Disclaimer: Los personajes y la historia no me pertenecen. La historia es de TouchofPixieDust y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.

Capítulo 8: Cachorros curiosos y objetos brillantes

30 de septiembre

Kagome abrió los ojos desmesuradamente cuando el medio demonio de pelo plateado se abalanzó sobre ella. Apenas tuvo tiempo de gritar antes de que la agarrara y la volviera a tirar al agua.

—¿Qué HACES? —gritó Kagome después de que su cabeza volviera a salir de la fría agua. Flotó sin querer acercarse demasiado a la orilla donde el demonio estaba esperando impacientemente.

—Vuelve —exigió—. Y trae a Kikyo de vuelta.

Kagome cerró la boca, comprendiendo finalmente. El miedo y la ira desaparecieron. Es su amigo, está preocupado… Flotó en el agua silenciosamente, mordiéndose el labio en gesto de concentración. ¿Puedo volver?

Hubo un borrón rojo y luego, de repente, sintió una mano en su cabeza. Miró a los ojos dorados que estaban sobre ella. Está colgando de la rama de un árbol. ¿Qué es, medio mono? Abrió la boca para preguntarle si era, de hecho, medio mono, cuando su cabeza se hundió en el agua sin ninguna ceremonia. Volvió a salir farfullando airadamente.

—¿Intentas matarme?

Él le volvió a hundir la cabeza en el agua silenciosamente. Esta vez, Kagome agarró la manga de su traje y tiró con fuerza. No esperando que ella intentara empujarle, Inuyasha perdió el equilibrio y aterrizó salpicando a su lado.

—¡Para de intentar ahogarme! —Le salpicó agua después de que su cabeza saliera del agua.

—Intento enviarte a casa, niña estúpida. —La fulminó con la mirada, luego nadó malhumoradamente hacia la orilla. Kagome observó cómo se sacudió para secarse e intentó no reírse con todas sus fuerzas. No, un mono no. Debe de ser un demonio perro.

Kagome miró la turbia agua. Puede que funcione. Puede que este SEA el camino para ir a casa. De repente quiso irse a casa tan desesperadamente como el joven parecía querer que ella se fuera. Respiró hondo y buceó hacia el fondo del agua. Cuando se dio cuenta de que se estaba quedando sin aire, volvió a nadar hacia la superficie.

—¡Déjame probar otra vez!

No estaba claro si se lo estaba diciendo al demonio perro, que la estaba mirando intensamente, o si estaba hablando consigo misma. Tras respirar hondo unas cuantas veces, volvió a meterse en el agua. Mientras buceaba bajo el agua, abrió los ojos, pero estaba demasiado oscuro y turbio como para ver algo. Las ramas de los árboles que llevaban tiempo enterradas en el agua le arañaron los brazos y tiraron de las mangas de su blusa.

Una vez más, Kagome salió a la superficie. Se mordió el labio mientras flotaba. Era difícil contener las lágrimas. ¡Esto no puede estar pasando! Negó con la cabeza para apartarse de los pensamientos negativos que estaban empezando a abrumarla. Con una mirada acalorada al agua bajo ella, volvió a respirar hondo, ignorando sus cansados músculos, y lo intentó una vez más.

La imagen de Inuyasha mientras volvía a bucear le hizo sonreír. Volvía a estar sentado en la rama que estaba sobre ella. Tenía los ojos bien abiertos y observadores, y la cabeza ladeada. Le recordaba a un cachorro curioso.

Sus pensamientos le impidieron observar sus movimientos y uno de sus calcetines se enredó en una de las ramas de uno de los brotes de debajo del agua. Resistirse solo empeoró el problema. Parecen dedos que me agarran… dedos afilados. Kagome parpadeó dos veces. Las cosas aquí son diferentes… Miró hacia abajo lentamente. Efectivamente, las ramas le habían agarrado la pierna. Abrió la boca instintivamente para gritar cuando vio dos brillantes ojos verdes abriéndose en las sombras.

