Disclaimer: Los personajes pertenecen a Marvel & Disney. No tengo fines de lucro.


Capítulo XVI: La manipulación de Faustus.


Sumergidos en el interior de un oasis silencioso, los cuerpos de Natasha y Bucky se encontraban tendidos a lo largo del ring.

Ambos yacían en línea paralela, de espalda contra la lona y con la vista clavaba sobre el techo.

En cuanto sus labios se fundieron en aquel beso, el desasosiego se esfumó por completo. Ahora percibían emociones muy diferentes a la angustia o el arrepentimiento, sus manos habían dejado de sudar y de temblar en forma involuntaria, pues acababan de comprobar que, —pese a quererse y compartir una atracción física bastante potente—, los sentimientos de ambos, actualmente se percibían muy diferentes.

Sus corazones habían cambiado de propietarios y era momento de afrontarlo.

—¿Estabas pensando en Wanda?

Ante la pregunta de Natasha, James ladeó el rostro y concentró su atención en ella.

—Y tú estabas pensando en Steve…

En esta oportunidad y con cierta melancolía, ambos esbozaron una sonrisa.

Era tan reconfortante sentir que al fin lo habían superado; se estaban despidiendo de su pasado y la sensación se tornaba increíblemente reconfortante.

—Superamos lo nuestro, pero míranos ahora —siseó la fémina—, estamos jodidos por otras personas.

Bucky se incorporó hasta quedar sentado sobre el cuadrilátero.

—Yo no merezco a Wanda, pero tú sí mereces una oportunidad con Steve —su expresión adquirió un semblante más serio—, no puedes dejarte llevar por un impulso y desperdiciar esa oportunidad por concretar una maldita venganza.

Las facciones del rostro de la rusa, inmediatamente se tensaron. No deseaba volver a discutir acerca de sus planes. Tenía en claro lo que debía hacer. Su misión era deshacerse de Faustus y nadie iba a convencerla de hacer lo contrario. ¿Qué sentido tendría volver a explicar el porqué de su decisión? Si James no lograba entenderla, definitivamente ninguna persona iba a hacerlo.

—Estás mezclando las cosas —espetó, mientras se ponía de pie.

—Sí asesinas a Faustus, volverás a ensuciarte las manos y no serás solamente prófuga por haber traicionado los acuerdos de Sokovia —el soldado imitó sus movimientos y con rapidez se levantó—, también recibirás una condena por asesinato y perderás la última oportunidad que tienes para estar con Steve.

—¡Si lo entrego a los federales saldrá en menos de una semana!

—Natalia, por favor —la espía se cubrió el rostro con las manos. Detestaba cuando le hablaban en forma persuasiva y suplicante—, sólo prométeme que cuando vayamos por él, no harás nada de lo que te puedas arrepentir.

Liberando un suspiro cargado de fastidio, Romanoff apartó las manos de su cara y con resignación volvió a enfrentarle.

—Está bien —farfulló, sin estar convencida—, no actuaré impulsivamente…

En tanto la veía alejarse y descender el ring, James juntó el entrecejo.

—¿A dónde vas?

—Trataré de dormir un poco… —durante unos breves segundos, pausó su andar, tornó hacia él y se encogió de hombros—. Deberías hacer lo mismo. Nos espera un día complicado.

Mientras le daba la espalda y reanudaba su marcha, el soldado descendió del ring, tomó su antebrazo y la obligó a detenerse. Eso bastó para que Natasha arquease una ceja y le mirase con gesto interrogante.

—Sé que ese beso representó un adiós para nosotros, también sé que tú y Steve ya no están juntos, entiendo que esto no es una infidelidad, pero de cierta manera, lo que acaba de pasar en este lugar, me hace sentir un tanto… miserable. —La rusa le observaba con notoria incomodidad, claramente comprendía a lo que se estaba refiriendo. Después de todo, ella sentía algo similar—. Tal vez Steve me odie, pero no quiero volver a mentirle.

—Yo tampoco deseo volver a mentirle, pero también pienso que en esta ocasión, es absolutamente innecesario entrar en detalles… —se acomodó un mechón rubio tras la oreja. ¿Realmente era importante decirle que se habían besado? Bufó por lo bajo, le parecía absurdo pensar en algo así, de cualquier manera, Steve jamás volvería a confiar en ella—. Bueno, mejor no pensemos en eso. Tan solo concentrémonos en descansar y en estar listos para la misión.

—Sí, tienes razón…

Natasha le sonrió con debilidad.

—Tranquilo, todo saldrá bien.

A pesar de que movió su cabeza en señal de afirmación, una parte de Bucky sentía que no podía confiar en esas palabras, la conocía demasiado bien y podía apostar su vida a que ella no había cambiado de parecer.

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Luego de que ambos decidieran regresar a sus colchonetas e intentasen dormir un poco, James comenzó a padecer un desagradable episodio ansioso. En cierto modo, sentía que si ignoraba su mal presentimiento, sería el principal responsable de que Natasha cometiese un error, pues sin importar las consecuencias, ella terminaría asesinando a ese hombre y tarde o temprano, acabaría pagándolo muy caro.

Debía protegerla e impedir que un arrebato la arrastrase a perpetrar un crimen…

A diferencia suya, Natalia aún tenía oportunidades de redimirse y lograr ser una mejor persona. No podía permitir que esos profundos deseos de venganza y desesperanza, le arrebatasen la libertad que aún conservaba.

Tenía que ayudarla, se lo debía.

Procurando ser silencioso, Bucky se levantó de la colchoneta deportiva y caminó hacia un perchero ubicado en la pared más próxima a él, desde ahí extrajo su chaqueta de cuero y rápidamente comenzó a tantear los bolsillos de la prenda. Apenas consiguió dar con lo que buscaba, se distanció del perchero y contempló el objeto que reposaba en su mano.

En su última estadía en Wakanda, Shuri le proporcionó un smartphone, la finalidad de dicho obsequio fue que la llamase cada vez que le necesitase, en un principio le dijo a la joven científica que no era necesario portar un aparato como ese, pero ella insistió en que lo conservase. Por suerte fue condescendiente y decidió aceptarlo.

El móvil contaba con un registro reducido de números, entre ellos, el de la única persona que en esos momentos podía ayudarlo y agradecía con creces que Shuri lo hubiese incluido en el listado de contactos.

Esa chica era maravillosa, sin duda le debía muchísimos favores.

Asió el móvil entre sus dedos y tragó saliva, nervioso.

No estaba seguro de que su receptor estuviese dispuesto a escucharle, ni tampoco podía tener certeza de que su plan funcionase, pero el bienestar de Natalia ameritaba sacrificios y simplemente debía arriesgarse.

Previo a ejecutar la llamada, Bucky descendió a la primera planta. Caminó hacia el sector de entrenamiento funcional —lugar en donde la espía yacía acostada—, y con pasos cautelosos se precipitó a su colchoneta.

A pesar de que ese sector del gimnasio permanecía en penumbras, James logró escrutar el rostro de Natasha, su cara reflejaba una expresión tranquila, respiraba en forma pausada y todo parecía indicar que se encontraba absolutamente dormida.

Tras comprobar lo anterior, se sintió automáticamente más relajado. Su plan marchaba a la perfección y era momento de iniciarlo. Sin ser consciente de que Natasha había abierto los ojos, James se dio una media vuelta y comenzó a dirigir sus pasos hacia el sector de las duchas.

En cuanto estuvo lo suficientemente lejos, Romanoff se levantó de la colchoneta, enfocó sus orbes verdes sobre el camino que tomó el soldado y no dudó en empezar a seguir sus pasos.

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—Steve… soy yo, Bucky… — Aunque el aludido no atendió su llamado, el contestador automático le brindó la opción de grabar un mensaje de voz—, sé que te debo demasiadas explicaciones, que he sido un pésimo amigo y que me he comportado como un idiota en muchísimos aspectos…

Escondida tras un muro y bajo un gesto repleto de asombro, Natasha arqueó una ceja. ¿Había dicho «Steve»? ¿En verdad estaba hablando con Steve? Maldijo internamente, eso no podía estar pasando. ¿Por qué demonios lo llamaba?

