Todo había vuelto a la normalidad, relativamente, para el escuadrón de reconocimiento. Habían derrotado al titán, que era controlado por Rod Reiss con ayuda de Eren, metiendo explosivos en su boca.

Historia, había tomado el mando de la corona como única reina y heredera de Stohess. Era una gran monarca, ayudaba a todos los que la necesitaban.

La alquimista, por otro lado, había recuperado su flamel, aunque sus manos no habían sanado todavía. Se lo había quitado el capitán Kenny Ackerman cuando estaba inconsciente y se lo entrego a Levi, antes de morir, junto con el suero productor de titanes, que ellos ya conocían. No sólo le entrego eso, también le reveló la verdad sobre su origen y la relación que tenia él con su madre. Levi no era un Rivaille, era un Ackerman por parte de su tío y madre.

Pero después de la calma, regresó la tempestad. El panorama de ese día era totalmente diferente y desesperanzador. Encabezados por el comandante Erwin Smith hacia la ciudad de Shiganshina, el escuadron de reconocimiento, estaba manteniendo un feroz batalla con un gran número de titanes que eran controlados por el titan bestia, desde el exterior. Acompañados por el titán colosal y el acorazado, en el interior de la muralla.

No podía participar por las heridas que aún seguían en sus manos, el Capitán Levi se lo había prohibido. Además, prometió volver por ella, después del caos. Ahora se encontraba allí, dentro de una casa abandona cubriendo su cabeza, para no escuchar y mucho menos ver, el infierno que se desataba afuera.

La casa temblaba y parecía a punto de derrumbarse, en cualquier momento. En el exterior, se encontraba Eren, luchando con el titán acorazado hasta matarlo. No solamente eso, no paraban de caer rocas sobre el tejado. Por suerte, contaba con la protección de la piedra filosofal y ningún escombro llegaba a ella.

Los minutos se convirtieron en horas y una fuerte explosión, remeció la tierra. Todo fue silencio y un calor sofocante invadió el ambiente, después de eso. Tenía que salir de ahí, el calor podría matarla si se exponía demasiado a él. Se puso de pie inmediatamente y corrió a la parte trasera de la casa. Abrió la puerta y ningún titán estaba

cerca. Ella se encontraba en el otro extremo de la ciudad, en donde la batalla contra el titán colosal se realizaba.

Sacó las vendas de sus manos y con todo el dolor que eso le produjo, junto sus palmas lista para transmutar. En momentos así, extrañaba más que nunca a su hermana, ella podía curarla con unas simples palabras. Tocó con sus manos en la muralla y de ella, salieron pedestales que le permitieron subir hasta la cima. Cuando llegó allí, pudo observar el panorama del horror, cuerpos humanos mutilados, titanes muertos y el Capitán Levi, a punto de matar al portador del titán bestia. Pero él no imaginó, que uno se acercaba a él por detrás.

-¡CUIDADO! ¡DETRÁS DE USTED CAPITÁN!-

No podía oírla, estaba muy lejos. El titán se llevo al portador dentro de su boca, dejando al capitán Levi a merced de un grupo de titanes. Giró su cuerpo en otra dirección, encontrandose a Eren y a Armin a punto de enfrentar al titán colosal, ya que el titán acorazado, estaba siendo destruido por la líder Hanji y Mikasa, junto con otros integrantes del escuadrón.

Ella nunca había estado en el infierno, pero estaba segura, que había llegado a él. La tragedia, el caos y la ruina, habitaban ese lugar y tenía que salir de allí lo antes posible.

-¡Dioses! ¡Armin! ¡No!-

No podía creerlo, Armin había saltado hacía el rostro del titán colosal para poder atacarlo, pero no consiguió hacerlo. Su cuerpo fue consumido por el vapor que emanaba, cayendo en un tejado cercado, los quemados restos que quedaron de él.

Aprovechando la distracción del titan, Eren atacó su cuello y sacó a su portador de allí. Tenia que ir con ellos, era la única capaz de ayudar a Armin a sanar. Corrió con todas sus fuerzas hasta llegar a él.

-¡Detente, Gaia! ¡No quiero saber más!-

La interrumpió su esposo, violentamente, desde el marco de la ventana de la habitación, el vidente estaba a su lado. Ambos hombres se veían perturbados, pero el cazador, no podía creer que la haya dejado en ese lugar, abandonada a su suerte, en ese infierno.

-Quiero hacerlo, Keilot- habló con su cabeza apoyada en el regazo de su hermana -Mi dolor disminuirá, si lo comparto con ustedes-

Él se acercó a ella y se arrodilló para verla a los ojos.

