Disclaimer

Personajes de Rumiko Takahashi.

Espero cerrar luego esta historia. De ser así, estos ya serían los últimos capítulos.

Muchas gracias a todos los que han pasado por aquí y, más aun, se han dado el tiempo de dejar un comentario. En especial a gatopicaro831,Benani0125, Bayby Face, por comentar y apoyar desde el principio. A Bayby Face, gracias en especial porque uno de sus comentarios me ha ayudado a desenredar un problema dentro de mi mente.


Lágrimas

Nunca Akane había corrido tan rápido en su vida, nunca había estado tan ansiosa de cruzar una puerta. Nunca el sonido de una flauta había sonado tan dulce en sus oídos. Su felicidad era completa. Lo mismo sentía Mousse, aunque de todos modos tenía una espinita en su corazón por no poder obtener la cura a la maldición, teniéndola tan cerca: esa puerta sería el final de todo. Y por fin podría mirar a Akane a la cara sin pensar que lo odiaba. Sabía que ella no era capaz de poseer esos sentimientos tan bajos pero si él fuera ella, lo odiaría con toda el alma.

Cuando ya estaban junto a la puerta, la decepción se hizo presente rápidamente: eso no era una puerta. Era una pared, gruesa y alta, imposible de saltar, incluso para ellos. Parecía llegar al cielo. Ambos quedaron destrozados por lo que veían. La felicidad de hace algunos segundos se había transformado en lágrimas, las más amargas que habían derramado en su vida. Akane, descontrolada, comenzó a golpear el grueso muro hasta que los nudillos le sangraron. Mousse la detuvo para que no siguiera haciéndose daño. Nunca se había sentido tan mal como en ese momento. Si hubiese podido morir para que Akane saliera, lo hubiese hecho.

– ¿Por qué Mousse? ¿Por qué nos engañó? ¿Por qué nos hace sufrir de esta manera? ¿Qué le hemos hecho? – gritó Akane desesperada.

Nada. A ese hombre abyecto nunca le habían hecho nada, al contrario, fue él quien comenzó a hostigarlos desde el comienzo. Mousse estaba también deshecho, no tanto por él sino por ver el estado en el que se encontraba Akane. Y él era el culpable, nunca se perdonaría por ello.

¡Qué difícil era reponerse a una desilusión como aquella! Estuvieron tan cerca o, al menos, eso creyeron. Ahora no sabían qué hacer, en qué y quién confiar. Akane estaba de rodillas en el suelo, llorando desconsolada. Sentía que, ahora sí, nunca más volvería a ver a su familia, a Ranma. Su vida había sido feliz y pero ella nunca lo supo. Hasta ahora. ¡Cuánto añoraba esos días! Mousse se sentía igual: prefería que Shampoo le hiciera toda clase de travesuras, que lo ignorara o, incluso, que saliera con Ranma. Pero no volver a verla, el pánico de esa sola posibilidad, se había tomado su corazón.

– Akane, no podemos rendirnos ahora. Hay gente allá afuera que nos debe estar buscando, que está esperando por nosotros… – Mousse no sabía qué decir. Todo lo que pudiese decir no aliviaría el dolor de Akane. Verla sufrir así le desgarraba el alma.

– Quiero ir a casa, Mousse. No me importa nada más que eso

Mousse se acercó a ella y la abrazó mientras apoyaba la cabeza de ella en su pecho y ésta continuaba llorando. ¿Qué se podía hacer en esas situaciones? En ese momento no sabía nada.

No podían seguir así, debían encontrar otra oportunidad. Akane no estaba en condiciones de caminar por lo que Mousse se la echó a la espalda, rogando que esta vez sus ojos no le fallaran. Caminaron mucho y no encontraban nada que pudiese parecer una salida. Tampoco sentían el embrujo del jardín. Ahora más que nunca deseaban salir. Mousse trató de hacer que Akane comiera algo pero ella se rehusó. No tenía hambre. Él tampoco en realidad pero temía que Akane se enfermara. ¡Pobre Akane! Era una de las pocas personas que realmente lo había tratado con cariño y él la estaba haciendo pasar por el peor sufrimiento de todos. Estaba dispuesto a que Ranma lo matara si eso les aseguraba que saldrían de ese maldito lugar. O, al menos, que ella saliera.

Con Akane a la espalda, Mousse intentó encontrar al anciano o al maldito ése que los había engañado; lo obligaría a decirles la verdad, a golpes. Todavía no lo conocía, no sabía quién era él. Por ahora, sólo era Mousse, un artista marcial con un grave problema a la vista. Y precisamente ese problema provocó el próximo desastre para los amigos. Iban cruzando una pequeña laguna, siguiendo un camino de piedras cuando Mousse no vio bien en dónde debía poner los pies y, como consecuencia, se vino al agua con todo y Akane.

Akane ya no podía dar crédito a su mala suerte. Mousse convertido en pato y ella sin fuerzas ni ganas de traerle agua caliente. Después de un momento largo, decidió que era mejor ir: no le agradaba tener al pato de compañero. Con Mousse, al menos, podía conversar. Mientras salían del agua, un hombre apareció con cara de lujuria: acababa de tener el antojo irresistible de comer pato asado. Se lanzó sobre Mousse dispuesto a quebrarle el pescuezo y comérselo en cuanto pudiera, pero no contaba con que Akane, por muy deprimida que estuviera, era muy fuerte y defendería como fuera a su amigo. Sin pensarlo dos veces, se lanzó sobre el hombre y empezó a golpearlo sin piedad, primero con puños y patadas y, cuando el muy cobarde empezó a lanzarle piedras, ella tomó una rama o palo que encontró cerca, y empezó a castigarlo con todas las fuerzas que le quedaban. Estaba fuera de sí, era como si ese hombre fuera el culpable de todas sus desgracias y desquitó contra él toda su furia, dolor, decepción. No paraba de golpearlo aun cuando Mousse aleteando le rogaba que le soltara. No quería que su amiga se transformara en asesina. Dejando atrás la dantesca escena voló hacía un lugar en donde encontró agua tibia y, habiendo recuperado su forma humana, corrió hacia donde Akane seguía golpeando a ese hombre, quien ya no se sabía si estaba vivo o muerto. Como quitarle el palo fue imposible, se puso entre ella y el hombre, recibiendo él mismo unos cuantos golpes. Akane se frenó horrorizada de haber golpeado, y muy fuerte, a su amigo.

