Disclaimer: Los personajes pertenecen a Marvel & Disney © No tengo fines de lucro.


Capítulo XIX: Sin compromisos


Aunque sus manos permanecían cómodamente unidas, el resto de sus extremidades se encontraban rígidas y frías.

Silentes y pensativos, tanto Steve como Natasha se miraban con fijeza y ligera impaciencia. Tenían expresiones intranquilas, pues eran absolutamente incapaces de ignorar lo que sentían, sus respiraciones agitadas y la angustia reflejada en sus rostros, solo parecían demostrar lo mucho que ansiaban besarse. Realmente deseaban caer sobre un colchón, quitarse la ropa y compenetrarse en la dermis del otro.

—¡Chicos no tenemos todo el día! —Bajo el umbral de la puerta y con un mohín cargado de impaciencia, la figura de Sam volvió a irrumpir en medio de la estancia. Eso bastó para que Natasha se avergonzase e inmediatamente rompiese el contacto de sus manos—. Por favor apresúrense…

—Me gustaría ir más rápido, pero mis pies heridos no ayudan demasiado —se excusó, enfocando sus pupilas en Falcon.

—¿Quieres que te lleve? —intervino Steve.

Casi como si quisiera huir de su lado, Natasha se alejó, retrocedió un paso y negó rápidamente con la cabeza.

—No, descuida no es necesario.

Aunque se maldijo por actuar como una desconsiderada estúpida, cierta parte de su cerebro sintió que había hecho lo correcto.

Faustus acababa de pisotearla, su amigo había muerto y la propuesta de Steve la pillaba absolutamente desprevenida. ¿Cómo se supone que empezarían desde cero si no dejaba de pensar en lo que había pasado?

No podía…

No mientras continuase herida y hecha trizas.

—Vamos, Romeo… —insistió Sam—, se nos hace tarde.

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Cargando su apariencia humana y una expresión de completo abatimiento, Visión ingresó en el apartamento, lanzó un suspiro extenso y con pesadez se recargó sobre la puerta.

En cuanto Wanda le vio, se precipitó hacia él con pasos rápidos.

—¿Te creyeron? —preguntó, preocupada.

Tras oír el ventanal estallar, la preocupación y curiosidad de los vecinos no tardó en hacerse notar, pues como si se tratase de un tumulto sacado de un cuento ambientado en la inquisición, un considerable grupo de residentes se atestó en la entrada del apartamento. Apenas Visión se asomó en el marco de la puerta, múltiples preguntas y solicitudes prepotentes de algún tipo de explicación, comenzaron a saturar sus oídos.

—¿Crees que decirles que choqué contra el ventanal por accidente, suena como si fuese algo convincente?

—No, realmente no.

—Yo tampoco —dijo, pasándose una mano por la frente—, el presidente de la asociación vecinal insinuó que si volvían a oír estruendos en nuestro apartamento, sencillamente llamarían a la policía.

—Bueno da igual —comentó, sintiéndose un poco aliviada—, al menos no vieron a ese tipo…

—Sí, supongo que eso es algo con lo que podemos conformarnos.

Solo habían transcurrido escasos minutos desde el ataque de aquel individuo y el nerviosismo de ambos parecía continuar latente. Wanda sentía serios deseos de tomar su smartphone, llamar a Steve y explicar con lujo de detalles lo que acababa de ocurrir, pero también sentía que debía conservar la calma y respetar lo que Visión le había pedido.

Conocía de primera fuente lo que su compañero estaba sintiendo, preocupar al resto y tener que vivir bajo protección exagerada, era asfixiante y verdaderamente agotador.

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En tanto Steve y James terminaban de organizar sus pertenencias en el maletero, Natasha y Sam les esperaban dentro del vehículo. Falcon era quien iba a cargo del volante, cada cierto tiempo tocaba el claxon o bajaba el vidrio adjunto a su puerta, luego asomaba medio cuerpo por dicha apertura y les gritaba que se apresurasen, pero ellos solo se limitaban a ignorarle.

No parecían interesados en prestar atención a su histeria cansina y tediosa.

Apenas Bucky terminó de acomodar un par armas, cerró la puerta del maletero y comenzó a caminar en dirección al carro. Aún percibía un ambiente tenso entre ambos y no tenía deseos de seguir atormentándose por eso, si Steve quería ignorarlo, estaba en todo su jodido derecho.

—Espera, Bucky… —sus pasos se detuvieron al mismo tiempo en que lo hicieron sus pensamientos. Lentamente giró sobre sí mismo y en silencio procedió a entregarle su atención—. Quería disculparme… otra vez —añadió, suspirando.

—Si es por la conversación que tuvimos hace un rato, créeme, no tienes por qué hacerlo.

—No es solo por eso, es…

En cuanto Sam volvió a hacer sonar el claxon, Steve no tuvo más alternativa que dejar sus palabras a medio camino. Entornó los ojos y con fastidio se precipitó a la puerta del conductor.

—Dame unos segundos, necesito hablar con Bucky.

—Pueden seguir charlando en el quinjet —se encogió de hombros—, el viaje es largo.

