Disclaimer: Los personajes pertenecen a Marvel & Disney. No tengo fines de lucro.


Capítulo XIII: No es verdad


Sin disimular la consternación que estaba sintiendo, James movió su cabeza en señal de negación. No podía creer que ella hubiese dicho algo como eso. Recurrir a una mentira tan vil, para sencillamente hacerle cambiar de parecer, le parecía inadmisible y, ante todo, despreciable.

Enfadado, apretó los puños y con pasos amenazantes volvió a precipitarse.

—No es verdad —susurró, mientras sus sienes palpitaban con desagrado y su corazón comenzaba a latir cada vez más fuerte—. Todas las aspirantes a Viuda Negra eran sometidas a un procedimiento que las dejaba incapacitadas para concebir. Sabes tanto como yo que la K.G.B se encargaba personalmente de eso.

—Lo sé, pero conmigo fue diferente. —Sin poder evitar recordar aquel horrible momento, Natasha fue incapaz de contener sus lágrimas por más tiempo—. Tenían otro propósito.

Mientras sus muñecas permanecían adormecidas y sus tobillos inmóviles —gracias a unas gruesas correas de cuero que se ceñían dolorosamente a su piel—, el siniestro doctor de la K.G.B empujaba la camilla que transportaba su cuerpo.

Por desgracia, el dardo que ese hombre incrustó en su cuello, causó un efecto bastante prolongado.

Aunque habían transcurrido varios minutos del ataque, aquella parálisis aún seguía presente en gran parte de su organismo. Pero por fortuna, el transcurso del tiempo no pasó en vano y sirvió para mostrar algunos avances positivos. Uno de ellos fue comenzar a sentir los músculos de su rostro, pues apenas se percató de que podía moverlos, Natalia no dudó en intentar recobrar su capacidad para comunicarse.

Su primer impulso fue abrir la boca, tragar una bocanada de aire y emitir un llamado de auxilio, pero apenas produjo un gemido agudo e incomprensible, supo que eso no sería tan sencillo.

De cualquier modo, gritar o pedir ayuda, ni siquiera deberían ser opciones que estuviese considerando en sus planes. Principalmente porque recurrir a ellas, sería un desperdicio de energía bastante inútil.

Después de todo, por muy aberrante o injusto que fuese, dentro de la K.G.B, nadie veía ni oía nada.

Sumergida en rabia e impotencia, comenzó a respirar pesadamente.

Los minutos seguían pasando y su desesperación continuaba avanzando.

Mientras las ruedas de la camilla rodaban con dificultad y emitían un chirrido exageradamente insoportable, Natalia sabía que estaba más cerca de ese fatídico destino.

Quiso gritar, embestir a ese maldito hombre y empezar a desmembrarlo con sus propias manos, pero aquello definitivamente no era una opción. Aún no podía moverse por completo y lo único que en esos momentos podía usar a su favor, claramente era intentar dialogar con ese condenado doctor.

Abatida y sin fuerzas, hizo su mejor esfuerzo por no decaer. Lo intentaría por última vez.

Por su hijo tenía que hacerlo.

Lentamente, separó los labios, movió la lengua y con gran esfuerzo logró modular un agónico, pero esta vez comprensible «Por favor, detente».

El ruso de barba frondosa y castaña, esbozó una sonrisa ladeada.

Petrov —su voz nuevamente sonó débil y temblorosa—, no lo hagas…

Veo que recuerdas mi apellido —musitó, mientras guiaba la camilla por un pasillo oscuro—. Eso es lindo.

Puedo llevármelo de aquí en cuanto nazca…—argumentó, desesperada—. ¡Juro por mi vida que no será una molestia para ustedes!

En tanto la ignoraba y dejaba de arrastrar la camilla, el médico se detuvo frente a una puerta blindada, junto a esta había un teclado numérico, un parlante y una pequeña pantalla.

Petrov oprimió unos cuantos botones y enseguida acercó su ojo a un costado de la pantalla. Al cabo de unos pocos segundos, una diminuta luz en forma de láser, comenzó a escanear su retina.

Una vez terminado ese proceso y al ver como la compuerta se abría, Natalia no pudo contenerse de mirarle con pánico.

El médico rápidamente empujó la camilla hacia el interior de la habitación, encendió la luz y sin perder más tiempo, comenzó a posicionarla en medio de lo que a todas luces parecía ser un salón de procedimientos quirúrgicos.

Por favor, no lo hagas.

Comprendiendo lo que ese desquiciado pretendía hacer, Natalia intentó liberarse de las denigrantes correas que la mantenían prisionera, pero en cuanto quiso mover una de sus muñecas y esta sencillamente permaneció quieta, sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas. Sabía que sus intentos por salvar la vida de su hijo eran inútiles, pero quería aferrarse a una mínima esperanza.

Por el fruto de su amor con James, necesitaba creer en un final diferente.

Haré lo que tú quieras…

A medida en que terminaba de lavar sus manos y procedía a secárselas, Petrov volteó.

Ya es tarde —comentó con desprecio, en tanto comenzaba a ponerse unos guantes de látex y organizaba los instrumentos que utilizaría para someterla a un aborto—, no puedo ayudarte.

Con todas lo hicieron antes, ¿por qué conmigo tenía que ser diferente? —preguntó, llorando con rabia—, ¿por qué esperaron a que me embarazara? ¿Por qué demonios son tan crueles?

Petrov puso los ojos en blanco.

Dios, debí darte una dosis más alta, no deberías estar parloteando de esta manera.

¡Respóndeme, hijo de perra!

Dedicándole un vistazo repleto de odio, el médico volvió a darle la espalda, se aproximó al mesón que contenía sus instrumentos de trabajo y sin mostrar un ápice de compasión, continuó concentrado en proceder con su labor.

Cogió un frasco de vidrio que contenía un líquido y por medio de una jeringa, rápidamente empezó a aspirar su contenido. Apenas la jeringa obtuvo la medida que necesitaba, regresó en sus pasos y de nueva cuenta se posicionó a un costado de ella.

Antes de que esta cosa te duerma y tu bastardo muera, voy a responderte —comentó, moviendo la jeringa siniestramente—. Es cierto, no te esterilizamos como a las demás, porque teníamos planes más ambiciosos para ti. Queríamos que albergaras el hijo de un individuo con habilidades superiores a las de un ser humano promedio. Con tu metabolismo perfeccionado, más esa increíble genética que posees, tú y ese hombre habrían tenido al niño perfecto.

¿De qué hombre hablas?

Da igual… ya está muerto. Solo fue un capricho que tuve. De todos modos, puedo asegurarte que no se trataba del Soldado del Invierno, pensábamos en alguien mucho mejor.

¿En quién? —cuestionó, pulverizándolo con la mirada.

¿Para qué quieres saber? —refutó, burlesco—. De cualquier manera ya no podrás ser la madre de ese niño perfecto, lo arruinaste en cuanto fornicaste con Barnes. Aunque, quién sabe… tal vez mi experimento algún día funcione.

