Disclaimer: Los personajes pertenecen a Marvel & Disney © No tengo fines de lucro.
Capítulo X: "Soy mucho peor"
Llevaba varios minutos sin hacer nada más que limitarse a observar el techo, sabía que era lo suficientemente tarde como para darse el lujo de estar perdiendo el tiempo de esa forma, pero en realidad, en esos momentos aquello ni siquiera le importaba. Sus pensamientos solo estaban concentrados en la mujer que dormía plácidamente entre sus brazos.
Teniendo cuidado de no despertarla, —pues aún descansaba encima de su pecho—, Steve la apartó lentamente de su regazo. Pensó que con ello corría serios riesgos de interrumpir su descanso, pero afortunadamente no lo había hecho. Natasha no parecía tener intenciones de despertar, al menos no en un largo rato. Aquello lo hizo sonreír, nunca la había visto dormir, lucía hermosa como de costumbre, pero inusualmente tranquila mientras lo hacía, yacía sumamente calmada e incluso transmitía una paz bastante contagiosa.
Verla así le agradaba.
Acercó una mano a su rostro y con cuidado depositó una caricia encima de su mejilla.
Si durante años, Natasha y él no hubiesen ignorado sus verdaderos sentimientos, podrían haber disfrutado de eso hace muchísimo tiempo.
En tanto apartaba su mano del rostro de la espía y procuraba no cometer la torpeza de despertarla, clavó ambas pupilas encima de la ventana del cuarto y por inercia caminó hacia dicho sitio. No pudo evitar detenerse a contemplar la bella imagen que se proyectaba ante sus ojos. En el horizonte, poco a poco, unos débiles rayos de luz solar comenzaban a filtrarse en medio de las enormes hileras de árboles que rodeaban a la cabaña y los alrededores del bosque.
Era un paisaje bastante hermoso, digno de ser plasmado en una pintura o en medio de una postal.
Dejándose llevar por el cantar de algunas aves y el aroma de los pinos silvestres, el capitán cerró los ojos, inspiró aire por la nariz y con lentitud comenzó a expulsarlo por la boca.
Deseaba fervientemente que todas las mañanas fuesen como esa.
Sobrevivir al ritmo cotidiano de la vida sería mucho más sencillo si todos los días pudiese despertar junto a la mujer que amaba, y es que realmente aún le costaba trabajo creer que las cosas entre él y Natasha hubiesen llegado hasta ese punto. Un punto sin retorno que acababa de otorgarle el privilegio de tenerla como siempre deseó hacerlo. Era increíble y casi irreal ser plenamente consciente de que ella había dormido entre sus brazos, pero era aún más impactante que aquello hubiese ocurrido después de haber hecho el amor.
Aún con los ojos cerrados, Steve comenzó a recordar la forma en que se había unido a ella.
Mirándola directamente a los ojos, mientras la llama de la lámpara campestre poco a poco se iba apagando, la había poseído como jamás pensó que lo haría. Lo había hecho en silencio y a veces entre jadeos.
Entró en su cuerpo de formas que ni siquiera él mismo podía imaginar que era capaz de hacerlo.
Excitado y sin poder medir el impacto de sus actos. No había respetado ningún tipo de límite cuando la embistió sobre el colchón, contra la pared e incluso encima del suelo. Ingresó en su interior con fuerza y a ratos despacio, con ritmo constante y en otros momentos no tanto. La escuchó decir palabras que siempre deseó oír de su parte, la besó hasta quedar sin aliento y consiguió que ella le correspondiese en cada gemido ahogado que emitió mientras enterraba las uñas en medio de su espalda.
Logró que se entregase a él en cuerpo y alma.
La había hecho suya y aún no podía creerlo.
Natasha —aún dormida—, interrumpió los pensamientos de Steve mientras giraba sobre el colchón de la cama y quedaba en una posición que la hacía recibir un rayo de luz directo en la cara, emitió unos ligeros quejidos en tanto hacía una mueca de desagrado y continuaba sumergida en los brazos de Morfeo.
Al ver eso, Steve no pudo evitar observarla con ternura y esbozar otra sonrisa.
Moría por regresar a la cama y quedarse junto a ella el resto del día, pero debía ser realista, no podía hacerlo. Sus deberes como líder de un grupo de superhéroes fugitivos y su inminente reunión con Tony Stark se lo impedían.
Lanzó un suspiro.
A veces fantaseaba con proponerle a Natasha huir juntos, irse lo más lejos posible y jamás regresar. Pero justo cuando parecía estar decidido, recordaba a sus amigos, a sus seres queridos y a todas las personas que dependían de los Vengadores, entonces caía de golpe en la realidad, asumía sus responsabilidades y tristemente se convencía de que en esos momentos, su única alternativa era aceptarlo, aún tenía mucho trabajo pendiente.
Resignándose a dar por finalizado ese pequeño instante de calma en su vida, Steve volvió a suspirar, regresar a la realidad podía llegar a ser verdaderamente frustrante.
—Buenos días, capitán Rogers…
Aunque la voz de la espía le tomó desprevenido, Steve sonrió ampliamente cuando viró el rostro hacia ella.
—Buenos días, agente Romanoff —caminó directamente a la cama y tomó asiento sobre el colchón—. Espero haya pasado una buena noche.
Antes de proceder a sentarse y contestarle, la pelirroja emitió un bostezo largo y con pereza empezó a cubrir su cuerpo desnudo con las sábanas.
—No puedo quejarme —musitó, acercándose hacia el rubio.
Steve guió una mano hacia su mejilla y con lentitud comenzó a besarla en los labios.
Definitivamente quería despertar de esa manera todos los días.
—Me encantaría ser más romántico y despertarte con un buen desayuno, pero en este lugar no hay nada y, siendo franco, ayer no pensé en eso.
—Descuida, te aseguro que es el mejor despertar que he tenido en años.
Enfocó la vista sobre la ventana y al igual que Steve, deseó con todas sus fuerzas que esa mañana nunca acabase.
