Disclaimer
Personajes de Rumiko Takahashi.
Agradecimientos
Mil gracias a todos y cada uno de los que pasan por aquí, leen y comentan. En especial a Benani0125 quien, desde el principio ha estado ahí, apoyando con sus comentarios. Muchas gracias =)
Enigma
Caminaron tanto que el dolor de los pies amenazaba con matarlos. Se detuvieron a descansar en una piedra que encontraron en el camino, ya no podían dar un paso más. De pronto y desde donde estaban vieron al sujeto de la primera vez. De un salto su pusieron de pie y lo siguieron. El hombre los reconoció pero no se detuvo ante sus gritos.
– ¿Podrían callarse de una vez? Son enervantes – les dijo con desprecio, sin mirarlos.
– Señor, por favor, se lo rogamos: díganos lo que sabe sobre los estanques de Jusenkyo – le pidió Mousse.
Los estanques. Sí. Entre tanta cosa que buscaba la gente había escuchado más de una vez sobre los estanques pero no tenía ganas de hablar de ellos. Los muchachos le siguieron insistiendo pero no, nada les dijo. Pensaba solamente en que eran unos chiquillos fastidiosos y que no tenía ganas de hablar con ellos. Ante su insistencia, cada vez más desesperante, el hombre lanzó agua a Mousse, lo tomó y con una fuerza descomunal, lo lanzó lejos ante la mirada espantada de Akane que veía como el joven desaparecía de su vista.
– ¿Por qué hizo eso? ¡Usted no tenía ningún derecho!
El hombre sonrió. Pobrecita chica, tendría que andar solita
– Mira, si quieres salir de aquí. Ve a la puerta en la que, al acercarte, sentirás el sonido celestial de un arpa – y le dio unas indicaciones que parecían ser exactas. Akane no sabía si confiar en él pero, de ser cierto, no podía irse sin Mousse. Eso no.
– Bueno – agregó el hombre – ya te di la solución al problema. La decisión es tuya: la tomas o la dejas.
– ¡No puedo irme de aquí sin él! – gritó Akane desconsolada.
El tipo se encogió de hombros. Ahora era cosa de ella. Hizo una inclinación y se fue. Akane estaba sola y preocupada por Mousse. No sólo porque estaban separados sino porque Mousse caía a ratos en el embrujo de ese lugar. Tenía que encontrarlo. Ahora tenía tres tareas: encontrar a Mousse, descubrir el misterio sobre Jusenkyo y salir de ahí, en ese orden. Se le haría difícil cumplir con todas ellas.
v. v. v. v. v
El pobre Mousse fue a dar al estanque lleno de cisnes en el que habían estado previamente. Los cisnes lo miraron con desprecio: no podía competir con su belleza. La vida era injusta, ni siquiera siendo pato se libraba del desprecio de los otros. Añoró a Akane. Ella lo trataba bien. Comenzó a alterear y chillar para que ella pudiese oírlo donde fuera que estuviese pero no hubo caso. Triste, se fue a un lado a lloriquear y pensar en Shampoo. Temió no volver a verla nunca más.
Akane por su lado trataba de encontrar a Mousse desesperadamente. Recorrió cada rincón del jardín pero, entre más buscaba, más se perdía. No podía dejarse abatir: tenían la posibilidad de encontrar una cura para los males de todos pero cómo podía encontrarla si primero no encontraba a Mousse. Se sentía rara, como si estuviera en un laberinto pero esto era peor: en el laberinto se podía seguir un camino, aquí no. Estaba al aire libre, sin saber los límites del lugar, nada. Comenzó a pellizcarse para convencerse de que estaba viviendo un sueñó, mejor dicho, una pesadilla. No lo era. Abatida se sentó abrazándose las rodillas. Por primera vez pensó que podría no regresar a casa. Un joven pasó por ahí y se sentó a su lado.
– ¿Estás bien? – le preguntó amablemente.
Ella negó con la cabeza. No lo estaba. Como no quería dar las explicaciones de siempre, le contó que se le había perdido su patito. ¿Un patito? Él sólo había visto cisnes por ahí. Quizás se confundió y, lo que realmente buscaba era un cisne. No, era un pato y necesitaba encontrarlo ya.
– Mira, pronto se te quitarán las ganas de sufrir por un pato. Éste lugar es para disfrutar, descansar.
De acuerdo a su propia historia, se estaba tomando unos días ahí y luego volvería a su casa. Sinceramente, siempre posponía la hora de su partida, pero es que era tan lindo vivir ahí, tan mágico, sin preocupaciones, libremente. Él no olvidaba a su familia, claro está. Los quería y extrañaba. Pero le costaba irse, algo lo detenía. Pero ¿qué era eso que no le permitía marcharse? Él no lo podía explicar, no había palabras para describirlo. No podía creer que Akane no lo hubiese experimentado. Si era tan fácil embelesarse.
Era verdad. Ese lugar estaba embrujado. Había mil maravillas, curas para cualquier mal, vida paradisíaca, de todo. Parecía no haber sufrimiento. Pero ella no quería permanecer ahí por más hermoso que fuera todo y eso lo tenía bastante claro. Quería volver a ver a su familia, a sus amigos, a Ranma. Buscaría ese lugar en donde sonaba un arpa. No confiaba en el tipo que le había dado la información pero tampoco perdía nada averiguando. Se despidió del joven que parecía estar metido en un sueño y se dispuso a partir. No podía quedarse, se lo repitió una y mil veces.
Mousse. No sabía dónde estaba ni cómo estaba. Ella no tenía corazón para dejarlo ahí por más placentero que el lugar fuera. Tenía miedo de que ya se hubiese entregado al hechizo del jardín y no pudiera sacarlo. Ni siquiera encontrarlo.
