Nota de signos:
« » = pensamientos.

Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.

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Capítulo 3
Sinfonía

Verano

―¿Entrenamiento? ―Caitlin parecía sorprendida.

―Así es. ―dijo Alder colocando una naranja sobre la mesa― Si puedes concentrarte en esta naranja sin hacerla explotar podrás controlar tus poderes.

La idea en sí sonaba descabellada, ¿cómo era posible que Alder la pusiera a entrenar como si fuera un pokémon? Pero él le había explicado que los pokémons no nacen controlando sus poderes, lo hacen con entrenamiento. Y con esa simple explicación bastó. Aunque ya empezaba a dudar…

La joven se concentró en la fruta, sus ojos turquesa relucieron con un peculiar brillo cían, su cabello comenzó a ondear al igual que su ropa. Todos los objetos de la cocina se agitaron, los cajones y puertas de la alacena se abrieron. La fruta se agitó de un lado al otro y se elevó un par de centímetros sobre la mesa… y después fue ensartada por tenedores y cuchillos para al final terminar explotando. Toda la cocina quedó cubierta por gajos de naranja.

―Que suerte que fue la naranja y no fui yo. ―habló Alder quitándose algunos pedazos de fruta.

Caitlin agachó la mirada, se sentía inútil; el comentario fue rudo para ella pero también fue asertivo. Y todo se reducía a hace un par de días…

Desde el primer día en que convivieron como miembros del Alto Mando, su amistad si es que se le consideraba así porque no le había dado tiempo de platicarlo con ellos, empezaba a fluir, aunque solo fuera entre Shauntal y Marshal ya que a Grimsley a duras penas lo veía y no había tenido la oportunidad de intercambiar palabra alguna con él. En todo caso no era lo único que florecía, también estaba el jardín. En ocasiones los tres se encontraban para arreglar el jardín o solo eran dos. Y fue cuando todo sucedió.

Marshal y Caitlin se habían encontrado cerca del naranjo; él estaba podando el árbol y ella se acercó para ayudarlo, cuando él descendió por la escalera ésta se tambaleo, por lo visto no estaba bien puesta, la escalera dio un giro sobre una de sus patas, Marshal se aferró a ella para no caer desde tan alto pero como experto en tipo lucha su entrenamiento le obligaba a entrenarse en las montañas y podía salir ileso. Cosa que Caitlin no sabía. Ella en su acto de buena fe decidió ayudarlo… y sin querer, con sus poderes terminó lanzándolo contra el árbol. Darach había llegado demasiado tarde, Marshal estaba inconsciente bajo el árbol y Caitlin lloraba a un costado de él. Se veía asustada, asustada de sí misma.

Tras ese incidente Marshal la evadía, parecía tenerle miedo. ¿Acaso era a ella o a sus poderes? Caitlin dio un suspiro de resignación, en lugar de avanzar habían retrocedido. Luego de eso pasaron algunos días, en esta ocasión fue Shauntal. La alegre joven había ido al jardín por algunas naranjas, desde que descubrió el naranjo fue en busca de sus libros de cocina, tenía grandes ideas para preparar esas naranjas. Caitlin había ido a la cocina por un vaso con agua, para su buena o mala suerte Shauntal no estaba sola, ahí estaba Grimsley. En medio de un silencio, prácticamente incomodo, Caitlin se sentó en un extremo de la mesa, alejada de él, pero él parecía no darle importancia a su presencia.

Shauntal, como toda una chef se movía por toda la cocina, pelaba, molía, cortaba, exprimía, era como ver seis de ella. Ninguno de los dos se interponía, y era tonto hacerlo ya que para un chef la cocina es su lugar sagrado. Y el incidente sucedió… Los lentes de Shauntal quedaron empañados por el vapor, la joven se alejó de la olla y fue a buscar su kit de limpieza, había olvidado rociar el anti-empaño. Caminó a ciegas y como era de esperarse tropezó, decidió quitarse los lentes, no fue una buena idea. Entre tanto tropezón Grimsley se levantó para ayudarla, Caitlin hizo lo mismo. En un repentino giro de los acontecimientos Shauntal se encontraba cerca de la olla caliente…, lo único que recuerda Caitlin fue escuchar un grito por parte de ella y la mirada indiferente de Grimsley cuando sacó a Shauntal de la cocina, había que llevarla al hospital.

