Disclaimer: Los personajes pertenecen a Marvel & Disney. No tengo fines de lucro.


Capítulo XII: Lo que hubo entre ustedes


A la mañana siguiente, Natasha despertó sola.

Aquello inmediatamente la hizo sentir desorientada, —básicamente porque estaba desnuda y ese no era su cuarto—, pero ella sabía muy bien que su confusión no se debía solamente a eso.

Lo que habían comenzado en la ducha, prosiguió durante varios minutos sobre la cama de Steve, y solo se terminó porque estuvieron lo suficientemente exhaustos para seguir, pues sin siquiera advertirlo, en medio de otra ronda de caricias y besos traviesos, ambos se quedaron completamente dormidos.

Aún sin entender por qué Steve no estaba al otro lado de la cama, Natasha decidió ponerse de pie. Envolvió las sábanas blancas sobre su cuerpo y rápidamente comenzó a recoger sus pertenencias. Mientras se encargaba de hacer eso, algo inusual llamó su atención. Rápidamente arqueó una ceja y no tardó en dirigir sus pasos hacia el armario.

En tanto abría las puertas del ropero y sus ojos estudiaban el interior de aquel objeto, no pudo evitar formar un gesto pensativo.

Pues en efecto, la ropa deportiva de su acompañante, no parecía estar por ninguna parte.

Un poco aturdida, Natasha cerró las puertas del armario y retrocedió en sus pasos.

En verdad se durmió creyendo que habían compartido una noche maravillosa, ¿qué demonios estaba pasando?

En cierto modo, no entendía por qué se preocupaba tanto, en esos momentos, Steve probablemente se encontraba trotando en algún parque cercano.

Quiso sonreír y burlarse de sí misma, pero fue incapaz de hacerlo. Por motivos que desconocía, no podía dejar de creer que algo no andaba bien.

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Al cabo de unos minutos, Natasha decidió ignorar sus pensamientos pesimistas, tomó una ducha rápida, regresó a su cuarto y se vistió con ropa limpia.

Sería un día extenuante y una jornada bastante larga, tenían que planificar muchas cosas, sobre todo aquellas que estaban relacionadas a la protección de Visión y el viaje a Wakanda. En general, se avecinaba un día pesado y debían solucionar aquellos detalles que, hasta el momento, aún estaban pendientes, pues por desgracia, no eran pocos.

—¿Podemos hablar? —preguntó Sam.

Mientras se dirigía hacia la primera planta de la vivienda y transitaba por el pasillo que conducía a las escaleras, Natasha no tuvo más alternativa que detenerse. Tenía a Falcon en frente y aunque hubiese querido ignorarle, probablemente no habría podido hacerlo.

—Claro —respondió por inercia. Se cruzó de brazos—. Te escucho.

Suponía que de nueva cuenta iba a sacar a flote lo sucedido en la cochera, así que inspiró hondo y trató de mentalizarse para ello. De cualquier modo, tarde o temprano tendría que enfrentarlo.

—Nat, no deseo inmiscuirme en tus asuntos, mucho menos ahora que las cosas se han complicado —comentó, haciendo alusión a lo ocurrido con Visión y el posible ataque de Thanos—. Solo espero que no estés jugando con Steve. No se lo merece.

La rusa permaneció unos instantes en silencio. Pensó que tendría una actitud agresiva, que emplearía frases amenazantes e hirientes, pero él no pronunció palabras desagradables, tampoco fue descortés o actuó como un idiota. Por el contrario, Sam estaba siendo bastante maduro y muy distinto a cómo se había comportado el día anterior.

A su criterio, eso merecía un poco de consideración.

—Conocí a Bucky cuando estuve en la K.G.B. Él fue mi entrenador...

No necesitaba ver a Sam directamente al rostro para saber que debía estar cargando una expresión de completo impacto. Su confesión fue abrupta e inesperada, pero altamente necesaria, necesitaba desahogarse y de paso, lograr que su compañero volviese a confiar en ella. A final de cuentas, para ambas cosas sencillamente debía ser honesta.

—Así que era eso…

—De hecho, eso no es todo.

—Sí, lo imaginaba.

Sam volvió a emplear un tono de voz tranquilo y Natasha agradeció que estuviese siendo comprensivo.

—Nos involucramos más de lo que ellos hubiesen querido, terminaron separándonos y borrando nuestras memorias —prosiguió, tratando de ser precisa y poco detallista. No quería hablar más de la cuenta—. Aunque algo falló, conmigo no hicieron bien el trabajo, poco a poco mis recuerdos empezaron a regresar y bueno… el resto ya lo sabes.

—¿Por qué no me lo dijiste ese día? —preguntó, desconcertado—. Si lo hubieras hecho, ten por seguro que no me habría comportado como un imbécil…

—Lo habría hecho si me hubieses dejado hablar.

—Vale, lo acepto, fui un estúpido y te pido perdón, no debí hablarte de esa manera.

—Disculpa aceptada —profirió la pelirroja, en tanto le dedicaba una sonrisa.

Sin embargo, en cuanto lo vio gesticular una mueca incómoda y angustiosa, como si tuviese algo atorado en la garganta, Natasha supo que Sam deseaba decirle algo más.

—Entiendo que esto sea parte de tu vida privada, pero Steve…

—Merecía saberlo… —secundó, interrumpiéndole—, créeme que lo sé.

—¿Entre tú y Barnes…?

—Ya no hay nada.

Natasha sintió la desesperante necesidad de huir y zanjar aquel tema, pero todo parecía indicar que Sam no se lo permitiría, se veía bastante empecinado en seguir realizando preguntas.

—¿Algún día se lo dirás? Quiero decir… ¿Le dirás que tú y Barnes fueron amantes?

—No lo sé, ¿tú se lo dirás?

—No, no me corresponde.

La espía puso los ojos en blanco.

—No hablo de mí, Sam. Hablo de ti.

El aludido la observó como si acabase de oír algo totalmente estúpido. En su mente, esas palabras simplemente carecían de sentido.

—Disculpa, creo que no entiendo. ¿A qué te refieres?

—Me refiero a Sharon.

Bastó con que Sam escuchase el nombre de la rubia para que desviase la vista hacia el suelo y abruptamente su semblante cambiase.

—Sigo sin entender… —En respuesta, Natasha se cruzó de brazos. Sabía que eso no era cierto, Sam entendía muy bien a lo que ella se estaba refiriendo—, no entiendo por qué mencionas a Sharon.

—¿Alguna vez le confesarás a Steve lo que sentías por ella? —Ante la interrogante, el de apellido Wilson levantó la mirada, era bastante evidente que deseaba decir algo, pero al mismo tiempo, era muy notorio que no se sentía capaz de hacerlo. De cualquier forma, el silencio de Sam no le producía inconvenientes, no estaba buscando respuestas, lo único que deseaba obtener con eso, era un poco de empatía—. A veces, definitivamente es mejor callar ciertas cosas, ¿no crees?

—Tú y Bucky no son para nada discretos cuando platican —habló, cambiando de tema y también de actitud—. Steve tarde o temprano se enterará de todo…

—Yo misma se lo diré… —concluyó secamente.

