Mientras procuraba encontrar una postura que le permitiese relajarse y probaba diversas formas de acomodarse, Wanda fue incapaz de frenar aquellos pensamientos. Al final, lo único que estaba logrando con ello era dar incontables vueltas sobre la cama.
«¿Acaso te pongo nerviosa, Wanda?»
Mierda… ¿A quién quería engañar?
No podía dejar de pensar en él ni en las malditas sensaciones que estaba comenzando a provocarle.
Resignándose a pasar una noche muy larga, no supo en qué momento logró conciliar el sueño, solo recordaba que en ningún momento pudo disiparlo de sus pensamientos. Y aunque no quisiera admitirlo, debía reconocer que al despertar le había ocurrido exactamente igual, bastó con que abriera un poco los ojos para que el nombre de James llegase inmediatamente a sus cavilaciones, cosa que empezaba a preocuparla en serio.
Echó un vistazo a su alrededor, la cocina era un espacio tan pequeño, pero de pronto, en la soledad de ese momento, aquel lugar se percibía sumamente infinito y extenso.
Miró el vaso con leche que reposaba en sus manos y trató de comprender por qué demonios no podía apartarlo de su cabeza. Pensar en él, del modo en que lo estaba haciendo, sencillamente no estaba bien.
Lanzó un suspiro, era extraño, pero a pesar de todo, prefería no hablar de su vida amorosa con nadie. Sonaba patético, pero no tenía valor suficiente para platicar sobre ello. Desde que su hermano había muerto, estar sola y tragarse sus problemas era técnicamente pan de cada día, contaba con increíbles personas a su alrededor, sabía que no estaba lanzada a su suerte, pero el cariño de su hermano gemelo era irremplazable, nadie podría compararse a Pietro, mucho menos ocupar su lugar.
Su garganta se llenó de angustia y con dicha señal supo que pronto comenzaría a llorar. Sacudió la cabeza, no necesitaba eso, no podía ser débil. Al menos no ahora.
Era muy temprano y sus compañeros aún dormían, la castaña pensó que tal vez una buena idea sería regresar a la cama, a final de cuentas, había dormido muy mal y aún contaba con un par de horas suficientes para descansar. Aunque claro, para que eso pudiese concretarse, primero debía dejar de pensar en Bucky.
Bebió todo el contenido del vaso y rápidamente lo dejó sobre la alacena. Estaba por comenzar a caminar de regreso a su habitación, pero sus pasos titubearon al notar la presencia de cierto soldado.
Sin poder evitarlo, Wanda se tensó de inmediato, sus ojos se posaron sobre él, pero James ni siquiera reparó en su presencia. La ignoró por completo y con absoluta calma se dirigió hacia el refrigerador.
Mientras Bucky abría la nevera y hurgueteaba en su interior, sintió como la muchacha comenzaba a precipitársele de a poco.
—Vaya, veo que estás vestido —musitó con sarcasmo.
Como si estuviese charlando con un amigo de toda la vida, Wanda se fingió indiferente y despreocupada. Realmente no sabía de dónde diablos sacaba valor para hablarle así, solo estaba segura de una cosa, bajo ninguna circunstancia podía permitir que él consiguiera ponerle nerviosa.
James la miró de soslayo.
—¿Te molesta? —le preguntó, manteniendo cierto ápice burlesco y galante en la voz. Cerró la puerta del refrigerador y se apoyó encima de esta para luego cruzarse ambos brazos sobre el pecho—. Si quieres me desvisto…
Comenzaba a sospechar seriamente que el muy maldito tenía facultades para leer su mente.
Carraspeó con incomodidad y trató de no perder la compostura.
—Ya te dije que no me pones nerviosa. —Mentir no era bueno, tampoco se le daba bien, pero en esos momentos, simplemente no tenía otra opción. Era eso o perder toda su dignidad y orgullo frente a un hombre. Claramente se inclinaba por la primera opción—; me da igual si estás vestido o si estás desnudo.
—¿En serio? —inquirió, irónico—. Es bueno saberlo, creo que lo tendré en cuenta.
La muchacha enserió su semblante y antes de que sus nervios terminasen por consumirla, decidió cambiar el rumbo de la charla.
—Creo que deberíamos hablar sobre el tipo de Hydra, el que se suicidó ante nosotros.
—¿Qué con eso? —espetó con frialdad.
—¿Cómo que «qué con eso»? —replicó, ofendida—. Fue horrible…
Bucky rodó los ojos.
—¿Y qué se supone que debo hacer al respecto? ¿Abrazarte y decirte que todo estará bien?
—No, claro que no —respondió de inmediato—, es solo que… no puedo sacarme la imagen de la cabeza.
Y eso era cierto. Durante el transcurso de la semana, había tenido varias pesadillas relacionadas a la muerte de aquel tipo.
—No deberías sorprenderte tanto, los nazis siempre lo hacían en medio de la guerra.
—No soy un fósil como tú y Steve, no estoy acostumbrada a ver esas cosas.
En respuesta, James tan solo fue capaz de encogerse de hombros.
—Sé que no es agradable, pero vas a tener que acostumbrarte.
Para él la charla estaba terminada, así que giró sobre sus talones y de nueva cuenta abrió la puerta del refrigerador.
—Bucky… —ladeó el rostro y observó a la chica, por el gesto que esta le entregó, era evidente que deseaba decirle algo, pero también era bastante notorio que no se atrevía a hacerlo. Wanda descendió la mirada y solo se limitó a mover sus manos con nerviosismo—. Es que, hay algo que no te he dicho. Bueno, en realidad, no se lo he dicho a nadie.
—¿Qué cosa?
