Disclaimer: Los personajes pertenecen a Marvel & Disney. No tengo fines de lucro.
Capítulo XIV: Te salvaré de estar conmigo
Dos meses después…
Angola, ciudad de Caxito, provincia de Bengo (África)
Terminando de atar las agujetas de sus botines, Wanda se levantó de la cama. Amarró su cabello en una especie de coleta y con pereza caminó hacia el otro extremo del cuarto.
En cuanto introdujo su mano en el bolsillo más pequeño de la maleta, sus yemas palparon el contorno de un papel doblado. De manera inconsciente sus dedos cogieron aquella hoja. Pensó en abrirla y atormentarse con su contenido, pero inmediatamente descartó la idea.
No la había conservado para eso.
Alejando esos pensamientos, volvió a introducir su mano en el interior de aquel bolsillo. Esta vez extrajo su celular y un par de audífonos.
Mientras lo encendía, con pasos lentos y relajados, regresó a la cama.
Apenas activó la pantalla pudo percatarse que tenía un amplio registro de llamadas perdidas, pero en lugar de revisarlas, ni siquiera les dio importancia, puso los audífonos en sus oídos, eliminó las notificaciones y rápidamente se dirigió al reproductor de música. Tenía un listado extenso de canciones, pero en menos de un minuto pudo localizar la que estaba buscando.
Wicked Game de Chris Isaak.
Fue su madre quien le enseñó esa canción cuando apenas tenía siete años. En un principio pensó que era la melodía más anticuada que hubiese oído en su vida, —los noventas se estaban acabando y artistas como Britney Spears o los Backstreet Boys solían ser los ídolos del momento—, por eso, apenas su madre le obligó a oír aquella canción, Wanda le espetó que se modernizara y actualizara sus gustos musicales, pero su progenitora en lugar de ofenderse, simplemente soltó una carcajada.
«Cuando te enamores, lo comprenderás. Escucharás esta canción, te acordarás de mí y también de ese chico que se ha robado tu corazón»
…
Alemania, ciudad de Hamburgo, Altona. (Hace dos meses)
Cuando se situó junto a él y comenzó a caminar a su lado, Wanda pensó que James haría hasta lo imposible por deshacerse de ella, pero en cuanto viró el rostro y reparó en su presencia, Bucky la miró con extraña satisfacción, como si acabase de hacer exactamente lo que esperaba que hiciera.
En un principio pensó que esa actitud era absurda, ¿si ya estaba enterado de que ella les había delatado, cómo demonios podía mostrase cómodo con su compañía? Era completamente insólito que no la estuviese cuestionando por haberse involucrado en asuntos que no le correspondían.
Lo único que podía explicar ese extraño comportamiento, era que Steve no la hubiese mencionado. Tal vez lo hizo para protegerla o porque sencillamente no deseaba involucrar a más personas. En realidad, ni siquiera lo sabía.
Repentinamente arrugó el entrecejo, iba caminando tan ensimismada en sus pensamientos, que apenas se estaba percatando de lo mucho que se habían alejado.
El pequeño lago del pueblo —que de pequeño no tenía nada—, se mostraba imponente y a la vez hermoso frente a sus ojos.
Su agua con tintes verdosos, proyectaba las siluetas de los diversos árboles que rodeaban su cuenca, también permitía exhibir el reflejo de la luna y las diferentes estrellas que iluminaban el cielo, incluso el muelle de madera que se extendía varios metros por la superficie del lago, lograba verse rústicamente agradable, pues aunque estuviese oscuro, su belleza no mermaba en lo absoluto.
La noche provocaba que, contradictoriamente el paisaje luciera aún más atractivo.
Cuando llegaron al país germano y se asentaron en un pueblito de Altona, algunos habitantes de la zona les hablaron de un «pequeño lago» que valía la pena visitar, Clint sonrió con amabilidad y dijo que algún día lo harían, pero aquello jamás pasó.
«Qué tontos» pensó, distraída.
Para cuando dejó de admirar el esplendor de la naturaleza, Bucky ya se encontraba caminando en dirección al muelle. Se detuvo frente a una banca —también construida con madera— y tomó asiento sobre ella.
Wanda sintió un poco de miedo cuando el muelle crujió con sus primeros pasos, no deseaba caer en las profundidades del lago y exponer sus horribles dotes en el nado.
En esos momentos, no estaba en condiciones de hacer el ridículo.
Sin detenerse, Maximoff continuó su camino hacia la banca y sin romper el silencio, tomó asiento a su lado.
—Acabo de enterarme que pude haber sido padre…
«Acabo»«de enterarme»«que pude haber sido padre»
—¿Qué? —musitó, perpleja.
En vista de que el lago no emitía olas y el único sonido que se interponía entre ambos, era el persistente e insoportable grillar de un insecto, Wanda había escuchado con absoluta claridad lo que Bucky había dicho, pero estaba impactada y sencillamente no podía creerlo.
—Cuando nos separaron, Natalia estaba embarazada y, por desgracia, la K.G.B lo descubrió. Obviamente el bebé nunca nació, para cualquier Viuda Negra, engendrar un hijo era algo que estaba estrictamente prohibido.
Mientras se llevaba una mano a los labios y cubría un gesto asombrado, no pudo evitar recordar el día en que jugó con la mente de Natasha. En sus recuerdos pudo apreciar una carga excesiva de sufrimiento y culpabilidad, emociones que en ese instante atribuyó a otras cosas, como a los asesinatos que le obligaron a cometer dentro de K.G.B o cualquier otro motivo que pudiese hacerla sentir de ese modo, pero jamás pensó que la principal causa de su dolor, fuese haber perdido un hijo.
Un hijo de James.
—Dios mío… —susurró en estado de shock—, no puedo creerlo.
Bucky tenía la vista perdida en algún punto del lago, como si estuviese imaginando el aspecto que podría haber tenido su hijo o cuán diferente sería su vida si nunca le hubiesen convertido en el Soldado del invierno.
Lucía destrozado.
—Lo siento tanto —dijo, apenada—. En verdad lo lamento.
—Tal vez me lo merezco —respondió, cabizbajo—, por todo lo que he hecho.
—No, claro que no.
Él no respondió. No solía interpretar el papel de la víctima, pero sentía que la muerte de su hijo era un castigo.
¿A cuántos hijos dejó sin padres o a cuántos padres dejó sin hijos?
Cerró los ojos.
Probablemente a cientos.
Wanda desvió la mirada. Estaba comenzando a experimentar nuevamente ese asqueroso sentimiento de culpa.