Era una verdadera lástima que aquello solo fuese parte de un deseo ingenuo.
—Tenemos que regresar…
—Lo sé.
.
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En medio de la bañera, miró sus piernas desnudas que permanecían sumergidas bajo el agua y con lentitud comenzó a arrastrarse hacia abajo.
Desde su incidente con Bucky, Wanda no había dejado de sentirse angustiada y constantemente inquieta, todo lo que había ocurrido entre ambos no dejaba de darle vueltas en la cabeza y el simple hecho de ser incapaz de apartarlo de su mente, la hacía sentir sumamente estúpida y furiosa.
Realmente quería reaccionar, volver a ser la Wanda de antes, esa que solo estaba concentrada en ayudar a las personas, en luchar por sus convicciones y por sobre todo, en encontrar una manera de colaborar con sus amigos. Quería recuperar su identidad, recordar por qué y para qué estaba ahí, pero desde que conocía a Bucky Barnes no podía hacerlo… sus prioridades habían cambiado.
Con la vista perdida en algún punto de la pared, Wanda tomó la esponja de baño y con fuerza comenzó a frotarse la piel de los brazos.
Aunque a su orgullo le doliese, debía admitir que no podía dejar de pensar en su rechazo, ¿por qué James había estado dispuesto a ir tan lejos para luego simplemente rechazarla y despreciarla de aquella manera? ¿Qué ganaba usándola de esa forma?
¿Acaso sus sentimientos por Natasha tendrían algo que ver en todo eso?
«Por supuesto que sí»
Llevó la esponja hasta su cuello y con rabia empezó a frotar la zona enrojecida de su piel.
Sinceramente, no le importaba si dolía, si sangraba o si con ello conseguía irritarla aún más. Si no podía quitárselo del corazón, al menos tenía que poder borrar las marcas que sus falsos besos habían dejado encima de su cuerpo.
Irritada con sí misma, aventó la esponja hasta hacerla chocar contra la puerta de la estancia.
¿Cómo demonios podía ser tan patética?
Ni siquiera dándose un maldito baño era capaz de apartarlo de sus pensamientos.
¿En qué momento había pasado?
¿En qué jodido momento él se había apoderado de su cuerpo, de su alma e incluso de sus pensamientos?
¿En qué instante pasó de apreciarlo como el temido Soldado del Invierno, para luego simplemente verlo como el sufrido mejor amigo de Steve? Bucky no era alguien indispensable en su vida, no le simpatizaba, tampoco lo odiaba y le era totalmente indiferente, o al menos así fue hasta que cometió el error de comenzar a conocerlo más de la cuenta. Bastó con que compartiese un par de minutos a su lado para que de pronto, pasase de ser nada a transformase en todo.
Se llevó ambas manos a la cara y se obligó a no llorar.
Tenía que parar. Aquello era inútil, jamás iba a funcionar.
James no le hacía bien. Él mismo se lo había advertido más de una vez.
Tratando desesperadamente de pausar sus pensamientos, Wanda terminó hundiendo todo su cuerpo en el interior del agua. Tanta fue su impulsividad que, antes de dejar caer su espalda hacia atrás e introducir su rostro en las profundidades de la tina, no aguantó la respiración y tampoco cerró los ojos.
Pensó que dicha acción la haría reaccionar, pero para su desdicha, aquello tuvo un efecto totalmente contradictorio.
En el interior de su cabeza, varias conversaciones entre ella y el soldado comenzaron a sonar con fuerza.
«Entonces, si puedes sentir el peligro… ¿por qué insistes en acercarte a mí?»
Cinco segundos sin respirar.
«Aléjate de mí. Hazlo antes de que esto empeore»
Cinco segundos sin parpadear.
«En la cochera quería hacer mucho más que besarte. Si no he hecho nada contigo, es precisamente porque te respeto… porque no quiero lastimarte, no quiero cometer los mismos errores que cometí»
Mientras más se hundía en el agua, más fuerte podía escuchar el eco de aquellas palabras.
«Tú y yo no somos nada, no tengo por qué lidiar con tus estúpidos celos»
Comenzaba a angustiarse. Necesitaba respirar.
«Tal vez soy demasiado cobarde como para admitir que en realidad, no quiero que te alejes de mí»
Sus extremidades parecían congelarse.
«Aún estás a tiempo de irte»
No, no quería irse.
«Vete. Solo vete, Wanda»
Sentándose en la bañara con un movimiento brusco, la castaña emergió con desesperación desde las profundidades de la tina.
El agua de la bañera saltó el diferentes direcciones, pero ella ni siquiera reparó en eso. Tenía la respiración agitada y el corazón palpitándole con fuerza.
Definitivamente debía parar. Por su salud mental y por amor propio. Tenía que arrancar a ese hombre de sus pensamientos.
Guió las palmas de sus manos hacia su rostro mojado y con ansiedad trató de secarlo.
No sabía cómo, pero iba a conseguirlo.
Iba a olvidarse de James.
.
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Cuando Steve abrió la puerta de su cuarto y le recibió con un gesto particularmente entusiasta, Bucky no comprendió nada. Esa no era la actitud de un hombre que acababa de perder a su novia y que se encontraba persistentemente estresado, sin mencionar que, durante ese día, corría serios riesgos de ser encarcelado. Sin embargo, apenas sus ojos captaron que la cama de su amigo mostraba claros indicios de no haber sido ocupada durante la noche y que además, traía puesta la misma ropa de ayer, no tuvo que realizar demasiados análisis internos para saber lo que había ocurrido.
—Veo que no pasaste la noche aquí…
Había tratado de sonar casual, pero claramente no lo había conseguido. Más bien, su tono de voz acababa de oírse como un evidente cuestionamiento.
Steve sonrió con ligera picardía.
—Es que Nat y yo nos perdimos en el bosque.
