Disclaimer: Los personajes pertenecen a Marvel & Disney © No tengo fines de lucro.


Capítulo VII: Eres un idiota


Sin voltear y siendo consciente de que Wanda continuaba apoyada en la pared de su alcoba, Bucky cogió una camiseta y rápidamente decidió abandonar la habitación.

Estando completamente distraído e impactado del autocontrol que había demostrado, comenzó a distanciarse a paso brusco y descoordinado.

Se sentía incapaz de permanecer cerca de la muchacha, no podía estar ahí, debía mantenerse alejado, lo suficiente como para no caer en tentación de regresar y ceder al impulso de besarla encima de aquel muro.

Abruptamente se detuvo, ¿por qué se sentía culpable si ella lo deseaba tanto como él? Técnicamente, no se estaría aprovechando…

Siendo atraído por sus recientes cavilaciones, Bucky retrocedió un par de pasos.

Enfocó sus orbes azulados en el cuarto y tragó saliva. No podía negarlo, se sentía demasiado embelesado con la idea de regresar y dejarse llevar por todas esas emociones extrañas que Wanda le estaba provocando.

Dejó de admirar la habitación en cuanto asimiló el rumbo que estaban tomando esos pensamientos. Negó con la cabeza, se colocó la camiseta y rápidamente optó por alejarse. ¿Cómo era posible que estuviese pensando en algo tan inapropiado? ¿Qué demonios le ocurría? Sabía que no solía caracterizarse por ser un hombre moralmente correcto, pero en ese momento, se sentía como el ser más miserable y desvergonzado del universo completo. Sinceramente, estaba asqueado de su inmadura e inconsecuente actitud.

Mientras trataba de mantenerse frío y razonable, se pasó amabas manos por el rostro. En verdad, no quería equivocarse, estaba poniendo lo mejor de su parte para que eso funcionase, tan solo deseaba hacer lo correcto.

¿Pero qué diablos se suponía que era eso de «hacer lo correcto»?

Nada podía ser apropiado si él estaba involucrado, ni siquiera haberla rechazado fue algo que pudiese ser definido como una acción intachable y caballerosa de su parte. Si no dejó que aquella situación llegase más lejos, no fue precisamente porque no tuviese deseos de hacerlo, fue porque no quería arriesgarse a sentir algo por ella. Si cedía a sus impulsos, estaba seguro de que no tendría las agallas suficientes para que eso se detuviese y quedase como un simple revolcón, sentía una atracción innegable e irresistible por Wanda y sabía que la joven sentía lo mismo por él.

Si se aventuraban en algo así, estaba seguro de que no podrían detenerse.

Un simple roce de sus pieles, hacía que ambos deseasen probar mucho más del otro. Desde cierto punto de vista, eso podía considerarse pasional y romántico, mas no se podía ignorar que aquello también podía representar algo muy enfermizo.

Si era honesto, no quería que Wanda formase parte de algo así, no deseaba que sufriera por una relación que a todas luces parecía contemplar un final desastroso.

Ella no merecía eso, Wanda merecía a un hombre seguro de sí mismo, un tipo que no estuviese atormentado y jodido como él lo estaba, merecía una persona incondicional, alguien que pudiese ofrecerle un futuro próspero y estable.

Alguien que, básicamente, fuese totalmente opuesto a él.

—¿Estás ocupado?

Se quedó inmóvil. No estaba preparado para eso, al menos no después de su reciente encuentro con Wanda, en esos momentos, lo que menos necesitaba era charlar con la pelirroja.

Quiso ignorarla, pero la tenía tras su espalda, evadirla, definitivamente no era una opción.

Estresado, lanzó un suspiro, se armó de valor y volteó. No sabía qué sentir al respecto.

Natasha se le aproximaba a ritmo lento, daba pasos cautelosos y sinuosos, se detuvo a una distancia que Bucky percibió demasiada estrecha, pues fácilmente podía percibir como el calor de su cuerpo comenzaba a inquietarlo.

Eso bastó para que su mente se llenase de recuerdos que —por respeto a Steve—, ni siquiera debería estar rememorando.

Mientras esbozaba una sonrisa ladeada, la espía le miró fijamente. Aquel gesto siempre le había desconcertado, desde el primer instante en que la vio y ahora mismo, podía comprobar que el efecto continuaba siendo bastante similar. No sabía explicarlo, de hecho, dudaba que hubiese una explicación lógica para eso, lo que sentía por Natasha, no era racional en lo absoluto, era algo netamente físico e incomprensible.

Con Wanda en cambio, experimentaba una conexión totalmente diferente. Ni siquiera la había besado y ya sentía que ambos compartían un nexo bastante fuerte. Pues además de sentirse atraído físicamente por ella, también se sentía sumamente encantado con su personalidad, la muchacha lo hacía sentir más liviano, menos frío y más humano.

Realmente, Bucky no sabía por qué ella era capaz de provocarle todo eso.

—Sé que tenemos una charla pendiente, pero como puedes apreciar, no estamos pasando por nuestro mejor momento. En fin, lo que quiero decir es que… no podemos distraernos con, ya sabes… eso que ocurrió entre nosotros. —Bucky la miró sin decir nada, se sintió ligeramente ofendido cuando ella se refirió a la relación de ambos con un simple y despectivo «eso»—. Por ahora, tendremos que dejar esa charla para otra ocasión.

—Claro —contestó, procurando sonar desinteresado.

Dicha indiferencia hizo que Natasha se sintiera abruptamente incómoda.