Estás loco…

No, solo soy visionario.

Con el objetivo de inyectarla, Petrov enrolló una ligadura elastica alrededor de su brazo, al cabo de unos pocos segundos, Natalia percibió un pinchazo. La muchacha observó por el rabillo de su ojo como el líquido comenzaba a escurrir por medio de sus venas y comprendió que a partir de ese momento, lo único que lograría mantenerla con vida, sería ese profundo deseo de venganza que se estaba impregnando en lo más profundo de su alma.

Juro por mi hijo que voy a matarte —masculló, sin dejar de ver como el líquido ingresaba en su organismo y la vida de su bebé se tornaba cada vez más lejana—, sufrirás y me suplicarás que me detenga, pero no lo haré, te despedazaré.

No supo si era efecto del sedante o si su mente —de manera inconsciente—, le brindaba fuerzas para seguir adelante, pero en el interior de su cabeza, estaba comenzando a vislumbrar una vida de ensueños.

Fantaseó con un día soleado, una casa bonita y un jardín repleto de flores.

Imaginó una niña de cabello rojo, similar al suyo, corriendo felizmente junto a un labrador vivaz y adorable. La pequeña reía y el can la seguía, le daba lengüetazos amistosos, para luego lanzarse sobre ella y juntos rodar encima del césped.

Al ver la escena, sonrió alegremente, sintió los brazos de James rodear su cintura y no tardó en voltear hacia él para besarlo en los labios.

—Tiempo después cumplí mi promesa —añadió entre sollozos—, en diciembre del año dos mil nueve, mientras trabajaba para S.H.I.E.L.D fui enviada a Rusia para ejecutar una misión de encubierto. Fury me ordenó regresar en cuanto la cumpliese, pero no pude hacerlo. Busqué a Petrov incansablemente y cuando lo encontré, no dudé un segundo en vengar la muerte de nuestro hijo.

Siendo arrasada por un torbellino de emociones, cuyo único propósito parecía ser destruirle, Natasha se sostuvo del muro que aguardaba su espalda. No se había percatado de que estaba llorando, lo hacía con tanta fuerza que su cuerpo apenas podía soportarlo, era como si todas las lágrimas que estuvo reprimiendo durante años, hubiesen decidido salir en ese preciso momento.

Siendo consciente de lo afectada que se encontraba, decidió cubrirse los labios con la palma de su mano. No quería que el resto del grupo la oyera e interrumpiesen lo que estaba ocurriendo.

Tenía que calmarse.

Lentamente alzó la cabeza, miró a Bucky con los ojos llorosos y la culpa no tardó en impregnarse dentro de su pecho.

Avergonzada y asqueada de tanto individualismo, debió admitir que tener la posibilidad de liberarse de aquel secreto, fue mucho más sencillo que ponerse en los zapatos de James. Durante mucho tiempo pensó en su propio dolor, pero de manera egoísta, nunca se detuvo a reflexionar sobre lo que él sentiría al conocer la existencia de ese hijo.

Sin atreverse a interrumpirle, Barnes había escuchado su relato en absoluto silencio. Aún seguía inmóvil, con la vista perdida y prácticamente ajeno a su presencia.

Su mente, definitivamente yacía en otra parte.

Bucky nunca consideró la paternidad como una prioridad, pero siempre pensó que un hijo era algo importante. Iba más allá de la capacidad de reproducirse y dejar descendencia, al menos para él, se trataba de algo evidentemente más serio. Ese bebé representaba la existencia de un amor frenético y verdadero. Era el producto de una relación clandestina y prohibida que, en algún momento, fue real y representó lo más valioso de su vida.

Ese niño o niña, pudo ser la prueba viviente de que su amor con Natasha existió.

Pudo demostrar que sólo fueron dos personas que sencillamente quisieron amarse.

Pudo ser un incentivo, una razón para escapar de la K.G.B e intentar ser mejores.

Bucky apretó la mandíbula.

Ese hijo pudo cambiar el destino de muchísimas cosas…

Tan pronto como su mirada entró en contacto con la espía, James no resistió verla por demasiado tiempo. Apretó los puños y cobardemente desvió la vista hacia el suelo.

No soportaba mirarla y ser consciente de que había sido incapaz de protegerla.

Le habían arrebatado muchísimas cosas en su vida, pero ninguna sensación de las que experimentó con aquellas injusticias, podía compararse con la que estaba sintiendo en ese momento.

Perder un hijo, era literalmente perder un pedazo de sí mismo.

Presintiendo que su interlocutor se encontraba a escasos segundos de colapsar, Natasha no dudó en avanzar un paso hacia él, estaba a escasos segundos de abrir su boca para decir algo que resultase reconfortante, pero en cuanto escuchó un par de golpes tras la puerta, no tuvo más alternativa que guardar silencio.

Mientras maldecía la interrupción y espetaba una grosería en voz baja, la espía se limpió las lágrimas del rostro. Disimuló su expresión abatida y rápidamente decidió abrir la puerta.

—Sam… —siseó, frunciendo el ceño—. ¿Qué ocurre?

—Steve acaba de regresar y no creo que sea bueno que los encuentre aquí dentro.

Antes de que Romanoff pudiese procesar aquellas palabras, Bucky pasó por su lado, apartó a Sam de la puerta y velozmente abandonó la habitación.

—¿Y a este qué diablos le pasa ahora? —preguntó, desconcertado.

De manera inconsciente, toda la atención de Natasha se centró en el camino que tomó su ex pareja.

Nunca, absolutamente nunca lo había visto reaccionar de ese modo.

—Nada, no le sucede nada… —mintió—. Gracias por avisarme.

En tanto realizaba un gesto con la mano y sutilmente le invitaba a salir de su cuarto, Sam entornó los ojos. No era tan idiota como ella pensaba, claramente esa contestación había sido falsa y pesimamente improvisada.

De cualquier modo, eso no era asunto suyo.

En cuanto Falcon dejó la habitación y ella volvió a quedar sola, no dudó en precipitarse a la cama. De nueva cuenta se tumbó encima del colchón, cogió un almohadón, lo puso sobre su cara y con el propósito de no ser escuchada, cubrió un grito repleto de rabia.

No podía. No podía decirle a Steve que Sharon murió embarazada. Bucky había visto la crueldad de manera mucho más explícita que él y una verdad de las mismas proporciones acababa de destruirlo.

¿Si James era incapaz de lidiar con algo así, cómo podría hacerlo Steve?

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—Extrañaba cocinar contigo... —admitió a medida en que le dedicaba un vistazo de soslayo y sus labios se curvaban en una media sonrisa. Verlo intentar perfeccionar sus habilidades culinarias, le resultaba divertido y muy enternecedor—. Creo que durante estos meses, olvidé cómo se sentía disfrutar las cosas simples de la vida.

Con el propósito de distraerse y ocupar su tiempo en algo útil, Wanda y Visión decidieron encargarse de la cena. Podía parecer superficial y estúpido, pero en realidad era todo lo contrario. Habían sido víctimas de un día bastante ajetreado, estaban estresados y, —a criterio de ambos— era muy necesario que cada miembro de esa casa, tuviese un pequeño instante de calma.

