Disclaimer: Los personajes pertenecen a Marvel & Disney ©. No tengo fines de lucro.
Capítulo VI: Agente 13, dispare
Con pasos cautelosos, Wanda y Bucky transitaban por los extensos pasillos del segundo nivel de la base. Un silencio sospechoso y perturbador se estaba encargando de generar un ambiente repleto de incertidumbre y nerviosismo. Para ambos, era demasiado extraño que en esos momentos no estuviesen enfrentándose a cientos de soldados, por el contrario, llevaban varios minutos sin ver a nadie y comenzaban a creer seriamente que aquel nivel del edificio se encontraba totalmente vacío.
Pero lejos de sentirse tranquilo, Bucky sabía muy bien que en situaciones como esas, el silencio no era un buen aliado en lo más mínimo, jamás podía representar algo bueno, al menos no cuando venía de parte de una organización tan siniestra como Hydra. Después de todo, ellos siempre jugaban sucio, actuaban de forma despiadada, arrasaban con todo a su paso y arremetían en contra de sus enemigos sin detenerse a pensar en el daño irreversible que podían provocar. Sus líderes eran macabros, unos verdaderos lunáticos e infames de la peor calaña, pero lamentablemente, eran personas astutas, sabían apostar muy bien sus cartas y constantemente solían esconder un As bajo la manga.
Por desgracia, sus estrategias amorales y despiadadas tenían fama de ser muy efectivas.
Wanda y James continuaron caminando sin atreverse a interrumpir el silencio que les rodeaba. Estaban tan sumergidos y concentrados en concretar la misión que ni siquiera habían tenido tiempo para reflexionar sobre lo acontecido en la cochera… y es que en realidad, no era un tema que Wanda quisiera evadir, pues en lo que a ella respectaba, tenía muchísimas ganas de preguntar «¿qué diablos se suponía que estaba pasando entre ambos?». Sin embargo, tampoco sabía si tendría valor suficiente para enfrentar lo que estuvo a escasos segundos de ocurrir.
Su estómago se contrajo, de no haber sido por la interrupción de Steve, estaba segura de que ambos habrían terminado besándose.
Sus pensamientos se vieron violentados cuando un ruido pequeño y casi imperceptible llegó a sus oídos. Wanda detuvo sus pasos en tanto enfocaba sus pupilas sobre el elevador más cercano, el sonido había sido insignificante, pero estaba segura de que provenía de ahí. No obstante, las puertas de aquel ascensor se encontraban cerradas, pues no parecía ocurrir nada fuera de lo común.
—¿Por qué te detienes? —preguntó el castaño. En respuesta, la joven solo se limitó a dedicarle un gesto con su mano. Bucky comprendió que aquello era un evidente «cierra la boca», sin embargo, ignoró lo que ella pidió y decidió insistir en averiguar qué demonios estaba pasando. No le agradaba en lo absoluto la expresión de preocupación que la chica estaba mostrando—. ¿Qué diablos ocurre?
—Vienen… —musitó, viéndole horrorizada.
—¿Qué? ¿Quiénes?
De súbito, las puertas de aquel elevador se abrieron y varios soldados de Hydra comenzaron a salir de este. Bucky ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar, solo vio como esos hombres desenfundaban sus armas y sin pronunciar un miserable vocablo comenzaban a dispararles.
Cogió a Wanda de una mano y rápidamente se echó a correr con ella. Las balas de aquellas armas perseguían sus pasos y era cuestión de segundos para que uno de esos proyectiles llegase hacia ellos.
Con la respiración agitada y el corazón latiendo de manera frenética, se detuvo frente a una puerta, intentó abrirla, pero esta no cedió. Habían bloqueado las salidas.
Wanda no lo pensó por demasiado tiempo, tenía que hacer algo mientras Bucky intentaba abrir esa maldita puerta, así que girando sobre su eje y quedando de frente a los soldados, la joven hizo uso de sus facultades y en un desesperado intento de protección, formó una especie de campo de fuerza con la energía que emergía de sus manos.
James agradeció que en esos momentos Wanda fuese su acompañante, sin duda alguna, la chica estaba llena de sorpresas, sus habilidades eran realmente asombrosas, estaba impresionado, no podía negarlo. Se veía que Steve le había dado un entrenamiento adecuado, sabía desenvolverse perfectamente en situaciones de alta tensión, y siendo honesto… si no fuese por ella, probablemente ya estarían jodidos.
—¿Por cuánto tiempo nos cubrirá esta cosa? —inquirió, refiriéndose al campo de fuerza. La castaña se encogió de hombros.
—Hasta que mi vista comience a nublarse y mi nariz empiece a sangrar —contestó, mientras hacía una mueca de desagrado y concentraba toda su atención en contener la energía que les protegía—. Se ve fácil, pero me estoy esforzando mucho.
Bucky observó tras la energía escarlata que irradiaban las manos de la muchacha, los soldados continuaban disparándoles desde el otro extremo, pero lo único que hacían era perder munición, puesto que las balas de sus armas no conseguían penetrar el campo de fuerza.
—Aviéntales la energía y nos deshacemos de ellos —sugirió.
Wanda negó con la cabeza.
—Si hago eso podría matarlos.
—¿Y? —refutó con frialdad—. Por si no lo notaste, ellos también quieren matarte.
—Steve dijo que…
—Steve no está aquí —la interrumpió—, sé que él tiene por regla no asesinar al enemigo, ¿y sabes? Eso es noble y quizás sea lo correcto, pero también es algo muy estúpido. A veces simplemente vas a tener que hacerlo, es tu vida o la de ellos.
