Disclaimer: Los personajes pertenecen a Marvel & Disney ©. No tengo fines de lucro.


Capítulo XV: Esta vez será para siempre


Desde el día en que James decidió abandonarle, Wanda juró que no volvería a derramar ninguna lágrima por él. A partir de ese momento, dejaría de mencionar su nombre, ni siquiera iba pensar en lo ocurrido, para ella, simplemente estaría muerto.

Sabía que no sería sencillo, porque aunque una parte de su corazón lo estuviese detestando, no podría quitárselo de ahí tan rápido, al menos no mientras Steve lo estuviese buscando y nombrando en forma constante. Para bien o para mal, debía asumir que Bucky estaba presente en la vida de sus amigos y, por ende, en la suya. Le gustase o no, tendría que lidiar con ello.

De cualquier manera, no pensaba renunciar a su propósito, iba a quitárselo del corazón aunque tuviese que soportar su presencia. Sería paciente y el tiempo haría el resto, poco a poco, su rencor terminaría asesinando el amor que alguna vez le profesó.

Para lograr su cometido y finalmente olvidarle, Wanda ocultó su dolor durante un mes. En un principio pensó que fallaría y no lo conseguiría, pero su voluntad se mantuvo fuerte y paulatinamente comenzó a superarlo.

O al menos eso quiso creer…

Porque cuando Visión preguntó qué había pasado y ella decidió decir la verdad, no pudo evitar pensar que había sido impulsivo e innecesario, pero al mismo tiempo, aquello resultó ser muy terapéutico. Que Visión la escuchase y no la juzgase, la ayudó bastante.

Nadie —demás de su fallecido hermano mellizo—, podía generarle ese nivel de confianza. Visión era su confidente y, en esos momentos, su mayor apoyo.

Le debía mucho.

Mientras su compañero se encontraba en la azotea del hotel, preparando el quinjet para reunirse nuevamente con Steve, Wanda decidió esperarlo en el balcón de la habitación.

Lamentó profundamente tener que regresar a Luanda, realmente le habría gustado disfrutar aquel sitio, pues además de contar con una vista maravillosa, Caxito poseía implementos suficientes para olvidarse de la rutina y compartir momentos mágicos.

Se acercó a la mesa que se encontraba en el centro y se preguntó cómo sería disfrutar una cena bajo la luz de las velas, beber un poco de vino o compartir un cigarrillo con alguien especial. Esbozó una sonrisa traviesa y lentamente comenzó a desplazar sus dedos por el borde de las copas, continuó con el cenicero y prosiguió con el bordaje del mantel que cubría la mesa.

Aunque parecía disfrutar lo que hacía, la mano de Wanda se detuvo bruscamente.

Acababa de fantasear aquella velada en compañía de Bucky.

Sintiéndose débil y estúpida, clavó sus pupilas sobre un encendedor que se encontraba encima de la mesa, específicamente junto al cenicero y un par de macetas pequeñas. Con fuerza apretó los puños, apresuró el paso y se dirigió hacia donde se encontraba su maleta. En forma impulsiva, tomó la carta que James le había dejado y nuevamente orientó sus pasos hacia el balcón de la habitación.

Mientras estiraba la carta y la posicionaba en medio de la mesa, las facciones de su rostro no tardaron en delatar su tristeza. Cada letra escrita en esa carta, la hacía sentir miserable. Si en verdad deseaba seguir adelante, tenía que desprenderse completamente de él, incluso de ese maldito trozo de papel.

Usando su dedo pulgar para encender la llama y su otra mano para tomar la hoja, Wanda guió el encendedor hacia una de las puntas. En cuanto el papel comenzó a ser consumido por el fuego, lentamente lo dejó caer sobre el cenicero.

—Adiós, Bucky… —la expresión de su rostro adquirió un semblante sombrío—, esta vez es definitivo.

.


.

Ver el nombre de Steve en pantalla, provocó que su corazón se alterase, bombeaba tan rápido que Natasha llegó a creer que su esternón se estaba partiendo en dos mitades. Por inercia se llevó una mano hacia el pecho, procuró calmarse, pero no pudo conseguirlo. Cada latido hacía que su frecuencia cardíaca aumentase en forma dramática.

No estaba preparada para recibir un llamado de Steve.

¿Por qué demonios tenía que llamar en ese preciso momento? ¿Por qué cuando todo era claro y parecía estar dispuesta a mantenerse lejos?

A pesar de que sus ojos no se habían apartado del móvil y sus deseos por contestarle fuesen más grandes que su orgullo, Natasha decidió rechazar la llamada. Lo amaba y deseaba con toda su alma poder remediar las cosas, pero no tenía permitido equivocarse.

En esta ocasión, no pensaba permitir que sus sentimientos interfiriesen y arruinasen sus planes.

Por bienestar del propio Steve, haría hasta lo imposible por mantenerse alejada.

Pese a llevar tacones de diez centímetros, la espía apresuró el paso y rápidamente se introdujo en el automóvil. Quería concentrarse en la misión, apagar su smartphone y olvidar lo que había pasado, pero en cuanto manifestó intenciones de hacerlo, el móvil volvió a vibrar bajo su mano.

James observó el celular, luego alzó la cabeza y le dedicó un vistazo inquisitivo.

—¿Todo bien? —preguntó, curioso.

«Mierda»

Ansiaba desesperadamente coger el celular, atender la llamada y poder deleitarse con la voz de Steve, pero no podía caer en la tentación de hacerlo.

No si James iba a su lado.

—Sí, todo bien —se apresuró en responder, mientras cogía su smartphone y lo apagaba. Bucky arqueó una ceja. Sin importar la respuesta que ella le entregó, estaba seguro de que había algo extraño—. No quiero que me distraigan, eso es todo…

—Bien, fingiré que te creo. —Natasha abrió su boca para entregarle un nuevo argumento, pero en tanto el castaño realizaba un gesto con la mano y le indicaba que no era necesario, simplemente optó por guardar silencio—. No me interesa entrometerme en tus asuntos, por ahora solo quiero saber hacia dónde nos dirigimos.

—Hacia la avenida Derry —explicó, agradeciendo que no le hiciera más preguntas. Se inclinó un poco en su asiento y con ayuda del GPS de aquel Mercedes, pudo comprobar que no se encontraban demasiado alejados—. Quiero presentarte a un amigo que nos ayudará con esto.

Al oír eso, Bucky juntó el entrecejo.

—Pensé que en esta ocasión no involucraríamos a más personas.

—Tranquilo, es de confianza.

Sin estar muy convencido de que introducir a otro individuo fuese una buena idea, James decidió poner el vehículo en marcha. Si ella decía que el tipo era de confianza, entonces debía serlo, a fin de cuentas, Natalia era una espía y no se fiaba de cualquiera.

.


.

Mientras realizaba investigaciones para dar con el paradero de Bucky, la imagen de Tony Stark se proyectó sorpresivamente en la pantalla de su laptop. Al percatarse de que el millonario había hackeado la privacidad de su computadora, Sam pensó en lanzar su portátil al otro extremo de la sala, pero en cuanto Tony le dijo que solo necesitaba charlar con Steve, se tranquilizó y desistió de realizar aquel acto tan estúpido.

Aun sin entender el motivo de ese contacto, simplemente se limitó a seguir las indicaciones del filántropo y con cierto desconcierto le entregó su laptop a Steve, en cuanto este advirtió que se trataba de una videollamada y que la persona involucrada era Tony, la expresión de su rostro adquirió un semblante similar al suyo.

Vaya, no esperaba encontrarme a un leñador —comentó con sarcasmo, en clara alusión a su barba crecida.

Steve tragó saliva y carraspeó. A pesar de haber realizado un chiste con tintes sardónicos, Tony lucía inquietantemente molesto.

—Supongo que quieres hablar sobre Visi…

Solo te pedí que hicieras una cosa, Rogers, ¡una sola! —espetó, interrumpiéndole—. Y aun así fuiste incapaz de hacerlo.

—¿Podrías calmarte?

No me pidas eso —masculló, hablando en voz baja. Steve dedujo que Pepper se encontraba cerca, pues Tony actuaba como si se estuviese escondiendo de alguien—, no me pidas que me tome esto a la ligera cuando sabes los riesgos que estamos corriendo.