—También yo —respondió, cortante.

Confundida y sin comprender el porqué de su actitud, Wanda dejó de prestarle atención a la pasta que cocinaba.

Había estado tan concentrada en realizar su respectiva labor, que ni siquiera notó lo callado y ausente que se encontraba Visión.

Frunció el ceño, preocupada.

—¿Ocurre algo?

—No, nada… sólo pensaba.

—¿En qué pensabas?

Con expresión seria, Visión enfocó sus ojos azules sobre ella.

—Pensaba en lo ocurrido esta mañana, sé que te incomodé con lo que dije. Lo siento, no debí hacerlo.

Sintiéndose culpable, la chica inmediatamente descendió la mirada.

Era cierto. Hace algunas horas, Visión se armó de valor y le hizo una confesión bastante directa, pero si era franca, debía admitir que ni siquiera le dio importancia. Había estado tan preocupada en resolver sus propios asuntos que apenas lo estaba recordando.

«Eres una basura muy egoísta, Maximoff» se reprochó internamente.

—Oye —susurró, acariciándole un brazo—, no tienes que disculparte por eso. No hiciste nada malo. De hecho, la única que debería pedir perdón aquí, soy yo. Me dijiste algo muy serio y lo único que hice fue ignorarlo. En verdad lo lamento…

—De cualquier manera, no era el momento adecuado para hacer ese tipo de declaraciones.

—¿Por qué no? —inquirió, mirándole con una sonrisa coqueta.

Tras ver que Visión no respondió de la misma manera, Wanda lentamente borró su sonrisa.

Obviamente estaba enfadado.

—Ya veo —comentó, desanimada—, sigues molesto…

—No, no estoy molesto.

—¿Entonces qué te ocurre?

—Escuché tu discusión con la agente Romanoff.

Ahora fue Wanda quien enserió todas las facciones de su rostro.

—¿Qué?

—Te escuché hablar con Natasha Romanoff —repitió.

La castaña tragó saliva.

—¿Qué parte oíste? —cuestionó, hablando demasiado rápido.

—Todo.

—¿Todo? —preguntó, un poco molesta.

—Me temo que sí. Lo siento.

Tratando de ocultar su nerviosismo, Wanda volvió a posar sus ojos sobre la olla humeante que contenía la pasta.

Si Visión escuchó toda su conversación con Natasha, aquello solo podía significar una cosa.

—¿También escuchaste sobre… —guardó silencio unos momentos, ni siquiera se sentía capaz de preguntarlo—, sobre mi relación con…?

—Con el sargento Barnes —secundó, arqueando una ceja.

«Jodida mierda» pensó, acongojada.

—No quería que te enteraras de esa forma.

—Ni yo, habría preferido que me lo contaras tú misma.

Apartando sus pupilas de ella, Visión tomó el mango del sartén que estaba utilizando, con su otra mano cogió una cuchara y rápidamente se animó revolver la salsa.

—En serio te lo iba a contar —insistió, angustiada.

—Tranquila, podemos hablar de eso más adelante —habló, interrumpiéndole—. ¿Quieres probar? —prosiguió, estirando la cuchara hacia ella.

Sin poder ocultar su confusión, la joven negó con la cabeza.

Si no deseaba oír su justificación, honestamente no entendía por qué demonios había mencionado el tema.

—Escucha, de igual modo quiero que sepas que mi relación con Bucky se terminó —inspiró hondo. Ni siquiera ella misma estaba segura de eso—, es más, nunca empezó.

—Está bien. Te creo.

Y aunque sonó como alguien comprensivo, Wanda sabía que en el fondo, Visión seguía fingiendo.

Ser consciente de su relación con Bucky, definitivamente no le estaba gustando.

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Aunque se esforzaron por generar un instante de unión y calma, la cena no resultó precisamente de ese modo.

Que Steve decidiera regresar, no implicó necesariamente un gran cambio. En cuanto la puerta de su cuarto se cerró de manera brusca y audible, su fastidio resultó ser más que evidente. Ingresó tan cabizbajo y silente que parecía seguir ausente. No se detuvo a conversar con nadie e ignoró a cualquiera que se interpusiera en su camino, pues sin articular ni media palabra, Steve solo se limitó a orientar sus pasos hacia el segundo piso.

Natasha, por otro lado, ni siquiera respondió cuando golpearon su puerta y la invitaron a comer junto al resto.

Bucky, por supuesto, tampoco lo hizo.

En medio de silencios incómodos, la cena de igual modo se llevó a cabo. Sam, Clint y Scott permanecieron totalmente callados, a veces intercambiaban frases como: « ¿podrías acercarme la sal?» o « ¿en dónde diablos están las servilletas?», en un instante halagaron lo sabroso que estaba la pasta y la salsa, pero luego volvieron a guardar silencio. Visión, al igual que ellos, se encontraba en permanente mutismo, yacía frente a la castaña y no podía soportar ver esa expresión ausente que entristecía su cara.

De pronto sintió ganas de coger su porción y arrojarla en el basurero más cercano.

Wanda tenía la mirada centrada en uno de los lugares vacíos de la mesa y Visión podía apostar su vida a que ese sitio le pertenecía a Barnes.

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Cuando supo que Natasha acudió a Bucky para comenzar a desmantelar bases de Hydra, Steve se sintió desconcertado. No era normal que repentinamente decidiera hacer equipo con él, al menos no después de saber que su amigo le había disparado y que intentó asesinarla en más de una ocasión, pero aunque el capitán pensó en ello y concluyó que se trataba de algo bastante inusual, sencillamente optó por ignorarlo. Natasha tomaba decisiones tan abruptas y contradictorias, que en su momento, aquello no le pareció extraño.

Ahora sabía la verdad y se sentía como un completo imbécil, las señales habían estado ahí todo el tiempo, pero honestamente, jamás imaginó que los motivos de Natasha pudiesen sustentarse en el pasado.

Dime de una maldita vez, ¿por qué de todos los habitantes del planeta, tenías que recurrir precisamente a mi amigo?

Recurrí a Bucky porque él conoce las bases de Hydra mejor que nadie, eso es una ventaja por sobre el enemigo que yo no podía desperdiciar.

Antes de entregar esa respuesta, Natasha guardó silencio durante varios segundos.

Steve estaba enfadado y atribuyó el nerviosismo de la espía a ese motivo, pero ahora comprendía que en ese instante, ella ocultaba algo serio y claramente tenía miedo.

No me interesa —interceptó secamente—. Bucky no participará en esto.

¿Al menos podrías dejar que Barnes nos dé su opinión? Sé que detesta cuando otros deciden por él.

¿Cómo sabes eso?

Simple intuición

Gruñó con molestia.

Había sido tan idiota.

Se pasó una mano por la cabeza y con rabia presionó los dedos en medio de su cuero cabelludo.

Idiota y ridículamente fácil de engañar.

