El capitán y la alquimista, iban andando a caballo en dirección al cuartel.

-Sabes, Levi...Tu caballo me dijo que le agrado- él la miró de reojo.

-No me extraña- respondió indiferente -Apuesto a que te gustan más los animales que los humanos-

-Así es, en eso consiste ser una alquimista hiladora de vidas. Soy la que se encarga de los animales cuando enferman en Dublith-

-¿Puedes hacer lo mismo con otros seres vivos? Como titanes, por ejemplo- pregunto interesado.

-Supongo que si. Pero como los animales no hablan, me llevó mejor con ellos- afirmó con emoción -Menos con los gatos, ellos detestan a Calep-

-¿Calep? ¿Quién es? ¿Tu otro hijo?-

-Prácticamente...Llegó a mi vida antes que Ivi- él la miró horrorizado y ella rió con ganas -Calep es un ave, una muy extraña, es endémica de Keisalhima. Se conocen como aves arcoiris de la luna. Keilot y un amigo, lo compraron para mí, cuando él me eligió en una tienda- respondió con su alegre tono como de costumbre.

-Ya veo- acotó indiferente -El cazador, tu esposo, se preocupa mucho por ti ¿No es así?-

-Si, así es. Aunque no estamos pasando un buen momento, por lo de nuestra hija, siempre esta al pendiente de mí- aseguró -Estuvo a punto de morir por protegerme, muchas veces y estoy segura, que lo haría de nuevo- respondió con su semblante serio -Tanto por mi, como por nuestra hija. Él siempre dice que nació para salvarme-

-Lo note cuando vino a buscarme anoche. Su mirada era de desesperación, aunque lo disimulara, se podía ver el pánico en sus ojos- afirmó.

-Puedo imaginármelo ¿Tu nunca has sentido eso por alguien?- cuestino interesada -No quiero ofenderte. Es sólo que, eres una persona tan centrado en ti mismo, que no te imagino en esa condición-

-Sólo una vez y fue hace mucho tiempo- el recuerdo fugaz de la muerte de sus dos únicos amigos, volvió a su mente -Pero me obligue a no sentir de nuevo- aseguró firme -Así sobreviviré un día más-

-Eso...eso es horrible ¿Cómo puedes hacerte algo como eso?- Lo abrazó con fuerza, ocultando su rostro en la espalda de él -Eso es lo que nos hace humanos-

Se lamentó por la dureza en el alma y el corazón del sujeto frente a ella. El capitán, se sintió extraño, nadie lo había abrazado así antes.

-Gaia, ¿Te sientes mal? ¿Por qué estas haciendo eso?- pregunto extrañado -Podemos detenernos-

-Todos necesitamos un abrazo de vez en cuando, Capitán. Sirve para diezmar el dolor en el alma y para juntar todas nuestras partes rotas- habló con voz apagada -Como usted no abraza a nadie, yo lo hago por usted-

Levantó su, ahora, azulina mirada hacia él y sonrió triste. El hombre frente a ella, le acarició la cabeza, como si se tratara de una pequeña niña. La alquimista, bajó del caballo rápidamente y se introdujo a paso veloz al cuartel, sin despedirse de él. Ya habían llegado.

-Pequeña alquimista emocional- expresó mirándola -Tengo que alejarme de ti, antes de que ocurra lo peor-

Ella se parecía tanto a Isabel, que con sólo mirarla, era como si estuviera viva de nuevo. No se parecían en nada, físicamente, pero sí en espíritu. También le recordaba mucho a su madre.

Un chicas de hermosos ojos azules con destellos verdes, buscaba desesperado a la hechicera, que invadía sus pensamientos en los últimos días. Hasta que choco con alguien.

-Eren- mencionó alegre -¿Dónde vas?- preguntó su hermana adoptiva.

-Estoy buscando a Dea ¿La has visto?- la cara de ella, se descompuso.

-¿Otra vez?- preguntó neutral -¿Otra vez tienes sentimientos raros por una chica?- cuestionó sería -¿Quieres que suceda lo mismo que sucedió con Annie?-

-¡Cállate!- le gritó -¿Por qué siempre estas metiéndote en mis asuntos?- reclamó, exasperado.