—No sé por qué te alteras tanto —intervino Sam, quien se mantenía de pie tras la espalda de Steve—, Visión está bien y nada extraño ha sucedido.

No seas idiota —refutó, entornando los ojos—, ¿acaso crees que antes de atacar, Thanos tendrá la delicadeza de avisarnos por whatsApp?

—¿Entonces cómo explicas la golpiza que le dieron a Visión? ¿No se supone que eso fue una advertencia?

¡Y cómo voy a saberlo!

Tan pronto como terminó de decirlo, Tony realizó una mueca dolorosa, inmediatamente se llevó una mano al rostro y negó con la cabeza.

Había alzado la voz y aquello solo podía significar una cosa.

¿Con quién estás hablando? —preguntó Pepper.

.


.

—¿En dónde conseguiste el carro? —averiguó Natasha, en tanto apartaba sus pupilas de la ventana y procedía a mirarle—. Encontrar un Mercedes Benz nunca es sencillo.

—Lo renté —respondió con obviedad—, supuse que necesitaríamos un vehículo rápido y este me pareció el más adecuado.

—Sí, probablemente tengamos que huir. Bien pensado.

Mientras James conducía y su vista no se despegaba de la carretera, Natasha no resistió la tentación de observarle.

James y Steve eran tan diferentes.

Un contraste permanente entre pasado y futuro.

Desenfreno versus templanza.

Oscuridad frente a luz.

Su alma gemela contra el amor de su vida.

Tan opuestos y similares al mismo tiempo.

Steve era sin lugar a dudas un hombre valiente y honorable, pero James tampoco se quedaba atrás. Lo habían destrozado física y moralmente, le arrebataron su identidad, gran parte de sus recuerdos y su autonomía, lo violentaron en diferentes aspectos de su vida, pero ni con toda esa brutalidad consiguieron derrotarle, James seguía en pie, dispuesto a luchar y a seguir adelante.

Ambos eran tan buenos que, Natasha no podía dejar de cuestionar el hecho de merecerlos.

Aún sin dejar de contemplarle, pensó en lo mucho que deseaba disculparse.

El día en que decidió decir la verdad había sido sumamente cruel e impulsiva, tal vez con Steve no, pero con Bucky sí lo fue y se avergonzaba profundamente por ello. En verdad tenía intenciones de platicar sobre el bebé que perdieron, su amistad con Steve o incluso charlar acerca de sus sentimientos por Wanda, pero a juzgar por lo silencioso que se encontraba, Natasha asumió que no era un buen momento para tratar esos temas.

Intentando pausar aquellos pensamientos ajetreados, la rusa tomó su celular y volvió a encenderlo.

Tras ver las llamadas de Steve, no tardó en sentirse inquieta.

¿Y si la necesitaba? ¿Si realmente quería hablar con ella sobre algo importante?

Bajo un gesto reflexivo, se mordió el interior de la mejilla.

¿O… si en el peor de los casos, se había enterado que se encontraba con Bucky?

Tratando de esfumar aquellas ideas pesimistas, apoyó parte de su frente encima de la ventana y suspiró despacio.

Aunque estuviese muriendo de intriga, se contendría y no le llamaría.

Si quería deshacerse de Faustus, no tenía más opciones que mantener a Steve alejado.

Decidida a respetar su plan, Natasha se dirigió a la sección de mensajes y con dedos ágiles comenzó a escribir un texto para Clint.

Natasha. 14:15 PM

«No te preocupes, estoy fuera de Estados Unidos, pronto te llamaré. Envíale saludos a Laura y a los niños. Cuídate mucho».

Esperaba que ese mensaje fuese convincente. No quería mentirle, pero era momento de que Clint dejase de involucrarse en problemas. Tenía una familia que proteger y no pensaba permitir que —por ayudarles— volviese a inmiscuirse en asuntos ilegales.

—¿A quién le escribes? —indagó el castaño.

—A Clint… estaba un tanto preocupado y quise calmarlo, eso es todo.

—¿Acaso el FBI no intervino los celulares de Barton?

—¿Crees que Clint es estúpido? —profirió, enarqueando una ceja—. Al igual nosotros tiene su celular con un dispositivo imposible de rastrear, recuerda que trabajó en S.H.I.E.L.D. Sabe de estas cosas.

—Por su bien, espero que nunca lo descubran.

Y aunque no lo dijo, Natasha esperaba lo mismo.

.


.

Tanto Sam como Steve dejaron de ver a Tony en pantalla, probablemente oprimió la opción de bloqueo antes de que su novia pudiese verlos en el recuadro del chat. Pensaron que su contacto con el magnate llegaría a su fin, pero en cuanto volvieron a oír la voz de Pepper, ambos advirtieron que el sonido de la conexión continuaba intacto.

Con nadie importante, cariño…

No me mientas, Tony, te oí gritar. Déjame ver con quién estás hablando…

No, no es necesario, ¡Pepper, que no! —Se escucharon unos sonidos desde el otro lado y ambos asumieron que estaban forcejando, probablemente la fémina intentaba reactivar la pantalla—. ¡Basta, Potts!

Si no me dices ahora mismo, con quién estás platicando, juro que…

Tranquila, solo estaba jugando una partida online…

Mientras imaginaban la situación, Falcon y Steve intercambiaron una mirada cargada de diversión. ¿Quién podría llegar a imaginar a un playboy como Tony Stark, siendo así de sumiso con su futura esposa?

Definitivamente nadie.

¿Una partida online?

—mintió, esforzándose por sonar convincente—, es que… estamos por derrotar a un tipo que se hace llamar Thanos, pero mis compañeros de batalla son unos idiotas y le están dando ventaja, por eso me alteré. Sabes que odio perder.

Se suponía que estarías buscando un destino para nuestra luna de miel, no jugando a ese estúpido videojuego.

Lo siento, mamá, no volverá a suceder.

Eso espero. —Steve sonrió al escuchar aquel diálogo. Era admirable presenciar los esfuerzos que realizaba Tony para mantener a su prometida tranquila y a salvo. En cierto modo, estaba mintiéndole y eso no era correcto, pero era entendible, Tony no lo hacía con malas intenciones, al fin y al cabo, solo quería protegerla. Tan pronto como sopesó aquel pensamiento, sintió una presión extraña en el pecho, ¿acaso Natasha no había hecho lo mismo por él?—. Iré a una reunión con el encargado de Marketing.

¿El que te invitó a salir cuando terminamos?

El mismo.

Ni lo sueñes...

Solo hablaremos de negocios, no seas estúpido.

Oye vuelve aquí.

Adiós, cariño...

Por lo lejos que se oyó la voz de Pepper, Sam y Steve infirieron que la mujer se había marchado.

¡El próximo mes, habrá una sorpresiva reducción de personal y ese tipo será el único en la nómina! —le gritó.

A medida en que la imagen de Tony regresaba a la pantalla, ambos le miraron con burla, Steve tuvo intenciones de hacer un comentario al respecto, pero se arrepintió apenas el empresario volvió a enfocar la vista sobre ellos.

Aún se veía molesto.

Quiero que regreses a Wakanda ahora mismo —sentenció, amenazante.

—De momento no puedo hacerlo. Estamos en medio de otros asuntos… —prefirió omitir que Bucky estaba desaparecido y que el grupo se había dividido. Si Tony se enteraba de eso, probablemente entraría en un colapso y se pondría más histérico de lo que ya se encontraba—. No te preocupes, Visión estará a salvo.

No, no lo estará… debes llevarlo a Wakanda.

—¿Por qué mejor no admites que inventaste toda esta basura para mantenernos bajo control, tendernos una trampa y entregarnos al general Ross? —farfulló Sam.

¿Qué dijiste? —profirió, indignado.

—Lo que escuchaste.

—Sam… —Steve mencionó su nombre con un tono cargado de reproche—. Por favor, no empeores las cosas.

¿Tú también piensas eso? —cuestionó Tony, en tanto sus pupilas se posaban en el rostro del rubio.

—Realmente no lo sé —respondió, encogiéndose de hombros—, si ese tipo es tan poderoso como te dijeron, no entiendo por qué se ha tardado tanto en atacar…

El ingeniero sonrió con sarcasmo.

Les tengo una sorpresa, genios. ¡Yo tampoco entiendo un carajo de esto! Y si pudiera entenderlo, ya lo habría resuelto, pero no tengo idea —respondió, frustrado—. De lo único que estoy seguro, es que tengo un mal presentimiento y que debemos ser precavidos.

