Disclaimer: Los personajes y la historia no me pertenecen. La historia es de TouchofPixieDust y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.

Capítulo 11: Anciana hermana pequeña y otras explicaciones

7 de octubre

Francamente, Kagome intentó evitar lanzar miradas asesinas a cada aldeano que se encontraron en la aldea, de verdad que lo intentó. Pero simplemente no pudo evitarlo. Alguna de estas personas podría haber sido una de las que había echado a Inuyasha de la aldea. ¡Le tiraron cosas! ¡Piedras! ¡FLECHAS! Cuanto más pensaba en ello, más se enfadaba. Era debatible si los aldeanos se apartaron rápidamente de su camino debido al demonio perro de aspecto hosco o debido a la chica humana gruñona.

Sintió que Inuyasha ponía una mano en su hombro. Al levantar la vista para mirarlo, vio que estaba intentando ocultar su diversión mientras negaba con la cabeza. Kagome se encontró relajándose, sonriendo incluso, aunque siguió lanzando miradas fulminantes a la gente mientras caminaban.

Finalmente, se detuvieron delante de una cabaña al borde de la aldea, alejada de las demás. Había un pequeño, pero bien cuidado, huerto en la parte de atrás.

—Kaede es la hermana de Kikyo, ¿verdad?

Inuyasha asintió.

—Sí, su hermana pequeña. —Entonces, empezó a reírse disimuladamente, como si estuviera recordando un chiste gracioso.

—¿Qué es tan divertido, chico perro?

En vez de responder, llamó en voz alta.

—¡Eh! ¡Anciana!

Por la puerta salió una mujer anciana. Su pelo gris estaba recogido de un modo tirante y tenía un parche en el ojo. Kagome se guardó sus comentarios sobre piratas. La mujer también vestía unos pantalones rojos flojos y una parte de arriba blanca. Estaba apoyada en un arco largo y sacó una flecha de un carcaj que le colgaba a la espalda, apuntando el extremo hacia el corazón de Inuyasha.

Kagome se puso inmediatamente de un salto delante de Inuyasha con los brazos extendidos. Lo oyó jadear ligeramente, pero no apartó los ojos de la amenazadora mujer.

—¡No vas a hacerle daño! —gritó Kagome.

—¿Inuyasha? —La anciana mujer bajó el arco, aunque no soltó la flecha.

—Necesitamos tu ayuda, anciana. —Salió de detrás de Kagome. Juraría que lo había oído reírse entre dientes mientras le bajaba los brazos a los costados. Pero Inuyasha nunca se reía así. ¿O sí?

—Pensaba que estábamos buscando a Kaede —susurró Kagome.

—¿Qué quieres, Inuyasha? —La anciana pasó la mirada de Inuyasha a Kagome, luego de vuelta a Inuyasha.

—Necesitamos tu ayuda para traer de vuelta a Kikyo.

—¿Kikyo? —dijo con voz entrecortada—. ¿Dónde está mi hermana?

Ahora Kagome estaba oficialmente confundida. ¡Esta mujer era lo suficientemente mayor como para ser su abuela! Era imposible que fuera la hermana de Kikyo.

—Tú no eres… Kaede… ¿no?

—Sí que lo soy, jovencita. ¿Y tú quién eres?

En vez de responder, Kagome soltó una risita, vio que la mujer iba completamente en serio, y entonces se desmayó inmediatamente.

Lo primero de lo que Kagome fue consciente fue de Inuyasha gritando enfadado. Estaba gritándole a la anciana, acusándola de usar brujería con ella. Kagome se habría reído si no hubiera estado tan avergonzada por haberse desmayado. No era para nada propio de ella. Debo de haber estado demasiado cansada, no es que haya dormido mucho últimamente. Y hemos estado caminando durante una eternidad. Pensó en Kaede. Luego siempre está la sorpresa de que la hermana pequeña de Kikyo sea lo suficientemente mayor como para ser su abuela…

Escuchó a Inuyasha pasar de estar gritándole enfadado a Kaede a murmurarle torpes frases de consuelo mientras le acariciaba el pelo.

