Disclaimer: Los personajes y la historia no me pertenecen. La historia es de TouchofPixieDust y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.
Capítulo 25: El desafío del lobo
12 de enero
El demonio oso no me dio por un milímetro. ¡Ni siquiera tuve oportunidad de sacar el arco! A veces pienso que la única forma en la que voy a matar a un demonio es si se atraganta conmigo mientras me traga.
—¿No se supone que los osos hibernan en el invierno? —Realmente no espero una respuesta.
—¡Es un DEMONIO oso, niña! —Por lo menos hoy no me ha llamado todavía por el otro nombre. Empiezo a pensar que la palabra que empieza por «p» es mi apodo. Sango dice que la usa porque es un demonio perro y piensa en nosotros como su manada. Cuando pregunto por qué a ella no la llama así se ríe y le lanza una mirada a Miroku, y se ríen con ganas. Grrrrr.
¿Cuándo fue la última vez que usó mi nombre?
Niego con la cabeza. Dejar que mi mente vague durante la batalla es una buena forma de que me maten. Puede que bromee sobre demonios atragantándose con mis huesos, pero de verdad que preferiría que eso no ocurriese.
Bueno, volviendo a los demonios oso. Los demonios oso no solo son grandes, también son condenadamente rápidos. No creerías que algo tan grande pudiera ser tan rápido. El que me atacó ya está muerto, cortesía de mi demonio perro favorito. Las cosas que me atacan generalmente no tienen una vida muy larga.
Así que eso deja a cuatro demonios oso más. Ups, que sean tres. Sango y Miroku acaban de terminar con ese. Sí que hacen buen equipo. Ojalá él pudiera controlar sus manos errantes…
Me estiro hacia mis flechas. No soy completamente inútil, ¿sabes? Coloco una flecha y me concentro. Puedo sentir mi cuerpo calentándose. Tengo los ojos cerrados, así que no puedo ver el brillo rosa, pero sé que está ahí. Abro los ojos, encuentro mi objetivo y disparo.
¡Ja! ¡Justo en el blanco! ¡Kagome, la Reina del Tiro con Arco, ataca de nuevo! Vale, lo de los poderes de miko también ayuda un poco. ¡Gracias, Kikyo!
El demonio oso se convierte realmente en polvo. Lo único malo de ello es que me drena mucho la energía y tengo que luchar solo por mantenerme despierta. He usado tanta energía estos últimos días combatiendo contra demonios que casi estoy demasiado preocupada por no volver a despertarme como para cerrar mis ojos e irme a dormir.
Cuanto más nos acercamos a Kanna y al espejo, a más demonios nos enfrentamos.
Me encantaría decir que derroté a los demonios que quedaban, pero esa sería una gran mentira. Me hundo en el suelo, ni siquiera tengo energía para parpadear. Oigo a Inuyasha y a Shippo gritando mi nombre desde el otro lado del claro. Giro la cabeza y veo a otro demonio oso detrás de mí que debimos de haber pasado por alto.
Parece que voy a tener que confiar en que mis huesos atraganten a este, después de todo.
Un borrón marrón aparece y de repente estoy sentada sobre mi trasero al otro lado del campo de batalla. Me pregunto brevemente si el teletransporte era un nuevo poder mío. Estos días, no me sorprendería. Entonces, le veo. El demonio lobo. ¿Cuál era su nombre? Ah, sí, Kouga.
—¡Gracias, Kouga! —llamo y le dirijo un saludo amistoso.
Se da la vuelta y me dirige una sonrisa que enseña los dientes. Dice algo antes de correr a unirse a la batalla. No estoy segura de lo que era, demasiado ruido.
Casi me había olvidado de él. Así que esta se convierte en la segunda vez que me salva. Qué pena que no haya traído mi arco y flechas junto conmigo. Ahora vuelvo a estar varada a un lado. Aún no he descubierto cómo usar mis poderes sin las flechas para concentrarlo, así que ahora soy bastante inútil. Claro que puedo poner una barrera aquí y allá, pero no puedo usarla realmente sobre ellos durante una batalla o nuestros ataques tampoco la atravesarían.