Si hubiese oído a Steve decir eso hace setenta años atrás, probablemente se habría alegrado de que consiguiera realizar una hazaña de ese tipo, siempre había deseado que su amigo fuese feliz junto a una chica, pero ahora, el contexto y las personas involucradas hacían que todo fuese totalmente distinto. La chica en cuestión no era cualquier mujer. Era Natalia y no podía sentirse feliz por eso. De hecho, lo único que estaba sintiendo al respecto eran celos… estúpidos y patéticos celos.
Tras no oír ningún tipo de comentario por parte del castaño y de comprender que claramente no le había hecho gracia escucharle, Steve decidió retomar la palabra.
—Sé que iniciar una relación con ella parece apresurado —comentó, avergonzado—. Más aun considerando que Sharon lleva muy poco tiempo muerta, pero…
—No tienes que explicarme nada, Steve. —Su interrupción se oyó casi desesperada. Realmente no quería seguir hablando de aquel tema. Después de todo, era bastante notorio que tanto él como su amigo estaban incómodos.
En señal de comprensión, el capitán realizó un leve movimiento de cabeza. Se sentía desilusionado y un poco desconcertado. Honestamente, había esperado una reacción diferente; que se generara una cálida instancia entre amigos, o tal vez una pequeña charla en la que pudiese recibir algún consejo de su parte, pero al parecer, sus expectativas habían sido muy altas, pues lo único que obtuvo por parte de su amigo, fue una expresión fría y silenciosa que, siendo honesto, no sabía cómo demonios interpretar.
Realmente podía haber esperado una respuesta así por parte de Sam, pero nunca por parte de Bucky.
El soldado se percató de la expresión de su amigo y se sintió asquerosamente culpable. Steve no tenía por qué lidiar con su estúpida actitud de adolescente despechado. A final de cuentas, ni siquiera sabía lo que había ocurrido entre Natalia y él. Lo único que estaba buscando era un poco de comprensión, básicamente lo que cualquier persona esperaría de su mejor amigo.
Y aunque aquello le afectase, no podía permitir que Steve no se sintiese apoyado. Él, más que nadie, merecía ser feliz.
—Ninguno de nosotros tiene derecho a juzgarles —habló, retomando la palabra—, además… si eres feliz junto a ella, eso me basta.
Steve ensanchó una sonrisa.
—Gracias, amigo. Necesitaba escuchar eso.
Y no mentía, en verdad necesitaba oír algo así.
—Con permiso, chicos. —Scott ingresó en la alcoba, cargando el pequeño micrófono de espionaje que utilizarían en la reunión con Stark. Estiró su brazo y se lo extendió al rubio—. Ten, cap… Clint y yo preparamos todo para esta noche. La instalación está lista, lo conectamos al ordenador de Natasha y funciona bastante bien.
—¿Realmente se escucha? —inquirió Bucky, arqueando una ceja.
—Sí, perfectamente.
—Gracias, Scott. —Steve guardó el pequeño artefacto en el bolsillo de sus vaqueros.
Ant-Man sonrió a modo de respuesta.
—No hay de qué, cap.
Sin decir nada más y comprendiendo que estaba interrumpiendo una charla importante, Scott decidió abandonar la estancia.
—Sigo creyendo que Stark no tiene dobles intenciones con esto, pero… si algo sale mal e intenta realizar una jugada sucia, no dudes en entregarme a él. —Bucky retomó la conversación, en tanto miraba seriamente a su compañero—. No quiero que tú y tus amigos paguen por algo que no les corresponde…
—Sabes perfectamente bien que aunque me lo pidas, jamás lo haría. Además, eso no pasará.
—No… pero es una posibilidad.
—Honestamente, prefiero no pensar en ello.
—Tampoco yo —contestó en tono amargo.
—Sé que no es el mejor momento para preguntar esto, pero… —comenzó el capitán, al tiempo en que cambiaba la expresión de su cara a una un poco más relajada—, ¿qué se supone que ocurre entre Wanda y tú?
Tragó saliva. ¿Por qué demonios tenía que preguntarle eso? ¿Por qué hablar de Wanda cuando apenas estaba digiriendo lo que pasaba entre él y Natalia?
Se encogió de hombros. Ni siquiera sabía cómo comenzar a responder aquella pregunta.
—No lo sé… francamente no tengo idea. —En un nefasto intento de aclarar sus ideas, se pasó ambas manos por el cabello. De cualquier manera, no quería hablar más de la cuenta—. De lo único que estoy seguro, es que estará mucho mejor si no estoy cerca de ella.
—Yo no creo eso… Bueno, debo admitir que en un principio, la idea de verlos juntos me resultaba un poco inquietante, quiero decir, para la mayoría de nosotros es sólo una chiquilla, pero siendo objetivos, también sabemos que ya no es precisamente una niña. Wanda es una mujer y tiene derecho a tomar las riendas de su vida. Al igual que tú…
La imagen de Wanda sobre sus piernas, diciéndole que quería pasar la noche junto a él, pasó automáticamente por sus pensamientos.
No, ella definitivamente ya no era una niña.
—Sé a dónde pretendes llegar, y realmente no sé si necesito escucharlo.
—He visto como la miras, sé que sientes algo especial por ella y es bastante obvio que Wanda te corresponde. Ambos han sufrido bastante y merecen ser felices, ¿qué tiene de malo que se sientan atraídos el uno por el otro?
—La atracción que existe entre nosotros no tiene nada de malo, el problema es otro…
—¿Cuál? —preguntó, como si la respuesta no fuese lo suficientemente obvia.
James le miró exasperado. Hablar de su relación con Wanda no era algo que le agradase realizar, prefería guardárselo, después de todo, lo que ocurría entre ambos era bastante complicado.