-Lo sé, amor. Pero me siento tan culpable de que hayas presenciado algo como eso. Yo te deje allí, si algo te hubiera pasado yo...-

La alquimista lo silencio con un dedo en sus labios.

-Tu no tienes la culpa de eso, Keilot. Ese es su mundo, era algo que tenia que pasar. Ahora estoy bien, aquí y a salvo con ustedes-

Miro a su familia y sonrió feliz de verlos.

-¡Keilot!- lo llamó su amigo, en tono sombrío, mirando por la ventada -¡Tu y yo vamos asesinar a ese maldito de Levi y a ese estupido mocoso, por hacerle esto a Gaia!- todos lo miraban asombrados, no conocían ese lado oscuro de él -Ellos nos prometieron que iban a protegerla y no lo hicieron. La enviaron directamente a las manos del verdugo. Si están vivos, juro que conseguiré mi venganza-

-Así será amigo, así será- caminó hacia él y palmeó su espalda -No sabrán lo que les espera-

-¡Basta ustedes dos!- exclamó la hechicera -¡Lai! ¡Eso es algo indigno de ti! ¡Y tu Keilot! ¡Conectaté un poquito con el dolor de mi hermana! ¿Quieres?- los regaño a los dos como solo una maestra podría hacerlo -Lo siento hermanita, alguien tenia que poner orden aquí- miró amenazante a los hombres frente a ella -Continúa... - mencionó, acariciandole cabello.

-Si, gracias. Cuando llegue...-

Cuando llegó a ellos, la escena era aún más desgarradora. Armin, tenía la totalidad de su cuerpo quemado e incluso estaba irreconocible, ya no quedaba nada de él. Por otro lado, se encontraba el comandante Erwin con un gran agujero en su estomago y parte de sus órganos perdidos. No había esperanzas, pero ella haría todo los posible para salvarlos. Usaría la piedra filosofal, si era necesario.

-¿Capitán, se encuentra bien?-

Él la miró por unos instantes, le acarició el rostro y se puso de pie, dirigiéndose al comandante, para comprobar sus signos vitales. No comprendía que estaba pasando, pero sabía que tenía que ver con el suero que había dentro de la caja que el capitán llevaba.

-Aún respira...Él sigue con vida- se incorporó de nuevo -La inyección sera para Erwin-

-¿Qué?- pregunto ella, en shock.

Eren se acercó a él, furioso, mirándolo directamente a los ojos.

-Acaba de decir que sería para Armin-

-Elijo mantener con vida al hombre que salvara a la humanidad-

Mikasa se acercaba con sus ojos en blanco hacia ellos y con una de sus hojas en su mano.

-¿Ustedes? ¿Se dan cuenta de lo que están haciendo en este momento? ¿Quieren que deje morir al comandante del escuadrón?- los jóvenes lo miraban en shock -No hay más tiempo. Hazte a un lado- el chico tomó la caja metalica de las manos de su capitán -Eren...Ignora tus sentimientos-

No podía creer que se disputarán algo tan peligroso como ese suero. Dos personas estaban muriendo delante de sus ojos y nadie hacia nada por ellos.

-¿Quiere que los ignore? ¿Por qué no me dio la jeringa antes?-

-Porque estaba considerando las posibilidades de que Erwin, sobreviviera. Ahora él esta aquí y tengo que inyectársela-

El capitán, golpeó fuerte en el rostro al joven frente a él, casi tirándolo del tejado y Mikasa se le abalanzó, para quitarle la caja que contenía la inyección, colocando una cuchilla en su garganta. La alquimista se incorporó y se acercó a la chica por detrás.

-¡Mikasa! ¡Ya basta! ¡Por favor, detente!- ella la golpeó en el rostro con su codo, haciendola caer -¡Ya basta! ¡Por favor escuchenme!- nadie volteó a verla -Yo...yo...Estoy aquí yo puedo ayudarlos...tengo la...la piedra filosofal...y puedo salv...- habló apresurada, tropezando con sus palabras.

-¡Callate! ¡Tu no te metas en esto! ¡Fenómeno!- forcejeaba cada vez mas con el capitán bajo su cuerpo -Tu no perteneces aquí y no tienes voto en esto- seguía apretando el cuello de Levi -Por favor, deme la caja- Él miraba a la alquimista, desesperado. No quería que saliera lastimada.

La amestrisana, bajó la mirada llena de dolor por sus palabras. Eso pensaban ellos, que era un horrible fenómeno, capaz de manipular la alquimia.

