Esta historia será contada en modo Racconto. Olvide mencionar que contiene OoC debido al embrollo sentimental.

Nota de los signos:
« » = pensamientos.
Racconto: cuenta la historia en algún punto del pasado hasta llegar al presente, la narración es más extensa que un flashback.

Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.

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Capítulo 2
Día 1

Racconto - Hace un par de años…
Verano

Había algo en esa mañana que lo hizo despertar malhumorado. Podía deberse a que en ese día habían pronosticado lluvias en la zona y rutas aledañas haciendo de esa mañana un día nublado; o tal vez era Shauntal la que lo ponía de nervios hablando una y otra vez sobre cómo tenía que aceptar la verdad de los hechos; o posiblemente, eran imaginaciones suyas. Pero no era así, pues en ese instante una parte de su causa de malestar hizo acto de presencia al otro lado del corredor.

Caminando con su paso elegante y metódico, por así decirlo, se acercó el joven valet de la nueva integrante, o como Grimsley le llamaba: la niña mimada. El joven valet los saludó con honoríficos, tras el breve intercambio de palabras les preguntó en dónde se encontraba la cocina, ya que por costumbre tenía que preparar el desayuno de la Lady. Sin decir ni una palabra Grimsley desvió la mirada. Shauntal por su parte contestó de manera amable dándole con preciso detalle sobre cómo llegar a la cocina. Tras la detallada explicación, dio las gracias y se retiró.

Grimsley dio media vuelta y regresó por el pasillo por donde venía, tenía que apaciguar su malhumor y solo podía encontrar a una persona como respuesta. Seguido de cerca por Shauntal dobló en algunos pasillos y subió un par de escaleras, al final llegó al lugar que buscaba. Sin llamar a la puerta y esperar una respuesta entró de golpe.

—¿Por qué? —demandó.

—Parece que esa frase se está volviendo muy recurrente. —Alder despegó la vista del periódico que leía para ver al par que entró sin llamar.

Grimsley frunció el ceño, sus celestes ojos lucían cristalinos y fríos que parecían querer atravesar a Alder. Por su parte el campeón sabía muy bien lo que pasaba por la mente de él; y como no saberlo, después de todo les prometió reunir a todos, pero ese todos se perdió en alguna parte del camino.

—Grimsley…

—No quiero escuchar ninguna escusa. —le atajó— Solo dime ¿por qué?

Alder se quedó callado, no sabía cómo explicarlo, porque decir: fue una acción del momento, no era una respuesta viable. Aunque en realidad no lo fue para él.

—Aunque la encontráramos nada nos podía asegurar que ella iba a aceptar. —habló Shauntal con una débil voz como un hilillo.

—Eso no importa. —repuso Grimsley.

Alder rascó su cabeza con cierta pereza y rodó los ojos. Ah claro, siempre tan obstinado. ¿Cómo es que lo había olvidado?

—Yo también quiero saber. —habló Marshal llegando al lugar tomando a todos por sorpresa— Yo también quiero saber por qué lo hizo, maestro.

Y ahí estaban, tres contra uno; aunque Shauntal todavía no había dicho nada pero de seguro lo pensaba.

—Por qué no lo averiguan ustedes mismos. Si se dan la oportunidad de conocerse estoy seguro de que lo descubrirán. —rascó su oído para darles a entender que no iba a escuchar palabra alguna.

Marshal y Grimsley se cruzaron de brazos, Shauntal ladeó la cabeza y comenzó a dar suaves golpecitos en su labio inferior con su dedo índice. ¿Intercambiar algunas palabras con la niña mimada les podría decir algo? Quizás, a lo mejor…

Los tres salieron del cuarto de Alder. Por un tiempo siguieron dándole vueltas a sus palabras. Pero nada, nada de eso podía hacerlos cambiar de opinión, ya estaban determinados.

Grimsley frunció el ceño y comenzó a caminar.

—¡Espera! —dijo Shauntal corriendo detrás de él— ¿Qué piensas hacer?

Grimsley se detuvo de golpe.
—Por ahora, solo quiero estar solo. —la miró por sobre su hombro y continuó su caminar.

—Igual que siempre. —dijo Marshal al verlo partir sumergido en su propio mundo.

Shauntal permaneció ahí, quieta, inmóvil. Marshal la vio desde atrás, conocía a la perfección ese silencio. Se acercó a ella, intentó colocar su mano sobre el hombro derecho de ella pero se contuvo y fingió estar desentumiendo su mano.