—Si permito que mi relación con Wanda siga creciendo, lo único que lograré será engañarla. La ilusionaré con algo que jamás podrá obtener conmigo y no quiero lastimarla, no se lo merece. —Steve le observó con sorpresa, jamás lo había oído hablar así de una chica. El Bucky de antes ni siquiera se molestaba en cuidar el bienestar emocional de sus conquistas, nunca se proyectaba con ellas y solía divertirse con citas de solamente una noche. Jamás se había esforzado en entablar una relación seria con alguien, pero era bastante evidente que Wanda parecía ser la excepción a la regla—. Ella necesita a alguien que pueda brindarle un futuro estable y yo no puedo darle eso.
—¡Oh vamos! Puedes hacer eso y mucho más. Sólo debes proponértelo.
—No es tan fácil…
—Sí, si lo es. Eres tú quien lo está haciendo complicado —refutó, sintiendo que alguien debía alentarlo a no perder una oportunidad con ella. A fin y al cabo, no deseaba que su amigo pasase por lo mismo que él—. Cuando en verdad quieres a alguien, no lo piensas tanto, simplemente actúas y haces de todo con tal de estar junto a esa persona.
—No se trata de eso… si mi realidad fuese otra, te aseguro que tomaría a Wanda y me iría con ella a reiniciar nuestras vidas a cualquier parte del mundo, pero lamentablemente no puedo hacerlo…
No había dicho lo anterior bajo un impulso, en más de una ocasión la idea de escapar junto a ella había cruzado por su cabeza. Pero, aún no estaba tan loco como para haber cometido el error de habérselo propuesto. Wanda estaba tan confundida como él y probablemente, sin detenerse a pensar en las consecuencias, habría terminado aceptando.
Tal vez por ingenuidad, desesperación o por mera valentía. En realidad, no lo sabía.
Fuese como fuese, no podía arrastrarla con él. A ella no.
—¿Por qué no lo haces, Buck?
—Porque no puedo. No sería justo para ella.
—¿Por qué no?
En tanto masajeaba su cuello, desvió la mirada. Esa ni siquiera debería ser una pregunta.
—Porque cuando todo esto acabe, Stark, el gobierno y muchas personas desearán que pague por todo lo que he hecho. Y es lo correcto, es algo que me corresponde enfrentar, tarde o temprano tendré que responder ante la justicia y cuando eso pase, no quiero que Wanda esté ahí para verlo. No quiero que sufra por mi culpa.
Steve rodó los ojos.
—Ya hablamos de eso, yo jamás permitiré que tú…
—Aunque me manipularon y fui usado como un arma, fueron mis manos las que asesinaron a todas esas personas —replicó, perdiendo la paciencia. El capitán guardó silencio abruptamente—. Sea justo o no, debo hacerme cargo de todo lo que el Soldado del Invierno ha hecho.
Negó con la cabeza. Todas las palabras de su amigo eran ciertas, pero se negaba a aceptar la veracidad de las mismas. La sola idea de imaginarlo en medio de un juzgado a la espera de una inminente sentencia de muerte, lo paralizaba y aterraba por entero.
Ya lo había perdido una vez, no podía permitir que eso ocurriese nuevamente.
—No tienes por qué responder por eso. Simplemente no es justo…
Bucky sonrió con melancolía para luego darle un palmetazo amistoso en el antebrazo.
—Bueno, por ahora no nos preocupemos de eso. Sólo centrémonos en que todo salga bien esta noche.
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Para desdicha de Natasha, el día había avanzado demasiado rápido, la noche acababa de hacerse presente y eso sólo podía significar una cosa.
El encuentro entre Steve y Tony estaba a escasos segundos de ocurrir.
Pensar en ello la hacía sentir un mal presentimiento. Lo que Steve estaba por hacer no dejaba de parecerle un error, reunirse con Tony era una locura, algo sumamente arriesgado e irresponsable de su parte, pues bastaba con que diera un paso en falso para que todos sus planes se terminasen por ir al carajo. Todos los esfuerzos de esos meses —en que habían hecho hasta lo imposible por reunir pruebas—, quedarían reducidos a nada.
Simplemente no podía entender cómo podía estar permitiendo que Steve fuese a esa maldita reunión.
Comenzó a bajar las escaleras del pórtico y con desgano orientó sus pasos hacia el lugar en donde Steve yacía despidiéndose del grupo. Esperó pacientemente a que todos terminasen de hacerlo, no quería interrumpir las palabras que Sam, Scott y Clint le decían, tampoco las miradas llenas de preocupación que James y Wanda le dedicaban, sólo deseaba intentar convencerlo de que no hiciera eso solo. Una parte de ella sabía que era completamente inútil, pero al menos quería intentarlo.
En cuanto se quedó a solas y comenzó a preparar su motocicleta para partir, la espía no dudó en aproximarse.
—No tienes que hacer esto solo. —Nunca había sido de muchas palabras, así que sin pensarlo demasiado, decidió ir al grano. Se plantó ante él y le miró directo a los ojos—. Déjame acompañarte.
Steve lanzó un suspiro.
—No, Nat, por ahora sólo debes enfocarte en ejecutar la emboscada que planeamos contra Faustus. —Instantáneamente Natasha bajó la mirada. No sabía por qué insistía tanto, Rogers era demasiado obstinado para lograr hacerlo cambiar de parecer—. Yo me ocuparé de Tony.
—No confío en Stark.
Con disimulo, Steve la cogió de una muñeca.
—No pasará nada malo.
—No intentes persuadirme con trucos baratos —comentó, sintiendo como desplazaba el dedo pulgar por el dorso de su mano.
Steve sonrió burlesco.
—Muero de ganas por besarte —murmuró, haciendo que Natasha se sonrojase.
—Basta...
—En serio, quiero hacerlo.
De pronto sintió ganas de abofetearle. ¿Cómo podía estar bromeando en un momento así?
—Estoy hablando en serio —espetó, molesta.
—También yo…
Los orbes azules del rubio la contemplaron con honestidad, pero al mismo tiempo con cierto ápice de tristeza. Pese a verse calmado, por dentro se encontraba igual, o incluso más nervioso que ella. No quería irse de ahí dejándole preocupada ni sintiendo que eso era una despedida, pero el malestar que tenía alojado en medio del pecho, lo hacía sentirse extremadamente vulnerable e inseguro.
