Disclaimer: Los personajes pertenecen a Marvel y Disney © No tengo fines de lucro.


Capítulo V: Todo saldrá bien


Desplazarse en los vestigios de una mente tan lastimada, llena de espacios vacíos y evocaciones reprimidas no era sencillo en lo absoluto, mucho menos cuando el involucrado era Bucky Barnes.

El sentimiento de culpa estaba presente en todos los rincones de su cabeza, había una sensación de angustia permanente y debido a eso, leer sus pensamientos e intentar encontrar información relevante estaba siendo algo muy complejo de realizar. Todo se vislumbraba muy oscuro dentro de su consciencia y varias de sus memorias —tanto a corto, como a largo plazo—, simplemente parecían no encajar, pues al parecer, no existía una conexión lógica entre sus recuerdos.

Wanda estaba a escasos segundos de darse por vencida, pero una secuencia de imágenes empezó a reproducirse en la mente del soldado.

Trató de no concentrarse en eso, pues ya había dado con la información que estaba buscando, sin embargo, la intensidad de aquellos recuerdos comenzó a tornarse mucho más rápida y persistente. Todas las emanaciones psíquicas de la mente del castaño estaban siendo percibidas por ella y no creía ser capaz de soportarlas por muchísimo tiempo. Se obligó a ignorar aquellas visiones, su misión no era violentar la privacidad de Bucky, mucho menos ponerse a contemplar sus recuerdos, aquello simplemente no le correspondía.

¡Bucky! ¡No!

Escuchó el grito desgarrador que emitió Steve y luego vio a Bucky caer de aquel tren.

Wanda cerró los ojos con fuerza, estaba sintiendo el miedo y el sufrimiento que percibió James en aquel momento de su vida y unas horribles ganas de echarse a correr lejos comenzaron a invadirla.

Serás el nuevo puño de Hydra, soldado…

Un dolor indomable estaba presente en todo su cuerpo, especialmente en la parte alta de su brazo. Vio a varios científicos alrededor de él, éstos le miraban con expresión sádica. James no entendía lo que pretendían hacerle, solo sabía que estaba en peligro y que debía huir cuanto antes.

La muchacha apretó los puños con fuerza, ver a James desesperado y vulnerable hizo que experimentase una impotencia que jamás había sentido antes. No entendía cómo podía seguir vivo luego de haber sido sometido a tantos tratos crueles e inhumanos.

Ya sabes lo que debes hacer con ella, soldado.

En aquel recuerdo, ya no había rastros del joven y carismático sargento Barnes. James no recordaba quien era, no sabía de donde venía ni por qué diablos hacía lo que hacía. No tenía autonomía ni pensamientos propios. Era un ser carente de emociones y decisiones. Su mente únicamente era capaz de acatar órdenes y su cuerpo sólo servía para asesinar personas.

El soldado del Invierno levantó su arma y con precisión apuntó hacia la cabeza de aquella mujer. La joven que intentaba huir con desesperación, se arrodilló frente a él, se aferró a sus piernas y con lágrimas en los ojos suplicó por su vida, sin embargo, nada de eso pareció conmoverle, este simplemente le dedicó una mirada vacía y a sangre fría le disparó en medio de la frente.

Wanda ya no se sintió capaz de seguir viendo recuerdos de semejante calibre, no podía sobrellevarlos, eran demasiado impactantes y sencillamente la superaban por completo.

Estaba dispuesta a finalizar todo eso, pero repentinamente apareció una cara muy familiar en uno de los recuerdos del soldado. Ladeó el rostro sintiéndose confundida. ¿Qué diablos hacía Natasha ahí?

James, James Buchanan Barnes, ese es tu nombre —musitó Natasha, estando prisionera bajo su agarre. El soldado la miró fijamente mientras juntaba el entrecejo. Se encontraban en medio del cuadrilátero, entrenando como ya se había vuelto normal y cotidiano entre ambos. Lo leí en tu expediente.

No deberías saber eso… —masculló, en tanto ejercía mayor presión sobre la técnica de inmovilización que estaba aplicando encima de sus extremidades. Acción que terminó provocando un gemido ahogado por parte de la pelirroja—. Se supone que ni siquiera yo puedo recordarlo.

No mereces nada de lo que ellos te han hecho siseó, viéndole fijamente.

Le regresó la mirada y notó como ella se estremeció bajo su cuerpo. James tragó saliva, estaban demasiado cerca y por desgracia, su leve intercambio de palabras no estaba logrando pasar desapercibido. Las miradas persistentes y fisgonas que estaban recibiendo por parte de los instructores de entrenamiento, lo dejaban más que claro.

Deberías callarte replicó, serio—. Recuerda que aquí no estamos solos.

Natasha aprovechó la distracción del soldado para plantarle un fuerte rodillazo en el estómago, James claramente no vio venir aquel ataque, así que sin poder disimular el dolor que sintió con el impacto, dejó salir un quejido ronco para luego retroceder y apartarse un poco.

Bien hecho, Romanova exclamó uno de los instructores, suficiente por hoy.

Los dos se pusieron de pie, Natasha le dedicó una sonrisa arrogante y un leve guiño antes de alejarse del cuadrilátero.

No necesitaba ser demasiado astuta para comprender lo que ahí había ocurrido, después de todo, era bastante obvio. Evidentemente la relación de esos dos era mucho más profunda de lo que pudo presenciar en aquel recuerdo, no sabía exactamente por qué, pero estaba detestando con toda su alma que Natasha fuese parte de su pasado.

Apretó la mandíbula. Verlos juntos había sido como recibir un puñetazo en pleno rostro.

Le molestaba. No podía negarlo.

Apenas estaba tratando de asimilar lo que acababa de ver cuando un nuevo recuerdo comenzó a reproducirse en la mente de Bucky. Wanda sabía que debía decir «Basta» e ignorarlo, pero en esos momentos, su curiosidad era muchísimo más grande que sus intenciones de ser una mujer sensata y razonable.