—Deberías dejar de pensar en esto —le sugirió con franqueza—, tal vez solo fue una falsa alarma.

Pero sus palabras estuvieron lejos de actuar como un placebo. Ahora Tony se veía completamente encolerizado.

Escúchame, Rogers, si atacan a Visión y algo malo sucede, quiero que sepas que será tu maldita responsabilidad.

Steve tensó su mandíbula. Su paciencia también se estaba agotando.

—Cuando manejes información real, tal vez te empecemos a creer —agregó Sam.

A modo de despedida, Tony le alzo el dedo medio, luego dio por finalizada sus palabras y abruptamente decidió cortar la comunicación.

El capitán inspiró hondo.

—No le creo nada —continuó Sam—, está mintiendo.

—No parece mentir, pero está alterado y eso tampoco es buena señal.

En forma inconsciente, los dedos de Steve se dirigieron hacia su iPhone, durante algunos segundos miró la pantalla, pero tras no encontrar lo que esperaba, al poco rato volvió a dejarlo en donde estaba.

Sam arqueó una ceja.

Solo Natasha Romanoff podía provocarle ese nivel de distracción.

—¿La llamaste? —indagó, curioso. Rogers movió su cabeza en señal de afirmación—. ¿Y qué pasó?

—Nada, solo puedo agradecerte por darme el peor consejo de mi vida —añadió amargamente.

Con su respuesta, Falcon comprendió que Natasha le había ignorado.

—Han pasado dos meses, Steve, nadie dijo que sería fácil.

—No volveré a insistir.

—Oh vamos… —articuló, brindándole animo—, tú no te rindes tan rápido.

—No se trata de rendición, he estado pensándolo mucho y he concluido que inicié mi relación con Natasha en forma muy abrupta. Debí dejar que lo de Sharon pasara, tal vez si lo hubiese hecho, Natasha me habría dicho la verdad. Ella se sintió comprometida por lo que surgió entre nosotros y mintió para no lastimarme. Debí ser más racional, pero... supongo que el amor me idiotizó. Fui impulsivo y cometí muchos errores... —En esta oportunidad Sam solo se limitó a escuchar, las palabras de su amigo denotaban sensatez y muchísima razón—. No voy a negar que la extraño y que estar lejos de ella me hace daño, pero también me está sirviendo para sanarme y cerrar ciclos. Supongo que Natasha necesita hacer lo mismo. Si no quiere hablar conmigo, está en su derecho y voy a respetarlo.

.


.

—El día en Clint, Scott y yo abandonamos Alemania no pude despedirme de ti… —musitó, ladeando el rostro—, estabas con Wanda, ¿verdad?

Con el codo apoyado en el recuadro de la ventana y su otra mano encargándose del volante, Bucky la miró de reojo.

—¿Esto es importante? —inquirió, irónico—. Si pretendías iniciar una conversación, debo decir que lo hiciste pésimo.

—¿Algún día me dirás lo que pasó entre ustedes?

—Por supuesto que no…

—¿Por qué no?

No pudo evitar suspirar con fastidio. En Alemania había tenido que soportar los interrogatorios de Wanda y ahora Natasha estaba haciendo exactamente lo mismo. Ambas parecían tener una especie de obsesión por rivalizar con la otra y —aunque en gran medida, aquello fuese su culpa—, era bastante incomodo estar en medio de eso.

A él también le gustaría conocer detalles de su actual relación con Steve, pero por respeto a su amigo, simplemente se tragaba su curiosidad y guardaba silencio. ¿Por qué las mujeres no podían hacer lo mismo?

—Te diré lo mismo que le dije a Wanda —contestó, en tanto apartaba su vista de la carretera y le dejaba en claro que no deseaba seguir platicando sobre su relación con la castaña—. Serías la última persona con quien hablaría de eso.

Y en efecto, no pensaba decirle que, aunque no lo hiciera a propósito, era la principal causante de que su relación con Wanda fuese un fracaso.

—¿Recuerdas a Yelena Belova? —continuó la rusa.

Mientras el rostro de Bucky parecía adquirir una expresión llena de indignación, Natasha ensanchó una enorme sonrisa de satisfacción.

—¿Te parece si el resto del camino permaneces en silencio?

—No, no me parece… —respondió, indiferente—. ¿La recuerdas o no? —James le dedicó un vistazo fulminante, ¿por qué demonios insistía en seguir hablando de esa mujer?—. Tomaré eso como un sí. En fin, es muy gracioso ver como las chicas que se enamoran de ti, terminan enloqueciendo y odiándome.

Exasperado, se aferró con fuerza al volante.

Aquel comentario le había molestado bastante. Comparar a Yelena con Wanda, sencillamente le parecía un insulto. En ningún aspecto Belova podría tener semejanzas con ella.

—Ni siquiera son comparables.

—¿No? —refutó, sin dejar de sonreír burlescamente.

—Por supuesto que no, Wanda es mucho mejor que esa tipa y lo sabes… — Ahora fue ella quien enserió las facciones de su rostro, su respuesta no le había gustado en lo absoluto—. Yelena solo se encaprichó conmigo porque quería tener todo lo que tú poseías, incluyéndome.

Aunque Natasha asumía las consecuencias que habían dejado sus mentiras, seguía pensando que en parte, Wanda tenía gran responsabilidad en haber arruinado sus planes. A fin de cuentas, sus ataques de celos —disfrazados de honestidad y buenas intenciones—, no solamente estropearon la misión, también acabaron por arrastrar la separación del grupo y su relación con Steve.

Honestamente, no entendía por qué hablaban de ella como si no hubiese hecho nada y mereciera ser canonizada.

—Wanda también está obsesionada contigo —replicó, amargamente—, no veo la diferencia.

—La diferencia es que Yelena no me interesaba en lo más mínimo.

Con el entrecejo fruncido, Natasha se cruzó de brazos y guardó silencio.

Esas palabras acababan de producirle una opresión desagradable en el estómago.

.


.

Alrededor de las cinco de la tarde, Wanda y Visión se reunieron con sus compañeros en el apartamento que rentaban en Luanda. La joven pensó que al llegar podría descansar un poco, pero en cuanto ella y Visión entraron en la residencia, Sam —con su ansiedad habitual— comenzó a realizar preguntas y no tuvieron más opciones que empezar a relatar lo ocurrido.

En base a sus testimonios y a las pruebas conseguidas en Caxito, Steve concluyó que esos terroristas, muy probablemente eran miembros de Hydra. Si huyeron poco antes de que Wanda y Visión pudiesen atraparles, definitivamente fue porque alguien les alertó, después de todo, poseían chivos expiatorios en muchos países del mundo, imaginar una posibilidad como esa, no era desquiciado en lo absoluto.

Mientras continuaba leyendo y analizando los informes que sus amigos habían encontrado, no pudo evitar echar un nuevo vistazo a la pantalla de su celular. En cierto modo, aún guardaba esperanzas de que sus notificaciones registrasen algún mensaje de Natasha, pero todo parecía indicar que jamás dejaría de ser estúpido e ingenuo.

—¿Aún sigues leyendo esos papeles? —inquirió Wanda. Steve dirigió sus pupilas hacia ella, quien vestía su pijama y cargaba una expresión somnolienta—. Es tarde… deberías intentar descansar un poco.

—No tengo sueño —musitó, en tanto deslizaba una mano por su nuca—, lamento si te desperté.

—Descuida, no lo hiciste.

Steve esbozó una sonrisa pequeña.

—¿Tampoco puedes dormir?

Ella negó con la cabeza.

—Pensé que un sorbo de leche podría ayudarme a conciliar el sueño, pero ha sido inútil —explicó, enseñándole el vaso que tenía en las manos—. ¿Puedo sentarme contigo?

—Por supuesto.

Procurando ser sigilosa para no despertar a Sam, ni interrumpir la desactivación de sistemas que mantenían a Visión en una especie de descanso, Wanda avanzó con pasos cuidadosos hasta el sofá de la sala, Steve le hizo un espacio más amplio y eso bastó para que tomase asiento a su lado.

—Supongo que abandonaremos Angola, ya no necesitamos estar aquí… los tipos que perseguíamos huyeron y Faustus claramente se encuentra con ellos.