—Yo, sólo quería mostrarte esto —extrajo su smartphone desde un bolsillo de su chaqueta, deslizó uno de sus dedos por medio de la pantalla táctil y en cuanto dio con lo que buscaba, extendió el móvil hacia él. James lo recibió con gesto inquisitivo—. Es sobre Faustus. Estuve trabajando varias horas en esto, y en realidad, no sé cómo lo hice, pero pude hackear algunos de sus sistemas secretos, accedí a su agenda diaria y descubrí que acostumbra a estar custodiado la mayor parte del tiempo, pero suele quedarse solo entre las dieciocho y diecinueve horas.

—Interesante, ¿pero cuál es el plan? —inquirió, en tanto analizaba el archivo.

—Nos adentramos a su despacho, le quebramos el cuello y nos largamos con los documentos. Ya lo hemos hecho antes, no nos costará trabajo.

Bucky alzó la vista. Durante algunos segundos le miró perplejo, francamente, esperaba que la rusa estuviese bromeando.

» No estoy bromeando —musitó, como si estuviese leyendo sus cavilaciones.

Mientras continuaba analizando el archivo, Bucky lanzó otro suspiro. Ese plan era un desastre. ¿En dónde estaban los detalles de la operación? O en caso de que algo saliera mal, ¿en dónde demonios estaban los planes alternativos?

En tanto se llevaba una mano a la frente, decidió regresarle su celular.

Él también quería que ese tipo pagase por todo el daño que les había provocado. Debían atacar, eso era cierto, pero no debían hacerlo sin estar preparados, debían hacerlo de forma inteligente y rigurosa.

—Asesinar a Faustus no es la solución que estamos buscando. Al menos no por ahora.

—No, no es la solución, pero si lo mato, disminuirá mi rabia, la de Steve y también la tuya, ese hijo de perra nos ha hecho mucho daño. Y no hablo solamente de lo que le hizo a Sharon.

Aquello era cierto. Hace varios años, cuando estaban en medio de una misión al servicio de la Unión Soviética, sus tropas se vieron interceptadas por varias organizaciones asociadas a Hydra. Faustus era quien las lideraba, él mismo se encargó de planificar la emboscada, jugó siniestramente con la mente de ambos, los torturó y perturbó hasta dejarles inconscientes. Todo eso con el único propósito de perjudicar los planes del comité de seguridad soviético.

Cuando Natalia Romanova despertó en uno de los tantos centros médicos de la K.G.B, no tardó en descubrir que Bucky ya no estaba ahí. Confundida y sin entender nada, comenzó a exigir respuestas, sin embargo, sus exigencias ni siquiera fueron tomadas en cuenta, sus superiores simplemente le dijeron que él se había ido.

Dicha contestación no le convenció en lo absoluto, James sería incapaz de abandonarla en medio de aquel infierno. No se alejaría sin tener un motivo de peso, él jamás haría eso.

Angustiada y presintiendo lo peor, Natalia quiso ir en su búsqueda, pero en cuanto manifestó intenciones de hacerlo, quienes estaban a cargo simplemente se lo prohibieron.

Horas más tarde, cuando la noche cubrió el cielo y las estrellas iluminaron la oscuridad del firmamento, Natalia decidió marcharse. Poco le importaba estar desobedeciendo a sus instructores, asumiría todas las consecuencias que aquello provocase, incluso si eso implicaba enfrentarse a quienes decían ser sus aliados, ya no le importaba, estaba dispuesta a eso y mucho más. No pensaba quedarse de brazos cruzados, iba a encontrar a James aunque fuese lo último que hiciera en su vida.

Caminó hasta su armario, cogió unas pocas prendas y con rapidez comenzó a meterlas dentro de una mochila pequeña.

No obstante, cuando uno de los médicos de la K.G.B. entró sin previo aviso a su cuarto, todos los planes de la espía se derrumbaron. La joven ni siquiera alcanzó a preguntar qué ocurría, pues un dardo filoso y sumamente rápido, se impactó con violencia en la blanquecina piel de su cuello. No perdió el conocimiento, pero sí el control de su cuerpo. Sus piernas dejaron de sostenerla y en cuestión de segundos, toda su anatomía terminó desvanecida en el piso.

El medicó la observó con desprecio.

Por más que lo pensaba, Natalia no lograba comprender el motivo de su ataque. Hace un rato, ese mismo hombre se había comportado sumamente amable, curó sus heridas e incluso le aconsejó descansar.

¿Qué demonios estaba pasando?

—¿Cuándo ibas a decirnos que estabas embarazada, pequeña zorra? —La cogió del cabello y con brusquedad le alzó el rostro. Por la forma en que la muchacha le miró, el médico asumió que ni siquiera ella sabía de su estado—. Desde el primer instante en que entraste a la K.G.B. te lo dijimos. ¡No – aceptamos – bastardos!

Estando paralizada por los efectos de aquel dardo, Natalia no tuvo más opciones que soportar ese trato sumamente cruel e inhumano. Un par de lágrimas comenzaron a caer de sus ojos, sabía muy bien que su hijo jamás llegaría a nacer.

» Se suponía que debías entrenar con ese maldito soldado, no acostarte con él —espetó, mientras la cargaba entre sus brazos y comenzaba a caminar hacia la salida del cuarto—. Siempre supe que había sido un error traerlo hasta aquí, tarde o temprano, Hydra intentaría recuperarlo… pero en fin, él ya no nos interesa, la que nos importa eres tú. Te necesitamos para muchas misiones y ese pequeño bastardo sólo va a estorbarnos.

El hombre dejó a la joven sobre una camilla que les esperaba en el pasillo. Ajustó unas correas a sus tobillos y otras en sus muñecas.

