Capítulo 26. Deberes de esposa.
El día de la boda el novio estaba mucho más entusiasmado que la novia. Los días que había estado cortejando a doña Marina a él le habían parecido muy prometedores. A pesar de su desconfianza, ella aún era sensible a los halagos y los pequeños gestos. De Soto creía que haberse interesado por su hijo también había sido un factor importante, y no le disgustaba la idea de contribuir en su educación, porque le resultaba preocupante pensar que un hijo suyo acabara siendo tan ingenuo como su madre. Respecto a ella, no perdía la esperanza de que con el tiempo pudiera conseguir que volviera a sentirse atraída por él, iba a ser un desafío, pero eso le daba aún más interés.
Tras la ceremonia los recién casados salieron de la iglesia y se dirigieron a la taberna, donde Victoria y sus ayudantes les habían preparado una comida de celebración. Marina estaba bastante animada, quería creer que Ignacio había sido sincero al leer sus votos.
De Soto estaba muy satisfecho con esa boda. Además del conde había otros invitados de cierto rango, no los parientes de más alcurnia del conde, que vivían lejos de California, pero sí ciertos miembros de la administración local y varios hombres importantes de Monterrey. Después de la comida se dispuso hablar con todos ellos y conseguir información que luego pudiera resultar útil. Marina al principio lo acompañó y le presentó a varias personas que conocía, pero poco a poco se fue retirando, cansada de hablar con personas que apenas le dirigían la palabra por ser una mujer.
Algunos de los hombres empezaron a hablar como si ella no estuviera delante, especialmente el primo de la novia, que miraba a de Soto con condescendencia.
"Parece que al final el pequeño escándalo ha quedado resuelto. Espero que ahora que Marina es una mujer casada sea más discreta. Mi madre tenía un disgusto espantoso cuando se enteró."
"No tienen ustedes de qué preocuparse, se lo aseguro." respondió de Soto con frialdad.
"Átela corto. Fue la favorita de su padre, y se crió como una salvaje. Mi madre siempre aseguró que no tiene refinamiento ni elegancia, eso le perjudicará en Madrid si no pone remedio. Le aconsejo que le recuerde a menudo que el deber de una esposa es obedecer a su marido."
De Soto decidió no discutir con aquel majadero, que claramente no tenía ni idea de mujeres, y se compadeció de su esposa si es que alguna mujer había sido lo bastante tonta como para casarse con él.
"En fin, si es necesario enciérrela en casa. Usted mejor que nadie sabe de lo que es capaz si no se la vigila correctamente."
"Tengo intención de cuidar de ella y de nuestro hijo como ellos merecen."
"Bien, recuerde que lo que ella necesita es un hombre de carácter."
Marina se apartó de ellos hacia una zona menos concurrida, lo que resultó ser un error, porque varias señoras aprovecharon para acercarse y darle su opinión acerca de la vida de casada.
Tras el baile, Victoria estaba ocupada atendiendo a otros invitados. Su situación como esposa de un caballero y dueña de la taberna al mismo tiempo hacía que pudiera hablar con soltura prácticamente con todos los asistentes. Pilar se acercó discretamente y cuando Victoria acabó una conversación con la hija de uno de los hacendados le susurró: "La novia está en aquel rincón, y creo que se ha tomado unos cuantos vinos."
"¿Está borracha?"
"Bastante, pero yo no la culpo, si esta noche tuviera que dormir con de Soto habría bebido aún más que ella."
Victoria se acercó a Marina. "Siento haberte dejado sola."
"No te preocupes, estabas atendiendo a mis invitados. Alguien tiene que hacerlo por mí, que al parecer soy insignificante."
Por su voz Victoria pudo confirmar que había bebido demasiado. "¿Cuántas copas llevas?" Marina se encogió de hombros.
Victoria buscó con la mirada y localizó a Diego a unos metros de distancia. Cuando él se giró para saludar a otro caballero ella le hizo una seña. Él acabó la conversación con esa persona y se acercó a ella.
"¿Necesitas algo?"
"Es Marina la que necesita tomar un poco de aire."
Diego se fijó bien en ella y asintió. "Podríamos acompañarla fuera un momento."
Victoria negó con la cabeza. "Hay que llevarla al cuartel, a sus habitaciones. Podemos decir que está cansada y necesita retirarse ya."
