En la ciudad de Trost, ya no había nada porque pelear. El Capitán Levi, había salvado la vida de Armin con el suero del titan, sacrificando así, al Comandante Erwin.
Eren y Mikasa, se encontraban cumpliendo su castigo por haber realizado desacato a la autoridad, al atacar a un superior. Consistía, en pasar veinte días tras las rejas a pan y agua, hasta cumplir su condena. A penas llevaban diez.
-Sal-
Ordenó el Capitán, abriendo la celda. La Líder de escuadron, se encontraba detrás de él.
-¡¿QUÉ ESTA HACIENDO!?- gritó, exasperado, el chico Titán.
-Tienes 15 años, necesitabas un descanso de diez días. Aunque seamos nueve personas en este escuadrón, eso les enseñara, a no desobedecer a su superior. Sal-
El muchacho obedeció, al igual que su compañera de junto. La cual, había adelgazado un poco.
-Has perdido peso. Tendrás que comer algo- le habló al salir.
-¿Tu estas bien?-
-Si-
-Si, ella se llevó la peor parte- mencionó su superior, mirando a la joven -El ejército necesita de ustedes dos, así que, deben vestirse y ponerse presentables-
-¿Por qué?- preguntó Armin, interesado.
-Su majestad esta de visita- mencionó él.
-Capitán, ¿Han encontrado a Gaia?-
-No- contesto frío.
-Nadie puede desaparecer así. Según me dijeron, desapareció en el aire- dijó el portador del titán colosal.
-Ella pudo hacerlo. No sé como lo hizo, pero esa maldita alquimista, lo logró- aclaró él -La hemos buscado día y noche, durante estos últimos diez días y no aparece por ningún lado. Parece como si la tierra, la hubiera tragado- lo escuchaban, sin pronunciar palabra -Lo más extraño de todo, es que el cachorro, también desapareció-
-Quizás, ya este muerta. Nadie puede sobrevivir más de dos días, fuera de estas murallas-
Todos se estremecieron ante la idea y las palabras de la líder. Eren, suspiró, nostálgico.
-Se fue de aquí, odiandonos. Nunca había llorado así antes, ni siquiera cuando la dejaron a nuestro cargo o cuando estuvimos prisioneros por la policía militar- verla así, lo destrozó por completo -Pero ese día, algo en ella cambio, su mirada era de odio puro, pero sobre todo, de dolor-
Miró de reojo a su hermana, que se sentía, cada vez peor.
-Ella siempre tenía una sonrisa o un abrazo para cualquiera de nosotros. Era lo más parecido a una madre aquí, cuando nos consolaba- indicó su mejor amigo -Al igual que su hermana, que siempre curaba nuestras heridas, sin que se lo pidieramos-
-No se olviden, que se fue de aquí, diciendo que todos nosotros eramos unos monstruos, peor que los titanes-
El capitán, se detuvo en seco al escuchar a Mikasa, pero no volteó.
-No lo hubiera hecho, si tu, no la hubieras llamado fenómeno y sumándole a eso, que no pertenecía a este lugar- Armin, miro a su amiga, sorprendido. Eso había sido cruel -Espero que estos diez días de ayunó, te hayan servido para reflexionar-
Habló sin inmutarse. No la había castigado por haberlo atacado, no, la había castigado, por haber lastimado a la alquimista y hacerla llorar. Por haberla alejado de su vida y la de todos.
-Si, lo siento- realmente, estaba arrepentida.
-Levi, ella antes de irse, mencionó algo llamado piedra folosofal ¿Sabes de que se trata?- cuestionó Hanji.
-Es cierto, ella habló dos veces de eso. La primera vez fue, cuando curo a la lider con esa luz azul, quemando las palmas de sus manos y luego, antes de irse- agregó, Eren.
-Es un potenciador alquímico con el que hubiera salvado la vida de Erwin, sin aplicar el principio de intercambio equivalente. Pero ella se fue, antes de que la dejaran hacerlo-
Todos quedaron en silencio. El capitán, se adelantó y los dejó solos, siguiendo el camino por su cuenta.
-El capitán, se ve muy mal estos días- indicó, observando la espalda del mismo.
-Es normal, Armin. Perdió a dos personas muy importantes para él, en un mismo día-
Apretó sus labios y negó con la cabeza, la mujer con lentes junto a ellos, mirando a su amigo.
-Líder, Hanji. El capitán esta enamorado de Gaia ¿No es así?-
-No, Eren. Yo se lo pregunte el día que ella desapareció y lo negó. Por supuesto, no le creí una sola palabra. Estaba desesperado, cuando la vió desaparecer frente a sus ojo. Aunque, lo disimulo bastante bien- contestó ella.