—No me mires así, no me gusta tratar a las chicas lindas de esta forma, pero el efecto del dardo solamente se extiende por treinta minutos y no quiero arriesgarme a que escapes —explicó, mientras limpiaba con su dedo pulgar aquellas tristes lágrimas que humedecían sus mejillas. Se relamió los labios antes de acercarlos hacia el oído de la joven—. Tranquila, preciosa, te daremos una nueva oportunidad, eres valiosa y no queremos perderte, por eso, nos encargaremos de que esto jamás vuelva a pasar.

Ese día arruinaron su vida y la poca inocencia que aún conservaba. Pues además de introducirse en su mente y borrar la mayoría de los recuerdos que compartía con Bucky, esos desgraciados acabaron con la vida de su bebé y con todas sus esperanzas de algún día ser madre.

Eso bastó para que una parte de sí misma simplemente desapareciera por completo.

La pelirroja se pasó una mano por el cabello, detestaba ser prisionera de aquello recuerdos, detestaba ser cobarde y no tener el coraje suficiente para decirle a Bucky que ambos habrían podido ser padres. Sacudió su cabeza, no quería seguir recordando… ese no era el momento más adecuado.

Ya tenía suficiente con todas las verdades que le estaba ocultando a Steve.

—¿No ha salido de ahí, verdad? —La voz del castaño la hizo reaccionar. Negó con la cabeza mientras echaba un vistazo hacia el cuarto del rubio—. Iré a platicar con él…

Dando esa charla por finalizada, Bucky comenzó a caminar hacia la alcoba de Steve, necesitaba brindarle apoyo, decirle que todos estaban preocupados y que no pensaban dejarlo solo. Sin embargo, su travesía no consiguió extenderse por más de cinco pasos, la voz de Natasha hizo que abruptamente se detuviese.

—Fue mi culpa… —musitó, cabizbaja.

—¿Qué? —preguntó, confundido—. ¿A qué te refieres?

Tras no recibir ninguna clase de respuesta, retrocedió en sus pasos y rápidamente volvió hacia donde estaba Natasha.

La pelirroja levantó la vista y le miró con angustia.

—La muerte de Sharon —su labio inferior tembló—, fue mi culpa.

—¿Por qué dices eso?

—Sharon estaba embarazada —Inmediatamente los ojos de Bucky se abrieron con sorpresa, su mirada reflejaba impacto e incredulidad—. Steve jamás lo supo, en realidad, yo era la única que lo sabía, ella me pidió que no dijera nada porque iba a decírselo después de la misión.

Un silencio sepulcral se formó entre ambos.

Bucky aún seguía procesando dicha información, ahora entendía la extraña actitud de Natasha, pues luego de escuchar la verdad, sonaba bastante lógico que hubiese decidido mantenerse alejada de Steve.

—No tenías cómo saber lo que ocurriría —dijo, a modo de consuelo.

La espía le miró con los ojos ligeramente vidriosos. Se sentía demasiado angustiada como para ser capaz de ocultarse bajo una mascara de arrogancia e indiferencia.

—No, pero no debí ocultar algo así, no debí permitir que fuera con nosotros, debí decírselo a Steve, debí hacer algo, pero no hice nada…

Detestaba mostrarse débil ante al resto, pero en cuando Natasha terminó de emitir aquellas palabras, varias lágrimas comenzaron a deslizarse a través de sus mejillas. Siendo incapaz de contener su angustia por más tiempo, se llevó las manos al rostro y ocultó su llanto tras ellas.

—Lo siento… —balbuceó, avergonzada.

A veces sentía que llorar era un crimen.

—Hey, tranquila —profirió, en tanto apoyaba una mano sobre su hombro.

Natasha le miró sin decir nada. Su cuerpo parecía no olvidar aquella conexión magnética e innegable que compartía con Bucky. Después de todo, él era un capítulo inconcluso y pendiente en su vida, era un pedazo de su juventud que jamás tuvo oportunidad de completar, James, definitivamente era una etapa que su alma nunca podría olvidar.

Volvió a cerrar los ojos e intentó no dejarse llevar por sus recuerdos, pero apenas sus extremidades la rodearon en un abrazo estrecho y sincero, la espía se quedó paralizada.

Aún sin abrir los ojos, Natasha apoyó una mejilla encima de su pecho, aspiró su aroma y solo pudo pensar en las infinitas veces que deseó hacer eso.

Sabía que ese gesto no era un simple abrazo de consuelo. Representaba algo mucho más profundo y honesto.

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Desde el cuarto del soldado y tras la puerta ligeramente entreabierta, la Bruja Escarlata observaba fijamente aquel abrazo.

Hablaban demasiado bajo para escuchar lo que decían, pero Wanda sentía que no necesitaba oírles, al fin y al cabo, saber lo que ahí ocurría era bastante evidente.

Ese abrazo lo expresaba todo.

Sin saber por qué demonios estaba presenciando algo que le hacía tanto daño, apretó la mandíbula y fantaseó mil maneras de interrumpir aquel contacto.

De manera violenta y ruidosa, podía abrir la puerta, aproximarse hacia ellos y gritarles que eran unos malditos mentiroso, pero si hacía eso, además de quedar como una celopata totalmente desquiciada e histérica, ¿qué diablos conseguiría?

Definitivamente nada.

Procurando ser discreta, cerró la puerta y con desgano se adentró al interior de la alcoba. De momento, quedarse encerrada ahí dentro, era lo único que podía hacer.

Orientó sus pasos en dirección a la cama, se sentó encima del colchón y realizó su mejor esfuerzo por no estallar en llanto. Se sentía la chica más patética e ingenua del planeta, por un momento, realmente llegó a creer que Bucky sentía algo por ella.

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—No le diremos nada —mencionó Bucky, al tiempo en que rompía el abrazo.

Natasha le miró sin comprender a lo que se refería.

—¿Qué? No, eso no es una opción.

