Diclaimer
Todos los personajes importantes de esta historia pertenecen a Rumiko Takahashi. Los personajes relleno son de mi creación pero no tienen mayor relevancia. No son OCs bajo ningún aspecto por lo que, mayor información de ellos o un desarrollo ulterior, no estará presente aquí.
Agradecimientos infinitos a todos los que aún se mantienen fieles a esta historia y, más aun, a aquéllos que se animan a dejar reviews. Eso es extremadamente importante para mí porque me muestra que hay gente a la que la historia le interesa y así dan ganas de seguir. No quiero mencionar a nadie en especial, ella/os se sentirán identificada/os con estas palabras.
Una aclaración: yo soy totalmente del team Rankane, son mis favoritos definitivamente. Pero Mousse también está dentro de mis favoritos (el segundo; Ranma & Akane son uno) y, si en algún momento Ranma y Akane no quedaran juntos (algo que es totalmente imposible para mí) me gustaría una pareja Akane & Mousse. Se encontrarán con ese jugueteo en más de una historia, eso no más.
Espero que disfruten este capítulo =)
¿Cómo se supone que voy a poder solo?
Ranma no dijo nada más a la familia Tendo, a su padre. A nadie. No quería ver a nadie, oír a nadie. Que nadie existiera. Lo había dado todo y no había obtenido nada. Lo peor no era que Akane no estuviera sino no saber si estaba bien. Si estaba viva. De sólo pensarlo la sangre se le congelaba. Reconocía haber tenido distintos escenarios en su mente: que Akane se fijara en Ryoga, que no le interesase hacerse cargo del dojo, que lo rechazara por cualquier motivo, que Shampoo terminara sembrando definitivamente la duda en su corazón… Pero que se fuera sin dejar rastro fue algo que jamás asomó siquiera como una posibilidad. Algo no le calzaba en esa historia, sabía que no tenían toda la información de lo que había sucedido. De hecho, no tenían nada. Maldita sea ¡Nada!
Había decidido tomar un baño para relajarse pero todo, absolutamente todo lo que hacía, lo llevaba a Akane. ¿Cómo olvidarse de esa primera vez que se encontraron en ese mismo baño? Francamente, nunca creyó que Akane podría moverle la más mínima hormona y, ahí estaba ahora, destruido por su pérdida. Ella siempre fue linda con él. Sus modales no eran los más sutiles, los más suaves, pero siempre se las arreglaba para tener lindos detalles. Y él ¿qué hacía? Terminaba arruinándolo todo. No era su intención. Era tímido y, cada vez que sus sentimientos por Akane quedaban expuestos, reaccionaba se maneras impredecibles para no ser descubierto porque no estaba seguro de lo que ella sentía. Había tantos chicos enamorados de ella que le parecía difícil que no prefiriera a otro por sobre él. Tuvo tantas oportunidades para demostrarle lo que sentía pero no, su cobardía siempre lo venció. ¿Qué importaba ser el hombre más fuerte del mundo si, de todos modos, era un cobarde? Una y mil veces cobarde. No pudo seguir ahí, necesitaba descargar toda esa ira, esa frustración, impotencia, esa mezcla de sentimientos y emociones que lo estaban ahogando. Se fue a entrenar.
Fue peor. ¿Cuántas veces no había entrenado con Akane ahí? ¿Cuántas cosas habían conversado? Eran tantas las cosas que se habían transmitido sin decirse una palabra. Y otras tantas que se callaron. Fuera de sí, comenzó a golpear la pared hasta que le sangraron las manos: ya no le importaba nada, nada.
Sola en su café, Shampoo pensaba en la extraña situación en la que se encontraba. Akane había salido de su camino sin ella haber movido un solo dedo. Esta era su oportunidad: no tendría que hacer mucho, sólo mostrarse conmovida y comprensiva y Ranma se entregaría solo. Pero aun así, estaba intranquila. No sabía qué tanto podía pesar el recuerdo de Akane en el corazón de Ranma. Aunque ella se trataba de autoconvencer de que Ranma no estaba verdaderamente enamorado de Akane, en su interior sabía que así era. Podía derrotar mil veces a Akane es un combate normal, no importaba lo mucho que la otra se esforzara; no podía con su habilidad y fuerza. Pero Shampoo no podía luchar contra el recuerdo de Akane o con el temor de que apareciera de la nada a reclamar su lugar. Si no mataba a Akane en el corazón de Ranma, éste nunca sería de ella, verdaderamente. ¿Pero cómo podría lograrlo? Ella, Shampoo, que conocía todos los hechizos del universo, era impotente a la hora de borrar un fantasma. Pero estaba dispuesta a hacerlo porque ella sí que amaba a Ranma y no lo dejaría como lo hizo Akane. Eso jamás. Ranma debería entenderlo algún día; ella se lo haría ver.
Pero no sólo era eso lo que la atormentaba. También estaba la actitud de Mousse. Ese pajarraco que decía que la amaría hasta la muerte y, a la primera oportunidad, se va y con Akane Tendo además. Empezó a recordar y no le pareció tan extraño. La primera vez que Mousse llegó a Japón y desafió a Ranma, no pelearon por ella sino por la desabrida de Akane. Sí, lo recordaba como si fuese ayer. Dio un golpe en la mesa en la que estaba apoyada: no podía soportar que Mousse dejara de quererla, a pesar de que no hacía ninguna autocrítica hacia sí misma, por la forma en que lo trataba. En el fondo, le gustaba gustarle, que estuviera ahí, pendiente de ella. Pero ahora, había comenzado a odiarlo.