En tanto le rodeaba la parte trasera del cuello con su mano, Natasha avanzó un paso hacia él y lo acercó a su rostro. Estaba a segundos se besarlo, pero se percató de que tristemente no estaban a solas; sus compañeros les observaban con curiosidad desde la entrada de la casa. Aquello fue motivo más que suficiente para ella, pues por más evidente que fuese, aún no se sentía preparada para que todos se enterasen de lo que ocurría entre ambos, mucho menos cuando James se encontraba entre quienes estaban contemplándolos.
Con decepción, miró a Steve y optó por darle un beso pequeño sobre la mejilla.
—Tendrás que conformarte con eso.
Steve sonrió como si se estuviese burlando de sí mismo.
—Es mejor que nada… —contestó, echándole un vistazo a sus amigos.
La pelirroja volvió a enseriar su semblante y mientras le apuntaba el rostro con un dedo, adoptó su habitual postura dominante.
—Si no regresas dentro de una hora, iremos a buscarte… ese es el plan.
—Ya lo sé, tranquila…
Previo a subirse a la motocicleta, Steve le guiñó un ojo, se apartó de ella y a lo lejos le hizo un gesto de despedida a sus compañeros. Puso en marcha la Harley Davidson y sin mirar atrás, decidió marcharse.
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Tras ser testigo de la forma tan íntima en la que Natasha y Steve se despedían, James no pudo evitar desviar la vista hacia el suelo. Aquello había sido una de las experiencias más incómodas de su vida. Era como si un torrente de miseria se apoderase de su cuerpo y comenzase a desgarrarlo lentamente por dentro. Sus intentos por apreciar esa relación como algo esperanzador y que ambos se merecían, simplemente no estaban funcionando.
Ver como ella miraba a Steve, era retroceder en el tiempo, recordar todo lo que había ocurrido entre ambos y abrir viejas heridas del pasado.
Era sumamente difícil no estar asqueado con sí mismo cuando no podía evitar sentir celos por el hombre a quien consideraba un hermano, pero el sentimiento era agresivo y mucho más grande que su voluntad, se escapaba de sus manos y no podía controlarlo. Pues Steve sin saberlo, le estaba arrebatando sus sueños y la razón por la que alguna vez deseó no darse por vencido.
Se estaba quedando con ella, la primera mujer que lo había hecho sentir vivo y amado cuando creía estar viviendo el peor de todos los infiernos.
Tras aquel pensamiento, el nombre de Wanda invadió rápidamente su cerebro.
Natalia había sido la primera que lo había hecho sentirse de aquel modo, pero definitivamente no era la única, Wanda estaba consiguiendo lo mismo, incluso en niveles aún más preocupantes.
Incapaz de seguir lidiando con aquellos pensamientos y el hecho de estar presenciando algo que le rasgaba el pecho en dos mitades, James se adentró lentamente en la casa.
Quería tomar una pistola y meterse una bala en medio del cráneo.
Era un pedazo de basura miserable que, al parecer, no lograba entender el verdadero significado de la palabra amistad. Mientras su amigo arriesgaba su vida, después de haber sufrido un millón de peripecias, él era incapaz de dejar atrás esos recuerdos y aquellos cuestionamientos internos que solo conseguían hacerle más daño.
Comenzaba a creer seriamente que, además de idiota, también era un poco masoquista.
Suspiró pesadamente, tenía que concentrarse en la reunión de Steve y el hijo de Howard Stark, eso era lo único que en esos momentos debía importarle.
—No eres nada bueno disimulando.
Justo cuando estaba comenzando a calmarse, el inconfundible acento sokoviano de Wanda se coló en medio de su sistema auditivo. No pudo evitar contemplarla con un poco de desconcierto, la última vez que había intentado dirigirle la palabra, ella no se mostró precisamente amable ni dispuesta a aceptar sus disculpas, de hecho, pensó que al fin había logrado convencerla de que él era una basura y que ella merecía algo mucho mejor, pero por la forma en que le estaba mirando, era evidente que Wanda parecía haberlo superado.
Antes de que pudiese decir cualquier excusa para evadirla y seguir con su camino. La chica avanzó un par de pasos hacia él.
—Deberías hacer lo mismo que ella. —Bucky tensó la mandíbula, odiaba cuando comenzaba a entrometerse en su relación con Natalia—. Tienes que superarlo y seguir adelante.
—Eso intento… —contestó, mirándola con intriga.
¿Por qué diablos estaba hablando de eso con ella?
Wanda era la persona menos indicaba para hacerlo.
Mientras pensaba en ello y sus pupilas recorrían el rostro de la chica, aquella marca rojiza que sobresalía en la blanquecina piel de su cuello, captó repentinamente toda su atención. Por modo reflejo, Bucky guió una mano hacia dicha zona y con sumo cuidado comenzó a tocársela, pues mientras sus dedos palpaban aquella marca, no pudo evitar sentirse miserable, a final de cuentas, él mismo se la había provocado.
Para su propio asombro, Wanda no se distanció, tampoco pareció molestarse al sentir su contacto, solo se limitó a permanecer quieta.
—Lo siento —musitó, sintiéndose como un verdadero imbécil. Pues tanto él como ella sabían muy bien que esa disculpa abarcaba muchísimos aspectos.
Manteniendo su mirada sobre los ojos azules del soldado, la muchacha alzó lentamente su mano. James pensó que su rabia finalmente despertaría y le apartaría, pero nada de eso pasó, ella subió su mano hasta su rostro, se detuvo unos instantes encima de su mejilla y con suavidad comenzó a depositar un par de caricias sobre el contorno de su mandíbula.
Bucky tragó saliva.
Cuando ella lo tocaba y le miraba de esa manera, automáticamente sentía que corría demasiados riesgos. Pues aunque quisiera, no podía mantenerse indiferente y fingir que su cercanía no le producía nada.