-Todos ustedes...¡SON UNOS MONSTRUOS!- levantó su mirada llena de odio y desprecio hacia ellos. Nunca los había mirado así -¡SON UNOS MOUSTRUOS! ¡AÚN PEOR QUE LOS TITANES!- lloraba de rabia e impotencia -¡JUGAR CON LA VIDA DE DOS PERSONAS DE ESA MANERA! ¡ESO YA NO ES HUMANO! ¡ES ALGO HORRIBLE Y DOLOROSO! ¡USTEDES NO SON UN EQUIPO! ¡USTEDES NO SON NADA!- suspiró quebrada y temblando de ira -Yo ya no quiero estar aquí...yo ya no quiero...tener nada que ver con personas como ustedes- dijo fría cerrando los ojos y tomando su flamel con fuerza -Por favor Dama del Caos...te lo suplico...alejame de estas personas... Ellas no valoran la vida y hacen daño...por favor...ante ti, juró...que ya no me necesitan aquí- su labio inferior tembló -Keilot... Dea... Lai...Quiero ir con ustedes...-

Abrió sus ojos llenos de rencor y una lágrima salió de ellos. Esas últimas palabras, destruyeron por completo al capitán y a todos demás. Por otro lado, Eren la miraba atónito, sino supiera que era una alquimista, pareciera que estaba invocando un conjuro.

Una tenue luz roja, envolvió por completo su cuerpo y cerró sus ojos nuevamente. Al hacerlo, desapareció en el aire, dejando atrás, un pequeño destello rojo.

-¡Gaia!-

Exclamó el Capitán al verla desaparecer. El escuadrón de reconocimiento, había perdido su luz y habia caído en la oscuridad, una vez más.

-Y así fue como termine aquí...- sonrió feliz al verlos -Los extrañe-

-¡Como se atrevió esa maldita mocosa a llamarte fenómeno!- besó la sien de su hermana -Chicos...me uno a su venganza- la alquimista, rió.

-¡Estas loca!- respondió ofendido su cuñado -Después de todas las cosas horribles que nos dijiste, no pensamos dejarte participar ¿Verdad, Lai?-

Paso un brazo sobre los hombros de su amigo.

-Por supuesto que...si- él lo miró traicionado -¿Qué? ¡No me mires así! A ti no te golpearan como a mi, sino la dejo ser parte de esto- se defendió.

Las hermanas estaban abrazadas, mirando a los hombres frente a ellas discutir.

-Extrañe esto... Ya estaba cansada de tanta tristeza-

-Lo sé... Nunca mas volveremos allí. Además, hay algo que tenemos que contarte- sacó el libro que tenía el cazador en su bolso, se lo tendió a su hermana -No podrás leerlo, pero este libro habla de nosotras, de nuestras vidas pasadas y de ellos-

Señalo a los hombres que estaban forcejeando uno con otro.

Un golpe se sintió del otro lado de la puerta y una chica castaña de ojos cafés se asomo por ella.

-Perdón que los interrumpa pero, ¿Este pequeño es de ustedes?- entró con el pequeño lobo oscuro en sus brazos.

-¡Levi! ¿Cómo llegaste aquí?- el cachorro traía un papel en su boca -¿Qué es eso? Dámelo-

Lo quitó de la boca del cachorro y lo desdobló para leerlo, todos los presentes, se acercaron a hacer lo mismo. No podían creer lo que decía esa nota.

-Me olvide del cachorro...lo siento. Firma la Dama del Caos-

Leyó la hechicera en voz alta, al terminar de decir eso, el papel desapareció en una pequeña combustión frente a ellos.

-Bien...muchas sorpresas por hoy. Mi cabeza va a estallar-

Se sentó en su cama tomando su cabeza. Ese hechicero con espíritu de vidente, se sentía agotado.

-Si, fue un día muy extraño. Necesito descansar- tomó de la mano a su esposa -Vamonos, Gaia-

-Si, vámonos. Quiero tomar un baño y sacarme esta horrible ropa- volteo hacia su hermana -Adiós, hermanita... adiós Lai y mañana, me presentare mejor contigo Noha-

-Esta bien...no te preocupes, que descanses-

-Bien...adiós-

-Adiós, chicos-

Salieron junto con la gitana. La hechicera, estaba pensativa, mirando por la ventana y el vidente la observaba en silencio.

-Lai... Nunca más, volveremos a separar a este equipo. Siempre alguno de nosotros, sufre, cuando eso ocurre. Esta vez, le toco a Gaia. La próxima, puede ser cualquiera de nosotros. Es todos juntos o nada-

-No te preocupes, preciosa. Eso no volverá a pasar. Ahora, ven a la cama y vamos a descansar, lo necesitamos-

Ella corrió hacia él y se acostaron juntos a dormir. Mañana comenzaría el plan para recuperar sus vidas.