Kagome usó su mano rápidamente para apretarse la nariz mientras daba patadas, esperando soltarse del demonio de aspecto extraño. Sabía que había tragado demasiada agua. Su visión empezó a oscurecerse. Un dolor abrasador cerca de su cadera le hizo saber que el demonio le había hecho un corte.

Luego, todo estuvo en silencio y en calma.

—Niña estúpida. —El sonido estaba amortiguado, pero Kagome pudo entender las palabras.

¿Por qué estoy tan cansada? Intentó abrir los ojos, pero no respondieron a sus órdenes. ¿Y por qué me duelen tanto las costillas?

La segunda pregunta fue respondida cuando sintió que le presionaban el estómago y las costillas con tanta fuerza que pensó que iban a romperse. Sintió que el agua subía por su garganta y que la tosía. Mientras tosía, le dieron la vuelta rápidamente para ponerla de cara al suelo. Inuyasha dio palmaditas torpemente en la espalda de Kagome. Habría sonreído ante su intento de ser un consuelo si no hubiera estado tosiendo lo que estimaba aproximadamente que era un estanque. Desafortunadamente, esto también causó una reacción violenta en su estómago y también perdió, literalmente, su última comida.

Una vez que remitieron las toses y los escupitajos, se vio apoyada contra un árbol. Avergonzada, agachó la cabeza y cerró los ojos. Podía sentir su presencia.

—No vuelvas a hacer eso —le advirtió.

—¿Hacer qué? —Hizo una pausa para toser. Sentía como si estuviera tosiendo los pulmones. Notaba la garganta en carne viva—. ¿Intentar nadar para volver a donde vine? ¿Ser atacada por algún demonio árbol extraño? ¿Ahogarme? O…

Inuyasha le puso la mano sobre la boca y entrecerró los ojos.

—Keh —dijo—. Simplemente, no lo hagas.

No estaba segura de lo que significaba «keh», pero entendía la idea general. No podré volver a casa de esa manera. Se sorbió la nariz. Si es que consigo volver a casa… Las lágrimas amenazaron con derramarse. ¡Y si no puedo volver nunca a casa! ¿Y si no tengo nunca otra oportunidad de decirle a mamá que la quiero? ¿Souta sabe cuánto le quiero? ¿Y el abuelo? ¡Ahora nunca tendré la oportunidad! Estaba empezando a entrar en un gran estado de pánico.

Inuyasha miró fijamente a la chica con horror.

—¡Para de llorar! —exigió. La exigencia no tuvo exactamente el efecto deseado. El demonio perro tuvo que poner las manos sobre sus orejas cuando su suave llanto se convirtió en verdaderos gemidos de desesperación. Él parecía estar a punto de estallar—. ¡Para!

Justo cuando iba a golpear a la chica en la cabeza para que entrara en razón, se dio cuenta de que estaba sangrando.

—Te han herido.

El llanto de Kagome se convirtió en sollozos mientras ponía la mano en su cadera donde el demonio le había hecho un corte en la piel.

—Supongo que sí.

Puso su mano sobre el corte de su cadera y notó un bulto. Los pensamientos sobre un tumor la paralizaron. Luego, un miedo irracional (traído probablemente por haber devorado demasiadas novelas de ciencia ficción) a que el demonio le hubiese implantado algo le hizo empezar a gritar y a arañarse la piel.

—¡Quítamelo, quítamelo, quítamelo!

Temiendo que la chica fuera a hacerse daño, Inuyasha le agarró los brazos y los detuvo sobre su cabeza.

—Niña estúpida —le riñó—. ¿Qué intentas hacer? ¿Matarte?

Por favooooor, quítamelo. —Su voz fue baja y temblorosa mientras le rogaba.

