Disclaimer: Los personajes y la historia no me pertenecen. La historia es de TouchofPixieDust y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.

Capítulo 14: Hojo hace un descubrimiento

15 de octubre

Luchar contra demonios no era ni de cerca tan difícil como intentar ponerse al día con el trabajo escolar. Kikyo salió de la cama con gran esfuerzo. Apenas había sido capaz de dormir dos horas tras terminar sus deberes. Para empeorar las cosas, estaba bastante segura de que la mitad estaba mal.

Kagome se va a enfadar mucho conmigo cuando vuelva y se descubra suspendiendo todas sus asignaturas. Kikyo frunció el ceño. No le gustaba pensar en cuándo volvería Kagome.

Sabía que era egoísta, pero no quería para nada que Kagome regresara. Si pudiera seguir viviendo esta vida, sería feliz. El instituto podría ser duro, pero era mucho mejor que vivir su vida protegiendo una estúpida perla. Siendo perseguida constantemente. No siendo feliz nunca. No pudiendo vivir nunca. Ni amar.

Al mirar hacia el espejo, pensó en Kagome y se preguntó cómo le estaría yendo. Cada vez que la veía en el espejo parecía estar feliz, cansada pero feliz. La chica en realidad parecía estar divirtiéndose. E incluso se encontraba en compañía de otro demonio. Un demonio zorro esta vez.

—¡Kikyo, cariño, es hora de levantarse!

—¡Vale, mamá!

Kikyo apartó las sábanas de una patada. Lo que más le gustaba era dejar una cama revuelta. Era un pequeño acto de rebeldía contra la vida de orden que había estado obligada a vivir.

Lo otro que más le gustaba era oír a su madre llamarle «cariño». Le hacía sentir parte de una familia… y amada. Era como si de verdad fuera una chica normal. Sintió una momentánea punzada de culpa antes de descartarla y dirigirse escaleras abajo.

Las tortitas caseras y el sirope aparecieron en un cercano tercer puesto de cosas favoritas. ¡Oooh y el helado! Su madre le había dejado tomar helado después de la cena todas las noches desde que había probado por primera vez el delicioso dulce con Souta, después del incidente del corte de pelo, y se había enamorado completamente. Kikyo sabía que la estaban mimando y se deleitaba con la sensación.

Le sonrió a la familia sentada alrededor de la mesa. Kagome es una tonta por querer una vida diferente.

Aunque solo había sido el lunes que Kikyo había empezado a ir al instituto, ya se estaba acostumbrando a dónde eran sus clases y conocía la mayoría de los nombres de sus profesores y de sus amigos.

—¿Qué tal en el instituto, querida?

Kikyo sonrió ampliamente.

—¡Me encanta! Hay tanto que aprender. —Entonces, frunció el ceño—. Aunque sigo muy atrasada en relación con los demás.

Su madre le acarició la cabeza tranquilizadoramente mientras acompañaba a sus dos hijos hasta la puerta.

—Te pondrás al día. Eres una niña muy inteligente. —Se paró a pensar un momento—. Podemos buscarte un profesor particular, si quieres. Un profesor particular podrá ayudarte a ponerte al día y te podrá explicar las cosas de forma clara.

Kikyo apreciaba que su madre le explicara conceptos inusuales, como profesor particular o perrito caliente, sin hacerle sentir como si fuera estúpida.

Cuando abrió la puerta, se encontró a Hojo de pie fuera con una sonrisa en la cara, igual que estaba cada mañana desde que se había enterado de la herida en la cabeza de Kagome. A Kikyo le conmovía que se esforzara por acompañarla al instituto porque estaba preocupado por ella.

No. Está preocupado por Kagome, se recordó severamente. Su sonrisa se desvaneció.

—¿Estás bien, Higurashi?

Kikyo alzó la mirada hacia sus muy preocupados ojos. No pudo evitar sonreír. Incluso aunque la confundiera con otra persona, aun así se sentía bien tener a alguien que se preocupara por ella.

—Buenos días, Hojo.

—Buenos días, Sra. Higurashi.

Kikyo se abotonó el abrigo, cogió su mochila amarilla y salió por la puerta. Se detuvo y se dio la vuelta cuando su madre volvió a llamar a Hojo.

—¿Sí? —dijo tan educado como de costumbre.

—Tú solías ser el profesor particular de Souta el año pasado.

—Sí, lo era. Es un chico listo, lo único que necesitaba era un empujón en la dirección correcta.

La Sra. Higurashi sonrió por la forma en la que no le había dicho que su hijo era listo pero vago.

—¿Podría usar otra vez tus servicios de profesor particular?

—¿Souta está teniendo dificultades? —Hojo miró más allá de la entrada y vio al niño poniéndose los zapatos y la chaqueta.

—Souta está bien —le aseguró—. Hiciste un gran trabajo enseñándole. En realidad, me gustaría que le dieras clases a Kagome.

Hojo abrió los ojos como platos y también lo hizo Kikyo.

—Pero Higurashi ya tiene unas de las notas más altas de la clase. No creo que le pueda ser de mucha ayuda —sonaba, y parecía, sentir mucho tener que rechazarla.

La Sra. Higurashi tocó dulcemente la mejilla de su hija antes de mirar a Hojo.

—Desde… el accidente… mi hija ha estado teniendo problemas con sus recuerdos. Y temo mucho que los recuerdos de algunas de las cosas que aprendió en el colegio también se hayan perdido. Sigue siendo muy inteligente, pero tendrá que volver a aprender muchas de las cosas que ahora dais por aprendidas.

Hojo pareció como si le hubieran azotado.

—Lo siento mucho. —Se volvió hacia Kikyo con ojos que parecían amenazar con soltar lágrimas—. Debería haberme dado cuenta de que tendrías dificultades. Por supuesto que haré todo lo que esté en mi poder para ayudarte.