Luego de esos terribles accidentes, ella esperaba afuera del cuarto de Alder. Podía escuchar con toda claridad la discusión. Grimsley la estaba acusando de todo y le pedía al campeón que la regresara a Sinnoh. Algo que Caitlin creía lo más conveniente.

―Descuide señorita, fue un accidente.

Darach trataba de confortarla, pero era inútil, ella sabía muy bien que todo era su culpa.

Tras la larga discusión entre Grimsley y Alder la puerta se abrió. Grimsley salió del cuarto sin decir ni una palabra y mucho menos dirigirle la mirada. Luego salió Alder.

―Iré a preparar mis cosas. ―dijo con una débil voz más baja que un susurro.

―¿Acabas de decir algo? ―Alder se rascó la barbilla― Supongo que tenemos que empezar, tarde o temprano llegaríamos a esto. ―y volteó a verla― Es hora de tu entrenamiento.

Y así llegamos a esto…

Caitlin ya había destrozado más de una docena de naranjas. Era un desperdicio de comida pero en cierta forma comprendía por qué Alder la puso a practicar con ellas. Y así trascurrió su día, en medio de un entrenamiento que no avanzó.

―Descuide señorita, apenas es el primer día.

Caitlin estaba sobre su cama, acercó sus piernas y las abrazó, luego recargó su cabeza sobre las rodillas.
―¿Y si regresamos?

Darach la miró de reojo, sin dejar de hacer lo que hacía.

―Sería mejor regresar. ―volvió a decir.

―Sé que está deprimida, pero créame, no lo lograra de la noche a la mañana, esto lleva meses sino es que años.

Caitlin dio un suspiro.
―No tengo tanto tiempo. Tal vez ese tipo llamado Grimsley tenga razón; No soy apta para este cargo.

Antes de que Darach pudiera decir algo Caitlin le pidió que se retirara. Sin más el valet se fue.

Darach caminó en dirección a su cuarto, mientras lo hacía repasaba mentalmente las palabras de la joven dama. Lo único que le venía a la mente era ese tipo llamado Grimsley. Y aquello no podía ser una coincidencia. A unos cuantos metros de él, apresuró el paso.

―Tienes unos minutos, me gustaría poder hablar contigo. ―demandó con el tono más seco y le habló de el joven valet.

―¿Acaso esto tiene que ver con tu pequeña dama? ―dijo Grimsley.

Y las miradas de ambos se encontraron, había tensión.

Darach dejó salir su disgusto en un suspiro, se acomodó los lentes.
―Entiendo perfectamente que Lady Caitlin no te cae muy bien, tus razones has de tener ―le dedicó la mirada más fría que pudo―. Pero no las desquites con ella.

―En eso estás mal, yo no me desquito con ella, por el contario, la evito. Pero lo que sucedió en estos días es cosa distinta, ―hizo una pausa y movió sus manos― llámalo como quieras pero para mí es tratar de evitar una catástrofe. Ayer fue Marshal, hoy Shauntal y el día de mañana quien será ¿seré yo? ¿Alder?… ¿o posiblemente un retador?

Darach se mordió el labio al no poder refutar eso.

―Me alegra ver que lo hayas comprendido. ―Grimsley comenzó a caminar.

―Ella está entrenando. ―dijo con voz baja― Ella está entrenando para controlarlo. ―lo volvió a decir, pero esta vez con un tono más fuerte.

―Eso no le ayudara. ―Grimsley seguía caminando.

―No te estoy pidiendo que lo comprendas, te exijo que lo entiendas.

Aquellas palabras no fueron bien recibidas y Grimsley se giró a verlo, luego de pensarlo por un buen rato caminó hacia él.

―Te propongo algo, ―llegó señalándolo― si ella consigue dominarlo en un solo día, los eventos pasados serán perdonados, pero, si no lo consigue, tendrá que irse.

―¿En un día? Eso es imposible. ―alegó Darach claramente molesto― Además la decisión es muy drástica.

―Un día, ―Grimsley levantó el dedo índice― es lo más que le doy. Somos la Élite 4 de Unova y nuestra reputación está en juego.

Silencio.

―De acuerdo. ―dijo Darach― Si ella no logra dominarlo en un día, nos iremos. ―endureció su mirada― Pero si lo consigue, qué ganará ella.

Grimsley dio una sonrisa que a Darach le pareció algo inquietante.
―Mi total aceptación.

―¿Qué?

―Ya lo oíste. Mi total aceptación. ―le extendió su mano― ¿Tenemos un trato?