Cuando descubrió que Natasha y James se conocían, desarrolló sentimientos de desconfianza y celos hacia la espía, básicamente porque no podía tolerar que estuviese en una relación con Steve y al mismo tiempo ignorase su pasado con Bucky. Le costaba trabajo creer que eso pudiese llamarse amor, pero tras presenciar las horribles consecuencias que estaban teniendo aquellas verdades, entendía los motivos por los que Natasha decidió guardar silencio durante tanto tiempo.
—Esto es mi culpa —pensó en voz alta. James la miró, confundido—. Todo lo que ha pasado en este día de mierda ha sido mi culpa.
—No seas ridícula —dijo, restándole importancia—, ¿por qué esto tendría que ser tu culpa?
—Mientras platicaba con Clint sobre nuestra relación y también acerca de tu pasado con Natasha, no nos percatamos de que Steve estaba escuchando todo lo que decíamos. —Bucky enserió su semblante—. Cuando él preguntó si aquello era cierto, no dudé en decir la verdad.
A medida en que James la observaba y guardaba silencio, Wanda trató de mentalizarse para recibir una avalancha de palabras hirientes, pero apenas lo vio relajar sus facciones y acomodar su cuerpo en el respaldo de la banca, supo que su reacción no sería como la imaginó.
—Ya veo… —comentó, enarqueando una ceja—, efectivamente no fue Sam quien se lo dijo.
—¿Pensaste que Sam lo había hecho? —El soldado asintió, Wanda continuó mirándole con expresión desconcertada—. ¿No estás enfadado?
—¿Por qué habría de estarlo? Alguien tenía que decírselo. Después de todo, Natalia no habría tenido el valor de hacerlo y, francamente, yo tampoco.
Tratando de entender esa reacción, Wanda también decidió apoyarse en el respaldo de la banca.
Aquello la hizo sentir automáticamente más liviana.
—Creí que, reaccionarías de otra manera… —mencionó, sincera—. Incluso llegué a pensar que cuestionarías mis motivos y me acusarías de haberlo hecho por celos.
Ese comentario provocó que Bucky ladease el rostro y le entregase toda su atención.
Él también lucía notoriamente más reconfortado.
—¿Natalia se desquitó contigo, verdad?
—Sí, un poco.
—¿Un poco?
—Bueno, en realidad ella reaccionó bastante mal, pero me lo merecía. No debí involucrarme en esto, ni juzgarla por lo que ocurrió contigo —volvió a mirarle con expresión de arrepentimiento—. Ni siquiera puedo imaginar lo que debió soportar cuando la alejaron de ti y asesinaron a su hijo. —Con gesto estresado, Wanda desplazó una mano por su frente—. Maldita sea, me siento tan culpable.
—Deja de mortificarte, esto no es tu culpa. Tal vez no era el momento más adecuado para decir la verdad, pero tus intenciones no fueron malas.
Wanda se estremeció por completo.
—¿En verdad piensas eso?
Asintió rápidamente.
—Sé que en el fondo lo hiciste por Steve.
Mientras se sumían en un silencio que no parecía ser incómodo, la castaña esbozó una sonrisa y dirigió su mirada hacia el lago. Percibió cierto grado de melancolía tras sostener aquella conversación con Bucky, que él hubiese reaccionado de esa manera y no le juzgase por todo lo ocurrido, le resultó gratamente inesperado. En cierta manera, extrañaba charlar con él sin que hubiese una discusión de por medio.
Cuando la mano de Bucky se posicionó sobre la suya, logró salir rápidamente de sus pensamientos. Por instinto borró la sonrisa de su rostro y quiso apartarse, pero por más que lo intentó, Wanda fue incapaz hacerlo.
El tacto de sus dedos siempre le había resultado ardiente y magnético.
—Gracias… —siseó, mirándola con franqueza—, gracias por estar aquí.
Sentir su toque y oír su voz desde tan cerca, jamás había sido una buena combinación.
Trató de no desmoronarse, de pensar que aunque sus caricias se percibieran tentadoras, seguir aferrándose a la idea de amarlo, solo terminaría haciéndole más daño, pero aunque hiciera su mejor esfuerzo por mantenerse fría e inquebrantable, sabía que acabaría flaqueando. Pues sin importar lo estúpido y masoquista que fuese, sus pensamientos siempre terminarían siendo arrasados por lo que sentía hacia él.
—Lo he intentado, Bucky, juro que he tratado de hacerlo, pero no puedo… —tragó saliva—, no puedo sacarte de mi cabeza.
Durante un lapso que a la castaña le resultó interminable, Bucky la miró con fijeza y detenimiento, como si estuviese procesando sus dichos e intentase buscar palabras precisas para no romper su corazón, pero en cuanto el azul de sus ojos se concentró en el rojo de sus labios y una de sus manos lentamente se apoderó de un costado de su cuello, Wanda pudo estar segura de que James se sentía igual o peor que ella.
—Yo tampoco puedo hacerlo.
Antes de que pudiese reaccionar, Bucky se inclinó en dirección a su rostro, intensificó el agarre que tenía en su cuello y sin rodeos comenzó a besar sus labios.
Empezó mediante roces lentos y provocativos. No sentía la necesidad de ir rápido, por primera vez pretendía besarla sin sentirse culpable o inseguro de lo que hacía, porque a diferencia de sus primeros besos, aquel contacto no estaba siendo impulsivo en lo absoluto.
Era un beso excitante, pero al mismo tiempo, se percibía emotivo.
Como un reflejo fidedigno de lo que sentían por el otro.
El equilibrio perfecto entre atracción física y sentimental.
Wanda recibió el roce de su lengua como una invitación directa a arrojarse al lago.
Su beso la estaba incinerando.
Ansiaba desesperadamente gemir y respirar, pero no quería arriesgarse a mirarlo. Tenía miedo de que la estuviese observando con gesto culposo y que ese beso acabase como los anteriores.
No. No sería capaz de soportar otro rechazo.
Su corazón no podría con tanto.
Como si pudiese leer sus pensamientos, James detuvo el contacto.
—Wanda…
Su corazón se encogió. Con fuerza apretó los parpados y se negó a mirarlo.
—No, por favor no lo digas —murmuró, suplicante. Lentamente abrió los ojos—. No digas que esto estuvo mal…
—¿Qué? —preguntó, desconcertado. Luego entendió a lo que se refería, negó con la cabeza y procuró tranquilizarle—. No, no pretendía decir eso.
—¿Entonces?
—Solo quería decirte que, eres la única razón por la que sigo aquí.
Wanda le miró, incrédula.
—¿En verdad eres tú? —bromeó, tocándole la cara como si fuese una máscara.