Pero antes de que pudiera empezar una loca carrera hacia mi carcaj y mi arco, la batalla había terminado. Sango y Miroku habían acabado con otro demonio oso, Kouga había matado a uno e Inuyasha había matado a los otros dos. Shippo volvía a estar en mi regazo.
—Hiciste un gran trabajo distrayendo a los demonios con tu magia de zorro. Y no pienses que no vi ese increíble escudo protector que pusiste alrededor de Inuyasha. Estoy orgullosa de ti. ¡Todo ese trabajo duro de verdad ha valido la pena! —Le aparto el pelo de los ojos. Él hincha el pecho con orgullo.
Tampoco se lo digo solo para hacer que se sienta bien. Shippo realmente hizo un gran trabajo proyectando ilusiones que despistaron a los demonios. Y la barrera en la que había estado trabajando funcionó de verdad. No sé si el equipo sabe el buen recurso es.
Creo que Inuyasha lo sabe. Y creo que por eso es por lo que es un poco duro con él. Sería terriblemente fácil para el pequeño crecerse demasiado. Aunque es importante que confíe en sus habilidades, sería muy peligroso para Shippo que estuviera demasiado seguro de sí mismo. Sigue siendo un demonio pequeño y se le dan mejor las maniobras defensivas que las ofensivas. No quiero ni pensar en lo que pasaría si se encargara él solo de un demonio fuerte. Aunque no me gusta cuando discuten, tengo que admitir que Inuyasha está haciendo un gran trabajo entrenándolo. Es una pena que Shippo no lo vea.
Sé que no debería mimarlo. De verdad, lo sé. Es un demonio y tiene que aprender a ser un demonio… ¡pero es que no puedo evitarlo! Me dirige esos ojos y todos mis instintos maternales empiezan a gritarme.
El sonido de maldiciones llena de repente el aire y tapo los oídos de Shippo… o al menos lo intento. Levanto la vista y veo a Kouga y a Inuyasha pareciendo como si fueran a pelearse. Me levanto de un salto y me pongo entre ellos. Lo último que necesitamos es un innecesario derramamiento de sangre… especialmente entre aliados.
—¿Qué pasa?
Antes de que deje salir una palabra más de mi boca, Kouga ha agarrado mis manos y me ha acercado a él. Me mira intensamente a los ojos. Esos son los ojos más azules que he visto nunca. ¡Nunca!
—He venido para llevarte a casa.
¿Le he oído bien? ¿Kouga me va a llevar a casa? ¿Era eso siquiera posible?
—Pensé que teníamos que usar el espejo.
Inuyasha interrumpe con otra sarta de maldiciones y me aparta de Kouga de un tirón. Inuyasha me agarra por la cintura, pone un pie en medio del estómago de Kouga e intenta empujarlo. Es una pena que el demonio lobo no soltara mis manos.
—¡Me vais a arrancar los brazos! —grito. No estoy bromeando. Ambos son extremadamente fuertes y podía sentir los huesos empezando a separarse de sus articulaciones.
Gracias a las estrellas que Inuyasha me suelta inmediatamente. Desafortunadamente, Kouga toma esto como una victoria y decide que yo soy el premio. Me lanza sobre su hombro y ¡despega como un tornado! Las maldiciones de Inuyasha y los gritos de Shippo desaparecen pronto. Todo el mundo es un borrón de colores… y yo empiezo a sentirme un poco enferma… como si hubiera montado en una montaña rusa con muchas vueltas demasiadas veces seguidas.
—¡Para! —grito una vez que recupero la voz.
No comenta nada, solo endurece su agarre sobre mí.
—¡Por favor! ¡Me voy a poner enferma! —Eso hizo que se detuviera apresuradamente.