-¿Quieres que te diga el por que, mi castaño amigo?-

La voz de la hechicera, apareció a la derecha de ambos. Los estaba observando apoyada en una columna del cuartel. El muchacho, se acercó a ella con culpa.

-Dea, por favor perdóname- le aferró el rostro entre sus manos, ignorando a Mikasa a su lado -Prometo que nunca más volveré a llamarte así-

Su desesperación era desgarradora, no quería que la hechicera se enojara con él. Ella apartó las manos del joven y se dirigió a hablar con la muchacha, que los observaba.

-Mikasa ¿Puedo hablar contigo?- pidió amable a la chica que la mataba con la mirada -Por favor...- la miró suplicante y está, asintió.

-Dea, ¿Sucede algo?- tomó un brazo de la hechicera, que estaba dándole la espalda -Sea lo que sea, puedes hablar conmigo-

-Estoy bien, Eren. Sólo quiero hablar con ella- explicó sin mirarlo -Te agradecería que nos dejarás solas-

-Pero...yo...-

-¡Por la Dama del Caos! ¡Déjanos solas!- habló brusca -¡Ya tuve suficiente de ti por hoy! ¡Necesito hablar con Mikasa! ¡Y deseo que te vayas! ¡Ahora!- exclamó en forma de ultimátum.

Él abrió sus ojos por la sorpresa y el impacto de sus palabras, se fue de allí en silencio, sin despedirse de ninguna de las dos.

-¡No tenías que tratarlo así, hechicera!- respondió con desprecio.

-Lo sé, lo siento. Pero es muy necio- aclaró -No quería que estuviera presente, porque es de él, de quien quiero hablarte...-

La muchacha de cabellos oscuros, la miró con duda. Nunca pensó, que le hablaría sobre Eren.

-Te escucho- respondió indiferente.

-Voy a ser breve. Como verás, Eren presenta un pequeño interés por mi...- mencionó.

-¿Pequeño?- Ironizó.

-Eso no importa, Mikasa. La realidad es que yo, no puedo corresponderle- contesto a su ironía -Es un gran chico, pero no me interesa de ese modo- confesó a la recluta.

La actitud de ella, cambió, totalmente. Ella creía, que el interés que presentaba su hermano adoptivo por la hechicera, era correspondido, al menos en parte.

-¿Qué te impide corresponderle?- pregunto con interés -¿Es por su edad? ¿O por qué puede convertirse en titán?-

Los titanes, en su mundo, eran como tabúes.

-¿¡Qué!?- exclamó confundida -¡Por supuesto que no! Hay muchas cosas que me impiden corresponderle, pero las más importantes son, mi hija y Lai- sonrió hacia la muchacha -Ellos son mi familia y no los abandonare, por ningún muchacho de ojos de en sueño- rió, ese chico, tenia ojos muy bonitos -El destino quiere que Lai este en mi vida, no él ¿Comprendes?- Mikasa, sonrió por primera vez.

-En eso tienes razón ¿Pero que tiene que ver conmigo?- la castaña la miró incrédula.

-Cariño, tengo muchos más años que tu y el doble de experiencia en hombres, que cualquier mujer de este escuadrón- la tomó de las manos con ternura -Yo se que tu lo amas y no permitirías nunca, que una hechicera como yo, le rompa corazón- la joven frente a ella, enrojeció, terriblemente -Por eso quiero pedirte un favor-

-¿Cuál?- cuestionó, dubitativa.

-Que lo mantengas alejado de mi, todo el tiempo que sea necesario, hasta que yo me vaya de este lugar ¿Puedes hacerlo?- preguntó ilusionada. Era la única que podía ayudarla.

-Lo intentaré- respondió con una leve sonrisa. Pero desapareció en un instante, al mirar atrás de la hechicera -Eren esta allí, detrás de esa columna- susurró -¿Nos habrá oído?- preguntó con temor. La hechicera sonrió.