Mientras Bucky se contagiaba con su risa y se distraía de lo que pretendía decir, Wanda tomó ventaja de ello para depositarle un beso pequeño. En respuesta, James la tomó por la cintura y acentuó la exquisita presión que ejercía encima de sus labios, pero luego de unos segundos, se contuvo.
Todavía tenía algo más que agregar.
—Me encantaría enviar todo al diablo e irme lejos de aquí —hizo una pausa breve—, contigo.
Sin poder ocultar su emoción, Wanda reinició el beso mientras llevaba una mano hacia su pecho.
Necesitaba sentirlo cerca de su cuerpo y cerciorarse de que aquello no fuese un sueño.
Después de todo, seguía pensando que era demasiado perfecto para estar ocurriendo.
Por encima de su camiseta tocó sus pectorales y con peligrosidad comenzó a descender hacia su abdomen, pero antes de que pudiese aproximarse hacia una zona más vulnerable, Bucky detuvo su mano.
Ella sonrió con gesto lascivo.
Si James la estaba sintiendo, eso definitivamente no se trataba de un sueño.
Para su satisfacción personal, lo que ocurría era bastante real.
—Entonces hagámoslo —habló, entusiasmada—, dejemos todo atrás y empecemos de nuevo.
...
—¿Lista para ir tras esos terroristas? —preguntó Visión, mientras entraba en la habitación del hotel en donde se estaban quedando.
Desde la cama, la muchacha se quitó los audífonos, le dedicó una media sonrisa y asintió.
—Antes de que Sam enloquezca, es mejor que lo hagamos. —Para que pudiese levantarse del colchón, su compañero le extendió una mano. Ella inmediatamente aceptó—. Vamos.
.
.
Estados Unidos, Nueva York, condado de Sullivan. (Granja de los Barton)
—¿En verdad es tan urgente que viajes hoy? —inquirió la esposa de Clint, mientras caminaba al comedor y tomaba asiento en frente de Natasha.
Tras su madre, el pequeño Nathaniel —de aproximadamente dos años—, se acercó con pasos tambaleantes y descoordinados hacia la mesa. Estuvo a punto de perder el equilibrio y caer de espalda hacia el piso, pero logró impedirlo tras apoyar su manita en la pierna de Natasha.
Ella le miró con ternura e inmediatamente decidió cargarlo en sus brazos.
—No, no es urgente —dijo en tanto sentaba al pequeño encima de sus muslos—, pero a diferencia de Clint, sigo siendo una prófuga de la justicia y no quiero ser un problema para ustedes.
—No eres un problema y lo sabes —contestó—. Hasta el momento, hemos podido ocultarte y lidiar fácilmente con las visitas del FBI.
—Lo sé, pero es mejor prevenir que lamentar.
La espía, cuyo cabello ahora era rubio y lucía notoriamente más corto, besó la mejilla regordeta del infante, Laura sonrió con melancolía.
—Los niños te extrañarán mucho.
—Y yo a ellos —comentó, triste—, pero la tía Nat aún tiene muchos asuntos pendientes.
En cuanto oyeron unos pasos acercarse, ambas voltearon.
Clint las miró, exhausto.
—¿Fue muy difícil? —preguntó Laura.
Él se encogió de hombros.
—No fue fácil, pero lo conseguí. Lila y Cooper finalmente están ordenando sus cuartos.
En tanto se acercaba a la mesa, Clint tomó asiento a un costado de su esposa.
—Diablos —espetó, haciendo un gesto incómodo—, me pregunto si Scott también lleva una maldita tobillera de vigilancia… son tan desagradables.
—Al menos no tiene micrófono —le consoló su amiga—, en caso de tenerlo, ya me tendrían tras las rejas.
—Tasha, respecto a eso, pienso igual que Laura. No es necesario que te vayas tan rápido.
—Llevo dos meses aquí, es suficiente.
—Pero…
—No insistas, Barton —le interrumpió, sonriendo de medio lado—, sabes que soy testaruda.
El ex agente de S.H.I.E.L.D. lanzó un suspiro.
—Dios, no puedo creer que sigas empecinada con encontrar a Faustus…
—¿Y por qué no? —refutó, arqueando una ceja—, ¿acaso olvidaste lo que nos hizo?
—No, pero asumo que en este instante, tenemos un enemigo mucho más poderoso que ese demente.
—¿Te refieres a Thanos? —comentó en tono mordaz—. No seas iluso, Clint. Han pasado meses y hasta el día de hoy, ningún ente extraño ha intentado atacarnos.
—¿Y qué dices de Visión? ¿Se atacó a sí mismo? —musitó, irónico.
—No, pero tal vez su ataque fue un hecho aislado y sin relación con Thanos.
Laura y sus orbes de color avellana captaron cierto grado de tensión entre su marido y su amiga.
Claramente necesitaban un instante a solas.
En silencio, se levantó de la silla y se aproximó a la espía.
—Creo que Nathaniel debe ir por su biberón —comprendiendo las intenciones de Laura, Natasha depositó un beso pequeño sobre la frente del niño, luego extendió los brazos y se lo entregó. La castaña tomó la diminuta mano de Nathaniel y simuló un gesto de despedida hacia ellos—. Adiós, papi. Adiós, tía Nat.
Tanto Clint como la ex pelirroja sonrieron, enternecidos.
A medida en que Laura y el niño desaparecían de la estancia, el arquero no tardó en retomar la charla.
—¿Crees que por tener el cabello tinturado de rubio los agentes de Hydra no te podrán reconocer?
—Mi cambio de apariencia es para los federales, los de Hydra me dan igual, puedo lidiar con ellos.
—No, tú sola no podrás.
En forma ansiosa, Natasha tamborileó los dedos sobre la cubierta de la mesa.
—No lo haré sola.
Con sorpresa, Clint alzó las cejas.
—¿Acaso tú y Steve se volvieron a contactar?
Oír el nombre del rubio provocó que su estabilidad emocional se rompiera.
Ese hombre atormentaba su cerebro en forma desgarradora.
Aunque habían pasado dos meses desde la última vez que le vio, Natasha se sentía incapaz de superarlo. La forma en que su relación acabó, hizo que su corazón se redujera a escombros. Se había enamorado como una estúpida y pese a estar a kilómetros de distancia, el sentimiento no parecía cambiar en lo absoluto.
Lo extrañaba con toda su alma. Pero no podía retroceder el tiempo y enmendar sus errores, Steve jamás iba a olvidar lo que había hecho.
—No —profirió, luego de un largo silencio—. Steve, Sam, Wanda y Visión están trabajando por su cuenta, pero ya sabes, sus métodos pulcros y moralistas no son tan efectivos como los míos.