Sé que iniciar una relación con ella parece apresurado —comentó, avergonzado—. Más aun considerando que Sharon lleva muy poco tiempo muerta, pero…

No tienes que explicarme nada, Steve.

Si le hubiese dado importancia a la incomodidad de Bucky —tras enterarse que había iniciado en una relación con ella—, más esa inexplicable falta de decisión que tenía para aventurarse a estar con Wanda, o la extraña actitud que tomaba la espía respecto a cualquier tema que involucrase a su amigo, todo habría adquirido sentido y podría haberse percatado de la verdad hace muchísimo tiempo.

Después de todo, las señales habían sido bastante obvias.

Trató de digerir cada uno de sus pensamientos, pero se sentía demasiado sofocado y nauseabundo para entender lo que estaba ocurriendo.

¿Cómo podía sentirse traicionado si la última persona en llegar a esa historia había sido el mismo?

Cuando Natasha y Bucky iniciaron esa relación, todo el mundo le creía muerto.

Ella no lo conocía y él claramente no lo recordaba.

No sabían de su existencia y, al menos en ese aspecto, no había nada que pudiese reprocharles.

En un principio no lo entendió. Su sangre ardió y sólo tuvo deseos de huir lejos, pero a medida en que su ira fue disminuyendo, la racionalidad lentamente regresó a su cerebro.

De cierta manera, no tenía derecho a victimizarse, no le habían traicionado y si omitieron lo de su relación, definitivamente no fue con malas intenciones, podía empatizar con ellos y entender sus motivos, pero no podía ignorar su dolor, la grieta que esa mentira piadosa dejó en su corazón, jamás podría recomponerse.

Aturdido, molesto y herido, Steve desplazó la palma de su mano por toda la extensión de su cara.

No importaba cuántas vueltas le diese, si la angustia continuaba presente, no habría nada bueno que pudiese concluir al respecto.

Miró el líquido dorado que había dentro de su vaso y con un solo trago se aventuró a probarlo.

Lo único que hizo al llegar, fue acercarse al pequeño bar que estaba ubicado en la sala de estar. Se sirvió un poco de whiskey y luego se dirigió a su habitación.

Aunque su cuerpo había sido perfeccionado por aquel suero y ningún tipo de alcohol fuese capaz de embriagarle, Steve se conformaba con sentir un escozor ardiente sobre la garganta y el estómago. A veces deseaba volver a ser ese muchacho delgado y enfermizo que creció en Brooklyn, al menos él podía emborracharse y no tenía que conformarse con una simple sensación de ardor en el esófago. Ese Steve podía embriagarse y olvidarse del mundo con tan solo beber dos vasos de Whiskey.

No se arrepentía de ser quien era actualmente, tampoco extrañaba ser un mequetrefe insignificante que era absolutamente incapaz de lidiar con un simple resfriado, pero en momentos como esos, deseaba con toda su alma ser una persona normal.

Dejó el vaso —ahora vacío— sobre su mesita de noche.

Por más que quisiera dormir y su cuerpo estuviese totalmente exhausto, sabía que no podía hacerlo.

Aún tenía una charla pendiente.

Sin pensarlo demasiado, Steve decidió doblegar su orgullo. Rápidamente cogió su iPhone, buscó a la espía en el listado de contactos y no tardó en redactarle un mensaje.

Steve. 23:25 PM

«Tenemos que hablar. ¿Puedes venir a mi cuarto?»

Natasha. 23:26 PM

«Claro, iré de inmediato»

Lentamente se dirigió a la puerta, quitó el seguro y decidió dejarla entreabierta.

Tomó asiento en el borde izquierdo de la cama, dejó reposar los brazos encima de sus muslos y con la cabeza gacha, esperó a que la pelirroja apareciera.

Cuando ella finalmente entró a la estancia, Steve guardó silencio, permaneció cabizbajo y sin mostrar indicios de querer iniciar esa charla. Natasha intentó llamar su atención, mientras cerraba la puerta y carraspeaba, pero él ni siquiera alzó la mirada.

Sabía que si sus ojos la observaban, su voluntad estaba condenada a fracasar.

No podía arriesgarse a fallar.

—Puedo imaginar lo enfadado y traicionado que debes sentirte. En verdad lo lamento—notó como el cabello de Steve estaba ligeramente más largo, solía peinarlo hacia atrás, pero al estar con la cabeza gacha, unos cuantos mechones rubios caían sobre su frente y le impedían ver cualquier gesto que este hiciese. Tragó saliva. Aquello le inquietaba, ¿cómo podría seguir con eso si ni siquiera podía ver la expresión de su cara?—. Si quieres que me vaya, lo entendería completamente.

—Inspirar lástima no es tu estilo, Natasha. —Aunque su tono de voz sonó neutro y para nada ofensivo, Natasha no pudo evitar percibirlo como si fuese un reproche—. De todas formas no me sorprende, huir siempre es más fácil, ¿verdad?

Sí, huir era mucho más sencillo, por eso siempre había sido su estilo.

Se consideraba valiente en muchos aspectos, pero sólo hasta ahora entendía que su concepto de coraje era totalmente estúpido. Una persona valiente no huía de sus problemas, tampoco decía mentiras piadosas para concretar sus planes. Una persona valiente, aunque doliese, decía la verdad y aceptaba de frente las consecuencias que eso implicase.

Pero aunque resultase contradictorio, Natasha sabía que Bucky tenía razón. En esos momentos, seguir mintiendo era definitivamente su única opción.

Existían motivos de fuerza mayor.

—Espero algún día puedas perdonarme.

Con un deje de ironía, Steve esbozó una sonrisa.

—¿Sabes? Es curioso que lo digas —comentó, perdido en sus pensamientos—, el día en que Sharon murió, mencionó exactamente esas mismas palabras.

El sarcasmo de su sonrisa se transformó en seriedad repentina.

Luego de discutir con Bucky, había recordado a Sharon muchas veces durante el día, incluso visitó su tumba y se quedó varios minutos frente a ella, simplemente pensando en el porqué de esa frase.

¿Por qué debía perdonarla?

—De hecho, considerando que la engañé contigo, eso simplemente carecía de sentido. El único que debió pedir perdón fui yo —prosiguió, mientras ella lo escuchaba sin atreverse a decir nada—. Por eso aún sigo preguntándome, ¿por qué lo dijo? ¿Por qué me pidió perdón?

El corazón de Natasha comenzó a latir exageradamente rápido. Deseaba abrir la puerta y regresar cuanto antes a su cuarto, cada palabra que Steve pronunciaba, la tentaba a ser tenaz e irracional, pues deseaba cruelmente decir la verdad.

—Tal vez… —añadió, haciendo que Natasha cerrara los ojos con fuerza y se viese obligada a recordar las palabras de Bucky, «tenemos que pensar con la cabeza fría. Hay vidas que dependen de nosotros y si nuestros problemas personales comienzan a entorpecer el plan que tenemos contra Thanos, las consecuencias serán fatales» —, tal vez Sharon también estaba ocultándome algo.