Mientras tomaba asiento en una banca de madera y apoyaba su espalda en los fríos azulejos de la pared, Bucky se esforzaba en usar palabras adecuadas e intentaba continuar con sus dichos:

»Hablaré contigo, seré sincero y esta vez prometo no dejar cabos sueltos, pero ahora el motivo de mi mensaje es más importante que cualquier asunto personal que tengamos pendiente. Esto es realmente grave y estoy seguro que no podrás ignorarlo —previo a continuar, tragó saliva bruscamente—. Se trata de Natalia… —La rusa padeció esas palabras como si la hubiesen pateado por la espalda—. Estoy con ella y sé que estarás furioso, pero estúpidamente accedí a ayudarla a atrapar a ese miserable de Faustus, también sé que fue una tontería, pero sentí que debía hacerlo… creí que, si atrapábamos a ese sujeto y no te involucrábamos, en cierta forma podríamos retribuir el daño que te hemos hecho, pero las cosas no están resultando como yo pensé que saldrían…

La ex vengadora cerró los ojos, reprimió un grito de rabia y apoyó su frente en el muro.

«Santa mierda» pensó, apretando los puños.

—Natalia no quiere hacer justicia, ella está buscando vengarse y quiere asesinarle. No podemos permitir que lo haga, Faustus es una basura y merece lo peor que le pueda suceder a un ser humano, pero no podemos asesinarlo. En muchas ocasiones ella ha sido perseguida y juzgada por su pasado, una nueva muerte que ensucie sus manos, la arrastrará a un abismo sin fondo —con la vista perdida, James realizó una pequeña pausa antes de seguir—, sé muy bien por qué razón te lo digo.

—No hagas que venga. Por favor, no hagas que venga…

Los susurros de la rusa pasaron desapercibidos, pues Bucky permanecía ajeno a su presencia y Natasha sentía que se estaba ahogando. Quería salir de su escondite y golpearlo, ¿si habían acordado mantener a Steve a salvo, por qué demonios lo estaba involucrando?

—Mañana intentaremos secuestrar a Faustus, no sé la hora en específico, pero supongo que será cerca de la media noche. El acuerdo es someterlo a un interrogatorio y obtener pruebas que puedan demostrar su culpabilidad en la muerte de Sharon y una serie de delitos horribles en los que ha estado implicado. —Durante algunos segundos, James sumergió su relato en un profundo silencio, Natasha pensó que estaba entrando en razón y finalmente desmentiría todas las palabras que había dicho, pero nada de eso ocurrió. Él simplemente prosiguió—: Luego pretendíamos entregarlo al gobierno y esperar que ellos se ocupasen del resto, pero Natalia no se conformará con eso… todo lo que ha pasado con nosotros la ha hecho sentir mucha impotencia, está frustrada y piensa que un modo de enmendar sus errores, es asesinar al tipo que en forma indirecta provocó la muerte de tu hijo. Yo no la puedo convencer de hacer lo contrario, pero tú sí puedes, Steve, a ti sí va a escucharte.

Natasha plasmó un gesto sombrío.

No, en esta ocasión ni siquiera la intervención de Steve podría lograr que sus planes cambiasen.

Asesinar a Faustus era la única manera de impedir que continuase haciendo daño y si tenía que ensuciarse las manos para demostrarlo, definitivamente iba a hacerlo.

»Estaremos en el Hotel Margaret, ubicado en la calle kelker, trescientos diecinueve, en Harrisburg. Faustus se está hospedando en ese lugar. Al parecer, es custodiado por unos idiotas que de seguro están bajo dominio mental y no será fácil llegar a él, pero ya sabes, cuando una Viuda Negra se propone algo, es capaz de hacer cualquier cosa por concretarlo… —«Lo sabía. Sabía que tenía que hacer esto sola» espetó en voz baja—. Escucha, soy absolutamente consciente de que estás lejos, pero sé que por Natalia harás un esfuerzo y conseguirás llegar a tiempo.

Bucky dio un suspiro largo, alejó el móvil de su oreja y con ello la espía asumió que su estúpido mensaje había acabado.

—Maldita sea… —masculló, mientras notaba como su compañero comenzaba a levantarse de la banca.

Con ritmo acelerado, pero silencioso, Natasha procuró regresar a su colchoneta. Rápidamente se acostó, cerró los ojos y en cuanto Bucky pasó por su lado, fingió seguir dormida.

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Eran aproximadamente las siete de la mañana, Luanda comenzaba a presentar sus primeros rayos de luz solar, el cielo lucía despejado y todo parecía indicar que el día tendría una temperatura bastante agradable. Wanda —contagiada por las condiciones climáticas de la jornada—, fue inesperadamente la primera en despertarse.

De manera apresurada ingresó a la ducha, se vistió con las primeras prendas que encontró en su maleta y decidió sorprender a sus compañeros con un buen desayuno hogareño.

En cuanto percibieron el aroma del café recién preparado, Visión y Sam no tardaron en ocupar un lugar en la mesa. Steve apareció media hora más tarde. Cargaba unas ojeras bastante pronunciadas y todo indicaba que tuvo la desdicha de pasar una mala noche, Sam iba a preguntarle cómo se encontraba, pero apenas Steve tomó asiento junto a él, bebió un sorbo de café y saludó a sus compañeros con una enorme sonrisa, el moreno comprendió que no tenía motivos para preocuparse.

Su amigo era fuerte y una desilusión amorosa no lo haría bajar los brazos.

Realmente estaba orgulloso de él.

—Sé que no se ve demasiado apetitivo, pero es lo mejor que pude hacer con nuestro presupuesto tan bajo.

La muchacha complementó sus palabras, mientras ponía sobre la mesa un plato con rebanadas de jamón.

—Estoy seguro de que será un desayuno exquisito —dijo Visión.

—Por favor… —siseó Wanda, negando con gesto divertido—. Tú ni siquiera comes, Vis.

—De hecho sí puedo hacerlo.

—Sí, pero tus papilas gustativas no perciben lo mal que saben mis tostadas.

—Vamos, no seas aguafiestas, Visión solo intenta animarte… —intervino Sam—, además no quedaron tan mal —agregó, dándole un mordisco a la porción de pan que cargaba en su mano—, las tostadas quemadas de Scott, eran mucho peor que esto.

Mientras Wanda se llevaba una mano al pecho y dramatizaba sentirse ofendida, Steve curvó sus labios en una media sonrisa.

—¿Eso debería hacerme sentir mejor? —inquirió la joven.

—Sin duda.

Cuando el iPhone de Steve vibró en el interior de su bolsillo, inmediatamente dejó de prestarles atención. Extrajo el móvil de ese lugar y rápidamente chequeó la pantalla.

Número Desconocido.

«Mensaje de voz»

Sintiéndose intrigado por el contenido de aquel mensaje, el capitán estuvo a escasos segundos de oprimir la opción de reproducción, sin embargo, cuando su dedo pulgar parecía decidido a entrar en contacto con la pantalla, Steve se arrepintió y volvió a meter el celular en su bolsillo.

No quería arriesgarse a caer en una trampa. En su lista de contactos tenía el registro de prácticamente todos sus amigos —a excepción de Bucky que, según tenía entendido, no estaba familiarizado con los smartphones—. Por otro lado, también descartaba a Tony, éste no acostumbraba a llamarlo a su número personal, por razones de seguridad, optaba por comunicarse con él a través del moderno iPhone que le había dado hace un tiempo. Pero, no dejaba de sentir que estaba ignorando algo importante. Podía tratarse perfectamente de alguno de ellos, en la actualidad, cambiar de número era algo bastante sencillo y pensar en que esa fuese una posibilidad, no era para nada insólito.

¿Qué tal si le necesitaban? ¿Si alguien corría peligro y su vida dependía de ello?

—¿Ocurre algo?

La voz de Sam lo sacó abruptamente de sus pensamientos.

—No, solo se trata de un número desconocido y prefiero no arriesgarme.

Sam enarqueó una ceja.