—Diablos, no es tan fácil…
Mientras sus piernas dejaban de sostenerla y caía de rodillas al piso, un hilo de sangre comenzó a caer por su nariz. Incapaz de seguir conteniendo aquel campo de fuerza, Wanda no tuvo más alternativas que bajar los brazos y dejar que la energía rojiza de sus manos se disparase en diferentes direcciones. El impacto recayó en gran medida sobre los soldados de Hydra, y a pesar de que éstos se esforzaron por evadir el ataque, no pudieron hacer nada por escapar del intenso poder que inundó la estancia. Ahora la mayoría yacía en el piso, inconscientes y gravemente heridos.
Sintiéndose totalmente exhausta y evitando caer de bruces contra la superficie, Wanda apoyó las palmas de sus manos encima del suelo, enfocó sus orbes verdes sobre este —y a causa de las descontroladas gotas de sangre que brotaban de su nariz— notó como las baldosas blancas rápidamente comenzaban a teñirse de color rojo.
—¿Estás bien? —le preguntó Bucky.
Aturdida, alzó la vista y lo vio caminar hacia ella, ¿en qué momento había quedado tan lejos?
Por el gesto interrogante que recibió por parte de la joven, era evidente que ella ni siquiera notó que su poder también había recaído sobre él. Siendo franco, ni siquiera él mismo sabía cómo consiguió apartarse de ahí sin morir en el proceso.
» Digamos que… tus habilidades no me son indiferentes —complementó, a modo de respuesta.
Con eso Wanda comprendió que el impacto de su energía lo había aventado lejos. Su cara ligeramente lastimada y sus ropas rasgadas no mentían.
—Lo siento —musitó, apenada.
—¿Bromeas? Acabas de salvarnos —profirió, ofreciéndole su mano para levantarse.
A medida en que se ponía de pie, una sensación extraña se alojó encima de su pecho. Frunció el ceño, la sensación no era para nada agradable, de hecho, distaba mucho de serlo. No sabía por qué, pero se sentía bastante mal, al extremo de que incluso, la simple acción de respirar estaba siendo algo muy doloroso de realizar.
Trató de ignorar el malestar, pero este se acentuó aún más cuando el nombre de Steve llegó como un relámpago a su mente.
Aquello desestabilizó su equilibrio, trató de no caerse al piso en tanto apoyaba sus manos sobre los hombros del castaño, no obstante, su esfuerzo fue en vano, de igual forma sus piernas terminaron flaqueando.
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La única reacción de Steve fue cerrar los ojos y esperar a que esa bala llegase a su pecho, no hizo nada por apartarse, tampoco intentó forcejear con su novia para arrebatarle la pistola de las manos, no hizo nada más que permanecer quieto. En el fondo de su corazón, sabía que ella sería incapaz de jalar el gatillo.
O al menos eso quería creer…
Pues cada segundo que pasaba, era percibido como un maldito suplicio, una tortura mental que no estaba seguro de poder sobrellevar.
En cuanto la escuchó sollozar, el capitán inmediatamente volvió a abrir los ojos. Sharon bajó el arma y dejó de apuntarle para luego caer de rodillas al piso.
—No puedo, no quiero hacerlo —profirió con desconsuelo.
Steve suspiró con alivio, agradecía con toda su alma que pese al control mental, ella aún conservase un poco de lucidez.
Quiso aproximarse, pero la rubia retrocedió de inmediato.
—Sharon…
—¡No! No te me acerques, Steve, por favor no lo hagas —suplicó, mientras volvía a coger el arma y procedía a apuntarle—. Solo vete, hazlo antes de que tenga que matarte.
Se limitó a observarla sin saber cómo demonios reaccionar, no había notado lo mucho que le estaba afectando esa situación hasta que percibió como una lágrima solitaria se comenzaba desplazar lentamente por su mejilla.
Estaba aterrado, por primera vez en mucho tiempo, Steve Rogers simplemente no sabía qué hacer…
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—¿Wanda? —preguntó, angustiado. Se vio obligado a sostenerla, pues la joven abruptamente se desvaneció encima de su cuerpo.
—Estoy bien… —murmuró con debilidad.
Sintiéndose cada vez más preocupado, James se percató de que los oídos de Wanda también estaban sangrando.
—No, no lo estás —replicó, mientras la cargaba entre sus brazos—, tengo que sacarte de aquí.
No sabía a dónde diablos iba a llevársela, pero debía hacer algo, la chica estaba muy débil y no podía permitirse perder un minuto más, debía sacarla de ahí.
Caminó con ella hasta la puerta más cercana y maldijo por lo bajo cuando se percató de que las salidas continuaban bloqueadas. Abrir esas puertas sería una tarea casi imposible, no podría hacerlo ni aunque utilizara su brazo de metal y les diese incontables golpes. Esas malditas compuertas estaban construidas con un material de acero indestructible.
—Déjame aquí y ve a buscar a Steve —siseó, aturdida—, te necesita.
—¿Qué pasa con él? ¿Por qué dices que me necesita?
En vista de que las puertas no cederían y que todo parecía indicar que no saldrían de ahí en un buen rato, Bucky decidió tomar un breve descanso. Con cuidado, apoyó a Wanda sobre la pared más cercana a la compuerta y se quedó a un costado de ella esperando oír una respuesta.
—No tengo idea —respondió, afligida—, no sé cómo explicarlo, pero tengo un mal presentimiento, es… es una sensación muy similar a la que sentí cuando murió mi hermano.
Por la forma en que su voz se quebró al pronunciar esas palabras, Bucky asumió que la castaña evitaba a toda costa hablar de su hermano, evidentemente, el tema de la muerte de ese chico era algo demasiado reciente, aún le afectaba bastante.
—Steve sabe cuidar muy bien de sí mismo, no te preocupes.
—Lo sé y no quiero sonar como una cobarde, pero… —lanzó un suspiro—. Tengo miedo.