Estaba terminando de darse una ducha cuando escuchó los pasos de alguien adentrándose a su cuarto. Natasha esbozó una sonrisa ladina, sabía perfectamente bien de quién se trataba, así que rápidamente corrió la cortina y salió de la ducha.

La pelirroja no aparentaba sentir ninguna clase de pudor, no se molestó en cubrir la desnudez de su cuerpo porque era bastante evidente que Bucky conocía muy bien todo lo que estaba viendo.

Él no dijo nada, ella tampoco.

Bastó con que sus miradas contactaran para que lo demás simplemente sucediera.

Con pasos lentos y minuciosos, el castaño acortó la distancia que los separaba. Se detuvo frente a la joven y esta en respuesta lo recibió con un beso suave, pero al mismo tiempo doloroso.

En cierto modo, sabían que todo eso era demasiado bueno para durar tanto tiempo, y precisamente por ello, los besos que últimamente estaban compartiendo comenzaban a tornarse desoladores.

La intensidad del ósculo aumentó con velocidad frenética y en cuestión de segundos ambos se encontraban consumiendo y devorando fervientemente la boca del otro.

Van a separarnos murmuró Bucky, distanciándose brevemente de sus labios. Natasha solo se limitó a permanecer inmóvil. Detestaba hablar sobre eso, ya no necesitas mis entrenamientos, ellos lo saben…

Nadie va a separarnos, James… Lo besó en la mandíbula, ni siquiera ellos podrán.

No los conoces como yo, son capaces de hacer eso y mucho más si llegan a descubrir la relación que existe entre nosotros.

Pero ahora estoy contigo y no voy a permitir que me alejen de ti.

James besó su frente y la refugió protectoramente entre sus brazos. Ella no lo sabía, pero era cuestión de días para que esos hombres volvieran a borrar todos sus recuerdos.

Los entrenamientos en el cuarto rojo quedarían atrás… todos los momentos compartidos quedarían reducidos a nada; jamás volvería a tenerla entre sus brazos, jamás podría besarla otra vez…

Ya no habría más Natalia.

Hundió su rostro en el pequeño hueco de su cuello y aspiró su aroma mientras la acercaba a su cuerpo.

Nunca iba a entender por qué un asesino como él tenía el privilegio de ser amado…

Simplemente no lo merecía. No le correspondía.

» No te des por vencido, no ahora, James suplicó.

Tomó el rostro de la chica entre sus manos y juntó su frente con la de ella. Ambos cerraron sus ojos y durante unos cuantos segundos lo único que hicieron fue oír el ritmo errático de sus respiraciones.

No, no lo haré siseó, convencido.

—¡Detente! —gritó Bucky, apartándola con un empujón que la hizo caer directo al suelo.

Wanda abrió los ojos de golpe. Posó sus pupilas sobre él, y desde el piso se limitó a observarle.

—La conocías… —profirió con impacto—. Dios mío, tú y Natasha…

—¡Vete! —vociferó, tomándose la cabeza con ambas manos.

No había asimilado lo que acababa de hacer hasta que notó lo perturbado y vulnerable que se encontraba Bucky.

—Yo… perdón —sin quitarle la vista de encima, Wanda comenzó a ponerse de pie—, en verdad lo lamento, no quería lastimarte.

—¡Maldita sea! —gruñó, encolerizado—. ¡Lárgate!

—Entiendo que estés enfadado, en verdad lo siento, pero tienes que calmarte…

Quiso tocarlo, pero Bucky de inmediato rechazó su cercanía.

—No te atrevas a tocarme —le advirtió, inapelable.

—Bucky, escucha… —estiró una mano teniendo intenciones de alcanzar su antebrazo, pero el castaño la alejó de un manotazo.

—¡Sal de aquí!

No quería complicar más las cosas, así que sólo asintió con la cabeza. La mirada fulminante que Bucky le otorgó, hizo que algo dentro de su pecho comenzara a quebrarse.

—Está bien, está bien... solo quiero que sepas que, sinceramente lo siento, lo siento mucho.

Creía en las palabras de la chica, sabía que estaba siendo honesta y que en verdad se encontraba arrepentida, pero en esos momentos, deseaba tenerla muy lejos.

No se molestó en responder nada, sólo se aproximó a ella, la cogió por el antebrazo, la arrastró hacia la puerta y con ello la obligó a salir del cuarto.

Una vez solo, apoyó su espalda encima de la puerta cerrada y lentamente se dejó caer sobre el piso. Lanzó una bocanada de aire mientras se llevaba una mano hacia la frente, sabía que debía tranquilizarse, pero por más que lo intentaba simplemente no podía. ¿Cómo diablos se suponía que iba a hacerlo después de haber visto a Natalia en sus recuerdos? ¿Cómo iba a disimular que aquello no lo estaba atormentando; si no podía dejar de pensar en ella ni en todo lo que habían vivido juntos? ¿Cómo fingir que no le importaba recordar algo como eso?

Su puño metálico se impactó con fuerza sobre el suelo.

Estaba harto, harto de vivir bajo la sombra repudiable de su pasado, harto de no tener el control absoluto de su mente, harto de que toda esa mierda fuese interminable… ¿Por qué demonios esa niña tenía que jugar con su mente y mostrarle un recuerdo como ese justo ahora que las cosas estaban tan mal?

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—¿Qué ocurre, Nat? —Con la mayor delicadeza que pudo, se separó lentamente de ella. No quería terminar ese beso, podría besarla hasta que sus labios sangrasen y sus pulmones se quedasen sin aire, pero ella estaba llorando y necesitaba saber qué demonios le ocurría—. ¿Por qué lloras?

—Esto está mal. Maldita sea, está muy mal. Sharon está arriba, pudo habernos visto y…

—Hablaré con ella —la interrumpió—, yo tampoco quiero mentirle. Esta vez haremos las cosas bien.

—No…

—¿No? —frunció el ceño sin comprender el porqué de esa respuesta—. ¿Qué quieres decir con eso?

—No tengo idea, Steve... —limpió sus lágrimas, mientras clavaba sus ojos verdes sobre la mirada confundida del rubio—. Solo quería besarte por última vez.

