Disclaimer: Los personajes pertenecen a Marvel & Disney ©. No tengo fines de lucro.


Capítulo VIII: ¿Por qué no nos dimos cuenta antes?


—No, olvídalo… —Steve no se molestó en disimular el evidente rechazo que sentía, negó con la cabeza y rápidamente se levantó de la cama—. Es un buen plan, pero… también es una completa locura. Por ningún motivo voy a permitir que hagas eso.

Natasha, que aún permanecía sentada en la cama, bajó la pantalla de su laptop, lo apartó de su regazo y con lentitud comenzó a ponerse de pie.

La actitud del capitán no le sorprendía en lo más mínimo, estaba acostumbrada —y al mismo tiempo harta—, de lidiar con su inapelable sentido moral.

En cierta forma, entendía que Steve no supiera actuar de otro modo, era un soldado americano, demasiado responsable y púdico como para de pronto comportarse como alguien totalmente opuesto a sus principios, pero en esta ocasión, era muy necesario que hiciera una excepción.

—No tenemos otra opción —replicó, mientras detenía sus pasos y se quedaba frente a él. Necesitaba convencerlo—. Hemos intentado obtener esas malditas pruebas con diversos métodos y ninguno ha funcionado.

—Lo sé, pero no puedo permitir que te expongas de esa forma.

Los ojos de Natasha adoptaron una mirada fría. Estaba comenzando a perder la paciencia.

—Si no lo hacemos ahora, vamos a perder la única oportunidad que tenemos para obtener las pruebas que podrían liberarnos. Faustus no sospechará, su codicia lo cegará… es ambicioso y tenerme bajo su mandato le entregará mucho poder. —Steve se pasó una mano por el rostro. Estaba confundido y realmente no sabía qué hacer—. Sabe que el gobierno me busca y que dejé de trabajar hace muchísimos años para la K.G.B. Si le digo que estoy dispuesta a traicionar a los Vengadores, estoy segura de que caerá.

—Sí… el plan suena perfecto, pero en la práctica no será tan sencillo.

—Por eso necesito que me ayudes.

—No puedo ayudarte a cometer una estupidez así. Lo siento.

A veces deseaba patearle el trasero, no entendía por qué demonios era así de intransigente y obstinado.

—¿Quieres que ellos ganen? —le espetó, enfadada. Steve en respuesta solo se limitó a guardar silencio. Por supuesto que no deseaba eso—, ¿acaso quieres que la muerte de Sharon quede impune?

—Claro que no, pero Faustus es muy inteligente. Manipular las mentes es su especialidad, Nat, ¿qué te hace pensar que no va a descubrirte?

—No me siento orgullosa de lo que diré, pero… —lanzó un suspiro pequeño—, mentir se me da bien.

El plan de la pelirroja era bastante bueno y no podía negar que tenía altas probabilidades de funcionar, pero al mismo tiempo, era algo muy arriesgado. Un paso en falso y Natasha podía correr el mismo destino de Sharon.

Su estómago dio un vuelco violento con el simple hecho de pensarlo.

—¿Y cómo piensas ganarte su confianza? Si no le das una prueba de tu lealtad… ellos no van a creerte.

—¡Maldita sea, Rogers, eres insoportable! —Natasha enfatizó dicha oración mientras le golpeaba el pecho con un dedo. Sabía que persuadirlo iba a ser complicado, pero jamás imaginó que su terquedad llegase a semejante nivel—. ¿Por qué siempre cuestionas todo?

—Porque no quiero que lo hagas. No puedo permitir que te arriesgues así.

La espía cerró los ojos. Esa situación le estaba costando más trabajo del que pensó.

—Steve…

—Ya perdí a Sharon por esto, Natasha… No puedo perderte a ti también —dijo, interrumpiéndole—. Jamás me lo perdonaría.

—Mi vida no es responsabilidad de nadie, mucho menos tuya. No necesito que te preocupes por mí.

Una expresión de completo desconcierto se apoderó del rostro masculino, a veces simplemente no podía entender por qué se comportaba así, por qué siempre se empeñaba en actuar como una mujer arisca y sin corazón.

Pasó por su lado y tomó asiento en el borde de la cama. ¿Qué se suponía que debía decirle?

«Por supuesto, Nat. ¡Vamos! Hazlo, además de encontrar la muerte… ¿qué podría salir mal?»

Se llevó una mano a la frente. No importaba cuanto lo discutieran, Natasha no cambiaría de parecer y ejecutaría aquel plan con su apoyo o sin él.

—Entonces… —retomó Steve—, suponiendo que lo hiciéramos, ¿qué harás para ganarte la confianza de Faustus?

Lo miró con nerviosismo. Tarde o temprano tendría que decírselo.

—La única forma de ganarme su confianza es entregarle a quien desea de regreso. —La mirada fulminante que recibió por parte de Steve, hizo que inconscientemente tragase saliva. Era bastante evidente que dicha idea no le estaba agradando lo más mínimo, pero realmente no podía culparlo, ¿quién diablos expondría así a su mejor amigo? Definitivamente nadie—. Sabía que en esta parte ibas a enfadarte.