Esa última frase la hizo sentir como si alguien estuviese estrujándole la garganta.

Deseaba gritar y usar sus propias manos para arrancarse el cabello a tirones.

—No puedo hablar por Sharon, pero sí puedo hacerlo por mí… —respondió finalmente—, si te mentí fue porque no me sentí capaz de compatibilizar la verdad con nuestros planes. Tan solo pensé que, por el bienestar de todos, simplemente debía omitir ciertas cosas.

—Es la excusa que todos usamos cuando somos cobardes —refutó, manteniendo la vista fija en el suelo—. Mentimos para proteger a otros, pero en el fondo, solo lo hacemos porque nos estamos protegiendo a nosotros mismos.

Con gesto dolido, Romanoff juntó el entrecejo.

Era consciente de su falta de honestidad y sus errores constantes, pero también sabía que en esta ocasión, no estaba mintiendo por beneficio propio.

—¿Es lo único que dirás al respecto?

No supo de dónde sacó coraje para decir algo como eso, solo sabía que no soportaba seguir lidiando con su indiferencia. Le había mentido durante años, era demasiado sospechoso que su única reacción frente a eso, tan solo fuese negarse a mirarla.

¿Acaso no diría nada?

¿Su pasado con James no le importaba?

—¿Al menos podrías mirarme y decirme en la cara que ya no confías en mí? —secundó, en tanto se aproximaba a él y se detenía a escasos centímetros de la cama—. Di que me odias, que soy una mentirosa y que jamás volverás a creer en mí, pero por favor, no te guardes lo que estás sintiendo.

En cuanto Steve decidió levantar la cabeza y finalmente se animó a posar la vista sobre ella, Natasha pensó que enfrentaría la mirada más hiriente que pudiese recibir en su vida, pero tras advertir que en sus ojos azules, no había rastros de rencor ni desconfianza, no pudo evitar sentirse aún más culpable.

En las pupilas de Steve, solo podía percibir el mismo sentimiento de siempre. Ese que no merecía:

Su amor.

—No podría decirte nada de eso, Natasha —sin dejar de observarla, Steve se puso de pie—, a pesar de todo, como compañera de equipo, aún confío en ti y quiero seguir trabajando contigo… —Esta vez fue la espía quien interrumpió el contacto visual, se sentía tan perturbada que apenas podía seguir respirando—. Incluso puedo decir que entiendo las razones que tuviste, pero…

—¿Pero qué? —preguntó, impaciente.

—No podemos seguir juntos —declaró con expresión seria. Natasha alzó la mirada bruscamente—. No mientras Bucky siga enamorado de ti.

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El remordimiento se negaba a abandonar su cuerpo, sentía que si no ofrecía una disculpa, sencillamente acabaría enloqueciendo.

En cierta forma, ella no le había mentido a nadie, tampoco debía sentirse responsable por haber revelado lo que ocurrió entre Natasha y Bucky. A fin de cuentas, si Steve terminó enterándose de todo fue por mera casualidad, el destino quiso que escuchase su conversación con Clint y que, lamentablemente la verdad saliera a la luz de esa manera, pero aunque hizo lo correcto y fue honesta con su amigo, Wanda no podía evitar culparse por lo que estaba ocurriendo. Después de todo, Natasha le reclamó algo muy cierto. Pudo haberse callado, pudo inventar una excusa y zafar de Steve como muchas veces lo había hecho, pero no midió las consecuencias y simplemente se inclinó por la opción menos conveniente para todos.

—¡Wanda!

—¡Qué! —exclamó, virando el rostro hacia Scott, quien yacía a su lado en medio de la cocina.

Ambos se estaban encargando de lavar los utensilios que habían ocupado en la cena.

—Creí que estabas sorda —replicó, irónico—. Te estoy hablando hace cinco minutos, pero literalmente pareces estar en otro planeta.

—Lo siento, es que no he dejado de pensar en todo lo que está ocurriendo.

—No puedes culparte por todo lo que pasa en esta casa, Wanda.

—Lo sé, pero esta vez fue mi culpa.

Scott entornó los ojos.

—Clint y Sam me comentaron algunas cosas y lo único que puedo concluir al respecto, es que no fue tu culpa —comentó, seriamente—. Esto partió por una mentira y tú no fuiste la que mintió. Es así de sencillo.

—Sí, pero no me correspondía decírselo.

—¡No, pero al demonio! Ya lo sabe y la vida sigue. ¿Acaso se lo estarán lamentando todo el tiempo?

La muchacha le miró con los labios ligeramente entreabiertos. A veces deseaba ser como Scott, si apreciara los problemas desde un punto de vista más práctico y menos dramático, definitivamente su vida podría ser más fácil.

—Tienes razón, pero realmente no sé qué hacer —susurró, mientras se apartaba del fregadero y comenzaba a secarse las manos con el trapo de la vajilla—. Siento que hice lo correcto, pero al mismo tiempo sé que lo arruiné y que debo disculparme.

—¿Es simplemente eso o estás preocupada por otra cosa? —preguntó, arqueando una ceja.

—¿Qué quieres decir con «otra cosa»?

—Bueno, básicamente quiero decir que te preocupa Bucky. —Wanda en respuesta sólo se limitó a desviar la vista hacia el piso. Detestaba ser como un jodido libro abierto—. Ya veo, así que definitivamente se trataba de él.

—No se trata solamente de él, es solo que todos empatizan con Steve o con Natasha, pero nadie piensa en James. De no ser porque le pedí a Clint que lo fuese a buscar a su cuarto para que bajase a cenar, nadie lo habría hecho. Además, cuando le dije la verdad a Steve ni siquiera pensé en que lo terminaría alejando de Bucky… él ya está solo y por mi culpa ahora será mucho peor.

—Creo que antes de suponer tantas cosas, deberías hablar con ellos —le sugirió, en tanto le arrebataba el paño de las manos y comenzaba a secarse las propias—. Si estuviera en tu lugar, partiría hablando con el que más me preocupa.

Wanda suspiró, claramente se refería a Bucky.

—No va a querer escucharme —profirió, recordando su discusión con la espía, estaba segura de que James tendría una actitud similar a la suya—. Ya debe estar enterado de que fui yo quien abrió la boca.

—¿Y qué más da si lo sabe? —refutó, cruzándose de brazos—. Eso no cambia nada, si quieres sentirte menos culpable, de igual modo tendrás que enfrentarlo. Debes hablar con él aunque no sea agradable.

—Me mandará a la mierda.

—Bueno si lo hace, al menos nadie podrá acusarte de no haber intentado hacer las paces.

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Aunque se había preparado mentalmente para un quiebre, Natasha no podía moverse, se sentía aturdida y débil, como si algo le estuviese aplastando el pecho y sus pulmones poco a poco comenzaran a quedar sin aire.

Se suponía que si Steve manifestaba intenciones de acabar con la relación, sería a causa de la falta de desconfianza que ella y James le provocasen, pero todo parecía indicar que sus motivos para alejarse eran completamente opuestos.