Ella alzó la vista y le miró fijamente.
—Cuando ingresé en la mente de ese tipo, el de Hydra, yo… registré algunas conversaciones en las que él y uno de sus compañeros hablaban sobre un experimento del que nosotros no nos podíamos enterar. Ocultaron toda la información relacionada a eso en los archivos que Natasha y tú estaban buscando, por eso, poco antes de que nosotros llegáramos a la base, uno de los agentes de Hydra se llevó todas las evidencias a un lugar que denominaron como «La base central».
.
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Esa mañana, Natasha se levantó con un solo propósito en la mente; despejar su cabeza y no distraerse con nada que pudiese doblegarla de sus objetivos.
Se puso una sudadera sencilla y se calzó con unas zapatillas deportivas. En las cercanías del refugio y de aquel pueblito —en el cual ella y sus amigos se estaban ocultando—, había un parque bastante agradable por el que decidió salir a trotar. Optó por ignorar las indicaciones del médico respecto a guardar reposo, su pierna ya no le dolía y su cuerpo comenzaba a reclamar una urgente dosis de ejercicios. Además, necesitaba dejar de pensar en el embarazo de Sharon y en esa mínima ilusión que tuvo de tener algo con Steve. Sin mencionar que en ese paquete de estrés debía sumar a Bucky, no se sentía orgullosa de tener que evitarlo para no desmoronarse emocionalmente, pero verle de manera constante, tampoco le hacía bien.
—Nat…
Natasha sabía quien era el propietario de dicha voz y precisamente por eso, no volteó y decidió ignorarlo.
Sin tener más alternativa y en vista de que la pelirroja parecía no tener intenciones de pausar su trote, Steve se vio en obligación de apresurar sus pasos para finalmente poder alcanzarla.
» Hey, espera —la cogió sutilmente por el antebrazo—, tenemos que hablar.
Antes de apartarle la mano con brusquedad y retroceder un paso, la espía lo fulminó con la mirada.
Steve la miró con confusión. Pensó que haberle confesado sus sentimientos y compartir un beso con ella eran motivos suficientes para dejar en claro que las cosas entre ambos ahora eran diferentes. No entendía qué ocurría, ¿por qué lo estaba rechazando de esa manera?
—¿Me estabas siguiendo?
Se odió por preguntar algo tan evidente y estúpido.
—Natasha, si no me estuvieras evitando no tendría necesidad de hacerlo, pero no me dejaste más opciones.
—¿De qué quieres hablar? —cuestionó con prepotencia. Quería dejarle en claro que no tenía deseos de extender esa charla por demasiado tiempo.
—Lo sabes muy bien.
Por supuesto que la rusa lo sabía, de hecho, sabía mucho más de lo que el propio Steve sabía. Porque podía apostar su vida a que él no tenía idea que iba a convertirse en padre. En caso de saberlo, Steve definitivamente no estaría junto a ella, tampoco tendría intenciones de platicar sobre lo que había ocurrido la noche anterior. Si Steve en verdad fuese consciente de lo que ocurría, él no correría tras sus pasos, simplemente haría lo correcto; estaría junto a Sharon, apoyándola y asumiendo su futura paternidad.
Sinceramente, no entendía qué demonios pasaba por la cabeza de Sharon Carter. ¿Por qué estaba ocultándole a Steve algo tan importante?
Sabía que no tenía derecho a intervenir en la relación de ambos rubios, pero si Steve estaba involucrado, ella simplemente se sentía incapaz de ignorarlo.
Antes de retomar la palabra, Natasha inspiró una bocanada de aire.
—Si quieres hablar por lo que ocurrió anoche, puedes estar tranquilo, no le diré a nadie que tú y yo nos besamos.
—¿Por qué lo dices como si no te importara?
—Porque no tuvo importancia. —El rostro de Steve comenzó a llenarse de decepción, Natasha sintió que inmediatamente su corazón se encogía de dolor, pero si quería que él se alejase, no podía flaquear, tenía que mantenerse fría y distante—. Solo se trató de un simple beso, Steve… nos confundimos, habíamos bebido y nos dejamos llevar. Un impulso lo tiene cualquiera.
—Para mí no fue un impulso y estoy seguro de que para ti tampoco.
—Piensa lo que quieras.
La espía se dio una media vuelta, estaba dispuesta a marcharse, pero su compañero tiró de su brazo y la obligó a encararle. Para él, claramente esa conversación no podía terminar así.
Ante ello, la pelirroja ni siquiera se inmutó, conservó en su rostro una expresión impasible y calmada. El rubio la observó consternado. No entendía qué había pasado, qué había hecho mal… ¿por qué ella estaba dedicándole semejante indiferencia? ¿Por qué cambiaba de actitud tan rápido? ¿Por qué de pronto era su todo y de repente ya no era nada?
—Natasha, lo que siento por ti es en serio, todo lo que te dije es verdad.
—No es momento para…
—Te quiero —confesó, interrumpiéndola—, y no me importan las consecuencias, solo sé que deseo pasar el resto de mi vida contigo.
…
—Tienes que irte, James… —ignoró la petición en tanto se adentraba al cuarto. Natalia lo miró con seriedad—, ahora.
Cerró la puerta tras de sí y solo se limitó a observarla.
—No, no lo haré.
La joven caminó hacia donde estaba el castaño, sintió una punzada de culpa al advertir las marcas que habían dejado en su rostro, eso no debió haber pasado. Con cuidado, palpó la herida que rodeaba la parte inferior de su labio y con el leve tacto de sus dedos, depositó una pequeña caricia encima de aquella lesión. No quería pensar en la infinidad de golpes que debió soportar, aquello solo la hacía sentir peor.