—¿Y qué esperabas? ¿Que me estuviese riendo?

Estaba muy loca si pensaba que iba ceder con semejante disparate. ¿Bucky nuevamente en manos de Hydra?

Por ningún motivo.

—Leí en los archivos de Faustus que…

—No me interesa —interceptó secamente—. Bucky no participará en esto.

—¿Al menos podrías dejar que Barnes nos dé su opinión? —Mientras arqueaba una ceja, Steve entrecerró los ojos—. Sé que detesta cuando otros deciden por él.

Tan pronto como terminó de decir eso, su fuero interno le gritó que era una estúpida. Tuvo el impulso de llevarse una mano hacia el rostro y golpearse la mejilla, pero al notar que el capitán la estaba observando, Natasha no tuvo más alternativas que disimular.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó, sintiéndose intrigado.

—Simple intuición…

A modo de respuesta, el capitán descendió la vista y le restó importancia. Natasha destensó los hombros y agradeció desde lo más profundo de su corazón que Steve decidiera no hacerle más preguntas.

—Sigo creyendo que esto es una pésima idea, pero… tampoco tenemos otra.

—Entonces —inquirió, mientras tomaba asiento a un lado de él—, ¿lo haremos?

—No lo sé…

.


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Aún con la lluvia cayendo estrepitosamente sobre sus cuerpos, Bucky posó ambas manos encima de su cintura y lentamente se distanció de sus labios.

No sabía si estaba tratando de ser razonable o si solo tenía miedo de volver a enamorarse, había muchas cosas que en esos momentos no lograba entender, pero al menos tenía certeza de algo, por muy excitante y placentero que aquello fuese, simplemente no estaba bien… no podía permitir que Wanda se involucrase con él, al menos no a ese nivel.

Mientras sus frentes permanecían unidas e intentaban regularizar el ritmo acelerado de sus respiraciones, Bucky escuchó un llamado de consciencia y en silencio trató de apartarse. Eso estaba mal —jodidamente mal— y no podían dejarse llevar. Rápidamente dejó de sostenerla por la cintura, pero en cuanto manifestó intenciones de alejarse, Wanda inmediatamente le detuvo.

La joven guió ambas manos hacia los costados de su cara, tomó su rostro entre ellas y no pasó demasiado tiempo para que sus labios nuevamente se juntasen.

Debía detenerse, lo sabía, pero ese último beso, literalmente acababa de enviar al diablo la poca fuerza de voluntad que le iba quedando. Pues en lugar de alejarla, posesivamente la atrajo hacia su cuerpo y con fuerza profundizó el beso.

No entendía qué diablos pasaba, era como si un maldito imán se hubiese posado en medio de ambos y les atrajera de manera inevitable. En verdad quería contenerse y ser lo suficientemente fuerte para interrumpir aquel contacto, pero en esos momentos, alejarse de sus labios parecía ser imposible.

James permitió que sus manos bajasen hasta sus caderas, dejó que sus dedos apretaran y marcaran aquella porción de su cuerpo para luego volver a subir y detenerse a escasos centímetros de sus pechos.

Justo cuando pensaba dejarse llevar y mandar al demonio los pocos pensamientos razonables que aún conservaba, el celular de la muchacha comenzó a sonar. Aquello bastó para interrumpirles, pues mientras se separaban y se miraban respirando agitados, Bucky agradeció que ese maldito teléfono sonase y le impidiese cometer un error.

—Es Clint… —respondió, mirando la pantalla del smartphone.

De seguro el arquero había notado su ausencia y ahora la buscaba con exagerada preocupación.

«No puedes salir sola, Wanda»

«¿Y si alguien te hubiese reconocido? ¿Por qué eres tan irresponsable?»

Rodó los ojos, ya podía saborear el regaño.

—Contéstale —mencionó Bucky.

Lanzó un suspiro y se preparó mentalmente para eso.

—Hola, Clint…

No soy Clint, solo tomé su celular.

—¿Scott?

¿Dónde diablos has estado? ¿Por qué no cogías mis llamadas?

—¡Dios! ¿Qué les pasa? —farfulló, molesta. Estaba fastidiada de tanta sobreprotección—. No tengo diez años, sé cuidarme muy bien.

—¿Bucky está ahí?

—¿Lo enviaste a buscarme, no? Por supuesto que está aquí.

Apresúrense, Steve está preguntando por ustedes y ya no sé qué más hacer para distraerle.

Rodó los ojos por segunda vez.

—Bien, nos vemos. —Puso fin a la llamada y por modo reflejo enfocó la mirada sobre su compañero, un escalofrío recorrió su espalda e inmediatamente percibió un silencio incómodo entre ambos. Por la forma en que la estaba observando, era bastante evidente que se sentía arrepentido—. Tenemos que volver.

James asintió con la cabeza, ella tenía razón, debían volver.

La muchacha iba a pasar por su lado, pero cogió una de sus muñecas y la detuvo. Wanda en respuesta le miró, confundida. Pues no lograba entender por qué hacía eso; hace unos segundos la besaba como si quisiera hacerle el amor en pleno asfalto, pero luego la estaba observando como si hubiese cometido el error más grande de su vida. ¿Cómo se suponía que debía interpretar eso?