Rogers dirigió su vista hacia Natasha, pero ella ni siquiera reparó en su presencia. Lucía demacrada, distraída y sumamente ajena a lo que acontecía a su alrededor.

—No, no podemos —replicó, hastiado.

—Solo súbanse al maldito carro…

—Mira, Sam, no te estoy pidiendo permiso —el afroamericano le miró, desconcertado—. Voy a platicar con él y tú tendrás que esperarnos.

Sin tener opciones de ejercer su derecho a réplica, Sam contempló boquiabierto como Steve se distanciaba y le daba la espalda. En cierto modo, no se sentía sorprendido por verlo interpretar su clásico rol de líder mandón y autoritario, había tenido su formación militar en los cuarenta y aquello no debía provocarle extrañeza, pero en esta ocasión, hubo algo diferente en su voz, un tinte sumamente dictatorial y antidemocrático que le había impactado bastante.

Resignado a callarse, Sam se hundió en el asiento y se cruzó de brazos.

Solo esperaba que esa estúpida conversación no se dilatase por demasiado tiempo.

—Si en medio de mi enojo, llegué a decir algo que te pudo hacer sentir mal, quiero que sepas que, honestamente lo siento. —Procurando entender el propósito de sus palabras, Bucky enarqueó una ceja—. En verdad, lamento haber sido egoísta y poco empático…

—Creo que no estoy entendiéndolo bien. ¿A qué te refieres con…?

—Lamento lo de tu hijo...

Durante un par de segundos, James desvió la vista y se removió, incómodo.

—¿Natalia te lo dijo?

Steve asintió.

Mientras tragaba saliva, se preguntaba si debía ofenderse por esa falta de consideración, a fin de cuentas, ella ni siquiera tomó en cuenta su opinión para hacer semejante confesión, pero al mismo tiempo, se preguntaba si sencillamente debía apreciar la honestidad de Natasha como algo liberador.

—También lamento lo del tuyo —murmuró, alzando la cabeza.

Tras verlo sonreír con franqueza y melancolía, James definitivamente decidió inclinarse por la segunda opción.

—¿Aún quieres regresar a Wakanda? —preguntó Steve, pasando bruscamente a otro tema.

—No sé si es lo que quiero, pero estoy seguro de que necesito hacerlo.

—¿Y qué hay de Wanda? —inquirió, haciendo que el semblante de su amigo adquiriese un matiz de confusión y enfado—. ¿Te darás por vencido?

—Creo que es mejor dejar las cosas así.

—Pero…

—Hace un rato dijiste que no querías hablar conmigo acerca de tu relación con Natasha —le interrumpió, convencido—. Bueno, yo tampoco quiero hablar contigo sobre Wanda.

Y, aunque a Steve le pareció una réplica totalmente infantil, no tuvo más opción que guardar silencio. Debía admitir que era un trato justo.

—Está bien, pero, ¿en verdad prefieres regresar a Wakanda? —le miró, adusto—. ¿Estás seguro?

—Muy seguro.

Sabiendo que el abatimiento era mutuo y que dicha despedida se percibía completamente difícil, ambos se estrecharon en un cálido abrazo.

—Entonces se hará lo que tú prefieras —siseó Steve.

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Para tranquilidad de Sam, encontrar el quinjet resultó bastante fácil, el viaje fue breve y no tuvieron inconvenientes de ningún tipo. Lo expuesto en el mensaje de Tim Adams, había resultado ser completamente cierto; la aeronave estaba en Farwell, a escasos kilómetros del lamentable hotel en donde estuvieron hospedados.

Abordaron aquel medio de transporte bajo una atmósfera de hermetismo e intranquilidad. Steve les había comunicado la decisión de Bucky mientras iban en el automóvil y eso provocó que el resto del camino se sumiera en un silencio tedioso y extenso. Aunque ninguno fue capaz de emitir algún comentario, James sabía lo que pensaban al respecto. Sam respetaba su decisión, pero al mismo tiempo la lamentaba, ambos se estaban llevando bien y ese progreso quedaría estancado gracias a la distancia.

Por otro lado, era consciente de que Natalia y Steve comprendían su elección, pero en parte, también la percibían como si fuese una especie de castigo, sabía que era importante para ambos y que no podrían evitar experimentar cierto nivel de responsabilidad ante la decisión que había tomado. Pues muy en el fondo, sus motivos para alejarse del grupo eran de conocimiento público. Todos tenían en claro que no lo hacía solamente por el bienestar de Wanda, aquello también tenía que ver con la relación de ambos.

Luego de que transcurrieran bastas horas de viaje y Steve anunciase que se encontraban en el reino de T´Challa, las expresiones tristes no tardaron en apoderarse de sus rostros. Bucky no quiso tomar ningún arma ofrecida por ellos, tampoco municiones ni dinero, simplemente argumentó que, por el momento, en Wakanda no necesitaría nada de eso.

En cuanto la aeronave aterrizó en tierras africanas, en los alrededores del palacio real wakandiano, un vehículo con soldados armados comenzó a acercarse a ellos, James sonrió con gesto tranquilo y les informó que no debían preocuparse de nada, horas antes se había comunicado con Shuri y ella los había enviado a recibirle.