—No deberías estar aquí —murmuró, no pudiendo contener las lágrimas—, no quiero que te vuelvan a lastimar por mi culpa.
—Pero la paliza valió la pena —respondió, tomándola por la cintura. Acercó su boca hacia el oído de la chica—. Por ti me dejaría golpear mil veces más.
Natalia cerró los ojos con fuerza. Odiaba la dependencia emocional, sobre todo cuando era provocada por un hombre, pero no podía engañarse, no podía ignorar lo que sentía; amaba a James con cada molécula de su cuerpo y aunque para ambos, esa relación fuese un suicidio más que evidente, estaba segura de que ya no concebía un futuro lejos de él.
Negó con la cabeza y lo apartó de un empujón.
Por muy placentero que fuese, no podían seguir con eso. Aquella relación solo iba a terminar por consumirlos en dolor y destrucción.
—¡Se acabó, entiéndelo de una maldita vez! —Un sollozo desgarrador salió de su garganta. James no respondió—. ¡Déjame en paz!
Iba a darle otro ataque, pero él se lo impidió. La tomó por ambas muñecas y con un solo movimiento la arrinconó contra la pared.
» No lo hagas —usaba palabras razonables, pero al mismo tiempo vacías. En el fondo, deseaba con todas sus fuerzas que sí lo hiciera—, por favor.
En cuanto comenzó a besarla, sus piernas amenazaron con dejar de sostenerla. El soldado liberó sus muñecas y no tardó en guiar sus dedos hacia el cierre de su traje, iba a comenzar a bajarlo, pero la pelirroja se lo impidió. Interpuso sus manos entre el pecho de James y sí misma, sacudió su cabeza en señal de negación y se separó bruscamente de él.
—Natalia, escucha… —iba a cogerla por la parte alta de su brazo, pero antes de que pudiese tocarla, un fuerte puñetazo impactó la zona de su mandíbula.
Se llevó una mano a la zona lesionada y notó rápidamente un ligero rastro de sangre.
La muchacha pensó que aquello sería suficiente para detenerle, pero cuando James sonrió de medio lado en tanto la miraba excitado y respiraba agitado, supo que eso apenas estaba empezando.
» Eso no te lo enseñé en los entrenamientos —añadió, al tiempo en que la tomaba posesivamente por la cintura y la lanzaba con rudeza encima de la cama.
Esta vez no opuso resistencia. En realidad, ya no podía hacerlo. Lo deseaba tanto o más que él.
James ni siquiera había logrado apoyarse por completo cuando comenzó a besarlo y a despojarlo de sus prendas superiores.
—Esto está mal… —dijo, mientras rompía brevemente el contacto.
—Shhh… no digas nada. —Con su pulgar limpió un par de lágrimas que bajaban por las mejillas de la joven—. Te quiero, Natalia, y no me importan las consecuencias que tenga eso. Lo único que tengo en mente es pasar el resto de mi vida contigo.
...
Natasha le miró melancólicamente, su garganta estaba oprimida, llena de impotencia y tristeza. Eran tantos recuerdos, tantas emociones que creía muertas. Tenía muchas ganas de abrazar a Steve, de decirle que también sentía lo mismo y que daría todo por quedarse junto a él, pero las cosas no eran tan sencillas. La realidad era cruel, la hacía caer de golpe y se encargaba de recordarle infinitas veces que aquello era imposible. Los finales felices no existían, el amor que hubo entre ella y James era prueba más que suficiente.
—¿Steve, puedo pedirte un favor? —inquirió, mirándolo con fijeza. El capitán asintió con la cabeza—. No vuelvas a decirme eso nunca más.
—Nat… —iba a tomar su mano, pero ella lo alejó de un manotazo.
—¡No me toques! —gritó, al tiempo en que se echaba a correr lejos.
La soledad en la cual quedó sumergido, no se comparaba al vacío que acababa de alojarse en el interior de su pecho.
Natasha iba a enloquecerlo.
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—¿Y no dijeron nada más sobre ese supuesto experimento? —preguntó Bucky.
—Se referían a él como «el proyecto Q», pero no dijeron nada más. Sólo que debía estar lejos de nuestro alcance.
¿Un experimento? Eso no podía significar nada bueno, mucho menos si consideraban el factor de que Hydra quería mantener esa información estrictamente alejada de ellos. ¿Qué demonios podían estar planeando ahora?
—¿Averiguaste algo más?
—No. Esa es toda la información que pude obtener.
James avanzó hacia la entrada de la estancia, asomó su cabeza por el umbral de la puerta, miró hacia ambos lados y con ello se aseguró de que nadie estuviese escuchándolos. Wanda se tensó en cuanto lo vio cerrar la puerta por dentro, no es como si hubiese planeado encontrarse con él mientras sus compañeros dormían, no estaba preparada para eso, ¿qué pensarían Sam, Steve o Clint si llegaban a descubrirles ahí? Encerrados en una habitación tan pequeña en la que fácilmente podía suceder cualquier cosa.
Su abdomen se contrajo, las posibilidades eran muchas.
—¿Alguien más lo sabe? —indagó el soldado, sacándola abruptamente de sus pensamientos.
—No… —respondió, en voz baja—, creí que primero debía hablarlo contigo.
Se avergonzó en cuanto Bucky respondió a eso arqueando una de sus cejas. ¿Es que acaso no podía disimular que estaba interesada en él?
—Yo… —carraspeó, incómoda en tanto masajeaba su cuello—; quiero decir, ya que fuimos nosotros quienes vimos la muerte de ese hombre… no sé, pensé que lo correcto sería que lo discutiéramos antes.