—Quizás sea esa llamada que estabas esperando, Steve…

Tras advertir como Sam le dedicaba una mueca cómplice, instantáneamente percibió su corazón agitarse.

¿Cómo diablos no lo pensó antes?

Tal vez porque inconscientemente estaba harto de ilusionarse, pero… creer que aquel mensaje procediera de Natasha, era algo bastante lógico. Después de todo, la había llamado más veces de las que podía recordar y que ella decidiera responderle, sonaba bastante normal.

—Disculpen… —profirió, abandonando su sitio en la mesa.

En cuanto lo vieron encerrarse en una de las habitaciones del apartamento, los tres se quedaron en completo silencio.

—¿A qué llamada se refieren?

La interrogante de Wanda provocó que Sam entornase los ojos.

—¿A cuál crees tú?

Luego la miró como si acabase de realizar la pregunta más estúpida que hubiese oído en años.

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Sumergida en el ambiente sombrío de la noche, Natasha estiró su mano por encima del suelo, a ciegas y gracias al tacto de sus dedos, pudo encontrar el smartphone que reposaba a escasos centímetros de su colchoneta. En cuanto lo sostuvo en su mano, encendió la pantalla y con avidez se apresuró en chequear la hora.

Eran aproximadamente las cuatro de la madrugada, habían pasado dos horas desde que Bucky envió ese maldito mensaje y terminó arruinando su mezquino descanso. Dos horas en las que no pudo dejar de pensar, ¿qué diablos haría? ¿Cómo podría mantener a Steve a salvo y lejos de sus planes?

Teniendo solamente un plan como vía de escape, Natasha se levantó de la colchoneta. Con ayuda del celular, iluminó su camino, se precipitó a las escaleras y en poco rato consiguió llegar a la segunda planta.

En menos de medio minuto logró atisbar la figura de Bucky. Se encontraba en un rincón de la estancia, junto al perchero de los bolsos y algunas colchonetas amontonadas. Estaba acostado de medio lado, algo encorvado e incómodo, Natasha supuso que en algún punto de la noche, el sueño logró aletargarle la mente y el cuerpo, pues su postura, básicamente indicaba que se había dormido sin tener intenciones de hacerlo.

De cualquier manera, un simple vistazo a la distancia no podía confirmarle nada, necesitaba acercarse un poco y cerciorarse de que no estuviese fingiendo —«justo como tú lo hiciste hace un rato»—. Sacudió la cabeza y dejó de perder el tiempo, se arrimó con pasos discretos, frenó juntó a la colchoneta y se acuclilló a su lado.

Bajo un movimiento osado, Natasha comenzó a mover la mano en frente del rostro masculino, susurró su nombre en voz baja y le zamarreó con sutileza, pensó que esto último lo haría despertar, pero en respuesta, solo consiguió que Bucky gesticulase una mueca de rechazo, girase hacia el otro lado y continuase durmiendo.

Enarqueó una ceja, pensativa.

Como espía, soldado y agente secreto, James no solía perder la consciencia al dormir, por el contrario, había sido entrenado para estar atento al más insignificante de los sonidos, pero en esta oportunidad, Bucky parecía encontrarse absolutamente exhausto.

Le resultaba extraño, pero… si miraba en retrospectiva, no lo era tanto.

James condujo durante varias horas para reunirse con ella, más tarde entrenó su cuerpo durante un lapsus considerable, sin mencionar su cansancio mental tras conocer a Vladislav, organizar la misión y todo lo que había pasado en el cuadrilátero.

Definitivamente no era de extrañar que estuviese cansado, de hecho, era muy probable que llevase varias hora sin dormir, en cierto modo, su agotamiento físico y mental resultaba lógico.

Luego de comprobar que James estuviese sumido en el más profundo de los sueños, Natasha fijó la vista en su celular, buscó a Vladislav en el listado de contactos y prontamente se dispuso a tomar distancia de aquel sitio. Tampoco quería abusar de su suerte y provocar que él se despertase. Podía encontrarse plácidamente dormido, pero realmente prefería no arriesgarse.

En cuanto su interlocutor atendió la llamada, Romanoff manifestó un semblante taciturno.

—Vladi, surgió un imprevisto… —detuvo sus palabras, miró hacia el techo y liberó un suspiro—: necesito que adelantemos la misión. Te veo en media hora.

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Manteniendo sobre su rostro una expresión de impacto y ligero aturdimiento, Steve alejó el celular de su oído. Acababa de oír el mensaje de James y aún no lograba reponerse del todo, tenía tanto que procesar y tan poco tiempo para reaccionar que, simplemente no sabía cómo debía empezar.

Las palabras de su amigo acababan de noquearlo, que él y Natasha se encontrasen juntos, ya no le interesaba en lo más mínimo.

Bucky tenía razón, aunque tuviesen millones de asuntos pendientes y se debiesen una charla de hombre a hombre, primero debían ocuparse de Natasha. Se encontraba a pocas horas de cometer un error garrafal y bajo ninguna circunstancia podían permitirlo.

Independiente de que ella fuese físicamente más hábil y letal que el doctor Faustus, estaba siendo muy ilusa al subestimarlo. Bucky deseaba impedir que Nat lo asesinase y volviese ensuciar sus manos, pero Steve no temía precisamente por ello.

Lo siento mucho —balbuceó entre lágrimas—, espero que algún día puedas perdonarme, Steve.

En un intento por impedir lo inevitable, se abalanzó desesperadamente hacia ella.

¡No! ¡No! ¡No!

Estaba a escasos segundos de alcanzarla cuando vio en una secuencia lenta y casi ficticia como la rubia jalaba el gatillo. La bala entró por su sien y un dramático chorro de sangre brotó desde el otro extremo de su cabeza. Los ojos de Steve se abrieron en forma desmesurada, su única reacción fue extender los brazos y recibir el cuerpo de Sharon, pues acababa de desplomarse encima de su pecho.

Con intenciones de alejar esa nefasta imagen de sus pensamientos, movió su cabeza en señal de negación, apoyó una mano encima de su frente y trató de no rememorar aquel recuerdo tan doloroso.

No. Jamás permitiría que la historia se repitiera, ese maldito psiquiatra no le haría a Natasha lo mismo que les hizo a Sharon y a su hijo.

Primero tendría que pasar por encima de su cadáver.

La puerta de la estancia se abrió en forma repentina, Steve alzó la vista y sus pupilas inmediatamente entraron en contacto con el rostro de su compañera.

Wanda le observaba desde el umbral, tenía la mano alrededor del pomo, la mandíbula tensa y un gesto cargado de preocupación.

—¿Era ella? —inquirió, mientras cerraba la puerta y empezaba a aproximarse.

—No, no era ella… —estiró el brazo y le ofreció su celular—, era él.

El estómago de la chica padeció un vuelco violento.

Sabía muy bien a quien se estaba refiriendo.

Trató de reponerse en tanto recibía el móvil, pero era absolutamente incapaz de no mostrarse afectada, se encontraba mareada y un poco abatida. Llevaba varias semanas obligándose a no pensar en Bucky e incluso creyó que ese plazo bastaría para superar lo que pasó entre ambos, pero comenzaba a pensar que estaba muy equivocada, aquella simple mención a su nombre, le había dolido hasta los huesos.

Obligándose a no quebrantar su estabilidad emocional, Wanda contempló la pantalla del iPhone. Tras comprobar que se trataba de un mensaje de voz, cerró los ojos y se lamentó en silencio. Volver a escucharlo sería jodidamente complejo y no estaba segura de poder soportarlo. Una parte de ella se llenaría de rabia y tendría serios deseos de quebrantar el móvil bajo la suela de sus botines, pero también sabía que el otro extremo de su alma, tendría una reacción totalmente opuesta. Sus latidos cardíacos se agitarían y esa inexplicable atracción que su voz le producía, no tardaría en provocar que su cabeza nuevamente se llenase de estragos.

Abrió los ojos, lanzó un suspiro y se armó de valor. Con decisión, oprimió la opción de reproducción, guió el móvil a su oído y empezó a escuchar el contenido del mensaje.