Comprendiendo que finalmente debían separarse, Steve quitó sus manos del timón de mando, se desprendió de sus implementos de seguridad y, como si se tratase de un niño incapaz de reprimir la naturalidad de sus emociones, con fuerza se abalanzó hacia los brazos de su amigo. Mientras ambos se palmeaban la espalda, Natasha sentía una tristeza indescriptible, se cruzó de brazos y desvió su vista hacia el suelo del avión. No quería verlos despedirse, ni que James se acercase a ella y finalmente llegase su turno para decirle «adiós».

No estaba lista para eso.

En tanto Falcon decidía imitar el actuar de Steve y, con autentico cariño, procedía a abrazar a Bucky, Natasha giró en redondo, arrastró ambas manos por el rostro y se sintió incapaz de seguir presenciando la escena.

Solo ella y sus recuerdos más íntimos sabían lo mucho que detestaba las despedidas.

Rogers no tardó en captar la reacción de Natasha, su primer pensamiento fue acercarse a ella e intentar contenerla, pero se obligó a permanecer quieto, tenía que hacer lo correcto: debía tragarse su instinto protector, ser razonable y simplemente dar un paso al costado.

Ella y Bucky necesitaban despedirse a solas.

Moviendo su cabeza en dirección a las compuertas del quinjet, Steve le indicó a Sam que salieran de ahí. Su compañero no tardó en entender el mensaje y rápidamente se unió a sus pasos, juntos descendieron de la nave y procedieron a saludar a los soldados que esperaban a Bucky.

Natasha volvió a darse la vuelta, sintió su estómago encogerse, inspiró hondo, se frotó las manos y con pasos lentos comenzó a acercarse.

James la miraba con gesto pasivo.

—Espero verte pronto… —expresó torpemente.

Le gustaría ser espontánea, dejarse caer sobre su regazo y abrazarlo tal cual lo habían hecho sus compañeros, pero como un animal maltratado, sencillamente era incapaz de manifestar reacciones que dejasen en evidencia su vulnerabilidad física y emocional.

—¿Estarás bien? —respondió él, entendiéndola mejor que nadie.

A través de una ventana del quinjet, Natasha enfocó ambas pupilas sobre Steve.

De manera inconsciente, sus labios se curvaron en una media sonrisa.

—Lo estaré…

Entendiendo que su respuesta tenía un mensaje bastante claro. Bucky sonrió de manera esperanzadora, después de todo… su sacrificio lentamente comenzaba a rendir frutos.

Sin que Natasha se moviese de su sitio, el soldado comprendió que esa despedida no sería como la que acababa de tener con sus amigos, Natalia no le daría un abrazo extenso, tampoco diría adiós con palabras alentadoras ni derramaría lágrimas melancólicas. Ese jamás había sido su estilo.

Ella simplemente se quedaría en su sitio, lamentando en completo silencio el no tener agallas para expresar lo que realmente estaba sintiendo.

Antes de que Natalia escapase de su alcance, James redujo el espacio que los separaba, alargó un brazo y atrapó un costado de su cara. Despacio besó su frente, su mejilla derecha y luego la izquierda, cuando se apartó y le dedicó un último vistazo, Romanoff lo tomó por sorpresa tras enredar ambos brazos alrededor de su cuello. Con fuerza cerró los ojos y lo abrazó durante largos segundos.

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Dentro de lo posible, Wanda y Visión lograron ordenar el desastre de la sala. Regresaron los muebles a su posición habitual, barrieron los restos del ventanal y los apilaron en una vieja caja de cartón que dejaron junto al recipiente de basura. No sabían cuándo podrían hacerse cargo del vidrio roto, pero tampoco estaban demasiado interesados en acelerar el proceso de reparación, pues de momento, solo eran capaces de permanecer concentrados en defenderse de un nuevo ataque.

En cuanto la joven terminó de acumular el resto de los cristales en la caja, Vision se percató de que tenía un pequeño rastro de sangre en el dedo pulgar, mas no tuvo que abrir la boca para hacérselo saber, ella se arrimó hacia el lavabo y comenzó a mojar sus manos, poniendo especial cuidado en su dedo dañado.

—¿Te duele mucho? —preguntó, extendiendo la vista hacia sus brazos lastimados por los restos del ventanal, pues aún tenía unos cuantos cortes visibles—. Si quieres puedo ir por el botiquín de primeros auxilios.

—No —dijo, en tanto se acercaba al dispensador de papel absorbente que yacía en la pared—, hay cosas que duelen más que un corte —prosiguió, secándose las manos—, aunque supongo que eso ya lo sabes.

Comprendiendo que esas palabras escondían más de lo que revelaban, Visión se mostró atento y comprensivo.

—Hay muchas cosas que no percibo del mismo modo que un ser humano, pero entiendo a lo que te refieres.

—Lamento haberme comportado como una imbécil… —profirió abruptamente—, en verdad lo siento.

—Está bien… yo tampoco debí entrometerme.

—Solo estabas preocupado.

—Sí, pero son tus asuntos y yo no debería intervenir en ellos… —sintiéndose extraño y completamente preocupado, Visión posó una mano sobre la pequeña roca que brillaba en su frente—, más bien debería preocuparme de esto —mientras apretaba la mandíbula y cerraba los ojos, la gema parpadeaba con intensidad desquiciada—. Es como si quisiera decirme algo.