Sabiendo que no podría fingir que estaba dormida para siempre, aunque estaba empezando a disfrutar del inusual comportamiento de Inuyasha para con ella, Kagome abrió lentamente los ojos. Se quedó atónita al ver solo dorado girando. Al principio, pensó que le pasaba algo a sus ojos, a lo mejor el desmayo había aflojado algo en su cabeza. Luego se dio cuenta de que lo dorado eran los ojos de Inuyasha. Parpadeó rápidamente, pero no pudo enfocar la mirada. No fue consciente de que estaba conteniendo la respiración hasta que él retrocedió.

—¡Estás despierta! —Hubo una pausa—. Por fin. —Desvió la mirada rápidamente, cruzándose de brazos y sonando irritado.

Kagome eligió ignorar la última parte. Durante las últimas semanas, se había acostumbrado a sus hoscos modales. La mayor parte del tiempo le divertía más que irritarle. Pero nunca se lo había dicho.

—¿De verdad eres Kaede? —preguntó cuando la anciana mujer entró en la habitación con una taza con lo que Kagome asumió que era té. Después de olerlo, Kagome esperó que no fuese para ella.

—Sí.

Kagome negó la cabeza mientras se incorporaba.

—Pero eso es imposible. Kikyo tiene mi edad. ¡Es imposible que tú seas su hermana pequeña! Quiero decir, eres lo suficientemente mayor como para ser su ab… eh… ¡su madre!

Kaede sonrió indulgentemente.

—Niña, hay muchas cosas que tú no sabes.

—Ilumíname —dijo Kagome, esperando que no hubiese salido tan sarcástico como creía. La forma en la que Inuyasha se rio disimuladamente le hizo pensar que a lo mejor así había sido—. Por favor.

—Kikyo era la guardiana, la protectora, de la perla de Shikon. Es una perla llena de magia, y muy exigente con a quién elige como su protector. Debido al largo tiempo que lleva encontrar un protector adecuado, la perla lo compensa extendiendo su magia al guardián actual. Reduce enormemente el proceso de envejecimiento. Aunque han pasado cerca de cincuenta años desde que Kikyo fue elegida como guardiana, para ella, el tiempo ha estado detenido.

—¿Es inmortal? —Kagome estaba asombrada. Sonaba igual que la trama de una película de ciencia ficción. Habían pasado semanas desde que había dudado por última vez de su cordura, pero empezó a preocuparse una vez más. Su mayor preocupación, sin embargo, era que esto fuera solo un sueño después de todo. Estaba empezando a sentir los principios de la histeria. Miró frenéticamente a Inuyasha para confirmar que aún estaba allí. Allí estaba. Volvió a mirar rápidamente a Kaede, perdiéndose la expresión sobresaltada del demonio perro.

—No, niña. Inmortal no. Pueden matarla. Ahora que ya no posee la perla, envejecerá a una velocidad normal. Tú eres ahora la protectora de la perla. Te prestará la misma magia que una vez le prestó a mi hermana.

Kagome parpadeó. ¿Está diciendo lo que creo que está diciendo?

—¿No envejeceré?

Kaede se rio.

—Con el tiempo. Pero no hasta dentro de mucho tiempo. Podrían pasar cientos de años antes de que envejezcas, miles si la perla no ha elegido a un nuevo protector.

—¿Y si lo hace?

—Entonces, la magia le será otorgada al nuevo protector.

—¿Cada cuánto tiempo escoge a un nuevo protector? Kikyo solo la estuvo protegiendo unos cincuenta años, ¿no?

Kaede suspiró.

—Ahí, niña, es donde se vuelve confuso. No sé por qué te eligió la perla. La perla siempre ha encontrado un nuevo protector después de la muerte de su actual guardián. Nunca antes ha elegido a alguien nuevo mientras tenía un guardián que estuviera vivo y sano.

Kagome pensó en sus conversaciones con Kikyo. La joven sacerdotisa no había estado contenta de ser la guardiana de la perla. Y yo quería desesperadamente cambiar de lugar con ella en aquel momento.

—Creo que lo sabía… —susurró. Ignoró la mirada interrogante de Inuyasha.

—Inuyasha me contó lo ocurrido mientras descansabas, niña. Yo no conozco el camino. Aunque en las colinas hay un templo que guarda un pergamino que puede tener las respuestas. Habla con el monje Miroku.

—¿Hay que caminar más? —gimoteó Kagome mientras volvía a tirarse en las sábanas.