—Lo siento —respondió, sintiéndose estúpido—, no quise incomodarte con lo de Steve, solo pensé que él…
—Descuida, yo tampoco sabía que era tan orgulloso —dijo, con la vista perdida en algún punto de la pared—, pero supongo que merezco su rencor. Le mentí y lo lastimé mucho.
Clint se contuvo de mirarle con expresión compasiva, Natasha detestaba provocar lastima o verse débil y él no deseaba incomodarla, pero en ese instante, realmente lucía devastada y miserable.
A fin de cuentas, su relación con Steve no había terminado precisamente del mejor modo.
…
Alemania, ciudad de Hamburgo, Altona. (Hace dos meses)
La detuvo antes de que pudiese atravesar el umbral de la puerta. No pensaba dejarla ir en ese estado.
—Tasha, no hagas esto —pidió, mientras se aferraba a la correa de su bolso e intentaba arrebatárselo—, Steve solo está dolido. Sé que no lo dijo en serio.
—Lo dijo muy en serio, Clint. Me quiere lejos.
—¡Bueno al diablo con él! —gritó, fastidiado—. Me voy contigo, no pienso dejarte sola.
Con el ceño fruncido, Natasha le hizo un gesto para que bajase el tono de su voz.
—¿Estás loco? —inquirió, mirándole con enfado—. Steve necesita apoyo, no puedes irte y provocar que el equipo se separe.
—¡Al echarte del aquí, es precisamente Steve quien está separando el grupo!
—Baja la voz.
—¡No, no lo haré!
Entonces pasó lo que Natasha no deseaba que ocurriese, Steve descendió los peldaños de la escalera y en poco rato consiguió llegar al primer piso.
—¿Qué estás esperando, Clint? —aunque su voz denotaba calma, la expresión de su rostro no parecía indicar lo mismo—, adelante… vete con ella, no estás obligado a quedarte aquí.
Clint le miró, sorprendido.
Aquel hombre de expresión estoica y fría, no parecía ser el mismo Steve de siempre.
Literalmente se oía como si fuese otra persona.
—Steve, entiendo por lo que estás pasando, sé que es difícil enterarse de que tu mejor amigo y…
—¡No, no lo entiendes! —le interrumpió, alterado—. Tu esposa y tus hijos están a salvo. Sharon y mi hijo no lo están.
Un silencio incómodo y doloroso se posó en medio.
Clint miró a Natasha sin entender el porqué de esa acotación.
¿Acaso había dicho «mi hijo»?
—¿Qué pasa? —averiguó Sam, mientras él y Scott se sumaban a la charla—, ¿a dónde vas con ese bolso? —preguntó, apuntando a la pelirroja.
—Steve le dijo que se marchara —explicó Clint.
—¿Qué? ¿Por qué? —indagó Ant-Man.
—No, no fue así… —rectificó la espía.
—Sí, así fue —agregó Steve—. Y no tengo por qué explicarles el motivo. Es algo que solo nos compete a nosotros. Además, estoy seguro de que Natasha también necesita estar lejos y quien quiera irse con ella, es absolutamente libre de hacerlo.
—Pero, ¿qué hay de Visión? —refutó el arquero—. Tenemos que llevarlo a Wakanda y proteger esa gema.
—Puedo encargarme de eso.
—¿Y también te encargarás tú solo de ese tal Thanos?
—Oh vamos, Clint. —Esta vez fue Sam quien decidió intervenir—. ¿Todavía crees que esa cosa llamada Thanos existe? Podría apostar mi vida a que sólo fue una artimaña de Stark para mantenernos controlados. Si en verdad existiese, entonces ¿por qué demonios no nos ha atacado?
Natasha se acomodó un mechón de cabello tras la oreja. No podía negar que había pensado en lo mismo.
De cualquier manera, en esos momentos aquello le daba exactamente igual.
Ya no tenía fuerzas para continuar en ese lugar, el simple hecho de saber que Steve la quería lejos, la hacía sentir deseos de morir.
Quería correr y alejarse cuanto antes, pero apenas hizo amago de hacerlo, Clint volvió a retenerla mientras enganchaba una mano alrededor de su brazo.
—Espera, iré contigo.
—Ya te dije que no…
—Y yo dije que iré contigo —sentenció, decidido—. Después de todo, Steve y Sam parecen estar bastante seguros de lo que hacen, ¿verdad, capitán?
Sin ánimos de seguir discutiendo, el aludido solo se limitó a asentir con la cabeza.
—Espero tengan buen viaje.
Tan pronto como terminó de decir esas palabras, dio una media vuelta y comenzó a distanciarse. Todo parecía indicar que su objetivo era volver a su cuarto, pero apenas Clint retomó la palabra y escuchó lo que dijo, Steve no dudó en frenar sus pasos.
—No me iré hasta que Wanda esté aquí, la llevaré conmigo.
—¿Por qué hablas de ella como si fuese un objeto? —replicó, molesto—. Si Wanda quiere irse contigo, lo hará por voluntad propia y no porque la estés obligando.
Barton sonrió con sarcasmo.
—Es bastante hipócrita que lo digas, estoy seguro de que Natasha se está yendo por obligación y no por voluntad propia.
—¡Basta, Clint! —Con expresión amenazante, la pelirroja se soltó de su agarre—. Steve tiene motivos de peso para detestarme y no querer verme.
—Deja de defenderlo, está actuando mal y alguien tiene que decírselo.
Rogers curvó sus labios en una sonrisa repleta de ironía, estuvo a escasos segundos de entregarle una respuesta, pero decidió no hacerlo.
Estaba exhausto y no deseaba seguir discutiendo.
—Ni siquiera sabes lo que pasó —continuó Natasha—, deja de entrometerte.
—¡Eso no es cierto! ¡Todos sabemos lo que pasó y es completamente injusto que debas marcharte por algo que ocurrió hace años!
—Mi relación con James no es lo único que oculté, hice algo mucho peor —profirió, enfocando sus pupilas sobre Steve—, deja de juzgarle, le hice daño y tiene motivos de peso para odiarme.
El rubio la miró, inexpresivo.
Ni siquiera parecía conmovido.
—Nat, ¿de qué diablos estás hablando?
—Clint, si vas a seguirme, ve por tus cosas y deja de jugar al justiciero. Sabes perfectamente bien que no necesito defensores.
Experimentó profundos deseos de gritarle que se fuera al infierno, después de todo, su paciencia tenía límites y Natasha se estaba comportando como una perfecta malagradecida, pero tras comprender el verdadero significado de sus palabras, Clint guardó silencio y comenzó a dirigirse a su habitación.