—No sigas, por favor…
Bastó con que susurrase aquellas palabras, para que la mirada de la muchacha se tornase fría e inmediatamente se tiñera de aquel tono carmesí que no podía significar nada bueno.
Cuando una punzada dolorosa y paralizante atravesó su cabeza, Bucky entendió que Wanda no le había perdonado y que en ningún momento se le acercó teniendo intenciones de acariciarle, por el contrario, su propósito era muy distinto a eso.
Ella buscaba respuestas...
En cuanto aquellos tentáculos de energía, emergieron como enredaderas por sus dedos y comenzaron a ingresar de manera invasiva en lo más recóndito de sus pensamientos, James apretó los parpados con fuerza.
Se sintió brutalmente violentado al notar que en esta ocasión, Wanda no le permitió ver lo que hacía en el interior de su mente. Quería moverse, apartarla bruscamente y gritarle que lo dejase en paz, pero aquello, claramente no era una alternativa que en dicho momento estuviese a su alcance, su cuerpo permanecía paralizado y su única opción frente a eso, era observarla y presenciar con impotencia la manera en que, contradictoriamente, los ojos de la chica comenzaban a llenarse de lágrimas.
¿Por qué lloraba? ¿Qué demonios estaba viendo?
—Pensabas en Natasha… —articuló, con la voz quebrada.
Bucky volvió a mirarla con culpa. Quería responder, decir cualquier cosa con tal de justificarse y no verla sufrir de esa manera, pero ella parecía decidida a no abandonar el dominio mental que en esos momentos estaba ejerciendo sobre su cuerpo.
—Incluso llegaste a pensar que pasarías el resto de tu vida con ella…
Tras sentir una nueva punzada en su cabeza, se vio en obligación de volver a cerrar los ojos con fuerza.
«Basta, estás yendo demasiado lejos»
Tras oír aquel pensamiento en la mente del castaño, Wanda frunció el ceño.
—Tienes miedo de que lo nuestro termine igual que tu relación con Natasha. Pero yo no soy como ella… —continuó, haciendo que las pupilas del soldado volviesen a clavarse intensamente en las suyas—. Soy mucho peor…
Como si se tratase del ataque de una flecha imprevista, de pronto todo se volvió negro, pues de un momento a otro, sus cuerpos ya no se encontraban a mitad del salón de descanso, la mente de Wanda, —actuando como un verdadero deja vu—, acababa de transportarles a la habitación de Bucky.
Todo era exactamente como ese día, excepto por la parte más importante, esa que él mismo se había encargado de dejar a medio camino…
Uno sobre el otro, enredados sobre aquellas sábanas blancas que atestiguaban la frenética forma en que sus cuerpos se juntaban, Wanda y él se unían desesperadamente encima de su cama.
Mientras hundía la longitud de su miembro, en medio de aquellas paredes estrechas que se encontraban lo suficientemente húmedas para recibirlo. Su boca se presionaba con fuerza sobre los labios entreabiertos de la muchacha.
Con cada estocada que iba depositando en el interior de su sexo, se producía entre sus caderas un vaivén posesivo y excitante, como si sus cuerpos hubiesen nacido con el único propósito de estar juntos y jamás distanciarse.
Cuando aquella visión desapareció repentinamente de su cabeza, Bucky retrocedió un paso. Tenía las manos temblorosas y sudadas, la respiración agitada y una placentera, pero incomoda sensación de excitación entre las piernas.
Entre aturdimiento, enfado y deseo, miró a la joven sin atreverse a pronunciar ningún vocablo.
Notó que estaba excitada y confundida, incluso más que él mismo. Sus pupilas dilatas y la forma errática en que su pecho se agitaba ante cada respiración que emitía, simplemente no mentían.
Wanda se sentía tan perpleja como él lo estaba.
Tratando de entender, qué demonios había sido todo eso, James no pudo evitar preguntarse, ¿cómo un ser tan hermoso, podía llegar a ser tan oscuro y siniestro al mismo tiempo?
En verdad, simplemente no lograba comprenderlo.
—¿Por qué haces esto? —le inquirió, angustiado.
Al tiempo en que guiaba ambas manos a su cara y procuraba tranquilizarse, Maximoff negó con la cabeza.
—No tengo idea… —respondió, honesta. James frunció el ceño, iba a aproximarse a ella, pero esta vez fue la joven quien retrocedió un paso. No podía tenerlo cerca después de haber experimentado aquella visión en su cabeza—. Descuida, Bucky, eso que viste no es real, jamás sucederá.
Wanda se dio una media vuelta y rápidamente comenzó a distanciarse. Estaba dispuesta a irse de ahí, pero en cuanto Bucky volvió a hablar, ella simplemente se detuvo.
—Quisiera que fuese real…
Abrió los ojos como si hubiese oído la peor ofensa de su vida. No podía creer que le estuviese diciendo algo así, al menos no después de haber estado dentro de su mente y comprobar por sí misma que Natasha era la única mujer que parecía importarle.
—¿Para qué? —replicó, mientras regresaba en sus pasos y procedía a enfrentarle—. ¿Para saciar tu apetito carnal conmigo mientras fantaseas que te las estás cogiendo a ella?
—Eso sólo ocurrió una vez y ni siquiera fue de la manera en que lo planteas…
—¿No?
—No —aseveró, convencido. La muchacha enserió su semblante, no le agradaba el rumbo que esa conversación estaba tomando—. Natalia fue la última mujer con la que estuve de esa manera, mi subconsciente recordó algunas cosas mientras estaba contigo, eso fue todo.
—Es la misma mierda, James.
—Lo que siento por ti es totalmente diferente…
Wanda en el fondo sabía que aquello era cierto. Pero su orgullo estaba lastimado y no soportaba ser la segunda opción de quien para ella lo representaba todo.
No lo merecía.