Tras ver su expresión de dolor, Wanda se llevó una mano al pecho y le contempló, angustiada.

—¿Q-qué sientes? —articuló con impotencia. Realmente quería hacer que aquello se detuviera, pero no sabía cómo diablos frenarlo—, dime ¿qué puedo hacer para ayudarte?

—Dame tu mano —sin siquiera detenerse a pensarlo, la chica no tardó en realizar lo solicitado. Visión inmediatamente tomó su extremidad, la condujo hacia su frente y la dejó reposar a escasos centímetros de la gema—. ¿Percibes algo? —inquirió, nervioso.

Dejando que una pequeña cantidad de energía brotase a través de sus dedos, Wanda arrugó el entrecejo e intentó hacer contacto con el objeto.

—Sí… —Fascinado por la delicadeza de sus movimientos, Visión abrió los ojos y se percató de lo cerca que estaban. De pronto la gema dejó de parpadear y su mente volvió a estar en calma—. Creo que también percibo algo.

—Y, ¿qué percibes exactamente?

En forma inconsciente se relamió los labios, sentía un deseo asfixiante por besarla.

—Supongo que, percibo lo mismo que tú…

—¿Dolor y angustia?

Maximoff descendió la mano.

—No… nada de eso.

—¿Entonces qué sientes?

—Siento que quieres besarme —y aunque su compañero era distinto a cualquier mortal que conociese, Wanda podía jurar que sus mejillas se estaban sonrojando—, o quizás lo malinterpreté… —secundó, sabiendo que no lo había hecho en lo absoluto. Sonrió con gesto lascivo—, ¿realmente lo malinterpreté?

Permitiendo que un arrebato efusivo aniquilase la escasa distancia que había entre ambos, Visión decidió no usar palabras para responder dicha interrogante, simplemente la tomó del rostro, se arrimó hacia su boca y, absolutamente deseoso, tomó posesión de sus labios.

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Europa, 13 de Enero, 2018.

Los últimos once meses transcurrieron en relativa tranquilidad, Visión no volvió a ser blanco de ataques y la gema no manifestó alteraciones que interviniesen en su funcionamiento. Por desgracia, aún desconocían la identidad del ser que intentó despojarlo de su fuente de vida, pero en cierta forma, tampoco lo consideraban una prioridad, pues no deseaban vivir preocupados por algo que, probablemente se había magnificado más de la cuenta.

Visión afirmó que incluso Tony Stark admitió haber sido sumamente exagerado al pedirles que lo protegieran, cosa que Steve —personalmente— jamás logró tragarse del todo. Durante dos meses intentó reestablecer algún canal de comunicación con su ex compañero, pero Stark solo se limitó a ignorar sus llamadas. En un principio Steve se sintió intrigado y preocupado, incluso pensó en viajar hacia Estados Unidos y averiguar por sus propios medios qué diablos ocurría con él, pero Sam y Natasha se lo prohibieron en forma tajante. Argumentaron que le restase importancia, según la espía; Tony era un hombre orgulloso y eso jamás cambiaría… por supuesto, Steve siguió pensando que aquello era extraño, pero Wanda disipó sus sospechas diciéndole que en más de una ocasión, había atestiguado conversaciones digitalizadas entre Stark y Visión.

Rogers confió en esa afirmación, después de todo, Wanda pasaba la mayor parte del día con el androide y no tenía motivos para mentir respecto a eso.

De cualquier manera, aquel tema dejó de preocuparles en cuanto decidieron regresar a sus actividades laborales.

A veces trabajaban junto a T´Challa y realizaban misiones en compañía de Bucky, quien parecía estar exageradamente cómodo en compañía del monarca y su familia. Sam creía que las tierras Wakandianas le sentaban de maravilla, lucía un aspecto mejorado, e incluso, podía decirse que irradiaba felicidad. Steve coincidía en todos los puntos, excepto en el último, sabía que su amigo se encontraba bastante alejado de poder considerarse un hombre feliz.

Pues muy en el fondo, ambos sabían que, pese a no realizar preguntas que involucrasen el nombre de la muchacha, era bastante notorio que ella era la gran responsable de que su felicidad estuviese incompleta. Nadie sabía qué había ocurrido exactamente entre ellos, Bucky lo evadió cada vez que Steve se lo preguntó y Natasha, —que poco a poco estaba logrando reestablecer su amistad con Wanda—, tampoco había corrido con mejor suerte.

Con el pasar de los meses, simplemente dejaron de realizar preguntas, Wanda apareció de la mano con Visión y eso les obligó a guardar silencio. Actualmente, ambos sostenían una relación seria, compartían cuarto y solían desaparecer durante fines de semanas completos.

Natasha observaba —casi con ternura— la forma en que Steve y Sam procuraban mantener esa relación a espaldas de Bucky. A diferencia de ellos, sabía que eso ni siquiera representaría una amenaza para él, pues de momento, Wanda podía darse el lujo de fingir haberle superado, por el simple hecho de tenerlo a kilómetros de distancia.

