La alquimista del sol, dormía plácidamente, después de una noche de excesos y diversión. Era tarde, pasado el medio día, pero su esposo, la dejó allí para que durmiera unas cuantas horas más, llevándose a su hija con él. Desde que la pequeña había sido raptada, ella no había podido descansar bien y ahora que la habían recuperado, se merecía una buena noche de sueño.

Entre sueños, palmeó a un costado de la cama, buscando a su bebé y ella no estaba. Se despertó exaltada, pensando que todo lo que había vivido el día anterior, había sido un sueño.

-¡Ivi!-

Exclamó, mirando a su alrededor. Destapo su cuerpo y salió de la carpa, ciega de terror, buscándola. Al correr unos metros, la encontró con su padre mientras el comía una manzana, junto con Eyra y Lai. Su esposo la vió llegar y la saludo.

-Hola, amor ¿Dormiste bien?-

Se acercó a ella para saludarla, pero lo esquivó y fue directo a su pequeña, para tomarla en sus brazos y mirarlo furiosa.

-¡Keilot! ¿¡Por qué te llevaste a mi hija así!?-

Vociferó molesta a los cuatro vientos. Él no comprendía su actitud y la observó, atónito.

-Gaia, también es mi hija... Puedo llevármela cuando quiera- se defendió, molesto -¿Qué es lo que pasa contigo?-

Ella se encontraba temblando de nervios, cuando él llegó a su lado.

-¡Ahorraté tus excusas!- exclamó con la voz rota -Cuando desperté... Creí que lo de ayer, había sido un sueño-

Abrazó a su bebé, ocultando su rostro, llorando. A él se le rompió el corazón verla llorar de esa forma, lo hizo sentirse tan miserable y culpable, que no pudo evitar abrazarla.

-Lo siento, amor... No fue mi intención asustarte- se disculpo, consolándola -Estabas tan tranquila durmiendo, que no quise despertarte... Perdóname, no lo volveré a hacer-

La besó en la mejilla y ella asintió. Lai los observaba, manteniéndose al margen de la situacion.

-¡EYRA!-

Se escuchó el grito de desesperación y dolor de la hechicera, por todo el campamento. Él corrió en dirección a la carpa, al ingresar en ella, se encontró con la imagen mas desgarradora de toda su vida. La madre de su hija, se encontraba sentada en la cama, llorando, desconsoladamente, con el caballito de madera de su pequeña en sus manos. Levantó la vista hacia él y lloró, todavía más.

-Lo de ayer no fue real ¿Cierto?- preguntó, colocándose en posición fetal hecha pedazos -Fue sólo un sueño ¿No es así, Lai?-

Él se acercó despacio a ella y se sentó a su lado, acariciandole el cabello y secando sus lágrimas.

-Dea, preciosa ¿Por qué dices que fue un sueño?- le preguntó tranquilo.

-Porque, últimamente, solo soy feliz en mis sueños y es cuando estoy con ella-

Cubrió sus exóticos y hermosos ojos con dolor, para llorar aún más. El apoyó su mejilla sobre su sien. Nunca la había visto así, tan rota y triste. Suspiró con dolor y se separó, para observarla.

-Amor mío, lo de ayer, no fue un sueño, fue real, recuperamos a nuestra hija y tu estabas muy feliz por eso- apartó los cabellos húmedos de la chica de su cara -Ya no llores, ella esta con nosotros-

-¿Y dónde esta?- formuló, incrédula.

-Aquí- mencionó su hermana con su sobrina e hija en brazos, caminando hacia a ella -Yo también me asusté mucho, cuando desperté hoy, hermanita- dejó a las pequeñas sobre la cama y la hechicera, abrazó a su pequeña -Hemos pasado por mucho, últimamente y no podemos evitar estar tan sensibles-

El hombre juntó a ellas, besó a la hechicera e hija por última vez y salió de la carpa, dejándolas solas.

-Parezco una loca ¿No es así?-

Su hermana sonrió divertida.