Darach miró por un rato la mano de Grimsley, no le parecía correcto lo que hacía, lo estaba haciendo a espaldas de la señorita, pero…, no tenia de otra, era todo o nada. Y decidió arriesgarse.

―Hecho. ―y estrechó la mano de Grimsley con una fuerza que él también le regresó.

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Alder estaba en blanco, tenía la mente completamente en blanco.
―Hay veces en que me pregunto hasta dónde eres capaz de llegar.

Grimsley soltó una carcajada.
―Yo me pregunto ¿hasta dónde podrá llegar ella?

Alder se cruzó de brazos.
―Dudo que aceptes así nomas. Dime, dónde está el truco.

Grimsley recuperó la compostura. Entrelazó sus manos y puso una mirada seria.
―No hay ningún truco, ésta es una simple apuesta en donde ella sale ganando. ―hizo un ademan con sus manos― Por muy pequeño que sea el avance, pero al fin y al cabo es algo.

Alder rodó lo ojos. Conocía las mañas de Grimsley, pero esa faceta le seguía fastidiando.

―A veces me pregunto qué te ha pasado. ―lo dijo para sí mismo, por suerte Grimsley no lo oyó. Ahora sí le habló― Dime, ¿Acaso esto tiene que ver con Apryl?

La cara de Grimsley cambió de una manera…
―Por qué todo tiene que ver con ella.

―No lo sé, dímelo tú. ―dio una sonrisa de oreja a oreja― Si ella falla el puesto quedara libre y tendrás una escusa para ir a buscarla.

Grimsley parecía interesado en la explicación de Alder.

―Siempre has sido así, manipulando todo lo de tu alrededor para obtener lo que quieres. Pero te diré algo, las cosas no siempre salen como uno las quiere, porque jamás tomamos en cuenta los giros que nos da la vida. ―Alder se levanta, no sin antes dejar una foto sobre la mesa― Y con eso se derrumba todo, nada podrá evitarlo. Aun si lo arreglas se convierte en un contratiempo afectando los demás eventos que tenias planeados.

Grimsley observa la foto sobre la mesa, tuerce la boca.
―La vida es una batalla contrarreloj que hace tictac. ―se burla balanceando su dedo como un péndulo.

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Ya era de día, había llegado la mañana de la prueba final, la que lo decidiría todo. Caitlin aspiró profundamente y exhaló por la boca. Estaba temerosa, pero no temerosa por la apuesta que había hecho Darach, sino por otra cosa. Reunió valor y llamó a la puerta.

―Ahora salgo. ―dijo la voz del otro lado.

Las piernas le temblaban, las manos le sudaban, la quijada hacia un ruido extraño de dientes rechinando entre ellos. Y su corazón se detuvo cuando la puerta se abrió.

―Toma. ―Marshal dejó caer sobre sus manos unas muñequeras pesadas― Póntelas.

Caitlin se les quedó viendo por un tiempo y luego se las colocó.

Marshal había aceptado ayudarla en su entrenamiento por una petición de Darach a las dos de la madrugada, comentándole sobre como se le dificultaba, exceptuando comentar la apuesta con Grimsley. Luego de hablar con Marshal, Darach se dirigió a hablar con Shauntal. Por lo cual Caitlin tendría un día muy agitado.

Día de Marshal

Apenas eran las seis de la mañana. Por favor, todavía se podía apreciar una que otra estrella. Pero eso no era impedimento para el experto en artes marciales. La mañana siempre es refrescante para hacer ejercicio.

Tal y como le había pedido Marshal a Darach, Caitlin debía de vestir con ropa holgada que le permitiera moverse. La joven no tenía nada de eso, así que usó la ropa que vestía cuando iba a la playa, un pantalón corto y una playera, por suerte sí tenía deportivas. Pero andar con ropa ligera a esas horas de la mañana le daba frío.

―Pronto entraras en calor. ―le dijo Marshal― Empecemos con el calentamiento.

El tipo rudo sacó sus pokéballs y liberó a sus pokémons. El entrenamiento comenzó con un calentamiento de estiramiento, abdominales y saltos de cuerda.

―Es hora de dar una carrera por la Victory Road.

Caitlin se sorprendió, apenas y podía respirar por el calentamiento y ahora le pedía correr en la Victory Road.

―Cuatro para ti, cuatro para ti, cuatro para ti… ―Marshal le entregaba algo sus pokémons.

La joven volteó a verlo ¿qué estaba haciendo?