Cuando lo tuviese en frente, el panorama cambiaría radicalmente. Lo sabía por experiencia propia.

Fuese como fuese, aquel asunto no le competía en lo más mínimo. Con sus embrollos amorosos y personales, tenía más que suficiente. Realmente, no exageraba al sostener que las montañas rusas se quedaban cortas e insignificantes ante los turbulentos giros que había tenido su vida a lo largo de aquellos meses.

De un mes a otro, pasó de no hacer nada a, literalmente, realizar tres misiones por semana. A veces trabajaba junto a sus compañeros y —a escondidas—, ejecutaba algunas misiones en solitario. Aunque, por supuesto, nada que pudiese afectar su relación con el grupo. Había llorado lágrimas de sangre por recuperar la confianza de Steve y bajo ninguna circunstancia pensaba volver a perderla. Tan solo se trataba de no pretender tapar el sol con un dedo, pues existían ciertas cosas que, una espía simplemente no podía resolver sin saltarse algunas reglas.

23 de Agosto 2017, Dublín, Irlanda. (Europa)

No se molestó en meter la llave con cuidado, la ingresó en la cerradura y con brusquedad abrió la puerta. Enseguida aventó su cartera al piso, se quitó los tacones y rápidamente encendió la luz de la sala. Acababa de tener una misión exitosa y antes de que Sam o Steve llegasen, contaba con tiempo suficiente para darse un baño y cambiarse de ropa. Tenía entendido que ambos se encontraban realizando una misión de carácter discreto y que Wanda junto a Visión pasarían la noche fuera. El panorama había sido perfecto para trabajar en solitario, por eso no dejó pasar la oportunidad y decidió avanzar en sus proyectos personales. Por suerte, esa noche tendría el apartamento en solitario y podría relajarse un par de minutos en la tina. Después de una larga jornada, era lo que más necesitaba.

¿En dónde estabas? — Iba caminando en dirección al baño cuando la voz de Steve la obligó a detenerse. Con el entrecejo fruncido, Natasha volteó hacia él—. ¿Y por qué estás vestida de esa forma?

Tragó saliva. Aún cargaba sus zapatos de tacón en una mano, llevaba un vestido negro con escote pronunciado, cuyo largo quedaba bastante alejado de la parte superior de sus rodillas, sus piernas eran cubiertas por medias de transparencia oscuras y su maquillaje lucía demasiado detallista para inventar una mentira que pudiese excusarle. Después de todo, su apariencia parecía decir a gritos que había pasado la noche en un antro.

Las pupilas de su compañero la recorrieron de abajo hacia arriba, eso la obligó a cruzarse de brazos y a sentirse ofendida. Independiente de que la hubiese descubierto, ¿por qué demonios estaba ahí y por qué la estaba interrogando de tal manera?

¿Disculpa? —replicó, dejando caer sus tacones al suelo. Al rato regresó en sus pasos, transitó por su lado y volvió a introducirse en la sala—. Sé que creciste en medio de un sistema extremadamente patriarcal, pero no me jodas con comentarios de ese tipo… el machismo pasó de moda, Steve. —Con indiferencia y sin dejar de alejarse, Natasha se acomodó un mechón de cabello tras la oreja—. ¿Por qué no estás resolviendo lo del tráfico de armas? Creí que nos estábamos quedando en Dublín precisamente para resolver eso.

Hubo un cambio de planes, por ahora Sam se está encargando de eso, pero no intentes cambiar el rumbo de la conversación… —masculló, mientras la seguía—, es bastante obvio que estuviste en medio de algo.

No sé a qué te refieres —expresó, deteniéndose.

Creí que tu actitud misteriosa había quedado en el pasado.

Natasha suspiró con fastidio.

No te oculté nada, simplemente fui a trabajar…

Desde el bolsillo trasero de su jean, Rogers extrajo un papel doblado en varias partes. Con lentitud que a la espía se le tornó tediosa, Steve se tomó la molestia de estirar la hoja y extenderla hacia ella.

¿Qué es esto? —preguntó, señalando lo escrito en el documento.

¿Revisaste mis cosas? —voceó, impactada. Aquel papel contenía información que ella misma había anotado la noche anterior—. No puedo creerlo, Rogers, superaste todos los límites. En serio.

Cuando volviste al grupo acordamos no guardar secreto…

¡Acabo de atrapar a un idiota que secuestraba adolescentes y las explotaba sexualmente! ¿Pero lo único que te importa es que no te haya avisado? —gritó interrumpiéndole. Aunque Steve relajó sus facciones, estas no tardaron en sumirse en culpabilidad y vergüenza—. Sí, por eso me veo como una ramera —continuó, haciendo alusión a su vestuario—. Así trabajamos las espías, Steve…

Pero ya no eres una espía, ahora estás con nosotros.

No, no te equivoques —volvió a interrumpirle, en tanto realizaba un gesto de advertencia con la palma de su mano—, que sea parte de este grupo no implica que deje de lado mis trabajos personales.

Sí, tienes razón —dijo, retrocediendo—. No sé por qué me esfuerzo. Es bastante evidente que jamás dejarás de ocultar cosas.

Mientras giraba en redondo y comenzaba a distanciarse, Natasha no tardó en retomar la palabra.

