Disclaimer: Los personajes y la historia no me pertenecen. La historia es de TouchofPixieDust y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.
Capítulo 22: La nana de Shippo
3 de diciembre
El tiempo se ha vuelto más frío. Tuvimos que detener la búsqueda del espejo de Kanna por hoy. Inuyasha no se quejó como siempre cuando le pedimos que nos detuviéramos. A lo mejor él también tiene frío. ¡Lo único que sé es que me estoy CONGELANDO! No sé por qué no podíamos esperar hasta la primavera para buscar el estúpido espejo.
Estúpido Inuyasha. ¿Es que no sabe que, cuando encontremos el espejo, Kagome nos dejará? Claro que lo sabe, ¡fue él el que me lo dijo!
No quiero que Kagome se vaya. ¡La quiero! Y sé que ella también me quiere a mí, no sé por qué quiere dejarnos. ¡No quiero estar solo! Quiero gimotear y llorar. Qué demonios, voy a gimotear. Eso siempre la despierta.
Gimoteo, gimoteo.
—¿Shippo? —su voz es pesada y aturdida. Aún no está lo bastante despierta. Es hora de sacar la artillería pesada.
Sollozo, sollozo.
—Shippo, cariño… ¿estás bien? —Síp, las lágrimas la despertaron. Siempre funciona. Puedo oír a Inuyasha bufando groseramente en el árbol que está encima de nosotros. Le ignoro. Idiota.
Lo más patéticamente posible digo:
—Tuve una pesadilla. —Eso era cierto. He estado teniendo pesadillas desde que Inuyasha me contó POR QUÉ estamos buscando el espejo. Se han estado haciendo peores cuanto más nos acercamos a encontrarlo.
Kagome se incorpora y me envuelve entre sus brazos. Nos cubre con nuestra manta y se recuesta contra el árbol en donde duerme Inuyasha.
—Háblame del sueño.
—Estaba solo. —Aquí no tuve que fingir las lágrimas. Me aterra estar solo. No recuerdo para nada a mi propia madre. Mi padre cuidó de mí desde que tengo memoria. Cuando fue asesinado, me di cuenta de que estaba completamente solo. Él era la única familia que tenía. Sin hermanos ni hermanas, ni tías o tíos. Sin abuelos, ni primos, ni nada. Solo mi padre y yo.
Y entonces estuve solo yo.
Entonces, llegó Kagome. Me cogió entre sus brazos y me protegió usando su propio cuerpo como escudo. Me abrazó y me mimó. Sí, me malcrió. Lo sé. Y no pienses ni por un momento que no me encanta cada segundo de ello.
Quise a mi padre, de verdad que sí, pero nunca fue muy cariñoso. Era duro conmigo, quería que me convirtiera en un demonio fuerte cuando fuera mayor. Pero sé que se preocupaba, podía verlo por la forma en la que me vigilaba cuidadosamente, siempre preparado para sacarme de algún peligro si hubiera algo a lo que no podía enfrentarme. Era un poco como Inuyasha. Pero no le digas a ese perro estúpido que he dicho eso, lo negaré.
—¿Me cantas una canción? —Le dirijo unos ojos de bebé grandes y llorosos. Nunca puede resistirse a ellos. Probablemente debería sentirme mal por mover así los hilos, pero, oye… ¡funciona!
—¿Ahora?
—¿Por favooooor?
Con un suspiro, me acerca más a ella y empieza a mecerse lentamente de delante atrás. No estoy seguro de si sabe que me mece cada vez que me canta una nana. Deben de ser sus instintos de mamá. Todos están dormidos, así que no me importa ser tratado como un bebé. Bueno, Inuyasha sigue despierto. Vi su oreja moviéndose en nuestra dirección. Puede que se queje de cómo canta, lo que normalmente hace que, cuando estamos andando, cante más alto y a veces desafine, pero siempre está escuchando.
Su voz es suave y baja, intentando ser silenciosa para que solamente yo pueda oírla. Otra vez está cantando sobre el amor, uno de sus temas favoritos para las historias y las canciones. No sé si sabe que Inuyasha también está escuchando. No se lo digo porque no quiero que pare. Se avergüenza demasiado fácilmente. Tengo que admitir que a veces es divertido manipular a Kagome y a Inuyasha para que se peleen, son divertidos de observar.
Pero esta noche no.
Esta noche quiero que me mimen. Esta noche parece demasiado real que ella de verdad pueda dejarnos… dejarme A MÍ. No quiero que lo haga. No me IMPORTA si es egoísta. Quiero que se quede.
Kagome canta más bajo y empieza a acariciarme el pelo. Levanto la vista y veo que sus ojos están mirando a la distancia, a las estrellas. Creo que también está intentando no llorar. No creo que ella quiera dejarme tampoco. Me pregunto si hay un modo de poder convencerla para que se quede. ¿Qué tiene de fascinante ese mundo suyo, de todos modos?
—¿Me quieres?
Kagome para de cantar y me mira y sonríe. Me abraza y frota su nariz contra la mía.
—Sí, Shippo, te quiero mucho.
—¿Me querrás siempre?
—Te querré siempre… y más allá. Sin importar adónde vaya o lo que pase, siempre te llevaré en mi corazón.
Inuyasha me va a matar por hacer llorar a Kagome. Pero necesitaba oírlo. Necesitaba saber que de verdad me quiere. Me sostiene como si su corazón se estuviera rompiendo. Así que hago lo único que puedo hacer… lloro con ella.
Los sollozos se convierten en gimoteos y finalmente me dirige una pequeña sonrisa.
—Nunca sabes lo que te deparará el futuro —me dice—. Tenemos que apreciar los momentos que tenemos.
—¿Una canción más?
Se ríe. Sabía que lo haría. Era supertarde, bueno, temprano, dependiendo de cómo lo mires. No creo que ninguno de los dos tenga la energía para una historia entera o incluso para su canción más corta.
—¿Qué te parece si solo tarareo un poco mientras estamos acostados?
Sonrío ante el arreglo, luego me acurruco junto a ella mientras nos echamos a dormir.
Nota de la traductora: ¡Muchísimas gracias de nuevo por todos los reviews que estáis dejando! No tengo tiempo de responderlos uno por uno porque estos días tengo muchas cosas que hacer, pero me esforcé por sacar algún capítulo extra para agradecer todo el apoyo que le dais a esta traducción.
Mi intención es intentar sacar otro este sábado, pero por si acaso no me da tiempo, el siguiente saldría el lunes.
¡Hasta la próxima!