—Por qué no vamos tú y yo a hablar con ella. —dio media vuelta y comenzó a andar.

Algo absorta de sí, Shauntal asintió sin dejar de mirar la espalda de Grimsley.

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Con tremenda energía se levantó de la cama, se puso su bata y acomodó su cabello. Mientras iba tallando sus ojos caminó hacia el baño de su recamara, por un instante no le había prestado atención a su entorno hasta que chocó contra la pared. Sobándose la frente vio por entre sus dedos su entorno, aquel lugar no era el castillo, no, no lo era, era otro lugar. Sus grandes ojos turquesa observaron cada rincón meticulosamente, por fin cayó en cuenta, estaba a kilómetros de casa en una región desconocida. Desconcertada por la decisión que había tomado, dejándose llevar por el momento, bajó la mirada con cierta tristeza, todo había quedado atrás, todo lo que ella era quedó atrás. Apretó se mano izquierda contra su pecho, quizás no fue la mejor elección…

—Me alegra ver que sigue madrugando a pesar del cambio de horario.

El joven valet que había entrado a su cuarto cargando la bandeja con el desayuno, con su sola presencia hizo que Caitlin bajara su mano y caminara hacia él olvidándose por completo de todo. Después de todo Darach aun seguía con ella, y más que un valet lo consideraba un amigo aunque él no lo pensara de esa forma.

Tras terminar de desayunar, porque Caitlin insistió en que comieran juntos y terminaron dividiendo el cereal, la fruta y el jugo, la joven iba a vestirse para salir a conocer el lugar, sin embargo, se detuvo frente al ropero repasando los hechos. Ya no estaba en el castillo, ya no había una apariencia que cuidar, nadie la juzgaría… Y la luz se hizo en su rostro.

—Puedo hacer lo que quiera. —susurró.

Maravillada con la idea salió de su cuarto vistiendo su bata que cubría su camisón rosado. Parado al lado de su puerta en el pasillo estaba Darach que quedó sorprendido al verla así. Caitlin le explicó de la manera más concisa lo que pasaba por su mente y se fue brincando de alegría. Darach permaneció desconcertado ante la nueva actitud de la joven dama pero no le dio mucha importancia y comenzó a caminar detrás de ella.

A pesar de que había cuatro personas más, en todo el tiempo que recorrieron el recinto jamás los vieron. Por un instante Caitlin pensó estar viviendo una especie de sueño, aquella soledad no era algo normal.

—Qué le parece si damos un paseo afuera. —le sugirió Darach.

Caitlin lo volteó a ver y asintió levemente.

Mientras la joven se encaminaba hacia la salida, Darach dio un vistazo de reojo al lugar. Recordó lo que había pasado esa mañana: La actitud fría por parte del hombre, que en ningún momento le dirigió la mirada y mucho menos la palabra; también estaba la actitud de la mujer, que a pesar de que fue amable en darle las indicaciones notó en su voz un leve toque de amargura. Cerró sus ojos y se ajustó lo lentes, no creía conveniente decirle eso, no quería romper su burbuja de ensueño en la decisión que había tomado, pero si las cosas continuaban así tendría que verse en la obligación de decirle la verdad y tener que regresar a Sinnoh.

Cuando salieron del recinto no pudieron evitar quedarse en seco. Los ojos de ambos vieron a su alrededor y después hacia el inmueble, en perfecta coordinación los dos se sobresaltaron y se llevaron una mano al pecho por la impresión. El día de ayer no lo habían notado ya que llegaron en la noche y como había sido un día exhausto se dejaron caer como piedras sobre sus camas; pero ahora que lo veían de día sí que se llevaron una gran sorpresa.

—Que lúgubre. —dijo Caitlin.

Darach no dijo ni hizo nada.

En verdad era un lugar lúgubre, incluso podía considerarse deprimente. El edificio tosco, que ni siquiera podía ser considerado gótico ya que hasta la arquitectura gótica tiene su toque, lucía un color marrón. Por si fuera poco el lugar donde se encontraba era árido, ni una rama o raíz seca a la vista. Y tampoco ayudaba el clima de ese día, las nubes bajas y grises que parecían girar alrededor del recinto terminaba por darle a ese lugar un aura deprimente.

—Es la primer Liga Pokémon que veo muy apagada. —dijo por fin Darach.

—Aja. —contestó Caitlin por inercia.