—Sí, pero no podemos salir de África… —la joven hechicera le miró, interrogante—. Aunque no estemos seguros de que este asunto de Thanos sea cierto, prefiero ser precavido y mantener a Visión cerca de Wakanda, al menos por un tiempo…

—Definitivamente es lo mejor para Vis, pero, ¿eso retrasará tus planes?

—No del todo, aún podemos seguir avanzando desde este continente. Sam estuvo investigando y encontró la localización de un ex miembro de Hydra oculto en Nigeria, supongo que será nuestro próximo destino.

—Espero que en esta ocasión tengamos más suerte.

—Sí, también lo espero… —comentó, ladeando el rostro para observarla mejor—, pero, no estás aquí para preguntarme solamente eso, ¿verdad?

—¿Tan evidente soy?

—Sólo un poco…

En esta ocasión, fue ella quien curvó sus labios en una media sonrisa.

—Tienes razón, no estoy aquí para simplemente hablar de nuestros planes —su rostro adquirió un semblante más serio—. Mientras estuve en Caxito, reflexioné acerca de algo, Steve… —el aludido la contempló atentamente—, ¿aún te interesa saber lo que ocurrió el día en que James se marchó?

Dejando en claro que la respuesta era bastante obvia, un gesto tenso se plasmó en la cara de su compañero.

—Por supuesto que me interesa, Wanda.

Mientras parecía buscar palabras adecuadas para comenzar a relatar lo ocurrido, bebió un sorbo de leche, frunció el ceño e inspiró un poco de aire.

—Poco antes de viajar a Wakanda, James y yo… iniciamos una especie de relación, pero decidimos mantenerlo en secreto, pretendíamos huir juntos —volvió a llevarse el vaso hasta los labios, dio un nuevo sorbo y prosiguió—: Lo planificamos durante una semana, saldríamos por separado y yo sería la primera en llegar al aeropuerto, se suponía que él llegaría veinte minutos más tarde, pero… jamás apareció. Simplemente me dejó.

Entre sorprendido y ligeramente consternado, Steve se levantó del sofá.

Bucky siempre había mostrado rechazo por los compromisos, pero realmente no entendía la actitud de su amigo. Si su pasado con Natasha ya había salido a la luz, ¿por qué escapó? ¿Por qué ilusionó a Wanda y luego decidió abandonarla?

—¿Al menos tuvo la valentía de entregarte una explicación?

—¿Dejar una carta cuenta como signo de valentía?

—¿Dejó una carta? —articuló, sintiéndose un poco reconfortado.

—Sí, aunque ya no existe… la quemé.

Steve juntó el entrecejo.

—¿La quemaste? —cuestionó, indignado.

—Sí, pero antes de hacerlo, obviamente la leí. No soy tan estúpida.

Suspiró, aliviado.

—¿Y qué decía? ¿Se refirió al motivo de su partida? —preguntó, nervioso.

—Algo así…

—¿Y, cuál fue la razón, por qué lo hizo?

Wanda descendió la vista.

No deseaba seguir inmiscuyéndose en el triángulo amoroso que protagonizaban Steve, Natasha y Bucky, pero fue precisamente este último, quien la hizo formar parte de todo ese embrollo cuando decidió involucrarse sentimentalmente con ella.

Aunque no quisiera admitirlo, era el cuarto integrante de aquel desastre. Estaba metida hasta el fondo.

—Se marchó porque seguía aferrándose a su pasado y no quería lastimarme —largó sin más.

Steve no necesitó que Wanda mencionase a Natasha para saber que se estaba refiriendo a ella, a fin de cuentas, Bucky había reconocido en frente suyo que sus sentimientos por la pelirroja continuaban existiendo y no era descabellado pensar que su partida se debiese a ello, pero si había dicho que jamás se involucraría con la mujer de un amigo y que, a pesar de todo, su pasado con la espía se encontraba superado, ¿por qué demonios escapó con tanta desesperación?

Millones de ideas negativas comenzaron a pasar por su cabeza, ni siquiera se sentía capaz de seguirlas procesando. Saber que Bucky decidió huir a causa de sus sentimientos por Natasha, lo hacía sentirse enfadado y extremadamente confundido.

—Sé en lo que estás pensando y he llegado a imaginar las mismas cosas —retomó la chica—, pero también he concluido que, tal vez éramos nosotros quienes sobrábamos en sus historias.

—¿Nosotros? —inquirió, sin comprender.

—Sí, nosotros —sostuvo, seria—. Después de todo, sus caminos no se distanciaron por falta de amor, ellos no están juntos porque la K.G.B lo impidió.

Como si se tratase de una estaca, las palabras de Wanda se clavaron con profundidad en su pecho.

Por desgracia, aquellas premisas estaban cargadas de razón.

Natasha y Bucky no se alejaron por voluntad propia. Su historia se cortó en forma abrupta porque así lo quisieron otros.

Entre ambos, aún existían asuntos pendientes que tarde o temprano, deberían ser culminados.

—Puede que tengas razón —susurró, mientras su vista se perdía en algún punto de la estancia—. Si la vida me diese la oportunidad de poder ver a Peggy, probablemente iría como un estúpido tras ella.

—Entiendo, pero… tu historia con Peggy es completamente diferente.

—Tal vez no del todo. Quiero decir… —lanzó un suspiro, no sabía cómo expresar sus ideas sin que sonasen descabelladas—, probablemente para Bucky, Natasha represente en su vida lo que Peggy representa en la mía.

—Te refieres a… ¿un primer amor?

—Más bien me refiero a esa persona con la que pensaste que tendrías todo, pero nunca pudiste concretar nada.

.


.

El resto del viaje prosiguió en silencio. Natasha no quiso arriesgarse a reestablecer la conversación, tenía miedo de volver a arruinar el momento con algún comentario que estuviese relación con Wanda o cualquier tema que pudiese incomodarlos.

Aunque no era buena mordiéndose la lengua, no tenía más opciones que permanecer callada. Si abría la boca, continuaría quejándose de la muchacha y no deseaba que a causa de eso, ella y James terminasen discutiendo.

No valdría la pena…

«Y, si no tiene importancia… ¿por qué demonios te preocupa tanto?»

En el interior de su cabeza, aquella pregunta resonó con fuerza.

En un principio pensó que las cosas estaban más que claras. Creyó que en forma madura, ambos podrían charlar sobre sus nuevas relaciones y que lidiarían plenamente con ello, pero en cuanto presenció la forma en que James la defendió, no pudo evitar sentir cierto nivel de coraje.

A ciencia cierta, Natasha no entendía qué rayos pasaba con ella.

Amaba a Steve con cada espacio de su cuerpo, pero una parte de su corazón traicionero, continuaba latiendo por sus recuerdos con James. ¿Cómo diablos tenía que interpretar eso?

—Al parecer ya llegamos…—La voz de su acompañante la hizo salir abruptamente de sus cavilaciones. Había estado tan perdida en su monologo interno, que apenas estaba notando que el castaño había estacionado el Mercedes-Benz—, según el GPS, este es el punto al que me indicaste llegar.

—Exacto, es justo aquí —respondió, quitándose el cinturón de seguridad.

Mientras Natasha se desprendía de aquel artefacto, Bucky estudiaba la enorme infraestructura que se extendía frente a sus ojos.

—¿Estás segura de que este es el lugar?

—Sí, lo estoy.

Curvó sus labios con un gesto disconforme.

—Yo solo veo un maldito gimnasio.

—¿Y eso qué? —replicó, despreocupada.

—¿Hablaremos con tu amigo en un gimnasio? —Provocando que su confusión y desconcierto fuesen en aumento, la ex pelirroja se encogió de hombros—. ¿En serio, un gimnasio?

—No es un gimnasio… bueno si lo es, pero también cumple otras funciones.

—Eso ya lo sé, pero no deja de ser extraño. Podrías decirme al menos, ¿quién es ese tipo que va a ayudarnos?

—No lo conoces, pero puedes estar tranquilo. Confío plenamente en él —articuló, bajándose del vehículo.

Mientras entornaba los ojos y procedía a lanzar un bufido, James se deshizo del cinturón de seguridad, quitó las llaves y con pasos desganados decidió salir del auto.

Quería acabar con eso lo antes posible.

—¿Por qué no entramos? —averiguó, tras ver como su ex pareja se cruzaba de brazos y permanecía de pie frente a la entrada principal del gimnasio.

