Lo lograremos
Akane golpeó la puerta. Nadie contestó. Cuando ya las esperanzas se les estaban esfumando, la puerta se abrió. Era una mujer, joven aún, que los miraba sorprendida.
– Ayúdenos por favor. Estamos perdidos – suplicó Akane.
La mujer miró a la joven con un pato bastante particular en sus brazos, que con ojos llorosos le pedía ayuda. Era muy raro que alguien llegase ahí, pero ahí estaban.
– ¿Cómo llegaron aquí?
– No sé. Nos internamos en el bosque y nos perdimos.
La mujer no sabía qué pensar. La chica hablaba del pato como si fuera una persona. Los invitó a entrar. Era una casita muy acogedora en la que vivían dos mujeres. Invitaron a Akane a sentarse y comer algo. Esta se lo agradeció.
– Llevaré al pato afuera – dijo la segunda mujer. En ese momento Mousse comenzó a chillar como loco.
– No por favor. Este patito es muy importante para mí y nunca nos separamos – rogó Akane. Mousse se sintió en las nubes al sentir que era importante para alguien. Las mujeres se miraron sorprendidas: esa muchacha era lo más extraño que habían visto pero no preguntaron más. La dejaron quedarse con el pato.
– Debes estar muy cansada. Un baño de agua caliente te relajara.
Sí ¡cómo le hacía falta! Les agradeció y le prepararon la bañera en donde se metió dispuesta quedarse ahí toda la noche, de ser posible. No contaba con que Mousse se metiera también dentro. Akane gritó espantada pero Mousse le rogó para que se callara. Akane lo hizo pero no pudo evitar sonrojarse. Era el segundo hombre que veía desnudo, después de Ranma el día que llegó a su casa y otras veces, siendo mujer. Le dio la espalda para no tener que verlo.
– Eres un pervertido Mousse – le dijo Akane lloriqueando.
– Disculpa Akane por favor. Pero no podía quedarme como pato toda la vida.
Sí, era razonable. Le pidió que se girara para ella salir de la bañera y cubrirse con la toalla. Le exigió que no la mirara y no lo hizo. Al grito de Akane, las mujeres corrieron al baño. No podían creer lo que veían sus ojos. Estaba ahí un joven, muy bello por lo demás, completamente desnudo ¿Por dónde había ingresado? ¿Y dónde estaba el pato? No les quedó más remedio que contar lo de la maldición.
– Verán caballeros – empezó Mousse pero fue interrumpido por un fuerte coscorrón que lo dejó viendo estrellas.
– No somos caballeros – dijeron las mujeres, visiblemente molestas.
Akane se apuró en entregarle los anteojos al muchacho para que prosiguiera la historia.
Era de no creerlo. ¿Una maldición que transformaba al joven en pato?. Para demostrarlo, pidieron que le lanzaran a Mousse agua fría, cosa que hicieron. Sí, se convirtió en pato. Luego realizaron en proceso inverso y apareció el bello muchacho otra vez. Les creyeron pero le rogaron a Mousse que se cubriera, por favor. Posterior a aquéllo, les entregaron ropa limpia y comida. Vaya que estaban hambrientos: se la devoraron.
– ¿Ustedes son novios?
No, dijeron al unísono y seguros.
– Bueno, yo estoy comprometida para casarme, con otra persona – dijo Akane.
– Y yo también estoy medio comprometido – mintió Mousse.
Pero entonces ¿por qué no estaban con sus respectivos novios? Akane no quiso denunciar la imprudencia de Mousse y les dijo que eran los mejores amigos, habían salido a caminar y simplemente se perdieron. Volvieron a creerles, no tenían motivos para dudar. Si habían sido sinceros con lo del pato…
– Verán, en esta cabaña no hay más que dos habitaciones. Ustedes deberán compartir una.
La noticia les cayó como balde de agua fría. Mousse nunca había dormido siquiera cerca de una mujer y Akane ponía objeciones cada vez que Ranma había tenido que quedarse en su habitación y ahora salían con esto. Era una situación que jamás hubiese imaginado. Sabiendo que dormir en el mismo cuarto de Akane era invadir su espacio y privacidad, Mousse se ofreció para dormir en el patio pero Akane no lo dejó. Sería una maldad de su parte. Es verdad que su molestia con él estaba aún presente pero no era tanta como para mandarlo a dormir sobre las piedras. Accedió a compartir el dormitorio siempre y cuando durmiesen separados. Mousse accedió; era lo menos que podía hacer.
Akane estaba tan cansada que no tardó en dormirse. Pero para Mousse la cosa no fue tan fácil. Sentía que lo que estaba haciendo era peor que una violación. ¡Estaba durmiendo en el mismo cuarto que la novia de Ranma Saotome! Él que tantas veces lo maldijo por sólo pensar en que esas noches en que Shampoo no llegaba a la casa estaba con él, ahora yacía ahí, al lado de la cama de su novia, mientras ella dormía. Si Ranma se enteraba, lo mataría. No le tenía miedo y bien merecido se lo tenía por haber sido el causante de todo este asunto. Pero no había sido de adrede, se había equivocado. Aunque ahora razonaba que, lo que pretendía hacerle a Shampoo tampoco era correcto. Llevarla lejos a la fuerza no haría que ella lo quisiera sino todo lo contrario.
– Mousse ¿puedes dejar de dar vueltas en la cama? No me estás dejando dormir…
Sí, claro. De inmediato.