—Entiendo, pero si manejabas una información tan importante como esa, no debiste guardártela por tanto tiempo. Es sentido común.
—Intenté hablar contigo muchas veces, pero me estabas evitando y no puedes negarlo. —Bucky le hizo un gesto para que disminuyera el tono de su voz, advertencia que Wanda inconscientemente ignoró, estaba tan inmersa en sus palabras que ni siquiera fue capaz de notarlo—. Además, cuando tuve una única oportunidad de hablar contigo estabas desnudo y…
En cuanto la mano de Bucky se posó encima de su boca, la joven guardó silencio abruptamente. Olvidó todo lo que estaba diciendo, una corriente eléctrica recorrió la extensión de su espina dorsal y sus piernas automáticamente se transformaron en líquido.
La calidez que generaba esa mano encima de sus labios, era una sensación desbordante.
—¿Vas a ser más sutil, verdad? —Aun estando prisionera bajo su mano, Wanda lo asesinó con la mirada, tuvo el impulso de usar su poder escarlata y aventarlo al otro extremo de la habitación, pero eso provocaría un escándalo y arruinaría la tenue cercanía que estaban compartiendo, así que con el dolor de su alma, optó por asentir con la cabeza y atentar contra todos sus principios de mujer fuerte y empoderada—. Buena chica.
Se miraron fijamente durante unos cortos segundos antes de que James apartase su mano.
» Y no seas exagerada, no estaba desnudo —susurró. La chica iba a intervenir, pero James continuó—, tenía una toalla.
—Que no dejaba mucho a la imaginación —secundó, sin poder creer que estuviesen hablando de algo como eso.
Bucky la miró con diversión, se mordió el labio inferior y reprimió una carcajada. Llevaba tanto tiempo sin reír de forma espontánea, que simplemente había olvidado cómo hacerlo.
Wanda se perdió en la simpleza de aquel gesto, de pronto, ese pequeño ademán de sonrisa era lo más perfecto que hubiese visto en años.
—Lo irónico es que… en estos momentos, tú tampoco dejas mucho a la imaginación.
La contempló sin pudor alguno, después de todo, había querido hacer eso desde que ingresó en aquella estancia. Era imposible no sentirse atraído por ella cuando únicamente estaba vistiendo un camisón corto, de tela ligeramente transparente en el que fácilmente podían apreciarse varios atributos de su cuerpo.
La castaña frunció el ceño sin comprender los motivos de aquel comentario, bajó la mirada hacia el resto de su cuerpo y en cuanto advirtió un escote pronunciado en el que libremente podían advertirse sus senos, recordó que solamente vestía un pequeño camisón de dormir.
Si Steve y Sam o cualquier otro la hubiesen visto en esas condiciones, Wanda habría intentado cubrirse con cualquier cosa que estuviese a su alcance. Sin embargo y considerando que Bucky era quien la estaba observando, optó por hacer todo lo contrario. Con malicia se cruzó de brazos y sin descaro acentuó la exhibición de su escote.
Bucky tragó saliva, Wanda en verdad era muy hermosa, agradable y deseable para la vista de cualquier hombre. Encapricharse con ella resultaba ser bastante sencillo, lo difícil —y prácticamente imposible—, era evadir sus encantos.
Trató de desviar su mirada hacia otra parte, pero el deleite de verla, resultaba ser más fuerte que sus ganas de no parecer un pervertido.
Tenía que detenerse y dejarla en paz, sabía que tenía que hacerlo, por su propio bien y por supuesto que por el bienestar de la chica, pero su autocontrol estaba yéndose al carajo, el maldito hombre impulsivo que aún habitaba en su interior comenzaba a poseerlo. En esos momentos era incapaz de no admirar su belleza, todo en ella era incitante y por sobre todo muy tentador, no podía dejar de contemplar sus piernas largas y bien torneadas, junto a esa pequeña cintura que destacaba la insuperable precisión de sus caderas y la naciente redondez de sus pechos.
Se preguntó por qué demonios la llamaba «niña» si de niña no tenía nada.
—Entonces estamos a mano —musitó, orgullosa del efecto que podía provocar en él.
Bucky se obligó a pensar en cualquier cosa que no fuese Wanda y ese maldito camisón de seda negra. Apartó su mirada hacia otra parte y procuró concentrarse.
Ahora fue la muchacha quien sonrió con diversión.
—En fin, no nos desviemos del tema. Tenemos que decírselo a Steve.
—¿Ahora?
—No… tal vez dentro de unos dos meses… —contestó con sarcasmo—. Por supuesto que debemos decírselo ahora.
—¿Tienes que ser siempre tan irónico? —masculló, enfadada—. Un «sí» era suficiente.
Entornó los ojos, a esa chica le gustaba discutir por todo.
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Dos golpes sobre la puerta fueron más que suficientes para terminar con su descanso. La rubia frunció el ceño, odiaba que la despertasen temprano, sobre todo cuando lo hacían de forma escandalosa.
Estando aún somnolienta y dando un bostezo perezoso, Sharon se levantó de la cama, orientó sus pasos hacia la entrada del cuarto y con lentitud abrió la puerta.
—¿Estás sola? —preguntó Natasha. En respuesta, Carter la miró, confundida. Luego asintió con la cabeza—. ¿Steve no está aquí, verdad?
—No, él suele salir a trotar muy temprano —la espía no le dio mayor relevancia a su contestación y simplemente se adentró al cuarto—, veo que tú también te ejercitas en la mañana.