―Y uno para ti. ―le entregó un balde vació con un palo atravesando el asa

La chica estaba desconcertada.

―Te preguntaras para qué es.

Ella asiente.

―Bajar con él por la montaña no supone ningún problema. El verdadero entrenamiento es llegar hasta el pie de la montaña, romper las rocas que están allí; llenar el cubo con las piedras y subir por la montaña con él a cuestas.

―¿Qué?

―Así es. Este es un entrenamiento físico que te ayudara a compenetrarte mejor con tus pokémons. ―se acercó a ella levantando su muñequera izquierda― Como no estás acostumbrada cargaras un cubo con pesas de un kilo. Nosotros llevamos de diez kilos cada una y cuatro baldes.

Los ojos turquesa de la joven se abren de golpe. Se giró a ver a los pokémons de Marshal, ellos les muestran las muñequeras.

―Si no quieres participar no hay problema. Pero te advierto que una vez afuera no podrás regresar.

Caitlin frunce el ceño. ¿Darse por vencida? No, esa palabra no la conoce. Con orgullo, cabeza en alto y mirada firme, se dirige a la entrada de la Victory Road.

A pesar de haberse adelantado, los pokémons de Marshal la han rebasado, no sabe ni en qué momento el mismo Marshal lo ha hecho. Por el momento todo está tranquilo, incluso los pokémons salvajes la ignoran. A pesar de que adora la tranquilidad es el estar sola no es una de sus características y decide sacar a Gallade para que la haga compañía.

La luz al final de la cueva se hace notoria, es deslumbrante.

―Supongo que es otra salida. ―la joven se encoge de hombros haciendo sonar el balde.

El sol quema pese a ser el resplandor de la mañana.

―Por fin llegas. ―le dice Marshal caminado hacia ella― Toma. ―le entrega un objeto.

―¿Un pico? ―Caitlin observa el pequeño pico de alpinista.

―No podrás destrozar la piedra por ti misma, Gallade puede ayudarte, pero recuerda que es toda la ayuda que él puede darte. El balde tendrás que subirlo por ti misma, a no ser que quieras que Gallade entrene junto a ti.

Caitlin se gira a ver a su compañero, él asiente con energía.

―Ese es el espíritu. ―Marshal le da un golpe en el pecho.

De entre su morral saca un par de muñequeras y cuatro baldes, se los entrega.

―Nos vemos en la cima. ―Marshal y su pokémons parten.

Caitlin comienza a picar la piedra, se siente como una prisionera picando la piedra bajo el ardiente sol, aunque sea de mañana. Por su lado su compañero ha destrozado todas las piedras que ha encontrado. Comienzan a llenar los baldes. Listos para partir cargan los palos sobre su espalda. Para Gallade no supone ningún problema pero para Caitlin…, el peso del balde la lleva hacia atrás pues su espalda no está hecha para eso.

―Descuida, yo puedo. ―Caitlin se incorpora antes de que su fiel compañero la levante.

La caminata es pesada, nadie dijo que sería fácil subir la montaña. Entre resbalones, tropezones, y una que otra cara plasmada contra la piedra, Caitlin ha subido media calle.

―Estoy agotada. ―deja caer el balde.

No le prestó atención en dónde lo dejó, pero lo que le sigue sí que capta toda su atención. En el suelo desigual el balde se cae, las piedras han comenzado a rodar colina abajo. Un gruñido se escucha. Tanto Gallade como Caitlin voltean a ver, algo entre las sombras de la cueva se mueve.

―¡Es un Deino! ―Caitlin levanta el balde y comienza a correr.

Entre todo el ajetreo las rocas se caen. Han golpeado a más, ahora no solo es un Deino, ya son tres. Y no solo ellos, también hay Boldores y Durants. Gallade no podrá con todos ellos. Caitlin voltea a ver los problemas que ha provocado.

―Gallade, sigue corriendo. Esto ha sido mi culpa, no quiero herirlos.

Sin prestarle atención por donde iba la joven cae, una estampida se dirige hacia ella. El pokémon no lo piensa, deja caer los baldes y corre a protegerla. Saca sus cuchillas, un corte por aquí otro por allá, todos atacan a la misma vez, no puede esquivar ni defenderse muy bien. Detrás de él esta su entrenadora.

Hay terror en sus ojos, el pokémon luce muy agotado. Por más que le pide que pare sabe que él no se detendrá, está dispuesto a dar su vida con tal de protegerla.