A ciencia cierta, desconocía lo que había ocurrido, pero aunque su amiga fuese culpable de algo horrible, sería incapaz de dejarle.
Haría su equipaje y se iría con ella.
…
Saber la verdad no cambió su lealtad en lo absoluto.
Natasha había cometido un error, pero Steve también se estaba equivocando al juzgarle por la muerte de Sharon. Mintió y su decisión tuvo consecuencias horrendas, pero ella no la mató.
No podían responsabilizarla por eso.
—En cuanto Steve lo supere, entenderá que esto no fue tu culpa, Nat.
—No creo que se pueda superar la muerte de un hijo.
—Deja de culparte por eso.
Lo que ocurrió entre Steve y Natasha no fue lo único que se quebró durante ese día. El grupo también corrió el mismo destino.
A pesar de su insistencia, Wanda decidió quedarse junto al capitán. Argumentó que lo hacía por Visión, básicamente porque deseaba participar activamente en su protección, pero Clint estaba seguro de que esa explicación se encontraba incompleta.
Visión no era su único motivo.
Mientras el grupo se destrozaba, la vio salir con Barnes. Tuvo intensiones de seguirla e impedir que estuviese a solas con él, pero en cuanto escuchó los gritos de Steve y Natasha, su atención se desvió de la joven.
Al final, el único que decidió sumarse a ellos y regresar a los Estados Unidos fue Scott.
No lo hizo con el propósito de apoyar a Natasha o algo por el estilo, su objetivo era entregarse a la justicia, pues según le habían dicho, los federales estaban ofreciendo cumplir una condena bajo arresto domiciliario y para él, aquello era una oportunidad perfecta para estar nuevamente con su hija. Clint, como esposo y padre de tres hijos, no dudó en sumarse al plan de Scott, pero la rusa no manifestó intensiones de ser amigable con la ley, cambió su tonó de cabello y optó por no abandonar la clandestinidad.
Desde un principio dijo que su estadía en el país norteamericano sería breve, pues además de no desear exponer a Clint —quien la escondía en su granja—, hizo hincapié en no detenerse hasta cumplir sus objetivos.
Con Steve o sin él, no pensaba renunciar a sus planes para hundir a Hydra y vengarse de Fausto.
—Bien… —retomó Clint—. Si no trabajarás con Steve, ¿entonces con quién lo harás?
—Con la misma persona que me ayudó a empezar con esto.
Mientras negaba con la cabeza, Clint se tomó el tabique nasal.
—No, dime por favor que no es él.
—Lamento decepcionarte, pero sí. Es él —inspiró un poco de aire—, es James.
Le miró completamente desconcertado.
—Pero, ¿no se supone que él está junto a Steve, Sam y todos ellos?
—En efecto, James viajó con ellos hasta Wakanda, pero solo estuvo ahí un par de semanas, luego escapó y, según tengo entendido, Steve, Sam, Visión y Wanda sólo se quedaron en Wakanda el resto del mes.
—¿Cómo demonios sabes todo esto? —Natasha abrió su boca para responder, pero en tanto hacía un gesto de manos, Barton le detuvo—. No, ni siquiera lo digas, ya puedo imaginar la respuesta.
—Tenía que mantenerme en contacto con James, estaba preocupada por él —explicó, mientras Clint la fulminaba con su mirada grisácea—. No deja de sentirse culpable y soy la única que puedo entenderlo.
—¿En verdad te contactaste con él solo por eso?
—¿Qué estás insinuando?
Con fastidio, Clint se puso de pie.
—Insinúo que hay una parte de tu historia con Barnes que aún desconozco —sin dejar de mirarle, apoyó ambas manos sobre la mesa—, ¿qué te une tanto a él?
Sus orbes verdes le observaron con tristeza.
No deseaba seguir hablando de su pasado, pero Clint merecía saber la verdad.
—Un hijo… —Barton la miró como si le acabase de arrojar un balde de agua fría—, un hijo que no nació.
Impactado por aquella confesión. Clint se dejó caer nuevamente en la silla.
No podía creerlo.
—¿A-alguien más lo sabe? —murmuró, sin salir de su estado de shock.
—Solo James. Se lo dije el mismo día en que abandonamos Alemania —expresó, pasándose una mano por la melena—. Por eso me contacté con él, estaba preocupada.
—¿Por qué esperaste tanto para decírmelo?
—No es que haya querido ocultártelo, las cosas simplemente se dieron de forma extraña —explicó con franqueza—. Cuando la K.G.B descubrió mi embarazo, impidieron que este llegase a término, eso provocó que me esterilizaran y borraran mis recuerdos. Pero cuando ocurrió lo de Ultrón y Wanda ingresó en mi cabeza, poco a poco comencé a recordar muchas cosas.
Desplazando un brazo a través de la mesa, su amigo le tomó de una mano.
—Eres la mujer más fuerte que conozco, Natasha.
—También la más desgraciada —replicó, sonriendo con amargura.
—Da igual. No importa lo que pase, lo que hayas hecho o lo que estés por hacer. Eres mi mejor amiga, mi hermana y siempre te apoyaré.
La espía ejerció un apretón ligero sobre su mano.
—Gracias, Clint.
.
.
Angola, ciudad de Luanda (África)
Recorriendo en forma ociosa el listado de sus contactos, Steve desplazaba su pulgar de arriba hacia abajo. Mantenía el cuerpo tendido a lo largo del sofá, con la vista fija en la pantalla de su celular y los diversos nombres que se encontraban en ella, no parecía estar buscando a alguien en concreto, pero su dedo siempre terminaba deteniéndose en el mismo sitio.
El número de Natasha.
Cuando su yema amenazaba con presionar la opción de llamada, rápidamente bloqueaba la pantalla y alejaba el iPhone de su alcance.
Por más que la extrañase o necesitase escucharle, no se sentía listo para enfrentar un momento como ese.
Aún la amaba, quería solucionar las cosas y lograr que ambos pudiesen perdonarse, pero no podía olvidar las horribles consecuencias de sus mentiras.
Desde el día en que se separaron, noche tras noche se martirizó pensando en lo ocurrido y aunque concluyó que Natasha no era una responsable directa, no podía ignorar que su honestidad pudo haberlos salvado.
De cualquier manera, también sabía que el error de la espía no fue lo único que provocó aquella desgracia. Si no hubiese engañado a Sharon con la esperanza de vivir un amor verdadero, ella jamás habría abandonado los Estados Unidos y actualmente estaría a salvo.
Cubriéndose los ojos con las palmas de sus manos, Steve trató de calmar sus pensamientos.