Inuyasha bajó la mirada hacia donde estaba sangrando la chica. Notó el bulto. Lo miró con preocupación. Aunque no sabía nada sobre tumores, sabía de demonios que implantaban sus huevos dentro de humanos. Normalmente, el humano se usaba como incubadora y, cuando los huevos eclosionaban, el cuerpo del huésped humano se usaba como comida para los hambrientos pequeños demonios.

—Intentaré no matarte —dijo mientras soltaba las manos de la chica y flexionaba las garras.

Kagome no estaba segura de si estaba bromeando o no, pero su mirada decidida le hizo decantarse por confiar en él.

—Gracias —dijo—, te lo agradecería. Morir no está hoy en mi lista de cosas por hacer.

La chica sonrió e intentó no reírse cuando Inuyasha ladeó su cabeza y la miró con curiosidad, obviamente sin entender su frase. La sonrisa murió en sus labios cuando vio sus garras afiladas como cuchillas cerniéndose sobre su cadera.

—Esto va a doler —le advirtió.

Kagome asintió, comprendiendo. Apretó los puños y la mandíbula, e intentó prepararse para lo que estaba por venir. Haciendo una mueca de dolor, sintió una garra arañando ligeramente por debajo de donde estaba el bulto.

—Intenta hacerlo rápido —susurró.

Hubo una pausa.

—Puedes gritar —dijo como si le estuviera dando permiso. Luego, una de sus garras rajó su piel, cortando lo suficientemente hondo como para extraer el bulto. Estaba sorprendido de que la chica no hubiera gritado. La había oído inspirar repentinamente cuando la había cortado, pero ningún sonido más. Al principio, pensó que tal vez se había desmayado. Cuando la volvió a mirar a la cara vio que se estaba mordiendo el labio.

—Ahora tu labio también sangra —le riñó—. Niña estúpida.

—Mi nombre es Kagome —gruñó entre dientes apretados. Si sus ojos hubieran estado abiertos, habría visto al demonio dirigiéndole una gran sonrisa. Pero para cuando sus ojos se abrieron, su frunce volvía a estar en su sitio.

—Keh.

Kagome puso los ojos en blanco. Luego, bajó la mirada al bulto que estaba en el suelo, donde había caído. Tenía un brillo rosa.

—La perla de Shikon —susurró Inuyasha—. ¡Y está brillando!

—¿Se puede tocar?

Inuyasha se encogió de hombros.

Kagome recogió la perla y la sostuvo entre sus manos.

—Es tan cálida. Parece como si estuviera palpitando. —Volvió la mirada hacia su nuevo compañero—. ¿Está viva?

Inuyasha ignoró su pregunta mientras se levantaba lentamente. Se agachó y puso a Kagome de pie. Se sonrojó ante el contacto tan cercano, lo que, por su parte, le hizo sonrojarse a él. Como sentirse nervioso no era uno de los sentimientos favoritos del demonio perro, cambió a uno de sus favoritos: irritación.

—Genial, niña. Ahora tenemos que ir a ver a la vieja bruja Kaede —resopló y se volvió hacia el camino—. Pongámonos en marcha.

Sus orejas se giraron cuando oyó gruñir otra vez a la chica. Se preguntó si a lo mejor ella también sería parte demonio perro.

—Mi nombre es KAGOME. ¡KA… GO… ME!

Inuyasha ni siquiera se molestó en darse la vuelta para mirar a la furiosa chica. Se encogió de hombros.

—Keh.


Nota de la traductora: ¡Muchísimas gracias por todos los reviews que me habéis dejado hasta ahora! Veo que se van uniendo poco a poco más lectoras y me alegra enormemente, porque este es un fic que me encanta.

Estoy adelantando un día la publicación (sabéis que subo nuevos capítulos los lunes y los miércoles, al menos de momento) porque no me daba tiempo a tener listo Enciéndeme un farolillo para hoy, así que al menos os doy algo para leer.

¡Hasta pronto y muchas gracias otra vez!