Insólitamente, Steve deseaba romper la relación para no lastimar a su mejor amigo.

Realmente era incapaz de entenderlo.

—¿Qué? —susurró, sin dejar de mirarle. Trató de borrar su expresión perpleja, en tanto sacudía la cabeza y se pasaba las manos por el rostro—. Si quieres terminar lo nuestro, porque ya no confías en mí, créeme, puedo entenderlo. En verdad, no es necesario que tomes a James como una excusa.

Rogers gesticuló una mueca de enfado.

—Luego de perdonar tu falta de honestidad y de explicarte que esto no se trata de confianza. ¿Sigues creyendo que solo estoy usando a Bucky como una excusa?

Natasha juntó el entrecejo.

El ambiente poco a poco se tornaba más tenso.

—¡Entonces no tiene sentido! —espetó, perdiendo la paciencia. Una cosa era lidiar con su enfado por haberle mentido, pero otra muy distinta era asumir culpas que no le correspondían. Steve estaba muy equivocado al creer que James aún profesaba sentimientos por ella, eso simplemente era un disparate—. Puedo apostar mi vida a que el paso del tiempo dejó atrás lo que alguna vez sentimos.

—Te equivocas… —replicó, haciendo que la pelirroja se tensara y no pudiese ocultar su nerviosismo—. Cuando le pregunté si aún sentía algo por ti, fue incapaz de responder. Simplemente me entregó evasivas y respuestas que yo no le había pedido.

—No sé qué te dijo, pero estoy segura de que lo estás malinterpretando.

—Desearía que así fuese, pero yo mismo vi su rostro cuando fue incapaz de negarlo.

—Tal vez estaba nervioso y no supo cómo reaccionar a tus preguntas… —mencionó, negándose a aceptar que las palabras de Steve fuesen ciertas—. Sea cuál sea el motivo, estoy segura de que tu interpretación es errónea.

¿Qué mierda tenía James en la cabeza? ¿Por qué diablos no admitió que la historia de ambos se encontraba en el pasado?

¿A qué estaba jugando?

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En su cerebro, el consejo de Scott resonaba fuerte y conciso. La voz de su amigo estaba cargada de razón, si en verdad deseaba disminuir su culpabilidad, no podía seguir comportándose como una cobarde quejumbrosa y miserable. Tenía que actuar y comenzar a enmendar lo que había hecho.

Con la mayor fortaleza que logró reunir, la castaña se dirigió a la habitación de Bucky, llevaba varias horas sin verle y estaba realmente preocupada. No sabía en qué condiciones podría encontrarle, ni cuál sería su reacción al estar frente a frente. Después de todo, acababa de tener una discusión con Steve y probablemente ya estaba enterado de que había sido ella quien reveló su pasado con Natasha, tenía muchas posibilidades de que la rechazara y la enviase al diablo, pero ante todo pronóstico, Wanda estaba dispuesta a soportar un recibimiento hostil.

En parte, sentía que lo merecía.

Dejando sus cuestionamientos de lado, se detuvo frente al cuarto de James y sutilmente depositó un par de golpes sobre de la puerta.

Mientras esperaba, la joven arqueó una ceja.

Un silencio extenso —que no parecía indicar nada bueno—, era la única respuesta que estaba obteniendo.

Se preguntó si estaba ahí, o si sencillamente la estaba ignorando.

Posó una mano alrededor de la manilla y lanzó un suspiro.

Considerando que el implicado era Bucky, probablemente se trataba de la segunda opción.

Sintiéndose preocupada, Wanda titubeó antes de abrir la puerta.

Era consciente de que James detestaba que entrasen en su cuarto, pero tenía que arriesgarse. Necesitaba verlo.

Finalmente se armó de coraje, giró el pomo y entró.

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—No es un error, Natasha.

Ella le miró con expresión angustiosa.

—No lo entiendo —murmuró, exasperada—. En estos meses, no ha sucedido nada entre nosotros para que él se confunda de esta manera.

—Lo sé, pero no puedo estar contigo sabiendo que él está sufriendo por esto.

—¡Pero no es justo! —espetó, fuera de sí.

—¡Tampoco es justo para él!

Mientras se mordía el labio inferior y se distanciaba un paso, la rusa negó con la cabeza.

—Esto significa que si lo hubieras sabido desde el principio, ¿jamás te habrías involucrado conmigo?

—No, no se trata de eso…

—¿Acaso perdí valor por estar con tu amigo?

Antes de contestar, Steve apretó la mandíbula. No podía negar que a su orgullo masculino le había dolido saber que Bucky la tuvo antes que él, pero no era tan miserable y machista como para considerarla un objeto.

Ella no era propiedad de nadie y que hubiese estado con otras personas antes de conocerlo, no cambiaba sus sentimientos en lo absoluto.

—No, no digas eso.

—¿Entonces por qué demonios quieres acabar con esto?

Se arrepintió tan pronto como lo preguntó. Después de todo lo que había hecho y la horrible mentira que aún le estaba ocultando, no tenía derecho a exigir respuestas de ningún tipo.

Si Steve ya no quería estar junto a ella, tan solo debía callarse y soportarlo.

—No se trata de hacer lo que yo quiera, Nat. Se trata de hacer lo correcto. —Previo a continuar, respiró profundo—. Para proteger a Visión, necesitamos estar concentrados y si estamos al pendiente de nuestra relación, definitivamente no podremos lograrlo.

Al menos tenía como consuelo saber que Steve, al igual que ella y James, compartía que el bienestar del planeta, era mucho más relevante que resolver sus asuntos personales.

—Está bien, no sigas. Entiendo —le interrumpió, haciendo un gesto con la mano—, olvida todo lo que dije. Tienes razón, no podemos actuar como si nada hubiera pasado.

—No, no podemos.

Por inercia, la fémina asintió con la cabeza.

En su tono de voz había una mezcla de incomodidad y tristeza.

—Lamento haberte mentido, Steve —«También lamento seguir haciéndolo». Por suerte, esa última frase solo resonó en su mente—. No suelo decir cursilerías de este tipo, pero estos días junto a ti han sido realmente maravillosos. —El capitán la observó fijamente, de pronto parecía atónito. Por parte de Natasha, nunca esperó escuchar algo como eso—. Solo quería que lo supieras.

Dicho aquello, la ex agente de S.H.I.E.L.D. asimiló que era momento de marcharse.

Le dedicó un último vistazo al hombre que amaba y con toda la entereza que pudo reunir, se volteó y comenzó a distanciarse.

Su relación con Steve solo fue un sueño que duró demasiado tiempo. Tarde o temprano tenía que despertar y asumir su triste realidad. Una mujer como ella, con un pasado sucio y cuestionable, nunca podría estar junto a un hombre intachable.

No se lo merecía. Jamás lo haría.

La redención no existía.

En el preciso momento en que se encontraba dispuesta a salir del cuarto, la mano de Steve se interpuso en su camino. Lo vio extender un brazo por encima de su hombro y cerrar la puerta con un movimiento sumamente impulsivo.