―¡Puño drenaje! ―grita desesperada.

El pokémon se levanta y comienza a golpear a todos. Uno a uno los pokémon salvajes caen al mismo tiempo en que él recupera salud. Han terminado con todos los que venían en estampida y los que se unieron después.

―Gallade ―Caitlin se levanta y limpia la suciedad en la cara de su compañero con un pañuelo― Gracias. ―lo abraza.

Tras el largo enfrentamiento han llegado a la cima. No tienen los baldes y han tardado más de cuatro horas en llegar. Sabe que Marshal no lo va a aprobar. Con timidez camina hacia él frotando su brazo derecho algo incomoda.

―Lo siento. ―dice en un leve susurró.

Marshal se queda callado, la examina de pies a cabeza.
―Bien hecho.

Caitlin, absorta levanta la mirada.
―Pero por qué.

Marshal abre los ojos y extiende los brazos.
―No te pedí que hicieras este entrenamiento para hacerte fuerte físicamente, lo hice para que tuvieras una sincronía con tu pokémon. ―Señala al cansado Gallade― El ajetreo que escuchamos provenir de la Victory Road confirma el entrenamiento.

Caitlin no sabe de qué habla.

―Te lo explicare. ―al ver que ella no le comprende― Mis compañeros llevan cuatro baldes a cuestas y 20 kilos extra, y además, ellos pelean con los pokémon salvajes llevando eso. Para ellos no supone ningún problema porque están acostumbrados, sin embargo, Gallade no. Él pasó el resto de sus preevoluciones como un pokémon tipo psíquico y no tiene idea de lo que es usar su tipo lucha. Yo también pasee lo mismo con Medicham, pero después de comprenderle las cosas se hicieron más fáciles. Éste es trabajo de dos mentes.

Caitlin se soltó a reír. Marshal se quedó impresionado, era la primera vez que la veía así desde que ella llegó. A pesar de ser una joven que trata fuertemente por mantener las apariencias, aun sigue siendo una niña alegre.

―Espero que de ahora en adelante rías así.

Caitlin se percata de su actitud.
―Muchas gracias. ―dice con un susurró que se pierde en el aire al igual que ella en salir corriendo.

Marshal se rasca la cabeza.
―¿Acaso dije algo malo?

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Día de Shauntal

Luego de darse un relajante baño, la joven volvía a vestir sus prendas elegantes. En esta ocasión Shauntal no pido nada en específico sobre la vestimenta, solo un par de pokéballs y una linterna.

―A dónde iremos. ―La joven iba sumergida en sus pensamientos mientras recorría la estancia.

Sin problemas llegó a la recamara y tocó la puerta. La rechínate puerta se abrió acompañada de una ola fría y un aura oscura. Un escalofrío recorrió por la espalda de la joven ¿acaso se había equivocado de recamara? No, no era posible, pero entonces, ¿por qué estaba él ahí? Los ojos de los dos se encontraron pero él la ignoró. Detrás de Grimsley venia Shauntal. Después de que él se fue, Shauntal agarró a Caitlin y salieron del lugar.

Sin decir ni una sola palabra montaron en Golurk. Mientras viajaban varias preguntas rondarnos en la mente de la rubia, algunas sobre a dónde irían y las otras sobre ese enigmático tipo llamado Grimsley.

―Shauntal, ―buscó las palabras para no sonar grosera― ¿Cómo es tu relación con Grimsley?

La alegre joven permaneció con la mirada al frente por un tiempo, podía sentir la mirada penetrante de Caitlin en su espalda pero eso no la iba a hacer voltear, no quería que nadie más supiera todo el tipo de emociones que él creaba sobre ella, y menos ahora que tenía el rostro rojo.

―Somos muy cercanos… ―se detuvo de golpe llevando sus manos al rostro, quizás lo que dijo se oyó raro― Bueno, no ese sentido… Lo que quiero decir es que somos amigos de la infancia… Aunque no solo él, también esta Marshal… Y bueno este…

―Amigos de la infancia. ―dijo con un leve susurro, que a pesar del viento Shauntal la escuchó― Yo nunca he tenido ese tipo de amigos, desde que recuerdo he estado sola. ―da una leve risita― Siempre creí que Darach era mi amigo pero él se niega a dirigirse a mi sin honoríficos. Parece que siempre estaré sola.