—Espero que así sea, Nat.

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Mientras mantenía un cigarrillo entre los labios y su vista se perdía en los árboles del bosque contiguo, Scott se encontraba en uno de los balcones de la segunda planta de la casa. Desde ahí podía observar las hectáreas más cercanas y gran parte de la vegetación de la zona, incluso había visto algunos rebaños de ovejas y una que otra vaca deambulando, nada realmente muy interesante. En esa área, simplemente no parecían existir otros seres humanos.

Guió una mano hacia el bolsillo trasero de su pantalón y desde ahí extrajo un encendedor pequeño. Tenía forma rectangular, estaba hecho de metal inoxidable y era bastante costoso para haber sido adquirido por sí mismo.

Sin poder evitar formar una sonrisa ladeada, Ant-Man recordó el día en que ese mechero había llegado a sus manos. Antes de aceptar unirse al Capitán América y oponerse a los condenados acuerdos de Sokovia, él y Hope habían salido a cenar juntos.

En algún momento de la cita y sin percatarse de haber dejado el encendedor sobre la mesa, ella se excusó para ir al baño, instancia que Scott aprovechó para tomar el mechero y guardárselo en el bolsillo. En un principio simplemente lo hizo para jugarle una broma, pero luego de hablar con Sam Wilson y aceptar unirse al bando del capitán, sintió la estúpida necesidad de conservarlo, precisaba un amuleto de la suerte y para eso, claramente debía tener algo de ella.

Con ayuda de la palma de su mano, Scott cubrió el cigarro del viento y con la otra sostuvo el mechero para comenzar a encenderlo.

No era un hombre que acostumbrase a fumar muy seguido, pero últimamente no podía dejar de hacerlo. El estrés de vivir tan lejos de su hija y también de Hope, estaba empezando a pasarle la cuenta. Las extrañaba más de lo que podía soportar y si era franco, no estaba muy seguro de viajar a Wakanda junto a ellos.

—Al parecer, escuchar sobre ese tal Thanos sí consiguió asustarte… —se burló Bucky, en tanto se asomaba al balcón y decidía hacerle un poco de compañía—, no es normal que te despiertes tan temprano.

—No puedo negarlo, estoy aterrado. Creo que necesito un abrazo de mi hija… —le dio una calada al cigarrillo—. No imaginas cuánto la extraño.

—¿Sabes que aún sigue en pie la oferta del gobierno, verdad?

Lang le miró con gesto desentendido.

—¿Qué oferta?

—Bueno… existe la opción de volver al país. Aunque el hecho de haber violado los acuerdos de Sokovia, lamentablemente implica cumplir una condena, pero si tienes influencias y un buen abogado, también es muy probable que puedas acceder a una rebaja o incluso a la posibilidad de cumplir la sentencia bajo arresto domiciliario.

—¿En serio? —preguntó, escéptico. El soldado asintió con la cabeza—. Para ser verdad, no suena tan mal. ¿Cómo te enteraste?

—Gracias a Shuri… la hermana de T'Challa —explicó, recordando con una ligera sonrisa lo amable que había sido esa inteligente muchacha—, ella me ayudó a controlar el desastre que había en mi cabeza y en ocasiones, solía comunicarme algunas noticias.

—Demonios —murmuró, impactado—, en verdad hemos estado muy alejados de todo. ¿Crees que Clint lo sepa?

—Ni idea, nunca he intercambiado más de dos palabras con él. Creo que me odia.

De manera inconsciente, Scott dejó de prestarle atención. Estaba demasiado concentrado en sus pensamientos y en la posibilidad de aceptar la oferta del gobierno. Si ese tal Thanos, realmente era capaz de hacer todo eso que Steve y Stark decían, con mayor razón deseaba estar cerca de Cassie.

No sabía cuándo lo haría, pero debía apresurarse y tratar aquel tema con Clint. Si el arquero estaba sintiendo lo mismo, era muy probable que estuviese dispuesto a cancelar su viaje a Wakanda, pues en caso de hacerlo, ambos podrían desviarse a los Estados Unidos y, eventualmente, reunirse con sus familias.

—¿Sabes? A pesar de todo lo malo, ya me había acostumbrado a este lugar —comentó, retomando la conversación—. ¿Qué tal es Wakanda?

—Mucho mejor que este pueblo…

—¿Y las personas?

—Definitivamente son más acogedoras.

—¡Oye, tampoco te hemos tratado tan mal!

El soldado sonrió.

—Es cierto… podría ser peor.

—¿Quieres? —inquirió Scott, en tanto le extendía el cigarro. Bucky en respuesta solo se limitó a mirarle con extrañeza—. Es el último que tengo —le advirtió, ofreciéndole una probada—, vamos… ¡anímate!

Antes de que pudiese entender, por qué demonios estaba recibiendo aquel cigarrillo, James ya estaba sosteniéndolo entre sus dedos.

Enfocó su vista al frente y lentamente comenzó a guiar el filtro hasta su boca, apenas este rozó sus labios, procedió a darle una calada profunda y relajante.

—No vas a creerme, pero no probaba uno desde la segunda guerra mundial…

Tan pronto como el tabaco entró en su cuerpo y sus labios se curvaron bajo una sonrisa sumergida en el efecto placebo, Bucky cerró los ojos, reclinó la cabeza hacia atrás y con suavidad dejó escapar el humo por la nariz.

—Vaya, de haber sabido que llevabas tanto tiempo sin fumar, habría traído un poco de hierba.

Bucky soltó una carcajada. Scott era un idiota.

—Steve podría matarte, odia esas cosas… —admitió, al tiempo en que abría los ojos y apoyaba los codos sobre la barandilla.

—Bueno, un porro no nos haría daño, necesitamos relajarnos, es muy probable que se avecine un villano peor que Hitler…

Bucky iba a contestar, pero en cuanto sus ojos se clavaron en el jardín de la vivienda y desde lejos pudo atisbar la figura de Steve, inmediatamente juntó el entrecejo.

Algo no andaba bien con su amigo, lucía nervioso y caminaba demasiado rápido, como si estuviese huyendo o buscando algo.

—Hey, capi —le llamó Scott, desde lo alto—, ¿no te unes a una charla matutina?

Dicha interrogante hizo que el rubio levantase la cabeza y detuviese sus pasos. Sin embargo, apenas sus pupilas se enfocaron sobre el rostro de Bucky, su semblante adquirió una expresión aún más extraña, pues simplemente ignoró la invitación de Scott, desvió la vista hacia el suelo y con rapidez comenzó a distanciarse.

» ¿Qué pasa, dije algo malo? —Lang gesticuló una mueca pensativa—. Tal vez escuchó lo del porro…

—No, no lo creo... —El castaño le regresó el cigarrillo—. Pero, definitivamente algo le pasa. Iré a verlo.

—Espera… —articuló, cogiéndole de un hombro—, ¿en verdad crees que es necesario?

—¿Acaso no viste lo rápido que iba?

—¿Qué tiene eso de raro? —replicó, despreocupado—. Steve siempre sale a trotar en las mañanas.

Bucky movió su cabeza en señal de negación.