– Mousse, ¿dónde fuiste a dar? Necesito encontrarte pronto. No podemos permanecer mucho más tiempo en este lugar y no creo que pueda salir yo sola.
v. v. v. v. v
El anciano que se había encontrado con Akane y Mousse anteriormente volvió a encontrarse con el pato quien lloraba, bueno, chillaba, desconsolado. Ahora tenía una cinta en una de sus alas.
– Yo a ti te conozco, patito. ¿Por qué estás triste?
Mousse aleteó, graznó pero, evidentemente, no pudo comunicarse con el viejo. Éste, comprendiendo la situación, se lo llevó a la fuente de agua tibia. Ahí apareció el joven de antes, con el rostro apesadumbrado. Había perdido a Akane.
– Ese tipo que nos engaño me lanzó lejos y ya no la volví a ver. No sé dónde está y necesito encontrarla.
El viejo lo miró con dulzura ¿Estaba enamorado? Eso explicaría tantas cosas.
– Sí, pero no de Akane. La verdad es que la persona que quiero ama a otro pero yo no puedo dejar de quererla. Con Akane llegamos aquí por culpa de mi estupidez y nos prometimos no separarnos hasta salir de este lugar. Pero ahora no sé dónde está, no sé si está bien. Si a ella le pasa algo malo yo prefiero morir porque, por mi culpa le está pasando por todo ésto – y se echó a llorar.
El viejo lo miraba y se enternecía. Quería ayudar al chico pato pero encontrar a la joven en un lugar como ese no era fácil. Mousse le indicó que él debía saber cómo encontrarla y también lo de los estanques de Jusenkyo. Pero el viejo negó saber algo ¿Por qué? ¿Por qué le estaba haciendo ésto? ¿Qué era tan tremendo para que no quisiera decírselo? La cura para la maldición de los estanques acabaría con el sufrimiento de muchas personas ¿No era capaz se comprenderlo?
– Por favor, si no es por mí, hágalo por Akane. Ella debe salir de aquí, se lo suplico – le rogó Mousse, una y otra vez, amenazándo con no despegarse de su lado hasta que algo le dijera.
Pero el anciano se mostró inflexible. Ante el lloriqueo incesante de Mousse, le lanzó agua fría y posteriormente lo durmió.
– Descansa un poco patito. Te hará bien.
Fuera del jardín, Shampoo miraba melancólicamente hacia la calle. Todos estaban vueltos locos buscando a Akane Tendo; Ranma el primero. No podía disimular su ira por este hecho pero también estaba enfurecida con Mousse. Él era el único que la ponía a ella por sobre todas las cosas del mundo. Pero ahora él, precisamente él, estaba junto a Akane quién sabe dónde. ¿Qué tenía esa mujer que todos se desesperaban cuando algo le sucedía? No podía entenderlo, era irracional. El amor era irracional y ella no podía dejar de entristecerse al ver cómo Ranma recorría casi los cinco continentes en busca de "su prometida." No se cansaba de decirlo. Y ahora ella estaba sola, en su restaurante, sin Mousse ni nadie. Hasta para eso era inservible el pato, para acompañarla en sus momentos difíciles.
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– Me voy a China – dijo Ranma.
¿A China? ¿Y qué iba hacer en China? Tenía la sospecha de que Mousse se había ido para allá y, por alguna razón, Akane lo había acompañado. Era extraño porque era improbable que Akane acompañara a Mousse en una de estas locuras así, sin más. Pero debía haber una buena razón detrás para que lo siguiera. Ranma ni siquiera imaginaba que Akane no había seguido a Mousse por su propia voluntad sino que ésta había sido confundida por el joven que, creyendo que se llevaba a Shampoo, raptó a la chica equivocada. Él no podía saberlo por lo mismo pensó en algo que hubiese motivado tanto a Mousse como Akane a salir juntos. Y eso no podía ser otra cosa que China.
– Pero Ranma, ni siquiera tienes una pista, una señal de que Akane esté allá ¿Cómo pretendes ir? ¿Y si ella se fue hacia el lado contrario? – le hizo ver Kasumi con su habitual sensatez.
– No lo sé, no lo sé. Pero debe estar en algún lugar de este mundo y, en este momento no puedo pensar en otro lugar que no sea China. Tengo que empezar por algún lado y, realmente, no se me ocurre otro lugar al que el tarado de Mousse la haya llevado.
Mousse. De solo pensar en ese hombre le venía la ira contenida hace tanto. Lo mataría, lo molería a patadas por todo lo que estaba pasando. Todo era su culpa y, de alguna forma, lo tendría que pagar.
– Bueno, mucha palabrería, me voy – y dando la media vuelta, salió. Detrás de él lo siguieron Ryoga, Kuno y otros a quienes despachó inmediatamente por temor a que se transformaran en estorbo más que en ayuda. Sólo permitió que Ryoga fuese con él. En el camino se les unió Ukyo que, si bien era rival de Akane por el amor de Ranma, de todos modos la apreciaba y lo menos que quería era que algo malo le pasara. Cuando ya estaban cerca del límite de la ciudad, Shampoo también hizo ver su deseo de ir, con el ánimo de encontrar, según ella, a Mousse. Nadie le creyó pero, viendo que pedirle que se fuera era inútil, la dejaron unirse, siempre y cuando no lanzara alguna de sus triquiñuelas y se comportara bien. Ranma le dejó en claro que esta vez no de trataba de él sino de Akane. De Akane y de Mousse. Que mantuviera la compostura o la lanzarían al agua y su aventura se acababa.