Los orbes azules de James la observaron con preocupación, no se sentía a gusto viéndola en semejante estado. En esos momentos, Wanda se veía tan vulnerable e indefensa que sentía la estúpida necesidad de abrazarla y protegerla. Sabía que no debía permitirse experimentar sensaciones de esa índole, ni siquiera debería prestar atención a lo que ella decía, pero últimamente estaba haciendo todo lo contrario, sentía de todo cuando la tenía en frente, la presencia de esa chica lo idiotizaba en niveles que era incapaz de controlar y, realmente no sabía el porqué de eso… no sabía por qué no podía desprenderse de ella, por qué se sentía tan malditamente cómodo cuando estaba a su lado.
Bajo un acto impulsivo e inesperado —incluso para sí mismo—, Bucky entrelazó su mano con la de Wanda.
—Tranquila —susurró, aún sin comprender por qué la estaba reconfortando en lugar de establecer distancia y prudencia. Ella en respuesta sólo se limitó a observarlo en silencio—. Todo estará bien.
No le era fácil de admitir, pero debía reconocer que Bucky Barnes le atraía como nunca antes lo había hecho alguien. No podía seguir ignorando lo que sentía por él, al menos no después de ver la forma en que le estaba observando, y menos cuando podía notar las increíbles sensaciones que este simple roce de manos le estaba provocando.
Sus pensamientos la estaban matando. Necesitaba reaccionar, decir «gracias» o simplemente responder como cualquier persona normal lo haría, pero no podía. Cuando Bucky se acercaba más de la cuenta —y de esa manera—, Wanda simplemente se volvía irracional.
El soldado iba a apartarse, pero la muchacha no se lo permitió, ejerció un ligero apretón sobre su mano y con ello le retuvo.
Bucky en respuesta fue incapaz de moverse. Tragó saliva y se limitó a permanecer inerte.
Había pasado tanto tiempo sin recibir un contacto de ese tipo, que simplemente quiso huir por miedo, no quería acostumbrarse a lo bien que podía llegar a sentirse.
Wanda esbozó una sonrisa pequeña, dejó que sus pupilas se perdieran en medio de sus manos entrelazadas y con fascinación observó la forma en que el dedo pulgar de Bucky comenzaba a recorrer el dorso de su mano.
Abruptamente, la compuerta que se encontraba a un lado de ambos comenzó a abrirse. Tan pronto como notaron eso, ambos separaron el enlace de sus manos y contemplaron con curiosidad lo que verían a través de la puerta. Mas no encontraron nada que pudiese sorprenderles, las puertas sencillamente se habían abierto por sí solas.
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Sentía que todo lo que estaba ocurriéndole a Sharon era culpa suya, haberla arrastrado a una misión en la que nada podía salir bien, era por lejos una de las mayores irresponsabilidades que hubiese llevado a cabo en su vida.
Tenía deseos de golpearse a sí mismo, de chocar su cabeza contra la pared más cercana y nunca más despertar.
En esos momentos, sentía asco de su propia actitud. Se estaba comportando como un verdadero cobarde, un imbécil que no hacía nada más que lamentarse. Debería estar creando un plan, alguna jodida idea para solucionar eso, pero su fuero interno le decía a gritos que esta vez sería diferente, sentía que algo muy malo iba a pasar.
Sharon o él, no importaba cuál de los dos fuese, de todos modos saldrían lastimados.
Sacudió su cabeza, en tanto desplazaba ambas manos por su rostro. Debía calmarse, si Sharon lo veía nervioso y tan descontrolado como ella lo estaba, continuaría actuando arisca y no cedería con nada.
En señal de paz y con el objetivo de demostrar que no pretendía dañarla, Steve alzó ambos brazos.
—No me iré de aquí sin ti —musitó, convencido.
Considerando que la rubia no rechazó su comentario, Steve decidió aproximarse a pasos lentos.
» Con cuidado, deja el arma en el piso, Sharon —extendió una mano hacia ella y una pequeña luz de esperanza se encendió dentro de su pecho cuando la vio dejar la pistola en el suelo—. Eso es, cariño, no temas, te sacaré de esto, lo juro.
Justo cuando su plan parecía estar funcionando, repentinamente uno de los monitores del pasillo se activó; eso bastó para que Sharon adoptase una actitud sumisa y temerosa. Steve posó sus ojos sobre la imagen que se proyectaba tras la pantalla, y frunció el ceño al percatarse de que se trataba de un individuo. Era un hombre robusto, cuyo rostro contaba con unas incipientes arrugas en la longitud de su frente y mejillas. Poseía una frondosa barba cobriza y su ojo izquierdo, estaba cubierto por un peculiar y característico monóculo. Steve creía que, si su sentido de intuición no fallaba, aquel desconocido debía estar rondando los setenta años de edad.
El capitán entrecerró los ojos e intentó identificarle, no estaba seguro, pero algo en el rostro de ese individuo le resultaba conocido.
Dejó de observarle para fijar su atención sobre la rubia, intentó aproximarse, pero desistió de dar otro paso en cuanto ella volvió a coger el arma.
—¡No te acerques, Steve, por favor no te acerques!
—¡Sharon, mírame, soy yo! —insistió, desesperado.
En respuesta, Carter sólo le dedicó una mirada que lo hizo estremecer. Reconoció esa mirada de inmediato, era la misma que tenía Bucky cuando actuaba como el soldado de invierno. Una mirada vacía y sin vida.
—¡Pero qué momento más romántico! —comentó con sarcasmo, aquel hombre que a Steve solo podía inspirarle desconfianza—. Capitán Rogers, al fin nos conocemos, soy el doctor Faustus.
El rubio frunció el ceño, ¿quién diablos era ese sujeto?