—No me parece que esté ejercitándose. —Mientras comenzaba a alejarse y Scott le miraba confundido, no pudo evitar sentir una presión desagradable sobre el estómago—. Lo conozco hace años, sé cuando algo no anda bien con él.

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—Nat…

Desesperado y sin tomarse la delicadeza de golpear la puerta, Clint se adentró bruscamente en su cuarto.

Desde la cama, Natasha dejó de observar una libreta que cargaba en la mano, alzó la vista y le miró con expresión de pocos amigos.

Tenía el portátil sobre las piernas, varios cables USB conectados al mismo y una serie de pendrives tendidos encima del colchón.

En esos momentos, realmente necesitaba estar concentrada. Si en los próximos días tenían pensado salir de Alemania, era muy necesario que se encargasen de eliminar sus datos del registro civil germano.

A final de cuentas, el uso de identidades falsas implicaba actuar con suma precaución. Pues no admitía margen de error, cualquier equivocación que cometieran, en un futuro cercano, podría resultarles muy caro.

En resumidas cuentas y para que lo anterior fuese posible, Natasha no tenía más alternativas que arriesgarse a cometer un crimen, su misión era —literalmente—, vulnerar la privacidad del gobierno alemán y también la del estadounidense, básicamente, porque necesitaba ingresar a sus diversas plataformas de seguridad internacional y hackearlas.

—¿Qué quieres, Clint?

—Steve lo sabe… —soltó de golpe.

La pelirroja arqueó una ceja. No entendía a lo que se refería.

—¿Podrías ser más específico? —endilgó, tratando de no perder la paciencia—. ¿Qué es lo que Steve sabe?

—Lo que tú y Bucky tuvieron. —Natasha sintió como si le hubiesen dado una patada en el vientre bajo. De pronto el aire se hizo más denso y sus pulsaciones cardíacas parecieron ir en trágico aumento. Eso simplemente no podía ser cierto. Clint debía estar bromeando—. Fue mi culpa, lo siento…

Tras verlo tan angustiado y sumamente nervioso, la rusa comprendió que, por desgracia, aquello no parecía ser un chiste de mal gusto.

Él estaba hablando muy en serio.

—¿Có-cómo? —balbuceó, aún sin asimilarlo—. ¿Tú… tú se lo dijiste?

Clint inspiró hondo.

—No exactamente. Él escuchó una charla que Wanda y yo estábamos teniendo.

Sintió como si alguien la arrojase a un abismo profundo y sin fondo, como si su cuerpo fuese un bulto inservible y todas sus mentiras comenzaran a desmoronarse con la caída.

—¿En dónde está Steve?

—No lo sé, intenté seguirlo, pero no pude encontrarlo.

Mientras se llevaba una mano a los labios y negaba con la cabeza, Natasha comenzó a ponerse de pie. No podía creer que su suerte fuese tan miserable. Simplemente no podía hacerlo.

¿Por qué tenía que pasar precisamente el día en que juró ser ella quien confesaría dicha verdad? ¿Por qué demonios Steve tenía que enterarse de esa forma?

No, eso no podía ser obra del destino, tampoco un castigo divino, el karma o sencillamente mera casualidad.

Eso… eso había sido intencional.

—Tasha… —Con cuidado y estando notoriamente preocupado, le dio un suave apretón en el brazo—, ¿estás bien?

—¿Fue ella, verdad?

Barton no necesitó atar cabos sueltos, inmediatamente logró entender a quién se refería.

—Esto no es culpa de Wanda… —contestó, serio—, yo fui el idiota que no midió las consecuencias de esa conversación.

Con brusquedad y antes de que Clint pudiese agregar algo más, Natasha le apartó la mano violentamente.

—¡No la protejas! —vociferó, encolerizada—. Sé que ella lo hizo.

—Nat, no fue así… —Antes de pasar por su lado y encaminarse en dirección a la puerta, Romanoff solo se limitó a dedicarle un vistazo fulminante—. ¡Nat! ¡Espera!

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Luego de que Steve huyera despavorido y Clint intentase seguirlo, Wanda —que aún estaba intentando procesar lo ocurrido—, se llevó una mano al rostro y en silencio trató de abandonar la cocina.

Tenía una sensación desagradable sobre la garganta, como si abruptamente se hubiese tragado una asquerosa mezcla de sentimientos. Pues en lugar de sentirse aliviada o pensar que realmente había hecho lo correcto, estaba comenzando a experimentar algo totalmente opuesto.

De manera inconsciente, tomó el borde superior de su blusa y lentamente se aflojó la zona del cuello.

Se sentía asfixiada.

Si no hacía algo, ese maldito sentimiento de culpa iba a provocarle una crisis nerviosa.

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Mientras Clint iba siguiéndole y le exigía detenerse, Natasha guiaba sus pasos hacia el cuarto de Bucky.

De Wanda se encargaría más tarde.

Por ahora, sólo necesitaba comprobar que James estuviese bien.

En un principio, era muy probable —y hasta cierto punto comprensible—, que la reacción de Steve no fuese precisamente benevolente, pero no podía permitir que eso se saliera de control y terminase en un altercado entre ambos.

Tragó saliva. Ni siquiera quería imaginarlo, si ellos terminaban peleándose, no creía ser capaz de lidiar con semejante cargo de conciencia.

Debía unir fuerzas con James, actuar con sensatez y enfrentar esa situación junto a él.

Después de todo, era lo único que podían hacer.

En cuanto se adentró al cuarto y se percató de la ausencia del soldado, una punzada de angustia le atravesó el pecho.

—No… no puede ser. —Se tomó la parte alta de la cabeza. Si Steve no estaba y Bucky tampoco, era muy probable que ambos se encontrasen juntos—, mierda…

El simple hecho de imaginarlos discutir la hizo sufrir un mareo.

Clint iba a decirle que se tranquilizara, pero en tanto Natasha se dirigía al pasillo y pretendía seguir buscando en el resto de las habitaciones, sencillamente volvió a ignorarle.

Tenía que encontrar a Bucky, por ningún motivo podía permitir que Steve lo hiciera antes que ella.

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Le había llamado en reiteradas ocasiones, pero Steve hizo caso omiso y continuó avanzando, pues como si se estuviese burlando, comenzó a aumentar la velocidad de sus pasos.

Para cuando James logró estar un poco más cerca, Steve frenó y volteó a verlo.

Iba a preguntarle qué diablos le ocurría, pero tras percatarse de que sus ojos, no reflejaban precisamente un vistazo amistoso, Bucky también se detuvo.

La forma en que le estaba observando, no era la habitual mirada que proporcionaba un amigo hacia otro, sus ojos reflejaban algo muy distinto a eso, algo oscuro y con cierto ápice de recelo, algo que, básicamente, no le estaba agradando en lo más mínimo.

Pese a sentirse amenazado, Bucky se armó de valor e intentó aproximarse a él, sin embargo, en cuanto manifestó intenciones de hacerlo, Steve se dio media vuelta y con rapidez se adentró en lo profundo del bosque.

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Casi como caído del cielo, Natasha vio a Scott a mitad del pasillo. Sin desperdiciar ni medio segundo, rápidamente corrió a su encuentro.