-Todos estamos un poco locos... Pero tú, con ese cabello, no te pareces en nada a la imagen de la cordura- rió a carcajadas y ella, la empujó.

-¡Cállate, Gaia! Al menos, yo si tengo color por las mañanas y no parezco una muerta, que asusta a las personas al despertar-

Era cierto, nadie sabia porque, pero la alquimista, siempre amanecía pálida como un papel. Era una característica muy extraña en ella.

-Eres tan mala... Que a veces dudo, que seas mi hermana- le devolvió el empujón y se acostó a su lado.

-Lo mismo digo- respondió sarcástica -Pero lamento informarte, que casi tenemos la misma cara, así que si, soy tu hermana-

-Si y la mejor- apoyó su cabeza en ella -Hoy es la presentación del pueblo ¿No es así?-

-Si y no sé que haremos... Tengo dolor de cabeza- giró para observar a las bebés, que estaban entre ellas, jugando -¿Qué tienes pensado hacer?- su hermana, levantó la vista.

-No lo sé, hoy no tengo ánimos para cantar... Sabiendo que ayer, hicimos el ridículo ante todos por culpa de esas malditas-

-Ni me lo recuerdes... Aún no comprendo porque nos detestan tanto, apenas nos conocen-

Besó las manitos de su pequeña, que le acariciaba el rostro.

-No lo sé- contestó con su bebé sentada en su abdomen -Pero tengo la teoría de que nos odian, por dos razones. La primera, es porque salvamos a Noha y la segunda, porque les quitamos el puesto de trabajo-

-Es cierto, esa maldita de Piedra...-

-Petra- la interrumpió la alquimista.

-Si, si, lo que sea... Era una de las mejores bailarinas aquí y la otra estúpida, esa tal Milenka, se defendía bastante bien con el violín, por lo que me comentó Noha... Al igual que a la que llaman Gracia, que es o era cantante- su hermana, negó con la cabeza.

-Es una lastima, sinceramente, quería tener una estancia agradable aquí, hasta enfrentarnos a Rohan e irnos a casa-

Ella afirmó en total acuerdo.

Un rubio cazador, ingresó a la carpa, un poco exaltado por la corrida, para hablar con ellas.

-Escuchenme bien- habló, volteando hacía la entrada y su amigo, cerraba la cortina al ingresar -No salgan de aquí, por ningún motivo ¿Esta bien?- ellas lo observaron sin comprender.

-¿Por qué?- cuestionó su esposa.

-¿Qué sucede?- dijo la otra muchacha.

-Rohan esta aquí, acaba de llegar- indicó el otro hombre -No salgan, hasta que les aseguremos que están a salvo-

Se acercó a la madre de su hija y la apuntó con su mano, iba hechizarla.

-¿No vas a dormirme o si?- preguntó.

-No, voy a esconder tu poder- Pronunció un mantra sobre ella -Lo siento, pero no quiero que se de cuenta que tu eres la hechicera de la luna, todavía-

-Keilot, ¿Tu qué harás?- preguntó preocupada, su esposa -Él podría reconocerte-

-No lo hará, Lai aplicó un hechizo de distorsión de esencia sobre mi- miro orgulloso a su amigo -Desde que tiene el rompecabezas del milenio, puede hacer muchas cosas que antes no-

-¿Y con las niñas? ¿Qué pasará con ellas?-

Cuestionó igual de preocupada que su hermana.

-Eso ya lo tenemos planeado. Le pediremos al patriarca, que organice una reunión entre nosotros y él, para informarle el porque tenemos a las niñas- tranquilizó a ambas -Ahora, vamos, Keilot... Hay que buscar al patriarca sino, sospechará-

-Recuerden, soy Björn ahora- señalo a todos, que asintieron -Vamos y no salgan... Cuidense-

Ambos hombres, salieron de allí y se dirigieron a buscar al patriarca de la tribu. Las chicas, no sabían que hacer o como ayudar. La alquimista, miró a su hermana, en busca de ayuda.