Luego de contemplar el lugar decidieron continuar con su paseo. Posiblemente encontrarían algún lugar alegre, pero en esa tierra árida comenzaban a dudar de que en verdad existiera. Ya habían rodeado la mitad del recinto, la esperanza de encontrar vida se desvanecía. Después de tanto andar decidieron que ya era hora de entrar, pero lo harían por la puerta trasera pues no les hacía mucha gracia tener que rodear el lugar.

A partir desde ahora sucederían muchas cosas que cambiarían la visión de todos ellos, pero la primera y más significativa fue en ese día de verano. La fresca brisa que anunciaba la lluvia del día, se anunció llevando consigo un fresco aroma que por leve que fuera Caitlin lo percibió. Deleitándose con él se giró para ver a Darach y averiguar si él también lo había percibido, pero comprobó que no fue así, por lo visto su atención estaba en el cielo y parecía más preocupado por el clima.

—Tenemos que regresar. —habló Darach sin despegar la mirada.

Caitlin asintió, quizás lo que percibió fue producto de su imaginación. Caminando a la par con Darach se dirigió hacia la puerta del recinto; la fresca brisa volvió a soplar y con ella el agradable aroma atravesó su nariz e inundó sus pulmones para quedarse ahí. Un leve gesto se dibujo en su rostro. No, aquello no fue producto de su imaginación.

—¿Señorita? —Darach la vio correr.

Guiada por el susurro del viento lo encontró. Encantador y misterioso, sin duda un lugar de otro mundo. Caitlin permaneció ahí parada contemplando su descubrimiento. Pero en realidad no fue ella quien lo encontró, más bien fue ese algo quien la llamó.

El mágico lugar que te invitaba a pasar, a pesar de su descuidado pasto alto, arbustos desproporcionados, flores marchitas, tenía esa aura mística que muchos denominarían: un no sé qué. Y así fue como Caitlin denominaba ese sentimiento que la embargó en ese instante. Se dejó llevar por la magia en el aire, acarició las flores de tulipanes, pisó con cuidado las ramas secas, se alejó de una peculiar maraña de hojas rasposas, y, fue golpeada por un extraño objeto redondo y naranja que cayó de un árbol.

―¡Auch! ―se sobó la cabeza al mismo tiempo en que levantaba el objeto.

Sus grandes ojos turquesa miraron con detenimiento la fruta, era una naranja. El árbol del que había caído era un naranjo, algo descuidado ya que no estaba podado y mucha fruta se pudría en las ramas y en el suelo. Pero esa naranja aun no lucia madura, algunas partes seguían verdes. Miró al árbol, algo entre las ramas se agitó. Unos orbes verdes se clavaron sobre ella, un escalofrío le recorrió cuando vio a ese animal acomodándose sobre la rama y afilando sus garras.

―Atrás señorita. ―Darach llegó y se interpuso entre el felino y ella.

Sin embargo, el animal los ignoró y se acodó en la rama listo para dormir dando un gran bostezo.

―Es un animal muy manso. ―dijo una voz.

Los dos se giraron a ver al par que llegaba.

Como una sombra purpura el felino saltó de la rama, utilizó al hombre alto y fuerte como un trampolín para brincar sobre la mujer y tumbarla en el acto.

―Basta Liepard. ―dijo Shauntal entre risas mientras el felino la lamia.

―¿Es de alguno de ustedes? ―inquirió Darach.

―Mmm.. Algo así. ―dijo Marshal desviando la mirada.

―Es de Grimsley, el otro miembro. ―habló Alder metiéndose en la conversación y tomando a todos por sorpresa al llegar al lugar.

Caitlin puso una cara de duda, aún no conocía a todos.

El felino dejó a Shauntal y corrió hacia Alder para frotar su cuerpo contra las piernas de éste y ronronear.

―Veo que han encontrado el jardín. ―dijo Alder acariciando a Liepard.

Los cuatro ladearon la cabeza y giraron sobre sí para mirar. Aquello no parecía un jardín más bien lucía como una selva.

―Este jardín lo construyó un miembro anterior. ―habló Alder― Le gustaba creer que todos eran como flores creciendo ante la adversidad. ―Y extendió su brazos señalando el lugar.

―Qué hermoso pensamiento. ―dijo Shauntal.

Alder arqueó una ceja.
―¿En serio? En mi opinión eso suena cursi.

El resto asintió. Shauntal los miró y bufó.

―No nos hemos presentado como es debido. ―dijo Marshal estirando su mano hacia Caitlin― Soy Marshal, experto en artes marciales y a eso me dedico con mis pokemon de tipo lucha.