—Lang, ¿has visto a Bucky?

Ant-Man quiso saber qué rayos estaba pasando en esa casa, pero sintió que si osaba realizar una pregunta, Natasha simplemente iba a sacarlo de su vista a patadas.

—Creo que se dirigió al bosque, pero no estoy seguro…

—¿Hace cuánto? —secundó, desesperada.

—Hace aproximadamente unos… ¿no sé, veinte minutos? —intercambió una mirada rápida con Clint, pero este solo se limitó a negar con la cabeza, no entendió qué pretendía comunicarle con ese gesto, así que se encogió de hombros y siguió hablando—: escucha, no sé qué demonios ocurre, pero si Bucky salió de casa fue porque vimos a Steve y él lucía bastante extraño. Le hablamos y nos ignoró, por eso decidió seguirlo, supongo que pretendía averiguar qué le pasaba.

—¡Maldita sea! —espetó Natasha, en tanto empuñaba una mano y le daba un golpe brusco a la pared.

Era demasiado tarde…

Bajo un acto impulsivo, quiso echarse a correr tras ellos, pero ante el miedo, la angustia y los nervios que parecían estar carcomiéndole por dentro, su cuerpo terminó petrificándose por completo.

No creía tener fuerzas suficientes para afrontar lo que vendría, simplemente no podría.

Juntando la poca energía que aún conservaba, Natasha procuró tranquilizarse. En esos momentos, no tenía permitido colapsar, tampoco rendirse. Era una mujer valiente y como tal, debía enfrentar lo que fuese.

Si Steve realmente la amaba, tarde o temprano iba a entenderlo…

Tenía que hacerlo.

Con aquel pensamiento, reanudó el movimiento de sus piernas y como pudo se dispuso a proseguir con su camino.

Debía encontrarlos.

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Mientras intentaba regular su respiración y su pecho se movía a ritmo frenético, Bucky tomó consciencia de lo exhausto que se encontraba. No supo cuánto tiempo estuvo corriendo tras Steve, pero a juzgar por lo cansado que se sentía, deducía que habían sido varios minutos.

Se pasó una mano por el rostro y sopesó la idea de regresar. Tal vez sólo estaba exagerando y su amigo simplemente necesitaba estar solo.

«No seas idiota. Sabes perfectamente que no se trata de eso»

En tanto se apartaba la mano del rostro y soltaba un suspiro, Bucky enfocó la vista hacia el cielo.

Por supuesto que no se trataba de algo tan simple…

La mirada que Steve le había dedicado, no estaba dirigida a otra persona.

Era única y exclusivamente para él.

Hartándose de todo eso, James comenzó a seguir el camino que tomó su compañero. Si deseaba respuestas, debía ser capaz de ir tras ellas. Quedarse ahí —parado en medio de ese bosque, como un perfecto imbécil—, definitivamente no iba a solucionar nada.

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Decidida a darse un instante de calma, Wanda comenzó a caminar en dirección a su cuarto. Necesitaba pensar en las consecuencias de sus actos y refugiarse —aunque fuese un minuto— en la soledad de su habitación.

—¿Wanda? —La voz del androide hizo que la muchacha inmediatamente voltease—. ¿Estás bien?

Sabía que no debería estar pensando en algo tan banal como eso, pero verle como un hombre de carne y hueso, era algo realmente desconcertante. Se sentía bastante embelesada por su apariencia masculina y no podía negar que aquello comenzaba a inquietarle.

Sin molestarse en contestar su interrogante, Wanda decidió acercarse.

—Por favor, abrázame. —Sintiéndose un tanto desconcertado, Visión hizo lo que ella solicitó y con delicadeza la apegó a su cuerpo—. Gracias —agregó, mientras cerraba los ojos.

—Sabes que puedes confiar en mí, ¿verdad? —con la mejilla apoyada en su pecho, ella asintió—. Sé que algo ocurre, ¿qué es lo que te tiene así?

La castaña se tensó y Visión pudo sentirlo, pues apenas pronunció esa última frase, ella se apartó de su pecho, alzó un poco el rostro y en absoluto silencio guió una mano a su mejilla.

—Me pareces encantador en todas tus facetas, pero… —con una mirada lasciva y cierto ápice de coquetería, Wanda comenzó a deslizar un dedo por el contorno de su mandíbula—, debo admitir que tu aspecto humano es inquietantemente atractivo.

Y aunque se lo había dicho con intenciones de distraerlo, no podía negar que sus palabras estaban cargadas de razón. Después de todo, su apariencia de civil era bastante seductora.

—No luzco así por gusto —respondió, ligeramente avergonzado—, es solo que… no quiero arriesgarme a que alguien me vea y me reconozca.

Wanda esbozó una sonrisa pequeña. Evadir su interrogatorio había sido algo sencillo y eso la llenaba de alivio.

Confiaba en él, pero no quería involucrarlo en sus asuntos, mucho menos en algo tan serio.

—Descuida, no creo que eso pase. En este lugar prácticamente hay que caminar medio kilómetro para llegar al pueblo, puedes relajarte, no tenemos vecinos, o al menos no uno que esté cerca —guió una de sus manos hasta su cabello rubio y con cuidado comenzó a acomodárselo—. En serio, me gusta.

En cuanto manifestó intenciones de continuar con su camino, Wanda comprobó que no podría hacerlo.

Las manos de su interlocutor la sostenían por la cintura y aunque su agarre se percibía ligero, no podía evitar sentir que la estaba reteniendo.

—Te extrañé mucho… —En cuanto Visión dejó de prestarle atención a sus pupilas y procedió directamente a contemplar sus labios, Wanda sintió un cosquilleo extraño en el vientre bajo—. Desde que nos separamos por lo ocurrido entre el capitán y el señor Stark, no pasó un solo día en que no pensara en ti.

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En cuanto llegó al sitio en donde Steve le esperaba, este no cambió la expresión de su cara, sencillamente alzó el rostro y con gesto desafiante, le esperó expectante.

Bucky juntó el entrecejo, en verdad quería entender qué diablos le había hecho.

Cansado de esperar una respuesta, acortó la distancia que los separaba y se detuvo frente a él.

—¿Vas a decirme qué te ocurre?

—¿Alguna vez te he mentido? —El castaño le miró confundido—, ¿acaso te he fallado o he mostrado indicios de haberte traicionado?

—Disculpa, pero no estoy entendiendo nada.

—¿Por qué no me lo dijiste? —masculló, enrabiado.

—No sé de qué hablas, Steve…

—¡Hablo de Natasha! —soltó abruptamente. Lucía tan molesto que mientras avanzaba hacia él, James por inercia retrocedió un paso—. Ya me enteré… sé lo que hubo entre ustedes.

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—¡Natasha, espera!

El arquero iba a tomarla de un brazo, pero apenas intentó hacerlo, ella volteó y con un simple gesto de sus manos, se encargó de alejarlo.

Estaba convertida en una fiera y Clint sabía que, aunque necesitase contención, su amiga debía enfrentar esa situación por sí sola.

—Por favor, Clint, déjame en paz.

Esta vez, Barton respetó su petición. Se quedó junto al castaño y con resignación la vio alejarse.