-Gaia, se lo que estás pensando y tu idea me retumba- indicó ella.

-Perdón, pero no me gusta quedarme sin hacer nada. Me hace sentir como una inútil-

-Lo sé, yo me siento igual, pero por hoy, vamos a obedecer a los chicos...Por una única vez ¿Está bien?-

-Si, está bien- dijo resignada.

Mientras tanto, en la entrada del campamento, se encontraba un alegre patriarca saludando a un hombre de unos 35 años, alto, de cabello negro y corto, con unos profundos ojos azules, cuyo rostro, estaba cubierto por una incipiente barba candado.

-Cuanto tiempo sin verte, Rohan. Me alegra tanto que estés aquí-

-Lo mismo digo, Thanos... Espero que hayas cuidado bien de esas pequeñas-

El patriarca, se puso nervioso, no espero que su amigo, iría directo al grano.

-Veras, tuve que darles a las niñas a otras personas. Me hicieron una oferta que no pude rechazar-

El hombre frente a él, lo miró entre escéptico y furioso.

-¿A qué te refieres? ¿Ellas ya no están aquí?- cuestionó -Tu me habías dado tu palabra, Thanos. Cuando Megan las entrego a ustedes, prometieron cuidarlas hasta que yo regresará de mi viaje-

Sus ojos, habían cambiado inexplicablemente de color azul a amarillo, en una fracción de segundo y luego volvieron a la normalidad.

-Lo sé, pero soy un gitano. La oferta que me hicieron por ellas, era muy alta, con el dinero que me dieron, la tribu vivirá bien por meses-

-Comprendo y ¿Quién las tiene?-

Iba a quedarse con esas niñas, cueste lo que cueste.

-Nosotros- interrumpió al patriarca un joven rubio -Soy Björn, un gitano amestrisano y él, es mi amigo y hermano Lai-

Presentó a ambos extendido su mano. El sujeto frente a él, la tomó en un apretón fuerte y consistente, presionando más de la cuenta.

Para él, ese hombre de cabellos dorados, le era familiar, aunque no podía recordar de donde y eso le resultaba perturbador. Los ojos del mismo, mostraban un fuerte instinto de lucha y supervivencia, que pocos tenían.

-Yo soy Rohan, un cazador alfa y jefe de una tribu de cazadores de este país-

Mentía, ese maldito, no tenía ni un pelo de cazador alfa, lo hizo para intimidarlos a ambos. Ellos lo sabían.

Soltó al rubio y extendió su mano al otro hombre a su lado, haciendo la misma acción anterior. Al vidente, le dió un leve dolor de cabeza al sentir el poder del demonio en su interior, pero no se inmutó. Él también era fuerte y ahora más que nunca, lo miró directamente a los ojos de manera desafiante.

-Bien, como dijo mi amigo, nosotros y nuestras mujeres, nos quedamos con las niñas a las que usted quería. Ahora bien y si al patriarca no le molesta, queríamos hablar en privado con usted-

-Por supuesto que no, si ustedes quieren, podemos reunirnos ahora mismo en mi carpa, antes de ir al pueblo a realizar la presentación-

-Por mi esta bien ¿Para ti, Lai?-

-Igual, ¿Tiene algún inconveniente con eso, Rohan?-

-No, vamos-

Contestó seco y cortante. No había logrado que esos dos sujetos, se sintieran intimidados en lo más mínimo por su presencia allí.

Dentro de una de las carpas del campamento, las hermanas de la destrucción y su amiga gitana, no paraban de reír.

-¡Yo no hice tal cosa!- se defendió entre carcajadas.

-Si, si lo hiciste, Gaia- respondió riendo, su amiga gitana -Nadie se olvidará jamás que le robaste el público a Gracia, cuando empezaste a cantar la canción de la Gaviota-

-Es cierto... Lo recuerdo... Vagamente- rieron mucho más, por las palabras de esa hechicera -Además, esa tal Milenka se veía muy perturbada, cuando yo comencé a tocar- indicó, hinchando su pecho de orgullo -No es rival para mi, yo soy puro talento-

-Ustedes se están vengando de todo lo que ellas me hicieron ¿Verdad?-

Ellas la miraron, haciéndose las desentendidas de todo.