Sus pensamientos quedaron pausados cuando Bucky se despojó de su chaqueta y la situó encima de sus hombros.

—La tormenta no parece tener intenciones de parar —comentó, justificando lo que acababa de hacer. No pretendía impresionarla, sabía que ese simple gesto podía ilusionarla y confundirla más de la cuenta, pero simplemente no podía evitar protegerla—. Deberíamos apresurarnos.

—Bucky, espera... —Ni siquiera había dado cinco pasos cuando Wanda tomó su antebrazo y lo obligó a voltear. Ahora era ella quien le impedía caminar—, lo que pasó…

—No es necesario que digas nada, tampoco yo —dijo, zafándose de su agarre. No quería tocarla y perder su autocontrol nuevamente—. Créeme, es mejor.

—No, yo no pienso así —replicó, convencida—. Creo que deberíamos hablar…

—Y yo creo que no deberíamos arruinarlo tan rápido.

Se miraron fijamente, pero ninguno de los dos se atrevió a decir algo.

Al fin y al cabo, ¿qué sentido tendría?

Lo que pasaba entre ambos, era algo que ni siquiera ellos mismos podían entender.

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Tan pronto como se alejó del cuarto de Steve, Natasha caminó hasta la cocina, entró en la estancia y agradeció que se encontrase vacía.

Necesitaba estar sola y beber un café con urgencia.

Se aproximó a la alacena, tomó una taza de porcelana y rápidamente la colocó bajo el hueco de la cafetera.

Se encontraba nerviosa.

Inspiró aire por la nariz y lentamente lo expulsó a través de su boca. Tenía que calmarse, concentrarse en convencer a Steve de realizar aquel plan y no distraerse con sus tormentos internos. Aunque fuese por un maldito segundo, debía olvidar que pudo evitar que Sharon y ese bebé murieran.

Sacudió la cabeza, ni siquiera debería estar pensando en eso.

Apenas la taza estuvo lo suficientemente llena, Natasha se dispuso a tomarla entre sus manos, acercó el objeto hacia su nariz y con placer aspiró el aroma humeante de aquel líquido. No sabía por qué, pero la cafeína —además de brindarle energía—, siempre conseguía calmarle.

—Hola, Nat…

Asustada, dio un brinco involuntario y de manera inconsciente terminó soltando la taza.

—Mierda… —espetó, mientras el café y los trozos de la taza se desparramaban en el suelo—. ¡Diablos, Barton! ¿Por qué entras como si fueses un maldito fantasma?

Clint la miró con impacto, jamás la había visto reaccionar de aquel modo.

—Perdón. —En el fondo, sentía que no tenía por qué demonios disculparse—. No era mi intención asustarte.

Natasha relajó sus facciones. No tenía por qué desquitarse con él.

—No es tu culpa, descuida.

—¿Estás bien?

—Sí… —respondió, sabiendo que aquello claramente era una mentira.

—Vamos, no me subestimes, Nat. Yo no soy tan ingenuo como Steve. —El arquero la miró con seriedad—. Sé que algo anda mal. ¿Es por Bucky?

Resignada, lanzó un suspiro. A su amigo simplemente no podía mentirle.

—Sí, en parte es por él, pero también son otras cosas, Clint.

—¿Quieres hablar sobre eso? —La pelirroja negó con la cabeza, confiaba en él y deseaba contarle muchísimas cosas, pero de momento, era mejor que Clint se mantuviese al margen—. ¿Qué puedo hacer para ayudarte?

—Darme un abrazo —respondió, esbozando una pequeña sonrisa—, eso me ayudaría bastante.

Barton le sonrió de regreso. Con Natasha era mejor no insistir. Si por ahora ella prefería guardar silencio, suponía que debía tratarse por un motivo de peso.

Se acercó más hacia ella y rápidamente envolvió ambos brazos alrededor de su cuerpo. En cierto modo, él también necesitaba un abrazo.

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Tras entrar en la vivienda, Wanda y el soldado inmediatamente fueron abordados por Sam.

—¿Encontraron al idiota que nos estaba espiando? —preguntó, alterado.

Tanto Wanda como Bucky enfocaron sus miradas sobre la figura de Scott, pues tras la espalda de Falcon, el castaño les dedicaba una serie de gestos en los que claramente les pedía improvisar una respuesta.

» Scott dijo que vio a un tipo sospechoso en frente… —continuó, preocupado.

—Solo era su imaginación —respondió James.

—Sí, está paranoico —agregó la muchacha, siguiéndole el juego—. Salimos en plena tormenta por nada. Gracias por eso, Scott.

—¿En dónde estaban? —inquirió Steve.

A medida en que bajaba las escaleras y se integraba a la charla. Todas las miradas cayeron sobre el rubio, pues además de haber empleado un tono de voz serio, tenía el ceño fruncido y una expresión de completo fastidio.