—¿Qué demonios pasa? —cuestionó Scott.

—Nada que nos incumba a nosotros. Eso tenlo por seguro.

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Impactado y siendo incapaz de decir algo, James solo se limitó a observarle. Estaba intentado asimilar lo que ocurría, en verdad deseaba reaccionar y afrontarlo, pero ver a Steve furioso, con el rostro enrojecido y a escasos segundos de propinarle un puñetazo, no ayudaba en lo absoluto.

—¿No dirás nada? ¿Acaso no piensas darme una explicación?

No, no quería decir nada. Prefería recibir un golpe en la cara. Al menos eso reduciría la rabia de su amigo y obtendría con ello, tiempo suficiente para improvisar una respuesta.

Pero debía ser realista, eso jamás ocurriría. Por muy enfadado que se encontrase, Steve nunca se atrevería a golpearle.

De manera involuntaria y haciéndolo sentir aún más culpable, su mente traicionera no se contuvo de recordar el día en que golpeó a Steve hasta quedar jadeante.

En cierto modo, no lo había hecho a consciencia, pero todas las acciones cometidas por el Soldado del Invierno jamás dejarían de pesarle, pues el hecho de haberlas ejecutado sin voluntad propia, no lo excusaba de ninguna culpa.

A final de cuentas, tanto el asesino como el sargento fallecido, seguían siendo la misma persona. Formaban parte de una dualidad y aunque eran totalmente opuestos, James debía admitir que en su mente, había recuerdos que de manera irrefutable, ambos compartían.

La mayoría eran recuerdos malos, pero entre todo ese infierno hubo una excepción. Un bálsamo efímero que pudo hacer que el soldado asesino y Bucky Barnes pudiesen ser uno…

Su relación con Natalia.

La misma que ahora estaba poniendo en riesgo su amistad con Steve. La misma que parecía perseguirlo como un fantasma.

Un ciclo sin fin.

—Veo que Sam habló contigo… —musitó finalmente.

Antes de contestar, el capitán formó una sonrisa irónica. Acababa de enterarse que Sam también lo sabía.

¡Increíble! Las sorpresas no se detenían…

Todo parecía indicar que era el único imbécil que desconocía la verdad.

—Desde la muerte de Sharon, Sam evita dirigirme la palabra.

James arqueó una ceja. Eso no se lo esperó.

—Entonces, ¿quién te lo dijo?

—¿Acaso es lo único que te importa? —profirió, cabreado.

No. Realmente no le interesaba. Saberlo no cambiaría las cosas. Sólo estaba ganando tiempo, estúpidos segundos que no le estaban sirviendo en lo absoluto.

Enfurecido con sí mismo, dejó de extender esa charla por más tiempo y con todo el valor que pudo reunir, decidió ir al grano.

A final de cuentas, no podía evadirlo por siempre.

—Recordé mi historia con Natalia cuando Wanda ingresó en mi mente… hace poco más de un mes… —Steve tensó la mandíbula. Percibió ese simple «Natalia» como algo tan íntimo y cercano que no pudo evitar sentirse ofendido—. Apenas lo estoy asimilando, por eso no te lo dije… —tras advertir que su explicación no parecía estar funcionando. Bucky bajó la vista y lanzó un suspiro. Las explicaciones nunca se le habían dado fácil. Si Steve lo hubiese golpeado, eso definitivamente estaría siendo más sencillo—. Escucha, no pretendo justificarme, sé que debí decírtelo antes, pero no pude hacerlo, estabas sumamente afectado por lo de tu novia y ahora esto.

Había estado a escasos segundos de referirse al hijo que Sharon y él engendraron, pero decidió no tocar ese tema.

No se trataba de manipulación, tampoco de tomar el camino más fácil, Bucky creía que aunque la verdad tuviese consecuencias difíciles de reparar, era muchísimo más reconfortante que el hecho de lidiar con mentiras. Pero en esos momentos, no podía ser totalmente honesto.

No era conveniente que Steve supiera todo. Se avecinaban momentos complejos y para que su amigo pudiese estar concentrado, era necesario que omitiesen esa información.

Después de todo, ya tenía suficiente con saber sobre su relación con la espía.

—¿Todavía sientes algo por ella?

Aturdido por la pregunta, Bucky volvió a enfocar sus orbes azules sobre él.

—Entre nosotros no hay nada. Lo que tuve con Natalia no es ni remotamente parecido a lo que actualmente ocurre entre ustedes. Ella está enamorada de ti, Steve. En verdad te quiere.

—Eso no fue lo que te pregunté.

Iba a replicar, pero en cuanto captó la verdadera intención de la pregunta, volvió a sentirse miserable.

Su relación con Natalia había sido en el pasado y como tal, no podía considerarse como una infidelidad, ni siquiera el hecho de habérselo ocultado implicaba una falta moral, aquello formaba parte de sus vidas privadas y aunque por códigos de amistad, pudiese considerarse como algo políticamente incorrecto, Bucky seguía pensando que no debía sentirse culpable por eso.

Ni Natalia, ni Steve o él, tenían culpa alguna.

Lo que le hacía sentir miserable y en gran medida culpable, era esa sensación posesiva que no podía evitar experimentar cuando lo veía con la espía. Pues mientras su alma se alimentaba de celos y envidia, Steve dejaba de lado su ira, sacaba a relucir su honorable empatía y una vez más demostraba el enorme corazón que poseía.

—No puedo creer que seas tan…

—¿Tan qué? —le cortó de manera prepotente y sarcástica—. ¿Tan imbécil?

—¡No! —rectificó inmediatamente—. Es solo que, no puedo creer que seas tan… tan bueno. El único afectado en todo esto eres tú y aun así estás preocupado por mí, por lo que siento…

—Precisamente por eso, no entiendo por qué no fuiste sincero. Eres mi mejor amigo y te quiero como un hermano… yo jamás te hubiese dado la espalda, ni siquiera tras enterarme de algo como esto. ¿Qué pensaste? ¿Qué reaccionaría mal y te golpearía? ¿Después de todo lo que ocurrió con el gobierno y Tony? ¿En serio, tan poco me conoces? —No eran palabras de relajo, por el contrario, mientras las espetaba, su enfado y desilusión parecían ir creciendo—. No estoy contento con esto, no me agrada saber que entre ustedes hubo algo, pero aunque no me guste, ya pasó y no hay nada que podamos hacer al respecto.

Durante algunos segundos, Steve guardó silencio. Lo último que había dicho no era del todo cierto, que esa relación estuviese en el pasado, era algo bastante cuestionable. A final de cuentas, las palabras que había dicho Wanda, aún seguían dando vueltas en su cabeza.

—La historia que comparten no es lo que más me perturba —continuó el rubio—, lo que realmente me molesta es saber que me mintieron. Me hace creer que tú y Natasha ocultan algo más serio. Una parte de mí en verdad cree que esto es parte del pasado, pero lamentablemente, hay otra parte que no piensa igual.

—Steve, mi relación con Natalia fue hace años. Ahora ella está contigo y yo jamás me involucraría con la mujer de un amigo.