—¿Qué quieres decir con eso? —le preguntó, en tanto volvía a tomarla por uno de sus brazos—. Natasha; si no me lo explicas ahora yo… yo simplemente voy a terminar volviéndome loco. En verdad, no logro entender nada de lo que dices y me estoy hartando de no saber si esto es en serio o si solo estás jugando.

Ella iba a responder, pero la presencia de Wanda la hizo guardar silencio.

—Tranquilos… —profirió la muchacha, a medida en que bajaba los peldaños de la escalera—, no escuché nada de lo que hablaban.

Enfocó sus pupilas sobre Natasha y todos los recuerdos que vio en la mente de Bucky llegaron instantáneamente a su cabeza. Su estómago sufrió un vuelco violento y la sensación de asco comenzó a subir lentamente por su garganta, no sentía repulsión por lo que vio, sentía asco por todos los celos que estaba comenzando a experimentar al respecto. No tenía derecho a estar celosa por un hombre que ni siquiera era su amigo; eso no tenía sentido, pero… aunque sabía que aquello era una soberana estupidez, no podía evitar sentirse furiosa…

A final de cuentas, Natasha había mentido durante todo ese tiempo y sin remordimiento ocultó el cuestionable pasado que compartía con James. A su criterio, eso era motivo suficiente para guardarle cierta cuota de rencor y desconfianza.

—Creo que en estos momentos deberías estar con Bucky —sugirió, en tanto enfocaba sus ojos sobre Steve, este en respuesta juntó el entrecejo y la miró sin entender a lo que se refería—. Ingresé a su mente y está un poco, como decirlo… uhm, él se encuentra un tanto alterado.

—¿Por qué diablos hiciste eso? —le cuestionó, enojado.

Ignoró el reproche del capitán mientras metía una mano dentro del bolsillo derecho de su chaqueta, desde ahí extrajo un papel y lo extendió hacia ellos.

—La base central de Hydra está ubicada en Hamburgo, en esas coordenadas. —El rubio continuó mirándola con enfado mientras Natasha recibía la pequeña hoja en absoluto silencio—, supongo que eso responde tu pregunta.

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Steve subió las escaleras rápidamente y en cuestión de segundos consiguió llegar a la habitación que utilizaba su amigo. Rogó internamente que él estuviese bien, que no se encontrase alterado ni confundido, mucho menos atemorizado… en esos momentos, lo que menos necesitaba era tener problemas de esa índole con Bucky, pues si este se descontrolaba, no quería pensar en lo complejo que sería poder tranquilizarlo.

Sacudió su cabeza e intentó despejar su mente de aquellos pensamientos pesimistas. Pensar de esa manera no iba a resultarle útil de ningún modo.

No dejó pasar más tiempo y con rapidez abrió la puerta.

Pensó que la habitación estaría hecha un desastre y que ahí dentro tendría que enfrentarse a un Bucky muy furioso y descontrolado, pero para su asombro, en el interior de aquella habitación todo se encontraba en orden.

Con la vista, Steve buscó al castaño y en cuanto sus pupilas se posaron sobre él, fue inevitable que sus cejas no se alzaran con sorpresa. Bucky estaba tendido sobre la cama, tenía los ojos cerrados y una mano sobre la frente, a simple vista aparentaba estar tranquilo, no demostraba indicios de haber estado alterado, por el contrario, parecía muy calmado.

—Hey… Wanda me platicó sobre lo que pasó. ¿Estás bien?

—Sí, supongo… —respondió, sin abrir los ojos.

—Lo que Wanda hizo no estuvo bien —reflexionó Steve, en tanto se acercaba hacia la cama—, pero estoy seguro de que ella no tuvo malas intenciones.

Bucky apartó la mano de su frente, abrió los ojos y le miró sin decir nada. Pensar en Wanda hizo que una pequeña punzada de remordimiento se alojase en su pecho, le había dado un trato bastante tosco y no se sentía orgulloso de aquello. Después de todo, ella y sus habilidades le ayudaron a recordar sucesos muy importantes y, en cierto modo, no podía ignorar que gracias a eso estaba comenzando a sentirse un poco más seguro.

No obstante, todavía se sentía enfadado con la joven y necesitaba tenerla lejos durante un tiempo, al menos hasta que su resentimiento y coraje comenzara a esfumarse.

—Sé que ella no lo hizo con malas intenciones —contestó—, pero probablemente si en estos momentos la tuviese en frente, ten por seguro que la estaría estrangulando.

—¿Sabías que Wanda y su hermano gemelo también estuvieron en manos de Hydra?

—No… —siseó, sorprendido e interesado al mismo tiempo.

—No quiero justificar a Wanda, pero tampoco quiero que por culpa de esto tú y ella comiencen a llevarse mal.

—Descuida, no estoy aquí para hacer amigos.

—Yo… solo quiero que comprendas que nadie pretende hacerte daño; tampoco voy a permitir que esto vuelva a pasar. Mientras yo esté aquí, ten por seguro que estarás a salvo.

Bucky bajó la vista, oír la forma en que su amigo le demostraba todo su apoyo lo hacía sentir verdaderamente miserable. Si Steve pudiese contemplar todos los recuerdos que Wanda le hizo ver, probablemente estaría detestándolo. No sabía en qué consistía su relación con la pelirroja, pero estaba seguro de que entre ella y su amigo existía mucho más que una simple amistad.

Realmente no sabía qué ocurriría de ahora en adelante… pero evidentemente para Steve, no sería nada reconfortante saber que Natasha y él compartían una significativa historia juntos.

» Buck, sé que ahora no quieres saber nada de Wanda y que tienes muchas razones para estar enfadado, pero… —hizo una pequeña pausa, mientras formulaba en su mente las palabras adecuadas—, si hay alguien que aquí puede entenderte, esa persona definitivamente es ella.

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Bastó con que Steve las dejase a solas para que la pelirroja se le arrimara con pasos furiosos y amenazantes.