—Scott pensó que había alguien observándonos y los chicos fueron a verificarlo —esclareció Sam. Rogers en respuesta sólo arqueó una ceja. Bucky sintió como la vista de su amigo recaía en la chaqueta que llevaba Wanda y con ello asumió que él había sacado sus propias conclusiones—. Pero por suerte sólo fue su imaginación.

—Bucky, necesito hablar contigo.

Sin agregar nada más, regresó en sus pasos y su figura nuevamente se perdió a través de la escalera.

El aludido decidió no perder tiempo y rápidamente comenzó a seguir los pasos de su amigo. No sabía exactamente de qué pretendía hablarle, y tampoco estaba seguro de querer tener una charla con él, pero en esos momentos, no es como si la opción de negarse a sostener aquella conversación fuese algo que tuviese a su disposición.

En pocos minutos llegaron hacia la segunda planta. Steve se detuvo frente a la puerta de su alcoba, la abrió y le invitó a pasar. Estaba a escasos segundos de adentrarse al cuarto, pero desistió de hacerlo en cuanto notó que otra persona se encontraba ahí dentro. Inmediatamente miró a Steve con gesto interrogante, pero este solo se limitó a pedirle que entrase.

Cuando Natasha le miró desde adentro, su única reacción fue tragar saliva. En un principio llegó a creer que él y Steve hablarían sobre Wanda, pero el tema de conversación —para su suerte o desgracia—, evidentemente sería otro.

¿Qué demonios significaba todo eso? ¿Por qué Steve quería charlar con él y la espía al mismo tiempo?

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—Sigo pensando que deberíamos recurrir a otra alternativa, no sé… algo menos riesgoso —opinó Steve.

Natasha lo fulminó con la mirada.

—Creí que ya habíamos hablado sobre eso —replicó, cruzándose de brazos.

Se había esforzado bastante en explicarle a Bucky sobre sus planes, no necesitaba que Steve intentase convencerlo de hacer lo contrario.

Desde un rincón de la habitación, Bucky los observó a ambos sin emitir ningún monosílabo, se sentía verdaderamente incómodo viéndolos discutir como si fuesen una pareja.

—Si no quieres hacerlo, está bien… —habló Steve, mientras ignoraba a Natasha y procedía a observarlo con gesto comprensivo—, encontraremos otra forma de…

—No yo… yo creo que es una buena idea —contestó, saliendo de su trance—. Es arriesgado, pero podría funcionar.

Luego de escucharle decir eso, Natasha miró a Steve y con gesto triunfante esbozó una sonrisa.

Sin poder disimular lo desconcertado que se sentía, el capitán juntó el entrecejo. En verdad, no entendía la actitud del castaño. ¿Cómo era capaz de apoyar una idea en la que, claramente, sería el principal afectado?

—Ellos van a manipularte, será lo primero que harán en cuanto te vean… —Bucky asintió con la cabeza. Estaba muy consciente de eso—. ¿Estás dispuesto a soportarlo?

—Soporté eso durante décadas, supongo que puedo hacerlo una vez más.

Con esa respuesta Steve supo que no podría hacerlo cambiar de parecer. Por muy riesgoso que fuese, para Natasha y su amigo, aquel plan era prácticamente un hecho.

James enfocó la vista sobre Natasha.

—¿Cuándo lo haremos?

—En un par de días más… pero primero debo coordinar algunas cosas. —Una alerta de mensaje la hizo desviar su atención, metió una mano dentro del bolsillo de su suéter y sacó su móvil de ahí. Tras leer el nombre del remitente, inmediatamente tragó saliva—. Disculpen.

Dicho aquello, caminó hasta el cuarto de baño, entró y rápidamente se encargó de cerrar la puerta. Su corazón comenzó a latir con fuerza y su respiración se tornó un tanto pesada. No podía creer que después de tanto tiempo él decidiera dar señales de vida.

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Teniendo una sensación extraña y desagradable sobre el pecho, abandonó la habitación de Steve en completo silencio. Quería pensar que se sentía así por tener que enfrentarse nuevamente a Hydra y a un posible dominio mental por parte del Dr. Fausto, pero muy en el fondo, Bucky sabía que esa irritante sensación no se debía sólo a eso.

Saber que Natasha y Steve estaban a solas en la habitación de este último, tenía mucho que ver en que se sintiera así de molesto.

No podía ocultarlo. Verlos juntos le fastidiaba bastante.

Era consciente de que aquello estaba mal y que debería sentirse avergonzado. Pues mientras Steve se esmeraba en protegerlo, él era tan miserable que sólo podía pensar en los estúpidos celos que sentía al verlo tan cerca de la pelirroja.

Caminó hasta a su cuarto, se adentró en él y trató de no pensar más en ellos, pero no podía hacerlo…

Su historia con la espía había ocurrido hace varios años y aunque ninguno de los dos planificó que las cosas terminasen de la forma en que lo hicieron, debía admitir que siempre fueron conscientes de que su relación sería algo efímero y sin rumbo. Pero a pesar de eso, tampoco podía mentir. Varios capítulos de esa historia aún no se cerraban, pues por mucho que tratase de ignorar sus recuerdos, éstos se manifestaban cada vez que tenía a Natasha en frente.