—No puedes decirle la verdad. No es pertinente que lo hagas ahora.

—Pero no quiero seguir mintiéndole… —replicó, ofuscada—. Aunque Steve me odie, tengo que hacerlo.

—Lo sé, yo tampoco quiero mentirle, pero es necesario. Steve está muy mal y no quiero imaginar cómo empeoraría si llegase a saber lo de su hijo.

Eso era cierto. El rubio apenas comía y no había salido de su habitación en días, era evidente que su salud mental no estaba atravesando por un buen momento, claramente, recibir una noticia de semejantes proporciones, solo haría que su estado depresivo aumentase.

—Sí… —murmuró, con la vista fija en el piso. La vida era demasiado irónica para que el mismo James estuviese diciéndole algo como eso, pues sin saberlo, él y Steve compartían una historia bastante similar. Ambos habían perdido un hijo sin siquiera saber que existían—, supongo que tienes razón.

—De momento es lo mejor que podemos hacer.

—James… —susurró, arrimándose un poco hacia él—, sé que tenemos muchas cosas pendientes, pero…

—No, no tenemos nada pendiente —la interrumpió, sin estar muy seguro de las palabras que estaba diciendo—. Siempre supimos cómo iban a terminar las cosas entre nosotros —sonrió con nostalgia—. Ve a platicar con él, Natalia. Estoy seguro de que te necesita.

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Para que Steve abriera, tan solo bastó con que golpease un par de veces la puerta.

Sin decir nada y dejando en evidencia su falta de entusiasmo, el rubio se apartó hacia un costado, Natasha asumió que le estaba dejando espacio para entrar, así que eso hizo. Comenzó a introducirse en lo que parecía ser el lugar más triste y desolado del mundo.

Mientras sus pasos resonaban en el suelo, sus ojos iban recorriendo la estancia.

Las sabanas estaban enredadas y amontonadas sobre el colchón, aquella cama, claramente llevaba varios días sin ser ordenada. Algunos almohadones yacían desparramados en el suelo, lo supo porque en cuanto entró al cuarto y dio el primer paso, estuvo a escasos centímetros de tropezarse con uno de ellos. Frunció el ceño, no podía creer que esa habitación descuidada y desaliñada fuese la misma que Steve y Sharon habían compartido hace tan sólo unos pocos días… era impactante presenciar como la esencia de la rubia se había esfumado tan rápido.

Tanto el cuarto, como el aspecto de Steve, estaban convertidos en un completo desastre.

Continuó estudiando la habitación y con decepción pudo comprobar que la mesita de noche no corría con mejor suerte, estaba repleta de platos y cubiertos sucios, objetos que eran tristemente acompañados por una vacía y melancólica botella de whisky.

—Descuida —habló Steve, captando que su atención estaba sobre la botella—, ni siquiera bebiendo tres de esas podría embriagarme.

—Lo sé, también sé que esto es horrible… —respondió, descendiendo la mirada. Se sentía demasiado culpable para enfrentarlo y verle a los ojos—, ella no merecía morir así.

—Fue mi culpa, Nat. —Apretando los parpados con fuerza, la pelirroja cerró los ojos. No podía creer que Steve se estuviese culpando—, jamás debí involucrarla en mis problemas, debí alejarla de mí, pero hice todo lo contrario.

—No fue tu culpa —replicó, convencida.

—Además de sacrificar su vida, Sharon también dejó otras cosas por mí… —continuó, perdido en sus reflexiones—, y yo fui tan imbécil que sólo pude notarlo cuando la tuve muerta entre mis brazos.

—No digas eso…

—¡Es la verdad! —farfulló, enrabiado. Natasha se limitó a permanecer en silencio, Steve no merecía lastimarse de aquel modo—. Siempre pensaba en ti cuando estaba con ella, incluso cuando Sharon estaba a punto de jalar el gatillo, una parte de mí agradecía que no fueses tú quien estuviese pasando por eso.

—Basta, Steve… —acortó la distancia que los separaba, en tanto se armaba de valor y le miraba fijamente—, no sigas lastimándote así.

—Nat…

—Carter siempre lo supo. —Ante dicha declaración, el capitán guardó silencio. Pues sintiéndose confundido, arqueó una ceja y le miró expectante. No entendía a qué se refería—. Sharon sabía de tus sentimientos por mí, ella misma me lo dijo. A pesar de ser consciente de que no la amabas, ella permaneció a tu lado, ¿y sabes por qué? —preguntó, sintiendo un nudo en la garganta—. Porque la hacías feliz, Steve. Tal vez, no fuiste capaz de entregarle lo mismo, pero lo intentaste, eso debería bastarte.

Durante algunos segundos, estuvo mirando a Natasha sin siquiera atreverse a parpadear. Estaba inmóvil, tenso y sumamente impactado por las recientes palabras que sus oídos acababan de escuchar.

Se alejó un par de pasos mientras carraspeaba con incomodidad. No sabía qué decir, no sabía si debía sentirse un poco más aliviado o si debía sentirse aún más culpable de lo que ya se sentía.

—Yo, realmente no sé cómo afrontar esto —confesó, sincero. La fémina caminó hasta donde estaba, cogió su mano derecha y con cariño depositó un pequeño beso sobre esta—. No sé si sea capaz de recomponerme, Nat.

—Lo harás, no pienso dejar que te rindas —musitó, mientras le acariciaba una mejilla—. No estás solo, nunca olvides eso, Steve.

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«No sé cuándo podré regresar, cariño. Pero, trataré de hacerlo pronto»

«Yo también te extraño y quiero estar contigo, pero por ahora no puedo. Papi está peleando con algunos tipos malos»

Wanda observó cómo Scott finalizaba la llamada y se quedaba observando atentamente la pantalla de su celular. Por la expresión triste y emotiva de su rostro, supo inmediatamente que estaba extrañando a su hija.