La pelirroja asumió que había dicho aquello por la vestimenta deportiva que aún estaba utilizando, sin embargo, optó por mantenerse callada y sólo se limitó a inspeccionar con la vista cada rincón de aquella estancia.
—Te aseguro que en este cuarto solo estoy yo.
—Y tu hijo… o hija —secundó, en tanto se cruzaba de brazos y avanzaba un par de pasos hacia ella—. ¿Cuándo vas a decírselo a Steve?
Antes de que Sharon pudiese decir algo, Natasha metió una de sus manos dentro del bolsillo izquierdo de sus pantalones deportivos, lugar del cual extrajo un objeto que la rubia parecía conocer muy bien, su rostro pálido y repleto de impacto lo dejaron más que confirmado.
—¿De dónde lo…?
—Eso no importa —espetó Romanoff, aventando la prueba de embarazo hacia la cama.
—No tenías derecho a…
—Responde lo que te pregunté, Carter.
La aludida tragó saliva. No solía permitir que alguien le hablase en aquel tono de voz tan prepotente, pero en esos momentos, sentía que era digna de recibir un trato de ese calibre. Después de todo, las personas mentirosas y cobardes no merecían ser tratadas con delicadeza, ni siquiera cuando estaban embarazadas.
—Sharon, ¿cuándo vas a decírselo? —repitió, enfadada.
—No-no lo sé… —Caminó hacia la cama y con rapidez tomó la prueba de embarazo entre sus dedos. Vio aquel signo positivo sobre la ventana de resultados y fue imposible que su pecho no comenzara a oprimiese con fuerza—, yo… no pensaba hacerlo aún, de hecho, no pensaba hacerlo nunca.
La pelirroja frunció el ceño.
—¿Disculpa?
—Vivimos como fugitivos, no creo que sea el mejor momento para tener un bebé.
—Eso debiste pensarlo antes de embarazarte como una adolescente inexperta —refutó.
—Me descuidé, lo sé… —masculló, irritada. Esa conversación y la presencia de Natasha iban a terminar con su paciencia—, no necesito que me lo restriegues en la cara.
Luego de dar aquella respuesta y de ser consciente que estaba empezando a exaltarse, Sharon sufrió un mareo ligero, intentó disimular el malestar que estaba sintiendo, pero se vio obligada a tomar asiento sobre la cama. Natasha la miró con culpa, sabía que tenía mucha responsabilidad en que ella se sintiera mal, no quería presionarla, mucho menos provocarle un desmayo, pero aún tenía muchísimas dudas por resolver.
—¿Cuántas semanas tienes? —inquirió, a medida en que tomaba asiento a un lado de ella.
—Creo que cinco, pero no estoy segura.
—Tienes que decírselo a Steve, Sharon.
—No… —profirió, seria. Natasha vio el miedo impreso en las pupilas de la rubia y comprendió de inmediato a lo que se estaba refiriendo—. No puedo decirle nada porque siendo honesta, yo… no sé si quiero tenerlo.
Mientras masajeaba un costado de su cabeza y hacía un esfuerzo sobrehumano por no estallar en llanto, Sharon se puso de pie, estaba visiblemente angustiada y nerviosa, normalmente no solía mostrarse vulnerable ante el resto, pero en esos momentos, ni siquiera le importó que Natasha la estuviese viendo, en realidad, últimamente todo estaba comenzando a darle exactamente igual.
La otra ocupante de la estancia también se levantó de la cama, quería creer que su sistema auditivo había fallado y que por ende, todo lo que acababa de escuchar en realidad no era cierto, sin embargo, en cuanto se detuvo frente a Sharon y pudo ver en sus facciones una expresión inapelable, Natasha comprendió que sus sospechas no eran totalmente erróneas.
Trató de no dejarse llevar por la rabia que estaba sintiendo, pero no pudo, aquello simplemente la superaba. Con pasos amenazantes, Natasha avanzó hacia donde estaba Sharon y se detuvo a pocos centímetros de ella. El hecho de saber que pretendía abortar ese bebé sin siquiera decírselo a Steve, estaba despertando su ira como muy pocas personas conseguían hacerlo.
—¿En serio estás pensando en abortar? —preguntó, manteniendo una mínima esperanza de obtener un «no» como respuesta—. Sé que estás aterrada y que te sientes vulnerable e insegura. ¡Diablos! Créeme que lo entiendo, pero…
—¡No tienes ni puta idea de cómo me siento, Romanoff! —la interrumpió, enrabiada. Natasha guardó silencio—. Sé que no puedes ser madre así que cierra la maldita boca. Tú no sabes lo que…
Antes de que Sharon pudiese continuar, la mano de Natasha se impactó con fuerza encima de su mejilla.
—¡¿Sabes lo mucho que Steve desea ser padre?! —Mirándole con impacto y por modo reflejo, la rubia retrocedió un par de pasos, iba a responder, pero la espía no se lo permitió. Le tomó ambos brazos y con furia se negó a dejarla ir—. ¡¿Sabes lo orgulloso que se sentiría al poder formar una familia?!
Los ojos de Sharon ya no lo resistieron más y varias lágrimas comenzaron a brotar de ellos.
—Lo siento… lo siento —balbuceó—, yo no quería…
—¡Maldita sea, Sharon! —La liberó del agarre para luego llevarse ambas manos a la cabeza—. Tienes el privilegio de llevar un hijo en el vientre ¿y estás pensando en asesinarlo?
—Perdón, no debí decirte eso, en verdad lo siento.