El denominado Dr. Faustus tenía un estilo intelectual, parecía un típico licenciado en filosofía, pero al mismo tiempo, su forma de expresarse inspiraba escepticismo y encendía alertas de peligro, creía que hasta cierto punto, ese tipo parecía alguien siniestro.
—¿Qué le hiciste? —espetó, mirando fijamente hacia el proyector.
—No tengo tiempo para responder una interrogante tan estúpida, capitán. Agente 13, dispare.
—¡No, no lo haré! —replicó, luchando con sí misma. En un intento desesperado por alejar la voz de ese maldito, Sharon sacudió su cabeza bruscamente. Ante ello, el doctor solo fue capaz de esbozar una sonrisa. Era impresionante que, después de todas las técnicas de control mental que había aplicado, ella aún pudiese tener cierta cuota de raciocinio—. ¡Sal de mi mente, déjanos en paz!
—Creo que ella en verdad lo ama, capitán, pero es muy estúpida.
Sin descaro, Faustus comenzó a carcajearse en forma escandalosa, parecía gozar y disfrutar con creces el sufrimiento de ambos.
—¡Maldito, déjala en paz!
Sabía que sus palabras no servirían de nada, ese miserable no tendría piedad con ninguno de los dos. Apretó los puños mientras su mandíbula se tensaba, sentía tanta impotencia, tanta rabia y tanto miedo. ¿Qué diablos se suponía que debía hacer? No podía arrimarse a Sharon e intentar arrebatarle la pistola, pues en cuanto se acercaba, ella inmediatamente se lo impedía, perdía la cordura y amenazaba con dispararle al más mínimo movimiento. Por desgracia, Faustus la mantenía sometida bajo control mental y podía coordinar su actuar con el simple hecho de darle una orden. Steve no podía fiarse de eso, debía actuar con precaución y evitar cometer cualquier error que pudiese ponerla en riesgo.
Como otra alternativa, pensó en usar el comunicador para solicitar refuerzos, pero descartó la idea tan pronto como pudo, pues con pesar, recordó que las comunicaciones —al igual que todas las vías de acceso de la base—, se encontraban bloqueadas.
Sus compañeros simplemente no podrían ayudarle.
No podía mentir, debía admitir que sus esperanzas comenzaban a esfumarse; tal vez, en ese preciso instante, sus amigos estaban viviendo una situación mucho más crítica que él. En realidad, no quería detenerse a pensar en eso, con Sharon en peligro tenía más que suficiente, no necesitaba contemplar más ideas fatídicas y trágicas en su mente, al menos no una que involucrase a Natasha.
Eso no lo resistiría.
Maldijo por lo bajo, se sentía atado de manos, como el ser más desafortunado y miserable del universo.
Era su culpa, todo lo que estaba ocurriendo era su maldita culpa.
Si tan sólo hubiese hecho las cosas bien… si pudiese retroceder el tiempo y enmendar sus errores; si tan sólo tuviese una segunda oportunidad…
—Agente 13, dispare.
El pánico comenzó apoderarse de él, su mente ya no resistía esa tortura, ese cargo de conciencia y culpabilidad iban a terminar por desquiciarlo.
Tenía que hacer algo, tenía que actuar de una maldita vez…
—No puedo, no puedo —sollozó Sharon.
El capitán sintió que ese sollozo lo estaba destruyendo por dentro.
—Ya veo… —murmuró el doctor, con cierto ápice de decepción en la voz—, entonces proceda con la segunda opción.
Con una mano temblorosa, Carter guió la pistola hacia su propia cabeza. Eso bastó para que el corazón de Steve se detuviese y presintiera lo peor.
—Lo siento mucho —balbuceó entre lágrimas—, espero que algún día puedas perdonarme, Steve.
En un intento por impedir lo inevitable, se abalanzó desesperadamente hacia ella.
—¡No! ¡No! ¡No!
Estaba a escasos segundos de alcanzarla cuando vio en una secuencia lenta y casi ficticia como la rubia jalaba el gatillo. La bala entró por su sien y un dramático chorro de sangre brotó desde el otro extremo de su cabeza. Los ojos de Steve se abrieron en forma desmesurada, su única reacción fue extender los brazos y recibir el cuerpo de la chica que acababa de desplomarse encima de su pecho.
—Sharon… —El simple hecho de nombrarla, desgarró su alma y corazón por entero. Incapaz de seguir manteniéndose en pie y sin dejar de sostener el cadáver de su novia, Steve cayó de rodillas al suelo. Estupefacto, la acercó a su pecho y palpó con cuidado una de sus mejillas. Movió la cabeza en señal de negación, eso no podía estar pasando, aquello no estaba ocurriendo, simplemente no era real, tan sólo se trataba de una pesadilla, una maldita y despreciable pesadilla—. No te vayas, no puedes dejarme, no ahora, no así… tenemos una charla pendiente, ¿recuerdas? Tengo tanto que explicarte, tanto que disculparme.
Deslizó una de sus manos por el cabello rubio de la fémina, mientras incesables lágrimas caían a través de sus enrojecidos ojos.
Tenía que asumirlo, la había perdido para siempre. Sharon estaba muerta.
Y era su culpa.
» Perdón, perdón… perdón —se lamentó, acercando su frente a la de ella.
Sentía una culpa asfixiante, y no sólo por haberla arrastrado a eso, también se sentía así por todo el tiempo que pretendió amarla sin haberse esforzado lo suficiente por lograrlo, por comportarse como un maldito hipócrita que jamás supo valorar lo que tenía en frente. Era un cobarde, un hombre que nunca tuvo agallas para reconocer que la utilizó, que pretendió recordar a Peggy en ella y que al mismo tiempo pretendió olvidarse de Natasha. Era un bastardo, un miserable egoísta que nunca pensó en ella ni en lo mucho que podía llegar a lastimarla.