Aunque en medio de la grabación, experimentó severas ganas de liberar su poder escarlata y expulsar la ira que las palabras de James le producían, se mantuvo bastante estoica ante lo que estaba oyendo, pues en cuanto terminó de escucharlo, disimuló sus celos mientras esbozaba una sonrisa y le entregaba su celular de regreso.

Ser consciente de que se encontraba con Natasha, a solas y completamente preocupado por ella, la hería en formas que no podía explicar.

—No me sorprende que se encuentren juntos…

—A mí tampoco. —Wanda le miró con gesto interrogante. Steve hablaba como si aquello fuese una obviedad—. Anoche, Tim Adams se contactó con Sam.

—¿El tipo que conoció en el ejército?

—Sí, pero ahora trabaja en el FBI —explicó, metiendo el iPhone en un bolsillo de su pantalón—, también fue quien nos ayudó a intentar localizar a Bucky cuando su mente era un lio, no sé si lo recuerdas...

En efecto, Wanda recordaba esos días. Cuando era una simple novata que trataba de adaptarse a vivir entre superhéroes admirados por gran parte del mundo, cuando todos parecían estar demasiado ocupados en sus propios asuntos, para percatarse de que en un intento por callar el sufrimiento que le produjo la muerte de Pietro, cortaba sus propios brazos y muslos.

En forma inconsciente, enfocó la vista sobre las múltiples cicatrices que escondía bajo sus brazaletes y muñequeras.

La vergüenza que sintió cuando Maria Hill entró sorpresivamente a su habitación y la descubrió en medio de una autolesión, fue indescriptible. Aún recordaba las miradas compasivas que sus compañeros le otorgaron, la sobreprotección que recibió por parte de estos y los largos meses de terapia que secundaron dicho calvario.

Había sido un periodo gris y no deseaba revivirlo.

De nueva cuenta centró sus ojos encima de él, ahora que Steve lo mencionaba, se percataba de lo egoísta que pudo llegar a ser.

Ella no fue la única que sufrió durante ese año.

En más de una ocasión, escuchó pláticas entre ellos, Sam y Steve pasaron noches enteras sin dormir, buscaron a Bucky en forma incesable y debieron soportar una serie de obstáculos en el camino. A veces llegó a cuestionar el esfuerzo sobrehumano que sus amigos realizaron por encontrarlo, no entendía por qué insistían en perseguirlo cuando él solo parecía esforzarse en huir de ellos…

Claro, se cuestionó eso hasta que ocurrió el conflicto con Stark y atestiguó la forma en que Steve protegió a Bucky.

¿Quién pensaría que meses más tarde, ese hombre iba a transformarse en alguien sumamente indispensable para su propia existencia?

Podría considerarse como algo irreal, pero de manera inevitable, entre ellos todo parecía conectarse.

Dejó de divagar al recordar a Tim Adams, varias veces había presenciado sus visitas en la Torre Avengers. Según explicó Falcon, ambos se conocieron cuando trabajaron en el ejército, Adams era un ex miembro de las fuerzas armadas que, por una lesión, debió retirarse, ahora desempeñaba labores administrativas dentro del sistema de seguridad ciudadana del FBI, lo que incluía en sus tareas, supervisar aeropuertos, centros comerciales y las principales avenidas de núcleos urbanos como Pensilvania y Nueva York.

—Sí, lo recuerdo, pero no entiendo cuál es su rol en todo esto.

—Desde que volvimos a perder el rastro de Bucky, Sam le pidió que nos ayudase otra vez —contestó el capitán—, así que constantemente Tim accedía a revisar las cámaras se seguridad del aeropuerto de Nueva York y de los hoteles de mala muerte en donde Bucky solía quedarse, entre esos puntos de vigilancia, él también puede tener acceso a las cámaras del aeropuerto de Pensilvania y por ende, Harrisburg. Pasaron los días y no percibió nada extraño, pero ayer… ayer fue distinto. Se encontraba trabajando en dicha ciudad y mientras revisaba los registros de las cámaras, logró atisbar la figura de Natasha…

—Y, supongo que en ese momento se percataron de que ella estaba con el imbécil de tu amigo, ¿verdad?

—Eso ya no me importa. Lo único que me interesa es impedir que Natasha se ponga en riesgo.

—¿Sabes? Creo que desde hace mucho tiempo no decía esto, pero… estoy de acuerdo con Nat… —un mohín ligeramente consternado se posó en las facciones de Steve. Natasha y Wanda eran realmente exasperantes—. Ese maldito asesinó a Sharon y a tu hijo, lo mínimo que merece es morir.

—No, la muerte sería un regalo. —De pronto, sus orbes azulados se llenaron de frialdad—. Quiero que pague y que se pudra en una celda.

Cuando Steve les reveló el motivo por el cual había expulsado a Natasha, Wanda se quedó en shock durante largos minutos. De súbito, las piezas del puzzle parecieron encajar, Natasha no se enfadó debido a que revelase su pasado con Bucky, ella reaccionó de esa manera, porque en el fondo, sabía que todas sus mentiras —incluyendo lo de Sharon—, acababan de expirar.

Entonces lo entendió y asumió su error. Comprendió la angustia de Natasha y compadeció su dolor. Jamás debió juzgar sin conocer el trasfondo de toda la historia.

Nunca tuvo derecho a involucrarse…

—Tienes razón —retomó, percibiendo un sabor agridulce—, te ayudaré a atrapar a ese maldito. Iremos tras él y haremos que pase el resto de su vida en una celda.

Aunque Rogers le agradeció con un ligero asentimiento de cabeza, aquello lo dejó bastante intranquilo.

Solo le haré una última advertencia; si no quiere que manipule mentalmente a su amigo el sargento Barnes, será mejor que todos ustedes se larguen de aquí. Y ni siquiera intente utilizar a la chica Maximoff en mi contra, créame, sé cómo manejarla y puedo hacer que termine igual que su novia. Sea inteligente y aléjese de nosotros.

Había tratado de no darle importancia a esas malditas amenazas, pero dichas palabras jamás dejaron de rondar sus pensamientos. Faustus era realmente peligroso, capaz de cometer esa y mil fechorías más. No quería arriesgarse a que ese miserable volviese a lastimar a uno de sus seres queridos, mucho menos a Wanda, quien pese a ser una muchacha buena y de sentimientos puros, era constantemente propensa a ser utilizada como un arma de doble filo.

Podía proteger a la población, pero también podía hacer todo lo contrario.

Y Faustus era completamente capaz de usarlo a su favor.

—Tú no irás… —dictaminó, usando un gesto que a la chica se le tornó demasiado serio.

—¿Qué? —refutó, desconcertada.

—Visión tampoco, no puedo exponerlo —argumentó, sacando provecho de la situación del androide para no alarmar a la joven—. Debes quedarte con él.

—Pero necesitarás de nuestra ayuda.

—Con Sam me será suficiente.

Antes de que Wanda pudiese entregar un nuevo argumento, Steve pasó por su lado y con rapidez abandonó la habitación.

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Sentándose de golpe en la colchoneta, Bucky se despertó agitado y desorientado, en un principio desconoció el lugar que le rodeaba, pero al cabo de unos segundos, su aletargamiento mermó y logró ser consciente de su ubicación. Se llevó una mano al cuello e inmediatamente lo percibió tenso, asumió que se recostó en una posición incómoda y que se durmió allí durante varios minutos.

Abrió los ojos de golpe. Dicha deducción lo alteró en forma instantánea.

Dormirse y descuidar a Natasha, jamás formó parte de sus planes, pero su agotamiento físico realmente le había atacado como el peor de los somníferos.

Mientras se ponía de pie y maldecía por lo bajo, echó un vistazo a su alrededor, centró sus pupilas sobre una de las ventanas y aunque la noche lucía notoriamente más clara, el sol y el bullicio de las calles, aún no daban indicios de estar presentes, pues la calma reinaba en el interior del gimnasio y todo parecía indicar que aún era temprano.

Nuevamente se aproximó hacia el sitio en donde permanecía colgada su chaqueta, sacó el smartphone que le dio Shuri y apenas fue consciente de la hora, comenzó a descender con pasos apresurados hacia la primera planta.