Caitlin estrechó su mano con un agarre flojo, tímido. Por otro lado Darach agarró la mano de Marshal con una fuerza que parecía oírse el quebrar de los huesos.

―Ella es Shauntal. ―dijo Alder señalándola― Es escritora y amante del terror, por eso se dedica a entrenar pokémons de tipo fantasma. Pero siempre la veras perdida en su mundo de fantasía…, como ahora.

La mencionada tenía la mirada perdida en el jardín dando pequeños suspiritos como lo haría una enamorada.

―Mi nombre es Caitlin. ―su voz sonaba como un susurro, luego se quedó callada. ¿Qué más definía a la joven Caitlin? Dio un suspiro pesado y agachó la mirada. «Supongo que no hay más qué decir.»

Alder rascó su cabeza y luego chocó sus manos con tremenda energía.
―Que les parece si nos conocemos mejor.

Todos voltearon a verlo.

―Con un combate pokemon. ―levantó su dedo índice.

―¿Uno a uno? ―dijo Marshal.

―No. ―Alder los señaló― Un combate doble; ustedes son dos, ellos son dos.

Los cuatro intercambiaron miradas.

Shauntal y Marshal vs. Caitlin y Darach

Alder se acomodó en el suelo para estar más a gusto, Liepard se acurrucó contra él metiendo una parte de su cuerpo debajo del poncho, ambos miraban la batalla con interés. Y es que había algo en esa batalla que era… diferente.

Marshal y Shauntal mantenían una perfecta coordinación cubriéndose las espaldas. A pesar de que sus pokémons, Medicham y Drifblim, no se conocían trabajan muy bien juntos. Drifblim detenía los ataques con su poder psíquico o los desviaba, por el otro lado Medicham atacaba con sus fuertes patadas y puños. En ocasiones cambiaban de lugar pero ninguno atacaba al mismo tiempo, se turnaban para no interferir. Todos los ataques eran directos y precisos.

Caitlin y Darach, tenían una buena coordinación pero no era perfecta. Aunque sus pokémons se conocían, en ocasiones sus ataques chocaban creando nubes de polvo dificultando la visibilidad. Gallade y Empoleon estaban bien entrenados, el pico de Empoleon era tan fuerte que perforaba la piedra como sin nada, y las filosas cuchillas de Gallade zanjaban la tierra cuando desviaba un ataque. Ataque y compañerismo mutuo.

Pero la batalla no era diferente debido a eso, no, claro que no. La batalla era diferente debido a Caitlin, la nueva integrante. Los ataques de su Gallade brillaban en cierta forma, cada vez que usaba sus cuchillas daba un giro envolviéndose en ellas y blandiéndolas como un espadachín que hace cortes cruzados en el aire. Cuando esquivaba lo hacía saltando hacia un costado o hacia atrás cayendo con gracia al dar un salto mortal. También estaba el conjunto con Empoleon, cada vez que el pokémon lanzaba un ataque de agua Gallade lo utilizaba para darse impulso y terminar atacando con más fuerza hacia el rival; y eso era lo que provocaba que los ataques de ambos chocaran, Empoleon no estaba acostumbrado a embellecer sus ataques pero aun así esa batalla que mantenían parecía como un baile, donde Gallade y Empoleon eran los únicos en la pista danzando de manera bella y elegante.

―Lo hace como si estuviera en un concurso pokémon. ―rió Alder.

Brincando, corriendo, esquivando, la batalla estaba en todo su esplendor. Empoleon se abalanzó contra Medicham con su largo pico que parecía un taladro, pero Drifblim lo detuvo dando una acrobacia por el aire, y no fue lo único que hizo el pokemon globo pues estado en el aire dio varias vueltas haciendo ondear sus extremidades dando aquello la imagen de un amplio y largo vestido. Gallade aprovechó la oportunidad para atacar a Drifblim, sus cuchillas destellaron de un color violáceo y se envolvió en ellas que parecía un tornado. Sin embargo, caído desde el cielo fue bloqueado por una patada de Medicham haciendo que las cuchillas del pokémon se enterraran centímetros en el suelo.