Merecía sufrir de la forma en que lo estaba haciendo… merecía hacerlo porque solo ahora que Sharon estaba muerta, era capaz de ver lo mucho que iba a lamentar el hecho de perderla.
—Yo no quería que las cosas terminasen así —habló Faustus, a través del proyector—, pero usted lamentablemente no me dejó más opciones, capitán.
—¡Cierra la boca! —bramó, colérico.
—Entiendo su dolor. Sólo le haré una última advertencia; si no quiere que manipule mentalmente a su amigo el sargento Barnes, será mejor que todos ustedes se larguen de aquí. Y ni siquiera intente utilizar a la chica Maximoff en mi contra, créame, sé cómo manejarla y puedo hacer que termine igual que su novia. Sea inteligente y aléjese de nosotros.
» ¡Te dije que cerraras la maldita boca! —gritó.
Sumergido en rabia y siendo consciente de que no conseguiría nada, Steve cogió el arma de Sharon. Fijó la vista sobre el lugar en donde se proyectaba la nefasta imagen de Faustus y deseó con toda su alma que el muy miserable no estuviese tras una estúpida pantalla. Impulsivamente, lanzó un grito ronco y mientras posaba su dedo sobre el gatillo, comenzó a disparar con furia hacia la pared. El muro se llenó de múltiples orificios, pero eso al capitán no le importó en lo más mínimo, necesitaba desahogarse y liberar su ira con cualquier cosa que estuviese a su alcance. Cuando finalmente gastó todo el cartucho de balas, aventó la pistola al proyector y eso bastó para que la comunicación con Faustus finalizara por completo.
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—¿Cómo diablos fuimos tan estúpidos? —espetó Natasha, corriendo por los pasillos. Clint la seguía desde atrás—. ¡Ese hijo de puta tenía días controlándola y ninguno de nosotros fue capaz de notarlo!
—Nadie puede asegurarnos que esa información sea verídica, Nat.
—Tú no lo conoces, pero Faustus es capaz de eso y mucho más, Clint.
—No pienses en eso, solo concéntrate en llegar a tiempo.
Varios disparos se escucharon en las cercanías del tercer nivel, Natasha y Clint intercambiaron miradas de horror. Sin articular palabras, la pelirroja aumentó la rapidez de sus pasos y se echó a correr con la máxima velocidad que pudiesen alcanzar sus piernas, necesitaba llegar hacia Steve, necesitaba comprobar con sus propios ojos que él, Sharon y el bebé estuviesen a salvo.
—¡Detente, Natasha! ¡Puede ser peligroso!
La espía hizo oídos sordos y continuó corriendo con desenfreno, por nada del mundo pensaba detenerse. Sabía que Barton tenía razón, que ahí dentro podía encontrar cualquier cosa, incluso la muerte, pero no tenía tiempo para ser razonable, al menos no cuando Steve estaba involucrado.
» Mierda, Nat… ¡Espera!
—¿Clint?
—¿A dónde demonios va Natasha?
El arquero detuvo sus pasos y suspiró con alivio al encontrarse con Sam y Scott. No tenía idea de dónde diablos habían salido, pero se alegraba muchísimo de verlos.
—No pregunten nada, solo sigan a Natasha —explicó, mientras retomaba su camino y volvía a correr tras su amiga. Sam y Scott le miraron confundidos, pero optaron por acatar la orden de su compañero.
Sin embargo, el trío aminoró su travesía en cuanto vieron a Natasha derrumbarse, porque literalmente, la rusa acababa de caerse de rodillas al piso. Clint se acercó a ella e inmediatamente intentó levantarla del suelo, pero se quedó inerte y tan pasmado como lo estaba su amiga tras notar el motivo que la había dejado en semejantes condiciones.
Ver a Steve, cargando el cuerpo sin vida de Sharon Carter, realmente era algo muy devastador de presenciar.
Wanda y Bucky —quienes habían llegado al lugar poco antes que el resto—, desde un rincón se limitaban a observar perplejos. Sam se sentía incapaz de reaccionar, cerró los ojos con fuerza y en silencio intentó comprender lo que estaba ocurriendo. Scott se aproximó a él y apoyó una mano sobre su hombro.
Natasha bajó la mirada para luego apretar los puños con fuerza, no podía creerlo, simplemente no podía aceptar que estuviesen muertos.
Sharon y el bebé, ese hijo que tendría con Steve…
Dios, ni siquiera era capaz de pensarlo.
Un abrupto sollozó escapó de sus labios, sintió como Clint se precipitaba hacia ella e intentaba contenerla, pero rechazó la muestra de apoyo en tanto volvía a ponerse de pie y se alejaba de él.
—¿Fue ese viejo bastardo, verdad? —preguntó, sin poder contener la ira en sus palabras. Steve la miró sin decir nada—. ¡Maldita sea, Steve, respóndeme! ¡¿Fue él?! ¡¿Fue Faustus?!
—Sí…
Ante la débil respuesta del rubio, Natasha y Bucky intercambiaron una mirada rápida. Ambos conocían muy bien a ese tipo, el maldito psiquiatra psicópata que solía trabajar para el ejercito rojo y posteriormente para organizaciones neofascista con propósitos muy similares a los de Hydra. Un hombre con el que se habían visto las caras en más de una ocasión.
—Tenemos que ir tras ese miserable —farfulló Clint—, tenemos que…
—No —lo interrumpió Sam, apuntando a un abatido y destrozado Steve que aún permanecía en el suelo, cargando entre los brazos, el lastimado e inerte cuerpo de Sharon. El arquero no respondió nada, pero entendió a lo que Sam se refería, en esos momentos, el capitán no contaba con fuerzas suficientes para seguir luchando—. Acabaremos con él, pero no hoy.
