Disclaimer
Personajes: R. Takakashi.
No tengo más que agradecer los reviews dejados. Me alegro que les entusiasme esta historia la que yo misma dudé alguna vez en postear.
¡Gracias por leer!
De mal en peor
El rescate de Akane y Mousse estaba resultando todo un desastre. Eran cuatro cabezas, todas con ideas distintas y cada una creyendo que lo estaba haciendo mejor que el otro. Lo único que hacían era pelear, maldecir y culparse unos a otros por el fracaso. Ranma, que era el líder del grupo, decidió que lo mejor que podían hacer, era dividirse y, así, no dejar lugar sin rastrear. Sinceramente, no quería ir con Shampoo porque la muy pícara siempre se las arreglaba para causarle problemas. No sabía con qué podía salir ahora. No quería, por lo demás, encontrarse con Akane y que lo viera solo con ella. Tampoco quería ir con Ryoga y dejar a Ukyo y Shampoo solas, no porque no confiara en sus capacidades sino más bien porque no confiaba en sus temperamentos. Y, definitivamente, no dejaría a Shampoo con Ryoga porque, siendo Ryoga como era, terminaría obedeciendo a Shampoo en todo y, por ahora, no confiaba completamente en ella. Aunque esta vez decía la verdad, él no lo sabía y no tenía cómo saberlo. Bien, creyendo que él sería capaz de controlar a Shampoo y que Ukyo tenía la fuerza necesaria para lidiar con Ryoga, así quedaron armados los equipos. La desilusión de Ukyo fue evidente; sabía que Shampoo no perdería oportunidad para tratar de seducir a Ranma pero recordó lo que el mismo Ranma había dicho antes: esto no se trataba de él sino de Akane y Mousse. Se desearon suerte y se separaron.
Shampoo iba feliz: estaba sola con Ranma. Pero éste le aclaró de inmediato que no aguantaría ninguno de sus trucos ni trampas. Si veía que ella obstaculizaba la búsqueda, le lanzaba agua y la abandonaba porque, como era sabido, él odiaba a los gatos. Shampoo prometió portarse bien.
– Shampoo ¿no sientes ninguna preocupación por Mousse? – preguntó Ranma frente a la frialdad de la joven.
– Me hace falta en el café – dijo sin inmutarse. Por fuera. Claro que extrañaba a Mousse. Ellos eran amigos desde niños y, aunque no lo quería, como él quería que lo quisiese, no quería tampoco que algo malo le sucediese. Esperaba encontrarlo porque prefería tener que aguantar sus lloriqueos que saber que había sufrido algún daño. O a no volverlo a ver. Esa sola posibilidad le dio escalofríos ¿Por qué pensaba en eso justo ahora? Una nube de preocupación se posó en su semblante, algo que Ranma no dejó de notar.
Ukyo y Ryoga iban por el camino contrario. Ella comandaba la dupla porque con Ryoga, no se sabía dónde se podía terminar. Mientras caminaban, Ukyo notó la desazón del muchacho. Se veía triste y hasta desesperanzado.
– Ryoga, no puedes dejarte abatir – Ukyo trató de ser lo más suave posible, no quería ponerlo peor. – Si te dejas vencer, las posibilidades de encontrar a Akane se esfuman. Debemos mantenernos animados, con esperanza. Es la única forma de lograrlo.
Ryoga sonrió. Él quería mucho a Akane y sabía que tarde o temprano se terminaría casando con Ranma. Era evidente que estaban enamorados, aunque no lo reconocieran abiertamente. El que Akane no apareciera significaba que ellos nunca se casarían y eso podría darle una esperanza. Pero no. Sin Akane, nada tenía sentido. No le importaba verla casada con Ranma. Mientras ella fuera feliz.
– ¿Quieres mucho a Akane, verdad? – preguntó Ukyo sin girarse a mirar a Ryoga que caminaba detrás de ella. – Tú sabes que ella quiere a Ranma. Me imagino cómo debes sentirte – la mirada de Ukyo se volvió melancólica.
– ¿Y qué pasa contigo? Tú estás enamorada de Ranma y, bueno, ya sabes – Ryoga se detuvo ahí. No era necesario continuar.
Ukyo suspiró.
– Creo que, hace mucho tiempo perdí la esperanza de que Ranma se enamorara de mí. Él me ve como una amiga, su amiga de infancia. Es triste pero, creo que es mejor aceptar la idea. No puedo pasar toda la vida esperando algo que, simplemente, no va a llegar –. Ukyo sonrió repentinamente: – No nos quedemos así, tristes. Sigamos buscando a Akane. Y bueno, también a Mousse. Algo me dice que todo este problema lo causó el pajarraco ese.