—Debe ser una niña muy bonita —comentó, aproximándose al sofá en el cual su compañero permanecía sentado.

—Sí, lo es. Cassie es bastante linda —contestó, mientras le ofrecía su celular y le enseñaba la imagen de la niña.

Al ver la fotografía, Wanda no pudo evitar sonreír, la pequeña abrazaba un peluche de aspecto extraño, se trataba de un conejo cuya apariencia no era agradable en lo absoluto, aquel juguete con aspecto siniestro, fácilmente podría espantar a cualquier infante de su edad, sin embargo, el semblante de aquel objeto, no parecía interesarle a Cassie en lo más mínimo. Abrazaba el peluche como si fuese la cosa más tierna y hermosa del mundo.

Vio como Scott se perdía en la imagen de la niña y sintió mucha pena por su amigo. No era justo que no pudiese estar junto a ella. Simplemente no lo era.

La muchacha lanzó un suspiro, le regresó el celular y con pereza tomó asiento a un costado de él.

—Tú y Clint no deberían pasar por esto —expresó, sincera—, no deberían estar lejos de sus hijos. ¿Por qué te involucraste? No nos debías nada.

El castaño la miró como si acabase de oír una broma.

—¿Bromeas? Ustedes han salvado al mundo muchas veces, todos estamos en deuda con los Vengadores —replicó. Wanda iba a contestar, pero él continuó—: Además, siempre he querido involucrarme en esto, ¿cómo negarme a ser parte de un equipo liderado por el mismísimo Capitán América? ¡Es mi sueño de la infancia!

La joven soltó una carcajada, Scott era asombroso. La persona más optimista y graciosa que había conocido, el mundo necesitaba hombres como él, hombres que tuviesen convicción y, al mismo tiempo, un increíble sentido del humor.

»Nunca creí que podría charlar con el legendario Steve Rogers y mucho menos imaginé que llegaríamos a formar una amistad —prosiguió—, pero míranos ahora, somos más que eso, somos una familia.

—Sí, pero tu hija…

—Cassie me extraña y yo también la extraño, nos necesitamos, eso es cierto, pero también sé que su madre la está cuidando muy bien, ellas correrían más peligro si yo estuviese cerca. —En esta ocasión, Scott dejó de sonreír, hablaba en serio y con un ligero tinte de incertidumbre en la voz—. Estoy seguro que Clint piensa igual. Es la decisión más sensata que pudimos tomar.

—Pero, si yo no hubiese provocado todo ese caos, el gobierno jamás habría propuesto lo del acta y...

—Eso no lo hiciste apropósito. Protegías a Steve… le salvaste la vida, él mismo lo dijo. No prestes atención a lo que dijeron esos periodistas, la prensa muchas veces solo habla tonterías.

—Lo sé, pero… —bajó la vista hacia sus manos—, creo que jamás dejaré de sentirme culpable.

—A veces las cosas simplemente ocurren, todos cometemos errores…

—Sí —suspiró—, eso es muy cierto —luego se levantó del sofá y comenzó a distanciarse.

Mientras la veía caminar hacia la entrada de la vivienda, Scott arqueó una ceja.

—¿A dónde vas?

—Ni idea, solo sé que necesito pensar. —Y era cierto, necesitaba despejar su mente. Aquel encuentro con Bucky, aún seguía atormentándole—. Quiero estar sola y dar un pequeño paseo.

—De acuerdo, pero no te tardes.

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—Veo que estás mucho mejor —mencionó, adentrándose una vez más hacia el cuarto.

En respuesta, el rubio esbozó una sonrisa pequeña.

—Sí, creo que necesitaba una ducha —comentó, mientras intentaba limpiar el desastre que había encima del buró.

La pelirroja no pudo estar más de acuerdo. Verlo sin esa barba incipiente y aquellas ojeras que entristecían su semblante, era justo lo que necesitaba para mejorar su día.

—No puedo decir lo contrario —respondió, aproximándose a él—, apestabas.

Ladeó el rostro y la observó con gesto divertido. Había extrañado la sinceridad tan directa de Natasha, después de todo, tenía un toque bastante especial para decir lo que pensaba…

Dejó de sonreír mientras la contemplaba detenidamente, de no haber sido por ella, aún continuaría sumergido en la tristeza y negatividad de sus pensamientos. Era cierto, estaba agradecido, pero también se sentía un poco confundido, aún no lograba entender ciertas cosas…

¿Por qué se alejó y dejó pasar tantos días para acercarse a él?

—¿Por qué no lo hiciste antes? —preguntó, haciendo que la espía le mirase con gesto desentendido.

—¿De qué hablas?

Sonrió con nerviosismo. Tenía la ligera sospecha de saber a lo que Steve se refería, pero no quería sacar conclusiones apresuradas.

—El día del funeral, mientras permanecía frente a la tumba de Sharon, sé que a la distancia estabas observándome.

La pelirroja le miró perpleja. De pronto, toda la angustia que sentía se estaba aglomerando en el interior de su garganta.

—En ningún momento volteaste a verme, ¿cómo sabías que yo estaba...?

—No necesitaba voltear para saber que estabas ahí. —Steve se acercó un poco hacia ella—. Sé que siempre estás conmigo.

No soportaba verlo a los ojos, no después de saber que pudo impedir la muerte de Sharon y su hijo…

Descendió la mirada, apretó los labios y con disimulo se apartó de él.

—Tan solo pensé que querías estar a solas…

—Sí, eso es cierto, quería estar a solas, pero… —Suavemente la tomó de una mano y volvió a cortar la distancia que los separaba—, también quería sentirte a mi lado.