Tan pronto como descendieron de la motocicleta, Natalia se alejó de él y con rapidez comenzó a caminar hacia el interior del edificio.

—Hey, espera…

Ignoró el llamado del soldado y con vehemencia comenzó a transitar por los pasillos de la K.G.B. Por nada del mundo pensaba voltear —al menos no después de lo que había hecho en la misión—, en esos momentos, no tenía fuerzas para enfrentarse a nadie. Mucho menos a él.

Intentó acelerar el ritmo de sus pasos, pero en cuanto el castaño la tomó de un brazo y con violencia la arrastró hacia el interior de un cuarto, no pudo hacer nada por evitarlo.

—¿Tienes idea de lo que acabas de hacer? —le gritó, molesto. La pelirroja se mantuvo cabizbaja. Sabía que había cometido un error que podía costarle la vida, pero no se arrepentía—. ¡Acabas de dejar libre a un tipo que valía millones!

—¡Sí, y no me arrepiento! —respondió, mientras se armaba de valor y le observaba fijamente—. Tampoco me importa la gravedad de las consecuencias que esto tenga. No seré la asesina que ellos quieren que sea, no lo seré…

—¿Acaso no lo entiendes? —espetó, mirándole con desaprobación—. No eres una maldita heroína por salvar la vida de un hombre, tus manos ya están manchadas de sangre y eso no cambiará con nada.

Natalia le miró encolerizada.

—Vaya… ahora lo entiendo. —Con aire desafiante, empezó a avanzar hacia él—. Es mucho más fácil ser un puto asesino si dices que te están obligando, ¿no?

No midió el calibre de sus dichos hasta que percibió la mano del soldado presionarse con fuerza alrededor de su cuello. Trató de zafarse de aquel agarre, pero eso inmediatamente provocó que él intensificase la presión de su ataque.

—Será mejor que te calles —le advirtió, sin apartarle la mano del cuello.

—¿Y si no lo hago qué? ¿Qué harás? ¿Me vas a matar? —preguntó, sin miedo a enfurecerlo aún más. Tanto James como ella tenían la respiración agitada y la vista clavada encima del otro—. ¡Vamos, hazlo! ¡Mátame y haz lo que tanto disfrutas hacer! Hazlo maldita sea, sólo haz…

No la dejó terminar, pues antes de que continuase provocándole, acercó su rostro hacia ella e impulsivamente procedió a besarle los labios. En un comienzo Natalia se resistió, pero lentamente fue cediendo y sin siquiera advertirlo, terminó correspondiéndole con similar fervor.

Negó con la cabeza, no podía ser tan estúpido para estar recordando algo así.

Al menos no después de besar a Wanda y pretender que su etapa con la rusa era algo que ya daba por superado.

¿Qué maldito derecho tenía para sentirse celoso?

Definitivamente ninguno.

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—¿No bajarás a cenar? —preguntó Steve, mientras golpeaba la puerta del baño.

No sabía qué clase de mensaje había recibido, pero a juzgar por todo el tiempo que llevaba encerrada ahí dentro, deducía que el contenido de aquel texto no había sido de su agrado en lo absoluto.

» Nat… ¿estás bien? —insistió, preocupado—. ¿Natasha?

—Cállate, Steve. Estoy bien.

Lanzó un resoplido. Esa situación y ese asqueroso presentimiento de que nada estaba bien, lo hacían tener sensaciones de deja vu.

¿Sharon? —inquirió.

Estoy en el baño…

El capitán suspiró aliviado, por un instante llegó a pensar que alguien se la había llevado.

¿Y por qué la luz no está encendida? —averiguó, curioso.

No lo sé, no me fijé —respondió, saliendo del cuarto de baño.

Sin darle demasiada importancia, Sharon regresó a la cama y rápidamente cubrió su cuerpo con las colchas. Steve arqueó una ceja, ella actuaba muy raro, hasta se atrevería a decir que lo estaba evitando.

¿Estás bien? —le preguntó.

Sí, todo bien…

Apoyó la frente encima de la puerta y cerró los ojos. No recordar a Sharon era cada día más complicado.

Justo cuando pensaba volver a golpear la puerta, esta se abrió de forma abrupta y casi violenta. Iba a preguntarle qué rayos ocurría, pero Natasha pasó por su lado cargando un rostro repleto de nerviosismo e incertidumbre.

—Bruce me envió un mensaje… —soltó de golpe.

Steve abrió los ojos con sorpresa.

—¿Qué? —expresó, incrédulo—. ¡El Dr. Banner!

—No te emociones, sólo dice que no me preocupe de él.

—Vaya… me pregunto en dónde estará… —La pelirroja se encogió de hombros. Caminó hacia la cama y tomó asiento sobre el colchón—. ¿En verdad crees que se encuentre bien?

Esas eran preguntas difíciles de responder, tampoco estaba segura de querer saber el paradero del científico. Desde que Bruce decidió alejarse, muchísimas cosas habían cambiado, incluso esos sentimientos confusos que alguna vez llegó a sentir por él.

—Ni idea, no me habló de eso, pero siendo honesta… dudo que en verdad se encuentre bien.