—Si Barnes no deseaba que entraras en su maldita mente, tan sólo debías respetarlo.

Wanda sonrió con ironía.

—Por favor, Nat… ya puedes dejar de disimular frente a mí —refutó, ensanchando la sonrisa socarrona que se había formado en su rostro—, sé que tenías mucha confianza con él y que te encantaba llamarlo «James».

Dicha oración provocó que los latidos de su corazón se descontrolasen. Natasha abrió los ojos con impacto y fue incapaz de disimular lo mucho que aquello estaba afectándole.

Si Wanda pudo verla en los recuerdos de James, aquello sólo podía significar una cosa…

Bucky acababa de recordar todo.

» No sé cómo diablos no lo vi aquella vez… —continuó Wanda—, cuando invadí tu mente y tus recuerdos.

Una punzada de angustia atravesó su pecho.

Tenía la boca seca y un sabor amargo en la lengua. No sabía qué diablos decir; no estaba preparada para platicar sobre James, mucho menos de la relación que hubo entre ambos. En realidad, no estaba preparada para pensar en eso, durante muchos años se había resignado a vivir siendo un recuerdo muerto en su cabeza y ahora que —aparentemente él la recordaba—, Natasha simplemente no sabía cómo demonios se suponía que debía reaccionar.

¿Qué pensaría Steve cuando se enterase? ¿Cómo reaccionaría?

—¿No vas a decir nada?

La voz de la Bruja Escarlata la sacó abruptamente de sus pensamientos. Posó la vista sobre el rostro de su compañera y a juzgar por la dureza del gesto serio y demandante de sus facciones, era evidente que esperaba una explicación de su parte.

—Wanda, ¿quieres que dejemos de ser fugitivos, verdad?

—Por supuesto que sí —contestó, cruzándose de brazos.

—Entonces no mezcles las cosas. No le digas a Steve lo que viste y deja que yo me encargue de eso.

La muchacha arqueó una ceja mientras asentía con la cabeza.

—Puedes estar tranquila, no le diré nada, y por si te preocupa, tampoco le diré a Sharon lo que sientes por Steve.

Natasha frunció el ceño. Aquel comentario le había molestado.

—Si estás esperando que te lo agradezca, lamento decir que eso no va a suceder —masculló, irritada—. Solo estás haciendo lo que debes hacer, después de todo, no tienes motivos para involucrarte en esto.

—¿Te encanta tenerlos a todos babosos por ti, verdad? —replicó con fastidio—. Ni siquiera te importa que Steve y Bucky sean amigos…

—Sí me importa, Wanda. Pero no hablaré esta mierda contigo; tengo demasiados problemas ahora y en mi cabeza no hay espacio para sumar uno más.

Aquello era cierto. Ya tenía suficiente con el gobierno tras su pista y con Sharon embarazada de Steve. No necesitaba sumar a Bucky en aquel paquete de problemas.

Wanda se le aproximó un par de pasos y se limitó a observarla de manera desafiante.

—¿Podrías dejar de mentir y manipular por un maldito segundo?

Ahora fue Natasha quien sonrió de medio lado.

—¿Estás celosa, cierto?

—¿Disculpa? —inquirió, ofendida.

—¿Tanto te molestó verme en los recuerdos de James?

—¿Por qué demonios tendría que molestarme algo como eso?

—No sé… —siseó, viéndola con persistencia—, es lo mismo que me gustaría saber.

Por supuesto que sí, estaba celosa como jamás lo había estado antes y detestaba con toda su alma no poder disimular como se sentía, más aún cuando estaba en frente de Natasha, la única causante de que se sintiera así de estúpida e insegura.

En muchos aspectos, Wanda siempre se había sentido inferior a Natasha, ella era una mujer en toda la extensión de la palabra, astuta, sensual; experimentada e interesante. Todo lo contrario a ella, que sólo era una niñata inexperta que a duras penas podía controlar sus poderes, sin hacer énfasis en sus incontables inseguridades y en su escasa —por no decir nula— experiencia con hombres.

Sentirse opacada por la espía era una sensación con la cual se encontraba bastante familiarizada, sin embargo, en esta ocasión no tenía pensado tragarse su coraje.

—¿Sabes, Natasha? No todas somos como tú… —encasquetó, en tanto le lanzaba un vistazo despectivo—, al menos yo sí puedo relacionarme con un hombre sin terminar metida en su cama.

Iba a comenzar a alejarse de ahí, pero sus pasos se vieron interrumpidos por el fuerte agarre que ejerció la rusa encima de su brazo.

—No vuelvas a hablarme así —le advirtió—, la próxima vez que lo hagas…

—¿Qué? —la desafío, antes de alejarle la mano de un manotazo—. ¿Vas a golpearme?

—Solo diré que no seré tan considerada como lo estoy siendo ahora.

—Si fueras más inteligente, no te atreverías a amenazarme. Sabes perfectamente bien cuál de las dos tiene más posibilidades de perder.

La castaña no argumentó nada más y con pasos veloces comenzó a distanciarse de aquel sitio.

Natasha por su parte sólo fue capaz de lanzar un suspiro. Toda esa situación iba a terminar matándola.

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Mientras el capitán mantenía una charla telefónica con Clint, Sharon estaba intentando coordinar un plan de ataque junto a Wanda y Natasha.

Steve la había puesto al tanto sobre lo acontecido con Barnes y aunque ella no estuvo presente; podía sentir la tensión latente en el ambiente. Sus compañeras apenas cruzaban palabras y cada vez que una proponía algo, la otra terminaba refutándolo de inmediato, no sabía qué ocurría entre ambas, pero evidentemente algo no estaba marchando bien.

—Clint dijo que no lograron encontrar nada que pudiese sernos útil, al menos no en cuanto a pruebas y evidencias —comentó Steve, mientras ponía fin a la llamada. Guardó el iPhone dentro de uno de los bolsillos de su pantalón y con gesto pensativo se aproximó hacia ellas—, pero… hay una buena noticia.

—¿Cuál? —preguntó, Wanda.