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Habían pasado tres días desde la muerte de Sharon, y las cosas definitivamente se percibían distintas. El grupo ya no era el mismo, lo sucedido, les había cambiado para siempre.
En silencio, Natasha contemplaba la improvisada tumba de la rubia. Un montecito de tierra sobresalía del césped, las rosas rojas que habían dejado el día del entierro, aún permanecían apiladas alrededor de aquella cruz de madera que Scott y Clint construyeron. Por motivos de seguridad y para no levantar sospechas, se vieron obligados a omitir el nombre Sharon, debido a eso y a modo de tributo, Clint simplemente talló el número "13" en el frontis de la cruz.
El funeral se había llevado a cabo hace dos días, en el pequeño cementerio del pueblo. En general, la ceremonia había sido algo breve y sencillo. De cierta forma, ningún miembro del equipo pretendió extender por más tiempo aquel procedimiento tan triste y doloroso. Wanda, Clint, Sam y Scott mencionaron palabras de consuelo y respeto. Bucky, Natasha y Steve contemplaron todo en silencio.
Esto último, fue algo que les dejó bastante desconcertados… honestamente, todos esperaban que fuese Steve quien tuviese palabras emotivas para despedir a la rubia, pero este, en lugar de mostrarse destrozado y hecho pedazos, aparentó ser el más fuerte de los presentes.
A la espía, dicho detalle, no le fue indiferente, lo conocía demasiado bien y sabía que —para haber demostrado semejante entereza—, Steve debió esforzarse muchísimo.
…
En cuanto se hizo tarde y unas pequeñas gotas de lluvia empezaron a caer, todos comenzaron a marcharse. La pelirroja observó al rubio desde lejos y lo vio tomar ventaja de aquello, pues todo indicaba que Steve acababa de encontrar un momento perfecto para estar a solas y desahogarse.
El rubio permaneció varios minutos frente a la tumba de quien había sido su pareja y aunque Natasha no escuchó lo que mencionó, estaba segura de que él se disculpó hasta que ya no encontró más palabras para hacerlo.
La pelirroja bajó la cabeza y a paso lento comenzó a alejarse. No soportaba verlo así, tan destruido y lastimado, Steve simplemente no merecía estar viviendo eso.
Tenía tantos deseos de correr hacia él, envolver ambos brazos alrededor de su cuello y abrazarlo. Quería ser capaz de brindarle consuelo, de otorgarle palabras de apoyo y decirle que todo estaría bien. Pero, no tenía valor para eso, ¿cómo podría? Si lo único que sentía cada vez que lo veía era un asqueroso sentimiento de culpabilidad y remordimiento.
No podía dejar de atormentarse pensando en que, si tan sólo hubiese sido honesta, si tan solo le hubiese dicho a Steve que Sharon estaba embaraza, él jamás habría permitido que la rubia arriesgase su vida, si hubiese dicho la verdad … el bebé continuaría con vida y las cosas serían muy diferentes.
…
—No puedo creer que se haya ido.
Las largas pestañas rojizas de Natasha, se agitaron sorprendidas, ¿qué demonios hacía Wanda ahí? Giró sobre sus talones y arqueó una ceja mientras la observaba.
—Yo tampoco puedo creerlo —musitó, antes de regresar su vista hacia el frente—. ¿Qué haces aquí?
—Quería conversar contigo. —La rusa permaneció en silencio y con la mirada perdida sobre la tumba de Sharon. Wanda entendía que en esos momentos, Natasha no tuviese deseos de conversar con nadie, mucho menos con ella, más cuando se tenían en cuenta todos los sucesos estresantes que estaban viviendo, pero necesitaba disculparse, o al menos, quería intentarlo—. Nat, todas esas cosas que te dije…
—Solo fuiste honesta —la interrumpió.
—No, no es cierto. Fui una idiota y, me comporté como una perra. No debí hablarte así, lo siento.
Natasha ladeó el rostro y le dedicó una sonrisa pequeña.
—Bueno sí, fuiste un poco perra, pero… yo también lo fui.
Sonrió con melancolía, pasó un brazo por sobre los hombros de su compañera y con cariño la arrimó hacia su pecho.
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—¿Eso es sangre? —preguntó Wanda, mientras se adentraba a la cocina y apuntaba con su dedo hacia las baldosas del piso. Sam asintió con la cabeza—. ¿Y de quién es?
—De tu novio… —respondió, mientras limpiaba la mancha con un trapo mojado. Pese a que Wanda comprendió que Sam se refería a Bucky, pasó por alto el comentario, se sentía tan preocupada que ni siquiera la dio importancia, sólo deseaba saber por qué demonios estaba sangrando de semejante forma—. Estábamos terminando de cenar cuando noté que bajo su camisa se asomaba una mancha roja, mancha que por cierto, él no había notado. Se lo dije y como si nada, se levantó de la mesa y se fue a su cuarto.
Cuando Sam terminó su explicación, notó que llevaba varios segundos hablando solo. Lanzó un suspiro en tanto negaba con la cabeza, estaba seguro de que Wanda había corrido hacia el cuarto de Bucky.
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—¿Bucky? —preguntó, en tanto golpeaba la puerta y pegaba su oído en el mismo objeto.
Tragó saliva al no oír respuesta. Ahí dentro no se escuchaba nada.
Preocupada, alejó su rostro de la puerta y con fuerza volvió a golpearla.
«Vamos, Bucky, responde» pensó, angustiada.
Su corazón latía agitado y nervioso. Si esa maldita puerta no se abría en cinco segundos, Wanda estaba dispuesta a usar su poder para derribarla.
—Entra. La puerta está abierta.
Suspiró aliviada y sintió que el alma le volvía al cuerpo.