—Nunca debimos dejarlo ir… nos necesitaba —comentó Steve. Natasha captó cierto ápice de tristeza y culpabilidad en su voz—. Pero estábamos muy ocupados peleándonos entre nosotros como para preocuparnos de él.

—Bruce tomó una decisión, quiso alejarse, eso no es nuestra culpa.

Steve la miró fijamente.

—Nat, sé que este no es el momento más adecuado, pero… ¿puedo preguntarte algo?

—¿Tiene relación con lo que hubo entre Bruce y yo? —abrió su boca para responder que «sí», pero Romanoff se le adelantó—. Entonces no…

Enserió su semblante. No quería ser demasiado obvio, pero le molestaba que Natasha pareciera no superar aquel tema.

—¿Te afecta a tal punto? —La pelirroja le miró desconcertada—. Quiero decir… ni siquiera eres capaz de hablar de él.

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Wanda. Natasha y Steve.

Esos tres nombres se habían negado a salir de sus pensamientos.

Con el cuerpo tendido a lo largo de la cama, gruñó molesto y con frustración aventó el cojín que estaba tras su nuca. ¿Cómo era posible que no pudiese concentrarse? Sinceramente, no lograba comprender en qué momento se había distraído tanto. Cuando aceptó salir de Wakanda, lo hizo pensando en cumplir con un solo objetivo; ayudar a Steve y a sus amigos a obtener pruebas para poder acceder a un proceso judicial justo, en ningún momento contempló la idea de involucrarse sentimentalmente con alguien, o recordar amores pasados, mucho menos sentirse celoso de su mejor amigo.

¿Cómo demonios había terminado tan alejado de sus prioridades?

Posiblemente cuando comenzó a mirar a Wanda más de la cuenta…

Se pasó una mano por el rostro.

«Wanda. Wanda. Wanda.»

Siempre encontraba un maldito modo de tenerla en la mente.

Cerró los ojos. No sabía cómo demonios iba a conseguirlo, pero a toda costa haría que Wanda se alejase de él. Por el bienestar de la muchacha, era apropiado y altamente necesario que ambos dejasen de relacionarse.

—Creí que estabas charlando con Steve —expresó Wanda, abriendo la puerta de su alcoba para luego adentrarse en ella.

Bucky se levantó de golpe, ¿acaso eso podía ser más irónico?

Siempre que estaba decidido a mantenerse lejos de la chica, el destino insistía en que ocurriese todo lo contrario.

—¿Qué haces aquí? —preguntó, contemplándola fijamente.

—Bueno —comenzó, mientras apoyaba su espalda sobre la puerta—, no bajaste a cenar y me preocupé.

—No tenía hambre —respondió cortante—, estoy cansado y quiero estar solo.

Pese a estar siendo bastante cortante, la castaña no pareció inmutarse en lo más mínimo. Pues además de mirarle con escepticismo, su única reacción fue formar un gesto sardónico en el rostro.

—No creo que quieras estar solo…

Bucky frunció el ceño, tal vez Wanda estaba leyendo su mente y sabía que en el fondo no deseaba tenerla lejos.

—¿Acaso estás… ?

—No estoy leyendo tu mente —le interrumpió, captando de inmediato lo que pretendía preguntarle. Movió sus manos con nerviosismo mientras se le acercaba—. Te prometí que no lo volvería hacer y cumpliré mi palabra.

—Genial —musitó, sin entusiasmo—, pero en serio quiero estar solo.

—¿Actúas así porque Natasha está en el cuarto de Steve, verdad?

De inmediato tensó su mandíbula. Wanda era la última persona con la cual desearía platicar sobre eso.

Avanzó un par de pasos hacia ella y con un gesto de manos la invitó a salir del cuarto.

No pensaba molestarse en responder una pregunta como esa.

—Deberías irte.

—Y lo haré, pero antes quiero saber de qué hablaron tú y Steve.

—Pronto lo sabrás. Ahora, necesito que te vayas.

La muchacha negó con la cabeza.

—No me iré hasta que respondas…

—Bien, si quieres quédate —replicó, fastidiado—, de cualquier modo, no estaré aquí para responder tus preguntas.

Iba a dirigirse a la salida, pero con un movimiento sumamente ágil y rápido, Wanda consiguió interponerse entre la puerta y su cuerpo.

—Ya te dije que me iré, pero primero necesito saber de qué hablaron. ¿Steve te preguntó sobre nosotros?

Expectantes, sus grandes orbes verdes procedieron a mirarle. ¿Cómo explicarle que era algo mucho más complejo que eso?

Ahora fue él quien movió la cabeza en señal de negación.

—No, Wanda… hablamos de otra cosa —explicó, extenuado. Tenía que sacarla de ahí lo antes posible, no quería arriesgarse a tenerla demasiado cerca, aquello podría provocar que sus instintos se descontrolasen y no deseaba exponerse a que eso ocurriese nuevamente—. No quiero tener problemas con Barton, tampoco con Sam, ya me odian bastante y si llegan a enterarse de que estuviste aquí, son capaces de dispararme.

Wanda no lo ponía en duda, aquello era completamente cierto. Pero no quería irse de ahí sintiendo que su cabeza estaba repleta de dudas e inseguridades.

