Disclaimer: Los personajes y la historia no me pertenecen. La historia es de TouchofPixieDust y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.

Capítulo 17: Kikyo, la gata

31 de octubre

Cada día, Kikyo aprendía un poco más sobre cómo era ser una adolescente. Cada día descubría cuánto disfrutaba de verdad de su nueva vida. Su cosa favorita de entre todas era, por supuesto, el banana split.

Mientras saboreaba el chocolate sobre helado de fresa ligeramente derretido, miró hacia su compañero. Hojo la había llevado a ver su primera película la noche anterior. ¡Había sido increíble! Pero ahora estaba sentado frente a ella, comiendo silenciosamente su helado. De repente, se sintió muy incómoda. Era un sentimiento inusual para ella.

—¿Pasa algo? —preguntó.

Hojo negó con la cabeza, pareciendo ligeramente desconcertado.

—No.

Como no dio más detalles, devolvió su atención a su postre helado.

—El festival de Halloween era siempre una de las cosas que Kagome más deseaba de todo el año.

Ah, así que era eso. Kagome. Kikyo apartó los sentimientos amargos.

—¿Disfrutaba disfrazarse de alguien que no era?

Hojo asintió.

—¿O de alguien que desearía ser?

Hojo pareció un poco sorprendido, pero volvió a asentir. Después, sonrió dulcemente.

—Cada año, yo le pedía que me acompañara al festival.

—¿Ibais juntos? —Kikyo intentó apartar los sentimientos extraños e indeseados.

Hojo se rio.

—En cierto sentido. Siempre íbamos en grupo. Rara vez hacíamos cosas solo nosotros dos. Solo fuimos amigos.

—¿Desearías que hubiera sido diferente?

—En su momento lo deseé.

Kikyo revolvió su helado por el tazón.

—¿Y ahora?

—Ahora sé que ella tenía razón. Solo fuimos amigos. Es lo único que podríamos haber sido, lo único que podremos ser.

—¿Cómo lo sabes?

Hojo sonrió suavemente.

—Simplemente, ahora sé otras cosas. —Volvió a empezar a comer su helado—. ¿Necesitabas ayuda para tu disfraz de gata para esta noche? —preguntó.

A Kikyo se le iluminaron los ojos y negó con la cabeza.

—No, lo terminé anoche. Madre y Souta me ayudaron. No es tan elaborado como muchos de los disfraces que he visto, pero es uno en el que me siento cómoda. A lo mejor el año que viene seré más valiente.

—Imposible. Ya eres la persona más valiente que conozco. —Kikyo se sonrojó y sus ojos se empañaron. No se podía creer lo rápido que podía convertir sus sentimientos en papilla con solo unas cuantas palabras—. Tú y Kagome.

Grrrrr.

El disfraz era muy simple. Kikyo llevaba unos pantalones negros ajustados y una camiseta negra sin mangas. Su madre había encontrado guantes negros largos de noche para que se los pusiera. Su pelo estaba trenzado y recogido, y llevaba clavadas unas peludas orejas de gato. Una boa negra de plumas estaba cortada a la mitad y clavada en la cinturilla de sus pantalones. Ató un lazo rojo alrededor de su garganta con un cascabel plateado pegado. Su madre le había pintado la cara y su hermano le había comprado bigotes que se pegaban a la cara con algún tipo de adhesivo.

Kikyo se miró en el espejo y sonrió.

—Parezco un demonio gato. —En ese momento, Kagome e Inuyasha aparecieron en el espejo. Inuyasha parecía haber entrado en shock, pero Kagome chilló de alegría y la halagó hasta que Kikyo se sonrojó.

Era difícil mantener malos sentimientos hacia esa chica.

Kikyo esperó impacientemente a que Hojo la fuese a buscar. Iban a ir andando juntos al festival. El aleteo en su pecho la alarmó. Le sudaban las palmas y no podía parar de pasear por el suelo de su habitación.

Al fin lo vio subiendo las escaleras del templo desde su ventana. Tras revisar su cara en el espejo una vez más, se lanzó escaleras abajo.

—¡Diviértete! —la llamó su madre cuando ella llegó a la puerta—. ¡Y no te olvides de llevar abrigo!

Kikyo sonrió cuando vio a Hojo disfrazado de pirata. La idea del dulce y gentil Hojo como un pirata sediento de sangre casi le hizo estallar en carcajadas. Se sonrojó cuando le sonrió mientras examinaba su disfraz.

—Tu disfraz está genial, Kikyo.

Kikyo se sonrojó algo más.

—A mí también me gusta el tuyo. Pero no te olvides de que no puedes llamarme por mi nombre en público.

—Sí, tienes razón. Me disculpo.

—No te disculpes. Me… me gusta cuando me llamas por mi verdadero nombre. —Y era verdad. Cuando me llama Kikyo, sé que no piensa que realmente soy Kagome. Se negaba a conjeturar sobre si esto era porque simplemente estaba contenta porque alguien supiera quién era, o si era porque Hojo era especial.

El aire era frío y Kikyo se abrazó a sí misma para mantener el calor. Se alegraba de haber seguido el consejo de su madre y haberse traído su abrigo. Sus ojos se abrieron desmesuradamente cuando sintió un ligero tirón en su cintura. Volviéndose ligeramente, vio a Hojo sosteniendo su cola de gato.

—No quería que fuera arrastrando por el suelo —explicó él ante su mirada interrogante.

Ella sonrió ante su consideración, su corazón hizo cosas extrañas en su pecho.

—Gracias.

Kikyo se encontró demasiado pronto en el festival. Aunque le encantaba la música y la compañía de las amigas de Kagome, extrañó el tiempo que podía compartir con Hojo mientras iban de camino.

El ritmo de la música parecía estar al compás del latido de su corazón mientras Kikyo bailaba. Sus amigas estaban también ahí bailando. El festival estaba lleno de música, luces y algunos de los disfraces más interesantes que Kikyo ni siquiera podía empezar a imaginarse. Era más que increíble. Dio gracias al destino que le había llevado al mundo de Kagome.

Sonrió. Hojo nunca estaba lejos de ella. Entre canciones, iban a buscar algo para beber o comer. Había incluso juegos a lo que podían jugar. Kikyo ganó un gatito de peluche en un juego de tiro con arco.

Fue mientras tensaba la cuerda del arco que se dio cuenta de que ya no tenía sus poderes. Ya no era una sacerdotisa. Esperaba tener un sentimiento de pérdida por sus poderes, por no fue así. Lo único que podía sentir era alivio. Además de un poco de culpa.

Las estrellas brillaban en el cielo cuando Hojo y Kikyo volvían lentamente a casa de ella.

—Quiero que te quedes esto —dijo Kikyo mientras le tendía el gatito de peluche que había ganado—. Para que recuerdes esta noche.

Hojo cogió el animal de peluche con una reverencia.

—Gracias. Pero dudo que fuera a necesitar nada que me recuerde esta noche. —Le abrió la puerta con una dulce sonrisa y esperó hasta que estuviera a salvo en el interior. Kikyo miró por la ventana mientras él se iba, con el animal de peluche metido en su chaqueta.

Mientras se quitaba el maquillaje, Kikyo repasó la noche en su cabeza. Las vistas, los sonidos y los olores habían sido increíbles. Intentó memorizarlos todos. Pero lo mejor de todo fue ese último baile. Fue el baile que compartió con Hojo. Cerró los ojos y esperó poder recordar cada detalle durante el resto de su vida.