—Te lo volveré a preguntar y espero que esta vez seas honesto —profirió en tono áspero y duro—. ¿Todavía la quieres?

—Ya te dije que lo nuestro pasó hace años…

—¿Y eso qué? ¡Que hayan pasado diez, quince o mil años no asegura nada! No tiene por qué significar que tus sentimientos hayan cambiado.

El castaño sintió un escalofrío. La mirada que Steve le estaba dedicando era bastante estremecedora.

—Ella te quiere a ti...

Steve frunció el ceño e intentó ignorar el nudo que se formó en su garganta. Pensar en Natasha nunca había sido tan doloroso.

—Eso no es lo que me interesa saber —replicó, estoico.

—Pero es lo único que debería importarte.

—Deja de evadirme, Bucky…

—No estoy…

—¡Sólo dime si aún la quieres! —gritó impaciente.

—¡No lo sé!

Tras emitir esa última frase y verse tan presionado por la insistencia del rubio, la voz de Bucky no pudo evitar quebrarse…

Aquellos pasos invasivos y amenazantes —con los que hace un rato Steve había conseguido intimidarle—, fueron reemplazos por los que abruptamente decidió retroceder.

Luego de perder los estribos y percatarse de lo estúpido que había sido. James le observó arrepentido.

Steve le miraba como si le estuviese enterrando un puñal en el estómago.

—No quise decir eso…

—Sí, sí quisiste.

Dando esa conversación por terminada, el capitán comenzó a distanciarse en dirección contraria.

Esta vez, Bucky no lo siguió.

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Dando un portazo brusco, Natasha apoyó su espalda encima de la puerta recién cerrada, apretó los ojos con fuerza y en silenció trató de calmarse.

Sus intentos por encontrarlos simplemente no estaban funcionando. Les había buscado en los alrededores más cercanos, en hectáreas vecinas y en algunas partes del bosque, también caminó hacia el pueblo más próximo, pero en ninguno de esos lugares logró dar con ellos.

Era como si la tierra sencillamente los hubiese tragado.

Lanzó un resoplido.

Sabía que el arquero la estaba observando desde lejos, pero no le dio importancia.

No deseaba platicar con nadie, mucho menos con Clint. Era su mejor amigo, pero se sentía traicionada. No podía creer que su estúpido instinto paternal estuviese arrastrándole a comportarse de aquella manera. Lo que estaba haciendo no era ni de cerca un acto altruista, por el contrario, Clint cometía un error muy grande mientras protegía a esa chica y la incentivaba a actuar como una estúpida adolescente caprichosa.

En cuanto la espía abrió los ojos y el nombre de Wanda llegó a su cabeza, inmediatamente decidió alejarse de la puerta.

Maximoff y sus malditos celos de quinceañera, acababan de sobrepasar el límite de su paciencia.

Decidida a ir tras la castaña, Natasha dirigió sus pasos hacia la segunda planta.

Si tuvo agallas para entrometerse en asuntos que no le correspondían, tendría que asumir las consecuencias con la misma valentía.

Esa niña iba a escucharle.

—Espera… —Clint por supuesto, no tardó en captar sus intenciones. Velozmente la siguió y como un muro se interpuso ante ella—. Tienes que calmarte…

—¡Quítate! —espetó, furiosa.

—Nat, escucha, sé que estás enfadada, pero esto no es su culpa.

Sin detenerse a oír sus palabras, Natasha le empujó con su hombro y con brusquedad pasó por su lado.

Wanda Maximoff merecía oír un par de verdades.

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Su preocupación por lo acontecido con Steve le tenía tan distraída que apenas pudo reaccionar cuando Visión confesó haberla extrañado, pues en lugar de darle un abrazo, —o de plano manifestar cualquier tipo de afecto—, Wanda solo fue capaz de forzar una sonrisa, luego agregó un escueto «también yo» y con toda la entereza que pudo reunir, comenzó a distanciarse.

Tan pronto como logró estar en el interior de su cuarto, la joven dejó escapar un suspiro repleto de alivio.

Que Visión estuviese tan cerca, con esa apariencia, y, encima de todo diciéndole algo tan significativo, no la ayudaba a calmarse en lo más mínimo. Básicamente porque en parte, su contestación no había sido del todo falsa, aunque había pasado los últimos días de su vida suspirando y existiendo por Bucky, no podía negar que en más de una ocasión, deseó y extrañó profundamente estar junto a Visión.

De cualquier manera, aquél no era el mejor momento para pensarlo.

Su abrupto —y por sobre todo inoportuno—, ataque de sinceridad, había provocado un caos que, a largo plazo, tendría consecuencias irreparables. Después de todo, que Steve y James estuviesen desaparecidos, definitivamente no podía significar algo bueno.

De forma inconsciente, Wanda se llevó una mano al pecho.

La angustia y el remordimiento, no parecían querer abandonar su cuerpo.

Con expresión desorientada, lentamente empezó a sentarse en la cama.

Sabía que decir la verdad provocaría estragos, pero si era honesta, una parte de ella —cabe decir, bastante ingenua—, pensó que las cosas resultarían de otra manera.

En forma abrupta y violenta, unos golpes bastante estridentes comenzaron a manifestarse tras la puerta.

—Maximoff, sé que estás ahí. —La chica tragó saliva. El tono de voz que usó Natasha le produjo un espasmo—. Abre, tenemos que hablar.

Antes de levantarse y arrimarse a la puerta, Wanda se quedó unos segundos petrificada. Se llevó el dedo pulgar a la boca y con nerviosismo comenzó a morderse la uña. ¿Qué demonios se suponía que debía decirle?

Mientras oía el incesante y exasperante golpeteo de sus puños, Wanda arrugó el entrecejo, podría jurar que Natasha se encontraba platicando con alguien.

Curiosa por identificar la voz del otro interlocutor, acercó su rostro a la puerta y con sutileza apoyó la oreja.

—Natasha, con esta actitud no vas a solucionar nada.

Con cierto grado de desconcierto, Wanda se cubrió los labios con la palma de su mano.

Clint también estaba ahí.

—No sé de qué actitud hablas... —replicó Romanoff.

—Esto no es necesario. Estás alterada y no es un buen momento.

—Tampoco era un buen momento para decirle la verdad a Steve, pero a ella pareció importarle una mierda.

Antes de que la pelirroja volviese a descargar su ira en contra de Clint, Wanda se armó de valor y sin más preámbulos decidió abrir la puerta.

Si Natasha la quería a ella, pues que así fuese. Aún tenía suficiente valor para enfrentarla.

—Por favor, Clint, déjanos a solas.

—Ya la oíste —agregó Natasha.

Mostrando severos signos de impaciencia, el aquero se pasó una mano por el rostro. Si eso era lo que en verdad deseaban, entonces lo obtendrían.

No pensaba seguir involucrándose. Estaba harto de contenerlas.

Dejando en evidencia lo enfadado que se sentía, Clint sencillamente decidió dejarlas solas. A partir de ese momento, lo que ocurriese entre ellas, ya no sería responsabilidad suya.

Apenas Barton desapareció del campo visual de ambas, la pelirroja avanzó un par de pasos hacia Wanda. Sin decir nada, la tomó por el antebrazo y con brusquedad la arrastró consigo hasta el interior del cuarto.