Que James respondiera y le permitiese pasar a su habitación, eran muy buenas señales.
Al menos estaba de buen humor.
Posó su mano en el pomo y rápidamente entró.
—Sam me dijo que… —Oh mierda. Estaba sin camisa—. Me dijo que estabas herido.
Wanda sabía que estaba actuando como una adolescente estúpida, pero no podía dejar de notar que él no estaba usando camisa, eso en cierto modo era peligroso, pues hacía que sus ojos se desviasen hacia lugares que no debían observar.
Bucky apartó la vista de su herida y enfocó ambas pupilas sobre ella.
—Estoy bien —comentó, mientras tomaba una venda del botiquín de primeros auxilios que estaba sobre el colchón de su cama. Cortó un pedacito de tela y comenzó a limpiarse la sangre—, no es nada.
—¿Nada? —inquirió, irónica—. ¿Qué te pasó?
—No sé… supongo que me rozó una bala —respondió, despreocupado. Tomó asiento sobre la cama y la muchacha instintivamente caminó hacia el mismo sitio—. No es tan grave, he pasado por cosas peores.
—¿Puedo? —la pregunta de la chica lo tomó desprevenido. Pues cuando Wanda hizo un ademán de tocar la zona de su lesión, instintivamente se alejó—. No soy enfermera y mis conocimientos médicos son pocos, pero, solía curar a mi hermano cuando tenía peleas y se metía en problemas.
Durante algunos segundos, James sólo se limitó a observarla y a permanecer en silencio. No quería cometer errores, o al menos no quería cometerlos con ella. Wanda era una chica especial y no merecía salir lastimada por involucrarse con un tipo como él. Estaba dejando que ese vínculo llegase demasiado lejos, no podía permitir que aquello se incrementase, lo único que obtendrían de eso sería problemas, severos y complejos problemas.
» Uhm, yo… —carraspeó, incómoda. El silencio y la mirada persistente de su interlocutor hacían que sus nervios se disparasen con violencia—, solo quiero asegurarme de que esa herida no esté infectada…
Al notar que se estaba esforzando por sonar convincente, Bucky relajó sus facciones y comenzó a considerar el ofrecimiento, debía admitir que necesitaba un poco de ayuda. Después de todo, solo dependía de él que eso llegase a otros rumbos, si se comportaba como un adulto y no como un adolescente hormonal, nada inusual tendría que ocurrir.
Apartó su mano de la herida y la castaña tomó eso como un «sí».
—Supongo que esa experiencia es suficiente.
—Haré mi mejor esfuerzo —comentó, mientras esbozaba una sonrisa pequeña.
Llevó sus manos hacia el abdomen del castaño y con suavidad comenzó a examinar el estado de aquella herida.
—¿Lo extrañas? —preguntó, interesado.
Wanda levantó la vista y le miró con un poco de intriga, jamás pensó que Bucky estuviese interesado en saber de su hermano. Por lo general, se incomodaba bastante cuando alguien que no conocía a Pietro le preguntaba por él, pero por alguna extraña razón, con Bucky no se sentía de ese modo, de hecho, se sentía particularmente contenta de que él estuviese interesado en conocer un aspecto tan importante de su vida.
Tomó el pedazo de tela que James había cortado y regresó la vista hacia el punto que sus manos examinaban.
—Extraño a Pietro cada segundo de mi vida —contestó, sincera. Bucky la escuchó, pero no comentó nada, no quería seguir tocando un tema que podría abrir viejas cicatrices y lastimarla—. ¡Tengo buenas noticias! Por suerte la herida no está infectada, pero no quiero arriesgarme a nada así que la limpiaré.
—Te dije que no era grave.
—Tal vez solo estaba buscando una excusa para tocar tu abdomen perfecto.
«¡Dios, ¿cuál es mi maldito problema? ¿Por qué dije eso?!» se reprendió de inmediato.
Estaba a escasos segundos de disculparse por el comentario, pero desistió de hacerlo en cuanto vio los labios de Bucky curvarse. Estaba sonriendo, esbozando una maldita, seductora y arrogante sonrisa de medio lado.
Wanda ocultó sus mejillas sonrojadas mientras bajaba la cabeza y regresaba su atención hacia la herida. Si él decía algo, cualquier cosa, simplemente no sabría qué rayos replicarle.
Se acomodó un mechón de pelo tras la oreja y trató de ignorar lo avergonzada que se sentía, o más bien, trató de ignorar el hecho de tener a Bucky tan cerca. Debía dejar de pensar en tantas tonterías y concentrarse en terminar con eso pronto.
Desde el botiquín de primeros auxilios, extrajo los suministros que utilizaría para limpiar la herida, esparció un poco de antiséptico sobre el pedazo de tela y con un poco de nervios se dispuso a comenzar.
—Esto puede dolerte un poco —le advirtió, Bucky arqueó una ceja—. Hablo en serio.
Se encogió de hombros.
—Estoy acostumbrado al dolor —respondió con relajo, como si aquello fuese lo más normal del mundo. Le hizo un gesto para que prosiguiera—. Solo hazlo.
La muchacha guió el apósito hacia la herida y en cuanto el líquido desinfectante chocó contra su piel, James ni siquiera se inmutó. Ni un solo músculo de su cuerpo se movió.
—Tenías razón —siseó, mientras Wanda continuaba trabajando en la herida.
—¿Sobre qué?
—Cuando dijiste que algo malo iba a pasar. ¿Cómo lo sabías?
Claramente se estaba refiriendo a la muerte de Sharon.
—No sé, es difícil de explicar. Desde que tengo esto conmigo… —Wanda dejó que un poco de energía brotase a través de sus dedos—, siento una conexión muy fuerte con las personas que quiero y puedo presentir cuando algo malo sucederá.