-No te preocupes, linda- se alejó de ella y golpeó una pared invisible -Es un hechizo para que no salgan sonidos de aquí- se acercó de nuevo -Sabía que no iba a irse, sin saber de que hablábamos ¿Cuento contigo?- pregunto una vez más.

-Si- respondió un tanto alegre -Gracias-

-No, gracias a ti- le dió un pequeño abrazo -Nos vemos-

Se alejó de ella y al pasar por la barrera, deshizo el hechizo.

-¡DEA! ¡ESPERA!- gritó el muchacho, avanzando hacia ella, pero fue ignorado.

-Eren, dejala- tenía que inventar una excusa creíble -Me comentó, que tenía una cita con el vidente y fue a buscarlo- los ojos del joven se volvieron fríos.

-¿De eso hablaron?- indagó con un nudo de rabia en la garganta.

-Si, me pregunto donde podía conseguirse un vestido para esta noche y yo la mande con Sasha- se acerco a él -Ven, vamos a buscar a Armin-

Tomó del brazo a su hermano, mientras este miraba en shock en dirección a la hechicera con ojos tristes.

La alquimista, caminaba por el cuartel, un tanto pérdida. No podía encontrar a su hermana o alguno de los chicos.

-¿Por qué siempre me pasa esto?- habló consigo misma -Siempre me pierdo en esta clase de lugares-

Los jóvenes, murmuraban al verla pasar. No la reconocían como una nueva cadete o recluta, no recordaban haberla visto alguna vez. Como si la suerte estuviera de su lado, tres personas inconfundibles, aparecieron en su campo de visión.

-¡ARMIN! ¡EREN! ¡MIKASA!- gritó y voltearon a verla. Corrió a su encuentro -¡Chicos! ¡Que suerte que los encuentro!- suspiró, aliviada.

La observaban extraño, esa chica parecía Dea, pero su voz era diferente al igual que su cabello y sus ojos. Tampoco podía ser Gaia, porque ella estaba en el hospital.

-Disculpa...- preguntó la muchacha, perdida -¿Quién eres?-

-¡Cierto! No me reconocen, soy Gaia- respondió como si nada -Antes de que entren en pánico, cambié mi apariencia con alquimia- ellos asintieron no muy convencidos.

-Eso es asombroso, pareces otra persona- aseguró el rubio, mirándola -Aunque sigues luciendo idéntica a Dea-

-No se parece en nada a Dea- afirmó molesto, su amigo Eren -Hasta su voz es diferente-

Volteó hacia otro lado. Aunque lo negara, la alquimista, era idéntica a la hechicera.

-¿Por qué estas tan molesto?- preguntó su amigo.

-¡Eso a ti, no te importa!-

Ella los miró un instante y habló con la muchacha a su lado, que estaba más calmada.

-Mikasa, ¿Has visto a Keilot o tal vez a mi hermana?- ella asintió.

-Si, hace unos quince minutos, estuve hablando con tu hermana en la galería oeste. Después de eso, no volví a verla-

-Bien, gracias. Seguiré buscándola, entonces-

-¿Quién es esta hermosa señorita que acaba de ingresar al cuartel, reclutas?-

Habló un hombre alto y sin cabello, junto a los muchachos. Estos se pararon firmes e hicieron el saludo correspondiente de la tropa.

-Gaia Curtis, Señor Comandante Pixis- respondió la joven.

-Vaya...Hace unos instantes acabo de conocer a una señorita muy parecida a ella. Conversando con el Capitán Levi, en esa dirección-

Señaló en sentido contrario a donde estaban.

La alquimista y el chico titán, corrieron en la dirección indicada por el Comandante. Ambos querían ver a la hechicera, pero por motivos totalmente diferentes. La otra joven, también corrió detrás de ellos.

-Eso fue extraño ¿Verdad, Comandante?-

-Si, señor Arlet. Si que lo fue-

Ambos siguieron su curso, en diferentes caminos.

-¡Dea!- gritó a su hermana que conversaba con el Capitán -¡Aquí estas! ¡Llevó más de media hora buscándote!-

Ignoró, completamente, al hombre junto ella. Lo de hoy en la tarde, le había afectado mucho. Nunca imaginó, que el Capitán, sería tan frío hasta consigo mismo. Tenía que alejarse de él, esa clase de personas a largo plazo, hacían daño. La miraba, intensamente, como esperando que dirigiera una palabra o una mirada hacia él.