¡Adelante, victimízate y vete a dormir plácidamente! Ni siquiera te molestes en decir; «lo siento, Nat, no tengo derecho a entrometerme en tus asuntos» ¿Para qué gastar saliva cuando es más fácil hacerse el ofendido? —Aunque permaneció quieto y de espalda hacia ella, la travesía del capitán se detuvo abruptamente. Natasha avanzó un paso y prosiguió—: Después de todo, ¿qué haría un hombre tan correcto e intachable como tú, disculpándose con una tipa que la ha cagado tantas veces?

Con expresión seria, Steve volvió a tornar hacia ella.

Había tanta tensión en el ambiente que Natasha sintió serios deseos de salir corriendo, una parte de ella se arrepentía de haber espetado esas palabras, pero la mujer empoderada que llevaba dentro, solo podía felicitarla e insistir en que había hecho lo correcto. Llevaba meses sintiéndose culpable por tener una vida privada y, por muchos errores que hubiese cometido en el pasado, aquello simplemente no estaba bien. Como cualquier persona libre, tenía derecho a realizar planes, tomar decisiones y trabajar en solitario.

No debía rendirle cuentas a nadie, ni siquiera a Steve.

De momento, entre ambos solo existía una relación laboral, ya no eran pareja y todo parecía indicar que él prefería mantener las cosas de esa manera. Sinceramente, no entendía por qué diablos osaba reprenderla y exigirle explicaciones.

Era totalmente insólito.

Justo cuando Natasha pensaba dar la discusión por zanjada, su compañero acortó la distancia que los separaba. Sin dejar de mirarla, frenó sus pasos y se quedó parado en frente de ella.

Lo siento —musitó—, no volveré a entrometerme en tus asuntos.

Un tanto desconcertada, la fémina alzó ambas cejas.

Está bien —respondió, sintiéndose aletargada por la escasa proximidad que Steve había impuesto. Pues sin ser consciente de lo estaba haciendo, ya tenía la vista clavada en sus labios—, ¿necesitas algo más?

Me temo que sí.

¿Qué demonios quieres ahora, Steve?

Esto —susurró, tomándole el rostro con ambas manos.

Natasha cerró los ojos y correspondió al instante, no podía ni quería pretender tomárselo con calma, sus labios la besaban con tanta efusividad que simplemente era incapaz de ignorarlo. Llevaba meses deseando que Steve volviese a tocarla de esa forma, su cuerpo lo necesitaba con ansias desquiciadas.

Separó los labios y sus lenguas no tardaron en encontrarse, eso bastó para que sus piernas flaqueasen y su zona pélvica experimentase una debilidad agradable. No solía disfrutar el sexo de manera apresurada, pero llevaba demasiados meses sin sentirse así de vulnerable y extasiada, era muy probable que Steve lograse enloquecerla con el simple hecho de rozarla con su entrepierna.

No advirtió el momento en que sus cuerpos llegaron al borde de una mesa —y es que de hecho, Natasha ni siquiera sabía en qué parte del apartamento estaban, ni cuándo diablos había bajado los tirantes de su vestido—, sus pechos se encontraban al descubierto, pero no le interesaba en lo más mínimo, ella acababa de hacer exactamente lo mismo. De un jalón abrió la camisa de Steve y eso bastó para quitársela.

Poco a poco comenzaban a quedar en igualdad de condiciones.

Sin permitirle adquirir el control de la situación, Rogers la tomó por la cintura y con brusquedad le obligó a sentarse en la superficie de madera.

Tengo una navaja en el muslo —susurró, jadeante—. No deberías sentirte tan dominante…

Apenas terminó de escucharla decir eso, sus manos se dirigieron rápidamente hacia la parte alta de sus piernas. Natasha echó el cuello hacia atrás y permitió que Steve se aventurase a tantear sus muslos. En cuanto él comenzó a hacerlo, cerró los ojos y esbozó una sonrisa placentera.

Percibir el tacto de sus dedos le producía un cosquilleo intenso.

Pero lo que vino a continuación, provocó que su sonrisa se borrase y pasase a transformarse en un gesto repleto de asombro.

Steve encontró la navaja, la asió en su mano y en completo silencio accionó la palanca.

Natasha iba a preguntarle qué demonios pretendía hacer, pero en cuanto vio aparecer la hoja filosa, prefirió permanecer callada.

En cierto modo, le agradaba lo que estaba viendo.

Usando el filo del cuchillo para jugar con su piel y —por supuesto—, también para romper sus pantys negras, Steve comenzaba a dejarla sin barreras de protección.

Oyó el crujido de la tela siendo cortada y eso la hizo tragar saliva. Jamás pensó que lo vería hacer algo como eso.

Carajo… —suspiró, tras presenciar como Steve terminaba de cortar el elástico de sus bragas.

Rendida, cayó de espalda contra la solidez de la mesa. ¿Qué podía hacer al respecto? En dicha oportunidad, Steve acababa de ganar, literalmente tenía absoluto dominio de la situación. Era amo y señor de su cuerpo.

Se irguió lentamente, llevó las manos hacia su cuello y lo besó despacio.