Una lágrima de impotencia comenzó a desplazarse por su mejilla, Wanda inmediatamente agachó la cabeza y se encargó de limpiarla antes de que pudiese llegar a su mentón.
No iba a seguir llorando en frente suyo. No esta vez.
—Esto tiene que parar...—susurró con tristeza—. Nos hace mal a ambos.
—Lo sé —profirió, serio—. Por eso tienes que alejarte de mí…
Tan pronto como terminó de pronunciar aquellas palabras, sintió como los ojos verdes de Wanda abandonaban cualquier tipo de luz y esperanza. Abrió su boca estando a escasos segundos de decirle algo más, pero desistió de hacerlo en tanto la chica procedía a darle la espalda y se alejaba.
Un vacío inmediato se alojó en el interior de su pecho. Ver su silueta desaparecer en las profundidades de aquella escalera, lo hacía experimentar serios deseos de correr tras ella e impedir que continuase alejándose, pero no podía hacerlo…
Tenía que dejarla ir. Aún estaba a tiempo.
.
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Apenas descendió de la motocicleta, Steve tomó el llavero que Scott le había entregado hace algunas horas, quería comprobar que estuviese funcionando, así que optó por ser precavido y mirar hacia ambos lados antes de acercar sus labios al parlante de ese pequeño artefacto.
—¿Hola? —musitó, arqueando una ceja.
A los pocos segundos de haber hecho eso, su iPhone emitió una alerta de mensaje.
Con dedos ágiles, Steve se apresuró en ver de qué se trataba.
Clint. 0:05 AM
«Funciona, cap. Suerte»
Bueno, al menos todo parecía ir marchando bien.
Volvió a meter el micrófono dentro de uno de sus bolsillos, guardó su celular en el otro y suspiró nervioso.
Debía prepararse mentalmente para lo que venía a continuación.
Definitivamente no sería fácil.
La última vez que vio a Tony había sido en medio de golpes, sangre, instintos asesinos y palabras hirientes. No sería sencillo enfrentarse a él luego de eso, realmente no sabía qué esperar… solo deseaba que su encuentro no fuese como el último.
En tanto enfocó sus pupilas sobre la iglesia y comenzaba a caminar hacia dicho sitio, no pudo evitar preguntarse por qué tenía que citarlo precisamente en ese lugar, Tony obviamente no era religioso y mucho menos adepto a las iglesias, ¿cuál era el sentido de todo eso?
Volvió a suspirar, su estado nervioso sólo le hacía pensar tonterías. Fuese cuál fuese el motivo, por ahora esa iglesia era lo que menos debía importarle.
Mientras se introducía con cautela en el interior de aquella construcción católica. Steve agradeció que esta se encontrase vacía, después de todo, para él era bastante conveniente pasar desapercibido y no levantar sospechas de ningún tipo.
Inspiró hondo y dejó de divagar en cuanto advirtió la figura de un hombre, este permanecía sentado en una banca de madera, específicamente en la primera fila y de espalda hacia la entrada de la iglesia.
—¿Tony? —preguntó, dudoso.
Cuando el aludido se volteó y pudo verle el rostro, Steve percibió una sensación extraña sobre el pecho. Pues tras comprobar que, efectivamente se trataba de Tony, sintió como el choque de sus miradas provocaba una tensión bastante palpable e incómoda. Al fin y al cabo, verse las caras después de lo acontecido, evidentemente requería ser procesado. Ambos habían protagonizado un momento bastante complejo y desagradable.
A medida en que el filántropo pareció aceptar que ese encuentro era real y que su charla con Rogers ya era un hecho, solo se limitó a realizar un gesto con su mano para invitarlo a que se acercase a la banca.
—¿Por qué la iglesia? —preguntó Steve, mientras tomaba asiento a su lado.
—¿Quién demonios esperaría verme aquí?
Sintió la ligera necesidad de sonreír, había extrañado la ironía de ese hombre.
—Tony, sé que han pasado muchas cosas…
—Ahórrate las palabras, cap… —Stark sonrió amargamente—. No vine hasta Alemania para hablar de tu amigo, ni de lo que pasó… no es que se me haya olvidado, pero de momento tenemos otros asuntos de los cuales encargarnos. Supongo que te preguntarás por qué te cité solamente a ti… bueno, la respuesta es simple, lo que tengo que decirte es muy delicado y por ahora es conveniente que solo lo sepas tú. Así que agradecería mucho que te deshicieras de ese micrófono que traes oculto en las llaves de la Harley Davidson.
El corazón de Steve comenzó a latir más rápido. ¿Cómo demonios había podido notarlo?
Percibió cómo sus manos comenzaban a sudar y por instinto llevó una de sus extremidades hacia el llavero, lo sacó de su bolsillo y con desconcierto comprobó que el micrófono no estaba funcionando.
—Le envié un mensaje a Friday para que lo desactivara…
Antes de pararse bruscamente de aquella banca, Steve le miró con desconfianza.
Su instinto de supervivencia, le decía que saliera cuanto antes de ahí.
—Te dije que no intentarás hacer nada sucio. —Pese a que Tony parecía estar decepcionado, sobre su rostro había un gesto inusualmente tranquilo, pues a diferencia suya, él no se había movido de su sitio—. Siéntate, Rogers… si no haces nada estúpido prometo que sólo charlaremos.
Por su parte, el capitán no sabía qué decir al respecto, solo estaba seguro de una cosa; prefería no arriesgarse. La actitud de Stark le parecía extraña y no le agradaba.
—¿Es una amenaza?
—Si fuese tú estaría asustado, pero no precisamente por mi presencia…
—¡Estoy hablando en serio, Stark! —exclamó, perdiendo la paciencia—. Si pretendes capturarnos, sé lo suficientemente hombre y dilo.
—Al único que quiero encarcelar es a tu amigo, es un asesino y debe pagar por todo lo que ha hecho —espetó, molesto—, pero no estoy aquí para eso.
—¿Entonces qué quieres? ¿Por qué tanto misterio?