Lo mismo pasó con chico a su lado. A pesar de saludar a la hechicera, lo ignoró como si nadie le hubiera hablado. Eso lo enfureció, terriblemente.

-Yo también estaba buscándote. El capitán me comentó, que fue a buscarte al hospital para traerte aquí- comentó su hermana -Los chicos nos están esperando en el auto. Pasaremos la noche en una posada y mañana seguiremos camino- sonrió -Hola, Mikasa. No te había visto-

Se dirigió a la muchacha, volviendo a ignorar al chico titán.

-Hola, Dea- contestó -Espero que tengan un buen viaje-

-Eso espero, linda- respondió la alquimista -Creo que tendremos que cambiar nuestra ropa ¿No te parece? Esto es incómodo- sugirió.

-No tenemos más que esto, Gaia. Tendrás que transmutarla- explicó, señalando a ambas de pies a cabeza -Lo siento, Capitán- habló al hombre a su lado.

Él no la miró, estaba concentrado en las acciones de la hiladora de vidas.

-Bien, ven-

Tomó a su hermana de un brazo y la alejó de los presentes. Ambas estaban en el centro del pasillo y todos las miraban, expectantes, sabían que algo extraordinario estaba por pasar.

La alquimista, juntó sus manos y las apoyó en el suelo. Un círculo de transmutación las rodeó, produciendo un enorme haz de luz azul y sus ropas, cambiaron completamente. Ya no estaban vestidas de gitanas, estaban vestidas como ellas mismas.

La alquimista llevaba un short blanco con botas de combate, hasta abajo de las rodillas, una camisa estilo militar con detalles del traje original y una franela negra debajo.

La hechicera, por otro lado, conservó el pantalón, pero con botas hasta abajo de las rodillas. La camisa blanca se amplió y se hizo más larga, junto con la chaqueta de cuero del traje original.

-Esto si me gusta- aplaudió -¡Auu!- Se quejó, tocándose el vientre. Sentío un pequeño ardor en esa zona. Su hermana, sonreío, orgullosa -Gaia ¿Qué me hiciste?- preguntó, aterrada.

-Levanta tu blusa y verás-

Hizo lo propio y quedó asombrada. En la parte baja de su vientre, se podía apreciar un dibujo del dragón de la Torre de los Colmillos.

-¿Un tatuaje?- preguntó -¿Te volviste loca?- miró a su hermana con una sonrisa.

-¿¡Qué!? Mamá me enseñó y dijo que podía hacerlo...Mira- Se excusó, enseñándole el tatuaje en forma de flamel, que tenía en su muslo -Ahora podremos darle nuestros dijes a Ivi y Eyra, sin problemas-

-Eres una genio- la halagó, feliz.

Absortas en su propio mundo, no se habían percado que un grupo de cadetes y reclutas, se había acercado a ellas y las observaban, como si lo anterior, fuera un truco de magia. Aplaudiendo y ganando vitoreos a su alrededor.

-Esto es vergonzoso. Nunca dejaremos de hacer el ridículo en público- dijo, mirando a su alrededor -Dea, te toca- abrazó a su hermana que sonrió.

-¡FUE UN PLACER! ¡DAMAS Y CABALLEROS!- habló en voz alta para ser escuchada -¡LA ALQUIMISTA DEL SOL! ¡Y QUIÉN LES HABLA, LA HECHICERA DE LA LUNA! ¡SE VAN DE ESTE LUGAR...PARA NO VOLVER JAMÁS!- todos aplaudieron por el show -¡ADIÓS!- al decir eso, ambas desaparecieron del lugar.

Eren estaba furioso, como se atrevía esa hechicera a ignorarlo y además, irse sin despedirse de él. No se lo iba a permitir.

-¡CÓMO SE ATREVE! ¡MALDITA! ¡CÓMO SE ATREVE!- gritó furioso, causando pánico en todos.