—En esa base de Hydra encontraron una nave; no es la gran cosa, pero… nos servirá bastante. Gracias a ella podremos viajar a Hamburgo esta misma noche.

—¿Estás seguro de que es buena idea viajar esta noche? —inquirió Bucky, apareciendo repentinamente en la estancia.

En cuanto la voz del soldado resonó en medio de la habitación, tanto Natasha como Wanda se tensaron. La primera permaneció inerte en su asiento, la segunda fue incapaz de no voltear a verlo.

James no le dio mayor importancia a la reacción de ambas y simplemente optó por apoyar su espalda sobre la pared más cercana. En el fondo, se sentía tan nervioso y desconcertado como ellas lo estaban, pero por suerte sabía ocultar muy bien sus emociones.

Wanda tragó saliva. La presencia de Bucky la había tomado por sorpresa, quería decir algo, cualquier cosa que pudiese romper el hielo de la indiferencia que él le estaba dedicando, pero se sentía demasiado estúpida y arrepentida como para pronunciar cualquier clase de vocablo.

—No, Buck, no estoy seguro —respondió el rubio—, pero es la única opción que tenemos. Lamentablemente no estamos en condiciones de perder más tiempo.

—Steve… yo también iré —agregó Sharon, haciendo que inmediatamente todas las miradas cayeran sobre su persona, especialmente la de una desconcertada Natasha.

—Sharon, ya hablamos sobre esto… necesito que te quedes aquí.

—Lo que tú necesitas es apoyo y yo no te seré útil desde aquí —replicó, convencida.

—¿Estás segura? —le interrogó. La rubia asintió con la cabeza—. No dudo de tus capacidades como agente, pero no nos enfrentaremos a una misión sencilla. Ellos son muy superiores a nosotros en cantidad y en armamento.

—Lo sé, precisamente por eso quiero ayudar.

—Bien… —accedió, sin estar muy seguro de la decisión que estaba tomando—, pero no te separarás de mí en ningún momento.

—Entendido, capitán.

Natasha sintió muchos deseos de abofetearla otra vez. ¿Cómo demonios podía ser así de inconsecuente? ¿Por qué diablos exponía de semejante forma la vida de un bebé inocente?

La pelirroja miró a Steve y una extraña sensación de angustia se posó encima de su pecho. Si él fuese verdaderamente consciente de que Sharon estaba esperando un hijo suyo, las cosas serían muy distintas. Si supiera la verdad, por nada del mundo permitiría que ella fuese a exponerse a esa estúpida misión.

—Entonces, comencemos a organizar todo —propuso el capitán—. Sam y los chicos no tardarán en llegar.

La espía iba a dirigirse a realizar lo sugerido por Steve, pero se quedó congelada en cuanto sintió la mirada de Bucky recaer sobre ella.

Sus ojos tenían una expresión seria, no parecían estar analizándola u observándola con desconfianza, pero tampoco parecían verla con la misma emoción de hace unos años.

Ahora era diferente.

Sabía que ambos tenían una conversación pendiente, pero ese, definitivamente no era momento para ponerse a charlar. Debía hacerse cargo de asuntos mucho más serios.

Notó como Sharon se dirigió hacia las escaleras y rápidamente comenzó a seguirle los pasos.

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—Estás muy equivocada si piensas que voy a permitir que vayas…

Sharon no necesitó girar sobre sus talones para comprobar de quien se trataba. Sabía perfectamente bien que Natasha le estaba siguiendo los pasos y que evidentemente se encontraba furiosa.

Puso los ojos en blanco antes de voltearse a contestar.

—No soy una novata, he estado en misiones de este tipo y créeme, sé cuidarme muy bien.

—Y te creo, pero ahora estás embarazada y no quiero tener que decírselo a Steve.

—Baja la voz… —le pidió, en tanto se aseguraba de que nadie las estuviese oyendo.

—Si él supiera la verdad por ningún motivo permitiría que fueras.

Eso era completamente cierto y Sharon era muy consciente de ello, mas no pensaba dejar a Steve solo. Tampoco pensaba quedarse de brazos cruzados mientras todo el equipo arriesgaba su vida en aquella base de Hydra; no podía dejarlos lanzados a su suerte, no ahora que estaban tan cerca de reunir pruebas para poder acceder a un juicio justo.

Sabía que estaba siendo irresponsable con la integridad de su bebé, pero era un riesgo que lamentablemente debía enfrentar.

—Natasha, sé que piensas que estoy haciendo esto porque busco excusas para ponerme en riesgo y perder a mi hijo, pero ten por seguro que no es así. Si lo hago, en parte también es por él o ella. —Se llevó una mano hacia el vientre para luego depositar una pequeña caricia en aquella zona de su cuerpo—. Respecto a nuestra charla de la mañana, yo… lo estuve pensando y, tienes razón, no puedo ocultarle a Steve algo como esto.

—Entonces… ¿vas a decirle la verdad? ¿Le dirás que va a tener un hijo? —preguntó, esperanzada.

—Sí, le diré la verdad, pero lo haré después de la misión. —La pelirroja enserió su semblante y con ello Sharon supo que tendría que entregarle una explicación convincente—. Steve necesita mi ayuda ahora, no soy una agente tan capacitada como tú o Clint, tampoco soy tan versátil y astuta como Sam o Scott y por supuesto que no tengo habilidades tan impresionantes como Wanda o el propio Bucky, pero sé que puedo serles de mucho apoyo. Natasha, por favor… déjame acompañarles, no le digas nada a Steve.

Romanoff sopesó la idea durante algunos segundos, si accedía a lo que Carter le estaba pidiendo, tendría que continuar mintiéndole a Steve y definitivamente ya no soportaba tener que hacer eso. Pero por otro lado, no podía evitar ser empática con Sharon, pues si estuviese en sus zapatos, probablemente haría lo mismo.

Mierda, era todo tan complicado.

—Estoy dispuesta a guardar silencio, pero antes debes prometerme algo.

—Lo que quieras.

