Disclaimer: Los personajes y la historia no me pertenecen. La historia es de TouchofPixieDust y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.

Capítulo 26: Kanna, Naraku y dulces de San Valentín

14 de febrero

Kikyo sonrió mientras ponía las flores en el florero de la mesilla de noche. Hojo le había vuelto a traer flores. El primer día del mes le trajo una margarita. Al día siguiente, le trajo un tulipán. Al tercer día, le trajo un lirio. Cada día le traía una flor diferente. Esa noche le había traído una rosa roja.

Cerró los ojos y olió la flor. El sentimiento de su interior estaba creciendo. No podía contenerlo, así que soltó una risa y giró sobre sí misma. En el espejo apenas podía reconocer a la chica que sabía que era ella. Su sonrisa era real, sus ojos chispeaban y estaba relajada. La chica del espejo era feliz. Y esa noche llevaba puesto un bonito vestido rojo esperando a que Hojo viniera para llevarla a cenar para celebrar el Día de San Valentín.

Justo cuando iba a coger su bolso y a bajar las escaleras, Kikyo vio que el espejo brillaba. Giró la cabeza y cerró los ojos. Cada vez que veía ese brillo, sentía que su corazón se apretaba de miedo. Miedo de que su feliz vida nueva le fuera a ser arrebatada.

¿Por qué ahora? Intentó apartar su frustración y se giró hacia el espejo.

Kagome parecía sorprendida de verla. Evidentemente, se había estado lavando la cara en el agua, no buscando encontrar a Kikyo.

Durante unos instantes, simplemente se quedaron mirando fijamente. Luego, Kagome sonrió.

—¿Vas a algún sitio especial?

Kikyo se sintió incómoda. ¿Cómo reaccionaría Kagome a que saliera con el chico que la había estado cortejando durante años?

—Es el Día de San Valentín —dijo Kikyo ni confirmando ni desmintiendo.

Kagome pareció sorprendida.

—Lo había olvidado…

—¿Qué es el Día de San Valentín? —Kikyo vio que el pequeño demonio zorro le preguntaba a Inuyasha al fondo. Inuyasha se encogió de hombros.

—Es un día que celebra el amor. —Kagome se giró y lo explicó rápidamente—. Le das regalos a la persona que amas, como una tarjeta, o dulces o flores… a veces joyas.

—¿Como un collar? —preguntó Shippo riéndose por lo bajo mientras tiraba del rosario de Inuyasha.

Kikyo vio que Kagome ponía los ojos en blanco al mirarlos y que regañaba al demonio perro por golpear al zorrito en la cabeza. Aún dejaba estupefacta a Kikyo que Inuyasha dejara que la chica le regañara mientras trataba de parecer inocente. Había sido tan serio y feroz cuando ella lo había conocido.

Finalmente, Kagome se volvió de nuevo hacia Kikyo con una sonrisa.

—¿Vas a ir a algún sitio especial? Estás preciosa.

—Gracias. ¿Ya habéis encontrado a Kanna y el espejo?

Kagome parpadeó ante el rápido cambio de conversación y la falta de respuesta. No era su imaginación… Kikyo estaba definitivamente evitando el tema. Se sentó y negó con la cabeza.

—Aún no, pero estamos cerca. También creemos que ella está en el mismo sitio que Naraku. Creo que vamos en la dirección correcta… pero no estoy segura de adónde ir a continuación exactamente. ¿Hojo y tú habéis encontrado ya alguna pista?

Kikyo se sonrojó ligeramente y se apartó del espejo para sacar los apuntes que Hojo y ella habían recopilado.

—Lo hemos localizado en una región montañosa. Debería haber un río al pie y una cascada. Hay una entrada detrás del agua que cae. Atravesad esa caverna y finalmente encontraréis dónde está viviendo Naraku.

—¿Qué montaña? ¿Qué cascada? ¿Se piensa que podemos examinarlas todas? —estaba preguntando bastante impacientemente un exasperado Inuyasha.

Kikyo le lanzó una mirada fulminante y cerró de golpe su libreta. Justo cuando iba a tirársela al espejo y a decirle al hanyou lo que podía hacer con ella, entró Hojo en la habitación. Se miraron, sonrieron tímidamente, luego se sonrojaron. Hojo también iba vestido de manera elegante y llevaba más rosas.

—¡Oh! ¡Kagome! —Hojo se dio cuenta del espejo que estaba detrás de Kikyo y saludó a su amiga.

—Hola, Hojo. Estás elegante. ¿Vas a algún sitio especial? —En cuanto salieron las palabras de la boca de Kagome, se dio cuenta de lo que estaba pasando y de por qué Kikyo estaba decidida a no dejarle saber adónde iba. Se quedó callada, lo que provocó que al demonio perro le entrara la curiosidad y observara más de cerca. A Shippo también le picó la curiosidad.

Kikyo había estado mirando fijamente al suelo como si fuera la cosa más interesante que hubiera visto nunca, luego respiró para coger valor y levantó los ojos lentamente para encontrarse con los de Kagome. Había esperado dolor, confusión, ira o traición. No se había esperado ver una ligera sonrisa de comprensión. Pero era una sonrisa triste, la misma sonrisa que había visto en su propio rostro cuando se le ocurrió que, por muy maravillosa que fuera la vida aquí, era solo temporal. El tiempo que pasaba con Hojo era tiempo pasado intentando ayudarla a ella, y a Kagome, a volver a sus propios hogares.

Kagome le sonrió tristemente a Kikyo. La chica estaba locamente enamorada de Hojo. Era fácil verlo a juzgar por los ojos. Y él estaba igual de encariñado con ella. Nunca había mirado a Kagome de aquella manera. No estaba triste por la pérdida de su anterior pretendiente. No, estaba verdaderamente feliz de que hubiera encontrado a alguien a quien amara de verdad. Solo que era triste que, una vez que encontraran el espejo que estaban buscando, se perderían el uno al otro. Volvió a mirar a Inuyasha y a Shippo. Al igual que yo los perderé a ellos.

—El oeste —dijo Hojo.

—¿Eh? —Muuuy elocuente, Kagome, se burló de sí misma.

—Las montañas están al oeste. Aunque deberíais tener que cruzar un páramo antes de llegar a ellas. Será peligroso. Tened cuidado con la deshidratación, no hay ninguna fuente de agua en el páramo.

—Gracias —dijo Kagome—. Ambos habéis sido de mucha ayuda. Son muy buenas pistas. Ahora encontraremos las montañas enseguida. —Kagome intentó sonar fuerte y alegre. Pero no engañaba a Kikyo, ni a cierto demonio perro de expresión preocupada—. ¡Que tengáis una buena cena! ¡Feliz Día de San Valentín!

Kagome y Kikyo intercambiaron sonrisas tristes. Luego, Hojo extendió su brazo hacia Kikyo y salieron de la habitación sin mirar atrás.