-¡EREN! ¡NO!-

El capitán Levi, se lanzó sobre él, abrazándolo por detrás con todas sus fuerzas. Mikasa desenfundó sus hojas preparándose para lo peor. Ambos sabían lo que planeaba hacer el muchacho y no era nada bueno. Quería convertirse en titán, para evitar que la hechicera se vaya.

Fuera del cuartel, se encontraban un agotado vidente y una sucio cazador, esperando a las hermanas dentro del automóvil. Pequeñas risas se escucharon en la parte trasera y ambas se materializaron ante ellos, riendo a carcajadas.

-¡Eso fue genial, Dea! ¡Eres única!- exclamó su hermana.

-Tu no te quedas atrás. Esa transmutación, fue una de las mejores- río a carcajadas.

-¿Qué se traen ustedes dos?- pregunto volteando hacia ellas, el vidente llamado Lai Row -Si no las conociera, como las conozco, diría que hicieron alguna de sus famosas locuras de dueto diabólico- rió, disfrutando de la felicidad de ambas.

-Te puedo decir, mi querido vidente- indicó su amada -Que la despedida que hicimos ahí adentro, fue la mejor de toda nuestra vida- rió con ganas y su cuñado, volteó para verlas.

-Mientras hayan conservado la ropa puesta, pueden hacer lo que quieran- acarició el cabello de su esposa -Nunca voy a acostumbrarme a verte así- sonrió -Igual eres hermosa y estoy feliz de que ya estés bien- ella beso la palma de la mano de él.

Un estruendoso rugido de furia, que causaba terror en cualquier ser humano, se escuchó en todo el lugar, junto con una violenta vibración y la caída de escombros por todos lados.

-¿¡Qué esta pasando!?-

Preguntó una asustada Gaia, tapando sus oídos y mirando por la ventanilla del auto hacia el cuartel, quedando estática, por lo que vio.

-¡DAMA DEL CAOS PROTEGENOS!- exclamó su hermana -¡ES EREN!- como si el titán la hubiera oído, se dirigió hacia ellos -¡ACELERA, KEILOT! ¡ACELERA!-

Golpeó el asiento delantero del auto y él aceleró a fondo. El titán, corría detrás de ellos.

-¡TE LO ADVERTÍ, DEA! ¡TE LO ADVERTÍ!- gritó un rabioso Lai -¡TE ADVERTÍ! ¡QUE TU AMISTAD CON ESE MALDITO MOCOSO, NOS IBA A TRAER PROBLEMAS!-

-¡NO ES EL MOMENTO PARA ESTO, LAI!- respondió, aterrada.

-¿¡CUÁNDO SERÁ EL MOMENTO!?- contestó, irritado -¿¡CUÁNDO NOS DEVORE UNO POR UNO!?-

Ella abrió su boca para replicar, pero su hermana, la interrumpió

-¡BASTA LOS DOS! ¡DEA TIENE RAZÓN, NO ES EL MOMENTO PARA ESTO!- exclamó, molesta -¡TENEMOS QUE PENSAR EN COMO SALIR VIVOS DE ESTA!- miró hacia atrás y el titán no estaba -DETENTE, KEILOT...DETENTE, AHORA- ordenó a su esposo.

-¡ESTÁS LOCA! ¿¡POR QUÉ HARÍA ALGO ASÍ!?- respondió alarmado -¿¡QUIERES QUE NOS MATEN!?-

-¡SILENCIO! ¡EREN NO ES UN TITÁN NORMAL, ES UN HUMANO!- contestó, sabiamente, como siempre -¡ESTA CAZANDONOS!-

Él detuvo el auto de golpe y lo escondió en un lugar oscuro.

-Tienes razón, amor. Hay que pensar como un cazador- habló en susurros -Sugiero que nos separemos. Tengo entendido, que su transformación es temporal-

-Si, así es. Según Levi, no dura más de una hora u hora y media- miró molesto a la hechicera detrás de él -Puedes explicarme ¿Qué fue lo que hiciste para que se enojara tanto?- inquirió, perdiendo los estribos -¡Si lo besaste! ¡Juro que te entregaré a él!- le advirtió, señalándola.