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Ryoga y Ukyo no se habían separado después de llegar a Tokio. Ella había invitado al chico a comer y, después de eso, se sentaron fuera del restaurante a pensar sobre lo sucedido. Ukyo sentía lástima por Ryoga: nunca había sido capaz de confesarle nada a Akane. Cada oportunidad que tuvo la desperdició por su timidez o por su idiotez, a estas alturas poco importaba. Ryoga, a su vez, sentía lástima de Ukyo. Ella había visto a Ranma sufrir por Akane, aunque éste intentaba disimularlo muy bien. Quizás el caso de ella era peor. Había esperado por Ranma muchos años para terminar de desengañarse ahora.
– Si yo fuera tú, Ukyo, pelearía por el amor de Ranma.
¿Pelear por el amor de Ranma? ¿Contra quién? Si su principal rival ya no estaba ahí para quitárselo.
– Shampoo es muy linda. Quizás cuando Ranma se olvide de Akane, intentará conquistarlo – dijo Ryoga.
Era verdad. Shampoo era una persona obstinada que siempre lograba lo que quería. O casi siempre. Con Ranma no le había resultado. Sí, quizás Ryoga tenía razón. Podría intentarlo pero ¿valdría la pena? Ryoga le insistió que lo intentara. Nada se perdía.
¿Por qué Ryoga le decía eso? ¿Por qué la incentivaba a luchar por algo que probablemente jamás obtendría? Como había dicho antes, era difícil que Ranma olvidara a Akane, al menos definitivamente. ¿Podría ella estar con una persona que siempre estaría pensando en otra? Ella amaba a Ranma pero ya no quería más falsas ilusiones. Tenía derecho a buscar un nuevo rumbo, hacer de su vida algo distinto y mejor. Y Ryoga también debía hacerlo. Eso no significaba olvidar a Akane. Pero ¿y si ella volvía?
– Ella no te va a cambiar por Ranma – fue la dura respuesta de Ukyo.
Era verdad.
– Pero, tampoco Ranma te cambiaría por Akane.
Los dos se miraron tristes ¿Podrían tener quizás otra oportunidad con otra persona? Ukyo vio como Ryoga se sonrojaba y creyó adivinar lo que estaba pensado. Sintió miedo y lo echó. No le importaba que fuera tarde ni que se perdiera. No quería que estuviera ahí. Ryoga tomó su mochila, la miró por última vez y se fue sin decir nada más. A lo lejos se perdió su figura. Él ya no tenía una razón para volver a ese lugar: si Akane no estaba,no tenía mucho que hacer en aquel sitio. Quiso llamarlo pero se contuvo. Algo le impidió hablar. No, no podía ser.
Ranma dejó de entrenar. No tenía fuerzas, tampoco ganas. No podía dormir, no tenía hambre. Vaya, estaba mal. En mitad de la noche, se fue al dormitorio de Akane; sabía que no debía hacerlo pero no pudo contenerse. Llegó a la puerta, de la que colgaba el patito con su nombre. Un pato, no quería saber de patos. Era irónico que ella tuviera un pato colgado en su puerta. Las cosas de la vida. Una vez dentro, miró a su alrededor. La ventana estaba abierta, la cortina flotaba. Todo estaba tal como Akane lo había dejado. Algunos cuadernos, libros abiertos, ropa sobre la cama. ¡Cómo le dolía todo eso! Se sentó en la cama, apretó los puños y sintió que algo le entraba a los ojos porque como que éstos querían llorar. Había sido un estúpido, nunca se había sincerado con ella ni le había dicho que era importante en su vida. No, siempre hacía algo que la ponía de mal humor, la ofendía, sólo para que ella no lo notara. Akane se había ido sin saber con certeza que la encontraba linda, dulce y que sería capaz de comer su comida algún día. Claro que lo haría. Pero ya era tarde, su cobardía había sido mayor y no le alcanzaría la vida para arrepentirse. Si sólo supiera dónde estaba, que estaba bien, aunque estuviera enamorada de Mousse, a él no le importaría. Nada le importaba si ella estaba bien.
v. v. v. v. v
Y Akane estaba bien, pero no por voluntad propia. Con el autoengaño de que querían encontrar el remedio para la maldición, lentamente, ella y Mousse postergaban su estadía en ese jardín. No por que lo quisieran, las cosas se iban dando así, sin proponérselo. Ahora habían encontrado un columpio colgado en las ramas de un árbol, envuelto en hermosas flores, que se había transformado en su adoración. Pasaban horas colgados ahí, ajenos a todo lo que podía estar pasando en el mundo exterior. Akane estaba sobre el columpio mientras Mousse la empujaba suavemente y ella volaba, hasta casi el cielo. Parecían dos niños, dos hermanos pequeños, viviendo en un mundo que era sólo para ellos. Tan abstraídos estaban que no notaron que alguien, más allá, los estaba espiando, realmente preocupado por el estado en que se encontraban.
Nota: Ryoga y Ukyo forman una pareja que me gusta mucho. No sé cómo Rumiko no vio nada ahí. Es algo que aún no supero. En fin, para eso existen los fics.
¡Gracias por leer!