Por desgracia, no era tan temprano como pensaba…

El reloj marcaba exactamente las seis de la mañana, se suponía que él y Natasha se despertarían a las cinco y una hora más tarde, se reunirían con Vladislav. Pretendían dirigirse hacia una bodega en la que el ruso ocultaba gran parte de su arsenal, el objetivo consistía en recoger munición y también un par de armas para usar en medio del operativo, aunque a juzgar por lo tarde que era, probablemente tendrían que modificar algunos puntos de la misión, pues ya no contaban con tantos minutos a su favor.

En cuanto la vista del soldado se posó sobre la colchoneta de Natasha y la encontró totalmente vacía, la angustia no tardó en tomar posesión de su cuerpo.

—¿Natalia? —Tras no obtener respuesta, los latidos de su corazón comenzaron a martillar internamente su pecho—. ¡Natalia!

Con la esperanza de encontrarla en algún rincón de aquel gimnasio, corrió hacia el sector de los baños, buscó en las duchas, en el espacio destinado a las pesas, la zona de yoga y la sección de pilates. Volvió a subir a la segunda planta, revisó en todos los sitios posibles, incluso en ese cuarto subterráneo que Vladislav les enseñó el día anterior, pero no obtuvo nada.

Ni ella ni sus pertenencias yacían dentro de aquel centro deportivo. Claramente se había ido.

—Mierda…

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A diferencia de otras ocasiones, Wanda no insistió en persuadir a Steve, aceptó la decisión que tomó y sin objeciones de por medio, permitió que Sam y él se dirigieran prontamente hacia Estados Unidos.

Por suerte, la excusa de proteger a Visión logró convencerla de quedarse en el continente africano… quizás Steve no fue lo suficientemente honesto con ella, pero no se arrepentía de mantenerla alejada del doctor Faustus, necesitaba enfocarse en llegar a tiempo, reunirse con Natasha y hacerla entrar en razón, no en estar paranoico respecto a las amenazas que el psiquiatra realizó en alusión a la muchacha. De momento, con ocuparse de la espía tenía más que suficiente.

—¿Todo bien? —cuestionó, mirando a su compañero.

Sam, quien cumplía funciones de copiloto y se mantenía atento a los diversos indicadores de la cabina, asintió con la cabeza.

Apenas culminó su conversación con Wanda, Steve se acercó a Falcon y le informó lo que estaba pasando en Pensilvania, ambos cogieron sus prendas de combate, rápidamente las metieron en un bolso, se equiparon con un par de armas y emprendieron rumbo hacia un hangar ubicado en el sector industrial de la ciudad. En dicho sitio guardaban el quinjet que el monarca de Wakanda les dio. Un anciano custodiaba la aeronave y recibía la renta que les cobraban, a veces les miraba con curiosidad, pero jamás realizaba preguntas, solo se limitaba a estirar la mano y en silencio tomaba el dinero.

—Aunque con este viaje, el combustible no nos alcanzará para regresar —agregó Sam.

—Da igual —respondió, mientras piloteaba la aeronave—, ya nos encargaremos de eso.

—¿Con qué maldito dinero, Steve? Gastamos nuestros últimos ahorros en comprar munición y en pagar el arriendo del hangar, sin mencionar que el resto quedó en manos de Wanda.

—Sam… —espetó, fastidiado—, en verdad, en estos momentos ni siquiera tengo espacio en mi cabeza para pensar en eso. Solo quiero concentrarme en llegar a tiempo.

—Está bien, está bien… no te enfades —articuló, en tanto alzaba las manos y emulaba una señal de tregua—. Mejor esperaré a que recuperemos la señal y trataré de ponerme en contacto con Tim para que no tengamos inconvenientes al momento de entrar al país, ¿te parece?

Rogers no respondió, su vista se mantenía fija en las coordenadas que indicaba el monitor de la cabina… lucía exageradamente tenso y concentrado en ejercer el pilotaje de manera correcta, no quería arriesgarse a cometer un error y provocar que su llegada a los Estados Unidos sufriera un retraso. Eso sería perjudicial para el resto de sus planes.

Con nerviosismo, apretó la mandíbula y aferró las manos alrededor del timón de direcciones. Iría por Natasha aunque el maldito quinjet se quedase sin combustible, incluso si los agentes federales se interponían en su camino o si el amigo de Sam decidía no ayudarles, nada de eso impediría que lograse su propósito.

Sam le miró de reojo, pensaba que Steve se preocupaba más de la cuenta, Natasha no era una novata y sabía cuidarse mejor que nadie, claramente no podían descartar la opción de que estuviese en peligro, pero en el fondo, ambos sabían que eso era bastante improbable.

Personalmente, estaba seguro de que la encontrarían a salvo…

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Tras percatarse de que la espía había huido, las cosas empeoraron severamente. Pues no conforme con haberle abandonado, Bucky descubrió que Natasha tomó todas las armas que se encontraban en la habitación subterránea del gimnasio, incluyendo los planos que trazaron para emboscar al doctor Faustus, así como también el Mercedes Benz que había rentado.

Su primer impulso fue correr hacia la calle, quiso caminar un par de metros e intentar hallar alguna pista que pudiese ayudarlo, pero en cuanto pisó la acera, perdió las esperanzas de inmediato. Natalia era una espía y sabía no dejar rastro, aquello, simplemente sería una pérdida de tiempo.

Experimentando una fatiga que iba más allá de lo físico, James centró su atención en los vehículos aparcados en la calle. La idea que atravesó sus pensamientos se le tornó repulsiva y completamente amoral, pero si deseaba encontrar a Natasha, no tenía más opciones que tragarse esos escrúpulos… al fin y al cabo, lo haría por una buena causa.

Dicho pensamiento lo impulsó a caminar en dirección a una camioneta, con disimulo observó la ventanilla del conductor, un hombre yacía sentado frente al volante, tenía las manos ocupadas con su smartphone y estaba convenientemente distraído. El automóvil era de tamaño considerable, lucía un logotipo de la marca Ford, un impecable color negro y sus llantas pulcras solo parecían demostrar una escasez de uso. Estaba estacionada en frente de un edificio vecino, Bucky no sabía qué funciones cumplía dicho recinto, pero aquella avenida no formaba parte de un barrio residencial y era muy probable que hubiese un encargado de seguridad cerca.

Tenía que actuar rápido.

Fue así como decidió abrir la puerta del conductor y usar su mano de vibranium para coger al propietario de un brazo, con un simple movimiento consiguió sacar al hombre del carro, posteriormente lo lanzó al asfalto, pasó por encima de él y se sentó frente al volante. Como acto seguido, pisó el acelerador y al más puro estilo de un jodido antisocial, comenzó a huir entre las calles.

No sabía a dónde diablos iría, pero iba a encontrar a Natasha aunque le costase la maldita existencia. No… esta vez no le permitiría cometer una locura.

Con una mano cogió su celular, buscó el número de Steve y comenzó a ejecutar una llamada.

«El número que usted ha marcado se encuentra fuera de servicio. Por favor, comuníquese más tarde»

—¡Mierda! —farfulló, golpeando el volante—. ¿Por qué no respondes, Steve?

Cuando alejó el móvil de su oreja, su vista se clavó sobre la pantalla, el nombre de Wanda asomó como un fantasma en la parte inferior de su listado de contactos, eso bastó para que fantasease con la estúpida idea de hablar con ella. Tal vez… si habitase un mundo paralelo, en donde no se había comportado como un hijo de perra que la lastimó, la abandonó y le rompió el corazón, Wanda podría ayudarle a contactar a Steve, le explicaría lo que estaba ocurriendo con Natasha y su amigo acudiría prontamente a buscarla…

Qué idílico sonaba…

¿Quién hubiera pensado que aquello realmente pudo pasar y que por imbécil lo terminó convirtiendo en una fantasía bastante alejada de la realidad?

«Te mereces su desprecio y todo lo que te está pasando porque eres un… »

—¡Idiota!