-Yo tampoco le crearía si fuera usted- dijo Armin, siguiendo camino con los demás -Cuando llegamos aquí, corrió hacia su habitación a buscarla. Maldiciendola, como siempre, pensando que le había hecho una broma- sonrió al recordar eso de su amiga -Nunca olvidare la noche antes de partir a Shiganshina- rió de nuevo -Ella estaba tan feliz-
-Es verdad, hasta invito a Mikasa a cantar con ella- recordó Eren y la chica a su lado, sonrió -Pero después, termino discutiendo como siempre, con el capitán Levi-
-Nunca pude comprender, como esa chica, seguía viviendo después de eso-
-Ni nosotros-
Él no pudo evitar recordar la última noche que habían pasado en compañía de esa intrépida alquimista.
El grupo de amigos, se encontraba conversando afuera del comedor del cuartel, sobre el océano y las maravillas del mundo exterior. Pero la melodía de una guitarra, comenzó a escucharse cerca de ellos.
-¿Y esa música?- Preguntó un jovencito rubio, llamado Armin Arlec, interesado -No sabia que alguien tocará música aquí-
-Ni yo, es por allá, vamos...-
Su amigo se incorporó y corrió en dirección a una barraca cercana, junto a los otros dos. Cuando llegaron allí, no podían creer lo que veían. La alquimista, cuyo nombre era Gaia, estaba sentada en el suelo, con una guitarra en su regazo y brindando un concierto privado a su cachorro, que la miraba sentado frente a ella. Ellos se escondieron en un rincón para escucharla cantar. Era una letra muy melancolica, de una chica de mirada triste, un barco, el mar, la libertad y un mundo donde se cumplieran los sueños. Terminó de cantarla y anotó algo en una pequeña libreta a su lado.
-Tu que decís, Levi ¿Creés que a Dea le guste esta canción para ella?- el cachorro ladro en afirmación -Eso pensé...dame esos cinco- el lobito choco su garrita con ella -Ustedes saben que es de mala educación espiar a las personas ¿Verdad?-
Los había descubierto, aún no sabían como, pero lo hizo. El grupo salió de su escondite y se dirigió a ella, sentándose a su lado.
-Gaia, cantas muy bonito y además, no sabía que tocaras la guitarra- aseguró Armin.
-Es cierto, ¿De dónde la sacaste?- secundó su amigo.
-Gracias y contestando a tu pregunta, mi amigo titán, le rogué hasta la humillación a Levi, que me prestara el dinero. Para comprársela a un hombre de la ciudad subterránea que la vendía. El pobre necesitaba el dinero para comer y yo, necesitaba una guitarra-
-Vaya ¿Cómo le devolverás el dinero a Levi?-
-Pidiendo limosna, hasta que Keilot vuelva y lo haga por mi- Los dos jóvenes rieron y la muchacha, la miraba sonriente -Por esa razón estoy componiendo...Me quede sin repertorio-
-Nosotros no contamos con dinero, sino te lo daríamos. Aquí no lo necesitamos, tenemos techo y comida- mencionó el portador del titán de ataque.
-Lo sé creanme, se los hubiera robado si sabía que ustedes tenían más dinero que yo-
Rió por tanta cosa absurda, pero sus compañeros, la miraron atónitos.
-Aquí no se permite robar, podrían castigarte por eso- aseguró la otra chica del grupo.
Le sonrió con pena, los jóvencitos frente a ella, se tomaban la vida muy en serio, allí no había lugar para bromas. Tenia planeado cambiar eso dentro del escuadrón, el tiempo que estuviera allí.
-Lo sé, linda. Solo era un decir. Ahora, canta conmigo- la miró con horror.
-Yo no canto-
-¡No seas ridícula, Micki! ¡Todo el mundo canta!-
Ella fruncio el ceño ante el ridículo apodo, de hecho, su hermana la había llamado igual una vez. Armin y Eren reían, esa alquimista era única. Lo que ignoraban era que, el capitán Levi, los estaba escuchando apoyado en una pared de la barraca, sin ser visto.
-Mikasa, me llamo Mikasa-
-A mi me gusta mas Micki...Mikasa es un nombre muy largo ¿Lista? Yo cantaré la letra y tu la repetirás-
Empezó a tocar una melodía con acordes, para comenzar a cantar. Tocó unos acordes más, mirándola y esperando su canto. Estaba literalmente muda y sonrojada. La letra había sido muy significativa para ella. Era de un amor no correspondido, entre dos amigos.