-¿Cómo te atreves a decir algo como eso?- reclamó, la alquimista.

-Nosotras, jamás, tomariamos venganza a tu favor- mencionó igual que su hermana.

-No mientan, ayer hicieron todo eso porque ellas insultaron mi amor por Jonás- las miró agradecida, tomando una mano de cada una de ellas -Gracias-

-No hay porque, Noha. Tu nos ayudaste de una manera, qu nadie nos había ayudado antes y por eso, estoy eternamente agradecida-

Era cierto, esa joven amestrisana, estaría en deuda con ella por siempre.

-Mientras nosotras estemos aquí, ellas no volverán a meterse contigo-

Aseguró, su otra amiga. Le debía mucho.

-Lo sé, pero cuando ustedes se vayan, todo volverá a la normalidad. Petra me odia, ella siempre estuvo enamorada de Jonás, pero como es pobre, sus padres la casaron con el patriarca- aseguró con amargura -Pero de todas formas, nunca olvidare lo de ayer en la noche-

Las muchachas, sonrieron cómplices y se sumergieron, en el recuerdo de todo lo sucedido la noche anterior. Aunque la hechicera de la luna y la alquimista del sol, se pasaron de copas, no se arrepienten de nada.

Las hermanas, se despidieron de la nodriza que había cuidado cuidado tan bien de sus pequeñas hijas. Tenían el deber de agradecerle y eso hicieron.

Mientras caminaban y hablaban una con la otra sobre trivialidades, su amiga Noha, llegó hasta ellas con mala cara.

-Chicas... No sé como decirles esto... Pero ellas quieren conocerlas-

Anunció, señalando a un grupo de tres gitanas jóvenes, entre ellas Petra, la esposa del patriarca.

-Esta bien, no hay problema. Diles que se acerquen-

Su hermana Dea, la codeó en el estómago, para que la mirará. Ella había perdido la cabeza.

-¿¡QUÉ CREES QUE ESTAS HACIENDO!?- murmuró por lo bajo, exaltada -¡YO NO TENGO DESEOS DE CONOCER A NADIE AQUÍ!-

Aclaró en el mismo tono anterior. Su hermana, la miró, divertida.

-Relajate, Dea- habló un poco mas tranquila, usando el mismo tono que ella -Conocer a otras personas, no nos hará ningún daño- le guiñó un ojo.

Bufó irritada, de las dos, ella era a la que más le costaba abrirse con la gente. Estos últimos dos años, su vida consistió en, cuidar de su hija e ir a trabajar y cuando llegaba al trabajo, con el único que tenía una buena relación era con Cristián después, con nadie más.

En cambio Gaia, al hacer sus rondas de cuidados e ir de un lugar a otro todo el tiempo, conocía y trataba con muchas personas, todos los días. Era un poco más social que su hermana.

Su amiga Noha, regresó con las tres muchachas antes señaladas.

-Gracia, Milenka... Ellas son de quienes les hablé hoy. La nueva cantante y la nueva violinista, Gala y Delia- las señaló, despectiva, a ambas.

La hechicera, la miró irritada y la alquimista, hacía gestos para no reír. Esa rubia llamada Petra era, realmente, estúpida. Era digna de llevar ese nombre, su cabeza, era dura como una piedra.

-Es Gaia y Dea-

Respondió cortante y matándola con los ojos, la heredera del poder de la luna.

-Así es y tu eres Piedra ¿Verdad?- cuestionó la otra gemela. Ella la miró ofendida y su hermana, rió por lo bajo -Perdón...quise decir Petra- se disculpó, inocente.