-Nada de eso, Lai. Él confundió los términos de nuestra amistad. Simplemente, lo ignoré y me fui del cuartel, sin despedirme- se defendió ofendida -Ese chico, ya no tenía límites-

-¿Creés que eso fue una gran idea?- dijó irritado, en susurros -¿Por qué siempre hacés lo mismo? ¿No aprendiste nada de la última vez?-

-Por favor, concéntrense. Estamos en una situación de vida o muerte aquí- susurró su amigo, como todo un profesional, pero ellos lo ignoraron, completamente. Él suspiró, frustrado -Ustedes dos, pueden separarse por su cuenta y seguir discutiendo, todo lo que quieran. Yo me llevaré a Gaia conmigo- salió del automóvil y sacó a su esposa de allí.

-Keilot, no podemos dej...-

Apoyó un dedo sobre sus labios, para que no hablará.

-Esta pelea no es nuestra, amor. Si necesitan ayuda, intervendremos. Por el contrario, hay que irnos-

Sin hacer el más mínimo ruido, se alejaron en silencio, en plena oscuridad.

Se podían apreciar las pisadas del titán cada vez más cerca de ellos. Ambos hechiceros, se encontraban en una pelea de miradas. Ninguno de los dos iba a ceder, pero al fin, se rindieron.

-Lo siento...No quería que pasáramos por esto. Me pareció más fácil evadir el problema, en vez de enfrentarlo- confesó, rendida.

-Lo sé, lamento haberme vuelto tan paranoico contigo-

Susurró acariciandole el cabello y pasando al asiento trasero con ella.

Un fuerte temblor, se sintió cerca, el titán se encontraba a unos metros de ellos, tenían que ser muy cuidadosos y no hacer ruido. Ambos se encontraban dentro del auto, escondidos en la oscuridad.

Él colocó un dedo índice sobre sus labios, en señal de silencio y tapó la boca de ella con su otra mano, por si intentaba gritar. Los pasos eran cada vez más frecuentes y los ojos de la joven, se llenaron de lágrimas. Imaginó, que él los encontraría y los mataría a ambos. Cerró sus ojos con fuerza, despidiendo unas cuantas lágrimas de frustración. Eren no era cualquier titán, en cualquier momento, podría encontrarlos.

Los pasos se detuvieron y el vidente levantó su cabeza con cuidado, ahí estaba él, a un lado del auto. Podía sentir el olor de la hechicera, pero no podía verla. Él actuó rápido y abrazó a la chica con todas sus fuerzas.

-Lejos-

Susurró y ambos reaparecieron arriba de una muralla.

-Gracias, Lai. Pensé que iba a encontrarnos- secó sus lágrimas aún abrazada a él.

-Esta rastreandote- miró al horizonte, podía verlo al otro lado de la ciudad -Esta siguiendo tu aroma- sé quitó su chaqueta y se la colocó a ella sobre sus hombros -Hay que detenerlo antes de que te encuentre- habló preocupado -Sólo queda algo por hacer- la aferró de los hombros y la miró a los ojos -Drag Slave-

-No, Lai... No puedo hacer eso...Él no tiene la culpa de esto- una lágrima cayó de su ojo.

-Estoy de acuerdo con ella-

Dijó Mikasa, aterrizando a su lado, con el Capitán Levi y otros reclutas.

-¿Dónde están tu hermana y el cazador?- preguntó el Capitán, acercándose a la hechicera y tomándola del cuello de su chaqueta -¿Viste lo que provocaste, estúpida?- una mano grande rodeo la muñeca de él, era el vidente -Suéltame- exigió sin mirarlo. Sería capaz rebanarle la mano sino lo hacía.

En un instante y sin que nadie lo esperará, la formación de un muro, separó al capitán de la hechicera de golpe. Todos voltearon a ver a una alquimista, que lanzaba dagas por los ojos, al soldado más fuerte de la humanidad.

-Vuelves a tocar a mi hermana- hablo entre dientes -Juro que te mataré, como si fueras un titán. No tendré piedad de ti-

Se acercó, mirándolo, fijamente a los ojos a unos pocos centímetros de su rostro. Hablaba en serio, iba a matarlo.