A veces deseaba volver a estar congelado.
—¿Wanda se comunicó contigo? —preguntó Sam, adentrándose al pequeño apartamento que habían arrendado en Luanda—. La he llamado un par de veces, pero no responde.
—A mí tampoco me responde, pero no estoy preocupado. Sé que ella y Visión están bien —contestó, sentándose en el sofá—, ¿y tú en dónde estabas?
Mientras dejaba las llaves en la mesa de centro, Falcon juntó el entrecejo.
—Te dije que iría de compras.
—¿Y en dónde están tus compras? —inquirió, viendo como su compañero venía con las manos vacías.
—Bueno, el dinero se nos está acabando y estamos en una de las ciudades más caras del mundo, así que opté por reservar nuestros ahorros para comprar algo de comida.
—¿Tan mal estamos?
—Deberíamos buscar un trabajo.
—Como si no tuviésemos suficiente con encontrar a Bucky o atrapar terroristas —refutó, cruzándose de brazos.
—¿Has hablado con Tony?
Steve le miró con reproche.
—No le pediré dinero…
—Bien, no doblegues tu orgullo, podemos seguir alimentándonos de sopa.
—Tranquilízate, estoy seguro de que aún tengo dinero en mi cuenta de ahorro.
—Pero no nos durará por mucho tiempo —respondió, desanimado—. Tal vez deberíamos considerar regresar a Wakanda.
Su estadía en el país del vibranium fue bastante breve. Como de costumbre, T´Challa se mostró amable y comprensivo, les ofreció hospedaje por tiempo indefinido e incluso les brindó un ejército completo para proteger a Visión. Todo parecía ir marchando relativamente bien, hasta que Bucky decidió desaparecer.
Su partida provocó que el grupo volviese a sufrir otra herida, Steve y él no se habían hablado en días, el capitán atribuyó su huida a ese motivo, pero en cuanto se percató de que Wanda parecía estar destruida, automáticamente pensó en otras teorías.
Pese a experimentar culpa, en un principio Steve sintió que no debía preocuparse, pues al igual que él, Bucky probablemente solo necesitaba distancia y tiempo. Claro, sostuvo esa teoría hasta que la ausencia de su amigo comenzó a tornarse permanente e irrevocable.
Por medio de conversaciones con Wanda, intentó averiguar los motivos de su partida, pero ella simplemente dijo que no le interesaba y que no tenía idea. Steve sabía que eso no era cierto, pero decidió no insistir. Trataría de localizarlo utilizando otros métodos.
Luego de haber estado un mes en Wakanda y no recibir indicios de un posible ataque por parte de Thanos, Steve comenzó a creer en las palabras de Sam y tomó la decisión de abandonar el país africano. Tal vez estaba siendo paranoico, pero no quiso arriesgarse a estar en un lugar en donde Tony pudiese atraparles, mucho menos si Bucky estaba desaparecido y propenso a un ataque. La forma en que se estaban dando las cosas eran demasiado sospechosas, no podía ser iluso y creer en buenas intenciones.
Sam propuso asentarse en un país del mismo continente, uno que no estuviese demasiado alejado de Wakanda, pues en caso de que Stark hubiese dicho la verdad y Thanos intentase atacar, sin mayores dificultades podrían regresar y resguardar a Visión. Para ello T´Challa les facilitó una especie de quinjet —que actualmente se encontraba en manos de Wanda—, gracias a dicho medio de transporte podrían movilizarse y regresar cuando lo estimasen conveniente.
Mientras Sam y él se dedicaban a intentar localizar a Bucky, Wanda y Visión se ocupaban de atrapar terroristas y diversos tipos que fuesen una amenaza para la seguridad local, Altona era un país con gran actividad criminal y evidentemente no había sido una elección al azar.
Aunque por causas obvias, realizaban sus actos heroicos desde la clandestinidad.
No en vano Wanda había aclarado su cabello, Visión lucía su apariencia humana o Steve se estaba dejando crecer la barba.
—¿Steve? —inquirió, moviendo una mano en frente de su rostro. El rubio le miró ligeramente aturdido—, ¿estás bien?
—Sí, lo siento. Solo estaba pensando.
—¿En qué?
—En todo, supongo.
Mientras se sentaba junto a él, Sam le dio una palmeada amistosa en la espalda.
—Encontraremos a Bucky, no debe estar lejos —articuló, en señal de apoyo—. Incluso he llegado a creer que nunca salió de Wakanda.
—Sí, tal vez…
El de apellido Wilson juntó el entrecejo.
En esos momentos, Bucky no parecía ser la mayor preocupación de su amigo.
—¿Por qué no la llamas? —comprendiendo que se refería a Natasha, Steve le observó como si acabase de decir algo prohibido—, no estoy diciendo que la veas y hagas como si nada hubiese ocurrido, solo digo que la llames y te asegures de que esté bien. Eso es todo.
—¿Por qué tendría que hacer algo como eso?
—Tú sabes esa respuesta mejor que yo.
Siendo incapaz de contener su enfado, Steve se apartó bruscamente de su lado.
—¿Acaso crees que no sé lo que hice? —espetó, mientras se ponía de pie—. Sé que la traté pésimo y que la culpé injustamente, pero sigo molesto.
—Tal vez es un buen momento para solucionar las cosas.
—Sam, por favor —con la mano, le dedicó un gesto de advertencia—, no empieces con eso.
—Lo lamento, cap, pero alguien debe decírtelo. Se ve a kilómetros que sigues pensando en Natasha —cogió el iPhone que Steve había dejado sobre la mesita de centro, luego estiró la mano y se lo entregó—. Llámala y deja de torturarte.
.
.
—Steve no va a creer lo que ocurrió —comentó Wanda, en tanto abría la puerta del cuarto y Visión le seguía los pasos—, ¿en verdad la encargada del hotel te permitió dejar el quinjet en la azotea?
—Sí, al parecer cree que somos millonarios.
A medida en que se sentaba en la cama y comenzaba a quitarse los botines, Wanda esbozó una sonrisa.
—Se va a decepcionar cuando vea la propina.
—Definitivamente lo hará.
La muchacha cogió su celular, buscó el nombre de Steve en el listado de contactos y rápidamente comenzó a redactarle un mensaje de texto.
Wanda. 21: 10 PM
«La guarida de aquellos tipos se encontraba absolutamente vacía. Lo único que pude rescatar fue un archivo en el cual se detalla la construcción de un arma hecha en base a tecnología chitauri, supongo que nos será útil».
Sin esperar una respuesta por parte de su receptor, Wanda apagó el smartphone.