No podía dejar de pensar en lo estúpidos que habían sido, en lo mucho que habían perdido gracias al orgullo y a ese terrible miedo de volver a equivocarse.

Sabía que hechizarse de amor era fácil y riesgoso, no estaba segura de estar haciendo lo correcto, no quería equivocarse, pero tampoco deseaba volver a padecer abstinencia de Steve. No podría soportarlo.

Sin dejar de besarlo, Natasha abrió la cremallera de su pantalón y se deleitó masajeando su miembro visiblemente erecto. Al cabo de unos segundos, el boxer de Steve se le tornó molesto, así que en cuanto pudo, lo apartó de su camino y eso bastó para que ambos pudiesen continuar estimulando sus zonas erógenas.

Tan pronto como sus cuerpos se sintieron listos para dar paso a la ansiada consumación, Steve ingresó en su interior. Por parte de ambos, la estocada se hizo acompañar de un gemido ahogado y de sensaciones repletas de pasión. Steve tuvo cuidado de no aplastarla con el peso de su cuerpo, pero en tanto ella se aferraba a su pelvis y liberaba un quejido desgarrador, le obligó a entrar más profundo y extenso.

Sus labios volvieron a encontrarse y en cuestión de segundos lograron sincronizarse con los movimientos de sus caderas. Natasha permitió que la poseyera a su manera, incluso colaboró con cada postura que él deseó, pues sin siquiera notarlo, se encontró con la mejilla, pegada a la mesa y descubrió que en esa postura, tanto ella como Steve parecían extasiarse con locura extrema.

Percibir aquellas arremetidas, mientras las manos de Steve recorrían su espalda y se aferraban a sus glúteos, era simplemente sublime. Se sentía tan a gusto que era incapaz de notar su pulso acelerado o el cansancio que padecían sus extremidades. En aquel instante, su cabeza no podía articular pensamientos racionales.

Fue la primera en alcanzar un orgasmo, gritó ruidosamente y por inercia se aferró con fuerza en la superficie de madera, sus paredes internas se contrajeron y una sensación alucinante estremeció sus piernas. Steve no le dio tiempo de reponerse, salió y volvió a ingresar repetidas veces en su cavidad. Durante varios minutos sus pieles continuaron perlándose de sudor, el golpeteo de sus caderas no mermó y un segundo orgasmo no tardó en manifestarse.

En simultáneo y sin apartarse del otro, ambos abrazaron la cálida sensación del clímax.

Steve gruñó ronco, se desplomó encima de su espalda y gustoso se dejó ir en las profundidades de su interior.

Necesitaron un par de segundos para reincorporarse y tranquilizar sus respiraciones. En absoluto silencio, Natasha subió los tirantes de su vestido, cubrió su cadera desnuda con el escaso largo del vestido y escapó de su lado como si nada hubiese pasado.

Me debes unas pantys negras. —Steve no respondió, solo se limitó a reacomodar sus prendas inferiores y a ajustar el cierre de su pantalón—. Me gustaban —prosiguió, sonriendo—, pero no me quejaré. El sacrificio de las bragas también valió la pena.

Perdón…

Oírlo pronunciar aquella disculpa, provocó que sus cejas se fruncieran y su sonrisa desapareciera.

¿Qué?

Yo no soy así… —Y era cierto, Natasha podía jurar que, a diferencia de sus anteriores encuentros, este había sido particularmente sexual e intenso—, no sé qué me pasó…

Entornó los ojos.

Sexualmente hablando, Steve podía faltarle el respeto todas las veces que quisiera.

Por favor —comentó, arrimándose hacia él—, no arruines el orgasmo que acabo de tener…

Nat…

Descuida —le interrumpió—, esto no implica compromisos de ningún tipo.

Pero acabamos de…

Follar… —complementó, despreocupada—, y estuvo genial.

Estoy de acuerdo, pero…

En cuanto Natasha posó un dedo en medio de sus labios, Steve tragó saliva y guardó silencio.

Sin compromisos, Steve… —lo besó despacio—, sin compromisos.

Wakanda (África) 13 de Enero, 2018.

Incrédulos, sus ojos azules se desplazaron por toda la extensión de su brazo hecho con vibranium, realmente no podía dar crédito a lo que sus pupilas le mostraban, ese maldito brazo que tanto odiaba, aún se sentía ajeno a su cuerpo, pero lucía como si mágicamente hubiese vuelto a ser de carne y hueso.

Sentado al otro extremo del mesón que usaba Shuri para trabajar en sus experimentos, Bucky centró la vista en ella.

—¿Cómo demonios lo…?

—Tecnología wakandiana —respondió, interrumpiéndole. Luego se encogió de hombros—. No es por creerme especial, pero soy de las pocas científicas que actualmente sabe trabajar con función holográfica de calidad.

La muchacha abandonó su lugar tras el mesón, le dedicó una sonrisa autosuficiente y se posicionó junto a él.

—Aunque para los combates, te sugiero que desactives el holograma. Ya sabes… no todo puede ser perfecto.

—Supongo que esta modificación tiene un propósito —expresó en tono suspicaz—, ¿para qué es?