Quizás sea tonto ocultar esa parte de ella, no le importa si la ve sonrojada ha decidido verla cara a cara

―Si ese alguien que ha entrado en tu vida ya es especial, no necesitas pedirle que sea tu amigo. ―los ojos de ellas se encuentran― Aquel que cura tus heridas del pasado. Aquel que te fuerza al límite y no te deja ceder. Aquel que basta con solo verlo día a día llenando tu mundo de color y risas. Ese, ya es un amigo, un amigo para toda la eternidad.

Los ojos marrones de Shauntal muestran su tierna sinceridad, Caitlin se siente cómoda con ella. ¿Podría ser que algún día florezca una amistad? Quizás el tiempo lo dirá…

―¿Eso sientes tú con Grimsley?

Para Caitlin esa era una pregunta inocente pero no para Shauntal.

―Bueno yo… este… ―el nerviosismo la enloquece.

―¿Puede ser que sea más que una amistad? ―Caitlin se pone pensativa viendo más allá de lo normal.

―Pero que cosas dices. ―ella ha llegado a su límite, está completamente sonrojada― No es que Grimsley o yo seamos pareja o algo parecido… ―tartamudea.

―Ya veo, entonces me equivoque. ―lo dice sin tacto― Después de todo, ese químico neurotransmisor llamado dopamina inhibe nuestra razón para crea una ilusión que nosotros llamamos…

Shauntal queda pasmada mientras la oye susurrar.
―No creí que fuera una negada. ―lo dice absorta de sí misma― pobre Darach…

―Dijiste Darach. ―Caitlin regresa a la realidad.

―Amm… sí. ―se lleva un dedo a la boca pensando qué decir― ¿Qué piensas de Darach? ¿Lo consideras un amigo o algo más?

«¿Por qué dije eso?» Shauntal menea su cabeza con frenesí. Caitlin esta callada. «Es obvio que este callada, esas preguntas fueron raras»

―Cuando lo veo soy feliz, y siento que mi mundo se llena de color. También me alienta a continuar y a no ceder… ―levanta sus ojos turquesa para ver a Shauntal― Y me sentiría mal si él no está conmigo. ¿Eso es amistad?

Shauntal sonríe tiernamente.
―Sí ―y la abraza. «La verdad es que te mentí, eso es algo más que una amistad pero algún día lo descubrirás.»

Luego de la alegre plática han llegado a su destino.

―Bienvenida a Strange House. ―extiende sus brazos en forma de alabanza.

Caitlin se le queda viendo a la olvidada casa entre esa nube de arena.
―¿Y qué venimos a hace aquí?

―No te gustan los misterios. ―Shauntal dio una sonrisa divertida― Yo los adoro. Cada vez que veo una casa embrujada no resisto la tentación de entrar y ser asustada. ―dio brincos de felicidad.

―Es una felicidad algo extraña.

―En todo caso, ¿trajiste las pokéballs? ―cambia de tema.

Caitlin se las enseña junto con la linterna de mano.

―Muy bien, este es un buen lugar para atrapar pokémons fantasma y psíquicos. ―y encabeza la caminata― En mi caso yo vine por un Banette.

Se han adentrado en la oscura casa. Los muebles se mueven y algunos cuadros se caen, sienten la presencia de que alguien los observa.

―Este lugar me recuerda a la vieja mansión de Sinnoh ―Shauntal trata de iniciar una conversación.

―¿Ese lugar que se quemó por un Ro-tom…?

Los muebles de la casa se mueven. Una extraña sombra pasa delante de ellas.

―¡Caitlin! ―Shauntal grita aterrorizada, esa sombra ha raptado a Caitlin.

Todos los muebles han bloqueado el camino que tomó la sombra, por más que Shauntal trata de evadirlos éstos no se lo permiten. No se le ocurre ninguna idea además de entrar en una habitación y buscar otro camino.

Caitlin está sorprendida pero no asuntada. La sombra que la ha raptado convenientemente es un Banette. Y curiosamente no está solo, hay un Gothorita junto a ella. Por lo visto los dos pokémon, aunque opuestos, se llevan muy bien. Pero hay una extraña aura que desprende la Banette, se le ve agitada y con insistencia jala el vestido de Caitlin.

Duele.

Caitlin mueve su linterna en todos lados, ¿de dónde viene esa voz?

Duele mucho.

Caitlin reacciona y alumbra hacia donde están los pokémons. Su sospecha es confirmada cuando ve los ojos cían de Gothorita relucir en la oscuridad.

―Telequinesis.