Sabía que terminaría arrepentida, pero quería ser optimista y creer que las cosas saldrían bien.

Lanzó un suspiro antes de continuar.

—Prométeme que esta será la última misión a la cual asistirás, prométeme que después de esto sólo vas a dedicarte a cuidar al bebé.

—Lo prometo.

—Bien, sólo espero que estés siendo honesta conmigo, Carter. —Con gesto serio, Natasha le apuntó el rostro con un dedo—. No te conviene engañarme.

—Te hice una promesa y la voy a cumplir. —La espía le dedicó un pequeño gesto afirmativo y comprensivo, luego simplemente comenzó a alejarse—. Natasha, espera…

La aludida detuvo sus pasos y giró sobre su eje para poder verle de frente.

» Eres una buena persona —musitó Sharon, siendo totalmente honesta—, y no culpo a Steve por enamorarse de ti.

Natasha sintió esas palabras como un verdadero golpe en el estómago. Sharon acababa de tocar dos temas delicados en su vida: El hecho de ser considerada una buena persona y el amor que sentía Steve por ella.

Dos cosas de las que no creía ser digna en lo absoluto.

—No me conoces, Sharon. No digas que soy una buena persona porque no sabes las cosas horrendas que he hecho… —La rubia arrugó el entrecejo, iba a decir algo, pero Natasha se lo impidió—, jamás vuelvas a decirme una estupidez así.

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Todos se encontraban ocupados realizando distintas actividades para partir cuanto antes a la ciudad de Hamburgo.

Steve le había pedido a Bucky encargarse de la distribución del armamento, pues mientras él se ocupaba de revisar el estado del jet privado que sus amigos acababan de traer desde la base de Hydra, era pertinente y necesario que todos los miembros del equipo estuviesen colaborando, de ese modo, lograrían concretar su objetivo y por ende, viajar más rápido.

James se dispuso a realizar lo encomendado, rápidamente se trasladó a la cochera, en ese lugar se encontraban las armas y organizarlas allí sería mucho más cómodo.

Concentrado en terminar su labor, cargaba un par de pistolas en las manos cuando súbitamente vio como cierta castaña de ojos verdes se adentraba a la estancia.

Bucky le dedicó un vistazo rápido, pero luego regresó su atención a lo que estaba realizando.

—Lo siento, en verdad —profirió la muchacha, parándose a pocos centímetros de distancia.

—¿No deberías estar ayudando a Sharon con lo del GPS? —comentó sin mirarla, ignorando al mismo tiempo sus disculpas.

—¿Qué puedo hacer para que me perdones? —insistió, afligida.

—Tal vez irte y dejarme en paz —respondió con simpleza.

—De acuerdo, entiendo que estés enfadado y que me odies, hice algo en contra de tu voluntad y estuvo mal, pero si no lo hubiese hecho, actualmente estaríamos haciendo nada y seguiríamos sin saber ninguna pista que nos condujera a esa base.

Wanda lo miró expectante, estaba dispuesta a soportar un insulto de su parte, incluso que la mandase al mismísimo demonio, todo con tal de recibir una respuesta. Sólo quería que le dijera algo; cualquier cosa era mucho mejor que la maldita indiferencia que le estaba dedicando.

» Entiendo si no quieres hablar, pero debes reconocer algo —articuló con seriedad—, si no hubiese sido por mí, seguirías sin recordarla.

Bucky apartó la vista de las pistolas que sostenía en las manos para únicamente proceder a fulminarla con la mirada.

—¿Podrías callarte? —le espetó con apatía.

—¿Duele, no? —secundó la castaña. Bucky tensó su mandíbula y trató de no perder la poca paciencia que le estaba quedando—. Te duele que Natasha ahora esté enamorada de tu mejor amigo, ¿verdad?

—¿Y a ti qué diablos te importa?

—No es que me importe, pero sé lo que se siente estar mal y que nadie te entienda.

A modo de respuesta, James sólo se limitó a esbozar una sonrisa repleta de ironía.

—Y ahora viene la parte en que me cuentas una historia triste por la cual debo sentir empatía, ¿verdad?

Wanda lo miró con molestia.

—¿Sabes? Ese es precisamente tu maldito problema… —El soldado alzó ambas cejas mientras se fingía sorprendido—. Tratas de ser un tipo rudo todo el tiempo y por eso la gente cree que no tienes derecho a sentirte como la mierda.

—¿Acaso lo dices por experiencia propia? —preguntó, sarcástico.

—Puede ser. Después de todo, somos mucho más parecidos de lo que crees.

—Eso lo dudo.

—Puedes ser todo lo irónico que quieras… de igual forma, no puedes platicar sobre este tema con nadie. —Sabía que con lo de «este tema» se estaba refiriendo a la pelirroja y no le agradaba en lo absoluto que Wanda estuviese tan empecinada en seguir hablando de eso—. Debes admitir que en estos momentos, soy la única opción que tienes para desahogarte.

—Eres la última persona con la cual deseo platicar —replicó, mirándola fijamente.

—Lo sé, pero ese enfado que sientes por mí, tarde o temprano pasará y quiero que sepas que cuando eso suceda y tengas deseos de hablar con alguien… —hizo una pequeña pausa mientras era consciente de la poca distancia que tenían en esos momentos.

¿En qué momento habían quedado tan cerca? Bastaba con que uno de los dos inclinase un poco su cabeza para que las bocas de ambos se juntasen. Wanda trató de no ponerse nerviosa con aquel pensamiento inapropiado. ¿Qué demonios pasaba con su cerebro? ¿Cómo rayos podía estar pensando en besarlo en un momento tan inoportuno como ese? Tragó saliva pesadamente y como ya era costumbre cada vez que Bucky se le acercaba más de lo normal, terminó olvidando todo lo que estaba diciendo.

—Creo que estabas diciendo algo importante, Maximoff…

Procuró ignorar la calidez de su cercanía y lo excitante que se percibía escuchar su voz ronca desde tan cerca.

—Sí, yo sólo quería que supieras que… —sus palabras nuevamente quedaron a medio camino.