-Si y soy la esposa del patriarca, además- contestó con su ego hinchado de orgullo -Ellas son mis amigas. Gracia, la cantante de la tribu y Milenka, la violinista-

Dea no podía aguantar tanta hipocresía junta, esas tres víboras frente a ellas, eran las que habían vendido a Noha al ocultista. No pudo evitar, que se lengua hablará sola.

-Si, sabemos quienes son ustedes. Noha nos contó lo que hicieron con ella, cuando la vendieron como si fuera un paquete. Ahora ¿Qué es lo que quieren?- preguntó brusca y cortante al resto -Gaia, siento que estoy perdiendo mi tiempo aquí, hablando con estas personas-

Miró a la alquimista, que le sonreía orgullosa. Su hermana, era franca hasta los huesos y eso, le encantaba.

-¿¡Cómo te atreves a hablarle así a la esposa del patriarca!?- reclamó la tal Milenka -Podrían expulsarte de la tribu por eso- la miró, socarrona.

-¿Y? Tengo a mi familia conmigo, si yo me voy de aquí, ellos también se irán ¿No es así, hermanita?-

-Por supuesto- aseguró ella -Ahora, como dijo mi hermana ¿Qué es lo que quieren? Sinceramente, no tenemos deseos de conocerlas o hacer amistad con ustedes, después de lo que le hicieron a nuestra amiga- ella estiró su mano hacia Noha, que la aferró para unirse a ellas -Hablen o vayanse. Tengo que hacer dormir a mi bebé y no tengo tiempo que perder-

Besó la mejilla de su hija y miró a las jóvenes frente a ellas.

-En realidad, querida. Esa bebé no es tuya. Es una pobrecita huérfana que tu y tu esposo, intercambiaron con el patriarca a cambio de ganar dinero para nosotros- soltó venenosa, la joven llamada Gracia -Debiste haber hecho algo muy malo y cruel en esta vida, para que Santa Sara te castigará, quitándote el don de la maternidad-

Estaba furiosa, aunque lo disimulara, ¿Cómo se atrevía esa maldita gitana a insultarla de esa manera? Ahora, no tendría piedad de ella, la haría llorar sangre.

-Eso es cierto, ni hablar que debe ser algo de familia- mencionó despectiva, señalando a su hermana, la otra muchacha -Ella y su prometido, compraron a esa pequeña que lleva en brazos, por casi seis soberanos. Es tan triste y desesperado- formuló en tono sarcástico.

Le hervía la sangre de rabia, miró a su hermana y asintió. Esas dos brujas, que ahora las insultaban sin motivo, tendrían su merecido más tarde. Nadie se metía con ellas y salía impune.

-¿Ustedes cómo saben eso? Se supone, que los negocios del patriarca le competen solo a él-

-Noha, querida. El día que tengas un marido como el mío, comprenderás, que hay cosas que no solamente le competen a él y que una mujer, puede conseguir lo que quiera a través de diversos métodos-

Respondió digna y orgullosa, la esposa del patriarca.

-Lo dudo... Pero de algo estoy segura, no necesitaré de ninguna clase de trucos, para que Jonás me cuente sus secretos-

-Eso no me sorprende, además, no esperaba menos de ti. Sabía que te casarías con un gitano pobre, al igual que tú-

Señaló al hombre en cuestión, que se acercaba a su prometida.

-Noha, ¿Qué te sucede? ¿Por qué tienes esa cara?-

La miró a los ojos acariciando sus brazos.

-No es nada-

Respondió secando una lágrima y sonriendo, falsamente.

Ya era suficiente. No iban a permitir que insultaran de esa manera a sus amigos. Noha y Jonás, se amaban, a pesar de ser personas humildes, eso era lo importante.

La alquimista, tomó el antebrazo de su hermana y lo apretó con fuerza, pidiendo un permiso que no era necesario pedir.

-Cúbreme- susurró con su hija en brazos.

Se escondió detrás de ella y juntó sus manos para transmutar. Piso fuerte el suelo y este se movió, levemente, debajo de esas tres, haciéndolas caer.