Kikyo se mordió el labio y pasó la mirada del chico serio que estaba delante de ella a su madre. La mujer asintió en su dirección.

—Gracias, Hojo. Apreciaría gratamente tu ayuda.

Con eso dicho, Hojo se animó y los dos partieron hacia el instituto. Hablaron de cómo enfocar las clases particulares. Decidieron verse todos los días después de clase durante una hora o dos, empezar por lo básico y trabajar en sus tareas actuales.

—Podríamos vernos hoy después del colegio y tomar un helado antes de estudiar —dijo cuando llegaron al edificio escolar.

Kikyo sonrió alegremente.

—¡Eso sería genial!

El resto del día se pasó esperando con ansias el dulce manjar. Ya había planeado lo que pediría. ¡El banana split! Mmmmm… el que tenía una bola de chocolate, una bola de fresa, una bola de vainilla, sirope de chocolate, nata montada, nueces picadas…

—Estás babeando —le susurró Eri mientras le tendía una nota a Kikyo.

Kikyo abrió la nota. Le preguntaba si de verdad iba a quedar con Hojo después de las clases. Kikyo miró a su amiga y asintió. Se desconcertó un poco cuando la chica casi chilló de felicidad.

Después de las clases, Hojo se reunió con Kikyo en la puerta y caminaron en un afable silencio hacia la heladería. Hojo pidió un helado con chocolate caliente y Kikyo pidió el banana split deluxe, más la cubierta de nata montada, nueces, y una cereza encima.

Cuando tuvo el delicioso postre a medio comer, Kikyo se dio cuenta de que Hojo no le había dicho ni una palabra desde que habían salido del instituto. Apartó sus ojos del postre y se encontró con Hojo mirándola fijamente. Tras lamer el helado de sus labios, bajó la mirada a su cuchara con incomodidad. ¿Se suponía que tenía que actuar de manera diferente? ¿Cómo se comportaría Kagome?

—Perdóname por preguntarte esto —preguntó Hojo en voz baja—, pero ¿quién eres?

Kikyo se quedó boquiabierta. Cerró la boca rápidamente y estudió una vez más su cuchara.

—Kagome, por supuesto. Somos amigos, Hojo, desde que éramos pequeños.

—¿Cómo nos conocimos?

Kikyo se rio con nerviosismo.

—Mi memoria… ¿recuerdas?

Hojo apartó a un lado su helado sin comer y entrelazó las manos sobre la mesa, de repente muy serio.

—Tú no eres Kagome Higurashi. Cada gesto que haces y cada palabra que pronuncias me dicen que no eres ella. Puedes olvidar tus recuerdos, pero no puedes convertirte en una persona completamente diferente.

—Yo… yo… —Kikyo empezó a sentir que el pánico empezaba a crecer en su pecho. ¿Qué pasaría si otros descubrían el cambio que habían hecho Kagome y ella? ¿Qué le pasaría a ella? ¡No es justo!

Un jadeo escapó de sus labios cuando sintió que le sujetaba la mano. Miró hacia el joven que tenía delante, que estaba cubriendo su mano con la suya.

—Por favor, no temas. Puedes contármelo. Puedes confiar en mí. —Y lo hacía. Kikyo de verdad confiaba en él.

—Mi nombre es Kikyo. Es una historia muy larga.

—Tengo mucho tiempo —le aseguró.

—Volvamos a casa de Kagome, ahí podemos hablar.

Explicar la extraña situación le llevó buena parte de la tarde. Hojo se quedó a cenar, pero no dijo mucho.

—¿Puedo verla? —preguntó Hojo mientras le pasaban las verduras.

Kikyo y su madre se miraron la una a la otra y luego a Hojo.

—No veo por qué no —dijo la Sra. Higurashi.

—No siempre sé cuándo estará ahí. A veces hace falta un par de horas, a veces un par de días. Tenemos que buscarnos la una a la otra al mismo tiempo o no funciona —explicó Kikyo.

Durante la cena, Hojo le hizo preguntas a Kikyo sobre su mundo y sobre cómo parecía estar Kagome. ¿Está en peligro? ¿Está sana? ¿Está comiendo bien? Kikyo estaba gravemente tentada a golpearle en la cabeza con su libro de Historia, ya que era el más grueso, si le hacía una pregunta más sobre Kagome.

Una vez que los platos estuvieron lavados y secos, Kikyo y Hojo volvieron a subir las escaleras hacia su habitación. Kikyo sacó los libros de texto, incluyendo su potencial arma, el libro de Historia. Levantó la vista y vio a Hojo mirando fijamente el espejo. Un extraño sentimiento subió por dentro de su pecho al verlo. Parecía como si le estuvieran apretando el corazón.

No estoy celosa. No estoy celosa. No estoy celosa, canturreó para sus adentros.

Kikyo se aclaró la garganta.

—¿Querías empezar con Matemáticas o con Historia? —Por favor, por favor elige Historia…

—¿Mmm?

—Deberes. Te ESTÁN pagando para que me des clases particulares, ¿no? —Oooh, eso salió un poco más desagradable de lo que pretendía. Suspiró—. Mirar el espejo no te ayudará, Hojo. Solo funciona si soy yo la que mira el espejo.

Fue y se puso a su lado, mirando tristemente al reflejo de él en el espejo.

—¿Cómo sabías que no era Kagome?

—No hay nadie como Kagome —respondió.

Kikyo se hundió en el suelo sin decir una palabra. Recogió sus rodillas contra su pecho y las abrazó fuertemente mientras miraba fijamente al espejo que estaba al lado del amigo de Kagome. Él se sentó silenciosamente a su lado, y allí estuvieron… observando… y esperando.