Una vez que mis pies estuvieron en el suelo, corrí hacia los arbustos y empecé a vomitar. Ver toda la sangre y las vísceras en la batalla ya fue bastante duro para mi pobre estómago, pero el dolor de mis brazos, ser zarandeada como una muñeca de trapo y la veloz huida fue más de lo que pude soportar. Por supuesto, el olor de mi malestar solo continuó haciéndome sentir todavía más enferma. Así, el ciclo continuó hasta que no me quedó absolutamente nada en el estómago. También existe la posibilidad de que mi estómago esté en alguna parte entre ese lío… nunca se sabe.
No estoy segura de qué estuvo haciendo Kouga mientras estaba indispuesta, pero sé que no me estaba ayudando apartándome el pelo (aquí no vamos a entrar en detalles), o acariciándome la espalda o haciendo algo más para tranquilizarme. Probablemente, parecería asqueado. Como he dicho, no lo sé, estaba un poco ocupada en ese momento. Después de terminar, me apoyé contra un árbol y cerré los ojos.
Según resultó, el estar yo tan indispuesta fue para mejor. Le dio a Inuyasha tiempo para alcanzarnos. Fue un infeliz medio demonio perro cuando vio en el estado en el que estaba yo. Casi podía jurar que los ojos se le pusieron rojos. Usó todas las palabras para maldecir que yo conocía, además de un montón de otras palabras que asumí que eran juramentos, ya que era lo único que parecía estar usando en ese momento.
Tras cuestionar la herencia de Kouga, su linaje y preferencia sexual, el demonio lobo finalmente recuperó la cordura y empezó a contraatacar.
Normalmente, habría intentado detener una pelea innecesaria. Pero el lobo era responsable de mi estómago y del terrible lío en el que estaba, así que al infierno con él. Mientras Inuyasha no lo MATE, me mantendré aparte… a lo mejor solo hiere un poco al lobo.
—¡Si vuelves a tocar a Kagome, te arrancaré la garganta! —amenaza Inuyasha, bueno, también hubo algunos juramentos añadidos en esa frase. «Promesa» probablemente sea una palabra más adecuada que «amenaza», en realidad. Parecía perfectamente dispuesto a arrancar algunas gargantas allí mismo.
—¡Es mi mujer, la reclamé! ¡Tengo derecho a tocarla!
Eh, eh, eh. ¿Qué?
Antes de que pueda preguntar de qué demonios estaba hablando, siento algo suave contra el dorso de mi mano. Miro hacia abajo. Es Shippo. Me está dando palmaditas en la mano, intentando consolarme. Le sonrío, intentando calmar su preocupación.
De repente, me dio cuenta de que Inuyasha ha perdido prácticamente la cordura y que de verdad va a matar a Kouga. Bajo la vista hacia Shippo. ¡Oh, no! ¡Delante de Shippo no!
—¡Parad ya con esta pelea! —grito. Naturalmente, ninguno me hizo caso. Así que hice algo por lo que recibiré reprimendas durante las próximas semanas. Salté y me interpuse entre los demonios combatientes.
Bueno, eso detuvo la pelea. Inuyasha consiguió cambiar la dirección de su salto de alguna manera en el último momento. Fue la primera vez que lo vi asustado de verdad. Desafortunadamente, como estaba muy perdida en esta nueva emoción de sus ojos dorados, no estaba prestando atención al demonio lobo que había estado corriendo a toda velocidad hacia Inuyasha.
¡Uf!
No puedo respirar… y sufro. Hay voces enfadadas a mi alrededor. Pero no puedo entender nada. Au. Creo que estoy acostada sobre una roca. Oh, por favor, que sea una roca y no una costilla rota.
El dolor es increíble. Siento como si mi cuerpo estuviera ardiendo. Incluso si quisiera ser fuerte y contener los gemidos, no creo que pudiera. Además, duele demasiado como para incluso fingir ser fuerte. Moví mis dedos. Bien, no están rotos. Los dedos de los pies también parecen estar bien. Oigo a gente hablando y alguien me coge la mano. Si no estuviera siendo sostenida de una manera tan dulce, habría jurado que era la mano de Inuyasha sosteniendo la mía.