—Lo sabrías si dejases de comportarte como un idiota…
Si Tony en verdad tuviese malas intenciones, él ya no estaría en medio de esa iglesia, probablemente tendría las manos atadas y un ejército de agentes de la CIA rodeándole. Tenía que tranquilizarse y aceptar que se había equivocado, era prácticamente obvio que Friday captaría el micrófono.
Sintiéndose como el hombre más estúpido del universo, decidió dejar de lado su orgullo y lentamente volvió a sentarse en la banca.
—Los chicos vendrán por mí si no logran oírme por medio del micrófono…
—Descuida, seré breve.
.
.
En cuanto el micrófono dejó de funcionar, la comunicación que sostenían con Steve se cortó abruptamente. De inmediato Clint y Scott intentaron reestablecer el contacto, pero en medio de tanta desesperación y urgencia, sus intentos solo conseguían ser nefastos, pues ninguno lo estaba logrando.
Sam por otro lado, —perdiendo toda clase de calma y optimismo—, se apresuró en preparar las pocas armas que aún conservaban, pues en caso de que la transmisión no regresara, tenían que estar preparados para ir tras Steve y enfrentarse a cualquier cosa...
Wanda en cambio, era la única que conservaba la calma. A su criterio, Steve era el más fuerte de todo el grupo, él siempre sabía qué hacer y era bastante capaz de resolver situaciones de alto riesgo por sí mismo. Honestamente, no necesitaba que lo protegieran. Sin mencionar que si se encontrase en peligro, él definitivamente se los habría advertido, al menos con un mensaje de texto o con un intento de llamada, pero nada de eso había ocurrido.
Como siempre, sólo exageraban…
Bucky tenía un pensamiento bastante similar al de Wanda, pero a diferencia de la muchacha, él no pudo permanecer en calma y quedarse dentro de la casa, se había visto obligado a ir tras Natasha. Pues apenas se cortó la trasmisión con Steve, la espía se echó a correr velozmente hacia la cochera.
—Hey… —frenó sus pasos tras cogerla por el antebrazo. Por fortuna, había conseguido alcanzarla antes de que cometiese una estupidez—, ¿a dónde crees que vas?
—No soporto esperar un segundo más. Iré por Steve.
Intentó zafarse de su agarre, pero no le permitió apartarse.
—Natalia, tranquilízate. Él está bien.
—Nadie puede garantizar eso —masculló, en tanto movía su brazo y trataba de liberarse—. Suéltame.
No lo hizo.
—Veo que no confías en Steve… —La pelirroja se quedó quieta. La poca proximidad que estaban compartiendo era algo que simplemente no debería estar ocurriendo. Tenerlo cerca era tan peligroso como estar al borde de un precipicio. No podía arriesgarse—. ¿Tan poca fe tienes en el hombre que amas? ¿Acaso crees que es un inútil y que no puede cuidar de sí mismo?
Juntó el entrecejo. ¿Había entendido mal o acaso estaba disfrazando sus celos con sarcasmo?
No. Definitivamente no podía ser eso…
—Dije que me sueltes.
En silencio, esta vez Bucky lo hizo.
Natasha le miró con nerviosismo y cierta cuota de impacto. La forma en que el soldado la estaba observando la hacía creer que sus sospechas no eran del todo erróneas.
Su preocupación por Steve parecía hacerle daño.
Bruscamente bajó la vista. Pensar en ello la hizo sentir nauseas.
Pasó por su lado mientras dirigía sus pasos hacia el vehículo de Sam, por mucho que aquello le afectase, no debía distraerse, solo tenía que concentrarse en traer a Steve de regreso.
—¿Qué pasa, por qué huyes? —cerró los ojos y con todas sus fuerzas se contuvo de voltear. Aquello estaba recordándole esos días en que discutían y terminaban solucionando sus diferencias en la cama—. ¿No tienes suficiente valor para hablar conmigo acerca de Steve?
Tragó saliva.
Por supuesto que no tenía valor para hablar de eso.
—No es un buen momento para tener charlas de este tipo...
—Nunca es un buen momento para ti.
Apartó su mano de la puerta del automóvil y con furia se giró a encararle.
—¿Sabes qué? —expresó, fastidiada—. Estoy cansada de sentirme culpable y de que me mires así todo el maldito tiempo.
—¿Así cómo?
—¡Así como lo estás haciendo ahora! —contestó, apuntándole el rostro—. Me miras con rabia, con ira y como si todo lo que hubiese pasado entre nosotros fuese mi jodida culpa.
Sin atreverse a interrumpirla, Bucky guardó silencio. Él no pensaba eso, pero se sentía intrigado y deseaba escucharla.
»Sufrí mucho cuando nos separaron, no te imaginas cuánto. —Hizo una pequeña pausa antes de continuar, recordar su pasado le hacía realmente mal—. Es algo que me sigue doliendo hasta el día de hoy y es sumamente injusto que la zorra de esta situación sea yo.
—Jamás he dicho que seas una…
—No, no lo has dicho —le interrumpió—, pero es lo que piensas cuando me ves junto a Steve.
No había podido contenerse de expresar aquello, estaba segura de que era cierto.
—Yo no pienso eso, Natalia —la pelirroja se tensó en cuanto lo vio acercarse—, pero no me parece justo que estés con él sin decirle la verdad…
—¿Qué sentido tendría?
—Ser honestos… —Para una persona como ella, marcada profundamente por los secretos de su pasado, eso claramente era complicado—. Steve merece saber lo que ocurrió entre nosotros.
—¿Y qué demonios se supone que ocurrió entre ustedes?
La voz de Sam hizo que ambos volteasen y le mirasen con impacto.
Tras el estante en el cual guardaban las municiones y el armamento, la figura de Sam se asomó entre la oscuridad de la cochera. Su expresión de pocos amigos dejaba en evidencia que, por desgracia, había escuchado más de la cuenta.
—¿Qué pasa? ¿Acaso no piensan responder?