Con cautela se acerca. A pesar de que Banette la ha jalado con ella se le ve un resentimiento en los ojos. Decide pasar con cuidado sin ignorar la mirada, poco a poco alumbra a Gothorita, tiene una herida al costado.

―No saliste bien librada de una batalla. ―Caitlin busca de entre su bolsa una baya― Toma, esta te hará bien.

Antes de que se la entregue por completo a Gothorita, Banette la agarra y la examina.

―Le ayudara a recupera un poco de energía, pero no podemos hacer nada si no la llevamos a un centro pokémon.

Banette niega con la cabeza.

―Comprendo, humanos no.

El pokémon psíquico se está comiendo la baya.
―Ya no duele mucho.

― Que bueno que ya no te duele tanto.

―Caitlin ¿con quién hablas?

La joven dama se sobresalta y se gira a ver. Shauntal la ha encontrado.

―Con estos poké…

Los pokémons han desparecido.

―¿Dónde están? ―recorre toda la sala― Aquí había una Banette y una Gothorita.

―¡¿Qué? ¿En serio?! ―Shauntal se emociona y alumbra por todos lados.

Caitlin se lleva una mano tapando su boca, no sabe si lo que ha dicho ha sido bueno o malo.

―Shauntal, la verdad es que no vi…

―¡Ahí están! ―grita toda emocionada― ¡Sal, Chandelure!

―¡Espera Shauntal, no las ataques!

Demasiado tarde, Shauntal ha atrapado entre sus brazos a Banette.

―Dime Chandelure, no te parece esta Banette la cosa más linda y tierna que hayas visto. ―la aprieta como si fuera un muñeco de trapo. Por lo visto el pokémon no está acostumbra a tales afectos que empuja con todas sus fuerzas a Shauntal― Date por vencida, no te dejare ir. ―la vuelve a estrujar.

Chandelure danza alegremente alrededor de ellas.

Caitlin se ríe al ver tal escena, por lo visto se preocupó por nada.

Ya han salido de la casa y han levantado el vuelo sobre Golurk. A pesar de estar en contra de su voluntad por alguna extraña razón Banette ha entrado en la pokéball de Shauntal. Y no solo eso, Caitlin también ha salido con una Gothorita.

―Ya casi es de noche. ―dice Shauntal― por suerte estamos a medio camino.

Caitlin agacha la mirada, el día ha finalizado y con él la apuesta.
―Sabes Shauntal, puedes quedarte con Gothorita. No me parece correcto alejar a dos amigas.

―Pero qué dices. Si ellas son como tú y yo, ambas opuestas pero al final unidas.

―¿Quieres decir que soy tu amiga? ―está desconcertada.

―Ya te lo dije. Si alguien especial ha entrado en tu vida no necesitas pedirle que sea tu amigo.

―¿Me consideras una amiga a pesar de que te haya quemado?

―¿Que tú qué? ―volta a verla consternada― ¿Por qué piensas eso? Lo de ese día fue un accidente… ―ha perdido en cierta forma su energía― Golurk.

El pokémon se estremece de emoción.

―¡Vuela más rápido!

Y en un abrir y cerrar de ojos han llegado al recinto de la E4.

―¡Grimsley! ―grita Shauntal a todo pulmón bajando del pokémon.

Como una ráfaga atraviesa la entrada.

―Mmm… está molesta. ―de la nada Alder ha aparecido al lado de Caitlin.

―Buena noches.

―Buena noches Caitlin. Dime ¿Quién es tu nueva amiga? ―señala la nueva pokeball.

La joven la libera.
―Saluda correctamente Gothorita.

El pokémon la voltea a ver y se gira hacia Alder saludándolo como una princesa.

―También el gusto es mío Gothorita. ―le saluda de igual forma. Levanta la cabeza para ver a Caitlin― Entremos para que la presentes ante todos.

―Sobre eso… ―Caitlin no sabe cómo explicarlo.

―El día aun no ha terminado. ―las palabras han sorprendido a la joven― Sé sobre la apuesta, y como te dije el día aun no ha terminado. Además hay que curar a Gothorita.

Tras el largo careo entre Grimsley y Shauntal, en donde Grimsley decidió abandonar la sala porque según él los gritos de Shauntal le estresaban. Y luego de una rápida examinación hacia la nueva compañera de Caitlin, donde la herida se ha reducido notablemente. Todos los miembros, incluidos sus pokémons, fueron convocados en la cocina.

―Quien lo diría. La cocina se ha convertido en un cuartel general. ―dice Grimsley abordando al lugar.