Abro los ojos para encontrarme mirando una vez más al oro. Sonreí. Por lo menos creo que lo hice. Fruncí el ceño y cerré los labios, entonces pasé la lengua por mis dientes. Con un suspiro de alivio, sonreí otra vez. Uf, estaban todos mis dientes. No es que hubiera visto precisamente muchas señales de que hubiera dentistas por aquí. Tomé nota mental de empezar a prestar atención a mi higiene dental.
Sangre que no había estado ahí cuando vino a rescatarme teñía la cara de Inuyasha y su ropa. Espero que no haya matado a Kouga delante de Shippo.
—¿Está muerto? —pregunto con una voz como el papel de lija.
Al principio, Inuyasha pareció herido, luego triste, luego enfadado, ¡luego completamente furioso! Hubo más emociones de las que nunca le había visto, creo. Y todo en un abrir y cerrar de ojos.
—¿Eso es lo primero que dices cuando esa COSA casi te mata? ¿Casi MUERES por SU culpa y SU salud es por lo primero por lo que preguntas? —Me soltó la mano y se dio la vuelta, enfurruñado.
—No quería que lo mataras delante de Shippo —susurro. No estoy segura de si me oyó, pero su oído es realmente bueno, así que probablemente sí que me escuchó.
Intento incorporarme, pero Inuyasha me empuja de nuevo hacia abajo. Ya no parece enfadado.
—Descansa.
Gruño de una forma nada fina.
—Creo que estoy acostada sobre una roca.
Inuyasha me dirige una especie de sonrisa, me pone de costado y tira la roca. Estoy segura de que fue completamente accidental que rebotara en la cabeza de Kouga.
—No puede hacer eso, ¿verdad? —Se me ocurrió que este mundo tiene muchas costumbres extrañas de las que no soy consciente. Y, al ser un demonio, puede que él tenga incluso más.
—¿Hacer qué?
Miro a Kouga con curiosidad. Shippo le está dando con un palo para ver si está vivo. Miroku está intentando evitar que Sango golpee lo que queda del lobo hasta reducirlo a una pasta blanda. Vuelvo a mirar a Inuyasha.
—Reclamarme… no puede hacerlo, ¿verdad?
Bufó.
—No puede tenerte.
—Pero ¿PUEDE? —Que estoy entrando mucho en pánico…
Inuyasha suspira enfadado, lanzándole una mirada fulminante al demonio lobo.
—Los demonios reclaman a sus parejas, a sus compañeros para toda la vida. Como tus padres. Si no estás reclamada… entonces, puede intentar reclamarte. Pero tendrías que aceptarlo antes de que podáis convertiros en compañeros.
¡Uf!
—Entonces, mientras no le acepte, no puede reclamarme.
Unos duros ojos dorados me miran, intentando decirme algo sin DECÍRMELO en realidad.
—Dije que no seréis COMPAÑEROS.
—Pero ¿aun así pueden reclamarme? —Hay un ligero tono de histeria en mi voz que no pude contener.
Ser «reclamada» no sonaba nada bien. De hecho, sonaba muy, MUY mal. De repente, el inconsciente demonio lobo que estaba siendo golpeado constantemente con un palo afilado parecía mucho más peligroso.
—No seas estúpida —me regañó Inuyasha mientras me daba un golpecito en la cabeza—. Ya he dicho que no puede tenerte. Así que deja de parecer tan asustada.
El aire se escapa de mis pulmones con alivio. Me volví a sentir a salvo, así que cerré los ojos. Lo primero que haré cuando me levante va a ser tomar un buen baño largo. Pero por ahora, lo único que quiero hacer es descansar un poco. Podemos seguir buscando el espejo cuando me despierte.