—¿Y, si mejor les llamamos? —sugirió el de cabellera rubia—, podríamos explicar los detalles y analizar nuestros próximos movimientos.
—Vis, no hemos descansado desde que llegamos —se quejó, lanzándose de espalda hacia la cama—. Tan solo por un par de horas, ¿podemos parar?
Advirtiendo un rostro que a todas luces requería un instante de relajo, Visión asintió con la cabeza.
—Sí, tienes razón —profirió, tumbándose a su lado—. Un descanso no nos vendría mal.
Tan pronto como lo sintió acomodarse junto a ella, Wanda acortó la escasa distancia que tenían, pasó un brazo por encima de su torso y con delicadeza apoyó una mejilla sobre su pecho.
Pese a estar tenso, Visión por inercia la acunó junto a su cuerpo.
Antes de que el sargento Barnes decidiera marcharse, él y Wanda compartieron bastante, nunca les vio en algo que pudiese considerarse comprometedor, pero las actitudes de ambos eran sugerentes y dejaban mucho a la imaginación.
Aunque aquello le molestó y en más de una ocasión le produjo celos, Visión jamás realizó preguntas. En cierta manera, tenía miedo de confirmar sus sospechas.
Muy en el fondo, sabía que eran ciertas.
—¿Qué ocurrió con el sargento Barnes? —preguntó impulsivamente.
Mientras sus pupilas le miraban con nerviosismo y desconcierto, Wanda se apartó de su pecho.
—¿Por qué me preguntas eso?
—¿Qué te hizo? —secundó, sin darle tiempo de procesar el porqué de su interrogatorio.
Con expresión vulnerable, ella se volvió a recostar sobre su pecho.
—Algo que tú jamás me harías.
—No sé cómo interpretar eso…
—Me hizo daño —le confesó con voz temblorosa.
…
Wakanda (hace un mes)
En medio de la recepción del aeropuerto, mientras se paseaba de un lado hacia otro, Wanda esperaba que Bucky diese señales de vida.
Aún no podía creer que lo harían; finalmente dejarían todo atrás y huirían juntos.
De no ser porque en las manos, iba cargando sus pasaportes falsos, continuaría pensando que se trataba de un sueño. Había sufrido tanto por él y esa relación que, simplemente no podía evitar sentirse un poco insegura.
¿Realmente merecía ser feliz?
No era una blanca paloma y lo sabía. Podía apostar su vida a que aún tenía varias deudas con el karma, pero también pensaba que era momento de pensar en su propio bienestar. Incluso si aquello sonaba egoísta, Wanda estaba completamente dispuesta a sobrellevar las consecuencias. Si la obtención de su felicidad implicaba perder su amistad con Visión —quien con justa razón, se sentiría bastante decepcionado cuando descubriese que huyó junto a James—, con el dolor de su alma lidiaría con ello.
Pagaría el costo.
Una voz femenina, anunciando que el vuelo hacia Australia saldría en breve, la sacó abruptamente de sus pensamientos.
—Mierda —siseó, gesticulando una mueca preocupada.
Con rapidez, Wanda introdujo una mano en el bolsillo trasero de su pantalón, desde ahí extrajo su celular y por enésima vez revisó la hora.
«22:20 PM»
Bucky tenía cuarenta minutos de retraso.
Por inercia y sin poder ocultar su impaciencia, apresuradamente se dirigió a la sección de llamadas.
Estaba comenzando a inquietarse.
Durante una semana habían planificado ese momento, no era normal que se estuviese retrasando tanto.
Con dedos temblorosos comenzó a buscar su nombre en el listado de contactos.
Realmente no entendía el motivo de su tardanza.
Hace un par de horas había hablado con él y todo parecía marchar relativamente bien, ¿qué demonios pasaba?
En cuanto presionó la opción verde y su llamada comenzó a ejecutarse, una niña de origen afroamericano, de aproximadamente ocho años, se arrimó con expresión dulce hacia ella.
Sin apartar el móvil de su oreja, la castaña le miró con atención, pensó que la pequeña se encontraba perdida y le pediría ayuda, pero en cuanto la vio extender una especie de sobre, Wanda comenzó a inquietarse.
—Me dijeron que te entregara esto —dijo la niña.
Maximoff miró el sobre con cierto grado de recelo.
—¿Quién lo envía?
—No puedo decirlo.
Pensó en entrar en su cabeza y averiguar la respuesta por sí misma, pero tras recordar que se encontraba en un sitio público, rápidamente descartó la idea. No podía arriesgarse a asustarla y provocar un escándalo.
Sin estar muy segura de lo que hacía, finalmente decidió recibirlo.
Iba a preguntarle si sabía de qué se trataba, pero apenas sus dedos recibieron la carta, aquella niña giró sobre sus talones y se echó a correr lejos.
¿Acaso ese mensaje tenía relación con la tardanza de Bucky?
Deseando que se tratase de un mal entendido, decidió abrir el sobre y leer su contenido.
Wanda,
En el momento en que leas está carta, estaré lejos.
Sé que no entenderás el motivo de mi decisión y que estarás muy enfadada, pero a modo de consuelo, puedo decirte que para mí no será muy diferente.
Ahora mismo, mi cabeza está repleta de sentimientos confusos, quiero romper esta carta, seguir adelante con nuestro plan, tomar tu mano y dejar todo atrás, pero entonces recuerdo la llamada que recibí mientras hacía mi equipaje y me doy cuenta de que no estoy listo.
Sigo aferrándome a ella, a nuestra historia, al pasado…
Lo siento...
Tú no mereces eso.
La chica que ha estado dentro de mis recuerdos y ha decidido amarme a pesar de las horrendas cosas que ha visto, no merece recibir un amor de segunda mano. Mereces algo mejor y si debo renunciar a ti para que puedas encontrarlo, estoy dispuesto a hacerlo.
Ahora, probablemente no podrás entenderlo. Dirás que soy cobarde y me acusarás de estar huyendo, pero en el fondo, sabes que no se trata de eso.
Aunque me odies y no quieras volver a verme, te salvaré de estar conmigo.
—No… —musitó, mientras sus dedos temblaban y la carta resbalaba de sus nerviosas manos—, no…
Sintiendo que todo a su alrededor comenzaba a desvanecerse, Wanda negó con la cabeza.
Eso no podía ser cierto.
Bucky no sería capaz...
De manera inconsciente se agachó y recogió la carta, sus pupilas incrédulas volvieron a leer las malditas palabras que contenía ese papel y, aunque tuvo serios deseos de romperlo, se contuvo de hacerlo.