Ryoga miró a Ukyo. Habían interactuado un par de veces y no había visto jamás lo genial que era. Agradeció que Ranma se hubiese llevado a Shampoo porque con ella sí que no hubiese podido lidiar.
v. v. v. v. v
Akane estaba sentada sobre sus rodillas con Mousse en los brazos. Las lágrimas caían por sus mejillas. ¿Por qué todo tuvo que terminar así? ¿De qué servía salir del jardín, encontrarse con su gente sabiendo que no había cumplido su compromiso con Mousse? No quería dejarlo ahí, tirado pero tampoco sabía qué hacer. ¿Enterrarlo? ¿Dónde? Le habían dicho que ahí la gente envejecía más lento, que duraba más. Pero Mousse ya no estaba. Tenía el corazón destrozado.
Fue a buscar algo de agua tibia de unas de las fuentes y mojó a Mousse con ella. El cuerpo del muchacho recuperó su forma original. Le puso su ropa y se quedó ahí, abrazándolo ¡Pobre Mousse! Nadie lo lloraría porque a nadie parecía importarle lo que sucedía con él. Pero ella estaba llorando por él. Sí, era su amigo. Sí, lo quería. Y sí, habían prometido salir juntos. Aunque ella saliera de ese maldito lugar, siempre habría una espinita en su corazón: el no haber podido sacar a Mousse de ahí.
– ¿Por qué lloras jovencita? –. Era la voz del anciano misterioso.
No quería contestarle, no podía pronunciar las palabras.
– ¿Lloras por tu amiguito?
Akane bajó la mirada y asintió mientras dejaba salir algunos sollozos.
– Él y yo llegamos aquí por una desafortunada situación. Por un momento lo odié pero nunca hubiese querido que sucediera esto. Nunca.
El viejo se acercó a ella. Sintió compasión.
– Creo que no te has fijado bien. Míralo con mayor detención.
Akane acercó su cabeza al pecho de Mousse ¡y sí! Su corazón latía, lentamente, pero latía.
– Si puede ayudarnos, por favor, se lo pido, hágalo ¡Está muy debil!
– Se pondrá bien, no te preocupes. Es joven y fuerte – y no dijo más. Se fue. Desapareciendo mientras caminaba. Akane lo observó mientras se esfumaba. De prontó, sintió la voz de Mousse ¡Qué alivio!
– Akane ¿Dónde estamos? ¿Hemos regresado ya a casa?
No quería darle la mala noticia de que, no, no habían vuelto aún. No necesitó decir nada, él lo percibió todo a partir de la tristeza en su mirada. Sonrió, no de alegría pero sí de tranquilidad. Estaban juntos de nuevo y esta vez sí que no se separarían, hasta encontrar la salida. Mousse levantó la mano y le mostró la cita de colores. Akane esbozó una sonrisa mientras también mostraba la suya. Mientras estuvieran juntos, no tenían que temer.
– No malgastes tus lágrimas por mí, Akane Tendo. No las merezco. Además, creo que las necesitarás para la larga vida que te espera con Ranma Saotome.
Rieron de buena gana los dos.
– ¡Tonto!
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Pasaron varios días, quizás un mes, y después de recorrer todo lo que podía ser recorrido, los dos grupos volvieron a encontrarse en el punto de partida, recriminándose unos a otros por no haber obtenido nada. Ukyo y Ryoga fueron incluso estafados por un tipo que les exigió dinero para darle información de la gente que buscaban. Ryoga, confiando en él, se lo dio sólo para enterarse de que el hombre no sabía nada de nada. Ranma le enrostró su inocencia que, a esas alturas, era estupidez. Ryoga no se quedó callado y contraatacó diciendo que, la información que el tipo les había entregado en un principio, coincidía con lo que ellos buscaban. Ranma le reprochó su torpeza, consiguiendo con eso que Ryoga se alterara y todo terminara como siempre, a los golpes. Ukyo y Shampoo trataron de separarlos pero era como si los hubiese poseído un demonio. Era imposible detenerlos. Una vez que estuvieron agotadísimos, dejaron su lucha. Estaban desconcertados. Habían pasado muchos días ya y en la isla nadie sabía nada. Empezaron a dudar nuevamente si habían ido para allá pero Shampoo aseguraba que faltaba un mapa de Okinawa. No mentía y querían creer que ambos jóvenes habían ido a ese lugar pero, ahora, comenzaron a convencerse de que los más probable era que la ceguera de Mousse haya operado como siempre y hubiese tomado el mapa equivocado. De ser así, podían estar en cualquier parte del mundo. Ranma ya no sabía qué hacer, no tenía más ideas, no tenía pistas, no tenía nada. Sólo sabía que Akane se había esfumado, como un espíritu, sin hacer el mayor ruido. Un golpe tremendo sacudió su corazón ¿Y si ella no volvía? ¿Nunca más? Trató de mantener la compostura y no demostrar la desesperación que lo estaba embargando. Por su cabeza pasaban ahora, las ideas más descabelladas. La peor: que Akane ya no estaba viva para volver. Una menos terrible: que Akane había huído voluntariamente con Mousse. Shampoo lo sacó de su error, Mousse sólo se iría con ella, con nadie más. Nuevamente, estaba en lo correcto. Pero eso no ayudaba en mucho más que en dejar a Ranma un poco más tranquilo, si eso se podía. A la vista de los acontecimentos, era mejor volver.
