Disclaimer
Los personajes pertenecen casi en su totalidad a Rumiko Takahashi. Los que no reconozcan como parte de la historia original, son producto de mi imaginación. No son OCs, no tienen historia.
Música que encanta
Era difícil lidiar con Mousse. Akane debía recordarle a cada momento que el objetivo principal era encontrar la salida e irse a casa. Pero el joven no podía despegar de su mente la idea de que, dentro de ese bosque maravilloso, estaba la solución a un sufrimiento con el que cargaba por mucho tiempo. Akane no lo entendía. Ella había experimentado la sensación a través de lo vivido por Ranma. Pero era my distinto vivirlo en carne propia. No podía imaginar lo que significaba no poder tocar el agua fría aun cuando el calor lo estaba matando. O el escapar de la lluvia desesperadamente para no convertirse en pato. Al menos Ranma quedaba transformado en un ser humano pero él no. No, eso no se lo daba a nadie. Por eso, mientras buscaba la salida, su mente también buscaba esa agua de oro que podía salvarlo a él, a Shampoo y, bueno, si quedaba también para los otros.
– ¡Mousse no te distraigas! Nuestro primer objetivo es encontrar la salida, enfócate en eso por favor.
Pero Mousse no la escuchaba. Su mente ahora sólo pensaba en esa agua de oro. Akane no podía tolerarlo. Se puso frente a él y lo abofeteó una, dos, cinco veces. Debía hacerlo despertar.
– Sé lo mucho que debes querer sanarte de esa maldición pero ¿de qué te serviría todo si te quedas atrapado aquí? Serás un bello muchacho y todo lo que quieras pero ¿de qué serviría? ¿Piensas encontrar a Shampoo aquí?
Era verdad. Encontrar esa cura lo aliviaría de su mal pero lo separaría por siempre de Shampoo. Se disculpó con Akane por, nuevamente, olvidar su promesa y esta vez le aseguró que no perdería el foco. La salida con el sonido de la flauta, sí. Ahí debían llegar.
Pero por más que recorrían el lugar, no había ni rastro de la puerta ni del agua de oro. No podían calcular la inmensidad de ese lugar porque cada vez aparecían lugares nuevos, inexistentes para ellos antes.
– ¿Y si nos separamos?
La idea inquietó a Akane. Si uno de los dos encontraba la salida podría no encontrar al otro. Mousse le dijo que si ella encontraba la salida, se fuera, sin esperarlo. Se merecía un castigo por ser torpe y haberla raptado. Además, se había equivocado en llevarse a su víctima. Todo mal. Si ella encontraba la salida, debía salir. Si él la encontraba, la buscaría para llevársela. De eso podía estar segura, no la dejaría ahí. Akane dudó. No dudaba de Mousse sino del posible éxito de su plan. No era el mejor a la hora de planear cosas y eso ya había quedado demostrado más de mil veces. No, lo mejor era no separarse y seguir con la mente puesta en el sonido de la flauta. Que pusiera atención: al sonido de la flauta. Esa era la señal de que estaba cerca de casa.
A pesar de las cosas claras, había otros factores que no les facilitarían la tarea. Una de ellas era aquel hombre sombrío que no dudaba en engañarlos, en confundirlos sin ellos conocer la razón. Lo cierto es que de una manera sigilosa, les seguía atentamente los pasos, no les perdía pisada, siempre desde la oscuridad. Es cierto que les había dado la clave para salir pero, probablemente había pasado mucho tiempo afuera para que encontraran a sus amores en buenas condiciones o incluso vivos. No había de qué preocuparse.
Sin embargo, tanto tiempo no había pasado. Al menos, las heridas de Ranma no habían cicatrizado. Pero no podía seguir así: había buscado a Akane, parecía un desquiciado preguntando a cada persona que veía en la ciudad si no había visto a una chica de cabello corto, grandes ojos marrones, que parecía, a primera vista, ruda pero que, en el fondo era dulce y muy pero muy linda. No, no había noticia de ella. Cansado, una tarde se dirigió al restaurante de Ukyo, fingiendo estar mejor. Pero Ukyo era su amiga, lo conocía demasiado bien y sabía que estaba sufriendo. Ella también sufría: Ranma nunca se fijaría en ella, al menos, no como ella quería. Se repetía una y mil veces que Ranma amaba a otra y que, ahora que la había perdido, se había convencido. Lo dejaría pasar su duelo pero no lucharía por él. Si Ranma la quería, dejaría que él la buscara. Si no era así, lo dejaría ir. Por ahora no era así. Mientras hablaban, pasó Ryoga por fuera, perdido como siempre. Ranma le habló y lo invitó a entrar, cosa que hizo.
– Creo que dije claramente que te fueras. Si no fue así pues te lo digo ahora: vete de aquí – Ukyo lucía muy enfadada.
Ranma se quedó boquiabierto. ¿Había pasado algo ahí de lo que él no estaba enterado? Probablemente, Ryoga parecía una estatua de piedra que no realizaba gesto alguno. Parecía un imbécil, sin decir nada, como cuando no podía hablar en presencia de Akane. No, no podía tratarse de eso. De todos modos, sintió que sobraba en ese lugar.
– Los veo luego, a los dos. Juntos o por separado. Y espero Ryoga, que estés vivo para entonces – dijo Ranma al irse.
Ryoga iba a disculparse aunque no sabía por qué tenía que hacerlo. No había dicho nada, absolutamente nada sino fantasear, como siempre lo hacía. Pero Ukyo no tenía cómo saberlo. Quizás podía leer la mente. Quién sabe.