En algún momento aquella batalla dejó de ser eso y se convirtió en un juego de niños que disfrutaban los pokémons y sus entrenadores. Empoleon atacando desde atrás con un remolino de agua donde curiosamente Gallade surfeaba, y los dos brillaban bajo aquellas gotas de agua. Medicham y Drifblim haciendo un conjunto psíquico creando una burbuja alrededor de ellos donde las leyes de la física dejaron de existir… En ese instante Shauntal y Marshal lo comprendieron. Aunque sea una parte, lo comprendieron. Los ojos de sus pokémons les mostraron el camino que Alder trataba de explicarles. Pero tardarían mucho tiempo en ver el mundo de la forma en cómo lo veía Caitlin; y ella también tardaría en comprender el mundo a través de los ojos de sus nuevos compañeros. Después de todo, el mundo no es lo que parece.

―¡Esto es emocionante! ―gritó Shauntal dando de brincos― ¡Drifblim, vamos con todo!

El pokémon se agitó de un lado al otro debido a la emoción de su entrenadora. Y no fue el único. Marshal corriendo por todo el campo de batalla junto a su pokémon también lucía divertido cuando hacia la mímica de los movimiento de Medicham.

―No vamos a dejar que Shauntal y Drifblim nos opaquen ¿verdad, compañero?

El pokémon negó con la cabeza y di un brinco para adelantarse.

Alder no pudo evitar reír cuando vio eso.

―Señorita. ―Darach le dedicó una sonrisa― Me parece que ha llegado la hora de mostrar nuestra mejor combinación.

Con su sonrisa más grande que abarcaba de oreja a oreja Caitlin soltó un fuerte lleno de energía.

En medio de la lluvia que se había desatado Empoleon tenía la clara ventaja. Todos sus ataques de agua fueron asertivos y rudos; escondido entre esos ataques iba Gallade tomando por sorpresa a los otros dos pokémons. Un golpe agudo con sus espadas causo que Medicham retrocediera, cuando retrocedió fue golpeado por un ataque de agua de Empoleon que lo mando hasta el otro extremo del campo de batalla.

―Mmm… los dos se juntaron para derribar a uno. ―dijo Alder.

Medicham se incorporó con dificultad, Marshal se llevó su puño a la boca mientras pensaba qué hacer.

―¡Trueno! ―gritó Shauntal.

Una luz cegadora envuelta en un rugido proveniente del cielo golpeó con fuerza la tierra. La tierra se cimbró que parecía cuartearse y sucumbir ante un terremoto. En cuestión de milisegundos la fachada del recinto quedó opacada por una nube de polvo de varios metros de altura. Tardó mucho tiempo en que se disipara el polvo, cuando lo hizo el campo de batalla había sido carbonizado, y algunas partes del suelo habían desaparecido.

En medio del árido terreno los pokémons estaban inconscientes incluyendo al invocador. Los entrenadores por fortuna salieron ilesos debido a la fuerte onda expansiva que los mandó volando.

―Voy a detener esta batalla antes de que Shauntal nos electrocute. ―dijo Alder levantándose con la ayuda de Liepard.

―Aja. ―dijeron todos al tiempo en que se incorporaban y se sobaban.

El ataque los había tomado por sorpresa, pero más sorprendente fue lo que vino después. Recordaron que al lado de ellos estaba el jardín, preocupados voltearon a verlo, pues a pesar de que estaba descuidado era hermoso ver como algo crecía en ese suelo árido… Por fortuna seguía igual que como estaba, hecho una selva.

―Qué bueno que está intacto. ―rió Alder― Este jardín fue hecho por un experto en tipo planta que me sentiría culpable si se marchitara.

―¿Y por eso lo dejó descuidado? ―dijo Marshal.

Alder ignoró el comentario y se unió al resto que miraba el jardín con cierto encanto.

―Si me lo permiten, ―habló Darach― puedo arreglarlo.

Los pares de ojos, exceptuando a Caitlin, se clavaron en él.

―No es necesario que lo hagas tú solo. ―dijo Shauntal― Permíteme ayudarte… emm…

―Perdón, no me he presentado. ―se paró recto con los brazos a los costados y dio una reverencia― Me llamo Darach y son el mayordomo de la señorita Caitlin.

―Aw… que hermoso. ―Shauntal tenía una mirada destellante como si imaginara algo.

Marshal se aclaró la garganta de manera ruidosa.
―En ese caso…, ―se cruzó de brazos― yo también ayudare.

―¡Sí! ―Shauntal dio de brincos― Y tú también ayudaras ¿verdad? ―agarró las manos de Caitlin con frenesí.

Sus ojos turquesa se abrieron en par, vacilaron por un segundo entre la manos de Shauntal para luego clavarse en sus marrones ojos. Vio su reflejo en ellos, le parecía estar viendo a otra persona.