—Me dijo que lo esperáramos aquí.

Pensando en lo contradictorio que lucían sus atuendos, Bucky metió las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta de cuero, bajo dicha prenda, vestía una camiseta de color negro y unos jeans oscuros que iban a juego. Aún no lograba comprender por qué la espía se veía como un miembro de la realeza británica, sentía curiosidad, pero no deseaba realizar preguntas. Después de todo, era una viuda negra y aspectos tan básicos como su atuendo, solían estar fríamente calculados.

Volvió a suspirar, debía encontrarse muy hastiado para estar pensando en trivialidades de ese tipo.

Antes de que la impaciencia y el aburrimiento lo incitasen a patear una piedra que se encontraba en el piso, su atención se centró en una madre y su pequeño hijo. Mientras la mujer lo cargaba en sus brazos y el infante esbozaba una enorme sonrisa, ambos caminaron hacia la recepción del gimnasio.

Descendió la vista, incómodo.

Desde que Natasha le había hablado de su hijo, le costaba mucho trabajo observar un niño, comenzaba a cuestionarse diferentes cosas y su cabeza terminaba hecha un completo desastre. Sabía que debía seguir el ejemplo de la espía y superarlo, pero no creía ser tan fuerte como ella.

Realmente no entendía cómo lo hacía.

—Cuando recordé lo que había pasado con nuestro hijo, me pasaba exactamente lo mismo… —confesó, mientras su vista permanecía fija en la madre y su retoño. James la escuchó atentamente—. No podía ver un niño sin incomodarme y pensar en él… o ella —agregó, percibiendo como las pupilas del castaño volvían a recaer sobre el infante y su progenitora.

—¿Crees que habría sido un niño o una niña?

Bajo un gesto reflexivo, la rusa alzó ambas cejas.

—Realmente no lo sé, creo que pudo ser una niña —su respuesta provocó que Bucky sonriera un poco—. ¿Y tú, qué habrías preferido?

Lentamente, la sonrisa de su compañero comenzó a desvanecerse.

—Hubiera preferido que naciera.

Ahora fue Natasha quien bajó la mirada.

—Para ti esa posibilidad sigue existiendo, James… aún puedes ser padre.

Previo a que pudiese entregar una respuesta, un hombre alto y delgado, se plantó en frente de ambos.

—Natalia Romanova… —musitó el extraño.

—Vladislav… —respondió Natasha, mientras le daba un abrazo y Bucky arqueaba una ceja.

En tanto le observaba con desconfianza y se preguntaba quién era se tipo al que Natasha parecía tenerle tanta confianza, James trató de identificarle.

Por su nombre y su acento, infirió que claramente era ruso. Pero su contextura física no parecía la de uno, su cabello era oscuro y sus facciones se asemejaban más a la de un latino. No parecía un soldado y mucho menos un espía soviético.

¿Quién demonios era?

—Vladi, te presento a…

—No hace falta —la interrumpió, extendiendo una mano hacia él. Bucky dudó en estrecharla, pero al cabo de unos segundos, finalmente aceptó su saludo—, es imposible no conocer al famoso solda…

—Preferiría que solo me llamaras Bucky —le cortó, alejando su mano.

—Claro, como tú quieras —contestó, con notoria incomodidad—. Síganme —añadió, orientándolos hacia el interior del gimnasio.

.


.

No parecía soviético, tampoco un espía entrenado en las severas filas de la K.G.B, pero ante todo pronóstico, Vladislav Kozlov San Martín, sí lo era. Mientras los conducía por un piso subterráneo, Natasha le explicó que sus rasgos latinos eran herencia de su madre, una bella mujer argentina que en la década de los ochenta, emigró a Rusia y se enamoró de un importante instructor de la K.G.B.

Natasha conoció a Vladislav a pocos meses de haber sido sometida a la infame intervención que acabó con la vida de su hijo, en ese entonces, él solo tenía quince años y ella tuvo la misión de entrenarlo. Aquellas sesiones de combate, provocaron que surgiera una valiosa amistad entre ambos, Romanoff le apreciaba como una especie de hermano pequeño y él parecía admirarla profundamente. Bucky no escuchó que ella lo dijera con esas palabras, pero al menos esa era la impresión que se llevaba.

Bajo el gimnasio había una sala bastante lúgubre, no tenía ventanas ni nada que la hiciera parecer acogedora, lo único que se podía ver en el interior de aquella estancia, eran diversas armas, implementos de espionaje y múltiples computadoras que proyectaban en sus pantallas, lo que parecían registrar algunas cámaras de vigilancia.

Su compañera le comentó que gracias a la ayuda de Vladislav —que era un hacker altamente capacitado—, logró dar con las cámaras de vigilancia de diferentes partes del mundo, luego usaron un escáner de reconocimiento facial y en menos de una semana, el sofisticado software de su amigo, pudo encontrar a Faustus.

Kozlov trabajaba en una organización secreta con la que Natasha solía tener contacto, dicha institución de hackers expertos, contaba con bases estratégicas en diferentes partes del mundo y en vista de que Faustus había sido localizado en Harrisburg, Vladislav decidió utilizar aquel gimnasio como punto de trabajo.

Las siguientes horas del día transcurrieron con calma, planificaron diversas maneras de emboscar al psiquiatra, diseñaron rutas de persecución y acordaron el papel que desempeñaría cada uno en la misión. Cuando se hizo tarde, Vladislav les sugirió descansar un poco, Natasha aceptó, pero Bucky declinó su oferta, argumentó que no tenía sueño y que en lugar de reposar, prefería entrenar.

.


.

Desde una esquina del gimnasio, Vladislav y Natasha —actualmente vestida con ropa casual—, observaban como James golpeaba un saco de boxeo.

—Ahora entiendo los motivos por los que Yelena y tú perdieron la cabeza —comentó, sin apartar sus pupilas del cuerpo del soldado.

La rusa ladeó el rostro y sonrió con burla.

—Deberías dejar de lanzarle esas miradas lascivas —sugirió, mientras le daba un codazo juguetón—, aunque se vea joven, sigue siendo un hombre que creció en la década de los cuarenta y no sé qué tan tolerante sea…

Vladislav levantó una ceja.

—¿Acaso crees que los homosexuales no existían en su época?

—Por supuesto que existían, pero para tu decepción, James es bastante heterosexual.

—Nadie es completamente hetero, Nat…

.


.

Luego de haber charlado con Wanda, Steve intentó descansar un poco, en algún punto de la noche logró dormirse, pero a los pocos minutos, tristemente volvió a despertarse.

Una pesadilla en la que Natasha corría peligro y él era incapaz de salvarla, fue la responsable de arruinar su descanso. La veía morir de la misma manera en que presenció el desenlace de Sharon y, aunque aquello, últimamente era una pesadilla recurrente en su vida, en esta ocasión el mal sueño terminó en forma diferente, la voz de Peggy susurró en su oído que «aún estaba a tiempo de impedirlo».

Mientras se pasaba las manos por el rostro e intentaba olvidarse de aquello, no pudo evitar suspirar con fastidio.

Quería dejar de pensar, pero las mentiras de Natasha y la muerte de su hijo, eran más de lo que podía soportar.

—Disculpa que entre así, pero necesito que veas algo —explicó Sam, en tanto abría la puerta y se adentraba al cuarto. Steve alzó la vista, pero no se sorprendió al verlo ingresar de esa manera, su camarada no parecía conocer el significado de la palabra «privacidad»—. ¿Estás bien? —inquirió, percatándose del semblante decaído de su amigo.

—Sí, solo tuve una pesadilla —aunque sonó como si aquello fuese algo sin importancia, en el fondo, Steve comenzaba a sentirse preocupado. ¿Acaso Natasha se encontraba en peligro? Con dedos nerviosos, se talló los ojos y trató de alejar esas ideas—, ¿qué quieres mostrarme?

Cargando su laptop en las manos, Sam se precipitó a la cama y tomó asiento a su lado.

—Tengo información importante, aunque… no sé si sea buen momento para decírtela.

—Siempre es un buen momento para oír información importante —Falcon continuó mirándole con preocupación—, vamos, Sam… sea lo que sea, solo dilo.

—Está bien —previo a comenzar, inspiró un poco de aire—. ¿Recuerdas a mi contacto en el aeropuerto de Nueva York?