No conforme con eso, la hechicera, las miró fijo y con ayuda de la magia del silencio, una ráfaga de viento las empujó con violencia de nuevo, cuando intentaron ponerse de pie.

Nadie sabía que estaba pasando, lo único que veían era que, un grupo de jovenes gitanas, caía al suelo una y otra vez, inexplicablemente. Parecían ebrias.

Las hermanas y todos los presentes, reían de su infortunio a más no poder.

-¡THANOS! ¡THANOS!-

Gritó histerica, clamando por su esposo y cayendo de nuevo por culpa del suelo que se movía bajo sus pies.

-¿Qué sucede aquí?- ayudó a su esposa a ponerse de pie.

-¡Thanos! ¡Ellas me atacaron!- apuntó a las chicas con su dedo, delante de ellos -¡Y no solamente a mi! ¡A Gracia y Milenka también!-

Las acusadas, pusieron su mejor cara de inocencia. No le darían el gusto de ganar esta batalla a esa rubia gritona.

-¿Eso es cierto?- preguntó un tanto molesto -¿Ustedes atacaron a mi esposa?-

-Perdón, patriarca- se excusó, la hechicera -Pero usted acaba de llegar aquí y puede ver, que tanto mi hermana y yo, nos encontrábamos paradas en este mismo lugar, sin hacer nada, mientras la tres caían sin control. No pueden culparnos por eso- acomodó a su hija en brazos -De hecho, hace unos minutos, estábamos hablando con ellas, amistosamente. No tenemos motivos por el cual atacarlas- explicó con su mejor sonrisa angelical.

-Eso es cierto- secundó su hermana -No solamente usted lo vió, todas las personas que es tan aquí, lo vieron también...- se acercó un poco más a él -Aquí entre nos, patriarca...Creo que su esposa y sus amigas, han bebido demasiado- hizo el famoso gesto del bebedor con su pulgar.

-¡Thanos, ellas nos atacaron! ¡No las escuches! ¡Estoy segura!- vocifero histérica -¡No sé como lo hicieron, pero creo que son unas brujas!-

Ellas hicieron gestos de indignación y ofensa, cuando las insulto de esa manera. Era puro teatro, querían hacerla pasar por loca.

El patriarca, se moría de la vergüenza por el espectáculo que estaba interpretando su esposa. Era obvio, que había bebido más de la cuenta.

-Disculpenla, muchachas. Mi esposa aún es muy joven e inexperta, en esto de comportarse como la mujer de un patriarca- tomó a su esposa de un brazo -Me siento, realmente, avergonzado con ustedes-

-No se preocupe, patriarca, cuando uno bebe de más, sabe imaginar cosas- indicó con malicia, la hechicera.

-¡Yo no bebí de más! ¡Maldita bruja!- gritó otra vez.

-¡Ya es suficiente, Petra!- exigió a su esposa -Disculpenla una vez más-

-Esta bien, no hay cuidado patriarca, es entendible. Todo el mundo se ha pasado de copas, alguna vez- sonrió hipócrica, la alquimista.

-Para disculparme con ustedes, por el bochornoso espectáculo que acaba de realizar mi esposa. Me encantaría que a todos nosotros, nos deleitan con su talento-

Era un trato justo. Además, les bajarían los humos a las otras dos gitanas que las habían insultado, anteriormente.

-Está bien... Vamos Gaia-

-Permiso, patriarca... Adiós, Petra- se despidió de ella, sarcástica.

Entregaron a sus hijas a sus dos amigos. Cuando las dejaron seguras, se acercaron a una mesa y tomaron tres vasos de vino cada una, como estimulante.

La hechicera, con todo el valor que tomó de esos tragos, se subió al escenario para hablar con un gitano que poseía un violín, este se lo entregó, sonriendo. Volteó y empezó a afinarlo un poco.