-¡Vamos Mikasa, hazlo!- la ánimo su amigo.
La nombrada, miró a Eren y él levanto su pulgar hacia ella. Abrió su boca, pero alguien, la interrumpió.
-¡Ey! ¡Ustedes! ¡Están muy ruidosos! ¡A dormir!-
Ordenó el Capitán, apareciendo de la nada. Todos se pusieron de pie, inmediatamente, a excepción de la alquimista, que lo miraba fastidiada.
-Lo sentimos, Capitán- se disculpó Eren -Sólo le estabamos haciendo compañía a Gaia- él los miro sin emoción.
-Gaia, ¿Qué te dije acerca de tocar esa cosa?- cuestionó el superior.
-Que podía hacerlo...- contestó ella, desde el suelo.
-Que podías hacerlo...después de que sanarán tus manos. Mira, ahora están sangrando- se había quitado las vendas para poder tocar mejor, pero había lastimado sus manos, otra vez -¿Dónde están las malditas vendas? ¿Por qué te las quitaste? Ahora, tus manos están sucias y se infectarán las heridas ¿Por qué nunca quieres obederme?-
Los jóvenes, miraban la discusión con terror. El capitán, perdía los estribos fácilmente y a ella, no parecía importarle ese detalle. Era lo más parecido a una discusión entre hermanos, lo que se presentaba frente a ellos en ese momento.
-Déjeme en paz, capitán- refutó-No obedezco ni a mi esposo, menos lo obedeceré a usted. Soy un espíritu libre, entiendalo- él se acerco y le arrebato la guitarra de un tirón -¡Ey! ¡Eso es mío!-
Se puso de pie para recuperarla, pero el capitán comenzó a caminar hacia su barraca. Entonces, se subió a su espalda para detenerlo o derribarlo. Era imposible, el capitán era muy fuerte. Nada podía detenerlo. El pequeño lobo los seguía por detrás.
-¡Ustedes! ¡A dormir!- gritó a sus subordinados levantando la guitarra, con la alquimista a cuestas -Me voy a quedar con esta maldita cosa, Gaia. Hasta que no me devuelvas, hasta el ultimo centavo que te preste por ella, sera mía...-
-¿Cómo quiere que le devuelva hasta el ultimo centavo si no la tengo para pedir limosna con ella?- contestó, enojada -¡Demela!-
-No me interesa, conseguirás dinero de otra manera. Pero la guitarra, ahora, es mía. Soy el capitán aquí, tu debes obedecerme como todos los demás-
-¡Pudrase! ¡No lo haré!- bajo de su espalda, furiosa -¡Algún día tendrá que dormir! ¡Y esa guitarra será mía!- camino a paso furioso en otra dirección con su cachorro.
-¡Intentalo y verás! ¡Maldita alquimista de ojos manipuladores!-
-¡LO ESCUCHÉ!- gritó entre las sombras.
-¡YA LO SÉ! ¡POR ESO LO DIJE!- miró a sus subordinados -¿Qué les dije? ¡A dormir! ¡Mañana partiéremos hacia Shiganshina!- siguió caminando con la guitarra en su mano.
-Bien, vámonos- ordenó Eren, que se inclinó para tomar la libreta de la alquimista -Cuando volvamos, si es que lo hacemos... Recuerdenme devolversela- sus amigos asintieron y siguieron su camino.
Ahora él, se encontraba junto a Armin cambiando su atuendo, por el de gala oficial. Su amigo, se acerco a un escritorio, para mirar una libreta que había allí.
-No pudiste devolversela-
Él lo miró y negó, cuando levantó la libreta en su dirección.
-No, tenía pensado dársela al Capitán. Creo que él, tiene su guitarra todavía- se acercó y la guardó en su chaqueta.
-Deberías... Cuando la encontremos, él podrá dársela-
-Ella ya no esta aquí, nunca volverá, al igual que Dea- suspiró triste -Le hicimos daño, lo dijo antes de irse y tiene razón-
-¿Crees que este muerta? Porque yo creo que no lo está-
-Yo tampoco. Esta con su hermana y los demás. Tu no pudiste escucharla, pero ella invoco a la Dama del Caos. Dea me contó una vez, que ella, es uno de los dioses mas fuertes de la magia y la hechicería. Estoy seguro, que la alejó de aquí y la llevó con su hermana y su esposo-
-Espero que así sea, Eren... Vamos- abrió la puerta del cuarto y salieron de allí.
En la habitación del Capitán Levi, miles de recuerdos rondaban por su mente del último día que vio a la alquimista y que perdió a su gran amigo.