—Deja de disculparte conmigo, esto no se trata de mí, se trata de Steve y de tu hijo. —No iba a negarlo, aquellas palabras le habían dolido, todo lo relacionado a su infertilidad era extremadamente doloroso, porque sólo ella sabía la verdadera historia que aquello escondía, pero ahora, eso no debía tener relevancia y lo mejor que podía hacer era ignorarlo—. No tienes derecho a mentirle a Steve con algo tan serio. Él te quiere, te quiere mucho, por favor no le hagas esto.
—Sé que Steve me quiere, pero también sé que no está enamorado de mí. —El corazón de Natasha se detuvo—. Sé que anhela una familia y sé que no la quiere formar precisamente conmigo.
—No digas eso…
—¿Crees que soy idiota? —endilgó, mirándola de frente—, ¿crees que no lo he notado?
—Sharon…
—Sé que está enamorado de ti y tú de él.
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Estaba muy equivocado cuando pensó que su día tenía una mínima esperanza de mejorar. Por el contrario, todo iba de mal en peor. Primero había sido esa desconcertante charla con Natasha, y ahora era Bucky, con esa información que desearía no haber oído jamás.
—¿Por qué no me lo dijiste antes? —preguntó, consternado.
—Acaba de decírmelo…
Posó sus ojos sobre Wanda y ella solo se limitó a sonreír con arrepentimiento.
—Sí, es cierto, Steve. Bucky acaba de enterarse al igual que tú. No te lo dije porque pensé que, no sé, creí que debía hablarlo antes con él.
Esa respuesta lo hizo quedar mil veces más desconcertado. ¿En qué momento dejó de prestarle atención a la investigación? Estaba tan sumergido en sus problemas personales que ni siquiera se había dado un tiempo para analizar las consecuencias de lo ocurrido con Wanda y Bucky en aquella visita a la base de Hydra.
Eso hablaba muy mal de su labor como líder. Considerando su distracción y latente falta de compromiso, era normal que Wanda decidiera platicar sobre eso con Bucky antes que hacerlo con él. Después de todo, su amigo demostraba estar mucho más comprometido.
El remordimiento y la culpabilidad comenzaron a perturbarlo. Tenía que sentar cabeza y dejar de comportarse como un adolescente estúpido. Sus conflictos sentimentales debían pasar a segundo plano, era momento de actuar como líder y de paso comportarse como un adulto.
—La información relevante debe ser comunicada a los miembros del grupo, Wanda. —La voz de Sam hizo que Steve abandonara sus pensamientos—. Que yo sepa, Barnes es sólo un aparecido. No tenías por qué decírselo primero.
—No, está bien —intervino el capitán, haciendo que todos le mirasen con extrañeza—. Bucky ha estado mucho más presente que yo.
James le miró preocupado, algo andaba mal con Steve, lo conocía bien y sabía que él no solía dejar de lado sus responsabilidades. Su distracción debía tener un motivo de peso, de hecho, tenía la ligera sospecha que ese «motivo» tenía cabello pelirrojo y no precisamente rubio.
Solo una mujer podía tenerlo en semejante estado de abstracción.
—No sé ustedes, pero yo quiero saber desde cuándo Wanda y Barnes son tan cercanos —espetó Sam.
—Si… a mí también me gustaría saberlo —añadió Clint, quien hasta el momento se había mantenido en silencio.
Bucky sintió como ambos hombres lo increpaban con la mirada y en respuesta simplemente se limitó a permanecer en silencio. Wanda por su parte solo fue capaz de llevarse una mano a la frente, negó con la cabeza y luego procedió a fulminarlos con la mirada.
—No sé por qué dicen tantas estupideces…
—No son estupideces, Wanda… nuestra interrogante tiene sentido, se supone que tienes más confianza con nosotros que con un tipo que conoces hace poco, ¿no? —analizó Clint.
—Ay por favor… déjenlos en paz —habló Scott, sumándose de manera abrupta a la charla—, lo que ellos hagan por las noches es asunto de ambos.
—¡Lang! —reprochó Steve.
Scott alzó ambas manos en señal de inocencia.
—Solo digo lo que veo, cap.
—Basta…
Wanda se pasó una mano por el cabello, gesto con el cual intentó disimular la vergüenza que estaba sintiendo por dentro. Quería desaparecer, hacerse humo y nunca más volver. El comentario de Scott simplemente acababa de aniquilarla.
Notó como los ojos de Bucky recaían disimuladamente sobre su persona y se sintió estúpida por no saber cómo reaccionar frente a eso. Trató de no pensar en que esa mirada seductora estaba fija en ella y procuró concentrarse en lo que sus compañeros parecían discutir, pero no podía ignorarlo, aquellos orbes azules eran imposibles de evadir. Poco a poco fue alzando su mirada y tragó saliva en cuanto sus pupilas chocaron con las del soldado, por más que lo quisiera entender, Wanda no podía interpretar lo que ese peculiar intercambio de miradas estaba queriendo decir.
—Clint, Sam y Scott —prosiguió Steve, en tanto los apuntada a cada uno con su dedo índice—, necesito que vayan a la base de Hydra en la cual estuvieron Wanda y Bucky. Traten de conseguir cualquier pista que pueda ayudarnos a encontrar esos documentos.
El trío asintió con la cabeza y rápidamente comenzaron a moverse.
—¿Y nosotros qué haremos? —consultó Bucky, sintiéndose intrigado.
—De hecho, es la misma duda que tengo —articuló, la única fémina presente.
—Nosotros, vamos a encargarnos de la Base central.
Wanda esbozó una sonrisa pequeña, le encantaba ver a Steve involucrado en la misión, amaba verlo actuar como el increíble líder que todos necesitaban que fuese.
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—¿Acaso vas a negarlo? —continuó Sharon.