– ¡Mousseeeeeeeeeeeeeee! ¿Por qué lo hiciste? – gritó Akane espantada.

– No podía dejar que mancharas tus manos con sangre – le respondió sin saber si él mismo estaba vivo o muerto.

Akane se fue donde él y lo abrazó llorando pidiéndole que la perdonara. Ya no podía más. Ya no se reconocía. No era ni la sombra de lo que alguna vez fue. Mousse la tranquilizó: él estaba bien y el otro tipo estaba vivo, con todos los huesos quebrados, pero vivo.

– Vamos Akane, no podemos seguir aquí. No quiero ser devorado por este imbécil – dijo Mousse para animar a Akane. Ella sonrió melancólicamente. Era bueno, al menos, no estar sola.

v. v. v. v. v

Ranma decidió una vez más salir a buscar a Akane y esta vez no volvería sin ella. Fue solo; la última experiencia lo había dejado abrumado. Sólo discusiones y recriminaciones sin ningún éxito. No sabía muy bien por donde empezar. Trató de pensar como Mousse, seguro de que era él la causa de esta historia, y se puso a andar. Era difícil pensar como ese tarado. Después de caminar kilómetros, logró dar con un bosque, el bosque en el que ella y Mousse se perdieron. Sin pensarlo mucho, se internó en él. Fue difícil transitar por ese lugar pero lo logró y logró también dar con una pequeña cabaña en medio de la nada. Dos mujeres plantaban algo o cuidaban plantas ahí. No le importaba, sólo quería saber si habían visto a un chica de cabello corto, ojos grandes, muy bonita, acompañada de un cegatón que, admitió de mala gana, era muy guapo. Sí, los habían visto. Habían pasado una noche con ellas en la cabaña. A Ranma le dio algo en el alma de pensar que Akane y Mousse podrían siquiera haber dormido juntos pero eso no era lo importante ahora. Las mujeres le comunicaron que ambos habían tomado el camino que llevaba a un jardín, bastante cerca. Sin esperar muchas explicaciones, siguió el camino indicado hasta que dio con la entrada. Una vez ahí, comenzó a llamarla con las fuerzas de su alma.

– ¡Akaneeeeeeeee! ¿Estás ahí? – gritó Ranma. No se oía nada alrededor.

Mientras tanto, Akane estaba debajo de un árbol, triste y abatida cuando oyó el grito. Sonaba como la voz de Ranma. ¡Sí! ¡Era la voz de Ranma! Se paró de un saltó y comenzó a hacerle señas pero, al parecer, él no la veía ni tampoco la escuchaba.

– ¡Ranma! ¡Estoy aquí! – gritó desesperada, deseosa de que él la viera.

Pero no había caso: Ranma no la veía. Estaba a su lado y no la veía. ¿Por qué? ¿Por qué no la veía ni escuchaba? Con desesperación vio como el muchacho seguía su camino sin siquiera mirarla. Era como si de pronto se hubiese vuelto invisible a los ojos de él. No podía ser. Estuvo a su lado y no la vio: nunca notó su presencia.

– ¡Ranmaaaaaaaaaa! – gritó.

Estaba bajo del árbol pero no era Ranma quien estaba ahí sino Mousse. Había sido sólo un sueño. O una pesadilla. Lo que fuera, no había sido real.

– Akane ¿Estás bien? Creo que estabas soñando – preguntó Mousse preocupado.

Sí, lo estaba. ¿Por qué tenía que despertar? Fue todo tan nítido, tan claro. Casi había podido sentir a Ranma, su aroma, todo él. Pero no, todo había sido una ilusión. Mousse estaba realmente preocupado: Akane se veía débil y entregada y él no sabía qué hacer para animarla, para sacarla de ese estado. Hubiese deseado darle una esperanza, haberle traído alguna noticia que les permitiera mantener la ilusión de salir de ahí. Lamentablemente, nada podía decirle para aliviar su sufrimiento. Por ahora, intentaría hacerla comer, lo necesitaba. Había dejado a Akane descansando por un momento, a la sombra de un árbol, mientras él buscaba algo de comida que la repusiera, que le diera fuerzas.

– Mira, encontré un panal de abejas aquí cerca. Bueno lo que fue un panal de abejas porque ya no había ninguna. Tengo un poquito de miel, te haría bien comerla. Quizás te reponga probarla. Traje todo lo encontré ¡Anímate! Está algo líquida, me imagino que por el calor, pero se ve sabrosa. ¡Pruébala! – dijo Mousse intentando darle ánimos.

En realidad era poca, no alcanzaba para más que una persona pero sí, quizás la animaría probar algo dulce que no fueran frutas, que ya la tenían hastiada. Era demasiado líquida que casi se escapaba del pequeño recipiente en el que Mousse la trajo. Akane la miró bien: se veía bonita, muy dorada. Era como si fuera…

–¡Mousse! ¡Ésta es!

El joven no sabía de lo que hablaba la chica.

– Esta es el agua de oro de la que hablaba el anciano. ¡Esta es la cura para la malidición de los estanques de Jusenkyo!


Espero que les haya gustado :3