Al día siguiente, Mousse y Akane se encontraron solos en la cabaña. ¿Dónde estarían las mujeres? Les habían dejado el desayuno preparado. Estaban tan agradecidos. Si antes habían pasado apuros, ahora la suerte les sonreía. Al mediodía llegaron las mujeres. Traían leña, hongos y otras cosas para comer. Ahora, lo que se necesitaba planear era cómo lograrían que los dos jóvenes volvieran a sus casas. Venían de Tokio y, para volver, había dos caminos: uno corto y otro largo. Ellos habían tomado el largo en el que era más fácil extraviarse. El corto tenía sus problemas. No era fácil seguirlo.
– ¿A qué se refiere con eso? – preguntó Akane sobresaltada.
– Es un bosque mágico. Si tienen suficiente fuerza y habilidad, pasarán sin problemas. Si no…
Akane y Mousse debían decidir. No querían pasar por ese camino largo de nuevo y perderse una vez más; esta vez, podía ser para siempre. No querían tentar al destino. Por otro lado, se consideraban fuertes y hábiles como para pasar por el bosque encantado. Mousse, indirectamente, les preguntó si no era posible que los guiarán.
– No, nosotras ya pasamos por ese bosque y no lo volveremos a cruzar. La decisión es suya. Sólo ustedes pueden salir de ahí.
Mousse se maldijo una y mil veces por lo que había hecho, por su torpeza, su estupidez. Akane le puso una mano en el hombro y le indicó que no era hora de recriminarse. Debían decidir. Se miraron fijamente: ya habían tomado una desisión.
– Cruzaremos el bosque mágico – dijo Akane con resolución.
– Bien, si ya están decididos, les deseamos la mejor de las suertes. Aliméntese bien y lleven algo para el camino, lo necesitarán.
Akane suspiró. Pensó en su padre, en sus hermanas, en tío Genma. Y por supuesto, en Ranma. Debían estar preocupados por ella. Lamentaba darles ese disgusto. Mousse pensó en Shampoo aunque, sabía, que ella no tendría el más mínimo interés en saber sobre su paradero. De todos modos soñó con que sí lo tenía.
– Señoras, han sido muy amables con nosotros. Se lo agradeceremos por el resto de nuestras vidas – al decir esto, Akane se inquietó ¿Y si sus vidas no llegaban mucho más allá? No, estaba pensando estupideces.
– Muchachos, lo lograrán. Tengan confianza en lo que pueden hacer. Pero deben tener cuidado: muchas personas que se han adentrado en el bosque no han podido salir de ahí. Algunos porque se pierden, otros, porque no desean abandonar el lugar. Tal es su encanto.
Los dos chicos estaban listos para partir. Se despidieron de ellas y les prometieron volver a verlas. Ellas sonrieron. Sabían que eso nunca sería posible.
– Akane, perdóname por todo lo que te hecho. No fue mi intención hacerlo – Mousse se desesperó al decir esto.
– No te preocupes Mousse, saldremos de ésta. ¿Cómo? No lo sé. Pero lo haremos.
– Akane, yo te protegeré, te lo juro.
Ese comentario molestó un poco a Akane. ¿Acaso creía que no podía defenderse sola?
– No importa lo que digas: te protegeré. Te llevaré de vuelta a tu casa. Tú tienes una familia que seguramente te está buscando y te espera. Yo no tengo a nadie – sus ojos se llenaron de lágrimas – No permitiré que nada malo te pase.
Akane sonrió tristemente. Sentía lástima por Mousse: era una buena persona y merecía que alguien lo quisiera.
– Aunque no lo creas, yo sé que alguien te espera incluso cuando no sea capaz de admitirlo.
Sonrieron. Era el momento de empezar su camino.
v. v. v. v. v
En la casa de los Tendo reinaba la desesperación. Akane no aparecía desde hace casi tres días. La última vez que la vieron fue cuando salió furiosa a buscar a Shampoo. De ahí es como si se la hubiese tragado la tierra.
Soun no podía dejar de llorar, Kasumi esta consternada y hasta Nabiki se notaba preocupada. Ranma no podía disimular que los nervios lo estaban matando. Akane no solía salir así, sin decir nada. No tenía la más mínima idea de dónde podría haberse metido. En un momento, apareció Shampoo, de repente, como siempre. De inmediato notó las caras largas de todos ¿Qué estaría pasando? Akane no aparecía desde hacía tres días y nadie sabía qué podría haberle sucedido. El pícaro corazón de Shampoo se estremeció de alegría al oír la noticia pero pronto hizo ver que Mousse tampoco había aparecido a trabajar…desde hace tres días.
¿Sería posible? ¿Por qué y para qué? Ranma sintió cómo su sangre se calentaba y la cabeza parecía explotarle. ¿Sería posible que ellos dos estuvieran juntos? No lo creía. Pero algunas cosas coincidían. Los celos de Ranma se hicieron más evidentes que otras veces. Siempre había desconfiado de Ryoga, Kuno Tatewaki. Hasta de Gosunkugi. Pero jamás hubiese pensado en Mousse, que decía adorar tanto a Shampoo. Si entre él y Akane pasaba algo no dudaría en asarlo y repartir sus partes como cena en el restaurante de Shampoo. Soun lo sacó de sus pensamientos morbosos: él, como prometido de Akane, debía ser el primero en buscarla y, más aun, en encontrarla. Ese era su deber como su futuro marido. Ranma estaba dispuesto a hacerlo pero no sabía ni por dónde empezar. La única que no se sentía apesadumbrada era Shampoo. De hecho ese escenario era perfecto para ella. Mataba dos pajaros de un tiro: se libraba del cargante de Mousse y, a la vez, sacaba del camino a Akane. Esta situación podía darle tiempo para conquistar a Ranma y, de una vez por todas, quedarse con él.