—No, no voy a negarlo… —contestó, honesta—. Tienes razón, lo amo desde hace mucho tiempo, pero eso no quiere decir que debamos estar juntos… Steve merece alguien mejor que yo.
Sharon le miró con impacto. No esperaba que ella se lo confirmase de manera tan radical y poco sutil, pero en cierto modo lo agradecía, la hipocresía que las rodeaba al fin estaba comenzando a desaparecer.
» Tú puedes darle muchas cosas que yo jamás podré entregarle —continuó, decidida—. Por eso, y aunque me duela, voy a alejarme de Steve, te lo prometo.
—Eso no cambiaría nada —refutó, limpiando sus lágrimas—, además, lo que menos quiero es que Steve se sienta obligado a estar conmigo sólo porque estoy embarazada.
—Steve te trajo aquí porque quería tenerte a su lado, te quiere y significas mucho para él. Estoy segura de que en cuanto se entere de que estás embarazada, estará dispuesto a sacrificar todo por ti y ese bebé.
—Eso no cambiará lo que siente por ti.
—Sí, si lo hará. —A pesar de haber dicho esas palabras con una convicción inquebrantable, Natasha no podía evitar sufrir al pronunciarlas—. Tienes que decirle la verdad, Sharon. No me obligues a tener que hacerlo yo.
Y era cierto, no quería ser ella quien tuviese que decir la verdad, porque además de ser algo que no le correspondía, Natasha no deseaba involucrarse más, de hecho, lo único que pretendía hacer de ahora en adelante era alejarse.
—Necesito pensar. Dame un poco de tiempo.
Natasha negó con la cabeza, no podía aceptar eso, estaba dispuesta a permanecer inexorable en su respuesta, pero el rostro angustiado de Sharon logró hacerla cambiar de parecer.
Resignada, lanzó un suspiro.
—Dos días, solo dos días más.
—Gracias, Natasha.
—¿Interrumpo algo? —preguntó Steve, ingresando súbitamente a la habitación.
Ambas mujeres se pusieron tensas y nerviosas en cuanto lo vieron. El rubio alzó una ceja mientras las observaba con gesto interrogante.
—No, nada… —musitó Natasha. Fingió una sonrisa—, yo… ya me iba, sólo vine a saludar a Sharon.
—Genial… —respondió, sin creer nada de lo que había dicho—. Entonces, ¿podrían bajar? Necesito hablar con ustedes.
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Para Sharon y Natasha, fue un alivio descubrir que Steve no pretendía platicar sobre esa especie de triángulo amoroso que estaban protagonizando, por el contrario, el tema que Rogers quería tocar, se vinculaba con algo muy diferente.
Él deseaba idear un plan investigativo, si todo salía como lo estaban pensando, dicho plan podría liberarlos de ser unos héroes miserables y fugitivos.
—¿Qué es lo que saben de la supuesta base central de Hydra? —inquirió Steve.
—Honestamente, jamás la había escuchado nombrar —respondió Natasha.
—Yo tampoco —agregó Sharon.
—Yo sí, incluso creo que estuve ahí un par de veces, pero tengo recuerdos muy vagos de ese lugar —contestó James, ganándose rápidamente la atención de los presentes, sobre todo de Wanda—, es una infraestructura rara, como una combinación entre una base militar y un laboratorio científico en el que se llevan a cabo muchos experimentos, hacían pruebas con personas, guardaban archivos importantes en las bodegas subterráneas, entrenaban soldados y también torturaban gente. En general es un sitio bastante horrendo…
—¿Sabes cómo podemos llegar? —le preguntó Wanda.
—No, no lo recuerdo.
—Yo puedo ayudarte a…
Iba a sugerir que podría ingresar a su mente para intentar buscar la ubicación de ese sitio, pero un sutil codazo sobre sus costillas, fue más que suficiente para hacerla callar. Wanda sabía que la responsable de eso había sido Natasha, así que ladeó el rostro, la observó con una ceja arqueada y trató de entender por qué demonios la había golpeado de esa manera, no obstante, la espía —sin inmutarse en lo absoluto— le regresó la mirada y se encogió de hombros, cosa que logró confundirla aún más, en verdad no entendía el porqué de esa abrupta interrupción.
—Sé lo que ibas a decir, pero ya te dije que no voy a dejar que entres en mi mente —profirió Bucky.
Y era cierto, por nada del mundo permitiría que jodieran con su mente otra vez, sabía que las intenciones de la chica no eran malas, pero no pensaba arriesgarse.
—Pero…
—Yo también creo eso no es buena idea, Wanda —acotó Steve.
—Que conste que te lo advertí —le siseó Natasha.
Wanda les miró con enfado.
—¿Por qué no quieren hacerlo?
—Porque su mente aún es muy vulnerable al control mental.
—Pero yo no voy a controlar su mente, además seré cuidadosa, no haré nada que ponga en riesgo la…
—Ya dije que no —sentenció el rubio, utilizando aquel tono de voz que no permitía más replicas.
—Steve, necesitamos ir a esa base antes de que sea demasiado tarde.
—Lo sé, pero buscaremos la ubicación de ese lugar con otros métodos.
—Esto es una locura… —farfulló, poniéndose de pie. ¿Es que acaso solo ella estaba pensando? Si no se movían rápido, Hydra iba a tomarles mucha ventaja, y eso podría costarles muy caro—, Natasha, diles algo.
La viuda negra imitó el actuar de su compañera y en señal de apoyo se puso de pie junto a ella.
—Creo que Wanda ha perfeccionado sus habilidades muy bien, sé que podrá introducirse en la mente de Barnes sin hacerle daño, además… ella tiene razón, no tenemos tiempo de sobra.