—¿Puedes sentir el peligro? —indagó, curioso.
—Sí, algo así.
—Entonces, si puedes sentir el peligro… —hizo una pequeña pausa antes de continuar—, ¿por qué insistes en acercarte a mí?
Bajo aquella atmósfera tensa y silenciosa, las miradas de ambos se encontraron. Realmente, Wanda no encontraba palabras para describir lo que sentía, esa era una pregunta que simplemente no sabía responder.
Perseguida por la atenta mirada de aquellos orbes azules y procurando ignorar la interrogante, Wanda siguió sumergida en culminar la curación.
—Ya está casi listo —comentó, colocando un apósito limpio encima de la herida, cortó unos pedacitos de tela adhesiva y con cuidado comenzó a pegarlos—. Tendrás que cambiártelo dos veces al día, también será pertinente que ingieras algún antibiótico, ya sabes… para prevenir y…
—Responde lo que te pregunté. —Abruptamente le tomó la muñeca y Wanda se vio obligada a enfrentarlo.
El agarre sobre su extremidad no era brusco, así que la joven no se quejó, tampoco intentó apartarse.
—No eres peligroso, James.
—Estuviste en mi cabeza y viste muchas de las cosas que hice, por favor… no digas que no soy peligroso sólo para hacerme sentir mejor.
—No lo digo por eso, lo digo porque en verdad lo creo. Ese hombre que hizo cosas horribles no eras tú… te estaban manipulando.
—Eso no borra mis acciones, la sangre de esas personas aún está en mis manos, y siempre lo estará.
—James…
Con su mano libre quiso acariciar la mejilla del castaño, pero este se lo impidió en tanto retrocedía y le soltaba el otro brazo.
—Aléjate de mí, hazlo antes de que esto empeore.
Wanda frunció el ceño.
—No puedes pedirme eso, no después de…
—¿Después de qué? ¿Acaso ibas a mencionar lo que ocurrió en la cochera? —La cortó con brusquedad. Su tono de voz se escuchaba frío, despectivo y sin sentimientos—. En la cochera no ocurrió nada, Wanda.
—No, pero iba a ocurrir… —Sin importar la forma en que Bucky la estaba tratando, Wanda se arrimó hacia él y se detuvo a pocos centímetros de su rostro—. Ibas a besarme.
No era una pregunta, aquella frase, era una completa y total afirmación.
» De hecho… —James alzó el rostro y la miró con fijeza, esa característica y peculiar fijeza que la desmoronaba por entero. Sin embargo, en esta ocasión, Wanda no se dejó intimidar por la dureza de aquel gesto, había llegado demasiado lejos como para acobardarse a último minuto, y evidentemente, no pensaba detenerse—, creo que mientes cada vez que me pides que me aleje de ti, en el fondo, quieres que haga todo lo contrario.
—No sabes nada, Wanda.
Iba a ponerse de pie, pero ahora fue la castaña quien cogió su muñeca y se lo impidió.
—Sí, tienes razón, hay muchas cosas que no sé y probablemente no tengo tanta experiencia como tú, pero te gusto y eso te jode.
Sonrió burlesco.
—Agradezco la curación, pero ahora quiero que te largues. —Mientras se ponía de pie, la tomó por el antebrazo y la obligó a levantarse de la cama.
—¡No! —Wanda lo alejó de un manotazo para luego empujarle el pecho con ambas manos. Bucky le miró extrañado, nunca la había visto reaccionar de esa forma, estaba furiosa—. ¿No quieres besarme porque no soy tan mujer como Natasha, verdad?
—¿Qué? —Preguntó, confuso.
—Lo que escuchaste.
Se pasó una mano por el cabello mientras procuraba no perder la paciencia.
—No, esto no se trata de ella.
Wanda sonrió con sarcasmo.
—¡Vamos, solo tienes que reconocerlo, no es tan complicado! —espetó fuera de sí—. No te provoco ni la mitad de sensaciones que te hacía sentir ella, ¿verdad?
Bucky la tomó por ambos brazos y con rapidez la apoyó sobre el muro más cercano. Wanda tenía la respiración agitada, su pecho bajaba y subía con fuerza. A pesar de estar prisionera entre la pared y el cuerpo de James, la castaña no bajaba la guardia, le miraba a la defensiva, con rabia y una serie de sentimientos mezclados.
Pero toda esa estabilidad se vino abajo en cuanto él encontró una de sus manos y sus dedos se entrelazaron.
—¿Crees que porque mi brazo es de metal el resto de mi cuerpo también lo es? —El soldado la miró intensamente—. ¿Acaso crees que no siento nada cuando te acercas?
James permitió que su mano subiera, que fuese marcando un camino lento y suave por la longitud de su brazo. Recorrió toda la extensión hasta que finalmente llegó a su mentón y lo acarició.
» En la cochera quería hacer mucho más que besarte —Wanda se sintió desfallecer, percibió los labios de James sobre su mandíbula y eso automáticamente la hizo cerrar los ojos. Estaban tan cerca que ni siquiera podía distinguir cuál era su propio aliento—. Y si no he hecho nada contigo, es precisamente porque te respeto… porque no quiero lastimarte, no quiero cometer los mismos errores que cometí.
Sin previo aviso, Bucky se alejó. Wanda lo miró, aturdida.
Antes de salir de la estancia, James le dedicó una mirada cargada de culpa, ella en respuesta solo permaneció inerte, su espalda continuaba pegada a la pared y creía ser capaz de quedarse ahí hasta la muerte.
James jamás se arriesgaría a llevar su relación a otros rumbos, porque aunque argumentase el hecho de no querer lastimarla, muy en el fondo, en realidad Bucky temía por sí mismo.
Y no sabía qué tan malo era eso.