—Sigo pensando que deberíamos hablar sobre lo que pasó...

—Maldita sea, Wanda, ahora no. —Con poca sutileza, la cogió de un brazo y la apartó de su camino. Esta vez no actuaría como un idiota, iba a alejarse de ella aunque en el fondo tuviese deseos de hacer todo lo contrario. Posó una mano sobre el pomo y con tosquedad lo giró—. Vete antes de que alguien te vea aquí. En verdad, no quiero tener más proble…

Sus palabras quedaron a medio terminar cuando Wanda lo tomó por la nuca y con rapidez lo atrajo hacia su boca.

Sin poder ocultar lo perplejo que se encontraba, Bucky abrió los ojos con sorpresa e instintivamente guió una mano hacia la cintura de la chica. Estaba dispuesto a alejarla, pero tras varios instantes de batallar contra sus impulsos, James simplemente dejó de resistirse. Pues mientras comenzaba a cerrar los ojos, volvió a juntar la puerta y con el peso de su propio cuerpo apoyó a la joven encima de esta.

Si iba a cometer una locura y actuar como un imbécil impulsivo, al menos haría que valiera la pena.

Aún sin separarse de sus labios y siguiendo el ritmo frenético de la unión de sus bocas, Wanda no puso ningún tipo de resistencia cuando las manos del soldado se apoderaron de sus caderas y la apresaron contra la puerta. No sabía por qué le había callado de semejante forma, tampoco sabía cómo diablos iba a terminar todo eso, pero honestamente, en momentos como esos, su cerebro no tenía espacio para pensar en las consecuencias que arrojarían sus actos.

Antes de romper el beso y buscar un poco de aire, Bucky capturó su labio inferior entre sus dientes y con tono travieso jaló de este.

—Aún estás a tiempo de irte… —siseó con voz ronca.

La miró con una expresión tan lastimera que a Wanda le fue inevitable no bajar la vista. Sentía que James la subestimaba y detestaba sentirse de esa manera, quería demostrarle que si su relación avanzaba, no dependía netamente de lo que él quisiera hacer.

—No —respondió, en tanto lo empujaba con una mano y lo obligaba a retroceder hasta hacerlo caer de espaldas sobre la cama—. Apenas estamos empezando.

Desde el colchón, James la dedicó una mirada cargada de impacto. No podía negar que dichas palabras le habían extasiado, aquella actitud dominante y libidinosa le sentaba de maravilla, aunque tampoco podía mentir, una parte de él se sentía bastante desconcertado. En un principio pensó que la muchacha no tenía ningún tipo de experiencia, pero todo parecía indicar que estaba equivocado.

Iba a levantarse, pero ella no se lo permitió. Se precipitó hacia la cama y a horcajadas se sentó encima de él. Bucky tragó saliva. Bastó con que sus caderas de rozaran para que sintiera cierta reacción involuntaria en la parte baja de su cuerpo.

—Wanda…

La castaña guió un dedo hacia sus propios labios y con dicho gesto le indicó que guardase silencio. James, sin saber por qué, simplemente se limitó a obedecer.

Ella inclinó la cabeza y se detuvo a escasos centímetros de su oído.

No sabía por qué demonios se comportaba tan segura de sí misma siendo que jamás había llegado tan lejos con un hombre… en verdad, no era capaz de entender lo que estaba haciendo.

—Quiero pasar la noche aquí… —murmuró, manteniendo los ojos cerrados—, contigo.

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—No es que no pueda hablar de él... —profirió Natasha, levantándose de la cama para luego comenzar a dar pasos aleatorios—, simplemente siento que no viene al caso. Eso es todo.

Para Steve, la actitud desasosegada que Natasha estaba demostrando, era una señal más que evidente.

Bruce todavía le importaba.

—Sinceramente, Nat… pienso que, aunque no lo admitas, aún te duele que Bruce se haya ido.

Era verdaderamente incomodo enfrentar aquel tema y más aun teniendo a Steve en frente.

Desplazó ambas manos por su melena pelirroja, suspiró y avanzó un par de pasos hacia él.

—Tal vez me duele, pero en realidad ni siquiera sé por qué llegué a sentirme atraída por Bruce. —Y no mentía, estaba siendo totalmente honesta. Rogers la escuchó atentamente y aquello la hizo sentir extraña, por un lado sentía que ambos eran lo suficientemente maduros como para hablar de sus relaciones pasadas, pero al mismo tiempo, también sentía que platicar con Steve sobre eso, era un tanto inusual e incómodo. Pues no deseaba pensar en cómo sería su reacción cuando se enterase de lo que ocurrió entre ella y James—. Supongo que ambos nos sentíamos solos y nos confundimos.

—Bueno, después de mí, Bruce era mi favorito para quedarse contigo —bromeó, risueño. Natasha en respuesta también sonrió—. Pero me alegra que solo haya sido una confusión.

A medida en que sus sonrisas fueron desapareciendo, Natasha se mordió el labio inferior.