-Bien...Ustedes solucionarán esto-

No sabía como hablar con ella, lo había amenazado e incluso, hasta golpeado una vez y aún así, él no quería hacerle daño.

-Perfecto- volteó, dándole la espalda -Él quiere a Dea ¿Verdad?- todos asintieron -Entonces, se la daremos-

Afirmó, mirando a su hermana, que estaba en shock.

-¿Qué? ¿Acaso estas loca?- pregunto en pánico.

-Lo siento, hermanita. Pero tenemos que hacerlo. Es para atraerlo aquí- se acercó a ella -Escúchenme todos, este es el plan- los reclutas y sus compañeros de viaje, se acercaron a ella -Haremos que Dea lo atraiga hasta aquí. Cuando este cerca de ella, yo lo inmovilizare con alquimia el mayor tiempo posible, mientras ella y Lai, lo duermen con un hechizo-

-¿Y que sucederá si el plan falla?-

El vidente, la hechicera, el cazador y la alquimista, se miraron entre ellos, para llegar a la misma conclusión.

-Dea realizará un Drag Slave, para noquearlo- aseguró, firme.

-Nuestra idea principal, es no lastimarlo. Por esa razón, nuestra primera opción, es dormirlo- aseguró, el cazador alfa.

-Capitán, Levi. Si usted esta de acuerdo, podrían ayudar a Gaia a inmovilizarlo- mencionó el vidente y él asintió.

-Andando-

Ordenó a todo su escuadrón. Tomando sus posiciones.

-Suerte...Yo te esperaré aquí- le quito su chaqueta y besó su frente.

-Gracias, la necesito- suspiró -Ustedes dos, cuídense- ella se transportó lejos.

Al cazador, le estaban colocando un equipo de maniobras tridimensionales, mientras le explicaban lo básico de sus funciones

-Espero que funcione- susurró la joven amestrinasa, presionando su flamel -Ayúdanos...Dama del Caos-

Miro al cielo esperando un milagro. El capitán, la observaba desde su sitio, se veía tan hermosa bajo la luz de la luna. La aprecio por unos instantes, no podía ignorar tan maravillosa vista. Hoy sería la última vez que la vería. Se prometió así mismo, que después de esto, no volvería a verla jamás.

El titán, caminaba sin rumbo por las calles de la ciudad, había perdido el rastro de la hechicera. Eso no lo puso furioso, todo lo contrario, lo puso triste. Seguramente, ella se habría asustado cuando él se convirtió en titán, en esa horrible y monstruosa bestia. La había alejado de él, sin haber podido decirle adiós.

-Hola, Eren- le habló sentada en un tejado -¿Cómo estas?-

Él la observó maravillado, la estaba contemplando como si fuera la luna. Estaba radiante y hermosa, pero aún así, estaba lejos. No podía tocarla, no podía estar con él. En su desesperación, quiso tomarla entre sus manos y ella desapareció.

-¡VEN, EREN!- gritó a unas casas de distancias de él.

Así fue su recorrido, hasta que llegaron a la muralla. Ella estaba en la cima y él debajo, intentando alcanzarla. No estaba agresivo, todo lo contrario, estaba muy tranquilo, tratando de atrapar a la hechicera.

-Capitán...Keilot- bajó las cuchillas de ambos hombres a su lado -No es necesario atacarlo...Ella se encargará- aseguro la alquimista.

-Perdóname por esto, Eren...pero yo no te amo y espero que lo entiendas. Nunca vamos a poder estar juntos- habló con la voz rota. El hechicero, quiso acercarse y ella, lo detuvo -Espero que seas feliz y que algún día seas libre. Mi hermoso titán...El sueño del gigante- susurró.

Una inmensa luz verde, cubrió el cuerpo del titán, cayendo dormido, en un instante. Junto con todas las personas que se encontraban alrededor, entre ellos, su hermana, el cazador, el Capitán y un centenar de reclutas más.

-Lo hiciste bien-

Él la abrazó por los hombros y besó su cabeza. Ella asintió, triste.