En tanto cerraba la puerta y soltaba su brazo, Natasha le dedicó una mirada bastante desdeñosa. Parecía como si el simple hecho de tener que lidiar con su presencia le produjera asco.

—Natasha, en verdad lo lamento…

—¿Tú? ¿Lo lamentas? —espetó, colérica—. Con Clint puedes fingir, pero yo no te creo nada. Sé que estás disfrutando esto.

Wanda tensó la mandíbula.

—Soy consciente de que no me correspondía decírselo, pero alguien tenía que…

—Nadie, absolutamente nadie tenía derecho a decírselo —expresó, interrumpiéndole—. Solo abriste la boca porque no soportas saber que James estuvo conmigo. No hiciste esto por lealtad a Steve, solo lo hiciste por celos.

—¿Qué? —musitó, incrédula.

—Querías hacerme daño y lo conseguiste. Te felicito.

—No, nunca lo hice por eso…

—Cielos —susurró—, me resulta increíble que tengas el descaro de negarlo…

La castaña le miró con impacto. No podía creer que estuviese justificando sus mentiras con un argumento tan básico.

Sus sentimientos por Bucky no tenían relación con eso. Natasha simplemente los estaba utilizando como un pretexto barato y nefasto.

—¡No lo hice por celos! ¡En verdad lo hice por Steve! No era justo que le mintieran de esa forma.

—Deja de usar a Steve como una excusa para encubrir tus verdaderas intenciones, ¿acaso pensaste en sus sentimientos cuando abriste la boca y soltaste todo?

La dureza y entereza con la cual Natasha espetaba aquellas palabras, realmente la hacían dudar de sus propias intenciones. ¿Y si de forma inconsciente lo hizo por celos y no precisamente por ser honesta con Steve?

Se alejó un par de pasos, negó con la cabeza y procuró no dejarse llevar por las provocaciones de la espía.

Quería exasperarla y no podía caer en su juego.

Su motivación inicial nunca fue perjudicar a nadie. Lo que Natasha estaba diciendo, bajo ninguna circunstancia podía ser cierto.

—Las mentiras duelen más que las verdades… —A modo de respuesta, la rusa esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo—, pero eso es algo que tú no pareces comprender.

—¿Una mocosa que apenas está empezando a vivir pretendes darme lecciones de vida? —profirió burlescamente—. No seas ridícula…

—¿Acaso crees que mis intenciones siempre fueron provocar esto?

—Sí, es precisamente lo que creo. Pienso que pudiste haberte callado, tal vez inventar una excusa, darme tiempo y dejar que yo misma se lo dijera. Pienso que tuviste muchas opciones, pero decidiste ejecutar la que más daño haría.

Ahora fue su compañera quien la observó con ira y cierto ápice de rencor.

—No te debo nada. No tengo por qué seguir siendo cómplice de tus asquerosas mentiras.

—¡Vaya, esta es la Wanda que tanto quería ver! —aplaudió con falso entusiasmo—. La que saca las garras y deja de fingir ser una mojigata.

—¿Disculpa, estás hablando de ti?

Sin previo aviso, Natasha tomó bruscamente una de sus muñecas.

—Escúchame bien, mocosa insoportable, no necesito que me des lecciones de vida, a diferencia de ti, sé admitir mis errores y soy lo suficientemente mujer para reconocer que la he cagado.

—Suéltame, me estás lastimando.

Con rapidez y ante la atónita mirada de la muchacha, Natasha dejó de sostener la articulación de su brazo. No podía creer lo que había hecho. Ver como Wanda no se resistía a su ataque —siendo consciente de que la joven podría despedazarle con un simple movimiento de manos— la hizo sentir verdaderamente miserable.

¿Qué demonios estaba haciendo?

—Lo-lo siento… —su voz estaba temblando—. Perdón…

Olvidando el contexto de la discusión, esta vez fue Wanda quien decidió acercarse.

No importaba lo contradictorio que fuese todo eso, nunca había visto a Natasha en esas condiciones, pues aunque le hubiese dicho un sinfín de palabras hirientes, no podía culparla por intentar menguar su rabia en alguna parte.

Si estuviese en sus zapatos, probablemente habría hecho lo mismo.

—Las mentiras me están matando... —admitió, al borde del llanto.

—Lo sé, Nat, por eso creo que debes enfrentarlas —siseó, comprensivamente.

—¿Acaso crees que nunca he deseado hacerlo?

—¿Y qué te lo impide? Se supone que somos una familia, entre nosotros no deberían existir secretos de ningún tipo.

—En todas las familias hay secretos. Pero no son secretos que se producen por falta de confianza, son mentiras piadosas que siempre buscan proteger el bienestar de alguien más.

—¿Y, en este caso, qué significa eso?

—Significa que nunca he mentido por manipulación o beneficio propio, solo he estado intentando hacer las cosas bien. Por todos. —Tras advertir que su tono de voz se oía completamente honesto, Wanda sintió que su amiga al fin estaba de regreso—. Tenía pensando revelar lo que estuve ocultando luego de que concretáramos nuestro plan, pero siempre surge algo que me impide hacerlo… como la muerte de Sharon y ahora lo de Thanos.

—Steve es un hombre fuerte, Nat. Él puede lidiar con cualquier cosa.

—Estoy ocultando algo que podría destrozarlo y no puedo hacerlo trizas antes de que nos enfrentemos a Thanos.

Luego de asimilar sus palabras, los orbes de la muchacha se abrieron con impacto.

—¿O sea que… tu relación con Bucky no es lo único que ocultaste?

—No. Hay algo mucho peor… —Cuando todos se enterasen de que Sharon murió con un hijo de Steve en su vientre y que, además, ella pudo impedir que aquello ocurriese, claramente iban a odiarle—. ¿Puedo confiar en que no ingresarás en mi mente para averiguarlo?

—Por supuesto que sí. Prometí que no volvería hacerlo y voy a cumplirlo. Pero, por el bienestar del grupo y sobre todo por el de tu relación con Steve, sigo creyendo que debes dejar de mentir.

—Lo haré. En cuanto Steve regrese, todo esto acabará.

Dejando a Wanda sumergida en dudas, Natasha le dedicó un vistazo lastimero y con pasos lentos comenzó a alejarse.

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Tan pronto como abandonó el cuarto de Wanda y pudo adentrarse a su propia habitación, Natasha se tumbó con desesperación sobre la cama, sentía el cuerpo adormecido, no tenía fuerzas para levantarse, ni siquiera era capaz de terminar de hackear esas condenadas bases de datos.

La ausencia de Steve y James no le permitía hacer nada.

Si no tenía oportunidad de explicar el porqué de su mentira, jamás podría calmarse.

Ser consciente de que Steve estaba sufriendo por su culpa, era por lejos, una de las peores sensaciones que había experimentado en su vida.

Inhaló y exhaló varias veces. Estaba exhausta. Deseaba echarse a llorar como hace mucho tiempo no lo hacía, pero no podía.

No tenía permitido victimarse.