"De acuerdo, voy a por el alcalde." se ofreció Diego.
"Date prisa, yo me voy a ir acercando a la puerta con ella."
Pilar vio lo que pasaba y fue hacia ellas tratando de disimular un poco.
Diego se acercó al alcalde y le dio un pequeño toque en el hombro para llamar su atención.
"¿Sí, don Diego?"
"Se trata de su esposa. Está cansada, le ha dicho a Victoria que anoche no durmió bien, con los nervios de la boda. Ya sabe cómo son las novias en su gran día. Creo que quiere retirarse ya."
"Me despediré de los invitados y me reuniré con ella."
Diego negó levemente con la cabeza. "No se encuentra bien. Si quiere podemos acompañarla junto con su doncella personal al cuartel y se reúne con ella allí."
"Sí, gracias don Diego, dígale que enseguida estoy con ella."
Diego alcanzó a las chicas y pidió a Pilar mientras se acercaba a la puerta que buscara a la doncella de la señora de Soto.
"Ahora mismo le digo que vaya para el cuartel."
"Gracias."
Al salir vio que Marina estaba algo apoyada en Victoria y le costaba caminar en línea recta.
"Permítame ofrecerle mi brazo." dijo con elegancia, pero la cogió con más fuerza de la habitual para evitar que se cayera, y lo hizo justo a tiempo.
"¿Dónde está Ignacio?" preguntó ella.
"Despidiéndose de los invitados. Enseguida se reúne con usted."
"Sí, ahora ya tiene lo que quería y no tiene tantas ganas de pasar tiempo conmigo." dijo ella con desánimo.
Disimularon como pudieron al cruzar la plaza. Casi llegaban cuando Leandra, la dama de compañía de la señora se unió a ellos. Miró a Marina con preocupación.
"Esto no es propio de ella."
"Creo que los invitados no se han dado cuenta. Será mejor que entremos."
Cuando de Soto entró en la habitación, Leandra y la doncella ya la habían ayudado a quitarse el vestido de novia, a ponerse un camisón y una bata y a cepillarse el pelo. En el rato que había pasado ella se había serenado un poco, se había sentado en la cama y parecía mirar fijamente la pared. Cuando él cerró la puerta del dormitorio ella lo miró con cara de estar asqueada.
"¿Y ahora que ordena mi señor esposo?"
"¿Cómo dices?"
"Que por lo que parece tengo que obedecerte y respetarte, aunque tú no tengas ninguna intención de respetarme a mí, así son las cosas. ¿Vas a querer ejercer tus derechos conyugales?"
De Soto puso cara de extrañeza.
"Te he oído hablar con mi primo. Al parecer ahora soy poco más que tu esclava. ¿Me voy quitando la ropa para que puedas acabar cuanto antes o así ya vale?" dijo tumbándose en la cama y quedándose completamente quieta.
"No tengo intención de hacer algo que tú no quieras." dijo él ofendido.
Ella se incorporó sobre un codo para mirarle a la cara. "Pues parece que a Nicasio no se lo has dejado muy claro. Parecías estar de acuerdo con eso de que hay que atarme corto para que no vuelva a portarme como una golfa. Por otro lado, mientras tú hacías vida social, varias señoras se han ocupado de recordarme que una dama no debe comportarse de manera vulgar en el lecho."
"¿Ése era tu primo Nicasio? No conseguí quedarme con todos los nombres. No quise llevarle la contraria porque su opinión no tiene importancia, y más ahora que nos vamos a Madrid en unos días. Tampoco me importa lo que digan las otras señoras acerca de lo que debemos o no hacer."
La expresión de decepción de ella estaba arruinando completamente la noche. Además parecía bastante borracha.
"Será mejor que durmamos. Mañana, mejor por la tarde cuando se te haya pasado la resaca, hablaremos de esto." dijo de Soto.
"¿Entonces ni siquiera piensas tocarme? ¿Vas a irte a dormir a otra habitación?"
"No, es lo que me faltaba para que la gente hable aún más. Los soldados pueden ser más cotillas que cualquier doña. Dormiré en esta habitación contigo. Esa cama es lo bastante grande."
De Soto se acercó al armario para coger su ropa de dormir. Se cambió pensando que aquello no había salido como esperaba. Quizá podría arreglarlo más adelante, aunque de momento no tenía ni idea de cómo lo iba a hacer.