Cuando los dedos de Bucky rozaron un costado de su cintura, Wanda abruptamente guardó silencio. No supo si aquello realmente había ocurrido o si simplemente lo estaba soñando. Descendió la vista hacia dicha zona de su cuerpo y en cuanto encontró la mano del soldado sobre su cintura, supo que no estaba delirando. Era real. Eso fue más que suficiente para dejarla muda y con la mente en blanco. James no estaba tocando directamente su piel, ya que tenía la mano apoyada por sobre la tela de su blusa, pero ella literalmente sentía como si sus dedos la estuviesen quemando.

—¿Que supiera qué? —inquirió Bucky, disfrutando del efecto avasallador que esa chica podía provocarle.

Wanda tragó saliva, creía que en cualquier momento sus piernas se romperían y dejarían de sostenerla.

Si él podía provocarle todas esas sensaciones con el simple hecho de rozarla con las yemas de sus dedos. ¿Qué podría llegar a pasar si la besaba?

Probablemente moriría…

—Que supieras que… —fijó la vista en sus labios y de forma inconsciente relamió los propios. Necesitaba besarlo, no sabía por qué demonios seguía hablando cuando debería estar usando su boca para saborearlo como si el mundo se estuviese acabando—, puedes ir a mi habitación y charlar un poco, quizás…

—¿Las armas están listas? —preguntó Steve, ingresando repentinamente a la cochera.

«Mierda»

A pesar de que Wanda y Bucky se separaron con rapidez impresionante, Steve alcanzó a ver suficiente para quedar totalmente desconcertado. Tenía muchísimas ganas de preguntar qué diantres estaba pasando, pero finalmente optó por tragarse la curiosidad que sentía y fingir que ahí no estaba ocurriendo algo extraño y comprometedor.

—Wanda, creo que Sharon te está buscando —mencionó Steve, como si quisiera llenar el incómodo silencio que les estaba rodeando.

La mencionada se quedó mirándole sin reaccionar, en esos instantes su cerebro parecía no querer funcionar con normalidad.

» Ve con Sharon, Wanda —ordenó el rubio.

En vista de que la voz de Steve ya no se oía tan tranquila como hace unos momentos, la muchacha optó por hacerle caso. Comenzó a dirigirse con pasos apresurados hacia la salida, aunque no se fue de ahí sin antes dedicarle una significativa mirada al castaño.

En cuanto se quedaron solos, un nuevo silencio incómodo comenzó a rodearles.

—Steve, lo que viste…

—Sé muy bien lo que vi —le interrumpió, adusto—, pero ahora no tenemos tiempo para hablar de eso. Aunque, cuando me referí a que Wanda podía entenderte, no me estaba refiriendo precisamente a…

—No es lo que estás pensando —mintió descaradamente.

—Veo que no has perdido tu toque con las chicas.

—No estaba intentando…

—Más tarde hablaremos de Wanda —volvió a interrumpirle—, por ahora sólo quiero saber si las armas están listas.

—Sí, ahí están —contestó, apuntando un bolso que se encontraba en el suelo.

Como si pesara menos de un kilo, Steve tomó aquel bolso repleto de pistolas y fácilmente lo colgó sobre su hombro.

—Tenemos una charla pendiente, Buck —musitó, antes de comenzar a alejarse.

En cuanto quedó completamente solo, Bucky se llevó una mano hacia el rostro. ¿En qué mierda estaba pensando? ¿Por qué sobrepasaba todos los límites de su autocontrol cuando esa castaña estaba cerca? Si Steve no les hubiese interrumpido, eso podría haber llegado muy lejos.

.


.

Se alejó brevemente del resto y caminó hacia la última ventana de la nave. Se sentía nervioso, habían desmantelado bases de Hydra en muchísimas ocasiones, pero ahora, la situación era completamente diferente. Ya no contaban con el apoyo de S.H.I.E.L.D, no estaba Fury para decirles qué hacer, tampoco tenían sus equipos de combate ni contaban con altos complementos tecnológicos proporcionados por Stark… Steve sabía que las posibilidades de fracasar eran muchísimo más grandes que antes, pero aún tenía esperanzas de triunfar, una parte de él creía que todo eso podría salir muy bien. Solo necesitaban tener un poco de fe.

—Todo saldrá bien —murmuró una conocida voz a su lado.

Ladeó el rostro y esbozó una pequeña sonrisa. Natasha no solía expresar mensajes optimistas, consideraba que solo eran estupideces que las personas utilizaban para ignorar la realidad, sin embargo, cuando se trataba de Steve, ella solía atentar contra sus principios, pues siempre encontraba palabras de aliento para él.

La pelirroja posó sus pupilas sobre el paisaje que le ofrecía aquella ventana y Steve tomó provecho de su distracción para poder contemplarla.

Era sin lugar a dudas la mujer más perfecta que sus ojos hubiesen tenido el privilegio de ver.

Era tan bella que simplemente parecía irreal, sus ojos color esmeralda, su nariz respingada y aquellos labios carnosos que siempre incitaban al deseo, eran rasgos que jamás había visto en otra mujer.

—¿Qué tanto me ves? —preguntó Natasha a la defensiva.

—Nada —respondió, mirándola con fijeza—. Sólo me preguntaba si… alguien te había dicho alguna vez lo hermosa que eres.

—Eso es muy cliché, Rogers —trató de oírse fría, pero en el fondo su corazón estaba latiendo de manera frenética—, y será mejor que te calles, recuerda que tu novia está aquí.

Ella tenía razón, además el tiempo era escaso, de hecho, era cuestión de minutos para que Clint aterrizara la nave y necesitaba repasar el plan una vez más.

Se posicionó en medio de los asientos y con ello rápidamente consiguió captar la atención de sus compañeros.

—Bien, Sam y Scott necesito que se encarguen de la primera planta en el sector Este de la base. Natasha y Clint se ocuparán del lado Oeste. Y… ustedes dos —apuntó hacia Wanda y Bucky—, necesito que se encarguen de todo el segundo nivel.