—¿Por qué no nos dimos cuenta antes? —preguntó, haciendo que Steve comprendiese de inmediato a lo que se estaba refiriendo—. Antes de Bruce, antes de Sharon… antes de todo esto.

El capitán descendió la mirada.

—No es que no lo supiéramos, solo estábamos tratando de evitarlo.

Por un periodo de tiempo que Steve percibió como demasiado extenso, la Viuda Negra guardó silencio. Preocupado por haber dicho algo malo, alzó la vista y le observó.

Natasha tenía la vista clavada en sus labios y él inconscientemente estaba comenzando a hacer lo mismo.

Eso le bastó para comprender el porqué de su mutismo.

—Será mejor que me vaya —musitó lastimosamente.

—¿Qué? —preguntó, sin comprender nada. Iba a aproximarse a ella, pero la rusa retrocedió un paso—. No, Nat… no tiene que ser así…

—Sí, sí tiene que ser así... —refutó, mientras le daba la espalda y caminaba hacia el ventanal de la alcoba—. No puedo quedarme, si lo hago, ambos sabemos que comenzaremos a besarnos.

Debería estar familiarizado con el hecho de recibir esa clase de comentarios por parte de Natasha, pero sinceramente, jamás iba acostumbrarse.

Dejando que su vista se perdiera a través del ventanal, la pelirroja simplemente se limitó a cruzar los brazos. Tenía un nudo atorado en la garganta y una persistente sensación de angustia encima del pecho. Steve había sido bastante categórico cuando le dijo que no podían dejarse llevar y tenía muchísima razón. La muerte de Sharon aún rondaba en el ambiente y no era justo que ellos pretendiesen ignorar lo sucedido, pues por muchos deseos que tuviesen de besarse y estar juntos, había un luto que debían y querían respetar.

—Descuida, yo me iré —dijo Steve—, tengo que platicar con Bucky…

Su compañera no respondió y con ello Steve asumió que necesitaba tiempo a solas. Natasha parecía estar enfadada, pero por sobre todo, parecía decepcionada.

Y diablos, la entendía, pese a estar siendo razonable y sensato, él también moría de ganas por sentirla de una forma más íntima. Pero lamentablemente no podían, aún no…

Tras sentirle cerrar la puerta y abandonar el cuarto, Natasha cerró los ojos.

¿Cuánto tiempo iba a soportar todo eso? ¿Vivir así? Mintiendo y batallando contra sus propios sentimientos. No lo soportaba, sinceramente ya no se sentía capaz de seguir lidiando con tanto.

Lanzó un suspiro.

Lo mejor que podía hacer era irse a su propia habitación. Si seguía dentro de esa alcoba, simplemente iba a terminar colapsando. Aunque fuese durante un par de horas, necesitaba dormir o hacer cualquier cosa para distraerse y no pensar.

Decidida a abandonar el cuarto, la pelirroja se acercó a la salida. Cuando puso la mano alrededor del pomo y comenzó a pensar en dónde diablos había puesto sus medicamentos para dormir, un sorpresivo movimiento sobre la manilla, la hizo fruncir el ceño y retroceder en sus pasos.

En cuanto la puerta se abrió desde el otro lado, Natasha gesticuló una mueca repleta de confusión, pues antes de que pudiese decir algo, Steve ingresó nuevamente en el cuarto. La miró durante algunos segundos y, sin previo aviso, se apoderó con vehemencia de sus labios.

Le hubiese encantado ser fuerte y no responder ese beso, pero apenas el ritmo desesperado del inicio fue tornándose más lento y pausado, Natasha no pudo evitar unirse y degustar sus labios como si fuesen el caramelo más sabroso que alguna vez hubiese probado. Con calma y delicadeza, succionaron el labio inferior del otro para luego dejar que sus lenguas se encontrasen e interactuasen durante varios segundos.

Con cuidado, fueron rompiendo poco a poco el contacto. Ella continuó mirándole con estupor y gesto enternecido, pues mientras trataba de entender lo que acababa de ocurrir, Steve depositó un pequeño beso encima de su frente.

Natasha cerró los ojos y le abrazó con fuerza. Había estado con muchos hombres, pero ninguno de ellos la había hecho sentir de ese modo.

Esas caricias insinuantes, pero al mismo tiempo puras, hacían que para ella, el tacto de Steve fuese una experiencia totalmente nueva.

—Steve, tienes que ver esto… —Sam ingresó en la estancia haciendo que el pequeño momento romántico de sus compañeros llegase a un abrupto final. Los miró con desconcierto. Aunque había notado una química especial entre ambos, jamás imaginó que lo estuviesen dejando fluir tan pronto—. Lo siento, no era mi intención interrumpir.

Con notoria incomodidad, Natasha y Steve se apartaron.

—¿Qué quieres que veamos? —inquirió el capitán, tratando de no verse nervioso.

—Esto… —Sin dar explicaciones, le extendió una diminuta caja que cargaba entre las manos.

Natasha recibió el objeto con un gesto repleto de extrañeza.

—¿Quién envió eso? —indagó Steve, preocupado de que alguien ajeno a ellos supiera de su ubicación.

Antes de contestar, Sam lanzó un largo suspiro.

—Stark…