En cuanto escuchó la provocación del conductor que iba a su lado, James fue consciente de su distracción y la imprudencia que estaba cometiendo. En forma inmediata apartó la vista del móvil, realizó una maniobra con el volante y por suerte logró reaccionar a tiempo. Cuando miró por el retrovisor y vio al tipo enseñarle su dedo medio, Bucky sintió que se lo merecía, pues de no haber sido por aquel insulto, ambos coches habrían terminado estrellándose en forma horrible.

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—Tim, por favor…

Cada vez que te ayudo, mi carrera y mi vida se ponen en riesgo, Sam.

—Lo sé, pero será la última vez.

Steve observó a su acompañante por el rabillo del ojo. Si Sam no lograba convencerle, todos sus esfuerzos por encontrar a Natasha podrían quedar reducidos a nada, si él no les ayudaba, el FBI y la fuerza aérea alertarían a todas sus unidades, eventualmente comenzarían a perseguirles y eso bastaría para hacerles perder tiempo.

Has dicho exactamente lo mismo más veces de las que soy capaz de recordar.

—Sé que te debemos millones de favores, pero en serio, necesito que me ayudes a zafar el control de seguridad. Necesitamos aterrizar en Harrisburg. La vida de Natasha Romanoff depende de esto…

¿Qué dijiste? ¿La agente Romanoff está en peligro?

—Eso creemos… bueno, queremos asegurarnos de que no sea el caso —luego de emitir esa torpe explicación, Sam se cubrió el rostro con la palma de su mano. ¿Cómo demonios iba a explicarle que, de hecho, aquello se trataba de algo aún más complejo?—. Por favor, Tim, ayúdanos.

¿Tienes idea de lo que me podría pasar si se enteran de esto? —Lo oyó suspirar al otro lado de la línea—. Fingir que no los he visto y proporcionarles información de las cámaras de vigilancia son cosas que puedo permitirme hacer, pero mentir para dejarles entrar al país, es algo completamente distinto.

—El controlador del área ya nos detectó… —profirió Steve, en tanto apuntaba al radar—, quiere hablar con nosotros. ¿Qué hago?

—No le digas nada, espera…

Sam sintió deseos de vomitar, llevaban más de diez horas de vuelo y faltaba bastante poco para llegar al condenado punto de encuentro, no podían fallar ahora que estaban tan cerca de lograrlo. Tenía que convencer a Tim Adams —o serían ellos y no Faustus— quienes terminarían encerrados en una maldita celda del gobierno.

—Tim, por favor… —murmuró, suplicante.

¡Maldita sea! ¡Está bien! —Falcon y Steve intercambiaron una sonrisa ligeramente esperanzada—. Dame unos minutos y ponte a rezar… Veré qué diablos puedo hacer.

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Percibiendo su cuero cabelludo húmedo y pesado, Wanda observó su reflejo en el espejo del baño, aún tenía agarrada entre los dedos, aquella brocha que utilizó para tinturar su pelo, si había realizado bien el procedimiento, su cabellera castaña pronto luciría anaranjada y notoriamente distinta de su color habitual. No estaba segura de haber acertado con el tinte, pero se había arriesgado con un color llamativo, menos conservador que los anteriores y muy diferente al que usó luego de abandonar Wakanda. En aquella ocasión lo había aclarado un par de tonos, pero su intento por cambiar su aspecto resultó ser un soberano fracaso, la transformación fue mínima y pasaba bastante desapercibida. Claramente no era lo que estaba buscando, necesitaba algo más radical… algo que, alejase a la Wanda inexperta y diese paso a una imagen más seria.

Esperaba conseguirlo… realmente necesitaba sentirse distinta, incluso si aquello era producto de un acto netamente superficial.

Muy en el fondo, Wanda sabía que su cambio de apariencia solo era un intento de escape y una distracción que —en forma inconsciente— su cerebro había creado, pero intentaba pensar que dicho sentimiento era verídico y totalmente ajeno a lo que había experimentado luego de oír el mensaje de Bucky.

—¿Nuevo look? —La voz de Visión la hizo dar un brinco involuntario. Se encontraba tan sumergida en sus pensamientos tóxicos que, simplemente se había olvidado de él. Mientras se sentía culpable y volteaba a verlo, Visión se disculpó con un gesto de manos—. Lo siento, no quise asustarte. Vi la puerta abierta y pensé que habías olvidado apagar la luz…

Con eso, Wanda solo consiguió incrementar su culpa. No era justo que constantemente ignorase su existencia de esa manera, Visión no lo merecía.

—Eres pésimo mintiendo, Vis, pero al menos no atravesaste la pared, eso es un gran progreso.

—¿Y el cambio, por qué? —preguntó, mientras apuntaba en dirección a su cabello.

—Cuando estuvimos en Caxito, sentí como una mujer me miraba con miedo. Tal vez me reconoció. —«Más bien estaba intentando cerrar un ciclo, como muchas mujeres cuando intervienen impulsivamente su cabello, pero no te diré eso, me da vergüenza que descubras lo patética que soy»—. Sé que seguiré luciendo igual, pero al menos este color de cabello logrará hacerme sentir menos expuesta.

—De todas maneras te verás hermosa.

—Siento que últimamente es muy adulador, señor Visión. ¿Intenta usted cortejarme?

—Desde el primer día.

Pese a que ella usó un tono de voz bromista, la respuesta de Visión fue clara y concisa. Él no estaba bromeando. Durante varios segundos, ambos se quedaron en silencio y la conversación adoptó un ritmo más serio.

Wanda tragó saliva y descendió la vista.

—Cuando te enteraste de mi relación con Bucky, ¿te decepcionaste mucho, verdad?

—Sí, me decepcioné… pero no de ti, más bien… me decepcioné de mí mismo —explicó, mirándola fijamente—, porque me percaté de lo cobarde y estúpido que fui. Debí decirte lo que sentía, pero en lugar de eso, opté por guardar silencio.

—Bueno, no estábamos atravesando un buen momento para hablar de ello.

Ahora fue Visión quien apartó sus pupilas.

—Sí, pero antes de que surgieran los problemas, tuve muchas oportunidades de hacerlo. Supongo que, mi peor error fue pensar que no necesitaba apresurarme… —volvió a mirarla, pero en esta oportunidad Visión lo hizo desde más cerca, pues sin que Wanda lo notase, avanzó un par de pasos y poco a poco se aproximó a ella—, eres hermosa y otro hombre no tardaría en notarlo.

—A veces creo que me idealizas mucho… —susurró, estando a centímetros de su rostro—. Ten cuidado, puedo decepcionarte.

Iba a distanciarse de él, pero cuando Visión la tomó por el antebrazo y la retuvo con su mano, Wanda no tuvo más opciones que detenerse.

—Estoy dispuesto a correr el riesgo…

Cogió la mano de Visión y con suavidad la apartó de su cuerpo.

—Se oye tentador, pero aún no estoy lista, Vis… —un gesto compasivo y triste se plasmó en su rostro—, en verdad espero estarlo algún día.

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Obteniendo únicamente resultados negativos, había buscado a Natasha en más sitios de los que podía recordar, la batería de su móvil acababa de agotarse y el combustible del vehículo que robó parecía correr la misma suerte. Todo conspiraba en su maldita contra, se sentía agotado y al borde de sufrir una crisis nerviosa.

Cerró los ojos y dejó caer su cabeza sobre el respaldo del asiento.

Acababa de regresar al mismo sitio en donde comenzó la búsqueda; el hotel Margaret.

Antes de que los planes se fuesen al diablo y Natasha decidiera cometer una estupidez, habían acordado atrapar a Faustus en ese lugar, pero cuando consiguió llegar a la habitación que utilizaba el psiquiatra, se topó con un par de hombres inconscientes en el piso y una jodida nota que decía: «No me busques».

—No me busques —repitió con tono burlesco—, ¿en serio, Natalia? Pensé que habías madurado…

Arrugó el papel que contenía la caligrafía de la espía y lo dejó caer en los asientos traseros de la camioneta.

Suspiró pesadamente y deslizó una mano por su rostro.