—Sí, creo que se llamaba Tim Adams…

—Bueno, Tim me envió esto.

Aunque la pantalla del portátil mostraba una imagen en baja calidad, Steve pudo reconocer rápidamente de quien se trataba.

—Es Natasha… —susurró, perplejo. Apartó la vista de la pantalla y observó a su interlocutor con gesto interrogante—, su cabello…

—El color de su cabello no es importante en este momento, Steve. Esa foto en el aeropuerto de Nueva york, es solo el principio —con inquietud, el rubio se rascó la barbilla. Comenzaba a tener un mal presentimiento—, Tim la observó por las cámaras de vigilancia y me dijo que la vio tomar un vuelo hacia Pensilvania, todo parece indicar que se dirigió a Harrisburg.

—¿A Harrisburg? ¿Por qué iría hasta ahí sola? Natasha no suele arriesgarse a menos de que…

—De que tenga un motivo de peso —complementó Sam.

—Sí, pero es extraño… ¿crees que esto tenga relación con el paradero del doctor Faustus?

—No estoy seguro, solo sé que no te agradará ver lo que viene a continuación.

Steve le miró, impaciente.

—Solo ve al grano, Sam.

—Ella estuvo varios minutos en la recepción central, como si estuviese esperando a alguien —el moreno respaldó sus palabras, enseñándole una fotografía del momento que relataba—, luego se movió y Tim pensó que la había perdido de vista, pero gracias a las cámaras del estacionamiento, se percató de que ella salió a encontrarse con alguien.

—¿Con quién?

En esta oportunidad, Sam le enseñó un video.

—Es mejor que lo veas por ti mismo.

Un automóvil de alta gama se estacionó en frente de Natasha, ella se acercó a la ventana del conductor y el vidrio lentamente comenzó a descender, en cuanto el rostro de aquel ignoto quedó al descubierto, el estómago de Steve sufrió un vuelco violento.

—Bucky… —En el interior de su mente, la misteriosa desaparición de James y la indiferencia de Natasha comenzaron a cobrar sentido—. Así que están juntos —continuó, con la vista fija en la pantalla.

Le gustaría decir que se sentía furioso por descubrir que Natasha y Bucky continuaban mintiéndole, probablemente se encontraban tratando de atrapar a Faustus e intentaban no involucrarlo, pero aquello, definitivamente quedaba en segundo plano.

Ser consciente de que Natasha estaba ignorando sus llamadas, mientras se encontraba a escondidas con Bucky, lo hacía sentir extremadamente celoso.

.


.

A escasos minutos de marcharse, Vladislav les aconsejó dormir. «Tomen algunas colchonetas y descansen. Mañana será un día difícil» mencionó seriamente. También agregó que no sería cómodo pernoctar en esas condiciones, pero al menos, aquellas colchonetas les servirían para descansar un poco.

Bucky decidió tomar en cuenta dicha sugerencia, cogió una de las colchonetas y se dirigió con esta a la segunda planta. Natasha supuso que James deseaba pasar la noche lejos de ella, así que no se molestó en seguirlo. Posicionó su colchoneta en el primer piso y con cierta incomodidad, recostó su cabeza encima de aquel implemento deportivo.

Sabía que sería inútil cerrar los ojos, estaba completamente segura de que no podría conciliar el sueño, al menos no mientras continuase sintiéndose culpable. En cierto modo, se encontraba a estrechas horas de conseguir lo que tanto había deseado, al fin podría increpar a Faustus y hacer justicia por Sharon, pero de alguna manera, aquello no lograba hacerla sentir satisfecha.

Sin Steve, dicha experiencia se percibía incompleta.

Odiaba estar haciendo eso sin que él fuese realmente consciente de lo que estaba ocurriendo, pero necesitaba que las cosas se dieran de ese modo. En esta ocasión quería mantenerlo a salvo y bajo ninguna circunstancia pensaba poner sus planes en riesgo.

Aunque lo ignorase y decidiera no atender sus llamadas, Natasha sabía que estaba haciendo lo correcto.

Tenía que protegerlo.

—Natalia…

La voz de Bucky logró sobresaltarla.

El tono que había usado para pronunciar su nombre se oía inquietante y amenazador.

—Creí que estabas dormido —contestó, mientras se incorporaba y procedía a sentarse en la colchoneta—, ¿qué ocurre?

James se detuvo en frente de ella.

—Cuando acepté ayudarte, no mencionaste que el plan incluía meterle una bala en medio del cráneo —espetó, en tanto le aventaba un papel y lo dejaba caer encima de sus piernas. Natasha identificó el documento rápidamente, ella y Vladislav lo habían diseñado mientras él entrenaba, exactamente hace un par de horas—. Tú y ese tipo no pretenden encarcelarlo, quieren matarlo.

—¿Quién diría que mi maestro asesino me estaría reprochando por esto?

—No estoy bromeando.

—Tampoco yo, James. —Con actitud de pocos amigos, la ex agente de S.H.I.E.L.D se levantó del piso—. No puedo creer que hayas aprovechado la ausencia de Vladislav para revisa sus documentos, ¿desde cuándo eres tan moralista y cuestionas este tipo de acciones? —Sin esperar una respuesta, Natasha le miró con decepción—. Pensé que lo entenderías…

—Entiendo la rabia que sientes, yo también detesto a Faustus, pero…

—¡Pero qué! —gritó, interrumpiéndole—. ¿Acaso existe otra manera de frenar a un tipo como ese?

—Ya no hacemos eso…

—No, pero con él haremos una excepción.

El castaño frunció duramente los labios. No podía creer lo que estaba escuchando. Llevaban décadas intentando limpiar sus consciencias, luchaban día tras día con sus demonios internos y con gran esfuerzo procuraban borrar las manchas de sangre que ensuciaban sus nombres, ¿cómo era posible que Natasha estuviese considerando el asesinato como una solución viable?

—Creí que querías hacer justicia —replicó, enfadado. En cierta manera, no podía evitar desquitar su ira con ella—, pero eres demasiado egocéntrica para no transformar esto en una maldita deuda personal.

—Por supuesto que es personal —farfulló, perdiendo la paciencia—, por culpa de ese maldito miserable la K.G.B descubrió mi embarazo, sin mencionar lo que hizo con Sharon y una lista interminable de atrocidades que no podrías imaginar —prosiguió, mientras apretaba los puños y le miraba con rabia—. Las personas como él, no merecen seguir viviendo.

Había expresado esa última frase con tanto odio, que James fue incapaz de reconocerla. ¿Acaso ya no quedaban rastros de la muchacha que alguna vez entrenó? ¿En dónde estaba esa chica que se negaba a asesinar personas y albergaba un poco de pureza en su interior?

—Steve no permitiría que hicieras esto.

—Steve puede dar lecciones de moral a cualquier persona. A diferencia tuya, él sí tiene ese derecho. —Tan pronto como terminó de espetar aquellas palabras, Natasha se sintió arrepentida y desvió la mirada. ¿Por qué demonios no medía sus dichos cuando se enfadaba?—. Lo siento, James, no quise…

—No, no te disculpes —la interrumpió, mientras sonreía con amargura—, tienes razón. Soy muy consciente de que Steve es mejor que yo en muchísimos aspectos.

—No quise decir eso…

Él la ignoró.

—También sé que no estoy en condiciones de darte lecciones de moral, pero tú tampoco tienes derecho a decidir sobre la vida de una persona…

—Ese tipo no es una persona, James…

—Si no vas a cambiar de opinión, entonces no cuentes conmigo —decretó con voz firme.

En tanto le daba la espalda y comenzaba a distanciarse, Natasha cogió su antebrazo.

—James, espera…

—¿Qué quieres?

—Quiero que tengas un combate conmigo. —Bucky pestañeó un par de veces, luego ladeó la cabeza y la miró como si acabase de perder el juicio—. Como en los viejos tiempos.

—¿Qué? —musitó, perplejo.

—Tenemos un ring a nuestra completa disposición —argumentó, apuntando hacia el extremo derecho del gimnasio, Barnes siguió la dirección que ella estaba señalando y sus ojos no tardaron en posarse sobre el cuadrilátero—. Si tú ganas, lo haremos a tu manera, pero si pierdes, yo misma me aseguraré de jalar el gatillo.

Con el propósito de sellar aquel trato, Natasha le extendió una mano.