―Quieres que lo hagamos en tu recamara. ―le contesta Marshal― Después de todo parece una sala de estar.

Los dos se miran fijamente.

―Ustedes dos, basta. ―llega Alder seguido de Shauntal.

Entre dudas, Caitlin se asoma por la puerta.

―No mordemos. ―le dice Alder en el tono más divertido.

―Puede que alguno sí. ―contesta Grimsley.

Empujada por Darach, Caitlin atraviesa la puerta. Varios pares de ojos se clavan en ella.

―Descuide señorita, yo sé que usted lo lograra. ―le susurra de cerca.

Aquellas palabras funcionaron como un tranquilizante. Llena nuevamente de confianza libera sus pokéballs. Todos sus compañeros han saludado acorde a las exigencias de su entrenadora, pero menos la nueva adquisición.

―Gothorita, saluda como es debido.

El pokémon hace una reverencia, pero no la termina debido a que Banette se abalanza para abrasarla.

Alder se ríe.
―Así que lo que me contó Shauntal es verdad. Un par de amigas.

―Que hermoso, que hermoso. Pero no creo que hayamos venido a presenciar eso ¿o me equivoco? ―interrumpe Grimsley.

―Tienes razón. ―se levanta Alder― Aquí hay una naranja.

La prueba final, la que lo decidirá todo. Caitlin se llena de terror que hace estremecer de la emoción a los pokemon fantasma de Shauntal al igual que a los siniestros de Grimsley.

―Huele a miedo. ―habla Grimsley.

Caitlin voltea a verlo. ¿Miedo? ¿Por qué debería de tener miedo? Es solo una prueba. Pero sabe que es mentira, una vil mentira podrida. El miedo está escrito en toda su cara.

Resignada a lo que va a pasar, una palabra a la que ni ella está acostumbrada, decide elevar la naranja. Igual que las veces anteriores las cosas de la cocina se agitan. Las puertas de la alacena y los cajones se abren, los utensilios tambalean.

Todos los presentes miran a su alrededor, algo muy feo está a punto de suceder, lo objetos están flotando. Y en cuestión de segundos sucedió… todo se detuvo.

―Pero qué… ―dice un sorprendido Marshal mirando a su alrededor.

Los objetos de la cocina han dejado de flotar, las puertas e incluso lo cajones de la alacena están cerrados, no hay rastro de ningún utensilio. Lo único que flota es la naranja.

―¿Lo consiguió? ―dijo Marshal.

―En cierta forma. ―le dice Grimsley.

―¿Cómo que en cierta forma?

―Fíjate bien, esa Gothorita la está manipulando.

En efecto, el pokemon que recién capturó la estaba ayudando a mantener sus poderes bajo control. Y no solo eso, también parecía haber una sincronía entre ellas.

Luego de jugar con la naranja fue depositada suavemente sobre la mesa.

―¡Felicidades! ―aplaudió Shauntal.

Darach, Marshal y Alder también la felicitaron si olvidar a Gothorita.

―Y bien. ―dijo Alder mirando a Grimsley― ¿Es suficiente?

―Por ahora sí. ―Grimsley se levanta― Cumpliré con mi parte de la apuesta.

―¿Apuesta? ―dicen en coro Shauntal y Marshal― ¿Qué apuesta?

―Vamos, vamos, olvídense de eso. ―Alder cambia de tema.

Caitlin se queda callada, pensativa, pero al final decide salir detrás de él.

―Gracias. ―aunque no está acostumbrada hace una reverencia.

Grimsley se gira y se le queda viendo con una ceja levantada.

―Shauntal me ha contado que cuando alguien es especial para ti lo fuerzas para llegar al límite. ―su mente se nubla por los nervios― Y así es como veo esta apuesta. Me forzaste para entrenarme y te lo agradezco.

Antes de que Grimsley pueda decir una palabra ella se va dejándolo desconcertado.

―¿Pero que rayos fue eso? ―Grimsley se cruza de brazos. Sin darle más vueltas decide reanudar su camino, mira por la ventana y da una sonrisa― Noche estrellada.

Continuará…

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Este capítulo lo sentí algo ligero (al igual que el anterior) pero no me agrada decir mucho que muy pronto veremos el dolor de los integrantes ya que el siguiente sí lo será; y tratara de Marshal por su grande amor a Shauntal (creo que tenemos dos despistadas). En fin nos vemos en el próximo cap. Saludos.