Cerró los ojos con fuerza y decidió permanecer cabizbaja. ¿Por qué era tan cobarde? ¿Por qué no le decía en ese mismo instante todas las verdades que estaba ocultándole?

» Pero ya no importa. Estás aquí ahora y eso es suficiente para mí —prosiguió, en tanto le acomodaba un mechón de cabello pelirrojo tras la oreja—. La honestidad que me entregas y ese infinito apoyo son lo único que me mantiene en pie, Nat…

Natasha enderezó la cabeza.

Una puñalada directa al corazón, eso era lo que sentía con cada palabra que él iba pronunciando. Ya no lo soportaba, necesitaba decir la verdad, necesitaba sacarse de encima todas esas mentiras asquerosas que ya no le permitían respirar.

Estaba a escasos segundos de hablar, pero en cuanto Steve tiró de su brazo y la acercó con fuerza hacia su pecho, aquello quedó como un simple e insignificante ademán.

No podía, no podía romperle el corazón. A él no.

—Te quiero, Steve… —La frase salió de su boca antes de que su cerebro la procesara, no acostumbraba a decir cosas como esas, pero sus palabras habían sido completamente ciertas, en esos momentos quería ser honesta y aquello era lo más sincero que podía decirle—. Tú también eres lo único que me mantiene en pie.

Mandando toda su cordura literalmente al carajo, Natasha se inclinó sobre sus labios y comenzó a besarlo.

Quería olvidar sus problemas, aunque fuese durante un par de segundos, tan solo quería pretender que todo estaba bien…

Se sorprendió cuando Steve la pegó contra la pared y comenzó a profundizar el beso. Sabía que él no rechazaría el contacto, pero siendo franca, jamás pensó que fuese a responderle de semejante manera.

Mordió el labio inferior de Steve en cuanto percibió su mano izquierda alrededor de uno de sus pechos. Ni siquiera sabía cómo demonios las cosas habían llegado tan lejos, pero no era algo que realmente le preocupase, él podía tocar cualquier parte de su cuerpo si así lo desease.

Sin embargo, justo cuando sus caricias parecían estar tocando un punto sin retorno, el beso abruptamente se detuvo.

—Lo siento, Natasha… no puedo. —Con la respiración agitada, se alejó de ella mientras se pasaba ambas manos por el cabello. Sabía que estaba haciéndole mucho daño, pero no podía seguir con eso—. Tengo a Sharon en los pensamientos todo el tiempo… no puedo quitarme de encima ese maldito sentimiento de culpa, simplemente no puedo.

La pelirroja asintió con la cabeza. Tenía muchísima razón, Sharon llevaba muy pocos días muerta como para que dejasen que eso llegase más lejos.

En silencio, comenzó a acomodarse la ropa y el cabello.

—Me siento igual que tú —siseó, sincera—, no debimos dejarnos llevar…

—No, no debimos.

Natasha esbozó una sonrisa que ni siquiera ella misma sabía justificar.

—Iré por mi laptop. —Steve la miró con desconcierto, no entendía por qué actuaba como si ahí no hubiese ocurrido nada—. Hay algo que quiero enseñarte.

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—¿Has visto a Wanda?

Bucky apartó su vista de la ventana y dejó de admirar la intensa lluvia que caía afuera. La pregunta de Scott le tomó por sorpresa.

—No, no la he visto…

Y era cierto, no la veía hace varias horas.

—Mierda… —espetó con enfado.

—¿La buscaste en su cuarto?

—Sí y no está ahí. Salió hace tres horas y aún no regresa. —Esa información captó repentinamente su atención, el simple hecho de imaginar a Wanda en peligro hizo que todo su instinto sobreprotector comenzara a manifestarse—. Dijo que daría un breve paseo, ya sabes, supongo que necesitaba pensar… pero ese no es el punto, se ha tardado bastante y me tiene muy preocupado.

—¿Y, tienes alguna idea de a dónde pudo ir?

—No, pero, supongo que no pretendía ir tan lejos. —James tragó saliva. No le agradaba en lo absoluto lo que él estaba diciendo. Scott tomó su smartphone y marcó el número de la castaña, pero no obtuvo respuesta—. Demonios, no contesta.

—Dame eso, iré a buscarla. —Sin esperar a que Scott estuviese de acuerdo con la idea, le arrebató el móvil de las manos, se aproximó al perchero y con rapidez comenzó a colocarse una chaqueta—. No le digas al resto, la protegen mucho y podrían perder la cabeza si se enteran.

—Está bien, solo espero que la encuentres.

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Con dificultad y estando totalmente empapado por la intensidad de la lluvia, Bucky caminaba entre los diversos charcos de lodo que se aposaban en el camino.

Le habían entrenado durante años, se suponía que era un explorador experto y que estaba completamente capacitado para encontrar a cualquier persona. Pero en esos momentos, su experiencia y todos los méritos que poseía, no le estaban sirviendo de nada, para encontrar a Wanda, eso simplemente parecía no tener relevancia.

Hace varios minutos estaba intentando dar con ella, pues mientras ponía en uso el perfecto alemán que manejaba, se acercó a varias personas y en diversas partes preguntó por ella, merodeó por los alrededores del refugio, trató de ponerse en sus zapatos, empatizar con ella y pensar a dónde iría, pero todos sus esfuerzos por encontrarla estaban siendo un soberano fracaso. Nada funcionaba, era como si la tierra simplemente la hubiese absorbido.

Cogió el smartphone de Scott y por octava vez intentó comunicarse con la castaña.

«Por favor, contesta» pensó, desesperado.

No quería imaginar ideas fatídicas, sabía que Wanda era totalmente capaz de defenderse, pero no podía evitar sentirse angustiado.