Ambos asintieron con la cabeza.

—¿Solo ellos dos en el segundo nivel? —le cuestionó Natasha—. ¿Estás seguro?

—Sí, de hecho, Bucky podría encargarse solo, pero prefiero que Wanda esté con él, ¿cuál es el problema?

—No, ninguno —aclaró, en tanto sentía como el par de castaños le miraban con recelo.

—Y por último —prosiguió Steve—, nos reuniremos en la última planta. Ahí es donde está la documentación y supuestamente todo lo relacionado a ese experimento. Sharon y yo despejaremos el área, en caso de que necesiten refuerzos, sólo utilicen los comunicadores.

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Por fortuna, pudieron ejecutar la primera parte del plan sin mayores problemas. Clint y Natasha no tuvieron inconvenientes al momento de hackear el sistema de acceso principal, tampoco tuvieron que esforzarse demasiado para quitarse de encima a un ejército considerable de soldados. A pesar de no contar con sus habituales trajes de combate, el equipo estaba siendo muy superior a su rival y comenzaban a tomar gran ventaja, pues la primera planta de la base se encontraba prácticamente despejada.

En cuanto consideraron pertinente el poder separarse, cada uno siguió las indicaciones del capitán y rápidamente comenzaron a dirigirse hacia los pisos superiores.

Sharon y Steve orientaron sus pasos hacia el área en donde se suponía que deberían encontrar la documentación y la información necesaria, sin embargo cuando quisieron entrar, descubrieron que no podrían hacerlo.

La rubia se detuvo frente a la puerta de aquel cuarto que a todas luces parecía contener lo que estaban buscando. Trató de abrirla en tanto llevaba una mano hacia la manilla, pero esta no cedió ni un poco. Steve probó dándole una patada y el resultado fue exactamente igual.

Nada.

—Si no desbloqueamos los patrones de seguridad, no podremos entrar —opinó Sharon—. Tenemos que encontrar el panel de control.

Steve iba a responder, pero vio a lo lejos como un grupo de soldados se les aproximaba desde el otro extremo del pasillo.

—¿Crees que puedas ocuparte de eso mientras me encargo de ellos?

—Lo intentaré… —respondió con una sonrisa pequeña.

—Ten cuidado —susurró, teniendo una sensación extraña sobre el pecho.

—Lo tendré —aseveró, mientras le guiñaba un ojo.

Los ojos azules del rubio contemplaron con angustia como la chica comenzaba alejarse. Tuvo un mal presentimiento. No sabía exactamente por qué, pero sentía que estaba cometiendo un terrible error al separarse de Sharon. Tuvo intenciones de echarse a correr tras ella, pero en ese preciso instante los hombres de Hydra abrieron fuego y comenzaron a dispararle.

Con suma agilidad, Steve dio una rápida voltereta en el piso, no supo cómo demonios consiguió esquivar tantas balas, pero afortunadamente logró salir ileso de aquel ataque. Se precipitó hacia el muro que tenía más cerca y desde ahí desenfundó la única pistola que llevaba consigo. Maldijo por lo bajo al percatarse de que no contaba con munición suficiente; en momentos como esos extrañaba más que nunca su escudo. Se asomó tras el muro y arremetió un par de balas en contra de los miembros de Hydra.

Estaba seguro de que no había derribado a ninguno, pero eso era precisamente lo que pretendía, simplemente quería atraerlos hacia donde él estaba y de ese modo deshacerse de ellos utilizando sus puños, así podría dejarlos inconsciente sin la necesidad de tener que dispararles o herirlos de muerte.

Después de todo, en su política de ataque seguía reinando la regla de «no matar».

Cuando el primero de ellos estuvo lo suficientemente cerca, Steve no titubeó en recibirlo con una patada en el abdomen. El resto de los hombres comenzaron a rodearlo y atacarlo de manera simultánea, sin embargo, el capitán tenía muchísima experiencia en situaciones de ese tipo y sabía perfectamente bien lo que debía hacer.

Le dio un codazo en las costillas al soldado que tenía a su espalda, luego se agachó para esquivar un puñetazo que iba directo a su cabeza y giró rápidamente en el piso. Tras evadirles y volver a levantarse, Steve procedió a repartir varias patadas a los hombres que tenía en frente.

—¿Steve?

La voz de Natasha se manifestó por medio del comunicador que llevaba en su oído.

—¿Qué ocurre, Nat? —contestó, dándole un puñetazo al único individuo que aún continuaba de pie.

—Dime por favor que Sharon está contigo.

Frunció el ceño. Esa frase no le agradó en lo absoluto.

—No, ella está tratando de desbloquear los patrones de acceso. Supongo que se dirigió hacia la sala del panel de control. ¿Qué ocurre?

—Mierda… ve por ella, no la dejes sola.

—¿Qué demonios pasa? —inquirió con nerviosismo.

—La están controlando…

—¿Qué? —preguntó, sin poder creer lo que estaba escuchando.

—No permitas que le hagan daño, ella está…

Para su desgracia, la transmisión se cortó de manera violenta y no pudo oír lo que la rusa intentaba decirle.

—¡¿Natasha?! ¡¿Nat?! —tocó el comunicador con su dedo e intentó restablecer la comunicación, pero la transmisión parecía estar completamente muerta—. Maldición…

—Steve…

En cuanto escuchó la voz de Sharon, Rogers suspiró con alivio. Iba a aproximarse hacia la rubia, pero sus pasos se detuvieron tan pronto como sus ojos advirtieron lo que ella pretendía hacer.

—¿Sharon? —musitó, mientras clavaba la mirada sobre aquella pistola que la mujer sostenía peligrosamente en las manos.

Ella no respondió nada, solo alzó el arma y sin escrúpulo procedió a apuntarle el rostro. Steve se quedó paralizado, se sentía demasiado impactado para reaccionar o decir algo.

—Tengo que hacerlo… —profirió, en tanto quitaba el seguro del arma y llevaba su dedo hacia el gatillo—, lo siento.