James no podía dejar de mirarla con desconcierto.

—Estás completamente loca.

—¿Te estás acobardando? —ronroneó, burlescamente.

En forma inconsciente, las pupilas de Bucky volvieron a caer encima del cuadrilátero.

No deseaba que volviese a cometer un crimen, ni que se involucrase en más problemas por concretar una venganza que no conseguiría resucitar a Sharon Carter, pero tenía en claro que si estaba considerando su oferta, no era precisamente para hacerla entrar en razón.

Aquello no se trataba de decidir sobre la vida de Faustus. Aquella propuesta, se relacionaba directamente con lo que pasaba entre ambos.

—Si acepto y gano… ¿cumplirás tu palabra?

—Siempre cumplo las promesas que hago.

—Dios… —susurró, pasándose una mano por el rostro.

Él mismo le había dicho a Steve que jamás se involucraría con la mujer de un amigo, pero sus acciones solo parecían demostrar lo contrario. Hasta el momento, Natasha y él no habían realizado nada que pudiese considerarse indebido, tampoco tenía en mente cometer una estupidez de la cual pudiese arrepentirse el resto de sus días, pero sabía que su prudencia no duraría por demasiado tiempo, porque aunque había viajado a Harrisburg para ayudarla a acabar con Faustus, también lo había hecho para aclarar lo que sentía por ella.

En verdad deseaba construir un futuro junto a Wanda, pero no podía utilizarla para olvidar su pasado con Natalia, ni tampoco podía permitirse estar cerca de su amigo y fingir que no había ocurrido nada.

Realmente se sentía como un maldito infeliz, pero aunque ese combate fuese algo completamente inapropiado y su amistad con Steve sufriera un quiebre irreparable, James sabía que no podría ignorarlo.

Necesitaba decirle adiós a su pasado.

.


.

—Bueno sí, están juntos, pero no del modo en que lo estás imaginando… —las palabras de Sam no consiguieron tranquilizarle en lo más mínimo. Su mente viajaba demasiado rápido y ya había imaginado un sinfín de posibilidades—. De seguro están tratando de atrapar a Faustus, aún deben sentirse culpables por todo lo que ocurrió y probablemente no quieren involucrarte, por eso prefirieron dejarte al margen.

—Sí, eso lo puedo suponer, pero no deja de molestarme que sigan ocultándome cosas.

—¿Te molesta eso, o más bien te molesta que estén juntos?

Pese a estar de pie y encontrarse de espalda hacia él, Sam pudo percibir como Steve apretaba la mandíbula.

—Honestamente, ya no sé qué me molesta más.

—Creo que no deberías sentirte celoso, Steve. —Previo a seguir, Falcon exhaló una gigantesca bocanada de aire—. Es cierto, entre ellos hubo algo muy fuerte y es probable que aún tengan asuntos pendientes, pero estoy seguro de que ya no sienten lo mismo que experimentaron antes.

—Bucky dejó a Wanda por ir tras Natasha, eso parece destruir tu teoría.

—Tal vez se alejó de ella porque realmente la ama y no desea lastimarla —el rubio le miró con perplejidad, ¿Sam defendiendo a Bucky? Pensó que jamás podría presenciar algo como eso—. Te parecerá extraño que me ponga de su parte, pero pienso que Natasha y Barnes están haciendo las cosas bien. Se alejaron de ustedes para protegerlos y al parecer está funcionando. Wanda no luce tan triste y aunque no lo notes, tú también te ves mejor.

.


.

Mientras Natasha se encontraba dentro del cuadrilátero, realizando una serie de ejercicios para elongar las diversas extremidades de su cuerpo, Bucky la observaba en silencio.

—¿Qué pasa, James? ¿No quieres pisar la lona? —preguntó, en tanto juntaba las piernas y procedía a tocarse la punta de los pies—, es idea mía o, ¿estás un poco tenso?

—Aún estás a tiempo de arrepentirte…

—¿Me lo dices a mí, o estás pensando en voz alta y te lo dices a ti mismo?

Sintiéndose estúpido por estar cediendo a sus provocaciones, el castaño caminó hacia el ring, en cuanto se abrió paso entre las cuerdas y su cuerpo ingresó en el cuadrilátero, Natasha se incorporó y le sonrió con gesto ladino.

—¿Estarás toda la noche estirándote? —comentó, en tanto apoyaba su espalda en las cuerdas y la observaba con desdén—, antes no solías precalentar tanto, ¿qué pasa, te da miedo lesionarte?

—Bueno, antes solíamos precalentar de otro modo…

Recordó el día en que Steve le preguntó si aún la amaba y la culpa no tardó en consumirlo por dentro.

Suspiró audiblemente.

—En serio, ya basta… —espetó, perdiendo la paciencia. Se desprendió de su sudadera y se plantó desafiante ante ella—, ¿vas a luchar o simplemente te dedicarás a decir estupideces?

Tras comprobar que su chiste no le había hecho gracia, la sonrisa de Natasha desapareció en forma instantánea. Rápidamente adoptó una postura de combate y con pasos livianos comenzó a rodearle.

—Está bien. Si eso quieres, entonces atácame.

—¿Intentas darme ventaja? —inquirió, ofendido.

—¿Por qué no? Me diste ventaja durante años, ahora es mi turno.

Tan pronto como terminó de emitir aquella frase, el puño de James fue directo hacia ella, aunque no fue un ataque sencillo y debió usar sus reflejos de espía para conseguir evadirlo, Natasha reconoció que estaba siendo compasivo.

Aquel raciocinio la hizo sentir molesta, mas no dejó que la ira llegase a dominarle, no permitiría que sus actitudes arrogantes pudiesen llegar a desconcentrarle.

—¿Eso es todo? —se burló, sin dejar de caminar alrededor de él—. ¡Vamos! No me subestimes, Barnes.

—Solo estoy jugando, no quiero que la pelea acabe tan rápido.

Ahora fue ella quien tomó la iniciativa de aventarle una ráfaga de golpes, James pudo responder a un par de ellos, pero Natasha —a consecuencia de su tamaño— fue mucho más rápida que él y en poco rato logró ganar ventaja. Pues continuó atacándole insistentemente e incluso consiguió arrinconarlo en uno de los esquineros.

No sabía si Bucky continuaba siendo compasivo y la dejaba dominar el combate porque simplemente se divertía con ello, pero si era honesta, aquello ni siquiera tenía relevancia.

En esos momentos, solo podía pensar en que realmente lo estaba disfrutando.

Detuvo sus golpes y mientras daba un trote ligero, retrocedió del esquinero.

—¿Esto cuenta como un round a mi favor? —ironizó, acomodándose la melena rubia con los dedos.

—No, porque técnicamente no es boxeo.

—Exacto, James. No es boxeo, déjate de tonterías y pelea de verdad.

—De acuerdo…

De nueva cuenta se posicionaron en medio del cuadrilátero. En esta oportunidad el castaño pareció tomar en cuenta las quejas de su compañera, pues sin esperar a que ella pudiese entregar una respuesta, hizo ademán de utilizar su brazo metálico para golpearla. Por instinto, Natasha inclinó su cuerpo hacia un costado, se cubrió la cara con los brazos e impidió que el puño de vibranium pudiese llegar a su rostro. James tomó provecho de su falta de defensa e inmediatamente intentó someterla, pero en cuanto cogió su antebrazo para aplicarle una técnica de judo, ella se agachó y lo pateó con fuerza en los tobillos.

Apenas Bucky soltó un quejido de dolor y su anatomía terminó chocando contra el piso, Natasha liberó una carcajada repleta de satisfacción.

—En algún punto el aprendiz siempre supera al maestro.

—No en tu caso.

—Oh vamos, acabo de patearte el trasero…

—Eres buena, Natalia, pero no mejor que yo —respirando en forma agitada, James permaneció tumbado sobre la lona—. Sé cuál será tu próximo movimiento incluso antes de que tú lo sepas.

Sin advertir cómo pasó, Natasha escupió una grosería cuando el soldado la tomó por las pantorrillas y la obligó a caer de espalda contra la superficie. Pese a estar aturdida, manifestó intenciones de levantarse, pero al percatarse de que Bucky sujetaba sus muñecas y comenzaba a posarlas en ambos costados de su cabeza, tragó saliva y decidió permanecer quieta.

.


.