A la distancia y justo cuando estaba comenzando a perder la poca calma emocional que aún conservaba, sus pupilas lograron atisbar una silueta bastante familiar.

Juntó el entrecejo, honestamente, no estaba seguro de que fuese la muchacha, pero a juzgar por el ritmo lento de sus pasos, suponía que debía ser Wanda.

En cuanto la tuvo lo suficientemente cerca y pudo comprobar que, efectivamente se trataba de ella, gesticuló una mueca de fastidio y apartó el móvil de su oreja.

—¿Por qué diablos no respondes el maldito celular? —le espetó, sin disimular lo enfadado y preocupado que se encontraba. La castaña le miró sorprendida. Venía caminando cabizbaja y tan ensimismada en sus pensamientos que ni siquiera había notado la presencia del soldado—. ¿Dónde demonios estabas?

Frunció el ceño. ¿Abrazaba a Natasha como si fuese el amor de su vida y de pronto estaba preocupado por ella?

—Solo salí a caminar un poco —contestó, molesta—, ¿desde cuándo tengo que darte explicaciones e informarte todo lo que hago?

—Tenemos a demasiadas personas tras nuestros pasos, ¿y tú decides dar un paseo? —preguntó, sarcástico—. ¿En serio?

—Lo siento, papi —respondió con ironía. Palmeó uno de sus hombros mientras pasaba por su lado y pretendía continuar con su camino—, prometo que nunca más volverá a ocurrir.

En cuanto James cogió uno de sus antebrazos y la obligó a retroceder un par de pasos, su andar se vio abruptamente interrumpido.

—No seas estúpida, esto no es un juego. —Durante algunos segundos, Wanda juntó el entrecejo y le miró desafiante, pero de un momento a otro, ella simplemente comenzó a reír como si acabase de oír el mejor chiste de su vida—. ¿Qué demonios te parece tan gracioso?

—Espera, es que… necesito procesar lo que está ocurriendo —comentó, entre risas—. ¿Entendí mal o acaso estabas preocupado por mí?

La miró desconcertado. No había notado lo histérico que se encontraba hasta que ella había decidido burlarse de su exagerada actitud.

Abrió la boca queriendo decir algo, pero volvió a cerrarla sin pronunciar ninguna palabra. ¿Qué iba a decirle? Por mucho que a su orgullo le doliese, ya no tenía sentido disimular que se preocupaba por ella, después de todo, su comportamiento había sido más que evidente.

Wanda mordió su labio inferior mientras dejaba de sonreír y le miraba con diversión.

»Qué dulce —agregó, burlesca—, no sabía que podías llegar a ser tan considerado.

Bucky agradeció que fuese de noche y que estuviese lloviendo con tanta intensidad, gracias a dichos factores, el sonrojo de su cara lograba pasar majestuosa y convenientemente desapercibido.

—Tu amigo Scott era quien estaba preocupado, no yo.

—¿Ah sí? —refutó, en tanto se cruzaba de brazos y se aproximaba hacia él—, entonces ¿por qué eres tú el que está aquí?

—Ya te lo dije, solo le hacía un favor a Scott —espetó, indiferente. Dichas palabras provocaron que Wanda inmediatamente enseriara su semblante.

—¿Tengo que creerme esa estupidez? —le cuestionó, desconcertada. En respuesta, el castaño sencillamente se encogió de hombros. Wanda apretó los puños, tanta apatía estaba comenzando a fastidiarla—. O sea que, ¿saliste a buscarme en medio de una tormenta para simplemente hacerle un favor a Scott? ¿En verdad no se te ocurre una excusa mejor?

—Piensa lo que quieras.

Sin abandonar aquella actitud impasible, Bucky pasó por su lado y comenzó a caminar en dirección al refugio. Detestaba comportarse como un cabrón y tratarla de esa forma, pero era muy necesario que Wanda se decepcionase y lo odiase. De ese modo, la joven se convencería de que él no valía la pena y finalmente optaría por alejarse.

—¿Sabes qué estaba haciendo aquí? —La voz de Wanda hizo que detuviese sus pasos. Giró sobre sus talones y advirtió entre la intensidad de la lluvia, como el rostro de la chica comenzaba a llenarse de tristeza—. Estaba tratando de entender por qué me empeño en perder el tiempo contigo.

Haber sido tan sincera, hizo que Wanda inmediatamente se sintiera arrepentida, pues con dicha premisa, prácticamente estaba confirmando a viva voz que no podía dejar de pensar en él, pero sinceramente, ya no le importaba. No quería seguir guardándose lo que sentía, estaba harta de fingir que entre ambos no ocurría nada.

El soldado suspiró.

—Wanda, sé que…

—Cuando me dejaste en tu cuarto, lo único que deseaba era que volvieras. —Ante su abrupta interrupción, el castaño guardó silencio rápidamente—. Soy una tonta y en verdad creí que sentías algo por mí. —James descendió la mirada sin saber qué diablos decir. Quise ir a buscarte, pero en cuanto abrí la puerta... simplemente comprendí que debía quedarme en donde estaba.

—Ella necesitaba hablar conmigo.

—¿También necesitaba abrazarte? —ironizó, sin poder contenerse.

—Lo estás malinterpretando…

La chica sonrió con amargura.

—Oh no, sé muy bien lo que vi.

En tanto la apuntaba con un dedo, Bucky avanzó un par de pasos hacia ella.

—Tú y yo no somos nada espetó, molesto—, no tengo por qué lidiar con tus estúpidos celos.

—No estoy celosa —impugnó, mirándole seriamente—, solo estoy decepcionada.

Mientras la lluvia se hacía más intensa y sus prendas de vestir continuaban empapándose, un silencio incómodo comenzó a manifestarse.