Quedándose inmóvil y confundida, Natasha tragó saliva.

¿Por qué demonios le impedía salir?

—¿Qué haces? —inquirió, sintiendo como Steve se apoderaba de su brazo y con brusquedad la obligaba a voltear.

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Él no estaba.

—Maldita sea… —susurró, inspeccionando la habitación.

A medida en que sus pupilas recorrían cada espacio de ese cuarto y su mente se llenaba de pensamientos pesimistas, un detalle consiguió llamar su atención.

La ventana estaba abierta y las cortinas danzaban como si hubiesen sido tocadas hace escasos segundos.

¿Acaso había escapado?

Wanda dio dos zancadas rápidas y en poco tiempo logró llegar a la ventana. Miró a través de aquel cuadro vidrioso y en cuanto sus ojos atisbaron la figura de James, ella no dudó en saltar por la ventana. Velozmente concentró energía en sus manos, mediante algunos segundos esta le permitió levitar en el aire y amortiguar su caída, gracias a eso consiguió llegar al patio.

En tanto aceleraba el paso y comenzaba a seguirlo, Wanda ignoraba que desde la primera planta, unos ojos curiosos habían captado sus movimientos, pues mientas corría tras los pasos del soldado, aquella mirada la observaba con persistencia y suma atención.

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A pesar de que él ignoró sus palabras y solo se limitó a someterla, ella no puso ningún tipo de resistencia cuando la apoyó por completo encima de la puerta, estaba tan sorprendida y confundida con su actitud, que ni siquiera sospechó que las intenciones de Steve fuesen besarla de semejante manera.

Mientras cerraba los ojos y tenía el rostro atrapado entre sus manos, Natasha no pudo evitar ceder al majestuoso contacto que Steve inició sobre sus labios.

No entendía a qué se debía ni por qué lo hacía, de cualquier manera, en esos momentos no estaba interesada en averiguar sus motivos.

Cuando abrió más la boca, su compañero no tardó en introducir su lengua, pues sin contemplaciones de ningún tipo, usó un ritmo sumamente lento y placentero para comenzar a invadirla.

A medida en que sus brazos se relajaron y sus manos comenzaron a enredarse en su pelo, Natasha sintió el ligero impulso de alejarse. Se sentía sucia y culpable…

Totalmente indigna de recibir su amor y ese beso.

Pero aunque estuviese mal, no podía parar. Si aquella sería la última unión que compartirían sus labios, era completamente incapaz de ignorarlo.

En medio del contacto, ambos rozaron las puntas de sus narices y tragaron bocanadas de aire para extender la duración del beso. Ninguno de los dos parecía querer acabar con eso, por instinto volvían a besarse, llevaban sus manos hacia distintos sitios de sus cuerpos y con dedos curiosos no dejaban de tocarse.

Rogers empleó exactamente la misma métrica para aproximarse a su zona pélvica y hacerle creer que las cosas irían más lejos, pero de un momento a otro, él simplemente frenó todo. Pues como si hubiese cometido el error más grave de su vida, Steve distanció las manos de su rostro, formó un gesto pensativo y retrocedió un paso.

Tras ver la expresión de su cara, Natasha no necesitó que dijera nada.

Lucía tan triste y derrotado como ella lo estaba.

—¿Por qué lo sigues haciendo?

La pelirroja le miró con gesto confuso.

—¿Yo? —refutó, ofendida—. Fuiste tú quien me besó.

—No hablo de eso.

—¿Entonces a qué te refieres?

—Cuando nos reencontramos, te dije que ya no era el mismo idiota que conociste hace algunos años. —De nueva cuenta, acortó la distancia que los separaba y se detuvo unos instantes frente a ella. Pretendía hacerle sentir intimidada y por la expresión que adquirió el rostro de Natasha, todo parecía indicar que lo estaba consiguiendo—. Sé que aún estás ocultándome algo.

Esta vez, el vuelco que se manifestó en su estómago fue realmente brusco.

La forma en que Steve la estaba mirando era completamente diferente, sus pupilas la observaban como si fuese un toro a escasos segundos de embestir.

Tenía que huir de ahí.

—N-no sé de qué hablas.

Se maldijo por titubear. Ella nunca lo hacía, pero frente a Steve —su tendón de Aquiles—, se sentía demasiado inquieta y desconcertada para disimular lo nerviosa que se encontraba.

«Maldita sea, Romanoff, solo sal de aquí»

—Creo que, debo irme —mencionó, en tanto retrocedía y comenzaba a distanciarse—. En verdad, lo siento...

Volviendo a impedir su salida, Steve la tomó de una muñeca.

—¿Sabes por qué te besé?

Debía empujarlo y seguir con su camino, pero la curiosidad y la tentación fueron más fuertes.

—¿Por qué? —averiguó, sabiendo que estaba cometiendo un error.

—Porque incluso cuando mientes, tus besos son diferentes.

Sin dejar de mirarle, Natasha negó con la cabeza.

—Basta, por favor no sigas con esto.

—Natasha, te lo suplico —imploró, mirándola con auténtica desesperación—. Esta situación me está enloqueciendo y necesito que seas honesta.

—Ya te dije todo lo que debías saber.

—Tú y yo sabemos que eso no es verdad —masculló, enrabiado.

La pelirroja agachó la cabeza y apretó los parpados con fuerza.

—Por favor, déjame salir.

—No necesito que digas mentiras piadosas para protegerme. Mentir no es un signo de amor —aunque la liberó de su toque, Steve no se apartó de ella—. Si es verdad que me amas, entonces sé sincera y podrás demostrarlo.

Con eso, la rusa olvidó las palabras de James y las terribles consecuencias que podrían desencadenar sus actos.

Steve tenía razón, mentir por protección no era un acto de amor.

Aunque intentasen ser profesionales y desplazasen sus sentimientos por el bienestar del grupo, ambos sabían que esa tregua no duraría por mucho tiempo.

Sus mentes ya estaban sumidas en la relación que compartían.

Ella mentía. Él desconfiaba.

Se amaban, pero también se estaban haciendo mucho daño y Natasha se sentía incapaz de soportarlo.

En Steve la verdad provocaría ira y odio. Era plenamente consciente de que todos esos sentimientos oscuros recaerían sobre su persona, pero estaba dispuesta a sacrificarse, creía que a largo plazo, la revelación de aquel secreto, en cierto modo, sería lo mejor para todos.

O… tal vez no.

Nerviosamente jugueteó con sus dedos.

Si no se atrevía a hacerlo, jamás podría averiguarlo.

Inspiró una buena cantidad de aire antes de proceder a expulsarlo por la boca.

—Es cierto… te he estado ocultando algo muy grave, Steve.

El rubio no se sorprendió, ningún gesto se manifestó sobre su rostro. Tan solo permaneció inerte y expectante a su declaración.

—Yo… —echó la cabeza hacia atrás, mantuvo la vista sobre el techo y apretó los labios—, maldita sea no puedo hacerlo.