Le había dicho a Sam que regresara a su alcoba e intentase dormir un poco, él se negó inmediatamente, pero Steve insistió en que estaría bien, pues solo necesitaba descansar un poco. Falcon no estuvo muy conforme con ello, mas guardó silencio y decidió respetar su petición.

Después de lo que había presenciado en ese video, era normal que quisiera estar solo.

En cuanto Sam abandonó la estancia, Steve se aproximó a la mesita de noche, cogió su celular y rápidamente se dirigió a la sección de contactos, apenas encontró el nombre de la espía, presionó la opción de llamada y con impaciencia acercó el móvil a su oreja. No le importaba ser insistente, iba a hacerlo hasta que Natasha se armase de valor y contestase. No pensaba permitir que ella y Bucky lo excluyeran de sus planes, tener el privilegio de atrapar a ese miserable, le correspondía más que a nadie.

«No estás molesto por lo de Faustus».

«Estás molesto porque están juntos y los celos te están matando».

Con rabia aventó el móvil hacia el colchón de la cama.

—¿Qué diablos pretendes, Steve? —susurró, agarrándose la cabeza con una mano.

Se sentía confundido y extremadamente impactado por la forma en que estaba reaccionando.

¿Con qué maldito derecho osaba sentir celos, si cuando supo la verdad, no tuvo agallas para enfrentarlo? Pues mientras se daba por vencido y optaba por no lastimar los sentimientos de su amigo, Natasha enfrentaba las consecuencias de sus mentiras y —a diferencia suya—, se había mostrado totalmente dispuesta a luchar por la relación que tenían.

Aunque claro, todo eso se vino abajo cuando desenmascaró el secreto de Sharon.

Como un vil dictador, descargó su ira en ella y terminó exiliándola del grupo. En cierto modo, era predecible que Natasha intentase seguir trabajando sola…

Bueno, no estaba sola.

Se encontraba en compañía de Bucky.

.


.

Ser aplastada por el peso de su cuerpo, mientras respiraban raudamente y sus miradas se desafiaban en silencio, la hacía sentir vulnerable en exceso.

—¿Eso es todo? —Con prepotencia, trató de ocultar su nerviosismo, pero James no mostró indicios de sentirse amedrentado, lucía tan agobiado y expuesto como ella parecía estarlo—. Si no vas a seguir luchando, te recomiendo que me sueltes.

—No, no seguiré luchando, pero no pienso dejarte ir hasta que me respondas algo. —Natasha sintió un estadillo de adrenalina que le provocó tanto excitación como miedo—. Necesitó saber… ¿qué sientes exactamente por Steve?

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

El momento del que tanto había huido, parecía estar llegando y no se sentía preparada para enfrentarlo.

—Suéltame —susurró, ignorando la pregunta.

—Respóndeme.

—¡Dije que me sueltes!

—¡Y yo que me respondas!

El agarre que ejercía sobre sus muñecas comenzó a tornarse más intenso. La espía trató de zafarse, movió las piernas e intentó atacarle, pero mientras el castaño la apresaba con sus propios muslos, Natasha no tuvo más remedio que resignarse a enfrentarle.

—Ya sabes esa respuesta, James…

—Sí —admitió en voz baja—, pero quiero escucharla salir de tu propia boca.

Siendo incapaz de sostener el contacto visual, Natasha ladeó la cabeza y se mordió el labio.

Sabía que su corazón le pertenecía a Steve y que era una miserable por arrastrar a Bucky a estar cerca de ella, pero que no lo amase en términos románticos, no implicaba que lo hubiese dejado de querer.

Suspiró. Ni siquiera ella misma era capaz de entenderse.

—Lo amo… —contestó, luego de un largo silencio—. Lo amo más de lo que soy capaz de soportar.

—¿Entonces por qué haces esto? —inquirió, aflojando el agarre de sus muñecas—. ¿Por qué recurres a mí?

—No lo sé…

—¿No lo sabes?

—No.

En silencio, ambos se desafiaron con la mirada. James odiaba tener que comportarse como un idiota, pero ella y su maldita indiferencia, sólo provocaban que su paciencia tocase fondo.

—Dejé a Wanda por venir como un imbécil tras de ti, estás haciendo que otra vez le mienta a Steve ¿y es la única respuesta que vas a entregarme?

—Yo no te obligué… —contraatacó, furiosa—, no me responsabilices por eso…

—No, no lo hiciste, pero me llamaste y necesito saber por qué…

—¡Ya te dije que no lo sé!

—¡Eso no es cierto —a pesar de verse intimidante y exasperado, sus ojos azules denotaban todo lo contrario—, sé valiente y dilo de una puta vez!

Natasha se encontraba a segundos de padecer una crisis nerviosa, comprendía que su silencio solo empeoraría las cosas, pero el remordimiento que se extendía en cada rincón de sus pensamientos, simplemente le impedía pensar con claridad. Realmente era incapaz de hablar.

—No puedo —siseó, sintiendo asco por su cobardía—, no en este momento.

—Sé que no es un buen momento, pero nuestra salud mental depende de esto…

—Déjame en paz, James.

Iba a levantarse, pero sus extremidades superiores volvieron a ser blanco de su ira, James tomó sus muñecas y comenzó a sujetarlas con fuerza.

Natasha sintió repulsión de sí misma. Su trato brusco le generaba un placer inexplicable.

—Dilo… —ordenó toscamente—, dilo y esto se acaba.

—¡Suéltame!

—¡Dilo!

—¡Maldito seas, James! —bramó, dándose por vencida. Un nudo oprimió su garganta, apretó los párpados y se obligó a no llorar. James tenía razón, no estaban en condiciones de actuar como adolescentes cobardes, aunque fuese desagradable, debían dejar de ignorar lo que ocurría entre ambos—. Simplemente lo hice porque no puedo evitarlo, amo a Steve, pero necesito acabar con esta confusión, necesitamos dejar de fingir que nuestro pasado no está lastimando a otras personas y para eso tenemos que…

—Despedirnos… —secundó en voz baja.

Abrió los ojos y contempló su rostro con detenimiento.

—Sí… —A pesar de que el soldado soltó sus muñecas y le brindó una oportunidad perfecta para huir de su agarre, Natasha se sintió incapaz de hacerlo. Estaba demasiado cerca para ignorar esa atracción física que la había idiotizado hace años—. Nos despediremos, James… y esta vez será para siempre.

Barnes descendió la mirada. La culpabilidad brotaba en todos los rincones de su alma. No podía evitar pensar en Steve y en Wanda, ni en lo mucho que iba a arrepentirse de hacer lo que tenía en mente, pero era un riesgo que lamentablemente debía correr. Natasha tenía razón, no podían permitir que su historia continuase lastimando a personas inocentes, debían concluirla o, en el peor de los casos, comprobar si sus sentimientos continuaban siendo los mismos.

—¿Estás segura de que esta vez será definitivo?

La espía levantó las manos y lentamente comenzó a depositarlas alrededor de su cuello.

—Sólo tenemos una manera de averiguarlo…

Mientras erguía la cabeza y reducía la distancia entre ellos, James atrapó un costado de su cintura, sus frentes se juntaron y ambos cerraron los ojos.

Desde el primer instante en que se vieron, ambos pudieron sentir la fuerza de aquel sentimiento frenético. Sus cuerpos se atraían de un modo que resultaba doloroso y era impactante comprobar que, pese al transcurso de los años, la intensidad de esa atracción física no hubiese mermado en lo absoluto.

¿Pasaría lo mismo con sus sentimientos?

Realmente no lo sabían, en esos momentos, sus mentes se habían desconectado de la realidad. Ya no pensaban en culpas ni angustias, pues de pronto, solo parecían concentrarse en percibir la piel del otro…

Con el corazón palpitante y el estómago contraído, ambos decidieron poner fin a la espera. A ciegas buscaron sus bocas y unieron sus labios en forma desgarradora.

Las manos de Bucky se clavaron en sus caderas, Natasha jadeó y por inercia separó las piernas. Se besaban y tocaban con tanta violencia, que ninguno de los dos mostraba indicios de dar tregua, aquel contacto denotaba una serie de sensaciones oscuras, como ceder ante la lujuria desbordante y el dominio desquiciante, pero aunque fuese increíblemente excitante, ese beso carecía de algo importante.

Algo que, ninguno de los dos parecía estar sintiendo.

Amor…