De no haber sido por su estúpido ataque de sueño, nada de eso estaría pasando. ¿Por qué demonios sucumbió de esa manera si estaba entrenado para estar alerta? En esa ecuación, algo simplemente no cuadraba.

De cualquier manera, eso ya no tenía importancia. Había ocurrido y debía remediarlo.

Abrió la puerta del conductor, bajó del vehículo y contempló el frontis del hotel. Recurriría a su plan B.

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Luego de ayudarles, Tim les pidió que dejasen la aeronave en un sitio discreto, Sam dijo que le encantaría hacer eso, pero también argumentó que no sabía en dónde diablos podrían hallar un terreno con esas características. Después de todo, Harrisburg era una ciudad grande y no contaban con suficiente combustible para volar sobre ella. Teniendo en cuenta dichos factores, Tim les indicó que se dirigieran hacia un punto en específico, Steve siguió las coordenadas y guió el quinjet a dicho lugar, era un sitio eriazo que se encontraba a varios kilómetros de las principales calles de Harrisburg, en un principio el capitán no se mostró conforme con la idea, básicamente porque no le era conveniente alejarse del supuesto lugar en donde se encontraba Natasha. Sin embargo, Tim logró convencerle tras decirle que se encargaría del quinjet y además les facilitaría un vehículo para desplazarse por la ciudad.

Bajo esas condiciones, Steve no pudo negarse, aceptó seguir su plan y ahora esperaba que el agente federal apareciera en el punto de encuentro.

—¿Cuánto más piensa tardarse?

—Tranquilo, cap… aún tenemos tiempo. Bucky dijo que irían por Faustus cerca de la media noche. —Mientras miraba la pantalla de su móvil, Sam juntó el entrecejo—. ¿Encendiste tu celular? —su amigo negó con la cabeza—. Recuperé mi señal y tengo algunas llamadas de un número desconocido.

Steve se acercó a él, miró por encima de su hombro y estudió el número que aparecía en pantalla.

—Creo que es el mismo número que usó Bucky para enviarme aquel mensaje. —Falcon le miró con preocupación—. Llámalo y comprueba si es él, tal vez ocurrió algo.

A medida en que Sam ejecutaba la llamada, Steve cogió su iPhone y se apresuró en encenderlo.

—Maldita sea, no contesta.

—Efectivamente es el mismo número —añadió, en tanto le enseñaba la pantalla de su propio smartphone—. También tengo llamadas suyas.

—Pero, ¿por qué demonios no contesta ahora?

—Porque tal vez están en peligro —respondió, atemorizado—. O surgió un cambio de planes y nos necesitan…

—Steve, tranquilízate…

—Ya no podemos seguir esperando a Tim, tenemos que irnos.

—Relájate, él ya está aquí —musitó, en tanto apuntaba un vehículo que se aproximaba hacia ellos.

Luego de estacionar el automóvil, Tim descendió de este y procedió a estrechar las manos de ambos.

—Vaya, los años te han sentado bastante bien…

Tim Adams era un hombre de edad mediana, rondaba los cuarenta años, pero su buen estado físico lo hacía lucir más joven, al igual que ellos, tenía un pasado militar y su cuerpo atlético lo dejaba en evidencia.

—Ni siquiera esos comentarios conseguirán que te siga ayudando, Sam.

—Bueno, no perdía nada con intentarlo.

—Bien… es lo último que haré por ustedes… —depositó la llave del carro en la mano de Steve—. Suerte.

—Espera… —Sam se precipitó a él—. ¿Qué harás con el quinjet?

Tim sonrió con sorna.

—No tengo idea… pero supongo que de momento, eso no es importante.

—Gracias, Adams —expresó Steve—. Jamás olvidaré todo lo que has hecho por nosotros.

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En el interior de una habitación lúgubre, espaciosa y tortuosamente fría, Natasha y su amigo Vladislav, contemplaban de manera persistente al hombre que tenían en frente. Capturar al doctor Faustus había sido bastante fácil, burlar la seguridad del hotel fue un acto ridículamente sencillo y ni hablar de los pobres diablos que el psiquiatra había manipulado para que le protegieran, lo único que, hasta el momento estaba resultando ser realmente tedioso, era intentar hacer que Faustus hablase y diese una declaración decente.

El muy miserable parecía ser experto en evadir sus preguntas.

—¿Pensabas que eras intocable, verdad?

La interrogante de la rusa hizo que el anciano levantase la cabeza.

—Y supongo que lo soy… aún no me has matado.

—No seas impaciente, ya llegaremos a esa parte. —Con pasos tranquilos, Natasha comenzó a caminar alrededor de la silla en la que Faustus permanecía atado—. Primero, quiero que charlemos un poco.

—Perfecto, es mi especialidad.

—Eres muy idiota si piensas que podrás manipularme.

Sin interrumpir el interrogatorio de Natasha, Vladislav miró al doctor y se cruzó de brazos.

—¿Sobre qué deseas hablar?

—¿Cómo es que un ex miembro del ejército rojo terminó involucrándose con Nazis y diferentes fascistas? —preguntó, sintiendo real curiosidad. Pues según había leído en su expediente, aquel viejo repulsivo nunca solía ser fiel a un mismo equipo—, ¿cómo es que alguien puede cambiarse de bando en forma tan radical?

Faustus sonrió burlescamente.

—Usted también podría responder eso, agente Romanoff. ¿Cómo pasó de asesinar personas a rescatarlas en forma tan heroica?

—Me encantaría responderlo, pero lamentablemente estamos hablando de ti y no de mí —replicó, detenido sus pasos en frente de la silla—. Responde.

—Me atrae el poder más que las ideologías. No me interesa de qué lado tenga que estar para lograrlo. Creo que el triunfo siempre suele encontrarse junto al más fuerte.

—Suena como si fueras un parásito.

—Qué bueno que las apreciaciones son subjetivas —profirió, en tanto le echaba un vistazo a Vladislav.

—¿Es cierto que fuiste criogenizado por el imbécil de Arnim Zola?

—Es probable… si consideramos mi edad, técnicamente debería estar muerto.

Ahora fue Natasha quien sonrió en forma irónica.

—No te preocupes, pronto me encargaré de eso.

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Con los nudillos ensangrentados, James observaba con desdén hacia el piso. Uno sobre el otro, los cuerpos de aquellos tipos yacían tumbados en la alfombra de la habitación, gemían adoloridos y se retorcían como ratas agonizantes.

La primera vez que revisó la suite de Faustus, encontró a esos hombres inconscientes en el piso, supuso que Natasha los noqueó y les desechó de su camino, aunque sonaba sencillo, en cierto modo eso no dejaba de ser extraño, la rusa golpeaba fuerte, pero no lo suficiente como para dejarles en semejante estado. Bucky dejó de analizar la situación mientras cogía las cuerdas que sujetaban las cortinas de la alcoba y procedía a utilizarlas para atarlos. Si su búsqueda fracasaba, se propuso regresar al hotel y someterles a un arduo interrogatorio.

La segunda vez que ingresó a la habitación, los individuos habían despertado, mediante amenazas y golpes, trató de obtener información de ellos, pero en respuesta solo recibió comentarios sin sentido y sonrisas de aspecto psicótico.

La manipulación de Faustus, claramente seguía presente en sus mentes. De esos hombres no obtendría nada y eso significaba que sus opciones por encontrar a Natasha eran cada vez más lejanas.

Se tomó la parte alta de la cabeza y trató de calmarse.

—La gata piensa que atrapó al ratón… —balbuceó uno de ellos. El castaño le miró con gesto interrogante—, pero la gata no sabe que el ratón es más astuto que ella.

—¿Qué dijiste?

Antes de que el tipo pudiese responderle, un ruido en las afueras del cuarto consiguió alarmar a Bucky, rápidamente se precipitó al ventanal que permitía el acceso al balcón, apoyó su espalda en el muro contiguo y espero a que el intruso se animase a entrar.

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—¿Por qué asesinaste a Sharon?

Faustus, completamente fastidiado con el interrogatorio, lanzó un resoplido y entornó los ojos.