Con aquel pensamiento, Natasha volvió a encontrar fuerzas para incorporarse. Se sentó en la cama y con decisión acomodó el laptop sobre sus muslos.

Por mucho que desease ir tras Steve, debía mantenerse fría y aceptar que sus problemas personales eran menos importantes que sus responsabilidades con el grupo. Si no terminaba su labor con las bases de datos, podía exponer la seguridad de todos y ocasionar un problema aún más grave.

Respecto a Steve y James, lo único que podía hacer era resignarse y esperar. De cualquier manera, tarde o temprano tendrían que regresar.

No importaba qué tan difícil fuese la batalla que se estuviese disputando en su cabeza, aunque se sintiera confundida y estuviese a escasos segundos de caer rendida, debía ser capaz de cumplir con su deber.

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Al regresar, Bucky no recibió saludos por parte de nadie, pues en lugar de un simple «hola» o quizás un «¿todo bien?» Sam, Scott y Clint le dedicaron la mirada más incómoda que hubiese recibido en años.

Sin darle importancia a la presencia del trío, James atravesó la sala principal y con rapidez orientó sus pasos hacia el cuarto de la espía.

Necesitaba hablar con ella.

Apenas golpeó la puerta y esta se abrió desde el otro lado, Natasha no se contuvo de gesticular una mueca de alivio, no obstante, en cuanto se percató de la ausencia del rubio, aquel rictus desapareció por completo de su rostro.

—¿Y Steve?

—Él está bien.

—¿En dónde está? —preguntó, desesperada—. Necesito verlo.

—No creo que él quiera verte. Al menos no por ahora. Dale tiempo, necesita estar a solas.

«No creo que él quiera verte» «No creo que él quiera verte» «No creo que él quiera verte»

Aquella frase acababa de hacerle trizas el corazón.

Con la vista perdida y aún aturdida por la respuesta que Bucky le había entregado, Natasha negó con la cabeza.

Nunca había sentido tanta impotencia.

Que Steve hubiese buscado respuestas con Bucky, en lugar de hacerlo directamente con ella, le dolía bastante.

—Tengo que hablar con él. Por favor, James… —de manera suplicante, la espía lo tomó por el antebrazo—, dime en dónde está.

—No tengo idea. Estuvimos en el bosque, pero luego nos separamos.

—¿Qué? —le miró horrorizada—, ¿cómo que no sabes en dónde está?

—No, específicamente no lo sé, pero estoy seguro de que se encuentra bien.

Visiblemente molesta, Natasha soltó su brazo y con brusquedad se alejó un par de pasos.

—Si no sabes en dónde demonios está Steve, ¿cómo puedes estar tan seguro de que se encuentra bien?

—Porque en primer lugar, no es un idiota y sabe cuidar de sí mismo. En segundo lugar, solo necesita espacio para aclarar su cabeza y estar tranquilo.

Ignorando su argumentación y estando dispuesta a encontrar a Steve por sus propios medios, Natasha pasó tercamente por su lado. Sin embargo, su corta travesía no logró extenderse por demasiado tiempo, James la detuvo antes de que pudiese dar un nuevo paso.

—Déjame pasar…

Bucky la sostuvo por la muñeca.

—«Tranquilízate» —susurró en ruso.

Oírle hablar en ese idioma, —con aquel tono de voz autoritario y evidentemente cabreado—, la hicieron recordar sus peores entrenamientos en la Habitación Roja, pues por inercia, Natasha empalideció y dejó de moverse.

—Tengo que decirle la verdad, tengo que hablarle de su…

—Tienes que calmarte —rectificó, interrumpiéndole.

—¡Debo decírselo, no quiero seguir mintiéndole!

—Ahora no —profirió entre dientes—, no puedes.

—Era su hijo.

—Precisamente por eso —aflojó el agarre de su brazo—. No es adecuado que se lo digas ahora.

—¿Qué? —la pelirroja lo miró directo a los ojos—. Maldita sea, James, dime que no hablas en serio.

—Acaba de enterarse de lo nuestro y a duras penas lo está asimilando. Si llega a saber lo de su hijo, Steve simplemente entrará en un maldito colapso y no podemos permitirlo.

Natasha le miró sobrecogida, no podía creer lo que estaba escuchando.

—Es tu mejor amigo, ¿por qué demonios quieres seguir mintiéndole?

El soldado pareció perder su apariencia de hombre comprensivo, pues bajo un gesto lleno de fastidio, no pudo contenerse de pasar una mano por su cabello y soltar un bufido.

—No se trata de eso.

—Pues así es como se oye.

—Soy consciente de que esto suena horrible y que me oigo como un maldito manipulador, pero tenemos que pensar con la cabeza fría. Hay vidas que dependen de nosotros y si nuestros problemas personales comienzan a entorpecer el plan que tenemos contra Thanos, las consecuencias serán fatales. —Teniendo deseos de saltar por el ventanal más cercano, Natasha dejó de mirarlo, cerró los ojos y masajeó su frente de manera insistente. Sabía que tenía razón, pero no quería seguir escuchando—. Steve necesita concentrarse en luchar contra Thanos y nosotros también.

Para que James fuese consciente de que se encontraba a escasos segundos de mandar todo al diablo, apartó la mano de su rostro y con tosquedad alzó la mirada.

—No puedo más… —admitió, moviendo su cabeza en señal de negación—, no soy capaz de seguir con esto.

—Sé que es difícil, pero tienes que hacerlo.

Sin poder quitarse de encima esa asquerosa sensación de impotencia, Natasha apretó los puños con fuerza.

Una vez más, las circunstancias y el bienestar de otros la arrastraban a jugar sucio.

No era justo.

—No pensarías de ese modo si estuvieras en su lugar.

Aunque había pronunciado aquellas palabras con un tono de voz siniestro, Bucky decidió restarle importancia. Estaba estresada y claramente no pensaba con claridad.

—Deberías descansar un poco. —Bajo un gesto amistoso, posicionó una mano encima de su hombro—. En serio, descansa.

Percibiendo un nudo sobre la garganta, Natasha fue incapaz de seguir controlándose. Aunque fuese algo totalmente ajeno a Steve o a lo que estaba pasando, era el momento adecuado. Tenía que decírselo. Después de todo, era la única manera de hacerle entender que, bajo ninguna circunstancia, podían seguir ocultando algo como eso.

—¿Qué harías si te dijera que te ocurrió lo mismo que a Steve?

James no contestó. Ni siquiera mostró indicios de hacerlo, sabía que pretendía persuadirlo y no tenía intenciones de seguir discutiendo por lo mismo.

Lentamente apartó su mano del hombro de la espía.

Tal vez si la dejaba sola, tendría tiempo suficiente para entender que, de momento, guardar silencio definitivamente era lo correcto.

—Duerme, Natalia —volteó y comenzó alejarse—. Cuando Steve regrese, probablemente tenga deseos de platicar contigo y te aseguro que no será agradable.

—Íbamos a tener un hijo. —Tan pronto como la escuchó pronunciar aquellas palabras, el soldado detuvo sus pasos y bruscamente se tornó hacia ella—. Pudiste ser padre, pero la K.G.B mató a nuestro hijo.