―Creo que no. ―dijo con un susurro.

Shauntal ladeó la cabeza con desconcierto. Caitlin sintió una punzada, a pesar de que dijo esas palabras Shauntal seguía agarrando sus manos con un brillo esperanzador en sus ojos. Una descarga eléctrica pasó por sus manos recorriendo por sus brazos, pecho, y clavándose en lo más profundo de su ser. Quizás era parte de la alegría que desbordaba Shauntal.

―Supongo que sí. ―dijo Caitlin con una débil voz, pero enseguida se percato de que no era suficiente― ¡Sí! ―lo dijo con más energía.

Shauntal le dedicó una enorme sonrisa tierna y sincera. Con tan solo verla ella también fue contagiada, las dudas que tenía en esa mañana desaparecieron. Quizás no fue una mala elección la que tomó, aunque fuera por una acción del momento, pero estaba dispuesta a enfrentar todo lo que viniera.

―Perfecto. ―Alder volvió a chocar sus manos― Pero que les parece si entramos. Puede que a ustedes no les moleste estar bajo la lluvia pero a mí sí. ―y se fue rápido.

Que importaba si estaba lloviendo, los cuatro jóvenes entraron al recinto con total tranquilidad luego de jugar otro rato, después de todo ya estaban empapados.

Grimsley observaba desde una ventana todo lo sucedido.

―¿No piensas unirte a ellos? ―Alder se iba secando el cabello con una toalla.

―¿Por qué debería?

Alder dio un resoplido de simpatía.
―Grimsley… yo también la extraño. Y en todos esto años también me he hecho la misma pregunta: ¿Por qué? ―hizo una pausa― Pero por más que le dé vueltas nada tiene sentido, esa fue su decisión y creo que es hora de aceptarlo. ―colocó su mano sobre el hombro de él― ¿Crees poder hacerlo?

Grimsley miró fijamente la mano de Alder y después dirigió su vista hacia la ventana. Dio un resoplido y volteó a verlo para agacharse y acariciar al felino.
―Lo hare cuando Liepard lo haga… Si Liepard lo acepta yo también.

Liepard dio un leve ronroneo ante las caricias de Grimsley y lamió su mano.

―Entonces es así… ―suspiró Alder.

Grimsley levantó la mirada y no dijo nada, luego comenzó a caminar seguido del animal.

―¡Hey Grimsley! ―gritó Shauntal entrando al recinto― ¡Hay un naranjo, hay un naranjo, afuera hay un naranjo!

La alegría que desbordaba la joven contagió al resto… Excepto a uno.

―Me alegro por ti. ―le respondió Grimsley.

―¡¿Pero qué dice?! Voy a hacer un pay de naranja, tu favorito.

Pero Grimsley siguió caminando sin darle importancia. A Caitlin y Darach esa actitud les pareció extraña pero no para el resto.

―Ahora vuelvo. ―la sonrisa de Shauntal se borró dándole paso a una cara seria.

―Déjalo Shauntal ―dijo Marshal.

―No me tardo. ―hizo caso omiso y corrió detrás de Grimsley― Hey Darach ―dio media vuelta y comenzó a correr de espalda sin tropezar con nada― ¿Puedes hacerlo tú? Es que no creo poder hacerlo ahora… o mejor dicho, en este día. ―sin esperar respuesta se giró y desapareció de la vista de todos.

Marshal dio un suspiro fuerte sobresaltando a Caitlin.

―No me siento muy bien. ―se llevó una mano a su cara tapando por completo su rostro― Me voy a descansar. El estar bajo la lluvia me está pasando factura.

Y se fue arrastrando los pies.

Puede que Marshal no sea bueno mintiendo pero eso no lo sabían Darach y Caitlin que lo vieron partir. Pero para su maestro que lo conocía de años…, era diferente.

―Un pay de naranja con un té de naranja. ―Alder desvió el tema de conversación agarrando una fruta que traía el Drifblim de Shauntal― Puede que no convienen bien. ―volteó a ver al par de manera despreocupada― Acompañare el pay con otra cosa. ¿Qué opciones ofreces, Darach?

Olvidando por completo la escena que se acaba de vivir, los tres intercambiaron las posibles ideas para acompañar al pay de naranja. Así trascurrió la mañana del primer día que por lo visto sería un largo y pesado…, y no solo ése, también habría más de ellos...

Continuará…

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Gracias por leer, si quieren dejar alguna opinión será bien recibida. Nos vemos en el próximo capítulo. Saludos.