-¡Escuchame bien, Gaia!- un temblor remeció la casa.
-¡Dioses!- cubrió sus oídos y cerró sus ojos.
La tomó del rostro con ambas manos, para verla a los ojos. Ella estaba aterrada, temblaba como un animal herido. Esta vez, estaba indefensa contra los titanes, no podía usar su alquimia para protegerse.
-¡Escuchame! Sé que tienes miedo. Pero ningún titán se acercará aquí. No dejaré que lo hagan y Eren que esta afuera, tampoco ¿Esta bien?- ella asintió rápido -No salgas por nada del mundo y mantente a salvo aquí- la dirigió a un rincón debajo de una escalera, sentándola allí -Obedeceme esta vez... Por favor. Es peligroso y yo no podré pelear, si tú estas en peligro- apoyó su frente en la de ella y cerró sus ojos, aspirando su aroma a jazmines -Prometo que volveré por ti- susurró.
Abrió sus ojos y se dispuso a marchar, pero ella, lo detuvo.
-Capitán, esperé- busco algo en su bolsillo y le tendió su puño cerrado -Tomé- él miro un pequeño cristal rojo en su mano -Es un raimugai, crustáceo que cumple deseos. Un amigo me lo regalo, antes de rendir mi examen para convertirme en una alquimista hiladora de vidas y yo se lo doy a usted... Espero que él, pueda cumplir tu deseo Levi-
Él se arrodillo delante de ella y la abrazó con fuerza. Sin importarle nada más en el mundo, la besó en los labios, por primera y última vez. Se separó, sin siquiera mirarla.
-Volveré por tí. Lo prometo. Ese es mi deseo- salió de allí, rápidamente.
Después de verla desparecer ante sus ojos y convertir a Armin en titán, al ser convencido por las palabras de Eren. Llevó el cuerpo del Comandante, hacia la casa donde la había dejado. Esa sería su tumba, allí su amigo, podría descansar en paz. Pero ella no estaba, se había ido. El único recuerdo de su presencia, eran sus vendas.
La única esperanza que le quedaba, era que estuviera en su habitación y que todo lo que dijo, hubiera sido una horrible broma. Pero nada de eso paso, allí tampoco estaba. Sólo había recuerdos, un pañuelo, un raimugai y una vieja guitarra después, no había nada más.
Volteó hacia la guitarra y tocó sus cuerdas. El raimugai, se encontraba allí, entre el encordado, junto con el pañuelo atado al clavijero.
-Lamento no haber cumplido mi deseo...- suspiró fuerte -Nunca mas volveré a verte y será mejor que te olvide-
Un golpe lo interrumpió. En ese lugar, nunca iba a tener paz.
-¿Capitan?- Era Eren.
Abrió la puerta de su habitación con violencia.
-¿Qué quieres?- preguntó hosco, como siempre.
-Solo quería darle esto- le entrego una pequeña libreta con dibujos y símbolos -Es de Gaia, lo olvido la noche que le quitó su guitarra. Creo que usted debería tenerlo-
Se la quitó de las manos y comenzó a leerla. No había nada importante, pero era su letra e iba a quedarsela.
-Si, pasa y cierra la puerta-
El joven obedeció su orden e ingreso a la habitación, mientras su capitán, leía la libreta de la alquimista sentado en su cama.
-Así que no pudo robársela- señalo el instrumento -La guitarra sigue aquí- el capitán, cerro la libreta con fuerza.
-Esa misma noche, intento hacerlo, pero yo estaba despierto sentado justo en esa silla- habló serio -Su cara, fue todo un poema, al verme sentado allí-
-Me imagino que la habrá castigado ¿No es así?-
-Por supuesto que no. Nunca la habría castigado como a ustedes. Ella no se parece a nadie de este maldito lugar, es diferente, al igual que su hermana- se incorporó y dejó la libreta junto a la guitarra -Creeme, Eren...Aunque nos lleven años, las volveremos a ver- palmeo al muchacho en su espalda y sonrió -Vámonos... Su majestad nos espera-
-Si, tiene razón en todo Capitán, yo me adelantare-
Salió de la habitación, mientras el Capitán, se colocaba el saco. Suspiró por última vez, tomó el pomo de la puerta y volteó hacia atrás, mirando las pertenencias de la chica.
-Adiós, Gaia Curtís... Fue un placer conocerte, maldita alquimista malhumorada, indomable y desobediente-
Salió de su habitación, sintiéndose un poco mejor que antes. Jurándose a sí mismo, que dentro de muchos años, volvería a ver a esa intrépida alquimista a la que le robó un beso, por una única vez.