—Yo no la asesiné, ella se suicidó… —argumento en forma descarada—, supongo que el forense lo anotó en su reporte, ¿verdad? —Natasha apretó los puños y se contuvo de golpearle. Sabía que pretendía descontrolarla para dejarla endeble y eventualmente manipular su mente. No podía, ni debía caer en su juego—. ¡Oh! Me olvidaba que ella era una prófuga de la justicia y eso no pudo ser posible.

—Eres un verdadero hijo de puta.

Como si acabase de recibir el mejor de los cumplidos, el psiquiatra soltó una gran carcajada.

—¡Vamos, agente Romanoff! Sé que tiene mejores insultos que ese…

—Vladi, ¿serías tan amable de entregarme una cuchilla? —Al ver como Faustus borraba su estúpida sonrisa, el rostro de Natasha se llenó de satisfacción—. Es triste, pero nuestro anciano favorito no parece dispuesto a cooperar.

Sin apartar sus pupilas del médico y esperando que Vladislav le entregase aquel objeto, la espía estiró la palma de su mano en dirección a él.

—Me temo que su amigo no hará lo que le está pidiendo.

Por inercia la ex pelirroja volteó en dirección a su compatriota, a pesar de que Vladislav sostenía el arma blanca entre los dedos, su vista permanecía perdida y lejana. Su mente, evidentemente se encontraba muy lejos de ahí.

—Bien hecho, señor Kozlov. Fue muy eficiente al traerla hasta aquí. —Natasha abrió desmesuradamente los ojos, su ritmo cardíaco fue en aumento y un repugnante mal presentimiento comenzó a activar las alarmas de su cerebro. Negó con la cabeza, eso no podía ser cierto—. Ahora, ponga ese cuchillo en su garganta.

—¡No, Vladi, no lo escuches!

Los gritos de la fémina resultaron inútiles, Vladislav no la escuchó, pues solo parecía oír las indicaciones del psiquiatra. Inmediatamente guió el filo del cuchillo en dirección a su cuello, lo dejó apoyado a escasos centímetros de su piel y eso bastó para que Natasha estuviese a punto de perder el aire.

—¿Qué le hiciste? —bramó, colérica—. ¡Responde si no quieres que te vuele la cabeza! —mientras desenfundaba su arma y procedía a apuntarle, Natasha se le acercó un par de pasos—. Habla, pedazo de mierda…

—Si yo estuviera en su lugar, dejaría el arma y no me seguiría acercando. Ante el mínimo movimiento que usted haga, el señor Kozlov tiene la orden de cortar su propia garganta.

Sin bajar la pistola, Natasha no pudo evitar sentirse impotente y completamente sola.

—Respecto a las múltiples preguntas que me hizo, creo que solo responderé la primera —agregó, estoico—. Fue algo como: «¿Pensabas que eras intocable, verdad?». Bueno, la respuesta es simple, definitivamente pienso que lo soy.

Avergonzada y derrotada, la espía bajó lentamente su pistola. Realmente no existían palabras que pudiesen definir la humillación que estaba sintiendo. Su tozudez y un rencoroso deseo de venganza, acababan de generar que ese asqueroso ser humano lograse dejarla atrapada en medio de un callejón sin salida.

Había subestimado a Faustus y un inocente estaba pagando por su error. No podía permitir que lo dañase, Vladislav era su amigo y su único error fue involucrarse, debió suponer que ese desquiciado lo usaría en su contra, pero su condenado egocentrismo fue mucho más fuerte que la razón y logró convencerla de que podría dominar la situación.

Prométeme que cuando vayamos por él, no harás nada de lo que te puedas arrepentir.

Está bien, no actuaré impulsivamente…

Apenas dejó la pistola en el piso, sintió severos deseos de vomitar sobre el mismo. La culpabilidad y el remordimiento, rápidamente comenzaron a orbitar sus pensamientos.

—Tejió una telaraña y se enredó con sus propias redes. —Faustus negó con la cabeza—. Qué viuda negra tan lamentable...

Inspiró un poco de aire y cerró los ojos. Diablos, cómo se arrepentía de haber ignorado a James.

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En cuanto vio su silueta asomarse y se percató de que cargaba un arma, James se apresuró en cogerlo desprevenido, inmovilizó su brazo con una técnica de combate y en poco rato pudo despojarlo de su pistola. Cuando el extraño quiso golpearlo, logró retroceder y esquivar su ataque, pero tras su espalda, unos brazos fuertes le obligaron a detenerse.

—Tranquilo, somos nosotros…

—¿Steve? —preguntó, desconcertado. En tanto sentía que lo liberaba de aquel agarre, Bucky volteó hacia él. Aun no podía creer que lo tuviese en frente—. Pensé que no habías escuchado mi mensaje y que nunca vendrías.

—Idiota, casi rompes mi brazo —espetó Sam, mientras le daba un manotazo en el hombro.

—Si me hubieras dicho que eras tú, no te habría golpeado.

—Sí, cómo no… —masculló, fulminándolo con la mirada.

—¿Qué demonios pasó aquí? —Los ojos de Steve se clavaron en el piso y más específicamente en el par de hombres que yacían tumbados. Inmediatamente observó las ataduras de sus extremidades y las diversas marcas de golpes que tenían sobre el rostro—. ¿En dónde está Natasha?

Ante las preguntas del capitán, James empalideció bruscamente. ¿Cómo diablos se suponía que debía explicar eso?

—No lo sé…

—¿Y Faustus? —añadió Sam—. Dijiste que él estaría aquí…

Incapaz de emitir palabras que pudiesen responder dichas interrogantes, el castaño giró sobre sus talones y les dio la espalda. Realmente se sentía asfixiado.

—¿Qué pasa, Bucky? —Con cierta tosquedad, su amigo lo cogió por el antebrazo y de nueva cuenta le obligó a encararle—, ¿por qué Natasha no está contigo?

—La perdí de vista… —Steve percibió esa respuesta como si acabasen de comprimir su pecho—, no sé en dónde está, ni qué diablos hizo…

—¿Qué es esa mierda de que la perdiste de vista? —cuestionó Sam.

—¿Y qué se suponía que debía hacer? —refutó, perdiendo la paciencia—. ¿Atarla e impedir que se moviera? Por favor… ustedes la conocen tanto como yo y saben lo testaruda que puede llegar a ser. Obviamente huyó de mí y atrapó a Faustus para poder concretar esa maldita venganza con la que está obsesionada.

—¿Cómo pudiste dejarla sola? Faustus es peligroso y lo sabes… —los alegatos del capitán hicieron que Bucky le dedicase una breve mirada de apatía. No era un jodido mocoso que necesitase oír un sermón, sabía que debió ser más precavido y que había cometido un error al distraerse, pero no podían responsabilizarlo por las decisiones que ella tomase. Eso no era su culpa—. No debiste descuidarte si sabías lo que ella pretendía hacer…

—¡No me jodas, Steve! No soy su puto niñero…

Sin que Sam o el propio Bucky lo viesen venir, el puño de Steve se estampó con fuerza en la mandíbula de su mejor amigo. El impacto del golpe fue tan grande que James no pudo evitar perder el equilibrio y caer violentamente al piso.

—Si llega a pasarle algo, jamás voy a perdonártelo.

Mientras se tocaba el labio y comprobaba que estaba sangrando, Bucky le miró desde el piso. El rostro de Steve cargaba una expresión pocas veces vista, sus ojos reflejaban rabia, pero al mismo tiempo vulnerabilidad y miedo. Sam observaba la escena en estado de shock, de todas las reacciones que el ex líder de los vengadores solía adoptar, esa era por lejos la última.

Ser consciente de que Natasha se encontraba en peligro, definitivamente podía llegar a enloquecerlo.

—Hey… será mejor que nos tranquilicemos —procurando salir de aquel estupor, Falcon se interpuso en medio de ambos. Acomodó una mano sobre el pecho de Steve y con discreción comenzó a alejarlo de Bucky—. Tenemos que concentrarnos y pensar en alguna manera de encontrarla.

Aun sin moverse del suelo, James era absolutamente incapaz de abandonar su conmoción.