Previo a contestar, Shuri pestañeó un par de veces. De pronto el silencio del laboratorio se le tornó excesivamente incómodo. Iba a asesinar a T´Challa por delegarle obligaciones de ese tipo. Detestaba actuar como un militar y dictaminar órdenes, su terreno eran las computadoras y las vanguardias tecnológicas, no dar instrucciones para una misión de espionaje.

—Escucha, Bucky, odio decir esto, pero mi hermano quiere que colabores con nosotros para realizar ciertos trabajos.

—Y lo entiendo, de hecho es lo que hago actualmente, pero… ¿cuál es su relación con esto? —inquirió, haciendo alusión a su brazo.

—A veces tendrás que cumplir misiones en las que no tendrás que verte…

—¿Como un fenómeno?

Mientras se removía incómoda, Shuri levantó ambas cejas.

—Iba a decir… intimidante —rectificó, fingiéndose relajada.

—Que es básicamente lo mismo —añadió, sonriendo.

Con exagerado dramatismo, la joven levantó ambos brazos en dirección al techo.

—¡Dios, la que está en sus días soy yo!

Bucky soltó una carcajada.

—Demasiada información.

Con naturalidad, ambos continuaron riendo por un largo rato. Llevaban varios meses trabajando juntos, a diario compartían carcajadas y conversaciones repletas de complicidad, últimamente aquello se les tornaba increíblemente normal.

—En verdad… —retomó, adoptando un semblante un poco más serio—. T´Challa quiere que esta noche te infiltres en un bar de la ciudad…

—¿Específicamente para qué?

—Hay una mujer que ha estado haciendo preguntas… —En cuanto la puerta del laboratorio se abrió y una de sus asistentes ingresó a dejar unas muestras químicas sobre el mesón, Shuri disminuyó el volumen de su voz—. Es una mujer extranjera. Cuentan que es demasiado ofrecida y en exceso curiosa.

—¿Qué tipo de preguntas hace?

Previo a contestar, la chica esperó a que su asistente saliera de la estancia.

—Básicamente relacionadas al vibranium…

Su entrecejo se frunció automáticamente. No le agradaba lo que estaba escuchando, pero en cierta manera, tampoco le sorprendía. El vibranium se había convertido en la mayor riqueza del reino. Aquel metal les permitía sustentar su economía, sus armamentos militares y una serie de elementos primordiales para la nación. Sin embargo, poseer múltiples beneficios gracias a un recurso mineral tan codiciado, también les convertía en un blanco constantes de enemigos.

—Entiendo… —Si debía acercarse a esa supuesta mujer infiltrada, la nueva función que Shuri había implementado respecto al aspecto de su brazo, claramente adquiría sentido—. Y, ¿cómo se supone que voy a identificarla?

—Los lugareños dicen que es rubia y muy bella. También mencionaron que va todas las noches al bar y que se acerca a seducir a los borrachos.

—Eso es peligroso.

—Bastante. Después de todo, dicen que no hay nadie más honesto que un niño o un borracho. —James asintió—. Lamentablemente, muchos de esos ebrios trabajan para nosotros y un par de tragos puede aflojarles la lengua.

—Está bien, me haré cargo…

A modo de despedida y bajo la clásica marca cultural de Wakanda, Shuri formó una X con sus brazos.

—Suerte, Lobo Blanco.

Decidido a empezar cuanto antes, el soldado le regresó el gesto y rápidamente se aproximó a la salida.

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En cuanto puso un pie en medio del bar, Bucky procuro ser discreto. Pues como si fuese cualquier turista que se encontraba de pasada en medio de la ciudad, ingresó cabizbajo y despacio. No deseaba llamar la atención de nadie, ni siquiera de la supuesta mujer rubia que deambulaba por Sekhmet Bar's, quería tomarla desprevenida, de ese modo el trabajo se le tornaría más sencillo.

En tanto avanzaba en dirección a la barra, echó un vistazo hacia su perímetro más cercano. No veía ninguna mujer con actitud sugerente, cabello rubio o rasgos caucásicos, en lugar de ello, solo divisaba ciudadanos afroamericanos que bebían y se divertían con personas de etnias similares.

—¿Alguna recomendación? —le preguntó al barman, mientras se acomodaba en una silla frente a la barra—. Me han dicho que es el mejor bar de Wakanda.

—¿Eres estadounidense? —Ante su afirmación, el hombre asintió con la cabeza, luego se agachó y removió algunas cosas bajo el mesón. Cuando volvió a erguirse, apoyó sobre la barra una sofisticada botella de etiqueta dorada—. A los norteamericanos solo les gusta el whisky —añadió, al tiempo en que tomaba un vaso de cristal y procedía a llenarlo con parte del líquido—, es el mejor que tenemos. Va a gustarte.

Bucky simplemente se limitó a sonreír. Estaba demasiado concentrado en contemplar a quienes ingresaban al bar como para prestar atención a las palabras del cantinero.

—Buenas noches, James…

Como si acabase de oír el susurro de un ente fantasmal, durante algunos segundos el castaño se quedó petrificado. Aquella voz femenina, cargada de ronroneos y matices rusos, solo podía pertenecer a una persona.

Ladeó la cabeza lentamente.

—Yelena… —siseó, impactado.

—Te estaba esperando…