Una extraña adrenalina se apoderó de su cuerpo, pues sin ser realmente consciente de sus próximos movimientos, Wanda se echó a correr lejos.
No sabía a dónde iba ni por qué lo hacía, su mente se encontraba demasiado confusa e impactada para ejecutar cualquier tipo de razonamiento, en esos momentos, lo único que funcionaba en su cerebro, era una especie de voz interna que le aconsejaba huir de aquel aeropuerto.
En cuanto logró atravesar la recepción y la entrada principal, su vista comenzó a llenarse de lágrimas.
«No es real. No es real» pensó, atormentada «Él no sería capaz».
Poco a poco la adrenalina fue desapareciendo, sus piernas se detuvieron, sus articulaciones flaquearon y dejaron de sostener el peso de su cuerpo.
Arrodillada y con las manos empuñadas, Wanda se quedó mirando el suelo. Por supuesto que Bucky sería capaz de hacerlo.
…
Angola, ciudad de Luanda (África)
Aunque era bastante tarde, Steve no podía dormir.
Su mente estaba agotada, pero su cuerpo sumamente despierto, no parecía sentir lo mismo.
Como un depredador acechando a su presa, el consejo de Sam no había dejado de rondar sus pensamientos.
¿Realmente necesitaba llamarla?
Si ella no se había esforzado en intentar comunicarse con él, ¿por qué tenía que ceder primero?
«Tal vez porque la echaste y la trataste como una basura la última vez que se vieron».
Su propio raciocinio le hizo suspirar.
Con impulsividad, el rubio extendió un brazo sobre la superficie del buró y rápidamente cogió el móvil. Parecía decidido a ejecutar la llamada, pero tan pronto como leía las iniciales de su nombre en la pantalla, su valentía simplemente se esfumaba.
No podía negar que la extrañaba y que se sentía culpable, pero una parte de él seguía creyendo que debía mantenerse lejos. Su corazón aún estaba fragmentado en múltiples pedazos y tenía miedo de que su charla con Natasha terminase por quebrantarlo.
—Maldita sea… —siseó, molesto por su cobardía.
¿Cómo podía ser tan difícil ejecutar una llamada?
.
.
Estados Unidos, Pensilvania, ciudad de Harrisburg.
Cuando se comunicó con James y este no aceptó su propuesta, Natasha se sintió bastante decepcionada.
Bucky le había dicho que Faustus no era una prioridad y que debían encargarse de asuntos más serios. Ella inmediatamente mencionó que sabía en dónde podían capturar a quienes habían estado implicados en la muerte de Sharon, pero antes de que pudiese terminar de emitir aquellas palabras, Bucky ya había finalizado el contacto.
Aquello le hizo pensar que jamás volvería a tener noticias suyas, pero con el pasar de los días, recibió una llamada que la dejó sorprendida.
Finalmente, James decidió aceptar su propuesta.
En un principio se sintió feliz de contar con su compañía, pero en cuanto asimiló las consecuencias que tendría, cierto grado de angustia y arrepentimiento se alojó en el interior de su pecho.
Steve jamás apoyaría lo que estaba haciendo.
Tratando de alejar esos pensamientos, Natasha desvió su vista hacia el suelo.
Esta vez no se dejaría llevar por sus sentimientos, aunque costase, debía mantener a Steve lejos.
Mientras su celular emitía una alerta de mensaje, la ex pelirroja interrumpió sus pensamientos y se apresuró en ver de quién se trataba.
Clint. 13: 40 PM
«Te fuiste hace menos de tres horas, pero se siente como si fuesen años. Por favor avísame cuando hayas llegado a tu destino».
Esbozó una sonrisa melancólica.
Definitivamente iba a extrañar a su amigo y a su adorable familia, pero no podía decirles que ya se encontraba en su destino, Clint le había rogado que abandonase los Estados Unidos y no pensaba preocuparlo.
Aun sin acostumbrarse a su apariencia rubia, Natasha evaluó su imagen en el reflejo de la pantalla de su móvil.
Esperaba que James pudiese reconocerla.
Llevaba un vestido ceñido al cuerpo, un abrigo de color negro y un sombrero de estilo aristocrático.
Detestaba tener que fingir ser una mujer adinerada, pero no estaba en condiciones de vestir sus prendas habituales. Al menos no mientras fuese fugitiva y estuviese dentro de un país clasista.
Aun sin salir del aeropuerto, Natasha caminó en dirección al estacionamiento. Le había dicho a Bucky que se reunieran en Harrisburg, pues según sus contactos, Faustus y varios hombres de su séquito habían sido vistos en dicha zona. Aún no lograba entender qué diablos hacían en los Estados Unidos, pero suponía que no debía tratarse de algo bueno.
Al poco rato James le envió un mensaje diciendo que la recogería en ese sitio, pero no lograba verle por ninguna parte.
Como si hubiese leído sus pensamientos, un Mercedes-Benz clase C comenzó a aproximarse a ella. En cuanto el vehículo se detuvo en frente suyo y la ventanilla del conductor comenzó a descender, sus ojos se encontraron con los de James.
—Pensé que los soldados americanos eran puntuales —comentó, mientras se despojaba de sus gafas de sol.
—Y yo creí que eras pelirroja…
Natasha sonrió en forma satírica, había extrañado la complicidad que compartían. En cierta manera, agradecía que Bucky hubiese recordado su pasado junto a ella, pues ya no tenía que fingir indiferencia frente a uno de los hombres más importantes de su vida.
—¿No te comportarás como un galán de los cuarenta y me abrirás la puerta?
Ahora fue él quien sonrió con sarcasmo.
—Guarda tu equipaje —contestó, mientras accionaba un botón y se abría el maletero—, luego podrías apresurarte y subir antes de que me arrepienta.
Acababa de comprobar que James no deseaba superar la barrera del flirteo y eso le tranquilizaba.
En cierto modo, era reconfortante saber que podían mantener sus sentimientos a raya, indicaba que las cosas estaban claras.
Apenas terminó de poner su equipaje dentro del maletero, su smartphone comenzó a vibrar en forma insistente. Natasha rodó los ojos, probablemente se trataba de Clint, llevaba varias horas sin hablarle y debía estar preocupado.
Pensó en ignorarle, pero con prontitud descartó la idea, si hacía eso, aquel testarudo no la dejaría en paz.
Resignada a responder, la espía metió una mano dentro del bolsillo izquierdo de su abrigo y con distracción sacó el móvil de ahí, se encontraba a centímetros de contestar, pero en cuanto sus ojos leyeron el nombre de quien le estaba llamando, su dedo se quedó completamente paralizado.
«Llamada entrante de Steve»