Rogers suspiró, fastidiado.

Su paciencia se estaba agotando.

—Sea lo que sea, tan solo dilo…

La fémina se pasó ambas manos por la melena. Ojalá fuese así de fácil.

—Se trata de Sharon… —explicó finalmente. En esta ocasión, Steve no pudo mantener un rostro impasible. Pues tan pronto escuchó el nombre de su ex pareja, su cara no tardó en llenarse de dudas e incertidumbre—, y más específicamente, esto tiene relación con su muerte.

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—¡Bucky! —Él la ignoró y continuó caminando—. ¡Espera!

En cuanto pudo alcanzarle y cogerle de un brazo, Wanda se percató de que parecía estar completamente abstraído.

—¿A dónde vas? —preguntó, preocupada.

Su rostro estaba pálido y demacrado. Lucía desorientado, como si estuviese drogado o acabase de presenciar algo realmente traumatizante.

—A ninguna parte, sólo… —se encogió de hombros—, necesito… ya sabes, caminar un poco.

—¿Por qué huiste de mí?

—¿Qué? —replicó, turbado—. No yo... no estaba huyendo de ti.

—¿Entonces por qué diablos saltaste por la ventana cuando golpeé la puerta?

—Para ahorrarme camino y evitar la escalera —respondió con sarcasmo.

Wanda esbozó una sonrisa falsa.

—Si no querías hablar conmigo, no era necesario escapar por la ventana.

—No sé de qué hablas, ni siquiera escuché cuando tocaste la puerta.

—No te creo —refutó, sin soltar su antebrazo.

—Bien, no me creas.

Wanda le miró con expresión confusa.

¿Qué le pasaba?

Entendía que su discusión con Steve debió ser fuerte, pero estaba segura de que su estado distraído y aturdido, no se debía únicamente a eso.

—¿Estás bien?

Antes de contestar, Bucky se tomó varios segundos para meditar una respuesta.

—No, ni un poco.

Tan pronto como terminó de emitir aquella frase, sonrió amargamente, se zafó de su agarre y continuó con su camino.

Durante algunos minutos Wanda permaneció inmóvil, James denotaba un aura increíblemente vulnerable, daba la impresión de estar tan débil que incluso el roce de un pétalo de rosa podría llegar a lastimarle.

No podía dejarlo solo, no en ese estado.

.


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—Durante todo el tiempo que estuvo contigo, ella fue manipulada por Hydra. Lo descubrí el mismo día en que Sharon murió.

—¿Qué acabas de decir? —susurró, perplejo.

Llegó a creer que Natasha y Bucky ocultaban algo vinculado a la relación que habían tenido y que sus sentimientos por el otro, no estaban del todo enterrados, pero lo que acababa de oír, era definitivamente mucho peor.

—Me temo que, luego del Funeral de Peggy Carter, ellos se percataron del vínculo que se generó entre ustedes y decidieron usarlo a su favor.

Con expresión perturbada e intentando calmar la horrenda punzada que estaba comenzando a sentir en el interior de su cabeza, Steve empezó a masajearse la frente.

—Sí, pero ¿con qué propósito? —preguntó, sintiendo que la explicación de Natasha seguía estando incompleta—. Si usaron a Sharon como espía y la infiltraron entre nosotros para mantenernos vigilados, ¿por qué, a excepción de la noche en que ella murió, nunca atacaron?

La pelirroja tragó saliva.

Ya había cargado las balas, solo tenía que jalar el gatillo y disparar la verdad.

No podía dar marcha atrás.

—Atacarte no era el propósito que tenían —percibió como sus pulsaciones cardíacas se tornaban más rápidas—, ellos querían usarte, al igual que a Sharon.

—¿Para qué?

El nudo que había en su garganta pareció intensificarse.

—Querían quedarse con un niño que tuviese parte de tu composición genética, básicamente querían experimentar con tu hijo. —El semblante de Steve empalideció bruscamente, Natasha desvió la vista hacia el suelo para no verlo. Si seguía presenciando la forma en que su rostro se sumía en sufrimiento, sería incapaz de seguir con eso—. Pero cuando Hydra comenzó a desestabilizarse y el dominio mental de Faustus mostró severos signos de no estar funcionando, Sharon se tornó un problema.

En cuanto fue asimilando el trasfondo de esas palabras, su mente dejó de escuchar la voz de Natasha. Su cerebro solo parecía estar concentrado en recordar los últimos momentos que compartió con Sharon.

De pronto su actitud extraña y los malestares físicos que presentó en los días previos a su muerte, adquirieron sentido:

Había muerto embarazada.

Impactado y horrorizado por la trágica conclusión a la que estaba llegando, el capitán movió su cabeza en señal de negación.

—No… no es verdad. —Y Natasha volvió a oír esa frase. La misma que mencionó Bucky al enterarse de la existencia y posterior muerte de su hijo—. No puede serlo…

Tras advertir como las mejillas de Steve se empapaban de lágrimas, la pelirroja sintió su propia mirada cristalizarse.

»Dios mío… —pronunció con la vista perdida—, yo mismo la llevé a esa misión.

—Esto no es tu culpa.

—Sí, lo es…

—¡No! ¡No lo es! —farfulló entre sollozos—. Esta vez no permitiré que te culpes. Si quieres responsabilizar a alguien de esto, esa persona no eres tú, soy yo.

—¿De qué estás hablando?

—¡Yo lo sabía! ¡Sabía que Sharon estaba embarazada y no te dije nada! —Steve padeció esas palabras como si varios impactos de bala estuviesen perforando su pecho—. Pude impedir que ella y tu hijo murieran, pero en lugar de eso, te mentí.

La punzada que atacaba su cabeza se tornó persistentemente más dolorosa, se sentía perdido y débil. Natasha acababa de arrancar, escupir y pisotear su corazón con la peor crueldad que alguna vez hubiese podido imaginar.

—¿Por qué… por qué no me lo dijiste?

—Sharon iba a decírtelo después de la misión, ella me pidió que no te dijera nada para que le permitieras acompañarnos y yo estúpidamente accedí a eso.

—¿En qué demonios estabas pensando? —gritó, exasperado.

—No lo sé…

—¿No lo sabes? —masculló, mientras cogía sus brazos con impulsividad y fuerza bruta—. ¿Qué creías que pasaría si permitías que una mujer embarazada se enfrentase a una misión como esa?

—Lo siento —gimoteó, sin protestar por el trato tosco que estaba recibiendo—. En verdad lo siento.

—¡De qué me sirven tus lamentos si mi hijo y Sharon ya están muertos!

Sintiendo como si acabase de cometer un sacrilegio, le dio la espalda y la soltó de su agarre.

Estaba tan encolerizado que comenzaba a tener miedo de sí mismo.

Cerró los ojos y con un par de dedos apretó el puente de su nariz.

No. No podía perdonar algo como eso.

—Quiero que te vayas —profirió fríamente—. No quiero volver a verte nunca más en mi vida.