-¡Buenas noches!- exclamó al poco público que había allí -Yo soy Dea y quería darles una demostración de la canción que intérprete hoy- suspiró -Espero que les guste-

Aprovechó el momento de que la banda había dejado de tocar y empezó a interpretar la canción del pirata ,que tanto le gustaba, deteniendo toda acción alrededor. El público, aplaudió, felicitandola por su talento al finalizar.

-Gracias- agradeció feliz -Bien, me enteré que aquí, en esta humilde comunidad, hay una excelente cantante llamada Gracia... Bueno...de hoy en adelante, ya no estará sola compartiendo ese título. Les quiero presentar a mi hermana Gaia, que interpretara esta hermosa canción para ustedes-

No sabía porque había dicho algo como eso, pero necesitaba hacerlo. Su hermana, tan físicamente igual a ella, pero tan diferente a la vez, se posicionó a su lado y comenzó a tocar la guitarra con destreza, cosa que otras mujeres gitanas no hacían. Interpretó, al igual que su hermana, la canción de esa misma tarde, sumándole a eso, el coro del público que la escuchaba cantar.

-Fue divertido, aunque después, terminamos haciendo el ridículo, lo fue-

Dijó la alquimista, volviendo del recuerdo.

-Si, lo haría de nuevo. Me encanto dejar en vergüenza a esa rubia- secundó su hermana.

-Hoy pueden hacerlo. Esta tarde, es la presentación de la comunidad al pueblo-

-No lo sé, todo depende de como arreglen los chicos la situación con Rohan- volvió a hablar.

-Si, mientras tanto... Esperaremos- manifestó fastidiada, su hermana.

En la carpa del patriarca de la tribu, el ambiente se estaba poniendo cada vez más tenso. Los hombres frente a Rohan, no darían el brazo a torcer, por nada del mundo.

-Les preguntaré una última vez ¿Cuánto dinero quieren por esas niñas?-

Keilot estaba a punto de levantarse para darle una paliza y Lai, se encontraba preparado para lanzarle un hechizo, si no cerraba su maldita e impertinente boca, de una buena vez. Sus hijas, no estaban en venta y no se las darían por nada del mundo.

-¿¡No sé que es lo que no entiendes!?- espetó molesto, sin ninguna clase de formalismos, el hombre de cabellos dorados -¡Nuestras hijas no están en venta!-

-¡No puedes decirme eso! ¡Eres un gitano! ¡Para los hombres como tú, todo tiene un precio!-

Respondió en el mismo tono que él, arrojando un fajo de billetes cerca de ellos.

Él vidente, no iba a permitir semejante falta de respeto a esas personas, que habían cuidado tan bien de su hija.

-¡No vuelvas a insultar a esta comunidad y a su gente!- advirtió, furioso -¡No sé que clase de persona eres! ¡Pero puedo ver, que tus intenciones con esas niñas, no son buenas! ¡La respuesta es un rotundo no! ¡Ellas no se venden!- formuló firme, mirándolo a los ojos -Que quede claro, que no voy a permitir que te acerques a mi hija o a mi prometida, para obtener lo que quieres. Si lo haces, veras de lo que soy capaz-

Lo amenazó, sin una pizca de duda en su voz.

El jefe de la tribu, no sabía que hacer y por esa razón, decidió mantenerse al margen de la situación. Esos hombres, eran barriles de pólvora a punto de estallar.

-¡Puedes guardarte tu maldito dinero! ¡No nos interesa!- el cazador, se lo arrojó devuelta -Desde hoy te advierto, que si te atreves a acercarte a mi esposa e hija... Te mataré- hablo frío y amenazante.

Se levantó del suelo y salió de la carpa hecho una furia, seguido por su amigo detrás, en iguales o peores condiciones que él, ya no había nada de que hablar con ese maldito.

-Eso lo veremos, gitanos... Siempre consigo lo que quiero-

También salió de allí, dejando a un temeroso patriarca detrás.

-Vaya... Eso fue interesante-

Se sentó en una silla y se abanico con su sombrero.