Para Bucky, esa situación se percibía como algo realmente contradictorio y frustrante. Su único propósito era protegerla, pero de manera inconsciente e irónica, siempre terminaba haciendo lo contrario.

—Escucha… —Pensando en lo riesgoso que podría llegar a ser su próximo movimiento, se armó de valor y tomó una de sus muñecas. Sabía que no debía tocarla y mucho menos permitir que esa conversación se extendiera por más tiempo. Pero aunque era plenamente consciente de que no debería estarse comportando como un soberano imbécil que solo sabía hacer lo contrario, no podía evitar aproximarse—. Eso que viste, no es como lo estás imaginando…

—No me tienes que explicar nada, ya no me importa —miró hacia su muñeca y comprobó que él continuaba sosteniéndola. Tragó saliva, por muy agradable que eso fuese, tenía que apartarse, no podía permitir que durase más tiempo. Incómoda, carraspeó falsamente y de la forma más sutil que pudo, finalmente alejó su mano—. Déjame pasar.

Quiso alejarse, pero Bucky se mantuvo como un muro ante ella. Bloqueaba su paso y parecía estar dispuesto a no apartarse de ahí.

—De acuerdo, tienes razón… no debí salir a buscarte, ni siquiera debería estar intentando explicarte lo que pasó, pero no podía quedarme sin hacer nada… —Wanda le miró estupefacta, jamás esperó que él explotase y reconociera algo como eso—. Estaba preocupado y el simple hecho de imaginar que algo malo pudiese ocurrirte, simplemente me aterró por completo. —Mientras inspiraba hondo y procuraba ser capaz de terminar lo que pretendía decirle, se preguntó por qué demonios tenía que ser tan complicado—. Sé que ahora te costará trabajo creerme, pero... sólo quiero que estés bien. Eso es todo.

Intentando convencerse de que estaba malinterpretando sus palabras, la muchacha negó con la cabeza. Sonaba demasiado perfecto para ser cierto.

—No te entiendo, James. En verdad no puedo hacerlo.

—La mayor parte del tiempo, ni siquiera yo mismo puedo entenderme, pero créeme, esta vez estoy siendo totalmente honesto.

En tanto le observaba, Wanda juntó el entrecejo. Comenzaba a hartarse de todo eso.

—Si quieres que me aleje de ti, ¿por qué diablos me dices todo esto?

Con actitud dominante y sin dejar de mirar sus labios, Bucky avanzó un par de pasos.

—Porque... tal vez soy demasiado cobarde para admitir que en realidad, no quiero que te alejes de mí.

Abrió su boca queriendo decir algo, pero se sentía tan emocionada que simplemente era incapaz de hablar.

Estaba confundida, extasiada y sumamente desconcertada, quería entender muchas cosas, pero en cuanto Bucky tomó su cintura y la acercó impetuosamente a su cuerpo, Wanda supo que no necesitaba comprender nada.

Apoyó su frente sobre la del castaño y cerró los ojos.

—Eres un idiota —siseó con suavidad.

—Es cierto, lo soy…

En tanto alzaba el rostro y se detenía a escasos centímetros de su boca, se paró de puntillas y relamió sus propios labios. Había esperado tanto tiempo por eso que, simplemente no podía creer que estuviese ocurriendo. Francamente, tenía miedo de hacer todo mal, solo había besado a dos chicos en su vida y estaba segura de que Bucky había besado ese número multiplicado en muchas cifras más.

—¿Vas a hacerlo o quieres que empiece yo? —preguntó, haciendo que su pulso se descontrolase por completo.

Mierda, ¿por qué tenía que ser tan directo?

Como si tuviesen vida propia, sus manos viajaron hasta enredarse encima de su cuello y con suavidad las dejó apoyadas en dicho sitio. No quería detenerse a pensar en cómo iba a resultar, de lo único que estaba segura, era que por nada del mundo pretendía desperdiciar una oportunidad de ese calibre. Estaba entre los brazos del hombre que se había encargado de poner su mundo de cabeza y tenía la increíble oportunidad de besarlo en medio de una tormenta, no necesitaba nada más que eso.

Dejando atrás sus pensamientos, se armó de coraje y comenzó a besarlo, primero rozó suavemente su labio superior e imitó la acción con su labio inferior, sintió como Bucky sonreía en medio del contacto y eso la animó a continuar, pues sin despegar su boca de la suya, fue depositando pequeñas caricias en la zona de su quijada para luego regresar al centro y continuar encima de sus labios.

Bucky presionó su cadera contra la de ella, haciendo que la joven soltase un gemido involuntario. Una parte de su cuerpo se desconcertó con la intensidad de aquel movimiento, pero la otra parte, esa que la incentivaba a dejarse llevar por sus impulsos, parecía estar más activa y deseosa que nunca.

Cuando sus lenguas comenzaron a encontrarse —por medio de fricciones minúsculas e insinuantes—, Wanda sintió un pequeño escalofrío en la parte baja de su abdomen. Jamás pensó que su salida reflexiva terminaría de esa forma, pero definitivamente, no se arrepentía. Aunque sabía que ese beso marcaba un antes y un después para ambos, estaba totalmente dispuesta a asumir las consecuencias.

Después de todo, cualquier cosa era mejor que retroceder.

Mientras una mano del soldado se posaba en la parte baja de su espalda y sus bocas se unían en un beso desesperado e intenso. Wanda solo podía pensar en que todo era perfecto. La forma en que sus deseos impetuosos lograban salir a flote, más la voracidad con la cual sus cuerpos conectaban y se atraían, era algo totalmente mágico.

Una instancia en donde solo existían ellos y aquella lluvia que mojaba sus cuerpos.