—Sin mencionar que todo puede complicarse aún más, si Sam y el resto de los chicos no encuentran nada en la investigación que están realizando en estos momentos —apuntó la de apellido Carter.
No había pasado mucho tiempo desde que Clint, Scott y Sam habían partido a la base de Hydra. De momento, lo único que el grupo podía hacer era tener fe y creer que pronto recibirían buenas noticias de ellos, debían tener esperanzas de que pudiesen encontrar algo que les fuese útil, porque actualmente el panorama no parecía ser precisamente alentador.
Steve sabía que las féminas del equipo tenían cierta cuota de razón en todo lo que les estaban diciendo, pero también sabía que no pensaba arriesgar la integridad física y mental de Bucky, Wanda había perfeccionado sus habilidades en niveles considerables, eso era cierto, sin embargo, aquello no aseguraba que sus poderes no pudiesen perturbar la cabeza de su amigo.
—Puede que en cierta parte tengan razón, pero no podemos arriesgarnos.
—Steve…
—No cambiaré de opinión, Maximoff.
Si Steve la llamaba por su apellido eso significaba que acababa de cabrearlo, su paciencia había llegado al límite. Wanda optó por guardar silencio y no insistir más, tampoco quería ver a Steve enfadado. Pero definitivamente, no pensaba quedarse de brazos cruzados.
Iba a entrar en la mente de Bucky con su consentimiento o sin él.
—Bueno, si no vamos a hacer nada productivo, me voy a mi cuarto —espetó, al tiempo en que comenzaba a caminar hacia las escaleras—. Avísenme si logran comunicarse con Clint y los chicos.
—Creo que yo la imitaré —dijo la rubia, levantándose de su asiento.
—Sharon, espera… —Steve la detuvo—, necesito que hablemos.
—Ahora no puedo, lo siento, Steve.
Vio con perplejidad como Sharon lo dejaba con la palabra en la boca y simplemente se marchaba de ahí. ¿Qué diablos les estaba pasando a las mujeres de esa casa?
En señal de apoyo, Bucky le dio un palmetazo amistoso y compasivo en el brazo, luego solo se alejó.
Liberó un bufido y con fastidio se dejó caer sobre el sofá.
—¿Estás bien?
Miró a Natasha con desdén.
—¿En serio te importa? —le cuestionó, irónico—. Disculpa que lo ponga en duda, pero luego de lo que ocurrió esta mañana en el parque, no sé… pensé que me odiabas.
—No digas eso, eres mi amigo y me importa lo que te pase.
—Tu amigo… —repitió en tono mordaz. Se levantó del sofá y con pasos insinuantes avanzó hacia donde estaba ella—, ¿solo eso soy?
—Steve…
—No, no te molestes en explicarme nada. Entendí muy bien —musitó, dolido—, ya me percaté que, como siempre, solo estabas jugando conmigo.
¿Por qué Steve podía hacerla sentir especial y una mierda al mismo tiempo? Esa pregunta probablemente jamás encontraría una respuesta, al menos no en su cabeza.
—Mira di lo que quieras, de todos modos perdonaré cualquier estupidez que digas hoy.
—¿Ah sí? ¿Por qué?
—Porque ni te imaginas la verdadera razón por la cual estoy actuando así contigo.
Juntó el entrecejo. Cada palabra que ella agregaba lo dejaba aún más aturdido.
—¿Acaso sabes algo que yo no sé? —mencionó, adusto.
—En dos días tú también lo sabrás muy bien.
¿Dos días? ¿Qué diantres significaba eso?
—Natasha, espera —cogió una de sus muñecas y con ello pudo impedir que siguiera caminando—. Dime, ¿qué diablos está pasando? Estoy harto de que me ocultes cosas y…
Su oración quedó a medio terminar en cuanto los labios de Natasha —con impaciencia— se aferraron a los suyos. En un principio se quedó inerte y no reaccionó, pues de todas las formas en que Natasha pudiese responderle, esa fue por lejos la última que cruzó por su mente.
Despacio, fue cerrando los ojos y poco a poco su cuerpo fue cediendo al placer de ese beso.
Ya no le interesaba saber qué se suponía que ocurriría en dos días, solo estaba concentrado en una cosa, y esa era sin lugar a dudas la boca de Natasha.
Posó su mano derecha sobre la nuca de su compañera, y dejó que su otra mano viajara hacia la parte baja de su espalda. Con tranquilidad inundó su boca y con placer continuó explorándola. Este beso se percibía distinto al anterior, no era demandante ni efusivo, era especial y lindo, pero al mismo tiempo era muy doloroso.
Porque tenía un sabor agridulce, sabía a despedida.
Una gota salada llegó a sus labios y con ello pudo confirmar sus sospechas. Natasha estaba llorando.
Preocupado, se separó brevemente de ella. Tomó su barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos.
—¿Nat?
—No digas nada —volvió a besarlo, mientras envolvía ambos brazos alrededor de su cuello—, por favor…
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Bucky ingresó a su cuarto tan rápido como pudo, lo único que tenía en mente era descansar y alejarse de todos durante un rato. Estaba terminando de cerrar la puerta cuando sintió una presencia bastante conocida a su lado.
Giró el rostro y no tardó en posar su vista sobre Wanda. Frunció el ceño con extrañeza, iba a preguntarle qué diablos hacía ahí, pero apenas la vio mover sus manos de forma extraña, supo que todo eso iba a terminar muy mal.
—Lo siento, pero no me dejaste otra opción… —musitó, mientras sus ojos se tornaban rojos y llevaba ambas manos hacia los costados de su cabeza.