– Ukyo, ehhhhh, verás… yo – Ryoga no sabía ni cómo partir su discurso. Se sentía un idiota haciendo el ridículo, como siempre. Ukyo estaba empezando a desesperarse. No entendía por qué Ryoga estaba ahí y, lo que era peor, tartamudeando sin ser capaz de hilar una maldita frase. Quería que se fuera, ahora. Por su culpa, Ranma se había ido y sí, él sí que le importaba.
– Yo quería pedirte perdón, bueno, si te hice sentir ofendida. No fue mi intención. De todos modos, no sé en qué te ofendí…
Pensándolo bien, ni ella misma sabía por qué estaba tan furiosa. Es verdad, Ryoga no dijo nada, sólo se sonrojó. ¿Era eso lo que la tenía tan mal? Ni siquiera sabía si ese rubor era por causa de ella. Ahora era Ukyo la que se sentía como una idiota, imaginando cosas que no eran.
– Quédate a cenar, se ve que tienes hambre – suspiró al fin preparando algo para que el muchacho comiera. De todos modos, evitó mirarlo a los ojos cosa que también hizo Ryoga. Y sí, ambos estaban en lo correcto sobre los pensamientos del otro pero ¿por qué eso enfurecía tanto a una y atormentaba tanto al otro?
Ranma caminaba hacia su casa cuando sintió la bicicleta de Shampoo sobre él, una vez más, con su bendito "ni hao." ¿Qué podría querer ahora? Lo de siempre. Una cita con Ranma. Él no tenía ganas de citas y quería ver a la menor cantidad de personas posible pero pensó que, quizás, no era una mala idea ir. Lo ayudaría a no pensar. Porque cada vez que tenía un tiempo para pensar, pensaba en Akane y sufría y vaya cómo sufría.
Había algo que a Ranma le llamaba la atención: la frialdad con la que Shampoo se tomaba las cosas. Sabía que dentro de esa cabecita loca, la desaparición de Akane le brindaba una oportunidad enorme de conquistarlo, cosa que no pasaría pero ¿y Mousse? Aparte de sentirse dolida porque éste, aparentemente, se había llevado a Akane, a quien consideraba infinitamente inferior, en todos los ámbitos, y no a ella, como podría esperarse, no mostraba ningún signo de tristeza.
– Shampoo ama a Ranma. Siempre lo has sabido. Mousse a intentado por todos los medios separarme de ti pero ahora, quizás sin saberlo, me hizo un favor. Tú eres mi prometido, el único. No podía dejar que te quedaras con Akane. Sé que en tu corazón, tú también me amas y, si no es así, lo harás algún día – dijo la chica con toda sinceridad.
Shampoo era insistente y muy segura de sí misma. Además era tremendamente atractiva y Ranma entendía perfectamente a Mousse por estar baboso por ella. Pero él no era Mousse y sabía que nunca iba a poder quererla, bueno, como quiso anteriormente. Decidió permanecer con ella un momento, siempre dejándole ver que no se propasara en sus actos.
– No importa. Sé tener paciencia y tú, algún día, terminarás siendo mío.
v. v. v. v. v
– Mousse, no sé si tiene mucho sentido seguir. Hemos pasado diez, no, cien veces por aquí y jamás he visto algo así como una puerta, mucho menos he oído una flauta. ¡No sé qué haremos! ¿Qué hacemos Mousse? – gritó Akane completamente colapsada por la situación.
Bueno, si Akane no sabía qué hacer, Mousse menos. Él no podía pensar con claridad, tenía una mezcla de pensamientos que no era capaz de ordenar. Por una parte, se sentía culpable porque él, y nadie más que él, era el responsable del sufrimiento de Akane. Segundo, y siendo sincero, quería encontrar las cura para la maldición, no podía soportar la idea de tenerla tan cerca y no poder obtenerla. Pero se lo había prometido a Akane y ahora se estaba medio arrepintiendo de eso. Y, por último, si no lograban salir, no era tan malo. Ese lugar era hermoso, había de todo, todo era placentero. ¿Qué estaba pensando? ¿Acaso no se acordaba de Shampoo? Sí, pero ¿y si lo rechazaba una vez más? Es cierto que sin Akane, Shampoo tenía vía libre para conquistar a Ranma pero, sin Akane, Ranma no sería feliz y, bueno, finalmente, Akane estaba con él y ella era una chica demasiado linda y valiente. Se dio un puñetazo para hacerse reaccionar.
– ¡Mousse! ¿Por qué te has golpeado? – dijo Akane sorprendidísima.
– Porque soy un idiota.
A Akane no le gustaba que Mousse se tratara así y se lo hizo ver, una vez más. Claro que si se enteraba de los pensamientos de éste, no sólo lo llamaría idiota sino que lo asaría en el primera fogata que encontrara.
– Akane, siento que ya no tengo fuerzas… pero por favor ¡no me odies! Perdóname por todo lo que te he hecho y haz lo que quieras conmigo – y cuando decía "lo que fuera" efectivamente, era lo que fuera.
– Intentemos una vez más – dijo Akane sacando fuerzas de la nada.
Las vueltas al jardín, cuyas dimensiones nadie sabía con exactitud, podían tardar horas. Esta vez no fue la excepción, lo único diferente fue que había algo de niebla, que no los dejaba ver con claridad. De pronto, de la nada, comenzaron a escuchar un sonido, celestial, hermoso. ¿Era una trompeta? ¡No! ¡Era una flauta! El sonido más dulce que habían escuchado porque era el sonido que los llevaría a su casa. Entre la niebla, lograron ver una enorme pared, parecía una puerta de piedra. ¡La puerta que tanta habían buscado! Estaba frente a sus ojos por fin. Akane y Mousse no daban más de alegría. Se abrazaron y salieron corriendo en dirección a su felicidad.
Muchas gracias a todos por leer, comentar y fav. I really appreciate it =)
